Hellooo! Aquí Haru presente con otro capítulo que espero sea de su agrado. Y otra cosa, hice un cambio en el summary de la historia, porque el anterior no me convencía, pero no cambia la historia en nada.

En fin, sin más preámbulos, comencemos...

Disclaimer: 6 horas, 1 minuto, ascensión derecha 14 grados declinación 22 minutos ...todavía no soy dueña de nada.

Here We Go...

Bebieron en silencio, ambos jóvenes haciendo durar el chocolate a propósito para extender el momento de ir a dormir. Bob todavía tenía que arreglar donde podría dormir su amiga. No tenía una habitación extra, y no quería hacerla dormir en el sillón, eso no sería muy cortés de su parte. Lo mejor sería que ella tomara su cama, él podía usar el sillón esa noche, después de todo, ella era su invitada.

Finalmente, la bebida de ambos acabó por terminarse, dejándolos sin excusa para no abordar el tema que les concernía pero a la vez la excusa perfecta para terminar con el extraño silencio.

—Bien, es tarde... —Bob volvió a romper el hielo, levantándose del sillón con su taza en mano— Deberíamos ir a descansar.

La castaña no respondió, solo movió la cabeza para hacerle saber que lo había oído.

Aún no se sentía preparada para enfrentarlo a los ojos después de ese evento.

Ante el extraño silencio de su amiga, Bob se desanimó un poco, pero igualmente continuó.

—Puedes dormir en mi cama, aunque tendrás que usar uno de mis pijamas–

—¡¿Qué?! —interrumpió con un chillido de sorpresa su amiga, también levantándose, el dilema de mirarlo de frente olvidado por el momento.

Bob la miró sorprendido por su reacción, pues de estar alicaída y silenciosa, había pasado a enérgica y exaltada en un parpadeo, pero se recompuso inmediatamente y trató de explicarse.

—Es que...no creo que te sea cómodo dormir con esas ropas... —señaló a las polainas y el suéter, creyendo que tal vez se debía al asunto de la ropa.

Arenita sacudió la cabeza en negación.

—Me refiero a... ¿qué es eso de usar... tu cama? —preguntó tratando de ocultar la timidez de su voz.

Debía de haber oído mal. Tenía que haber oído mal.

—Oh, bueno, te será más cómodo —aclaró el chico.

—Pero ¿qué hay de ti? —preguntó su amiga— ¿dónde dormirás?

Él le sonrió, agitando una mano en despreocupación, aliviado de ver a su amiga finalmente con los ánimos en alto aunque no entendiera muy bien a que venía su reacción.

—Usaré el sillón, no te preocupes.

—¡No puedo dormir en tu cama! —exclamó la castaña con un tono más alto de lo normal que sobresaltó al rubio.

Dándose cuenta de la extraña y preocupada mirada que él le estaba enviando, Arenita bajó el tono de voz y la mirada.

—Es decir...no puedo hacerlo, ya has hecho suficiente.

Arenita forzó una sonrisa pequeña. Era cierto que no quería que el dueño de la casa se viera forzado a dormir en su propia sala de estar, pero además de eso, no quería pensar en las implicaciones de dormir en la habitación o la cama de Bob. No podía explicarlo con palabras exactas, pero se sentiría ... incómoda, teniendo en cuenta lo que sentía por él y la situación de hacia rato. Solo pensar en dormir en el mismo colchón y con las sábanas propiedad de su enamorado... Podía sentir un intenso sonrojo comenzando a florecer.

Y Bob iba y daba una risa suave acompañada de otra de esas sonrisas.

—No me molesta, te lo aseguro —insistió— Eres mi invitada, lo menos que puedo hacer es asegurarme de que estés cómoda.

Encontraba su amabilidad y bondad realmente atractivas, pero deseó en ese momento que él no fuera tan sacrificado por sus seres queridos.

—Aprecio tu compromiso, pero no es necesario, —presionó. —A veces me he quedado dormida en las mesas de mi laboratorio —agregó en broma.

Sin embargo, esa declaración no disuadió a su amigo.

—No quiero que te duermas sobre eso —argumentó, un poco más serio.

Y ella sabía lo extraño y serio que era un... bueno, serio Bob.

—Solo será por esta noche —insistió la joven—, solo voy a dormir, nada más.

Bob estaba seguro que lo que sea que le había pasado a su amiga tenía que ver con él, o más bien con su reacción de hacia un rato, y no quería más que hacer lo necesario para remendar su error, y supuso que ser extra servicial y atento sería la clave para que ella volviera a relajarse en su presencia. Sin embargo, a pesar de que al menos había conseguido que volviera a mirarlo a la cara, Arenita se rehusaba a aceptar su propuesta, y después de su metida de pata, él no se sentía cómodo dejándola dormir en ese incómodo sofá en una sala fría mientras el dormía en una habitación que si bien también estaría fría, al menos sería más reconfortante.

Entonces se le ocurrió lo que a su parecer era una brillante idea para resolver ambos dilemas.

—De acuerdo, si así lo quieres...

Arenita exhaló aliviada, creyendo que había resuelto un gran problema, cuando su amigo continuó hablando.

—...pero en ese caso, yo también voy a dormir aquí —declaró, sonriendo como si hubiera ganado una batalla.

El oxígeno se le quedó estancado en la garganta, y trató de decir algo pero las palabras se le atragantaron.

—...¿qué? —fue lo único que logró articular.

Él la observó satisfecho, pensando que ya no podía argumentar nada en su contra.

—Pues no me siento cómodo dejando a mi mejor amiga dormir en el sillón, ella no quiere usar mi cama... —acotó el chico— así que la única manera en que ambos nos sintamos cómodos es dormir los dos en el sofá.

Él le dedicó una sonrisa de orgullo por la inteligente solución a la que había llegado, mirándola a la cara con esos ojos chispeantes, esperando su respuesta.

Rápido, Arenita buscó como disuadirlo pero de repente su ingenio se rehusaba a hacer acto de presencia, descolocado por la idea de Bob.

—Pero Bob, ¿cómo...? —no sabía ni siquiera que preguntar.

—Es un sofá-cama, es lo suficientemente grande para ambos —continuó explicando el rubio—. Con un par de almohadas y algo de cobijas estaremos bien ¿qué dices? ¡Será como una auténtica pijamada!

Él la miró expectante, ansioso y emocionado. De verdad esperaba que ella accediera, y tenía que ser honesta consigo misma, la idea era sumamente atractiva, dormir en la cercanía de su enamorado, pero también poco recomendable, ya había sufrido suficiente mal de amores esa noche como para que el fuego de su amor siguiera alimentándose.

Y lo peor era que si una situación como la ocurrida anteriormente volvía a suceder... No estaba segura de como reaccionaría ella en ese momento.

Esta era una muy mala idea. Ella lo sabía. Lo tenía muy claro. Incluso su cerebro le gritaba diciendo que era una idea terrible, ¡y los cerebros no hablan! Esto iba a terminar de dos maneras, muy bien o muy mal ... Sin embargo, ¿cómo podía decir "no" a esos dos hermosos y brillantes ojos azules? ¿Cómo podía negarse a esa cegadora y esperanzada sonrisa? De seguro Bob solo trataba de regresar las cosas a su curso normal, olvidar lo ocurrido y hacer como que todo seguía bien entre ellos. Además, ella ya se había negado a tomar su habitación, optando por el sofá, no podía cambiar de opinión en un abrir y cerrar de ojos y decir que prefería la cama, después de la pelea que había entablado con él para convencerlo a prestarle el sofá. Se vería muy extraño de su parte. Ella no quería parecer una niña inmadura incapaz de tomar una decisión y apegarse a ella. Entonces, tendría que resignarse y suplicar para poder dormir un poco esta noche.

Lentamente, asintió.

Una enorme sonrisa acaparó su semblante, derritiendo un poco más su ya gelatinoso corazón.

—¡Fantástico! Iré a mi cuarto a buscar algunas cobijas, y también te traeré un pijama.

Arenita le dio una fugaz sonrisa.

—Yo me encargaré de lavar esto entonces —se ofreció, tomando las tazas para llevarlas a la cocina.

Esperaba que tener algo que hacer la ayudara a pensar y prepararse mentalmente para lo que le esperaba.


La joven lavó las tazas en el lavabo de manera mecánica, su mente estaba ajena a lo que hacía, ocupada en pensar en el mismo asunto una y otra vez. Iba a dormir en el mismo espacio que su amigo. Había tratado de hacer su mente a la idea, de tranquilizarse, pero su cuerpo casi zumbaba de la emoción, la inquietud y la incertidumbre.

Al terminar, dejó los objetos en su lugar y regresó a la sala, que todavía estaba vacía, así que se sentó nuevamente en el sofá, sus manos entrelazadas en su regazo para mantenerlas quietas, y esperó impaciente a que Bob regresara.

Poco después, oyó los pasos de su amigo bajando la escalera, la tenue luz de la vela que portaba iluminando vagamente su silueta, revelando que él ya se había cambiado, ahora llevaba un pijama de dos piezas, camisa a botones y pantalón de franjas blancas y azules. Bajo su brazo libre llevaba un bulto de tela que asumió eran las cobijas y el pijama para ella del que le había hablado.

—Creo que con esto será suficiente —anunció una vez en la planta baja de nuevo.

Caminó hacia la mesita frente al sillón y depositó encima las cobijas y el pijama para su amiga, eligiendo para ella uno como el que él traía puesto pero de un color amarillo pastel, el cual separó de la pila para alzarlo y enseñárselo.

—¿Esta bien este, o te gustaría otro? Tengo de otros colores, si lo deseas —ofreció.

Arenita se levantó del sillón y tomó el pijama en sus brazos, sacudiendo la cabeza y evitando hacer mucho contacto visual con Bob.

—No, esto está bien, te lo agradezco —aceptó con una sonrisa que no alcanzó sus ojos—. Ya regreso.

Con eso, tomó la otra vela y se dio la vuelta, dirigiéndose aun sin mirarlo hacia el baño que antes había utilizado.

Una vez en el refugio que le suponía aquel cuarto por el momento, apoyó su espalda sobre la superficie de la puerta y exhaló, cerrando los ojos, repitiéndose una y otra vez –no, ordenándose– mantener la compostura de ahí en adelante. Lo hizo solo un par de minutos, obligándose luego a cambiarse para dormir de una vez por todas, lo que seguía sería inevitable y lo único que lograba escondiéndose allí era retrasar más el momento, y atormentarse más a sí misma.

Tomando coraje, se cambió de ropa con movimientos calculados y se aseó, tomándose su tiempo, acostumbrándose en ese momento a controlar los temblores de sus manos para que no fuera tan notorio más tarde.

A pesar de repetirse actuar como una persona madura, se sentía poco preparada para enfrentar la situación que le esperaría una vez en la sala, pero se armó de valor y bajó de nuevo las escaleras para regresar con él.

Bob estaba terminando de acomodar las cobijas y las almohadas sobre el sillón cuando oyó los pasos de su amiga bajando y levantó la vista, esforzándose por no dejar que su mandíbula cayera al suelo como amenazaba con hacerlo al verla.

Sus ropas le quedaban holgadas, aunque él era unos centímetros más bajo que ella, y su cabello castaño caía suelto en suaves ondas rozando sus hombros.

—Wow... —exhaló por lo bajo.

Sintió el enésimo rubor asaltando sus mejillas cuando el pensamiento de que se veía linda usando sus pijamas flotó por su mente.

—¿Qué? —inquirió su amiga, descubriéndolo mirándola de manera extraña.

Él bajó la mirada de inmediato, escondiendo sus manos tras su espalda, sintiéndose algo avergonzado de haber sido pescado infraganti y culpable por seguir teniendo ese tipo de reacciones cerca de ella cuando obviamente eso parecía incomodarla. Mucho más ahora, después de lo ocurrido antes, sin saber que su amiga se sentía de igual manera.

—Nada...eh ¿lista para ir a dormir? —preguntó en su lugar.

Luego de eso, pusieron manos a la obra. Ambos se rodearon torpemente uno al otro mientras se preparaban para recostarse en el sofá, ambos haciendo las cosas un poco más lento de lo necesario, uno para estirar el temido momento aunque había intentado hacerse a la idea de que llegaría y el otro tratando de no incomodar demasiado a su compañera para que volviera a ser la misma chica animada y alegre de siempre en su presencia.

Pero era inevitable y finalmente terminaron hombro a hombro a centímetros de distancia, con las mantas calientes alrededor de sus cuerpos para ayudarlos a mantener el calor sobre ellos.

—Bien —Bob se lamió los labios—, que descanses.

—Tu igual —respondió la chica con voz tenue, apretando los pliegues de la cobija que la cubría.

El chico se estiró entonces para apagar las velas y dar por terminado el día, cuando de la nada, un relámpago iluminó las ventanas de la casa como el flash de una cámara de fotos, casi cegándolos por un momento, y pocos segundos después, un ruidoso trueno golpeo las inmediaciones, haciendo que las paredes e incluso el sillón donde estaban temblara debido a su fuerza.

Oyeron a Gary maullar desesperado en alguna parte de la casa, e incluso Arenita jadeó por el sobresalto causado, mirando a su alrededor por puro instinto, mientras Bob dio un chillido de repentino terror, abalanzándose por refugio en lo primero que tuvo a mano.

Que se trató de su amiga.

Los brazos del cocinero rodearon a la castaña, apretándola con fuerza y empujándola hacia él, mientras como ella, él también observaba a su alrededor, momentáneamente aturdido por el trueno.

Pero entonces, todo el color se drenó del rostro de la muchacha, y su cuerpo entero se puso rígido.

Para que finalmente el color volviera a su rostro en una ráfaga de inmenso calor.

Tragó seco para luego abrir los labios y decir algo, aunque no supo muy bien qué porque entonces las palabras murieron en la punta de su lengua.

Estaban a escasos centímetros el uno del otro, tan poco espacio había entre ellos que podía sentir como su pecho subía y bajaba a paso veloz, el calor de su cuerpo radiando de él a través de sus ropas, su piel ardiendo donde sus brazos y manos hacían contacto con ella. Si tan solo lo quisiera, podría inclinarse solo un poco hacia él y presionar sus labios contra los suyos, que estaban entreabiertos, con pequeñas bocanadas de aire caliente escapando de ellos a ritmo rápido...

Pero incluso aunque lo quisiera –por que no iba a engañarse, lo deseaba–, todo había sido tan repentino que aunque su mente ya había procesado toda la información, su cuerpo aun no podía reaccionar.

A su lado, Bob aun no se había dado cuenta de todo por lo que estaba haciendo pasar a su amiga, pues sus ojos estaban ocupados recorriendo la oscuridad que los rodeaba.

Pero una vez que su sobresalto se calmó, regresó su mirada hacia ella.

Y el mundo alrededor de ellos pareció detenerse una vez más.

Ahí fue que descubrió la cercanía en la que se encontraban, su precioso rostro a tan solo milímetros del suyo, iluminado vagamente por la luz de las velas y el reflejo de los relámpagos colándose por las ventanas, haciendo que sus ojos brillaran como carbones encendidos, su agitada respiración acariciando sus mejillas en un sutil aroma a menta de la pasta de dientes que le había prestado, y sus labios rosados casi rozando los suyos, entreabiertos y seductores... Eso fue suficiente para empujarlo al borde y arrojarlo el resto del camino.

Una vez más, sintió esa fuerza invisible empujándolo hacia ella, esa necesidad de inclinarse sobre ella para finalmente saborear esos labios, sentirla presionada contra él como había soñado muchas veces y nunca dejarla ir. Nuevamente, sintió que su corazón latía expectante a un ritmo doloroso, un ritmo demasiado rápido para ser saludable, haciendo que sus palpitaciones resonaran en su cabeza y que su sangre corriera por sus oídos.

Y entonces...

La suave lluvia y los lejanos truenos se habían convertido en sonidos de fondo, algo que ayudó a la chica a ser capaz de oír, aunque muy débilmente, extraños sonidos provenientes de la planta alta.

Sonidos que su cerebro –aunque embrollado y aturdido con pensamientos sobre lo extasiada y cálida que se sentía envuelta en sus brazos– pudo descifrar.

Como si alguien estuviera dando vueltas escaleras arriba.

Lo que era preocupante, porque hasta donde ella sabía, eran los únicos en la casa.

O debían serlo.

Aparte de Gary, pero el pequeño animalito no podía estar haciendo tanto escándalo por si solo.

Eso mató el estado de ánimo, o el de ella de todos modos.

—¿No estás escuchando eso? —susurró recuperando la voz, porque no quería alzar el volumen, una pequeña parte de ella todavía quería que todo saliera bien, que todo continuara, pero no pudo evitar tener la preocupación grabada en cada parte de su bonita cara.

El cambio repentino en su comportamiento sacó a Bob de sus pensamientos confusos, y por reflejo frunció el ceño, pero afiló su audición para escuchar mejor a lo que ella se refería, abriendo mucho los ojos cuando consiguió percibir lo que parecían ser ruidos de forcejeo, desesperados maullidos de Gary y la voz de un hombre gruñendo.

Su estómago se retorció dolorosamente.

—¡Hay alguien en la casa! —exclamó sin aliento, palideciendo.


Oh, miren! Una trama! :v

Las cosas se van complicando más para nuestros protas ¿quién estará escaleras arriba? ¿Qué estará pasando con Gary? ¿Dejaran de ser interrumpidos a cada rato?

-pausa dramática-

Habrá que esperar a ver...

See Ya.

H. C.