Holaaa! :D aquí Haru al fin con un nuevo capítulo. De nuevo, muchísimas gracias por sus reviews n_n y me dio satisfacción saber que los tomé por sorpresa con ese final del capi, je je me sentí toda una Agatha Christie xD
Pero no vinieron por mis notas de autora, así que sin más preámbulos, los dejó con la esperada continuación.
Disclaimer:... No poseo nada, y nunca lo haré :')
Here We Go...
Unos minutos antes...
A las afueras de la casa de Bob, una figura extraña caminaba alrededor de la propiedad, vestida completamente de negro, de pies a cabeza, para ocultarse mejor en la oscuridad. Estaba siendo empapada por la feroz lluvia pero parecía totalmente imperturbable por ese hecho. Llevaba consigo una linterna y tenía una bolsa negra colgando de su hombro. Por sus movimientos, parecía estar buscando una manera de entrar.
Apuntó la luz de su linterna hacia una de las ventanas, sonriendo bajo su máscara cuando vio el lugar perfecto para colarse dentro de la casa, aprovechando la tormenta y que los jóvenes habían decidido quedarse en la sala de estar.
Había visto al dueño llegar con una chica bonita antes, suponiendo que ella era su novia o algo así, aunque esa información no le había sido dada. Había tenido la esperanza de atrapar al chico solo para evitarse complicaciones, pero los planes no siempre salían como uno quería que lo hicieran a veces. De todos modos, el muchacho era delgado y parecía débil, por más artes marciales que supiera, esta persona lo superaba en fuerza y resistencia, podía vencerlo fácilmente, la chica tampoco parecía ser demasiado, así que no creyó que tendría problemas para someterlos a los dos, incluso la muchacha podría ser útil para forzar al chico a ceder.
Así que puso las manos a la obra, agarrando la linterna entre los dientes para liberar sus manos y usarlas para subir por la ventana. Lo alcanzó y miró a través del cristal con la linterna, encontrando la habitación vacía. Rápidamente antes de que alguien pudiera aparecer, rompió la cerradura y la abrió, se escabulló y cerró la ventana detrás de él.
Se puso de pie en silencio. Su cuerpo entero estaba empapado, goteaba agua fría por todo el piso, sus botas dejaban un rastro de huellas de barro. Pero no le importaba, porque se desharía de sus botas justo después de terminar el trabajo y para cuando alguien supiera lo ocurrido, ya estaría muy lejos con otro trabajo bien hecho y una buena cantidad de efectivo.
Usó su linterna para echar un vistazo al lugar, luego se acercó a la puerta, abriéndola un poco y afilando sus oídos para escuchar mejor. Podía escuchar a los dos tortolitos hablando abajo, pero no podía discernir las palabras, solo murmuraciones y balbuceo. Así que volvió a cerrar la puerta y se dio la vuelta para sacar de su bolso sus herramientas para el trabajo que había venido a hacer.
Justo cuando dio un paso adelante, un trueno golpeó repentinamente, sacudiendo la casa, y él se tambaleó un poco sobre sus pies, por lo que no vio la bola esponjosa de suave pelaje que había sido despertada por el ruido fuerte.
Gary había estado durmiendo al pie de la cama de su dueño. El amable y cariñoso humano estaba abajo, por lo que el animalito no dudó en aprovecharse de eso, tomando la cama de Bob como propia, por lo menos esta noche.
Pero ese ruido aterrador lo había hecho abrir los ojos y saltar de la cama, asustado, para aterrizar directamente en la cara de una persona que no era el muchacho rubio que lo alimentaba.
Por supuesto, el tipo desconocido comenzó a entrar en pánico, agitando las manos para alejar a ese animal peludo de su rostro, solo logrando asustarlo y enojarlo más de lo que ya estaba. Gary comenzó a maullar ruidosamente con desesperación y miedo, se escuchó casi como si estuviera gritando, lo suficientemente fuerte como para que sus alaridos alcanzaran a las dos personas abajo.
Eso enfureció mucho más al hombre extraño, y él hundió los dedos en el cuerpo del gatito, tirando de él para sacárselo.
—¡Bájate, estúpido gato! —gruñó enfadado.
Eso hizo que Gary se asustara más y comenzara a entrar en pánico también, sacando sus pequeñas garras para comenzar a arañar la cara de esta mala persona.
El hombre comenzó a gritar de dolor y a maldecir, mucho y alzando la voz.
Abajo, el par de amigos escuchó los gritos y los maullidos, y Bob, al escuchar a su mascota en problemas, se preocupó, su semblante empalidecido olvidado, y salto rápidamente del sofá echando las cobijas a un lado para comenzar a correr hacia las escaleras, iluminando su camino con la linterna de su teléfono, pero su amiga castaña lo alcanzó antes de que pudiera dar un paso por las escaleras.
—¡Espera! —llamó la chica, deteniéndolo mediante agarrarlo del antebrazo.
—¡¿Qué?! ¡No puedo tardar, ese es Gary, alguien lo esta lastimando! —exclamó, sacudiendo su brazo para liberarse de su agarre.
No había querido sonar tan duro, menos con ella, esa actitud no era propia de él, pero todos sus sentidos estaban puestos en ayudar a su amado compañero peludo, cuyos maullidos se estaban volviendo más altos y dolorosos.
Más ella lo sujetó más fuerte.
—¡Sí! —concordó Arenita, imperturbable por su actitud—. Alguien esta en la casa, y no sabemos quien, pero lo más seguro es que se trate de un criminal —espetó para hacerlo entrar en razón.
Bob tragó saliva, luego se mordió los labios y dirigió sus ojos hacia las escaleras.
Arenita tenía razón, a pesar de que quería ayudar a su esponjoso amigo, no podía subir y enfrentarse a quien estaba allí sin saber lo que iba a encontrar.
Sería peligroso.
Rindiéndose, exhaló profundamente.
—Tienes razón —reconoció amargamente— pero ¿qué hacemos?
Rápidamente, la joven tomó la mano de su amigo –ignorando la sensación del contacto piel con piel, estaban en una situación de riesgo después de todo, no podía dejarse distraer y mejor sería que se concentrara en el asunto apremiante en vez de divagar en que lo cálida que se sentía su mano– y lo llevó a ambos lejos de las escaleras, con cuidado de no hacer ruido. Los llevó a uno de los cuartos que Bob tenía en la planta baja. Era un almacén relativamente pequeño donde el chico guardaba en su mayoría artículos de limpieza. El lugar despedía un fuerte olor a detergente y cloro, y no era muy cómodo para albergar a dos personas de su tamaño juntas, pero no había otro lugar más cercano para esconderse tan rápido y fue lo primero que se le ocurrió.
—Debemos llamar a la policía —sugirió la chica, hablando en voz baja, girándose para ver a su amigo.
Arenita estaba ahora con su espalda contra la puerta, con el cocinero rubio directamente enfrente de ella. Ambos se dieron cuenta de la situación un tanto incómoda en la que se hallaban. Sus miradas se conectaron, y los dos volvieron a percibir esa tensión entre ellos que ya empezaba a volverse normal pero no por eso menos incómoda, pero la idea de un extraño rondando por la casa con quien sabe que intenciones fue suficiente para que dejaran ese hecho de lado y se enfocaran en el asunto más importante.
Aunque los dos supieran artes marciales y ella fuera una experta en lucha, no sabían si quien quiera que fuera estaba solo o si había venido con secuaces, si tenía armas o cosas por el estilo.
Era mejor llamar a la policía y dejarlos manejar el problema ellos mismos, después de todo era su trabajo.
Bob buscó su teléfono que afortunadamente había traído con él y marcó el 911, poniendo el artefacto en su oído, aliviado de tener algo más en que tener ocupada la mente. Esperó lo que se le hicieron agonizantes segundos hasta que una persona lo atendió.
—911 ¿cómo puedo ayudarlo?
—¡Hay un intruso en mi casa! —exclamó, bajando la voz para no alertar al intruso si sucedía que ya hubiera bajado y estuviera rondando por la sala de estar.
—Esta bien, por favor mantenga la calma y digame su dirección así puedo enviar alguna patrulla de policía a su hogar.
Bob tragó saliva, asintiendo luego recordó que la amable mujer del otro lado no podía verlo.
—De acuerdo —exhaló, calmándose un poco.
El chico le dio toda la información necesaria, su dirección, nombre y que su vecindario estaba sin energía eléctrica debido al temporal.
—Escuchame, Bob, la patrulla más cercana tiene un tiempo estimado de quince a veinte minutos en llegar —le informó.
Bob dejó ir un largo y aliviado suspiro al oír aquella noticia. No era tan rápido como le hubiera gustado, pero con la tormenta afuera había pensado que quizás los oficiales ni siquiera podrían llegar.
Peor era nada.
—Gracias —se volvió para mirar a Arenita— la policía esta en camino —le anunció, prefiriendo dejar de lado el tiempo estimado de llegada.
La castaña asintió, también luciendo aliviada.
—Bob, necesito que mientras tanto te quedes en línea conmigo y me escuches ¿esta bien?
—Puedo hacer eso.
—¿Dónde estas ahora?
—Estamos escondidos en mi armario de limpieza —respondió.
—¿Estamos? ¿Hay alguien más contigo?
—Estoy con una amiga, se estaba quedando conmigo por esta noche.
—Esta bien, Bob, necesito que los dos se mantengan calmados y no salgan a enfrentar al intruso, no importa que sea lo que escuchen o piensen hasta que los oficiales arriben —indicó la operadora.
—Lo tengo.
Mientras tanto, el intruso había logrado tirar al gatito lejos de él. Gary había aterrizado con fuerza en el suelo y puesto en sus cuatro patitas nuevamente para sisear y maullar amenazadoramente al extraño, mostrándole sus pequeños dientes afilados y garras antes de darse la vuelta y salir corriendo de la habitación para buscar un lugar donde esconderse de la persona malvada.
El hombre había ganado muchos rasguños, mordiscos y cortes del pequeño monstruo esponjoso. Estaban esparcidos por su rostro y parte superior del cuerpo. Las garras y los mordiscos también habían cortado su ropa, algunas líneas finas de sangre rodaban por su piel.
Maldijo un poco más con los dientes apretados, se inclinó hacia su bolso que había traído consigo para levantarlo del piso. Luego se dirigió a la puerta y salió de la habitación.
Su primer objetivo había sido dominar a los dos jóvenes para así atarlos y amordazarlos, luego comenzar a interrogar al chico sobre su trabajo en el famoso restaurante, pero si habían escuchado todo el alboroto, sus planes tendrían que cambiar un poco. Miró de lado a lado en el pasillo, caminando con cuidado para no hacer demasiado ruido.
En un principio creyó que la pareja no había escuchado nada sobre su pelea contra el gato, suponiendo que la lluvia y los truenos afuera habían sido lo suficientemente fuertes como para cubrir su desliz. Así que esperaba atraparlos con la guardia baja. Caminó lentamente hacia las escaleras, apagando la linterna. No quería alertar a los dos jóvenes.
Desde arriba, miró hacia la sala de estar, pero no vio a nadie. Con cuidado, bajó la escalera, sus pasos apenas haciendo ruido en la superficie. Encontró el lugar vacío, excepto por las dos velas aún encendidas sobre la mesa.
El intruso resopló furiosamente al encontrar la sala vacía. La pareja pareció haber escuchado su pelea, entonces, por lo que debieron de haberse escondido. Tendría que buscarlos por la casa, pero al menos sabía que no había manera de que hubieran dejado el lugar, no con la tormenta afuera.
Comenzó a caminar hacia los sofás en el centro de la habitación, pero Gary apareció de la nada y pasó corriendo entre sus pies, haciéndolo tropezar y perder el equilibrio por un momento.
Gritó sorprendido y maldijo en voz alta.
De vuelta en el cuarto de suministros, Arenita ensanchó los ojos.
¡El intruso estaba deambulando por la sala!
Se puso una mano sobre la boca para no dejar que saliera ningún ruido. Frente a ella, vio la cara de Bob perder su color saludable a un pálido enfermizo mientras tragaba saliva, tratando de mantener su respiración estable y uniforme.
—¡Creo que el tipo está cerca! —susurró al teléfono.
—Quédate tranquilo, la policía debería estar allí en cualquier momento —le recordó la operadora en un intento de calmarlo.
Bob cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia atrás, colocándola contra la pared detrás de él. Realmente estaba tratando de mantener la calma durante todo el asunto, aunque esto estaba tomando cada gramo de su valentía. La ansiedad y el miedo amenazaban con dominarlo y envolverlo por completo, pero no quería que su linda amiga lo viera así.
Aún antes de que los sentimientos que tenía hacia ella fueran así de profundos, siempre había tenido esa necesidad de impresionarla, de que ella lo viera con orgullo en sus ojos. Arenita era una chica fuerte, inteligente, temeraria y valiente, por lo que no podía evitar sentirse avergonzado cada vez que hacia algo tonto en su presencia, como tampoco podía evitar hacer algo peligroso solo para demostrarle que no era un cobarde. Él no quería entrar en pánico, no quería que ella lo viera actuar como una gallina incapaz de defender su hogar o mantener la calma. Así que hizo todo lo posible por controlarse y soportar la situación lo mejor posible.
El estado de ánimo del intruso había empeorado con su pequeño encuentro con el maldito gato mullido, y ahora la joven pareja había desaparecido gracias a ese accidente tonto. Sabía que no podían estar arriba porque había bajado desde allí, por lo que era un lugar menos para mirar, y uno de ellos había dejado un teléfono en la mesa de café, por lo que había menos posibilidades de que uno de ellos hubiera llamado a la policía.
Lo tomó y estaba a punto de guardarlo dentro de su bolsillo para comenzar a mirar alrededor del lugar cuando tuvo una idea mas inteligente.
Abrió el teléfono, contento de saber que no tenía contraseña. Comenzó a mirar a través de la lista de contactos, eligiendo el que tenía la imagen de un muchacho rubio sonriente con ojos azules y una gorra.
Sonriendo como el loco que era, apretó el contacto y escribió un mensaje rápido. Al instante, el teléfono de Bob comenzó a sonar con el tono de mensaje que había configurado para su amiga.
Dentro de la pequeña sala de suministros, los ojos de Bob se abrieron de golpe cuando su teléfono sonó. Arenita jadeó desesperadamente contra su mano, sus mejillas se volvieron blancas como el papel.
En su apuro por ir a un lugar más seguro, había olvidado su teléfono celular sobre la mesa de café, cuya contraseña había deshabilitado para ahorrar batería. Ahora este estaba siendo utilizando para rastrearlos.
Rápidamente, Bob revisó el mensaje, batallando con el maldito dispositivo.
"Salgan pequeños "
—Bob, ¿qué está pasando? —la mujer del otro lado de la línea preguntó, sintiendo la angustia del muchacho y el repentino jadeo de pánico.
—¡Nos encontró! —susurró en pánico, su respiración se aceleró—. Me envió un mensaje a través del teléfono de mi amiga.
—Cálmate, chico —dijo la mujer con una voz suave—. ¿Puedes cambiar tu escondite?
—Él está allá afuera, ¡no hay tiempo! —respondió, sacudiendo la cabeza rendido.
El teléfono comenzó a sonar nuevamente, señalando otro mensaje. Lo suficientemente asustado como para durar todo un año, Bob revisó el nuevo mensaje, se le secó la boca y apagó el teléfono por desesperación.
"Se que están por aquí "
—Bob... —Arenita susurró, comenzando a ponerse nerviosa.
—Vamos, salgan de donde sea que estén ustedes dos, tórtolos —canturreó el hombre con voz burlona del otro lado.
Los dos amigos intercambiaron miradas desesperadas e inciertas.
—¡Necesitamos un plan, rápido! —murmuró Arenita.
Bob asintió con la cabeza, pasando una mano temblorosa por su cabello humedecido de sudor.
—Está bien, está bien —exhaló, tragando seco.
—Vamos, si sales voluntariamente, te prometo que seré amable contigo y tu amiguita.
El hombre llegó a una puerta, desde la dirección donde había escuchado el sonido. Él sonrió orgulloso de sí mismo. Los dos jóvenes se habían escondido allí, no había duda, solo tenía que abrir la puerta y ...
—Está bien, por favor no me dispares o me golpees —suplicó una voz masculina.
La puerta se abrió lentamente, una mata de cabello rubio y despeinado apareció antes de la forma larguirucha del muchacho dueño de la casa.
El chico tenía las manos alzadas en un gesto de sumisión, y lentamente levantó la mirada, encontrándose con el rostro del intruso, que escondía su identidad detrás de una aterradora máscara negra con solo dos orificios para sus ojos, oscuros e irreconocibles pero completamente gélidos y amenazadores. La máscara mostraba además marcas recientes que parecían haber sido hechas por garras pequeñas, lo que le daba un aspecto bastante aterrador.
El corazón de Bob dio un vuelco de la impresión. El intruso no pareció registrarlo, ocupado mirando por detrás de sus hombros.
—¿Dónde está tu novia? —preguntó con voz ronca, al notar la ausencia de la mujer de cabello castaño.
Todavía bajo presión y en esa situación peligrosa, Bob logró enrojecerse de vergüenza. ¿Por qué todos pensaban eso de ellos? No es que no le gustaría eso, con todo estaba bastante seguro de que estaba locamente enamorado de ella, si todo lo que le sucedía en su interior concerniente a ella y lo que había investigado era algo en lo que confiar.
—¡Respóndeme! —ordenó al hombre, sacándolo de sus pensamientos.
Bob se encogió ante su atronadora voz.
—No lo sé —respondió con voz temblorosa.
No tenía mucho sentido negar ese tipo de relación, al hombre no parecía importarle, de todos modos.
—No voy a creerme eso —resopló el hombre—. Sé que ella debió de esconderse contigo.
El hombre sacó un arma y apuntó el cañón al muchacho claramente asustado.
—¿Donde esta ella?
Bob bajó la vista hacia el arma, todo su cuerpo temblaba junto a sus ojos tiritantes, luego volvió a mirar al hombre.
—Estoy diciendo la verdad —insistió casi rogando que le creyera—, escuchamos los ruidos y nos escondimos, no vi a dónde fue.
El hombre entrecerró los ojos hacia él.
—Ella todavía está allí, ¿verdad? —preguntó, asintiendo con la cabeza hacia la habitación de donde había salido el muchacho.
—¡No, ella no está allí! —insistió desesperadamente, batiendo las manos.
El hombre apretó el cañón del arma contra su manzana de Adán, lo que hizo que detuviera sus movimientos erráticos apenas sentir el contacto del frío metal contra su piel. Frente a él, el sujeto le sonrió con malicia, pensando que había descubierto la verdad. Parecía que el muchacho estaba tratando de proteger a la chica entregándose al intruso.
—Deja el 'acto de héroe', chico —dijo con un tono helado—. Y da un paso a un lado.
Cuando el muchacho no reaccionó tan rápido como le habría gustado, lo sujetó del hombro con una de sus grandes manos con fuerza suficiente para dejarle un moretón y lo empujó a un lado, el arma aún apuntando en su dirección.
Pensando que ya tenía todo resuelto por fin, el hombre caminó rápidamente hacia la puerta sin quitar sus ojos del chico, tomó la manija, la abrió de un tirón y...
No se enojen, de verdad que no lo hago a propósito TOT es la historia que me obliga a dejarla en ciertas partes, no puedo evitarlo.
Asi que para resumir: hay un intruso en la casa, que busca a uno de nuestros protagonistas con no muy buenas intenciones, y parece que nuestra pareja favorita fue atrapada... ¿O no?
¿Qué querrá el intruso? ¿Qué será de nuestros tórtolos? ¿Cómo pasé de estar escribiendo una historia de romance a un triller criminal?
Todo en el próximo capítulo ;-)
P.D: Gary no sufrió heridas graves, pero su dueño tendrá que apapacharlo y consentirlo con golosinas por muchos dias para destraumatizarlo.
Gracias por leer.
See Ya, H. C.
