Por fin el sexto capítulo yay! ...aunque no sé si debería estar tan alegre dado lo que ocurre en este capi...en fin, gracias por sus increíbles reviews ^_^
Advertencia: Violencia moderada y sangre (pero no mucha, no se alteren)
Disclaimer: Soy pobre, así que definitivamente no poseo nada excepto esta trama y el celu desde el que estoy escribiendo.
Here We Go...
Bob regresó en sí gracias a un cubetazo de agua helada que fue arrojado sobre él. Despertó en un sobresalto, retorciéndose entre sus amarres. Parpadeando y temblando por el frío que envolvió su cuerpo, lo primero qie hizo fue observar desconcertado a su alrededor, todavía algo perdido de lo que estaba pasando hasta que reparo en la oscura figura frente a él que todavía sostenía el balde.
Entonces, los recuerdos de todo lo ocurrido durante las últimas horas regresó en una avalancha de imágenes en su cabeza. Eso provocó un punzante dolor en su sien izquierda, y por reflejo, cerró los ojos fuertemente a la vez que bajaba la cabeza, gruñendo suavemente de dolor.
Pero no tuvo tiempo de procesar todo cuando una mano lo sujetó de su cabello, forzando su cabeza hacia atras y obligándolo a alzar la mirada. Siseó ante la rudeza de la accion, sus ojos, acuosos y entrecerrados, quedaron al mismo nivel que los pozos negros de su atacante, quien se cernía sobre él a solo centimetros de su rostro.
—Buenos días, bella duermiente —escupió en son de burla.
Los ojos de Bob se encontraron con los de él y luego miraron por encima de sus hombros y alrededor de ellos, sintiéndose aliviado cuando no encontró ninguna señal de su amiga castaña allí.
No había encontrado a su amiga. Arenita estaba a salvo, entonces, eso estaba bien.
—¿Estás buscando a tu pequeña novia? —preguntó el hombre cuando captó su mirada—. Bueno, déjame decirte que tuvo la suerte de escapar de mí, pero ¿sabes por qué?
Sin previo aviso, el hombre tomó un extremo de la cinta sobre su boca y tiró de ella, arrancándola sin cuidado. Un dolor agudo hizo que el muchacho chillara, pero apretó los dientes para evitar que aumentara de volumen a un grito.
—Qué valiente —se burló él, luego agregó con crueldad—: Al igual que tu chica castaña, solo que ella saltó por una ventana desde el segundo piso.
Sus ojos azules se abrieron ante eso. ¿Arenita había hecho qué?
El hombre confundió su sorpresa ante la noticia con miedo y desesperación. Una oscura risa brotó de su boca, haciendo eco en el vacío.
—¿Cómo crees que se debe haber sentido una caída desde esa altura? —continuó mordaz.
Bob le envió al hombre la mirada más odiosa que pudo —que realmente no era demasiado intimidante para alguien como ese sujeto, pero al menos le dejaría saber como se sentía en cuanto a él– y mantuvo la boca cerrada. No fue porque él no tuviera algo que decir o porque estuviera tan impactado y preocupado por esa caída que se hubiera quedado sin palabras –estaba un poco preocupado, claro, ella podría haberse lastimado desde esa altura, pero no tanto como para desesperarse–. Él conocía bien a su amiga, ella era una chica resistente e ingeniosa. Si había dado ese salto, lo había hecho porque estaba segura de lo que estaba haciendo, era una pensadora rápida, siempre tenía una solución lista para cualquier revés. Él confiaba en ella.
Obviamente, no le iba a decir eso al hombre. Le dejaría pensar que ahora ella estaba fuera del camino, si entonces ella estaba más segura de esa manera.
El hombre, en cambio, no tomó su mirada y su silencio demasiado bien. Todo su comportamiento se endureció, lo sintió en el aire a su alrededor, este cambió de un segundo a otro.
Ni siquiera lo vio venir. El golpe impactó de lleno en la mejilla izquierda, haciéndole torcer la cabeza. Bob gruñó, sobresaltado y aturdido debido al puñetazo, sintiendo que el lugar donde el hombre lo había golpeado comenzaba a picar. En unos minutos, comenzaría a oscureserse en un moretón.
—De todos modos, ella no era mi objetivo principal —sintió sus ojos penetrantes sobre él y volvió a temblar—, tú, por otro lado, chico —golpeó una de sus palmas con el otro puño—, posees información que realmente mataría por tener...
Bob levantó los ojos llorosos hacia el hombre, casi imaginándolo sonriéndole locamente detrás de su máscara negra.
"Por favor, Arenita, date prisa" rogó por dentro.
Gimiendo suavemente, Arenita se sentó en el suelo fangoso. Su ropa estaba completamente empapada en agua para este punto, y podía sentir barro por todas partes, incluso apelmazando su cabello. En la mañana desarrollaría los síntomas de un resfriado o una gripe. Se sintió disgustada por la sensación de la tela pegándose a su piel, pero eso quedó en el fondo de su mente por el momento. Tenía cosas más urgentes de las que preocuparse que la ropa sucia.
En su caída, había batido sus brazos, y sus dedos habían llegado a agarrarse de un tubo que corría a lo largo de la pared, del cual se había sujetado por unos segundos antes de que este se rindiera por el peso y se desprendiera. Había caído al final, pero su aterrizaje no había sido tan duro como si ese tubo no hubiera estado allí.
Qué bueno que lo había recordado antes de dejarse caer.
Había aterrizado de espaldas sobre un charco de lodo, todo le dolía, pero supuso que era solo el golpe. Tendría algunos moretones en todo el cuerpo, pero eso no era nada extraño para ella. Podría ignorar el dolor por el momento.
Se enderezó, estirando sus miembros magullados antes de limpiarse la cara con la manga de su pijama. Estaba empapado pero era útil para limpiar el barro que había manchado su rostro y obstaculizaba su visión.
Rápidamente, su cerebro se puso a analizar la situación. Estaba fuera de peligro, pero no completamente alejada de este, siempre podía pasar que el intruso dejara la casa para ir en su búsqueda, tenía que alejarse a un lugar más seguro.
Pero ¿a dónde?
Pensó en ir a casa de Patricio, era el mejor amigo de Bob así que no dudaría en ayudar, pero no creía que pudiera hacer mucho, lo más probable era que él también cayera víctima del psicópata, y ya era suficiente con un amigo de rehén como para poner en riesgo a otro. De todos modos, tampoco poseía lo que ella iba a necesitar con el fin de asistir a Bob, además estaba el asunto de que dormía tan profundamente como un tronco. Ni una manada de jabalíes aporreando su puerta lo despertaría.
Eso la dejó con la opción que menos le apetecía pero la más asequible.
Calamardo.
Era un hombre malhumorado y gruñón, pero Bob lo tenia en alta estima, además de que ella lo había visto ayudar al cocinero en ciertas ocasiones y compadecerse de él a pesar de siempre querer dar a entender lo mucho que detestaba su presencia.
Así que se apresuró a saltar la cerca que rodeaba la casa de Bob y corrió en dirección a la puerta de Calamardo.
Pero antes de golpear a la puerta, rebuscó entre sus ropas hasta dar con el teléfono móvil. Lo sacó, cubriéndolo de la lluvia con la mano, haciendo una mueca al ver el estado de la pantalla, que ahora portaba una rajadura en una esquina en forma de tela de araña que se extendía hasta la mitad, seguramente había sucedido durante la caída. Al menos funcionaba de todas maneras, la lluvia no lo había arruinado, que era lo único que importaba en ese momento, ya le compraría uno nuevo.
Cuando salieran de esta situación.
Abrió la lista de contactos, chasqueando frustrada al deslizar el pulgar por sobre la pantalla solo para no obtener resultado, pues la pantalla estaba húmeda y la función táctil no estaba funcionando bien. Lo intentó varias veces, secando la pantalla una y otra vez hasta que por fin logró deslizar la pantalla y dar con el contacto que buscaba.
Presionó marcar y llevó el teléfono a su oído, rogando por dentro que atendieran del otro lado.
Calamardo estaba tranquilamente dormido en su cálida cama, escondido debajo de una gruesa capa de sábanas. Los suaves sonidos de salpicaduras de lluvia y estruendosos truenos lo arrullaban camino a un sueño profundo y agradable...
Del cual fue despertado violentamente por el tono de llamada que venía de su teléfono celular sobre su mesita de noche.
Sus ojos se abrieron, rojos y furiosos. ¿Quién podía estar llamándolo a estas horas?
Eligió dejar que sonara un par de veces más, así que cuando se detuvo, cerró los ojos nuevamente, listo para caer en un sueño tranquilo nuevamente, solo para ser sacudido nuevamente por el tono de llamada.
Gruñó por lo bajo, pero se sentó en su cama y extendió su mano hacia el maldito dispositivo.
La pantalla parpadeó con un nombre que él conocía muy bien.
Apretó los dientes en molestia.
Por supuesto ¿cómo no se lo imaginó? Claro que tenía que ser él ¿quién más sería capaz de llamar a esa hora?
Se le pasó por la mente solo ignorar la llamada, apagar su teléfono y regresar a dormir, pero llevaba tiempo de ser su vecino y lo conocía muy bien. El chico no se rendiría, lo llamaría al teléfono de línea de ser así, y si eso no funcionaba, era capaz de aparecerse en su casa.
Por lo que cuando el teléfono volvió a sonar con una llamada entrante, atendió.
—¡Bob Esponja, será mejor que tengas una buena...!
—¡Soy Arenita, Calamardo! —lo interrumpió la chica, hablando de forma agitada—¡Necesito tu ayuda, Bob está en problemas! —exclamó desesperada.
—¿Arenita? —preguntó en confusión— ¿Qué éstas haciendo con el teléfono de Bob? —entonces su cerebro procesó lo que acababa de oír de su boca—. Aguarda ¿qué?
—¡Estoy afuera de tu puerta, por favor abre, te explicaré todo! —suplicó con agitación.
Notando lo desesperada y angustiada que se oía a través del teléfono, decidió aceptar y se levantó rápido de su cama. Sin terminar la llamada, encendió una vela que había dejado más temprano sobre su mesita de noche y salió de su habitación escaleras abajo.
Una vez que alcanzó la puerta, observó por la mirilla de esta y vio a la científica castaña hecha un desastre, totalmente empapada y enlodada. Frunciendo el ceño y todavía algo perturbado por lo extraño de la situación, destrabó la puerta y abrió, encontrándose con la chica, quién todavía tenía el teléfono de Bob junto a su oído.
Ella se quitó el aparato e irrumpió en su casa, esquivándolo para ingresar, y él dio un paso a un lado para dejarla entrar, más por reflejo que por nada, porque todavía estaba sorprendido por su repentina e inesperada aparición en esas fachas.
—¿Qué demonios...?
Miró hacia abajo, frunciendo el ceño molesto cuando notó las huellas de barro que mancharon su piso, que por lo demás estaba impecable, pero al darse cuenta de su estado de inquietud, decidió no comentar nada ni quejarse, solo cerró la puerta y se volvió hacia ella.
—¿Te importaría explicarme qué significa todo esto?
—Se trata de Bob —comenzó, con voz y cuerpo temblando, pero por diferentes razones. Se abrazó a sí misma, comenzando a darse cuenta del frío que se filtraba en sus huesos debido a la lluvia, pero por lo demás lo ignoró—. Un intruso irrumpió en la casa... lo capturó... Y necesito que me prestes la llave de tu cobertizo de herramientas.
El joven cocinero estaba seguro que para este punto ya debía tener una que otra costilla rota. No podía dar un número con exactitud pero había oído el sonido de huesos en su interior quebrándose como ramas siendo partidas en dos unas tres veces. Eso y al removerse en sus restricciones un terrible dolor le asaltaba la caja torácica.
Aunque el dolor podía deberse también a los moretones que ahora adornaban su estómago y torso. Debido a la falta de luz no podía verse bien por heridas, pero si alcanzaba a distinguir los manchones negro azulados que estaban repartidos por su pálida piel.
Su rostro hasta el momento se había salvado de la ráfaga de puñetazos, tan solo había sido golpeado allí un par de veces, pero habían sido suficientes para hacer que uno de sus ojos se hinchara haciéndole difícil ver a través de el. El de la mejilla había dejado de doler de forma punzante e intensa, ahora solo era un dolor pulsante. Sin embargo, el que había recibido en la barbilla le había roto un labio. Además, podía saborear su propia sangre dentro de su boca, uno de los puñetazos a su estómago había hecho que escupiera saliva mezclada con sangre, y una línea de líquido rojo caía de cada comisura de sus labios.
Sí, estaba recibiendo la paliza de su vida. Este sujeto hacia que su primo Cachiporra e incluso el Estrangulador fueran como un paseo en el parque. No se contenía para nada, no limitaba su fuerza, no hacia promesas en vano. Había dicho que le arrancaría las respuestas de ser necesario, y aunque hubiera estado hablando de forma metafórica... Bob lo creía capaz de hacerlo realidad.
Al menos –pensaba el muchacho con retorcido alivio– aun no había hecho mención alguna de utilizar en él ninguna de sus 'herramientas de trabajo' que antes había visto entre sus pertenencias.
En cuanto al hombre, por su parte estaba bastante impresionado por la resistencia del mocoso. A pesar de tener la apariencia de un alfeñique, soportaba muy bien los golpes. Claro, uno que otro gruñido o quejido de dolor escapaba de cuando en cuando de sus labios rotos, y ya había soltado lágrimas silenciosas que se mezclaban con la sangre brotando de su boca donde uno de los puñetazos le había volado un diente, pero dentro de todo, el muchacho no había rogado por su vida ni había soltado prenda tampoco.
Tenía que admitir que el muchacho tenía agallas para mostrarse estoico y tenaz incluso siendo interrogado de manera tan brutal.
Pero claro, aún no había jugado su otra mano.
Él había visto la expresión aterrada en el en ese momento prístino e inmaculado rostro del jovencito al observar los elementos que guardaba en el bolso que tenía en el suelo. De verdad aquello le había causado un pánico inigualable.
Tal vez era hora de enseñárselos y hacerlo comprender lo serio que era el asunto.
Después de todo ¿valía tanto la pena guardar un secreto si eso significaba ser mutilado?
—Tengo que reconocer algo —comenzó a decir con su voz ronca, girando lentamente su brazo de los puñetazos para relajar sus musculos un poco—. Pareces un debilucho pero también eres un hijo de perra resistente, he golpeado hasta la pulpa a muchos tontos desafortunados y poco cooperativos en mi carrera, y no puedo recordar que ninguno de ellos haya puesto una pelea como tú, impresionante.
Bob sintió una chispa de orgullo interiormente. Exteriormente, intentó sonreír levemente mientras escondía el gesto al bajar la cabeza pero solo consiguió gemir mientras escupía un poco más de sangre.
—Pero por mucho que sea una hazaña en sí misma, es malo para mi trabajo —le dio la espalda al cocinero rubio, ocupandose en buscar entre sus cosas dentro de su bolso.
El muchacho sintió que su corazón comenzaba a latir un poco más rápido, y estiró su cuello para tratar de ver si podía descubrir qué estaba haciendo.
—Fui contratado para extraer respuestas de ti por cualquier medio necesario —le recordó con voz áspera y oscura.
Finalmente se dio la vuelta y Bob jadeó, con los ojos enrojecidos abriendose por la angustia y el temor.
El dolor y el agotamiento de la última hora, de todos los golpes, todas sus restricciones mordiendo su carne maltratada, todo el maltrato sufrido, todo eso se desvaneció en el fondo de su mente, embotado y adormecido cuando vio el cuchillo de caza serrado de seis pulgadas sostenido en la mano del hombre.
—Y tengo una reputación que mantener, una reputación de siempre terminar un trabajo de forma impecable —añadió.
Comenzó a caminar hacia el chico, que había vuelto a la normalidad después de haber quedado atónito al ver el arma blanca. Bob comenzó a removerse en su lugar, tirando de las ataduras en sus manos y pies en un intento de romper la cinta que frenaba sus movimientos para poder escapar. Sabía que era un intento inútil y flojo, pero en ese momento su cerebro privado de sueño no podía encontrar ninguna otra solución, y sus intentos se volvieron más desesperados mientras el hombre caminaba lenta y decididamente hacia su cuerpo tembloroso, riéndose cruelmente por lo bajo ante su reacción aterrada.
Finalmente, su forma alta y amenazante se alzó sobre él, y tuvo que levantar la cabeza y los ojos para mirarlo directamente, deteniéndose de sacudirse en la silla después de darse cuenta de que era una causa perdida.
El lado plano de la cuchilla fría se presionó suavemente contra su mejilla bañada en lágrimas, haciéndole contener la respiración audiblemente, y el hombre bajó el cuchillo lentamente, sobre su mandíbula, cuello y pecho.
Se detuvo en medio de su pecho y presionó la punta sobre su piel, aplicando más fuerza, provocando un corte superficial en su carne.
Bob siseó, mordiéndose la lengua para no gritar de dolor porque no solo se sentía como un ardor en la piel, sino que había cortado un hematoma que se había formado por los primeros golpes. Movió la punta de la cuchilla hacia abajo, dejando una línea de corte a su paso, desde donde comenzó a derramarse un delgado rastro de sangre brillante.
—Veamos cuánto más puedes soportar antes de que el dolor se vuelva demasiado difícil de manejar y finalmente comiences a cantar.
Bob tragó saliva, haciendo una mueca de disgusto al saborear su propia sangre viajando por su garganta también. Sintió la repentina necesidad de vomitar el contenido de su estómago, pero suprimió esa sensación y volvió a centrar su atención en la situación y reunió el coraje suficiente para hablar, con voz débil debido al dolor físico y el agotamiento mental.
—Nunca te daré la receta secreta —se atrevió a decir con determinación, la voz temblando un poco, los ojos duros y la mandíbula apretada.
No traicionaría la confianza de Don Cangrejo en él. Ni ahora ni nunca.
Se imaginó al hombre detrás de la máscara sonriendo con aire de suficiencia antes de hablar.
—Probemos tu resistencia entonces, haber si puedes respaldar tus palabras ¿empezamos?
El hombre bajó el filo dentado de su cuchillo contra el estómago de Bob, presionando ligeramente contra su piel suave, amenazando con realizar un corte más profundo esta vez, y el chico respiró hondo, tratando de prepararse para el dolor abrasador que vendría, con poco o ningún éxito.
Podía sentir la punta pinchando su carne, así que cerró los ojos con fuerza y ...
¡CRAAAASHHH!
Sus ojos se abrieron al mismo tiempo que el hombre le apartó el cuchillo de su cuerpo, dándose la vuelta sorprendido por el repentino ruido fuerte de cristal rompiéndose desde la sala de estar.
Se olvidó del muchacho atado a la silla para ir a inspeccionar el ruido, con el cuchillo en alto, los sentidos alerta ante cualquier peligro potencial que pudiera existir.
Lo que encontró una vez que llegó a la sala de estar fue una piedra del tamaño de una mano que había sido arrojada contra la ventana, rompiendo el cristal en el proceso.
Y con esto nos encaminamos a la recta final. Ya sabemos porque el intruso quería tanto capturar a nuestros queridos protas, especialmente a Bob (espero no haber traumatizado a nadie con esas escenas :'v) ¿Se lo veían venir? ¿Cuál sera el plan de Arenita? ¿Alcanzará el sueldo de Bob para pagar sus facturas médicas?
Hasta el próximo capítulo ;-)
H. C.
