¡Hey, miren! Soy yo finalmemte con otro capítulo LARGO... Lo juro, traté de hacerlo más corto pero... no puedo conmigo misma :v
P.D.: Hay una escena romántica que espero haber escrito bien, espero que les guste :-)
Here We Go...
Anteriormente...
Los tres ocupantes del vehiculo retuvieron sus respiraciones, en el caso de Patricio el chico comenzó a morderse las uñas de los nervios.
—...me temo que su hijo esta entre los rehenes...
Más temprano esa misma noche...
Una figura oscura caminaba a un lado de la carretera vacía, dirigiéndose hacia la dirección opuesta a la que había sido llevado antes.
Había estado caminando durante un largo rato bajo la lluvia, sin molestarse un poco, ignorando el dolor de las contusiones que tenía en su cuerpo, parte por el ataque de la muchacha y parte resultado de su accidentado escape. Su mente estaba ocupada pensando en un plan de venganza para ser molestado por cosas como el frío, el dolor o enfermarse. Ya había planeado todo en su cabeza, pero aún necesitaba un transporte para llegar rápidamente a su destino, y todavía no había visto ningún automóvil, por lo que no tenía más opción que caminar, lo que le molestaba un poco porque la policía se daría cuenta de su escape y comenzaría a buscarlo pronto, y realmente quería poder vengarse.
Su puño conectó fuertemente contra su palma. Una vez que lo encontrara, haría que el chico pagara por todo esto.
Había comenzado a pensar en cambiar sus planes de vengarse y huir rápidamente después de haberlo hecho a huir y vengarse más adelante cuando sus oídos captaron el sonido del suave retumbar de un automóvil que se acercaba.
Actuando rápidamente, corrió en la misma dirección y se detuvo para entrecerrar los ojos. A lo lejos, pudo distinguir las luces del auto parpadeando, acercándose, despacio y con calma, lo que era perfecto para el repentino plan que había surgido en su cabeza.
Dennis sonrió sombríamente, con la cara aún oculta en las sombras y esperó a que el auto estuviera lo suficientemente cerca.
Jacob regresaba a casa, finalmente, después de un largo y agotador día de trabajo.
Había tenido trabajo todo el día, la demanda aumentó por la tarde debido a la tormenta, pero había estado conduciendo por la ciudad durante las últimas dos horas habiendo transportado solo a un par de clientes, por lo que decidió darle un fin a la noche y regresar a casa.
Y allí estaba, conduciendo su taxi lentamente por la carretera bajo la tormenta, dirigiéndose a su casa...
... o ese había sido su plan antes de que una enorme figura humana salida de la nada se lanzara directamente frente a su auto.
Gracias a dios que había estado conduciendo muy por debajo de la velocidad límite, así que cuando pisó los frenos y giró bruscamente el volante para cambiar la trayectoria del auto y esquivar a la persona, las ruedas no se deslizaron demasiado sobre el pavimento, y él pudo detener el automóvil sin mucha complicación en un lado de la carretera.
Jacob estaba apretando el volante con tanta fuerza que sus nudillos comenzaban a ponerse blancos, su respiración era irregular y su corazón martilleaba en sus oídos. Eso había estado cerca. Rápidamente, se despertó de su corto estado de shock y se quitó el cinturón de seguridad, abriendo la puerta para buscar a quien estuvo a punto de golpear con su automóvil.
Dio unos pocos pasos fuera de su auto cuando un metal frío se presionó contra su nuca, congelándolo en su lugar.
—Necesito que me prestes tu auto —dijo una voz fría, áspera y cortante detrás de él.
Quienquiera que fuera, no le dio tiempo para responder o incluso pensar en una respuesta, Jacob fue golpeado directamente en la parte posterior de la cabeza con la culata del arma, perdiendo la conciencia de inmediato.
Dennis tuvo la decencia de arrastrar el cuerpo del pobre tonto fuera del camino hacia el lado más alejado de la carretera antes de correr de regreso al auto y entrar, encender el motor y conducir directamente al Hospital General de Fondo de Bikini.
Bip. Bip. Bip.
Ese sonido constante pero relajante atravesó la confusión de su conciencia, despertándolo finalmente. Todo estaba ensombrecido por la negrura, quería abrir los ojos, pero sus párpados se sentían pegados o como si estuvieran hechos de plomo. Pesados, no importaba cuánto esfuerzo hiciera para levantarlos.
De hecho, ese único esfuerzo se sintió como si le hubiera robado las pocas energías que le quedaban.
Incapaz de suspirar de pena por ello con la falta de fuerza para abrir la boca también, decidió hundirse en el suave colchón que estaba descansando en ese momento. Respiró el aroma limpio que impregnaba el aire, que le recordó un poco al armario de suministros en su casa.
Olía a desinfectante y cloro, aunque carecía del suave toque de menta que su ropa y su espacio general mostraban a menudo. El aroma era como el de una habitación de hospital, que podia distinguir de las pocas veces que había estado en una...
Eso fue extraño, ¿por qué estaría en un hospital?
¿Qué había pasado?
En su estado confuso, su mente se retrasó un poco en el proceso de actualizarlo con los recuerdos de las últimas horas, pero lentamente esos recuerdos comenzaron a aparecer como instantáneas de una cámara o fragmentos cortos de una película.
Se sintió fruncir el ceño aunque débilmente. No podía recordar exactamente qué había sucedido, o en qué orden, las imágenes se mezclaron y desenfocaron, pero las pocas cosas que pudo distinguir fueron suficientes para ayudarlo a armar poco a poco el rompecabezas.
Recordó la furiosa tormenta, un apagón repentino y la presencia relajante de su amiga, cálida y brillante en la fría oscuridad.
El suave toque de su mano mientras sostenía la suya, el anhelo y el cariño persistente en sus ojos, la ternura de sus labios contra los de él.
Todo eso llenó su corazón de calidez y su mente con una vibrante sensación de fondo. Pero entonces, llegaron los recuerdos no tan felices o relajantes.
La sensación de una cuchilla fría contra su cuello, puños duros golpeando su cuerpo, conectando golpes dolorosos uno tras otro contra su rostro, su estómago, inmisericordes y sin descanso. Dolor abrasador por cortes profundos, el golpe helado de un disparo, un dolor punzante, sangre saliendo de la herida y de varias heridas a lo largo de su cuerpo, goteando, acumulándose y coagulándose en el suelo...
Las imágenes convocadas por su cerebro eran tan sangrientas y asquerosas que incluso podía percibir el repugnante aroma a cobre del líquido rojo reemplazando el antes aire limpio y puro que había estado respirando, podía hasta saborearlo dentro de su boca, lo que hizo que sus entrañas se retorcieran de asco. Por fortuna reunió la fuerza suficiente para contener la repentina necesidad de vomitar lo que quedaba dentro de su estómago, saboreando la bilis amarga que se elevaba en su garganta.
¡Qué asco!
Con esfuerzo, tragó saliva con fuerza, tratando de disipar la sensación repugnante y también los recuerdos sangrientos, trabajando demasiado su cerebro para hacerle recordar algo más y provocando un dolor agudo dentro de su cabeza.
Al final lo logró, pero pronto se cuestionó si lo que su mente trajo a flote para reemplazar esos recuerdos físicamente dolorosos y repugnantes era mejor...
La imagen borrosa de una figura enorme y enmascarada envuelta por la negrura con ojos vacíos que brillaban maníaca y peligrosamente, distinguidos incluso en la oscuridad de la noche, con una mirada fría que envió escalofríos por su columna vertebral.
El monstruo culpable de todo el dolor y sufrimiento que había tenido que pasar.
Los latidos de su corazón se dispararon, podía escuchar el pitido cada vez más rápido mientras su corazón latía dolorosamente dentro de su pecho, como un animal enjaulado que intenta huir de su prisión, lleno de miedo y terror.
Una vez más, trató de difuminar esa imagen, la figura alta con el cuchillo brillante, almacenarla en la parte más profunda de su mente, enterrarla bajo un montón de recuerdos borrosos para evitar que persiguiera sus sueños para siempre.
Pero solo logró retorcer sus recuerdos y cambiar su forma, y ahora podía ver a su querida amiga arrodillada en el suelo sucio y sangriento, todo su cuerpo temblando por la frialdad que impregna el aire, ojos grandes y temerosos, mirando hacia arriba con una mirada desesperanzada a la figura amenazadora que estaba delante de ella, el cañón de una pistola apuntando exactamente a su frente, un dedo listo para apretar el gatillo...
Quería gritar, pero sus súplicas fueron silenciosas, su voz no funcionó cuando abrió la boca para gritar. Quería correr hacia ellos y detener el horrible resultado que seguramente presenciaría, pero su cuerpo estaba paralizado, sus miembros no respondían a sus órdenes.
No pudo evitar mirar impotente cómo golpeaba el gatillo y disparaba la bala, dirigiéndose rápidamente a su objetivo...
"No es real" se repitió internamente, "Es un truco"
Sin embargo, pudo oírla gritar, oír la bala atravesar su cráneo, oler la sangre que brotaba de la herida... Se sentía tan real, había sido tan posible... ¿Había sucedido de verdad? ¿Había sido herida o ... o peor?
Su desesperación era tan apremiante y grande que comenzó a murmurar en su estado inactivo, su cuerpo comenzó a moverse y sacudirse en la cama del hospital, casi sin escuchar la voz suave que intentaba alcanzarlo para calmarlo.
Sin darse cuenta de la chica ahora preocupada sentada a su lado.
Ella había presenciado el lento proceso de su despertar, el aleteo de sus párpados y el agitamiento de su cuerpo, sosteniendo su mano entre las suyas todo el tiempo, con los ojos cansados fijos en su forma, observando el constante y lento ascenso y caída de su pecho vendado.
Se sentía exhausta, todo su cuerpo protestaba, exigía un buen y merecido descanso, el sueño se deslizaba dentro de su mente, el cansancio se filtraba por debajo de su piel, dentro de sus huesos. Pero ella se mantuvo firme, luchó contra su propio agotamiento y se mantuvo despierta y alerta, para mirar sobre él como un halcón, lista para saltar a la acción ante la posibilidad de que él necesitara su ayuda.
Además, no quería dormir, temerosa de cerrar los ojos solo para volver a abrirlos y descubrir que la pesadilla aún no había terminado, que todavía estaban atrapados dentro de la casa, él atado a la silla, ella impotente, incapaz hacer cualquier cosa mientras veía una y otra vez cómo golpeaban a su amigo hasta convertirlo en un sangriento bulto de carne.
Cada vez que esos pensamientos la asaltaban, cerraba los ojos y sacudía la cabeza, haciendo que las imágenes repugnantes desaparecieran. Luego los abría de nuevo y miraba directamente al muchacho dormido en la cama, que era suficiente para aplastar esas imágenes hasta convertirlas en polvo.
Su rostro relajado y tranquilo, incluso adornado con esos moretones y cortes oscuros y feos, era un alivio.
Entonces ella fortalecería su agarre en su cálida mano para asegurarse de que él estaba allí con ella. Finalmente fuera de peligro, siendo conducido a una recuperación larga pero segura.
Por eso se dio cuenta del momento en que comenzó a sufrir un ataque.
Incluso en su estado debilitado, fue capaz de retorcerse en la cama, con la cara torcida por el dolor, la tristeza y la angustia, su ritmo cardíaco se disparó.
Al verlo en ese lamentable estado, sintió que las lágrimas se acumulaban en sus ojos, mientras trataba de hacer cualquier cosa para ayudarlo a recuperar la calma, sosteniendo su mano fuerte con una mano mientras colocaba la otra en su hombro no dañado para evitar que hiciera un giro brusco o rápido y abriera por accidente los puntos de sutura de su cirugía.
—Bob, cálmate, lo que sea que estés viendo, no es real —rogó, apenas alzando la voz.
No había necesidad de molestar a los otros pacientes, además, una enfermera debería venir pronto.
—Por favor, escúchame, escucha mi voz, por favor, estás a salvo ahora, ya no tienes que tener miedo, Bob, por favor, despierta, es solo una pesadilla, sea lo que sea, no puede dañarte más, Bob, por favor.
Podía ver la desesperación y la angustia retorciendo su rostro, mientras la pesadilla que fuera que estaba teniendo lo perseguía en el reino de los sueños, seguramente relacionada con la desagradable experiencia vivida hacia solo unas horas.
No quería más que despertarlo para calmarlo y ahuyentar todos sus miedos, mantener el dolor lejos de él, hacer que todos los demonios que deambulaban por sus pesadillas se desvanecieran. Pero sus palabras no parecían suficientes para alcanzar su objetivo, pues el chico no paraba de retorcerse, forcejeando y luchando contra lo que fuera que lo estuviese atormentando.
Sola e incapaz de hacer más para evitar que se sacudiera peligrosamente sobre la cama y no queriendo dejarlo solo para ir a buscar una enfermera, ella hizo lo único que se le ocurrió.
Ella se inclinó sobre él y colocó sus labios en su frente, besándolo mientras su mano soltaba su hombro para ir sobre su cabeza, acariciando su cabello rubio y sudoroso, tarareando una melodía relajante en voz baja.
Los suaves labios contra su frente apenas se registraron, pero lo hicieron. Sintió el ligero toque de algo como plumas acariciando su piel, y esa sensación logró calmarlo un poco. Lentamente, sus movimientos retorcidos y desesperados comenzaron a disminuir, sus pulsaciones se redujeron a un ritmo constante y saludable y su respiración volvió a la normalidad.
Sin quitarle los dedos del cabello, se colocó junto a él en la cama, apoyando la cabeza contra su pecho, cuidando de no agravar sus heridas, abrazándolo con un brazo y apoyando la barbilla sobre su cabeza, su cabello esponjoso haciéndole cosquillas en la piel. Ella siguió tarareando la dulce melodía hasta que él se calmó por completo.
Luego, sus ojos revolotearon y sus párpados se abrieron lentamente.
—...'renita...
Su corazón saltó aliviado por el sonido de su voz, aunque débil y áspera.
Un poco reacia, ella dejó su posición anterior y colocó su cabeza cuidadosamente contra las almohadas nuevamente, ocupando un lado de la cama junto a él, con la mano entre las suyas, los ojos puestos en su rostro mientras lentamente recuperaba la conciencia.
—¿Bob? —ella llamó suavemente.
Los iris azules desenfocados y confundidos que habían vagado por la habitación brevemente desconcertados después de despertarse, se volvieron lentamente hacia la fuente de la voz.
El chico parpadeó hacia la chica sentada a su lado, su cerebro aún rezagado. Pasaron unos segundos hasta que vio una chispa de reconocimiento en ellos, luego una cálida sonrisa se formó lentamente en sus labios agrietados cuando la identidad de la persona a su lado finalmente se registró en su cerebro.
—'nita... —arrastró las palabras, su mente todavía un poco turbia, pero su cuerpo estaba siendo bañado por una ola de alivio absoluto.
Todo había sido un sueño, un sueño horrible, demasiado realista y cruel. Pero ahora estaba despierto, después de quién sabe cuánto tiempo. Y ella estaba allí con él, sana y salva, sin ninguna señal de haber recibido un disparo. Todo había estado en su cabeza.
Su voz sonaba tan frágil como él lucía, y ella le apretó la mano como un cálido gesto de apoyo, sintiéndose tan feliz de verlo despierto nuevamente como desgarrada por dentro al presenciar el frágil estado en el que había terminado. Su sonrisa era pequeña, apenas podía moverse debido a sus heridas y su voz, generalmente estridente y llena de vida, estaba seca y débil. Deseó que pudiera volver a ser ruidosa y aguda una vez más.
Ella no pudo evitar pensar en el marcado contraste que tenía con su yo cotidiano, siempre sonriente, feliz y alegre, con energía zumbando justo debajo de su piel, incapaz de quedarse quieto durante un largo período de tiempo.
Una punzada atravesó su corazón, su sonrisa se rompió un poco.
Tuvo el deseo de estallar en lágrimas ante la vista, tanto de tristeza como de felicidad, pero él no necesitaba eso. Necesitaba de ella que mantuviera la calma y se mantuviera fuerte por su bien.
—Sí —le aseguró suavemente.
El dorso de sus dedos acarició su mejilla ennegrecida con cuidado de no infligir presión y provocarle dolor.
—Soy yo —continuó—. Estás a salvo ahora, de verdad esta vez —añadió, recordando como se desenvolvieron las cosas la última vez que le hubo dicho esas palabras.
Comenzó a abrir los labios, entrecerrando los ojos mientras hacía un esfuerzo por hablar, pero todavía se sentía un poco agotado y no salieron palabras inteligibles de su boca. Todavía no tenía la fuerza suficiente para formar palabras completas. O pensar con claridad.
—Shh, tienes que descansar —dijo con voz suave, con los dedos rozando el flequillo rubio que caía sobre sus cejas—. Esto es real, estás bien, estoy a salvo, de verdad esta vez, ya no hay nada de qué preocuparse.
Ella notó que sus ojos entrecerrados observaban su rostro cuidadosamente y sintió que sus dedos se movían ligeramente entre sus manos, como si estuviera tratando de apretar su mano para asegurarse de que ella era real, que estaba allí con él, fresca, impecable y sana.
Algunas lágrimas cayeron de sus ojos, y ella levantó la mano que sostenía para presionar la palma contra su mejilla, las lágrimas calientes humedecieron su mano. Ella quería mostrarle que estaba bien, que no necesitaba seguir temiendo que todo esto fuera una ilusión.
Sintió que su pulgar le acariciaba la mejilla en círculos demasiado lentos, las comisuras de sus labios apenas se contraían en lo que ella imaginaba era una sonrisa de alivio.
Ella derramó más lágrimas.
Se quedaron así, ella sosteniendo su mano ahuecando su mejilla, él mirándola mientras esperaba que su cuerpo se sintiera menos pesado y adormecido, ambos relajándose con la suave salpicadura de la lluvia afuera y el suave rumor de los truenos a lo lejos.
Entonces vino una enfermera, llamando a la puerta de su habitación para anunciarse antes de hacer una entrada. Ella sonrió suavemente a la joven pareja - ¡se veían tan lindos juntos! -, saludando al paciente ahora despierto antes de acercarse para ver cómo estaba, buscando alguna señal de que algo iba mal.
Después de que le dijeron que el ataque había sido solo el resultado de una pesadilla, ella comenzó a revisarlo. No tenía fiebre, su presión arterial era normal, sus vendajes estaban bien y los puntos de la cirugía se mantuvieron en su lugar. Todo parecía ir bien, y ella se los hizo saber.
—Todo se ve bien, cariño —le anunció la mujer al joven—. Te recuperarás muy bien, y estoy segura de que tu prometida aquí te cuidará muy bien —agregó juguetonamente, asintiendo con la cabeza a la chica de cabello castaño.
Incluso en su estado debilitado, levantó una ceja curiosa hacia la mujer, luego sus ojos se dirigieron perezosamente a la chica a su lado, que ahora tenía las mejillas enrojecidas y los ojos intentaban evitar su mirada.
Una vista entrañable. E interesante.
—Bueno, los dejaré solos ahora, cariño, la doctora estará aquí en breve para revisarte también, si algo surge antes de eso, solo llámame, ¿de acuerdo? —anunció mientras ordenaba las sábanas sobre su cuerpo de nuevo.
El chico asintió una vez.
La mujer se despidió de la pareja y se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir de la habitación, se dio la vuelta para mirarlos.
—Y recuerda que tienes que todavía descansar, jovencito, así que nada de asuntos divertidos, ¿de acuerdo?
Con eso, ella se fue.
Las cejas de Bob se fruncieron en confusión ante sus últimas palabras y luego miró a su amiga, que parecía haberse agarrado fiebre por lo roja y agitada que estaba.
Arenita sabía que tendría que explicarle por qué esa enfermera había hablado como si estuvieran comprometidos, una conversación no muy esperada, pero se consoló sabiendo que su amigo encontraría su explicación divertida y su justificación correcta.
Ella desviaría el tema por ahora al comenzar a tararear esa dulce melodía nuevamente.
Bob, todavía demasiado cansado para preocuparse por lo que esa mujer había pensado, se dejó arrullar por la suave canción de su amiga, sintiendo que sus miembros se relajaban y su cuerpo comenzaba a recuperar algo de fuerza.
Sin embargo, no se durmió, luchó contra el cansancio que sentía, conciderando que ya había dormido lo suficiente, aunque caer desmayado no fuera conciderado 'dormir' exactamente.
Después de unos minutos, pudo aclararse la garganta y pronunciar una palabra.
—¿Agua? —preguntó.
Rápidamente, Arenita tomó la botella de agua en la mesita de noche y la destapó, vertiendo el líquido transparente dentro de un vaso de plástico al lado de la botella. Otra enfermera lo había dejado allí horas antes para ella, pero ni siquiera había podido tragar agua, su estómago todavía hecho un manojo de nervios. Ella llenó el vaso, le colocó un sorbete y se lo acercó a los labios. Él los abrió y bebió el agua en pequeños sorbos.
Una vez que la taza estuvo vacía, apoyó la cabeza contra las suaves almohadas y exhaló aliviado. Su garganta se sentía tan seca como un desierto, la textura de su lengua era como papel de lija.
Ugh.
Pero ahora, ese poco de agua, incluso si no hubiera estado exactamente fría, había conseguido saciar su sed de todos modos.
—Gracias —exhaló.
—No lo menciones —respondió su amiga mientras volvía a poner el vaso sobre la mesita de noche—. ¿Como te sientes?
—Como... si hubiera... recibido una paliza... y un disparo —logró responder, arrastrando las palabras con dificultad pero con el toque de sarcasmo y diversión palpable en su tono.
La risa baja salió de su boca antes de que pudiera detenerla. Incluso un evento traumático como el que había sufrido no podía robar el espíritu de Bob. Era tranquilizador saber que, debajo de esos moretones y vendajes, su lindo chico rubio seguía siendo el mismo muchacho optimista y de buen humor.
—Esa fue una pregunta bastante tonta, ¿verdad? —reconoció después de que su risa rápida y breve se apagó.
Él chico sacudió la cabeza tanto como su estado se lo permitió.
—No...no lo fue... solo te veías... demasiado angustiada...yo solo estaba... tratando de ... hacerte reír —respondió, todavía luchando por hablar con claridad y sonriendo débilmente.
Solo Bob, tratando de levantarle el ánimo, aunque él estaba en el peor estado.
Era bonito saber que él se preocupaba por ella incluso en sus circunstancias.
—Lo lograste —lo felicitó—. Pero, realmente, ¿cómo te sientes? ¿Algún dolor, molestia? —preguntó ella, su pulgar acariciando sus nudillos perezosamente.
—Todo mi cuerpo ... se siente... un poco entumecido ... mis heridas palpitan ... débilmente ... y mi cabeza... todavía está ... un poco mareada ... pero teniendo en...cuenta ... todas las cosas ... que sucedieron ... estoy bastante bien —respondió, todavía demasiado debilitado para hablar sin tomar respiros.
Ella asintió, cerrando ambas manos alrededor de las suya.
—¿Que hay... de ti? —fue su turno de preguntar —¿Cómo te... sientes?
—Tuve algunos golpes aquí y allá, pero estoy bastante bien.
El 'en comparación contigo' quedó implicito.
—Estoy ... contento de ... escuchar eso... pero eso no... era lo que... estaba preguntando —dijo, mirándola fijamente.
O lo suficientemente fijamente como podía con ojos entrecerrados y un cerebro rezagado.
Y aunque tal vez estaba debilitado y exhausto, se había dado cuenta del estado en que se encontraba su amiga. Sus ojos estaban un poco rojos y mostraban pesadas bolsas negras debajo. Ella bostezaba demasiado para que eso fuera algo normal y él podía escuchar su estómago retumbar, exigiendo algo para llenarlo.
Apreciaba todo lo que ella había hecho y había estado haciendo para cuidarlo, pero no quería que ella descartara sus propias necesidades. No se sentiría bien consigo mismo si le sucediera algo porque ella lo había puesto antes que a ella misma.
Había sufrido igual que él, tenía que cuidarse también.
—No deberías forzarte demasiado, se supone que debes descansar —murmuró ella en tono acusador como un intento de desvío, apartando los ojos para evitar su mirada.
—Nita... —presionó suavemente.
'Nita', ese era un bonito sobrenombre...
—¿Dormiste... al menos... un poco? —él la cuestionó—. ¿Comiste...algo?
Sus ojos mirando hacia abajo avergonzados fueron una respuesta suficiente para el muchacho.
—No... quiero que... te agotes o... debilites ... por mi culpa.
—Estaba demasiado preocupada y nerviosa como para pensar en mi misma, no eres una carga, estoy haciendo esto porque estoy realmente preocupada por ti, quiero ayudarte a mejorar tanto como pueda.
—Sí, lo sé... y estoy... emocionado... de escuchar... eso, pero... no quiero que ... te enfermes... por mi culpa... —su mirada se suavizó —. Odiaría... que algo malo... te pasara... por mi culpa... otra vez —terminó, sintiéndose culpable.
La visión de ella al final del cañón de una pistola, a unos segundos de una muerte segura, todavía estaba fresca en su mente.
Y fue culpa suya porque el hombre había estado allí solo por él, y él la había arrastrado.
Sintiendo su culpa en su voz, ella se apresuró a corregirlo.
—¡Nada de eso fue tu culpa! —farfulló agitando sus manos.
¿Cómo podría pensar eso?
—¡¿Cómo puedes pensar eso?! —ella exhaló, bajando su voz en aumento, sus ojos bajaron al suelo una vez más—. En cualquier caso, si hay alguien a quien culpar, soy yo.
Fue el turno de Bob de quedarse atónito. ¡¿Qué?!
Era algo completamente estúpido. ¿Cómo podría ser responsable de algo que había estado fuera de su control desde el principio? A menos que ella hubiera contratado al sujeto, lo que era absurdo.
—Eso son...tonterías.
Pero desde su punto de vista, eso no era así.
No podía dejar de sentirse responsable por el estado de Bob. La parte lógica de su cerebro le había repetido una y otra vez esa noche que no podía sentirse culpable por las acciones de otras personas. Que el hombre era un monstruo por haberle hecho eso a un muchacho inocente, que él era el único culpable.
El que lo había golpeado, torturado y disparado, quien lo había enviado a una sala de cirugía para salvarle la vida. Sin embargo, la otra parte de ella no había dejado de recordarle todas las cosas que podría haber hecho para evitar este destino. Había bombardeado su mente con una montaña de "¿y que si...?" Si hubiera buscado un lugar mejor para esconderse, si no hubiera dejado su teléfono sin contraseña, si no hubiera olvidado su teléfono en absoluto, si hubiera luchado en lugar de huir, si hubiera atado al intruso para evitar que fuera detrás de ellos. Si, si, si ... cada uno de ellos hacía que su culpa fuera cada vez más pesada.
Su creciente ansiedad se hizo evidente en su rostro, y su preocupación por ella creció.
—Pero no... piensas... lo mismo.
Ella presionó sus labios, mirando a un lado, dudosa. Ella no quería cargarlo con su propios deprimentes pensamientos cuando él había recibido lo peor de todo y todavía estaba luchando con los resultados.
—¿Qué hace...que te sientas...tan culpable? —inquirió suavemente—. Puedes... decirmelo.
—Es complicado de explicar —respondió ella en un intento por evitar que indagara demasiado.
—Haz el...intento —insistió con ojos suplicantes.
Ella lo miró a los ojos entrecerrados, aún exudando calor a pesar de la hinchazón roja y los moretones oscuros que cubrían la piel blanca. En ellos, ella podía detectar la preocupación que sentía por ella y el deseo de escucharla y ayudarla de cualquier manera posible, incluso cuando estaba inmovilizado en una cama de hospital.
Y eso la hizo sentir peor aún, saber que lo estaba haciendo preocuparse por ella cuando él era el que peor parado había salido.
Después de una breve contienda de miradas, se dio por vencida cuando quedó claro que él no torcería el brazo y estaba preocupado por ella.
Suspiró en derrota antes de atreverse a decir lo que pensaba.
—No puedo dejar de pensar —hizo una pausa, con la voz muy leve—, sobre todo esto —un suspiro cansado y frustrado salió de su boca—, sobre todo lo que podría haber hecho para que todo fuera diferente —confesó al final.
Apoyó los codos sobre la cama y la barbilla sobre sus manos entrelazadas, su pesada mirada cayó sobre las sábanas blancas.
—No puedo dejar de repasar en mi mente todos los errores que cometí, si hubiera hecho las cosas de manera diferente, si lo hubiera atado con algo o peleado con él la primera vez en lugar de esconderme como una cobarde, entonces hubiera podido detenerlo antes...antes de que te lastimara...lo siento.
Usando un poco de la energía que poco a poco regresaba a su cuerpo, el chico le alzó la barbilla con dos dedos de la mano que ella sujetaba para verla a los ojos, que ahora ademas de ojerosos lucian también cargados de lágrimas e inchados.
—No tienes...porque...lamentarte. Yo no te...culpo por nada...de lo que...sucedió ¿lo sabes, verdad? —ella asintió pero el chico pudo darse cuenta que sus palabras no parecían ser suficientes.
No era su opinión sobre ella lo que le arañaba el interior, era la suya propia. Era fuerte e inteligente, había resuelto muchos problemas antes y se jactaba de su ingenio. Se sentía culpable porque sabía que podría haber hecho algo más para evitarle todo este dolor y pena, y no lo había hecho. Había dejado que el temor y la incertidumbre nublaran su juicio, y Bob había terminado pagando por sus errores con creces.
Estaba segura que las pesadillas como la que había sufrido hacia poco era una de las tantas marcas que esa noche le dejaría. También estaban los temblores de sus manos –apenas perceptibles pero presentes–, o como se retraía en su lugar en la presencia de extraños –como con la enfermera–. Y que decir de la mirada turbulenta que danzaba en sus ojos a pesar del candor y la alegria que desplegaban, y lo peor de todo, las horrendas cicatrices en su piel que permanecerian impresas allí como un recordatorio de lo cerca que estuvo de sufrir una muerte violenta.
—Y sabes que...al contrario, para mi tú...tú fuiste la razón...por la que me...mantuve fuerte y...aguante todo... aquello ¿verdad? —continuó el chico—. Porque sabía...que solo tenía...que esperar, estaba seguro...de que tomarías la...decisión correcta...que regresarías con...ayuda o...o un plan —amplió su sonrisa, tratando de que reflejara todo el cariño y la candidez que sentía por ella en ese simple gesto—. Tenía toda...mi fe...puesta en ti —concluyó.
El escozor en los ojos de la chica empeoró y toda la culpa que se estaba gestando estaba lista para ser derramada, a pesar de sus palabras amables con el objetivo de levantar el ánimo, porque en una forma retorcida de pensar, la fe y la confianza que sentía en ella eran inmerecidas desde su punto de vista.
¡Había saltado de dos pisos! ¡Había puesto en riesgo su vida y por extensión la de Bob, quien en ese momento había dejado su seguridad en sus manos! ¿Cómo podía no sentirse culpable cuando habían sido sus propios errorres los que casi lo habían llevado a... –tragó saliva– a morir?
Al darse cuenta de que su amiga estaba siendo aplastada por sus propios pensamientos de culpa y autodesprecio, Bob habló.
—Mírame —suplicó, aplicando algo de las fuerzas que estaba recuperando para apretar sus manos con la suya.
Una vez que sus ojos oscuros lo miraron, él le envió la sonrisa más dulce y tierna que pudo reunir en su estado.
—Esto no fue...tu culpa —le aseguró de nuevo—. Sé que... piensas que... todo esto —se señaló con la mano libre— es tu... culpa, que podrías... haberlo evitado... pero quiero...recordarte que...que fui yo quien... te pidió que... huyeras, fui quien...te pidió que... buscaras ayuda, fui quien se... arrojó a las manos... de ese... monstruo para que... pudieras estar... a salvo.
Puso su otra mano alrededor de la de ella, luego las acercó a sus labios y les dio un beso, sin romper el contacto visual.
—Yo fui quien... eligió arrojarse... frente a... una bala... dirigida a ti, porque... me sentí culpable —confesó, mirándola seriamente pero con ojos llorosos—. Cuando lo vi...amenazándote, sentí que...que te había... fallado, había estado... tratando de... protegerte y, sin embargo...pareció que todo... lo que había...hecho había sido en...en vano, y en ese... momento... pensé que...que te iba a...a perder... ese tipo había ido a...a mi casa por mí...yo era su objetivo, no tú, y por...por mi culpa, tú... —exhaló ruidosamente, su respiración temblorosa—. No podía dejar que...que te lastimara... no lo haría.
Aspiró ruidosamente, luego exhaló por la boca abierta de nuevo antes de continuar.
—¿Sabes... por qué? —preguntó, con una pequeña sonrisa cómplice a pesar de las lágrimas que surcaban su magullado rostro.
Ella le sonrió de vuelta con los labios apretados, conteniendo sus propias lágrimas, esta vez de felicidad porque podía imaginarse a que quería llegar.
Ahora las condiciones eran, no exactamente ideales, pero si mucho mejores para lo que estaban por repetir.
—Porque te amo... te amo demasiado... como para dejar que... algo o alguien te...te haga daño, y ofrecería... mi vida... una y mil veces si... si con eso...logro que estés... a salvo.
Eso hizo el truco. Ella estalló en lágrimas y se arrojó sobre él, con cuidado de no lastimarlo o empeorar su estado. Colocó sus manos sobre sus hombros y acercó sus labios sin pensárselo dos veces, conectándolos por segunda vez en un beso.
A pesar de ser una total inexperta en el tema, la chica de cabello castaño estaba poniendo todos sus sentimientos en el segundo beso que compartía con él... que había dejado de ser el mismo.
Fue como si un rayo de la tormenta que azotaba el exterior los hubiera golpeado a ambos, fuerte y repentinamente, chispas de electricidad corrieron por sus cuerpos en un instante al contacto, encendiendo cada uno de sus nervios, hirviendo la sangre corriendo por sus venas, haciendo que sus pieles se enrojecieran y se sintieran como si estuvieran ardiendo.
Al principio, no estaba seguro de cómo proceder exactamente, no era como si fuera un experto, y su mente se sentía nublada, en el fondo de su mente suponía que las medicinas no habían sido drenadas lo suficiente de su cuerpo, haciéndole sentir como si su cabeza estuviera flotando.
Era una sensación divertida y extraña, una que combinada con la sensación de sus suaves labios contra los suyos, lo hacía sentir un agradable calor acumulándose dentro de su vientre.
Se puso a mover sus labios sobre los suyos, experimentales y tímidos al mismo tiempo, relajándose contra ellos cuando ella comenzó a devolverle el beso después de haber sido aturdida por la chispa de energía que había sentido golpeándola.
Animado por su respuesta, el chico comenzó a mover los labios en sincronía, inclinando la cabeza de lado a lado, saboreando su dulzura, dándole besos lentos y descuidados, un zumbido dejó su garganta en aprobanción a sus propios movimientos.
'Se siente mucho mejor que el primero...' el chico pensó sorprendido y extasiado.
'Claro, ahora no te encuentras al borde de la inconsciencia', le recordó una parte de su cerebro, que ignoró por completo.
El sabor a menta era extremadamente adictivo, lo único en la mente del muchacho rubio en este momento era el deseo de seguir sintiendo un sabor tan exquisito.
Mientras tanto, las manos de la chica se movieron y acariciaron su nuca antes de subir, sus dedos enterrándose en su grueso cabello rubio, enredando y tirando suavemente de los mechones, masajeando su cuero cabelludo en movimientos lentos.
Él gimió suavemente contra su boca por la caricia de sus manos, y levantó sus propias manos para llevarlas a cada lado de ella, sobre su cintura. Se colaron debajo de la tela de su camiseta prestada, entrando en contacto total con su piel suave y tierna. Presionó sus manos, disfrutando la sensación de esa piel suave bajo su toque, luego comenzó a moverlas hacia arriba y hacia abajo a un ritmo lento, arrancando un escalofrío que sacudió su cuerpo, sus dedos dejando un rastro como de chispas a su paso.
Ella interrumpió el beso brevemente para reírse suavemente ante la sensación de cosquilleo que sintió, y su risa se convirtió en un gemido cuando él persiguió su boca nuevamente, besándola más ansioso y seguro, menos tímidamente, y movió sus manos hacia su espalda baja, arriba y abajo de nuevo, encantado con la sensación.
La sintió derretirse físicamente contra él al toque de sus manos, su pecho presionado contra el suyo. Podía sentir el calor saliendo de ella y su propio calor ardiendo bajo su piel.
¡Percebes, le encantaba cómo la sensación de ella hacía que su cuerpo se sobrecargara!
Era estimulante, asombroso, maravilloso... podía seguir y seguir describiendo cómo se sentía besarla sin miramientos finalmente. Sus labios eran más suaves de lo que él había imaginado, su cuerpo se ajustaba perfectamente al de él...
Era como caminar sobre las nubes.
Cualquiera que los viera de afuera diría que era un beso torpe y apresurado, y es que ninguno de los dos tenía mucha experiencia, más bien, su experiencia era casi nula. Pero de todos modos, para ellos era lo más dulce, tierno y romántico que pudieran haber vivido en sus vidas...
—¿Qué te advertí sobre 'asuntos divertidos'?
Aquella voz repentina los hizo separarse antes de que estuvieran preparados para hacerlo, dejando ir del otro como si el contacto entre ellos quemara.
La chica casi saltó de la cama, arreglando con premura su camiseta que se había enrollado hasta su sección media durante el beso, manteniéndose lo más alejada posible de la cama, incapaz de levantar la mirada hacia los recién llegados, sin saber cuándo se había inclinado tanto sobre él. El chico solo pudo encogerse sobre sí mismo en su lugar en la cama, mirando tímidamente a la enfermera con la que había hablado antes bajo las pestañas mientras bajaba la cabeza entre los hombros como una tortuga.
Ambos tenían los labios hinchados, portando mejillas rojas y, en el caso de Bob, el cabello despeinado.
Los dos jóvenes se sintieron avergonzados por haber sido atrapados en una posición tan comprometedora no por una, sino por dos personas, la enfermera y otra mujer mayor que él no reconoció, pero Arenita sí.
Bueno, al menos esto respaldaría su mentira acerca de ser su prometida, ¿verdad?
La enfermera tenía una mirada traviesa en sus cálidos ojos y una sonrisa satisfecha en sus labios, mientras que la cirujano parecía un tanto molesta por lo que había presenciado.
—Entiendo que estés contenta de que se haya despertado, pero no recomiendo recurrir a esas muestras de afecto hasta después de unos días para que el Señor Pantalones Cuadrados se recupere de su cirugía —sugirió, mirando del chico avergonzado en la cama hasta la chica abochornada que estaba de pie.
—Y por favor, la próxima vez que ustedes dos sientan esas necesidades, intenten buscar un lugar más privado para entregarse a ese tipo de comportamiento —agregó.
Su rostro tenía una expresión seria, pero sus palabras se oyeron juguetonas mientras intercambiaba miradas divertidas con su compañera de trabajo.
—Lo tendré... en mente la... próxima vez —murmuró Bob, con las mejillas llameantes.
La mujer asintió con la cabeza.
—Eso espero.
Después de eso, ella procedió a revisarlo, asegurándose de que se estuviera recuperando bien y que sus actividades anteriores no hubieran puesto en peligro sus heridas.
Una vez que estuvo satisfecha con los resultados, ambas mujeres los dejaron en paz, la cirujana les recordó que el que ella sea su prometida no significaba que debían hacer tal exhibición en público, menos en un hospital, y les pidió que mantuvieran las manos en su lugar por el momento, para vergüenza de Arenita e incomodidad de Bob.
Una vez que estuvieron solos de nuevo, Arenita se sentó a su lado nuevamente, sosteniendo su mano entre las suyas pero manteniendo a raya sus deseos.
Sin embargo, Bob tenía una pregunta girando en su mente desde su primera conversación con la enfermera.
Y los acontecimientos recientes merecían la pregunta que debía hacerse.
—Arenita... ¿por qué... pensaron que... eras mi prometida?
En lugar de sentirse avergonzada por su pregunta, la chica de cabello castaño se echó a reír, bajo la confundida y extrañada mirada de Bob.
¿Qué era tan divertido?
Después de un tedioso viaje de regreso a la ciudad, el nuevamente fugitivo llegó a su destino, estacionó el auto que había robado a dos manzanas del hospital para no levantar sospechas y se dirigió caminando hacia este, siempre cauteloso de sus alrededores.
Era ya muy tarde, así que el hospital estaba cerrado para cualquiera que no tuviera una buena razón para encontrarse allí, o sea médicos, enfermeros, pacientes de urgencias y visitantes, por lo que si quería entrar, tenía que buscar una alternativa, aunque a su favor tenía que al parecer la policía aún no había sido notificada de su escape, pues no vio ninguna patrulla apostada en la entrada o en los alrededores. No creía que ese muchacho al que había dejado mal herido en la carretera fuera capaz de decir algo si lo encontraban –y si llegaba a sobrevivir, sin ayuda inmediata no lo haría–, y no sabía que había sido del conductor en realidad, lo había visto inconsciente aún dentro del vehículo en llamas pero no se había molestado en revisar en que siguiera en el mismo lugar al marcharse, había estado muy apurado para pensar en eso. Como fuera, parecía que aún tenía algo de tiempo antes de que dieran la alarma y empezaran a buscarlo.
Tiempo suficiente para colarse dentro del edificio, buscar al cocinero y a su amiguita y terminar con todo esto antes de huir.
Luego de esperar unos quince minutos escondido de ojos curiosos, finalmente tuvo su oportunidad cuando un enfermero un poco más joven que él salió por un descanso por una puerta de emergencia en la parte trasera del edificio que daba a un callejón, que si bien estaba bien ilumimado, aún tenia partes hundidas en oscuridad, además de que a esa hora no andaba nadie y todavía estaba lloviendo.
El hombre se colocó debajo de un tejado que sobresalía y sacó de su bolsillo trasero una cajetilla de cigarrillos y un encendedor. Encendió uno y se lo dejó en la boca antes de guardar lo demás de nuevo en sus bolsillos. Entonces apoyó su espalda contra la pared y tomó su celular, empezando a distraerse con sus cosas mientras fumaba, ignorante de hallarse bajo la penetrante mirada del criminal, quien esperó pacientemente a que el enfermero terminara su descanso antes de hacer su movimiento.
Una vez que terminó con su tercer cigarrillo, el enfermero volvió a guardarse su celular y se dirigió a la puerta por la que había entrado. Se cerraba de dentro y para desbloquearla, debía utilizarse una llave, una que sólo personal autorizado poseía para usarla cuando alguno de ellos quería tomar aire o fumar, que se mantenía cerrada de otra manera para que ningún paciente huyera o evitar cualquier otro inconveniente. El enfermero tomó la llave del bolsillo de su camisa y la metió en el agujero de la cerradura, desbloqueándola para volver al interior, pero no hubo dado ni un paso dentro cuando una enorme mano cubrió su boca y desde atrás y el cañón de una pistola se enterró en su costado de manera casi dolorosa.
Su atacante lo empujó dentro sin mediar palabras, haciendo que la puerta se cerrara sola con un estruendo, y lo obligó a caminar por el pasillo tenuemente iluminado. El enfermero forcejeó y trató de safarse del agarre del desconocido pero era imposible, el sujeto era demasiado fuerte para quitárselo de encima. Tampoco podía aferrarse de la esperanza de que alguien viera lo que estaba ocurriendo porque había muy poco personal por ese lado, y ninguno de sus compañeros lo esperaba por al menos unos veinte minutos más, pues en los turnos extensos, él acostumbraba fumar un rato y dormir el resto.
Finalmente, Dennis vio una puerta de mantenimiento, y la abrió con la mano que sostenía la pistola sin soltar al hombre. Lo obligó a ingresar al depósito y cerró la puerta tras ambos.
Fue entonces que dejó ir bruscamente de su rehén, arrojándolo al suelo. El enfermero trató de incorporarse, pero una patada al estómago lo hizo doblarse de dolor, y lo dejó indefenso contra el puñetazo que conectó con su mandíbula.
Antes de que siquiera pudiera alzar la mirada y ver bien de quien se trataba, la culata del arma le dio fuertemente en la nuca, dejándolo noqueado casi al instante.
Con el enfermero fuera de juego, Dennis procedió a revisarlo. Le sacó el telefono y lo apagó, por si alguien lo llamaba que no fueran a oírlo aquí dentro, después lo despojó de sus ropas de enfermero y se las puso el mismo.
Una vez disfrazado, escondió su pistola entre la ropa y salió de aquel cuarto de mantenimiento en busca de su objetivo.
Lo único que no podía cubrir era su rostro, pero en sí tenía un rostro bastante común, lo que si era identificable de el eran sus rasgos duros y sus cicatrices. De igual manera, no estaría aquí el tiempo suficiente para que lo descubrieran.
Por como había dejado al chico, imaginó que debía haber pasado por algún tipo de cirugía, no lo había herido de muerte, de eso estaba seguro. Así que si ya había sido operado, debía estar en recuperación, seguramente en una habitación de cuidados postoperatorios.
Tendría que buscarlo.
Chasqueó la lengua, maldiciéndose por no haber pensado en interrogar al enfermero.
Recorrió los pasillos y subió escaleras, siempre tratando de mantener un perfil bajo para no llamar la atención del resto del personal, y estaba haciendo un buen trabajo cuando en uno de los pasillos, mientras espiaba por una de las ventanillas, un guardia de seguridad lo llamó.
—¡Hey, tú!
Dennis detuvo su andar, y miró de reojo sobre su hombro al otro hombre sin girarse completamente.
—¿Qué? —preguntó, enmascarando su voz para que no saliera muy áspera o gruesa.
El guardia dio un par de pasos en su dirección, mirándolo curioso y un tanto sospechoso, pues al parecer no recordaba haber visto a ese enfermero antes, pero algo le decía que no se acercara demasiado y que mantuviera una distancia prudente.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó para comprobar quien era.
Dennis apretó los dientes, sus dedos flexionándose, deseando poder cerrarse alrededor de su arma.
—¿Para qué?
—No recuerdo haberte visto por aquí ¿eres nuevo acaso? —siguió interrogando el guardia, tomado dos pasos más cerca.
No podía ver bien el rostro del hombre pues seguía de espaldas a él, lo que lo puso en alerta, pues si no quería ser visto por algo era –seguramente una razón malvada–. No sería la primera vez que alguien trataba de infiltrarse, ya sea para robar drogas, equipamiento o sacar a un compañero de allí adentro.
—Sí, entré a trabajar hace poco —explicó vagamente Dennis, perdiendo un poco la paciencia y olvidando enmascarar mejor su voz.
—Qué raro... —el guardia, que ya se figuraba que algo muy extraño estaba pasando, comenzó a llevar su mano lentamente al radio que colgaba de su cinturón sin quitar la vista del extraño.
—¿Qué es raro? —inquirió el criminal, quien tambien había llevado indetectablemente para el guardia su mano a donde tenía su arma, listo para sacarla de allí.
El guardia analizó con detenimiento al sujeto desde su posición, tratando de calcular cuanto tiempo le tomaría sacar su arma y usar el radio antes de que ese hombre saliera corriendo, pues imaginaba que una vez que descubriera que era un impostor, el hombre trataría de buscar la salida más cercana y rápida de acceder, que eran unas escaleras.
Su idea era entretenerlo lo suficiente para poder avisar a sus otros compañeros.
—Normalmente nos avisan cuando alguien nuevo empieza a trabajar, ya sabes, para estar informados y evitar cosas como esta —respondió, tratando de oírse amigable.
Dennis no podía ver bien al guardia pues aun no se había volteado, pero ya se intuía que algo raro se traía, por lo que había sacado su arma furtivamente y la tenía presionada contra su pecho, oculta de los ojos del guardia.
Por su parte, este ya había conseguido sacar su radio y lo había escondido detrás de su espalda. Si sus sospechas eran ciertas, tendría que avisar al resto y esperar por apoyo antes de actuar contra el intruso, pues no sabía que tan peligroso era.
—Lo habrán olvidado, pero ahora ya lo sabes —la voz del criminal salió neutral y cautelosa.
—Así que... ¿Cómo te llamas, de nuevo? —insistió para mantenerlo entretenido.
No esperaba un nombre real, solo quería mantenerlo hablando lo suficiente para no levantar sospechas.
—Steve —mintió Dennis.
—Bien, Steve —el guardia dio un par de pasos hacia atras, su dedo ya puesto sobre el boton para comunicarse con sus compañeros. —Solo quería asegurarme, te dejare seguir con tus labores.
—Gracias.
El guardia sonrió con un asentimiento de cabeza, e hizo amague de empezar a caminar por la dirección en la que había llegado cuando 'Steve' pareció empezar a caminar por donde en un principio se dirigía.
Pero en realidad sólo le dio la espalda un poco, y trajo su radio más cerca de su boca para ser oído porque iba a hablar en voz baja para evitar que el intruso lo oyera.
Fue tan solo un segundo que usó para quitar sus ojos del hombre que se alejaba y bajarlos al radio mientras comenzaba a hablar.
—Necesito apoyo en-
Unos ruidosos pasos fue lo único que el guardia tuvo como advertencia antes de que el sujeto se le echara encima por detrás, casi haciendo que ambos se desplomaran al suelo, aprisionándolo con sus fuertes brazos y obligándolo a soltar el radio y el arma, ya que sus manos se dirigieron desesperadas al brazo que se había enrollado alrededor de su nuca y le estaba cortando el aire.
El guardia estaba más preparado fisicamente para resistir su ataque con él que lo que el enfermero, por lo que ese forcejeo duró más tiempo del necesario. Por allí cerca justo estaba pasando una enfermera, buscando a su compañero que ya debería de haber vuelto de su descanso y que no estaba respondiéndo su celular. La mujer oyó gruñidos y sonidos de pelea, por lo que preocupada apretó el paso y se dirigió en esa direccion.
Al doblar en el pasillo, se encontró con un guardia en medio de una pelea con lo que parecía un enfermero, pero uno que ella no conocía y que llevaba un arma y estaba asfixiando al guardia. Por la sorpresa y el repentino miedo, dio un jadeo, dando un par de pasos hacía atrás, y en el silencio que los rodeaba en esos pasillos, ese simple sonido fue oído por Dennis, quien levantó rápido la vista hacía su dirección, entrecerrando sus ojos furioso al darse cuenta que su cubierta había sido destapada.
La mujer solo vaciló unos momentos antes de registrar bien que estaba pasando, entonces se dio la vuelta con la intención de correr a pedir ayuda. Viendo que todo su plan estaba en peligro, Dennis pensó rápido como detener a esa mujer de traer a mas personas, e hizo lo que le pareció mas apropiado.
Dejó de asfixiar al guardia, que ya casi estaba empezando a ver los bordes de su visión oscura, y este se desplomó en el suelo, tosiendo y dando hondas bocanadas de aire para llenar sus pulmones desesperados.
Y oyeron un clic que se hizo eco.
El guardia levantó la mirada del suelo para encontrarse con el cañón de un arma dirigida justo entre sus ojos, y la mujer casi tropezo sobre sus pasos al oírlo, congelándose al instante pero aún de espaldas.
El forcejeo ya no se oía.
—¡Das un paso más y le vuelo los sesos! —amenazó Dennis, mirando en dirección a la mujer mientras empujaba el cañón para que hiciera contacto con su piel.
Creyéndolo distraído con la enfermera, el guardia probó su suerte tratando de alcanzar su arma que estaba a una distancia relativamente cerca, pero una bota cayó repentinamente sobre su mano, pisándola con fuerza y haciendo que se oyera un sonido de quiebre justo antes de que el guardia diera un desgarrador alarido. Sin inmutarse por haberle quebrado los dedos de la mano, Dennis dejó su pie allí arriba y pateó la pistola con el otro, alejándola, todo eso sin quitar sus ojos de la enfermera.
La mujer se dio la vuelta horrorizada al oír el grito del hombre, observando con ojos bien abiertos como la bota continuaba aplastando sin piedad la mano del pobre guardia.
—¡Acercate! —ladró el criminal.
Llena de pavor, la enfermera obedeció, caminando rapidamente para llegar a ellos.
Dennis sacó el arma de sobre el hombre en el suelo y la apunto a la mujer sin dejar de vigilarla mientras que con la otra mano sujetaba al guardia del brazo con la mano sana y quitando su pie de sobre su mano rota, lo obligaba a ponerse en pie nuevamente, ignorando sus gemidos de dolor.
Por puro reflejo, la mujer alzó las manos para mostrar que no presentaba ningún riesgo.
—Por favor, no lo lastimes, solo dime que quieres... —imploró, observando impotente como su compañero era maltratado.
Su plan inicial ya se había arruinado, así que tendría que improvisar, algo en lo que era bueno. Y lo que esa mujer ofreció le dio una idea.
Dennis volvió a apuntar el cañón del arma al guardia, esta vez a su costado y miró a la mujer a los ojos, disfrutando interiormente como su simple mirada fría y sádica hacía temblar a la enfermera como una hoja.
—Busco a una persona en especial —empezó—, y si no quieres que le quiebre otro hueso o le meta una bala —presionó el arma contra el cuerpo de su rehén para hacer su punto claro—, me vas a llevar a él ahora mismo.
Incapaz de pronunciar palabras porque su garganta se había cerrado con un nudo, ella asintió fieramente.
—Se llama Bob Esponja, tengo entendido que fue ingresado aquí con una herida de bala, recibió una operación —dijo para que supiera a quien buscar.
La mujer tenía sus ojos puestos en la pistola, pero oyó lo que el hombre le pidió. Sabía quien era el chico, ella había interactuado con la dulce muchacha que lo había acompañado. No quería imaginarse lo que este hombre tenía planeado para ese indefenso chico, y su primera reacción fue negarse, pero luego pensó en su colega cuya vida estaba en sus manos.
Tenía que elegir que decisión tomar, algo que no era fácil. Si se negaba, ambos corrían riesgo, pero si cedía, viviría con la culpa de lo que fuera que el hombre le fuera a hacer al muchacho. Pero también estaba la posibilidad de que el sujeto se deshiciera de ellos de forma rápida y buscara a otros infelices para llevarlo a su objetivo.
De todas formas todo terminaría mal.
—¡Date prisa, maldición! —exigió acaloradamente Dennis cuando ella se tardó demasiado.
Ella dio un salto, sobresaltada, y se tragó el nudo que tenía, abriendo la boca.
—S-si, se d-donde esta —respondió en una voz quebrada, temerosa de que si alzaba más la voz lo pondría más furioso.
—Entoces, guía el camino —ordenó, ajustando su agarre en el guardia—. Y asegurate de que sea un camino sin muchos contratiempos, no quiero tener que lastimar a nadie más innecesariamente —advirtió.
La enfermera asintió, dándose la vuelta para comenzar a guiarlo, sintiéndose inmensamente terrible.
Lo que ellos no sabían era que uno de los compañeros del guardia había logrado oír a su compañero decir que necesitaba apoyo, y que ese mismo guardia estaba dirigiéndose en ese momento a ese pasillo.
La enfermera llevó al criminal por entre los pasillos y por las escaleras, evitando el ascensor porque no querían toparse con nadie más, Dennis porque no quería involucrar a más personas de las necesarias, y la mujer porque no quería poner en riesgo a más gente. El hombre se mantuvo en silencio, lo único que le indicaba que la estaba siguiendo era su ruidosa y pesada respiración y los débiles gemidos del guardia arrastrado contra su voluntad.
Y ella aprovechó la relativa calma para pensar en que haría una vez que estuviera en la sección donde se encontraba el chico. Para entrar, tenía que pedir autorización del otro lado porque no era una parte en la que pudiera entrar cualquiera, por el bien de los pacientes. En ese momento solo eran cinco trabajando en esa parte, uno no sabía donde se había metido, otra había bajado como parte de su descanso, lo que la dejaba a ella y a otros dos, un joven y una chica.
¿Qué pasaría cuando el hombre lo supiera?
—Camina —siseó el criminal detrás de ella, tomándola por sorpresa.
Con lo nerviosa que todo eso la había puesto, no se dio cuenta que se había quedado quieta a la entrada del pasillo que llevaba a la sección donde estaba el muchacho.
Trago grueso, mordiéndose el labio para evitar dejar salir un quejido de angustia. Su estómago dolía de la desesperación y sus manos estaban frías y sudorosas. En minutos, ella sabía que se desataría el infierno y no podía hacer nada para evitarlo.
—Camina ahora o abriré fuego aquí mismo, y no me importa lastimar a más gente si con eso consigo lo que vine a buscar.
Esas palabras la hicieron volver a caminar a paso rápido, guiando al criminal hacía las puerta dobles de vidrio empañado.
El hombre tomó al guardia con él, cubriéndole la boca y pegando su espalda contra su pecho mientras se pegaba a la pared de junto, el arma fuertemente presionada contra la sien del rehén, y con un movimiento de cabeza, le indicó a la enfermera que abriera la puerta.
Respirando hondo, la mujer tocó el timbre y esperó con los pelos de punta a que uno de sus dos compañeros se acercara.
Segundos después, logró divisar una figura acercándose por el pasillo, todavía ignorando quien de los dos sería, hasta que la figura abrió la ventanilla junto a la puerta y espió por ahí.
—¿Cómo te fue? —preguntó un joven enfermero— ¿sabes dónde esta? —preguntó, refiriéndose al compañero que había ido a buscar.
Ella miró de reojo al criminal, cuya gélida mirada ademas de hacerla estremecerse, le dio la silenciosa advertencia de que no delatara nada. No tenía idea de que planeaba hacer una vez dentro, no podía con tanta gente a la vez ¿o sí? Tal vez, entre ella y los otros dos podrían someterlo de alguna manera, tal vez noquearlo con algo o inyectarle por sorpresa un ansiolítico...
—¿Sara? —la voz preocupada de su compañero la sacó de sus cavilaciones.
Se había quedado tildada en la puerta.
—Oh...sí, él... —miró fugazmente a su captor antes de seguir— él fue a la cafetería por algo, su teléfono se quedó sin batería, por eso no contestaba, dijo que volverá en un rato —mintió.
Para tranquilizar al joven, le envió una sonrisa pero esta no salió tan convincente como esperaba porque el chico pareció intuir que algo estaba molestándola.
—Bien... eh ¿estas bien? Te ves algo pálida... —observó.
Ella asintió un poco demasiado entusiasmada.
—Sí, sí estoy bien —aseguró, poniéndose más nerviosa con cada segundo que pasaba siendo escrutada por esos fríos ojos.
Cuyo dueño ya estaba por llegar al agote de su paciencia.
—Nada de que preocuparse... ¿Me dejas entrar ya? —pidió, tratando de no oírse demasiaso ansiosa.
El chico le dio una ultima mirada sospechosa, vacilando un poco. Por lo que podia notar en su compañera, la veía agitada y ansiosa, indicios de que algo andaba mal.
—Por favor Ted —rogó casi entre dientes, sus ojos aguandose—, dejame entrar.
El enfermero estaba a punto de cerrar la ventanilla y obedecer cuando por el reflejo del vidrio logró divisar dos figuras afuera en el pasillo junto a su compañera. De inmediato armó el rompecabezas y ensanchó los ojos al descubrir porque su compañera estaba actuando tan enajenada.
Sara no pudo actuar a tiempo para evitarlo, sin pensarlo, su compañero asomó la cabeza para espiar, suficiente para que Dennis lo notara y alzara rápidamente la mano con la pistola, disparando en su dirección.
El chico se arrojó lejos del rango de disparo justo a tiempo mientras Sara daba un grito, echándose al suelo entre lágrimas para también esquivar la bala.
El criminal empujó al guardia al suelo con fuerza y a continuación le dio un disparo en la pierna para dificultarle la movilidad, luego se arrojó sobre la enfermera antes de que pudiera echar a huir y la sujetó violentente del cabello, poniéndola de pie y presionando el arma contra su garganta.
—No se te ocurra oponer resistencia —advirtió con un tono de voz que denotaba lo airado que estaba.
Entonces quitó su arma de ella y la apuntó hacía las puertas de vidrio, abriendo fuego.
Como no eran blindadas exactamente pero sí hechas de un vidrio más duro de lo normal, algunas balas se incrustaron, otras lo atravezaron y agrietaron. Después de la balacera, los gritos de los pacientes y familiares no se hicieron esperar, y muchos se arrojaron al suelo o buscaron ponerse a cubierto en sus cuartos, cerrando las puertas.
Dennis se acercó a las puertas arrastrando a la renuente y compungida enfermera consigo y le dio varias fuertes patadas al vidrio agrietado, quebrándolo en pedazos con un fuerte estruendo. Al pasar finalmente, se encontró con algunas personas en el pasillo que jadearon de susto al verlo. El les apuntó con la pistola, amenazando con gritos que volvieran a sus cuartos y no interfirieran o la enfermera lo pagaría caro.
Así, fue abriéndose paso entre ellos.
—¡Rápido, dime en que cuarto esta el mocoso! —rugió lleno de rabia, sacudiéndola con violencia.
Todo su plan se había ido al caño, la policía no tardaría en llegar, con todo ese escándalo, huir de la escena le sería diez veces más difícil.
¡Maldita sea!
Aunque él no sabía que la policía ya estaba allí...
A medida que iba avanzando, algunos –los que podían– aprovecharon a huir de allí, y los que no, se encerraron y trabaron las puertas con lo que pudieron. Pero ambos grupos se apresuraron o a ir a buscar ayuda o llamar a la policía.
Eso a el ya le daba igual.
Solo había un cuarto al que quería llegar.
¡Esto se va a descontrolar! :v
No se me ocurre mucho que decir en N/A así que...
Espero que todos estén bien, :-* (emoticón de beso...creo)
See Ya!
H. C.
