Hola, mis queridos lectores. He venido con un capítulo nuevo de esta hermosa historia. Espero que puedan ayudarme dándole like a mi página de Facebook EAUchiha-Fanfiction y a mi Facebook personal Anne Kristina Rodríguez (en mi perfil está el enlace directo a ambos perfiles) desde allí estaré pendiente de ustedes y publicaré sobre mis próximas actualizaciones.
Agradecimientos especiales a mi Beta: Hikari Takaishi Y
Espero que la lectura sea de su total agrado.
Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 1: Molestia.
Hoy fue el peor día que he tenido en algún tiempo, y eso ya es mucho decir. Jamás he querido faltar a la escuela, pero no quería volver a ese lugar, al menos no por lo que queda de semana. Llegué a casa y al entrar, tiré la puerta descargando mi frustración con ella, todo en lo que podía pensar era en esa molesta chica y eso me hacía enfurecer más aún. Me senté en el escalón para quitarme los zapatos y poder entrar en la casa, pero en lugar de eso, me quedé mirando a la nada. Todo lo que esa chica dijo se reproducía una otra vez en mi cabeza.
—Me intrigas.
—Eres un chico aburrido.
—Deberías dejar de ser tan antisocial y ser más como Itachi-kun.
—Tch— me quité los zapatos y los dejé sin acomodarlos.
Ya después cuando estuviera de humor los vendría a poner en su lugar o tal vez cuando mi padre se dé cuenta y me regañe por eso. Me quité las gafas y caminé en dirección a mi habitación. No soy completamente miope, puedo ver más o menos de cerca, pero a lo lejos no puedo distinguir casi nada, sin embargo no me gusta desistir de mis gafas. Solo me las quito para estar en casa, si no voy a estudiar. No dejaba de frotarme los ojos y pasar una mano por mi cabello frustrado, tratando de calmar mis pensamientos
—Demonios— maldije sin percatarme de quien se encontraba en la sala.
—¿Mal día en la escuela?— preguntó con interés la voz a mis espaldas.
Volteé a enfrentar a mi padre.
—Algo así— hice una mueca.
Mi padre estaba leyendo unos informes de la policía. A veces debe traer trabajo a casa, pero solo cuando es demasiado y requiere su entera atención.
—¿Algún abusivo?— negué —¿Malas calificaciones?— lo miré ofendido, él rio —Lo sé, esa no es una opción.
—Es una chica— me senté en el sofá frente al suyo.
Pestañeó un par de veces sin terminar de creerlo, una sonrisa se curvó en sus labios.
—Esto no me da buena espina— pensé.
—Sabía que mi hijo algún día decidiría tener una novia— sonrió con orgullo.
—No es eso— negué de inmediato. Arqueó una ceja esperando mi respuesta —Es una chica nueva. Es demasiado molesta, no deja de seguirme a todos lados diciendo que le "intrigo"— hice comillas al aire —Ni siquiera sé qué tengo yo que pueda intrigar a una persona. Lo peor es que apenas llegó a la escuela hoy— me quejé.
Mi padre comenzó a reír, lo miré enojado.
—Así era tu madre— sonrió con nostalgia —Me seguía a todas partes, al principio me molestaba pero después de un tiempo me acostumbré a su compañía, incluso me agradaba. Ella decía que para ser un adolescente era demasiado amargado y que necesitaba alguien que alegrara mis días solitarios. Y te darás cuenta de que tenía razón, al final cautivó mi corazón y después terminar la academia de policía, le pedí matrimonio.
—No lo sabía— miré la foto sobre la mesita.
Era ella sonriendo, al fondo tenía una hermosa pradera, vestía un bonito vestido blanco. Papá dice que esa foto fue antes de saliera embarazada de Itachi. Se veía hermosa, Mikoto Uchiha era una madre maravillosa y la mujer más hermosa que he visto en mi vida.
—¿Itachi ya está en casa?— cambié el tema, hablar de mamá es doloroso para nosotros.
Mi padre asintió, volviendo su atención a los informes.
—Llegó hace rato, está en el patio— dijo sin mirarme.
Me levanté y caminé hasta el patio. Lo que mi padre no mencionó, es que Itachi no estaba solo. Habían unos cuantos chicos de último año, todos voltearon a verme cuando salí al patio. Itachi me sonrió burlón, pero yo no entendía por qué. Se acercó a mí y me abrazó por los hombros.
—Olvidaste algo, Sasuke— sacó mis gafas del bolsillo de mi camisa y se las puso —Pensé que tu miopía era peor— entonces me percaté que todos los que se encontraban en el patio no dejaban de verme. Las chicas estaban ruborizadas y suspiraban —Tus años tratando de esconderse detrás de tus anteojos, se han ido al demonio— se burló.
Le quité mis gafas bruscamente y me las volví a poner.
—Iré a mi habitación— traté de liberarme del agarre, pero alguien me abrazó por el otro lado.
Era Hoshigaki Kisame, el mejor amigo de Itachi desde que comenzó la secundaria.
—No seas aguafiestas, niño— fruncí el ceño —Quédate un rato.
Todos comenzaron a pedirme que me quedara, principalmente las chicas. Anteriormente esto nunca hubiera pasado, todos simplemente hubieran dejado que me fuera sin decir nada. Miré a Itachi, rogándole que interviniera y me salvara. Él me sonrió y se acercó a hablarme.
—Les pediré a todos que olviden lo que vieron— dijo para que solo yo pudiera escucharlo. Sonreí agradecido —Pero debes hacer mis deberes de la casa por dos semanas.
—Contigo nada es gratis, ¿cierto?— ensanchó su sonrisa, haciendo a las féminas chillar —Es un trato justo— sonreí de lado y estreché su mano.
—Lo siento, chicos. Pero, Sasuke tiene cosas que hacer— habló alto para que todos escucharan —Y les pido de favor que lo que vieron hoy, no salga de entre nosotros, ¿escucharon?— su voz sonó amenazante aún sin borrar su sonrisa, todos los presentes asintieron asustados.
—Gracias, Nii-san— me liberé del agarre de él y Kisame, y me fui a mi habitación.
—Hoy no es mi día— gruñí en cuanto cerré la puerta.
Me lancé en la cama a mirar al techo. Me quité las gafas y las puse en la mesa junto a mi cama, al rato me quedé dormido.
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La semana pasó volando. Como lo pensé, Sakura era igual a todas. La típica chica que quiere que todos le presten atención, en tan solo una semana ya es una de las chicas más populares de la escuela. Afortunadamente, no se me acercó de nuevo en toda la semana. Volví a mi vida de nerd solitario. Aunque su compañía solo fuera por un día. Todos obedecieron la amenaza de mi hermano y nadie reveló lo que escondo detrás de las gafas, aunque al otro día las chicas de último año me miraban y se ruborizaban, pero después de dos días, eso quedó en el olvido.
Hoy es sábado, me encuentro discutiendo por teléfono.
—Anda, teme. No seas aburrido— dijo la voz del otro lado de la línea.
—No insistas— siseé —Sabes que odio esas fiestas, Naruto.
—Solo será un rato, lo prometo— suplicó.
—Sabes que no quiero que vuelva a suceder lo de aquella vez— susurré.
—Lo sé, pero...— se quedó callado —Deberías dejar eso en pasado, Sasuke.
—¡Lo he dejado en el pasado!— grité.
—¡No lo has hecho!— gritó de vuelta —Desde que eso sucedió, nunca has querido ir a otra fiesta. Solo será esta vez, no te dejaré solo. Itachi también irá.
—Si llegas a dejarme solo, me iré y no volveré a ir a una de esas malditas fiestas— amenacé.
—Tienes mi palabra— respondió animado —Pasaré a buscarte a las siete de la noche.
—Haces que suene como si fuera una cita— me burlé.
—¡Teme!— gritó enojado.
—Vale, olvídalo— me disculpé —¿Dónde será esta vez?
—En casa de Hyuga Neji, el chico que está en segundo.
Él es de los chicos que se enlista en los mejores promedios de la escuela. Pero al igual que mi hermano, le gustan las fiestas y ser popular. Pero también es el mejor en el club de artes marciales, junto a su extraño amigo Rock Lee.
—Que yo sepa, él vive con su tío, ¿no se meterán en problemas?— pregunté.
—Descuida, su tío está en un viaje de negocios— dijo despreocupado.
—Bien, nos vemos— colgué.
Decidí usar un blazer informal negro, doblado hasta el antebrazo. Una camiseta blanca, unos jeans oscuros y unas vans negras. Puedo ser un nerd, pero sé vestir bien. Guardé mi celular en el bolsillo de mi pantalón, limpié el cristal de mis gafas y salí. Itachi estaba sentado en el sofá, me miró de pies a cabeza y sonrió burlón. Vestía una chaqueta de cuero negra, una camisa de Ramones gris, unos jeans claros y unas botas de motociclista.
—Naruto logró convencerte— se burló. Rodé los ojos —Kisame nos recogerá a todos— avisó —Así que dile a Naruto que se dé prisa o lo dejaremos.
Le envié un mensaje a Naruto diciéndole que se diera prisa o nos iríamos sin él. Alrededor de diez minutos después, hizo acto de presencia. Vestía una camiseta naranja, unos jeans desgastados y unas converse negras. Otros diez minutos más tarde, Kisame pasó por nosotros.
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La mansión Hyuga se encuentra en la zona urbanística más cara de Konoha. Tiene un enorme jardín, el cual en estos momentos, está repleto de chicos. Adentro, la enorme sala era usada como pista de baile y los muebles estaban pegados a la pared para que las personas pudieran sentarse. La mesa del comedor está llena de comida chatarra y bebidas, unas alcohólicas y otras no. Todos y cada uno de los idiotas de esta fiesta los conozco. Las chicas en su mayoría parecían tener puesto un top elástico, que estiraron hasta cubrirlas lo necesario.
Entonces la vi, ella sobresaliente con su exótico cabello rosa, parada cerca de la pista de baile. Tenía un vestido corto de tirantes blanco, ligeramente acampanado y unas sandalias de tacón rosas. No parecía para nada una puta como el resto. Más bien parecía un ángel atrapado en este mundo lleno de perversiones, un ángel que no podía encontrar su camino de vuelta al paraíso. No tenía rastro de maquillaje, solo un poco de brillo labial innecesario. Estaba rodeada de personas, no dejaba de sonreír con esas personas. Naruto me jaló hasta donde ella estaba, Itachi por su parte desapareció en cuanto llegamos.
—Hola, Sakura-chan— saludó.
—Hola, Naruto— saludó de regreso. Me escaneó con la mirada y me sonrió —Sasuke-kun.
—Hmp— respondí.
Ella me miró sin entender, pero no le presté atención.
Después de un rato, Naruto desapareció dejándome solo, se fue con sus otros amigos. Sabía que ese estúpido lo haría, solo que me dejé enredar en sus falsas promesas. Decidí buscar un lugar donde no hubiera mucha gente. Me encontraba caminando por el jardín trasero, estaba prácticamente vacío, solo un par de parejas intercambiando saliva y manoseándose. Alguien llamó mi atención, era una chica llorando sentada en columpio del jardín. No podía ver de quién se trataba, porque tenía sus manos cubriéndole el rostro. Sus hombros se movían de forma irregular, esa fue la razón por la que me di cuenta que lloraba. Quería ignorarla, pero sinceramente, no podía hacerlo. Me acerqué a ella y le sacudí el hombro suavemente, levantó el rostro dándome a conocer su identidad. Era la dueña de la casa, Hyuga Hinata.
—¿Uchiha-san?— sus ojos estaban hinchados.
Vestía una falda larga rosa y una camisa manga larga turquesa unas tallas más grandes. Su ropa estaba manchada, tal vez alguien le tiró su bebida encima.
—Hazte a un lado— ordené. El columpio era lo suficientemente grande para dos personas. Me cedió un espacio —Debes odiar que tu casa esté llena de gente que te trata como basura.
—S-sí— comenzó a jugar con sus dedos —Unas chicas se burlaron de mi ropa y dijeron que ningún hombre miraría a una chica fea como yo, luego me lanzaron una bebida encima— señaló su ropa —Solo estoy en esta fiesta porque mi primo me pidió que lo cubriera. Yo hubiera preferido quedarme en mi habitación, pero...— su tono de voz iba bajando a medida que hablaba.
Hablo más de lo que creí que lo haría.
—Yo vine a este lugar solo porque Naruto me invitó— se estremeció al escuchar el nombre de mi rubio amigo —Pero se fue con otras personas y se olvidó de mí.
—Tú y Naruto-kun son buenos amigos, ¿cierto?— dijo mirándome tímidamente.
—Es mi mejor amigo— comencé —Hyuga-san, ¿te gusta Naruto?
Mi pregunta la tomó por sorpresa, pues se sonrojo violentamente y comenzó a tartamudear.
—N-no sé de q-qué ha... habla, Uchiha-san— le miré impasible.
—Eres demasiado obvia, Hyuga-san— confesé. Abrió los ojos exageradamente, dejó de respirar y se puso pálida —Pero descuida, Naruto es muy tonto, jamás se daría cuenta de tus sentimientos al menos que se los grites en la cara— se puso una mano en el pecho, respirando aliviada —Deberías acercarte a él, es un gran chico.
—Tal vez con una chica como Hyuga, se le quite lo idiota— pensé.
—Lo sé— sonrió —Gracias, Uchiha-san— asentí —Nos vemos luego.
—Nos vemos luego, Hyuga-san— me despedí.
Ella se levantó y caminó en dirección a la casa. Me quedé sentado allí, no quería volver a entrar a esa fiesta. Sentí que alguien se sentó a mi lado, deduje quién era, así que no me molesté en mirar.
—Es un buen lugar para huir de todos— reflexionó Sakura.
La miré de reojo, ella estaba escaneando el jardín con la mirada hasta que se detuvo en mí.
—Pensé que estarías disfrutando con tus nuevos amigos— dije sin mirarla.
—Estaba, pero un chico ebrio no dejaba de molestar— dijo con fastidio.
Sentí el impulso romperle la cara a ese sujeto, no me importa quién sea.
—¿En qué diablos estoy pensando?, ¿Qué me importa a mí que un hombre la acose?— me recriminé.
—¿Quién es ese chico?— pregunté sin interés.
—Rock Lee— dijo mirando a sus pies —Me invitó a bailar y yo acepté porque ya lo había rechazado mucho. Pero después de un rato, me pidió que subiéramos a una habitación, ¿Sabes lo que eso significa?— asentí. No sabía por qué razón, pero sentía mi sangre bullir —Quería que me acostara con él, yo no soy ninguna cualquiera— me miró.
Estaba ofendida.
—Tal vez, tú le diste motivos para que lo pensara— dije a secas.
Frunció el ceño.
—Genial— su voz se quebró —Ahora todos piensan que soy una cualquiera, incluso tú— rio a secas —Pensé que eras diferente.
—¡No entiendo qué es lo que quieres de mí!— exigí saber desesperado.
—¡Ni yo misma lo sé!— gritó desesperada.
Se levantó dispuesta a irse, pero la tomé del brazo y la jalé hacia mí, quedó sentada en mis piernas. Nuestras miradas se conectaron, no podía despegar mis ojos de los suyos. Sus orbes jades tenían un brillo que no supe explicar. Ella desvió su mirada hasta mis labios y yo hice lo mismo. No estaba usando mi inteligencia, sino mi instinto. Tenía ese jodido brillo labial.
—No necesitas usar esta cosa— deslicé el pulgar por sus labios quitando el labial. Me miró sorprendida —Te ves mejor sin maquillaje.
No podía decirle que pensaba que era hermosa. Porque si, Haruno Sakura me parece una chica hermosa. Molesta, pero linda.
—Tienes razón, Sasuke-kun— otra vez llamándome así.
Nos encontrábamos en una situación que cualquiera malinterpretaría, pero ninguno de los dos hacia algo por moverse. Se fue acercando hasta mis labios, mi parte racional me gritaba: Aléjate, pero mi instinto me gritaba: Quédate. Decidí por primera vez en mi vida ignorar a la razón y seguir mi instinto. Pero por suerte, mi teléfono comenzó a sonar.
—Habla Sasuke— contesté.
Del otro lado de la línea sonó un hipido.
—Sasuke... Hip ¿Dónde estás?— respondió Naruto.
—Por ahí— miré a Sakura. Ella evitaba mirarme, estaba sonrojada —Tuve que arreglármelas solo cuando te fuiste— reclamé.
Una risa estruendosa sonó.
—Lo siento... Hip— hipó de nuevo —Te lo compensaré.
—Olvídalo, iré a buscarte— ella se levantó de mis piernas.
Me levanté del columpio y me fui, dejándola sola.
Buscar a Naruto fue más sencillo de lo que creí, estaba esperándome en la entrada siendo sostenido por Inuzuka Kiba. Kiba tiene un despeinado cabello castaño, piel blanca, ojos negros, con pupilas verticales como hendidura dándole un aspecto salvaje. Si hay alguien que siempre me ha caído mal, es este sujeto.
—No sabía que los nerds como tú, eran bienvenidos a este tipo de fiestas— Kiba me miró burlón. Decidí ignorarlo y tomé a Naruto, pasé uno de sus brazos por mis hombros y le di la espalda a Kiba —¿Escuchaste lo que te dije, Uchiha?— me tomó del hombro, deteniendo mi andar.
Todos los que estaban a su alrededor comenzaron a reír de mí, pero los ignoré como siempre. Le lancé una mirada gélida a Kiba, soltó su agarre y retrocedió un par de pasos. Sakura estaba parada por donde yo había venido anteriormente, me miraba preocupada.
—Déjalo, Kiba— dijo Naruto enojado.
Kiba sonrió sintiéndose apoyado por los demás.
—Vaya, veo que tú no puedes defenderte solo, ¿Qué será de ti cuando no estén tu hermano o Naruto?— pregunto burlón Kiba, todos rieron de nuevo.
Naruto lo fulminó con la mirada dispuesto a lanzarse sobre él, pero lo sostuve antes de tiempo.
—Vamos, Naruto, no vale la pena— comencé a caminar sin soltar el agarre de Naruto.
—¡Eres un cobarde!— vociferó Kiba.
No soy ningún cobarde, solo que estúpidos como él no valen la pena. Y más si están ebrios, solo se vuelven más estúpidos.
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Era medianoche, estaba a punto de llegar hasta la casa de Naruto.
—Hubieras dejado que golpeara a Kiba— habló Naruto después de un rato.
—Te dije que no vale la pena. Solo es un chico que se cree más que los demás porque tiene el apoyo de todos— dije restándole importancia.
Estaba acostumbrado a este tipo de cosas, pero nunca me importó lo que tuvieran que decir de mí esos seres de bajo coeficiente intelectual. Él se quedó callado el resto del camino. Cuando llegamos, toqué la puerta un par de veces. Luego de un par de minutos, salió el padrino de Naruto.
—Buenas noches, Jiraiya-san. Aquí le traigo al dobe— hice un gesto para señalar a Naruto, quien le sonrió a su padrino.
—Lamento las molestias causadas por mi ahijado, Sasuke-kun— tomó a Naruto —Buenas noches— cerró la puerta.
Mi casa estaba un poco lejos de la de Naruto, así que iba por las calles a paso apresurado. Cuando iba a la mitad del camino, una patrulla se detuvo cerca de donde estaba caminando.
—No es común verte a estas horas en la calle, Sasuke— la persona que iba en la patrulla, se asomó por la ventana y entonces pude ver de quién se trataba.
—Obito— dije.
Mi primo Obito es uno de los policías que trabaja para mi padre.
—Sube— ordenó —Te llevaré a casa. No es seguro que el hijo del jefe de la policía ande deambulando a estas horas por las calles.
—Lo sé— me subí en el auto, luego de quince minutos ya estaba en casa —Gracias por traerme, Obito— me bajé de la patrulla y entré a la casa.
—Sasuke, ¿eso era una patrulla?— exigió saber mi padre en cuanto me vio entrar.
Me lanzó una mirada reprobatoria.
—Acompañé a Naruto a su casa después de la fiesta— comencé —Y cuando venía de regreso, Obito me vio y me trajo a casa— su expresión se relajó.
—Ve a dormir— ordenó.
Asentí y me retiré a mi habitación.
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A la mañana siguiente, mi padre y yo estábamos desayunando. Itachi apareció frotándose los ojos.
—Buenos días— se sentó en la mesa.
—Buenos días— saludamos mi padre y yo sin dejar de mirarlo.
Sintió la insistencia de nuestras miradas y alzó una ceja confundido.
—¿Tengo algo en la cara?— preguntó tocándose el rostro preocupado.
— Más bien en el cuello— contestó mi padre tomando café.
Itachi se levantó y corrió hasta el espejo que estaba en la sala. En cuanto entró, se rascaba la parte posterior de la cabeza apenado. Tenía marcas de lápiz labial y unos cuantos mordiscos.
—Una chica linda con la que me estaba divirtiendo anoche— era muy obvio. Mi padre y yo nos encogimos de hombros y seguimos desayunando en paz —Por cierto, Sasuke. No vas a creer lo qué pasó cuando te fuiste— lo miré interrogante —Después de lo que pasó con Kiba. Yo estaba allí, solo que no iba a intervenir. Aunque no es justo que esos chicos se burlen así de ti.
—Me tiene sin cuidado— me encogí de hombros.
—Pues deberías— señaló —No deberías permitirlo, no puedes irte y ya. Deberías odiarlos por lo de la otra vez. Debes defenderte, tú puedes hacerlo.
—¿Y crees que no lo hago?— contraataqué —Pero a mí no me importa lo que ellos digan, ya deberías saberlo— mi padre escuchaba nuestra discusión sin preguntar nada —¿Crees que no sé qué en cuanto tú te gradúes mi vida será un infierno? Sé que puedo defenderme solo, pero eso sería rebajarme a su nivel— grité.
Estaba cansado de esta conversación, cada vez que algo como lo que pasó anoche con Kiba sucedía, mi hermano me retaba por no defenderme.
—No me serviría de nada golpear a esos idiotas. Suficiente tuve con detener a Naruto anoche para que no golpeara a ese idiota.
—Dejen de pelear, ustedes dos— ordenó mi padre.
Ambos guardamos silencio y seguimos desayunando.
—Como te iba diciendo— continuó Itachi más calmado —Después de que fuiste, Haruno Sakura abofeteó a Kiba.
Me atragante con un pedazo de pan. Tomé jugo para que se me pasara.
—¿Qué?— pregunté incrédulo.
—Lo que escuchaste— sonrió por mi reacción —Ella le dijo que él era patético por sentirse superior solo porque tenía apoyo de otros más estúpidos que él. Después de eso, se fue. También escuché decir que Rock Lee quiso sobrepasarse con ella, pero ella lo golpeó en las pelotas— me sentí ligeramente orgulloso de ella y apenado por insinuar que era una cualquiera —Pero lo más comentado de todo, es que tú y ella fueron vistos besándose.
Escupí el jugo que estaba tomando en ese momento en la cara de Itachi, hizo una mueca de asco y tomó una servilleta para limpiarse la cara.
—Ella y yo no nos estábamos besando— dije sonrojado. Mi padre e Itachi se mostraron decepcionados —Solo estábamos hablando.
—Como sea— dijo Itachi —Escuché que algunos chicos que están detrás de ella, van a tratar de humillarte delante de todo el mundo a la hora del almuerzo para vengarse.
—Tch... Que molestos— suspiré fastidiado.
—Para tu suerte, tienes un hermano maravilloso— se señaló a sí mismo, puse los ojos en blanco —Así que, tengo un plan.
—¿Qué clase de plan, genio?— pregunté.
—Deberías agradecer que te estoy advirtiendo— se mostró ofendido. Levanté las manos en señal de disculpa y continuó —Los planes de chicos sin cerebro como ellos, son demasiado predecibles. Te quieren quitar las gafas delante de todos y como ellos suponen que no puedes ver sin ellos, entonces tú te vas a desorientar y luego jugarán a tirárselos unos con otros, las romperán y te golpearan. Su plan es tan evidente que da asco.
—Lo que ellos no saben, es que yo puedo ver sin ellos— sonreí arrogante, comprendiendo un poco a donde iba el rumbo de la conversación —Lo que no me gusta de todo esto, es que si consiguen quitarme las gafas, todos verán mi rostro.
—¿Eso es lo que te preocupa?— Itachi me miró como si estuviera loco —Sé lo que causas cuando ven tu rostro, pero deberías saber que para evitar que te golpeen debes defenderte. Eso significa golpearlos e ir a la oficina de la directora Tsunade y una mancha aparecerá en tu perfecto expediente.
—No pensé en eso— lo miré horrorizado.
—No irás a la escuela, asunto resuelto— sentenció muy seguro de su plan.
—Eso tampoco es una opción— intervino mi padre. Ambos lo miramos incrédulos —Sasuke tiene la asistencia perfecta y no la perderá solo por unos niños estúpidos.
—Papá tiene razón— dije —Iré a la escuela, no voy huir como un cobarde y tampoco perderé mi registro de asistencia perfecta.
—Bien, sabía que esa no era una opción. Solo la propuse para ver qué decías— dijo restándole importancia.
—Me las arreglaré, no quedo como un cobarde, pero tampoco me arriesgo a que me castiguen. Solo espero que Naruto no lo arruine— Itachi asintió complacido.
Al final, Itachi no planteó ningún plan brillante que valiera la pena. Pasé todo el día leyendo en mi habitación. Recibí una llamada de Naruto disculpándose por lo de ayer, también me dijo que hablaría con Kiba sobre lo que pasó. Pensé que no lo recordaría debido a su estado de ebriedad, pero el maldito recordaba todo perfectamente. Sé que él no hablaría con Kiba, por eso le advertí que no se metiera en problemas innecesarios. Lo único que no me dejaba estar en paz conmigo mismo, fue lo que hizo Sakura por mí y lo que estuvimos a punto de hacer antes de que Naruto me llamara por teléfono.
—Hmp, Molestia— sonreí para mis adentros, para así poder conciliar el sueño.
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Esta mañana hacía más frío de lo usual, así que decidí no salir a correr y dormir un poco más. Como siempre, papá nos dejó a una cuadra de la escuela, pero unos metros antes de entrar, Itachi detuvo su andar.
—¿Estás seguro de lo que harás?— preguntó por milésima vez.
Asentí seguro, entonces él me devolvió el gesto.
El mismo protocolo de cada mañana, las fans de Itachi lo esperaban en la entrada para darle los buenos días. Sigo sin entender por qué no se fastidia, pero ese es su problema, no el mío. Hoy en vez de ir al salón, me fui a la biblioteca. Aún era muy temprano para que la bibliotecaria apareciera, pero como yo tengo una llave, no importa. Solo no debo dejar que nadie más entre, así que tranqué la puerta y me fui mi mesa. Busqué un libro y le di un breve vistazo, hasta que llegó la hora de ir a clase. Cuando llegué al salón, casi todos ya estaban en sus lugares, todos me miraban y murmuraban cosas. Solo alcancé a escuchar un par de cosas
—Escuché que Uchiha y Haruno se besaron en una fiesta el sábado— bufé enojado por los falsos rumores.
Pero lo que llamó mi atención, fue otra cosa
—Se dice que Kiba y Naruto se cayeron a golpes hace rato en la cafetería. Se rumora que fue para defender al Uchiha nerd.
Me senté en mi lugar ante la atenta mirada de todos.
—Te dije que no lo hicieras, Usuratonkashi— pensé fastidiado.
—Buenos días, jóvenes— dijo Kakashi, sacándome de mis pensamientos —El día de hoy...
Fue interrumpido por tres personas que entraron al salón, dos de ellas estaban golpeadas y sus ropas hecha girones. Y la otra estaba agitada, con las mejillas sonrojadas debido a la carrera que debió de hacer para llegar a tiempo.
—¿Pueden explicar por qué están llegando tarde, Inuzuka, Uzumaki y Haruno?— miró a cada uno de los mencionados.
Kakashi suele llegar tarde, pero si un estudiante llega después de él, se enoja. No entiendo con qué moral lo hace, pero ese no es mi problema.
—Estábamos en dirección— contestaron Naruto y Kiba.
Kakashi asintió y los dejó entrar. Miró a la chica, quien todavía estaba tratando de recuperar el aliento.
—Se me hizo tarde, lo siento— Kakashi la dejó entrar, no sin antes hacerle una advertencia.
—Que no se repita, Haruno— ella asintió apenada y se fue a su lugar. Sentí su mirada sobre mí, pero no me molesté en devolverle la mirada —Como iba diciendo, el día de hoy tendrán un examen sorpresa referente al libro que mandé a leer antes de las vacaciones.
Kakashi es el profesor de literatura. El sujeto siempre está pegado a un libro igual que yo, pero la diferencia entre nosotros, es que él solo lee literatura erótica y yo no. Así que el libro que mandó a leer fue una de sus novelas eróticas favoritas, según él, para expandir nuestros horizontes. Por supuesto la ola de quejas no se hicieron esperar, pero a mí me daba igual ese estúpido examen.
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Las dos primeras clases se pasaron volando y la hora del almuerzo se hizo presente. Caminaba sin prisa hasta la cafetería, no porque temiera lo que estaba por suceder, sino porque así soy yo. Compré mi comida, me senté en mi mesa habitual y comí tranquilamente. De vez en cuando, me encontraba con Itachi mirándome. Sé que está preocupado por mí, pero creo que exagera. Cuando estaba por irme, como era de esperarse, el ejército de Idiotas me interceptó.
—¿Por qué tanta prisa, Uchiha?— cuestionó Kiba sonriendo socarrón, llamando la atención de todo el mundo.
—¿Se te perdió algo, Inuzuka? Además de tu cerebro— golpe bajo, todos comenzaron a reír.
Me miró furioso y se acercó a mí tratando de intimidarme, pero está demasiado lejos de lograrlo. Yo no quitaba mi sonrisa arrogante, aumentando su ira.
—Si no tienes nada que decir, hazte a un lado.
—Te crees muy listo, Uchiha— un paso más cerca, pero yo no tenía intenciones de retroceder.
No dejaba de mirarlo desafiante, mi mirada penetrante fue demasiado para él, ya que retrocedió y desvió la mirada. Aproveché para echar un vistazo a la cafetería, vi que Naruto estaba a punto de levantarse, pero le lancé una advertencia con la mirada. Itachi no perdía vista a los movimientos de Kiba.
—Pero veamos que tal te va contra mis puños.
—Hmp— se abalanzó contra mí, pero predije sus movimientos y me hice a un lado.
La razón por la que Itachi dice que yo puedo defenderme, es porque nuestro padre nos enseñó defensa personal y tengo buenos reflejos. Se giró y con el puño en alto se lanzó de nuevo contra mí. Lo esquivé de nuevo y esta vez se estrelló contra una mesa, haciendo que la cafetería estallara en risas.
—¡Maldito nerd escurridizo!— gritó enojado. Se levantó, miró a los que estaban con él en busca de apoyo —¿Qué esperan? Sujétenlo.
—Eso no es muy honorable, Inuzuka— dije falsamente asustado —Todos ustedes contra mi solo, no es justo.
—Nadie dijo que la vida es justa, Uchiha— gruñó.
Alguien desde las mesas gritó —¡El Uchiha está jugando contigo, Kiba!— una voz muy conocida para mí, le dijo que se callara.
—¡Hagan lo que les dije!— chilló desesperado.
Logré esquivar un par de ellos fácilmente, pero eso no evitó que otros dos me sostuvieran de ambos brazos. Forcejeé un poco tratando de librarme, pero me sujetaron con más fuerza y me fue imposible o eso quería que pensaran
—Ya no eres tan valiente.
—Más que tú, sí— contesté fríamente.
Al menos que alguien interviniera, estaba perdido. Kiba levantó su puño para darme en la cara, cerré los ojos esperando un golpe que nunca llegó. Alguien se puso entre nosotros.
—¡No te atrevas a tocarlo!— esto definitivamente no estaba en mis cálculos.
Sakura se interpuso entre Kiba y yo.
—Parece que tu noviecita salió en tu defensa— la tomó del brazo —¿Crees que se me olvidó la bofetada del otro día?— la zarandeó un poco.
Sin embargo, ella no mostraba un indicio de tener miedo.
—Debes tener las pelotas bien puestas como para tratar a una chica así delante de todos— me detuve —No te atrevas a hacerle daño— siseé amenazante.
Los tipos que me sostenían se estremecieron al escuchar mi voz, pero no disminuyeron su agarre.
—¿O qué?— desafió.
—No respondo— amenacé de nuevo.
Podía librarme de estos idiotas fácilmente, pero quería que ellos se confiaran.
—Eres muy linda— dijo ignorando mis amenazas.
Se acercó a su cuello y aspiró su aroma, ella comenzó a temblar. Su determinación desapareció, para darle paso a una chica frágil y asustada. Sentí que debía protegerla.
—Hueles delicioso— pasó la lengua por su mejilla, haciendo que ella se tensara por completo.
Cerró los ojos intentando contener las lágrimas y apretó los puños, sus reacciones me estaban desconcertando cada vez más, era como si ella hubiera sufrido algo malo en el pasado. Tal vez, algún desgraciado abusó de ella.
—¡No me toques!— gritó perdiendo la cordura, las lágrimas no se hicieron esperar.
—Estoy harto de esto— dijo Itachi.
Él y Naruto quitaron a los tipos que me sujetaban. Ver a Sakura en ese estado hizo que la rabia me cegara. En cuanto dejaron de sujetarme, me abalancé contra Kiba. Él se reía por el miedo que le estaba causando a Sakura, así que no se estaba dando cuenta de lo que yo iba a hacer.
—Alto, Sasuke. No lo hagas— me detuve en seco —Tú mismo me lo dijiste, no vale la pena.
—Le está haciendo daño, Nii-san— gruñí entre dientes.
—Lo sé, pero observa con atención— obedecí y miré hacia ellos.
Sakura había dejado de llorar, Kiba la miraba confundido. Sus ojos estaban vacíos, carentes de expresión, parecía un alma en pena. Pero de repente, su expresión se llenó de una furia incontrolable. Kiba desconcertado, la soltó sin alejarse de ella, el miedo lo tenía paralizado. Lo miró con un profundo odio y le dio un puñetazo en el rostro, que lo obligó a voltearse a un lado por el fuerte golpe, entonces aprovechó la situación y le dio un rodillazo en las bolas. Kiba cayó de rodillas cubriéndose la entrepierna mientras gemía del dolor.
—¡Mal... Maldita perra!— gritó furioso.
Ella me miró por un momento, sus ojos estaban vacíos de nuevo, todavía quedaban restos de lágrimas en sus mejillas. Después de un par de segundos, se fue corriendo. Una parte de mi quería seguirla, pero la otra me decía que lo que a ella le pasara, no era mi problema.
—¿Qué está sucediendo?— dijo el profesor Iruka, llegando hasta el alboroto.
Naruto e Itachi no habían dejado de sujetar a esos chicos. Kiba estaba en el piso quejándose del dolor y yo estaba parado a unos pasos de Kiba, parecía que yo lo hubiera dejado en ese estado.
—Hermanos Uchiha, Uzumaki, Abumi, Morio e Inuzuka, ¡A la dirección!— ordenó.
Todos salimos de la cafetería, seguidos por Iruka, quien ayudaba a Kiba a caminar.
Esta es la primera vez que visito la oficina de la directora por algo que no sea para alabar mis buenas calificaciones, mi padre se enojará mucho cuando se entere, pero qué más da. La secretaria nos hizo pasar, la directora nos escaneó a todos desde su asiento. Su mirada se detuvo en mí, mostrando asombro por estar entre el grupo de revoltosos.
—Exijo que me expliquen qué sucede— me miró —Me decepciona mucho que estés involucrado, Uchiha— dijo con decepción.
Le expliqué todo lo sucedido, obviando la participación de Sakura en todo esto. Me eché la culpa y dije que fui yo el que golpeó a Kiba, ninguno de los presentes objetó lo contrario.
—Ya veo— Tsunade tenía sus manos entrelazadas, mientras sus codos se encontraban apoyados sobre el escritorio. Nos miró a todos enojada —Naruto— Naruto ha venido tantas veces que ella ya no lo llamaba por su apellido —Esta es tu segunda vez aquí hoy, hablaré con tu tutor para reunirme con él y el castigo que te impuse esta mañana se triplicará. En cuanto al Uchiha mayor, quedas castigado después de clases.
—Pero, vieja...— se quejó Naruto.
A Tsunade le apareció un brillo asesino en los ojos, Naruto nunca le hablaba con respeto.
—¡No tientes tu suerte, mocoso!— gritó furiosa, golpeó el escritorio con las palmas de sus manos. Naruto se escondió detrás de mí, temblando de miedo —Inuzuka, te has metido en problemas dos veces el día de hoy y no solo eso, sino que has sido la manzana de la discordia en todo esto. Así que el castigo de esta mañana queda anulado y estarás suspendido por toda la semana. Abumi y Morio, ustedes serán suspendidos por tres días— iban a replicar pero Tsunade no se los permitió —En cuanto a ti, Uchiha. Es la primera vez que te metes en problemas, así que solo te enviaré a casa con una advertencia, te aseguro que esto no dañará tu expediente— asentí agradecido —Que no se repita. Llamaré a sus padres y tutores para ponerlos al tanto de sus acciones. Todos a clases.
Naruto, Itachi y yo nos fuimos a clases. Los otros tres tuvieron que irse a casa.
—Me sorprende que te echaras la culpa, Sasuke— dijo serio Itachi.
—Sentí que debía hacerlo— respondí en el mismo tono.
Itachi se dio la vuelta y se fue a los salones de último año.
—Teme, ¿crees que Sakura-chan esté bien?— preguntó preocupado.
—Quién sabe— dije sin interés.
—Oye, Teme— Naruto se puso en mi camino y me señaló acusador —Deberías preocuparte por ella, Sakura-chan lo hizo para ayudarte.
—No pedí su ayuda. Si tanto te interesa, búscala tú— me tomó del cuello de la camisa. No dejaba de mirarme desafiante y yo no pensaba desviarle la mirada —Te gusta, ¿cierto? Entonces ve por ella, a mí no me interesa.
—N-no sé d-de qué hablas— tartamudeó sonrojado —Esto no se trata de mí, sino de Sakura-chan.
—Como dije, no me interesa— me liberé de su agarre y arreglé mi corbata —Si me disculpas, ya voy muy tarde a clases.
Cuando llegué al salón, la profesora no pudo ocultar su sorpresa al verme llegar tarde. El resto sabía el motivo por el cual yo estaba llegando tarde, pero aún así no quitaban la vista de mí.
—Sasuke-kun, Naruro-kun, exijo que me digan dónde estaban— ordenó Kurenai, sin salir de su asombro.
—En la dirección— contestamos ambos al unísono.
—Bu... bueno, pasen adelante— dijo.
Ambos caminamos a nuestros lugares. El asiento contiguo al mío, estaba vacío. Naruto me miró con reproche y yo me encogí de hombros.
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Inmediatamente terminada la última clase, me fui a casa solo. No tenía ganas de quedarme en la biblioteca y no quería que cuando Naruto saliera de su castigo, me gritara de nuevo por mi falta de tacto, según él. Al Llegar a casa, no había nadie. Mi hermano se quedó castigado y mi padre seguía en la estación. Pero por más que me sintiera un poco aliviado, sabía que no me salvaría de la reprimenda de mi padre. Aproveché que estaba solo en casa para darme una larga y relajante ducha. Dejé que el agua caliente relajara mis músculos tensos.
—No entiendo por qué actué así— murmuré para mí mismo —Me preocupo por ella porque está llorando y ahora estoy enojado con ella por lo que hizo... Realmente eres una molestia— me quedé sumergido en la bañera hasta que el agua se enfrió.
Solo vestí un pantalón de pijama y camiseta sin mangas. Hoy me tocaba hacer la cena, así que me dispuse a prepararla. La puerta de entrada se abrió y cerró, indicando la presencia de mi padre, de mi hermano o de ambos.
—¡Sasuke, ven acá!— gritó mi padre desde el recibidor.
Su voz no sonaba nada amigable. Un escalofrío recorrió mi columna vertebral y como niño obediente, corrí a atender su llamado. Cuando llegué, me miraba con el ceño fruncido y de brazos cruzados, Itachi estaba parado detrás del él con la cabeza levemente inclinada.
—Dígame, padre.
—¿Sucedió algo interesante hoy en la escuela?— arqueó una ceja, no podía decir ninguna palabra, todas se quedaban atoradas en mi boca —¿Y bien?
—B- bueno yo...— tartamudeé nervioso.
—Él no hizo nada malo— intervino Itachi —Solo se echó la culpa.
—Deja que él mismo se defienda— cortó fríamente, haciendo que Itachi guardara silencio.
— Yo...— nunca me había sentido tan intimidado por la mirada de mi padre —Me eché la culpa.
—¿Por qué?— preguntó sin dejar de observarme.
No sabía que decir, ni yo mismo entendía por qué lo hice, me sentía confundido.
—Por salvar a una chica— comentó Itachi sonriendo burlón.
Mi padre relajó un poco su postura, pero su expresión seguía siendo la misma.
—Espero que no se vuelva costumbre— sentenció, y se fue de la habitación.
No me había dado cuenta que estaba conteniendo el aliento, hasta que papá se fue y pude respirar tranquilo.
—Naruto me dijo que no te importó lo que ella hizo por ti— inquirió serio.
—No le pedí hacerlo— contesté fastidiado.
—Deberías ser agradecido— reprochó.
—Hmp— me di la vuelta para volver a la cocina, pero la voz de Itachi me detuvo.
—Escuché a unas chicas hablar. Ellas aseguraban haber escuchado a alguien llorar en el baño y ambos sabemos de quién se trata.
—Si tanto te preocupa, búscala y préstale tu hombro para llorar. No me interesa— lo dejé solo en la sala.
Estoy harto de todo esto. Siempre he sido ignorado por todos, solo se burlaban un poco de mi a veces, pero nunca había ido a la oficina de la directora por una pelea. Ahora todos quieren joderme y todo es culpa de ella, es una maldita molestia. Solo una piedra en mi zapato. Y lo que más me enfada de todo esto, es que todo el mundo cree que es mi culpa. Yo no le pedí a ella que se metiera en problemas por mi culpa, pero yo soy más estúpido por culparme solo para salvarla a ella. Me jode su presencia, nunca debió de aparecer. Debió quedarse donde estaba y nunca aparecer en mi vida.
Como dije anteriormente, la relación padre e hijo entre Fugaku y Sasuke será buena. Ya que ellos han tenido que arreglárselas solos sin la presencia de una mujer en casa. Eso de lo que los chicos hablan que Sasuke debe dejar en el pasado será más adelante, pero los invito a que saquen conclusiones. Me encantó cuando él se refirió a ella como un ángel. Y el pequeño momento Sasusaku espero que sea lo correcto.
Espero que se tomen la molestia de dejarme su opinión por medio de un review.Nos leemos en el próximo capítulo, hasta la próxima.EAUchiha.
