Hola, mis queridos lectores. He venido con un capítulo nuevo de esta hermosa historia. Espero que puedan ayudarme dándole like a mi página de Facebook EAUchiha-Fanfiction y a mi Facebook personal Anne Kristina Rodríguez (en mi perfil está el enlace directo a ambos perfiles) desde allí estaré pendiente de ustedes y publicaré sobre mis próximas actualizaciones.
Agradecimientos especiales a mi Beta: Hikari Takaishi Y
Espero que la lectura sea de su total agrado.
Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 7: Besos Traviesos.
Regresé a casa tiritando del frío, abrazándome a mí misma en un desesperado intento por darme calor. El otoño está aquí y las bajas de temperatura son cada vez más constantes. Había cambiado mi camisa mojada y mi cabello se secó con ayuda de Sasuke, pero mis calcetines, mis zapatos y el resto de mi ropa siguen estando empapados.
—Ya llegué— vociferé al pasar al recibidor.
El calor de la calefacción me abrazó, dándole un poco de calidez a mi cuerpo. Me quité los zapatos y calcetines mojados.
—¡Oh, por Dios!— exclamó Karin con preocupación al verme —Ven aquí, Sakura-chan— dejó su taza de té en la mesa y apresuró su paso hasta mí —Siéntate en el sofá— ordenó.
Se quitó la manta que la cubría a ella y la pasó sobre mis hombros. Puso una taza de té humeante frente a mí.
—Gracias— agradecí tomando la taza de té —No sabes lo mucho que lo necesitaba.
—A pesar de estar temblando del frío y que tus labios están morados, tu expresión de satisfacción no te ha abandonado, ¿Puedo saber qué es lo que te tiene tan feliz, Sakura-chan?
—Hay una buena historia detrás de ella— dije esbozando media sonrisa.
—Sería un placer escuchar tan interesante historia— respondió —Sobre todo conocer el nombre del dueño de esa sudadera.
—No sé por dónde empezar— medité.
—Desde el principio, supongo— contestó burlona.
—El principio no es tan emocionante como el final.
—Entonces, comienza por el final y después vuelves a contármelo todo desde el principio— propuso.
—Está bien— me mordí el labio inferior para evitar gritarlo —Sasuke y yo casi nos besamos.
—¡¿Estás hablando en serio?!— gritó Karin asombrada.
—¡Sí!— contesté —¿Recuerdas que él me ha estado acompañando a casa estos últimos días?
—Sí, después de lo que pasó con el desgraciado de Sasori. Deberíamos denunciarlo por acoso de menores— comentó indignada.
—Olvidemos ese trago amargo— añadí restándole importancia —En el camino hasta acá, comenzó a llover y él dijo que su casa estaba más cerca. Así que corrimos hasta allí, al llegar me comentó que su padre no estaba, entonces yo le dije que solo me prestara un paraguas y que yo me iba sola. Pero él me jaló hasta adentro, me dio la sudadera y me secó el cabello— conté —Entré a cambiarme en una habitación donde estaba su piano y un altar para su madre fallecida. Le pedí que tocara el piano para mí y él accedió, pero con la condición de que lo haría solo después de que secara mi cabello.
—¿Él seco tu cabello?— interrogó.
—Así es— respondí —Las cosas se pusieron intensas, estábamos muy cerca. Entonces le recordé aquella vez que casi nos besamos por primera vez, él no respondió, pero sé que también lo recuerda.
—Vaya, me alegra que él demuestre que le importas a su manera— divagó. Sonreí en respuesta —Alto ahí, tú no le contaste que casi se besan una vez— dijo con molestia.
—Claro que lo hice ¿Recuerdas la primera fiesta a la que asistí?— asintió —Él estaba allí. Recuerdas que después de ese momento, te pregunté sobre lo que sientes cuando te gusta una persona y porque sentía tanta curiosidad por alguien que acababa de conocer.
—Lo recuerdo, continúa— indicó.
—Retomando la historia— continué al aclarar sus dudas —Respondió que esperaba que nadie interrumpiera esta vez, sin embargo, el universo conspiró en nuestra contra y su primo apareció— finalicé soltando un bufido de desaprobación —Tenías razón con respecto a que dejara las cosas fluir solas— dije agradecida por sus consejos.
—Yo siempre tengo razón— aceptó con arrogancia —Ahora, señorita, usted debe darse un baño y quitarse esa ropa mojada o vas a pescar un resfriado.
—Iré de inmediato— me dirigí al baño a paso lento, no quería quitarme su suéter.
Tomé un relajante baño caliente, me quedé en la tina hasta que el agua se enfrió. El recuerdo de todo rondaba en mi cabeza, su cercanía, su aliento caliente chocar contra mi piel, el suave roce de sus labios, su olor, todo lo que ha pasado entre nosotros desde que nos conocimos.
Llevé mi ropa mojada a la lavandería y tiré todo mi uniforme en la lavadora. Aspiré el aroma de su sudadera por última vez antes de que le hiciera compañía al resto mi ropa y pierda su característico olor. Consideré la posibilidad de no devolverla. Tal vez lo haga, solo espero que él no se enoje por eso.
—¡Sakura, ven a cenar!— gritó Karin desde la cocina.
Dejé que la lavadora hiciera su trabajo y acudí a su llamado. Repentinamente sentí los ojos calientes y llorosos, escalofríos a pesar del calor que había dentro y una sensación de pesadez en todo el cuerpo.
—Te ves muy mal— dijo cuándo crucé al comedor. Se acercó para verificar mi temperatura— Estás hirviendo en fiebre.
Mi vista se nubló y lo último que escuché fue como gritaba mi nombre antes de desvanecerme.
"—Mamá, no puedo dormir, ¿me cuentas una historia?— preguntó una pequeña pelirrosa de no más de cinco años, recostada en su cama, rodeada por sus amigos de felpa.
Su madre sonrió con ternura y apartó un poco los juguetes de su hija para sentarse en la cama.
—Veamos...— comenzó la mujer, creando suspenso a su pequeña hija —Hubo una vez una pequeña princesa que amaba la primavera y los árboles de cerezo que le dieron su nombre. Ella vivía en un enorme palacio feudal rodeado por hermosos campos de flores, custodiado por miles de soldados. Su madre pasaba tiempo con su pequeña hija y ella amaba que su madre la llevara a correr en los campos de flores. Mientras, su padre los reinaba a todos con gracia y sabiduría. Las personas en el pueblo eran felices y veneraban al rey porque era un hombre justo. Y también amaban a la princesa, por lo adorable y educada que era.
—Es una linda historia, mamá— musitó la niña antes de caer rendida ante el mundo de los sueños.
...
—Duerme, Sakura. Ya es tarde para que estés despierta— ordenó la madre de pelirrosa de ahora nueve años. La niña no notó la preocupación escondida en la mirada de su madre —Te contaré un cuento para dormir.
Escuchó esa misma historia que su madre le contaba cada noche desde que era pequeña, solo que esta vez, no tuvo el mismo final feliz, pero ella se durmió a mitad de la historia y no pudo escucharla.
—... Pero un fatídico día de invierno, el palacio fue atacado por rebeldes que querían derrocar al rey. La princesa estaba muy asustada, pero su madre le juró que nadie le haría daño mientras ella estuviera con vida. Muchos soldados fueron derrotados por los atacantes. La guerra finalizó, dejando una terrible amargura en el palacio, pues la reina había muerto protegiendo a su hija. El rey solo deseaba vengarse por la muerte de su reina y su pueblo, y poco a poco su corazón fue consumido por el odio y la amargura. La vida pequeña princesa ya no era tan feliz como antes, su bella madre ya no estaba para cuidarla y su padre se había convertido en un hombre soberbio. No había nadie que jugara con ella, ni nadie que le diera el amor al que estaba acostumbrada.
La mujer observó a su tesoro dormir, no podía creer lo que había descubierto noches anteriores. Pero saldría de allí antes de fuera demasiado tarde y llevaría a su hija con ella, eso era seguro.
—Saldremos de este lugar, mi pequeña flor de cerezo. Te lo juro por mi vida.
La niña entreabrió los ojos por unos instantes, pero luego volvió a cerrarlos. Siendo ignorante de que sucedería algo que marcaría su vida por un largo tiempo.
...
—¡Te atreves a desafiar mis órdenes, perra!— gritó furioso su padre.
Ella estaba tirada en el piso, su cuerpo golpeado y las lágrimas rodando sin parar sobre sus mejillas.
—¿Acaso no te he disciplinado lo suficiente?— continuó gritando.
La pelirrosa de quince años temblaba de miedo ante la furia de su padre. Él le había dado una orden y ella se rehusó a cumplirla, ganándose un duro castigo, como siempre lo hacía.
—Por esa razón tu madre se largó sin ti, porque ella sabía que eras una inútil.
—N-no se v-vol...volverá a-a re-repetir, señor— tartamudeó.
—Me encargaré que no se te olvide que desobedecerme está mal.
La jaló con fuerza del cabello, tomó la tijera que su subordinado le ofrecía y le cortó el cabello, hasta dejarlo muy corto y disparejo.
Él sabía lo mucho que su hija cuidaba su cabello para que luciera sedoso y brillante, así que era la mejor manera de recordarle que debía obedecer sin replicar. Ella solo lloraba con amargura, sus gritos morían en su garganta. El salado de sus lágrimas se mezclaba en su boca con el sabor metálico de la sangre de su labio partido. Temía que si gritaba, su padre empeoraría su castigo.
...
—¿Vendrás conmigo?— preguntó la pelirrosa temerosa.
Ella sonrió y le entregó la mochila donde había algunas pertenencias importantes y algo de dinero que le robó a su padre.
—Iré después de ti, Sakura— aseguró —Apresúrate, es solo cuestión de tiempo para que él se dé cuenta y venga a detenernos.
—¡¿Qué están haciendo?, ¿Por qué la puerta tiene seguro?!— gritó una voz enojada desde fuera.
—Vete— ordenó en voz baja.
Se acercó al alféizar de la ventana, dispuesta a saltar al jardín para poder escapar de su pesadilla. Pero el destino fue cruel y él hombre abrió la puerta. Les apuntó a ambas con su arma, su sonrisa sádica les calaba hasta los huesos y la sed de sangre estaba reflejada en sus ojos. Estaba aterrada, temía por su vida y por la vida de su amiga. El miedo la tenía paralizada.
—¡VETE!— gritó esta vez lanzándose en contra de él —¿Qué esperas?— gritó mientras forcejeaba con él.
Su determinación la hizo reaccionar y terminó de saltar por la ventana. Escuchó unos disparos y unos gritos de agonía.
—¡Vuelve aquí, mocosa impertinente!— gritó furioso el hombre desde la ventana de su habitación.
Levantó su arma y apuntó a ella para detenerla, pero no debía matarla o su jefe lo mataría a él. Dos balas salieron en dirección hacia ella, una impactó en la parte baja de su espalda a la derecha y la segunda le rozó el brazo izquierdo dejando una brecha en su lugar. Ni siquiera el terrible dolor que sentía por la entrada y salida de la bala, la detendría para escapar de su pesadilla. La vida de ella no sería sacrificada en vano."
Karin no podía ocultar su preocupación, la fiebre de Sakura no bajaba ni un ápice. Después de que se desvaneciera frente a ella, la recostó en el sofá porque era el lugar más cercano que tenía. Sus mejillas estaban encendidas, su respiración sonaba forzada y deliraba. En sus delirios llamaba a su madre con desesperación, mencionaba a una princesa que sufría en la soledad y nombraba a esa mujer.
—Pobre, has sufrido tanto en la vida siendo tan joven— dijo con lástima.
Colocó de nuevo la compresa de agua tibia en su frente y fue a atender a su hija recién nacida, quien clamaba la presencia de su madre.
...
Esta mañana decidí salir a correr, hace un tiempo que no lo hacía. Y a mi cuerpo ya le hacía falta algo de actividad física para liberar el estrés acumulado. El cielo está nublado con probabilidades de lluvia, pero esta vez tomé mis precauciones. Esperaba llegar rápido a la escuela, verla de nuevo y terminar lo que quedó inconcluso ayer. Sin embargo, ella no llegó temprano como acostumbra. La campana resonó con fuerza en todos los rincones de la escuela, anunciando la primera clase del día.
—Sasuke, tengo algo que preguntarte— dijo Naruto con seriedad.
Cerré el libro que tenía en mis manos y lo miré fijamente esperando su pregunta.
—¿Qué hay entre tú y Sakura-chan? Los he visto muy unidos últimamente, pero hace unos meses solo se saludaban por cortesía.
—Han cambiado algunas cosas, dobe— respondí, sin responder nada en realidad.
—Explícame, teme— exigió.
—Te lo explicaré cuando suceda— contesté tajante dándole fin a esta conversación —¿Cómo va tu relación con Hyuga-san?
—Diría que todo va bien, han sido los mejores meses de mi vida. Ella es maravillosa, comprensiva, me tiene paciencia y gracias a su ayuda he mejorado considerablemente mis calificaciones— relató meloso. Resistí el impulso de apartar con un puñetazo su cara de baboso de mi presencia —Pero su padre no me acepta, cree que un niño huérfano no es digno para su hija. Él hace caso omiso a las peticiones de ella para invitarnos a cenar a Ero-sennin y a mí.
—Algún día te aceptará, confía en eso— dije dándole ánimos.
Naruto dibujó una enorme sonrisa de agradecimiento.
—¡Buenos días, Gaara!— gritó al verlo entrar. Gaara levantó una mano en señal de saludo —¿Sakura-chan no viene contigo?— preguntó al no verla.
—No, ella no vendrá hoy— dijo —Pescó un fuerte resfriado por culpa de la lluvia de ayer.
—Es tu culpa, Sasuke— señaló acusador.
Le lancé una mirada de advertencia para que se guardara sus comentarios.
—Temari dijo que iríamos a visitarla después de clases, ¿Quieren acompañarnos?— preguntó Gaara, intentando disipar la tensión entre Naruto y yo.
Por supuesto que voy, quiero asegurarme que está bien.
—Cuenta con mi presencia— respondió Naruto —Invitaré a Hinata, con permiso.
Entonces quedamos él y yo solos.
—¿Que dices, Uchiha? ¿Te apuntas?— preguntó.
Lo miré de reojo, sin mostrar interés en responder.
—Hmp— respondí mirando a la ventana, las nubes grises comenzaron a acumularse amenazantes en el cielo.
—Tomaré eso como un sí— agregó antes de irse a su puesto.
...
Desde que desperté no he dejado de analizar a los sueños que he tenido desde que me desmayé la noche anterior. Recuerdos que creí haber dejado atrás, pero que aún siguen allí. Tengo miedo que esa efímera felicidad que me fue otorgada porque mis plegarias fueron tomadas en cuenta, se desvanezca entre mis manos. No quiero volver a tener que vivir con zozobra, ni esa espantosa sensación de angustia aprisionada en mi pecho.
El rechinido de la puerta al abrirse me trajo de vuelta al mundo real.
—Estás muy callada— observó con preocupación —Desde que despertaste has estado muy pensativa, ¿Quieres hablarlo?— ofreció dejando la bandeja con mi desayuno en la cómoda junto a mi cama y tomando asiento en esta.
—Es solo que... Desde que he despertado, me he cuestionado la posibilidad de que recuerdos que creí haber olvidado hayan regresado para atormentarme de nuevo— dije —¿Podrías pedirle a Tsunade que venga? Por favor, Karin-chan— supliqué.
—Está bien, le pediré que venga en cuanto tenga una oportunidad— respondió tomando temblorosas manos, las acarició con sus pulgares para transmitirme tranquilidad —Llamaré a tus amigos para avisarles que no irás hoy a la escuela.
—Bien— acepté con la cabeza gacha, mirando fijamente a la nada.
—Anda, come— ordenó levantándose —Necesitas subir tus defensas.
Tomé la bandeja que ella trajo y la puse entre mis piernas, ella asintió conforme y fue a hacer las llamadas.
—¿En serio me abandonaste, mamá?— pregunté al aire.
Suspiré resignada, pues obviamente no obtendría una respuesta de su parte, ella no ha estado conmigo desde que tenía nueve años.
— Tendrás visitas por la tarde, me parece— comentó Karin desde afuera. Hotaru estaba en sus brazos —Tsunade dijo que escaparía de la oficina cuando pudiera...
—Lamento las molestias— interrumpí —Tú debes estar cuidando de tu hija, no de mí.
—Tú también necesitas cuidado, aún eres una niña— agregó antes de marcharse de nuevo.
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Me quedé todo el día en cama por órdenes de Karin. Pasaba cada minuto del día mirando con insistencia la hora de mi celular, esperando que llegara la hora para que Tsunade apareciera.
—Ya estoy aquí, Sakura— dijo Tsunade cerrando la puerta detrás de ella —¿Qué es eso tan importante que quieres hablar conmigo?
—Quiero la verdad, Tsunade— espeté —Quiero que me digas si es verdad que mi madre me abandonó para salvarse el pellejo, quiero saber si mi padre tenía razón. No sé si le he guardado rencor en vano o si de verdad se lo merecía.
—Tu madre, ella... Te amaba— balbuceó nerviosa.
—Anoche tuve un sueño, o más bien, un recuerdo— comencé ignorando su comentario anterior —Fue sobre la última noche en que la vi. Yo tenía nueve años, ella me contaba una historia para dormir como cada noche, siempre era la misma historia, con un final feliz. Pero esa noche en especial, el final del cuento cambió por uno nada feliz. No lo recuerdo mucho porque me quedé dormida. Sin embargo, abrí los ojos cuando ella me juraba que me salvaría, por su vida. ¿Tienes idea de lo mal que me siento en estos momentos?— Tsunade se quedó estática sin mover ni un dedo —Claro que no— me di una respuesta irónica a mí misma —Exijo que me digas qué pasó con mi madre en verdad, Tsunade. Sé que tú lo sabes, o sino mi padre no desperdiciara su tiempo en darte cacería.
—Tienes razón, yo sé la verdad. Tu sueño no es una mentira, Mebuki juró sacarte de allí. Pero...— apretó los puños antes de continuar —Esa verdad que esperas escuchar, es más complicada de lo que piensas.
—Todo en mi vida es complicado, una complicación más no haría la diferencia— contesté con dureza.
—Tu madre ha muerto— declaró.
El dolor azotó mi pecho con violencia, el nudo en mi garganta dificultaba mi respiración. Lágrimas de amargura y arrepentimiento comenzaron a rodar por mis mejillas sin parar.
—Soy la única persona viva que fue testigo de ese asesinato y tu padre tiene miedo que lo acuse ante las autoridades. Pero no lo hice por miedo a que tú pagaras por mi error, aunque eso me convierta en su cómplice si algún día la policía descubre sus crímenes. Tu vida es más importante para mí.
—Ha-háblame d-de có-mo sucedió— pedí con dificultad, ignorando eso último.
Ella se sentó a mi lado, puso una mano en mi hombro, rozó la casi imperceptible cicatriz que había cerca de allí y entonces habló.
—Mebuki era tan inocente como tú, ella creía que se había casado con un hombre maravilloso. Tu padre aparentaba ser el hombre perfecto por el que cualquier mujer daría lo que fuera por casarse, pero al final fue tu madre quien lo consiguió. Él la trataba como a una reina y cuando tú naciste todo cambió para bien...
—Era un padre amoroso. Lo sé, lo recuerdo bien— completé en su lugar.
—Tú y tu padre eran todo para Mebuki— continuó —Durante las noches él le ordenaba que se quedara contigo en tu habitación hasta que él terminara sus reuniones de negocios y fuera por ella. Tu madre siempre se preguntó por qué él las escondía de sus socios, pero nunca se atrevía a preguntarlo. Un día desafió las órdenes de tu padre y salió de tu habitación para intentar averiguar que tanto escondía él, por supuesto que lo que descubrió no era nada bueno. Esa misma noche, después de descubrir quién era verdaderamente el hombre que juró amarla en el altar, me llamó desesperada. Llorando de impotencia, creyéndose una estúpida por no haberlo visto antes. Entonces me pidió que le ayudara a salir de allí contigo, y por supuesto que acepté hacerlo.
—¿Cómo lo hiciste?— interrogué.
—¿Recuerdas a mi esposo Dan?— por el simple hecho de mencionarlo, su semblante se desfiguraba a uno lleno de tristeza.
—Claro que recuerdo al tío Dan, él siempre me cargaba en sus hombros. Yo lo quería mucho, solía contarme sobre las tradiciones japonesas en las que no podía participar porque mi padre no me lo permitía— comenté —Cuando nos encontramos me dijiste que murió, pero no me dijiste cómo fue que lo hizo.
Una llama de odio ardió en sus ojos color miel.
—Aquella noche ambos salimos de casa en el auto para ir a buscarte a ti y a tu madre. Mebuki llamó para avisar que ya estaba lista, solo estaba esperando el momento indicado para salir. Dijo que había puesto un somnífero en gotas en tu vaso de leche y así se le harían las cosas más fáciles, tú estarías dormida y no harías preguntas que ella no estaba lista para responder. Cuando ya estaba por llegar al punto de encuentro, tu padre y su perro faldero aparecieron— no hacía falta que ella me contara lo que venía, pues yo ya lo sabía.
Muchas veces he visto de lo que son capaces, incluso lo he vivido en carne propia.
—Tu padre te arrebató de sus brazos y le ordenó a su sirviente que la matara. Recuerdo las súplicas de tu madre para que le perdonara la vida y le diera una segunda oportunidad, pero él solo se burló de ella y le recalcó el hecho de que él es un hombre que no cree en segundas oportunidades. Entonces volvió a dictar aquella orden.
—No quiero saber cómo la mató— gruñí entre dientes —Dime qué paso después.
—Después de ver a tu madre morir, Dan se bajó del auto y me pidió que me fuera. Él dijo que me daría tiempo suficiente para escapar— su voz se iba volviendo un susurro a medida que la historia avanzaba —Conduje el auto a toda velocidad, lo dejé abandonado en una gasolinera poco concurrida y tomé un taxi para que me llevara a la estación de trenes. Compré el primer boleto que me llevara lejos y me trajo aquí, a Konoha. Nadie imaginaria que una mujer acostumbrada al ajetreado estilo de vida en Tokio, escogería un pueblo como este para comenzar una nueva vida. Me encontré con un amigo de la infancia que ahora vivía aquí y este me ofreció asilo en su casa por medio año, él me advirtió que criaba a su ahijado porque sus padres habían muerto, pero al niño no le molestaba mi presencia. Conseguí un empleo en la escuela, esos niños insolentes requerían disciplina y gracias a mi buen trabajo, rápidamente obtuve el puesto de directora.
—Has tenido una increíble fortaleza para seguir adelante— dije con admiración.
—Tú también eres fuerte— contestó.
—No soy tan fuerte, solo he fingido serlo— sentencié —La mejor manera de afrontar las adversidades es con una sonrisa en el rostro.
—Cuando hablas así, me recuerdas a tu madre— comentó con nostalgia.
—¿Por qué no me habías contado la verdad?— demandé —¿Por qué permitirse que viviera con un odio irracional contra mi madre?
— Prefería pensaras que ella estaba con vida, que te aferraras a la idea de que se había ido sin ti pero que algún día te encontrarías con ella— dijo en su defensa.
—¡¿De qué me serviría?!— grité furiosa. Ella se sobresaltó —Algún día querría encontrarla para que respondiera a mis preguntas, pero nunca la encontraría ¿Y sabes por qué? Porque ella ya no está en este mundo.
—Perdóname, no quería causarte más dolor. Tú eres muy importante para mí, Sakura— intentó abrazarme, pero evité que me tocara.
—Vete— susurré con mirada gacha —¡Que te vayas!, ¡No quiero verte, no ahora!— repetí en voz alta.
Tsunade me miró por un par de minutos antes de salir por la puerta.
Lloré hasta que no me quedaron más lágrimas que derramar. Llegué a la conclusión de que llorar no traería de regreso a mi madre, pero si limpiará mi alma del dolor. Por más que quise negarlo, nunca pude odiarla, porque en el fondo sabía que ella no me había dejado. Entiendo que las intenciones de Tsunade eran buenas, pero no era la mejor manera. Sé que no debió ser fácil para ella ver a su mejor amiga morir y dejar a su esposo atrás en una cita segura con la muerte, todo una misma noche. Hablaré con ella y le pediré que me disculpe por mi reacción infantil, pero por el momento no quiero verla, no quiero ver a nadie que me recuerde mi desdicha. Tal vez debería tomar un baño y esperar que mis amigos vinieran a verme con la mejor de las sonrisas, y si tengo algo de suerte, él vendrá con ellos.
...
Hoy fue un día insoportable para personas inquietas como Naruto, pues debido a la lluvia tuvimos que pasar todo el día encerrados en el edificio y no pudimos salir al patio. A mí particularmente no me molestó, pero Naruto se fue conmigo a la biblioteca y llegó un momento en el que creí que se arrancaría el cabello de la desesperación. Pero Hinata lo recostó sobre sus piernas y comenzó a acariciarle el cabello.
—¿Irás a visitar a Sakura-chan con nosotros?— preguntó dormitando en el regazo de Hinata —Debes disculparte con ella por su resfriado.
—¿Disculparme por su resfriado?— arqueé una ceja incrédulo.
¿Acaso el encierro le afectó el cerebro? No creo que una persona deba disculparse con otro por culpa de una enfermedad.
—Naturalmente, debes hacerlo— añadió con suficiencia.
—Menuda estupidez— refuté hastiado.
—Naruto-kun, obviamente el resfriado de Sakura-chan no es culpa de Uchiha-san— dijo Hinata con suavidad.
Asentí dándole la razón a ella.
—¡Pusiste a mi Hinata en mi contra, teme!— chilló enojado.
—Ella solo usó el sentido común, como lo haría cualquier persona normal— dije con fastidio.
Resopló ofendido al escuchar a Hinata soltar una discreta risita.
—Vale, ustedes ganan— aceptó rendido —Por cierto, Sasuke. No recuerdo que contestaras a mi pregunta.
—No, no lo hice— respondí —Pero sí voy a ir.
—Sabía que entre tú y ella pasó algo— manifestó —Antes ni siquiera te habrías molestado en acompañarla a casa— puse los ojos en blanco.
No quería admitirlo, pero él tenía toda la razón. Sin embargo, siempre la he cuidado, al principio fue solo por no ser maleducado con ella, pero ahora me preocupa su bienestar. Aunque nunca lo admita en voz alta, primero me quitaría las gafas en medio de la cafetería a la hora del almuerzo, antes que aceptarlo.
—No quisiera imaginar lo qué diría si le hablo sobre lo que pasó ayer— murmuré para mis adentros.
—¿Qué dijiste?— demandó saber.
—Nada— me reservé mi sonrisa para mí.
La idea de culminar lo de ayer no dejaba de rondar por mi cabeza desde anoche. No sé cómo, pero lo intentaré, eso es seguro.
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He venido muchas veces a traer a Sakura a casa, pero nunca he llegado más allá de las escaleras. Siempre me quedaba al pie de estas, esperando a que ella sacara sus llaves y entrara, entonces me daba la vuelta y me iba a casa. Gaara y Temari iban a la cabeza del grupo, guiándonos a todos. Naruto subió las escaleras a grandes zancadas arrastrando a Hinata de la mano. En el buzón de correo correspondiente al apartamento, estaba escrito Hozuki y debajo, el nombre de las 4 personas que allí habitaban. Sakura salió a recibirnos después del segundo llamado y nos invitó a pasar a todos.
—Hola a todos, que bueno verlos— dijo animada.
Pero en su rostro estaba reflejado otra cosa, por más que quisiera ocultarlo, ha estado llorando. Sus ojos están ligeramente rojos y detrás, hay oculta una terrible pena.
—Sakura-chan, ¿Acaso esa sudadera es de Sasuke?— entonces la pregunta de Naruto me trajo de vuelta a la realidad.
No me había fijado en su ropa, solo en sus hipnotizantes ojos jades. Mi sudadera le queda bastante grande, pero se ve hermosa con ella puesta, podría acostumbrarme a una imagen como esta.
—Era suya— aseguró —Ahora es mía.
—¿Tuya?— pregunté divertido.
—Sí, mía— dijo inflando sus mejillas, se llevó las manos a la cintura y se paró frente a mí —¿Te molesta?
—No, en lo absoluto— respondí acercándome más a ella.
Quería besarla, me moría por besarla y más porque tenía sus labios fruncidos, como una invitación indirecta a atacarlos. Pero me mantuve tranquilo, tenía que pensar en una forma de que pudiéramos estar a solas por al menos un par de minutos. El único que mostraba confusión era Naruto, porque el resto parecía comprender la atracción casi imperceptible que existe entre nosotros.
Antes de venir, quedamos en estar aquí solo una hora cuando mucho, así que debía sacarle provecho a ese corto lapso de tiempo. Karin sirvió una merienda que nosotros compramos en el camino.
—Sakura— llamé.
Ella de inmediato giró a verme. Las chicas estaban entretenidas con la bebé que ahora estaba en brazos de Temari.
—¿Podrías indicarme dónde está el baño?
No esperaba que solo me explicara dónde era el baño, no. Yo esperaba que ella entendiera bien y me llevara ella misma.
—Claro, acompáñame— la seguí de cerca.
Cuando señaló la puerta al final pasillo a la derecha, la tomé del brazo y la acorralé en la pared.
—Recuerda que tú y yo tenemos una situación pendiente— le recordé al ver la sorpresa plasmada en su rostro.
Sus mejillas adquirieron un adorable rubor, su respiración se volvió forzada y sus labios estaban entreabiertos esperando que acortara los pocos centímetros que nos separan.
—¡Sasuke, date prisa. Debemos irnos!— gritó Naruto desde la sala.
Maldije por lo bajo y juré golpearlo sin piedad. Antes de que viniera a buscarme, entré al baño. En realidad si necesitaba ir, pero también quería estar a solas con Sakura. Cuando salí, ella seguía apoyada en la pared.
—¿Quieres quedarte a cenar?— preguntó de repente.
—Sí, pero tendrás que decirme por qué estás tan afligida— dije.
—¿Cómo lo sabes?— cuestionó sorprendida.
—Eres como un libro abierto para mí, Sakura. Tu sonrisa falsa no funciona conmigo— argumenté —Vamos, antes de que el dobe venga por nosotros.
—Tardaste siglos— reprochó Naruto al verme.
Rodé los ojos con fastidio y agregué.
—¿Acaso es tan difícil para ti vivir sin mí a tu lado?, Causarás que Hyuga-san tenga celos de mí— su enojo solo hizo más pronunciada mi sonrisa burlona.
—Pueden continuar con su amor prohibido en otro momento— cortó la rubia con rudeza —Pero ahora debemos dejar a Sakura descansar.
—Nos vemos— dijo Sakura despidiendo a todos.
Permanecí de pie a su lado, atrayendo la atención de los demás.
—Mueve tu trasero, teme— dijo Naruto a ver que no iba con ellos.
—Sasuke-kun me hará compañía un rato más— informó Sakura.
Ninguno dijo nada, solo asintieron y se marcharon.
—Los llamaré para cuando la cena esté lista— avisó Karin dejándonos solos.
La cena en compañía de esa pequeña familia fue agradable, por supuesto que las preguntas incómodas aparecieron en los momentos menos esperados.
—¿Te gustaría ir a hablar un rato afuera?— preguntó Sakura después de cenar.
Con un ligero movimiento de cabeza, le di una respuesta afirmativa. Cerró la puerta con cuidado y nos acercamos a la baranda para mirar el cielo nocturno.
—Me gusta salir a ver las estrellas en ocasiones— comenzó —Nunca sabes si esa será tu última noche viéndolas brillar o si llegarás a los noventa años y podrás seguir viéndolas. La vida siempre da vueltas inesperadas, unas que pueden cambiarte la vida para bien o para mal.
—Tienes razón— concordé.
Nos quedamos en un cómodo silencio, solo contemplando las estrellas. Pero una pregunta que hizo de repente, me desconcertó mucho.
—¿Cómo murió tu madre?— medité su pregunta, no sabía si contestar o pasar olímpicamente sobre ella y cambiar de tema —Lo siento, yo no quise...
—Tenía cáncer— interrumpí —Cáncer de útero— aclaré antes de que lo preguntara.
—¿Cómo se dieron cuenta?— interrogó.
Si me atreví a responder a su pregunta, entonces sería capaz de contarle toda la historia.
—Estaba embarazada— respondí —Ella estaba feliz, la idea de un tercer hijo o hija tenía su mundo de cabeza. Recuerdo como si fuera ayer el día que nos dio la noticia, mamá creyó que Itachi y yo estaríamos celosos del nuevo bebé. Ella estaba segura que era una niña, nunca olvidaré cuando dijo: No quiero que tengan celos de ella, el corazón de mamá es demasiado grande y caben todos por igual. Además, ambos serán sus hermanos mayores y por lo tanto deben protegerla. Mi padre solía decir que ella siempre lucía radiante con sus embarazos, pero con ese en particular, era todo lo contrario. Su hermoso rostro estaba demacrado, pasaba la mayor parte del tiempo en cama, ya no podía ir a buscarnos en la escuela y mucho menos ir a su trabajo. Ella iba por nosotros cada día, excepto cuando tenía que preparar un recital de música para sus alumnos. Impartía clases por las tardes en una pequeña academia de música que hay en el pueblo. Mamá fue quien me enseñó a tocar el piano, era su instrumento favorito. Un día, cuando estaba por finalizar el primer trimestre de gestación, ocurrió lo inevitable— hice una pausa para tomar aire y calmar mis emociones —Sufrió un aborto espontáneo. Ella estaba muy asustada al ver la sangre correr por sus piernas, mi padre la llevó al hospital y en el apuro nos dejó a nosotros solos en casa. Unas horas más tarde, llegó. Jamás había visto a mi padre tan destrozado emocionalmente. Si el mundo a su alrededor se hubiera derrumbado en ese momento, él no se habría dado cuenta. Nos sentó a Itachi y a mí en el sofá, y él se puso en medio de ambos. Nos dio una larga charla bien ensayada sobre lo que era el cáncer, sus etapas y sus consecuencias. Después nos dio la terrible noticia: Su madre padece esa enfermedad tan espantosa de la que acabo de hablarles y al parecer, su estado es muy avanzado. Pero los doctores están siendo positivos. Itachi y yo quedamos impresionados con la noticia, no queríamos aceptarlo, para un niño es difícil aceptar el hecho que uno de tus padres ya no estará contigo. No fue necesario que nos explicara que mamá había perdido al bebé, nosotros lo comprendimos a la perfección. Al final, nos informó que ella pasaría una temporada en el hospital. Nunca volvió, la única vez que salió del hospital, fue para su funeral.
—La mía también murió, solo que en circunstancias muy distintas— habló en un susurro con la mirada perdida en el cielo, con cierto tinte de arrepentimiento tiñendo su voz —Su aniversario de muerte es en unos cuantos días.
Solo me quedé observándola en silencio por lo que me pareció una eternidad, quería darle su espacio. Su perfil me tenía embobado, siempre he pensado que es linda, pero hoy se ve particularmente hermosa. A pesar de su palidez y sus ojos rojos, se ve hermosa.
—Tú me gustas— confesó después de un rato.
—Lo sé— contesté aparentando tranquilidad.
Siempre lo supe, ella siempre fue demasiado obvia. Eso sin mencionar los chocolates en San Valentín, los cuales debe pensar que se le perdieron y que no pudo entregarlos, pero ese secreto me lo reservaré hasta el momento apropiado. No es lo mismo saberlo que escucharlo con su dulce voz. No, para nada. Se siente bien, demasiado bien. Antes cuando escuchaba como las chicas se le confesaban a Itachi y a Naruto, me parecía extremadamente molesto y hasta estúpido. Pero ahora, sentía una satisfacción que no cambiaría por nada en este mundo.
—¿Yo te gusto?— interrogó girando a verme.
Su mirada lo decía todo, ansiedad por una respuesta inmediata, miedo de que sea una negativa y anhelante por una positiva.
—Eso deberás averiguarlo por ti misma— dije con una media sonrisa.
Ella es efusiva y no le da miedo a dar a conocer sus sentimientos, mientras yo soy todo lo contrario, me cuesta demasiado abrirme hacia otras personas. Excepto con las que me conocen de toda una vida, pero con ella ha sido fácil abrir mi corazón, aunque no lo he hecho del todo.
Tomó la mano que tenía reposando sobre la baranda y la entrelazó con la suya, tardé un poco en corresponderle, pero cerré mis dedos alrededor de los suyos, afirmando su agarre. Se sentía jodidamente bien, su pequeña y delicada mano encaja a la perfección con la mía. Su piel es tan suave y tersa.
Me incliné hacia ella dispuesto a intentar besarla de nuevo, levanté mi mano libre, la puse en su mejilla izquierda y acaricié sus labios con el pulgar. A pesar del frío que hay esta noche, sus labios están tibios y son más suaves de lo que mi imaginación había llegado a considerar.
Acorté los pocos centímetros que nos separaban y la besé al fin, sin nadie que nos interrumpiera, solo ella, yo y la luna como único testigo. Cerré los ojos para poder disfrutar de este tierno beso lleno de inexperiencia, movimientos torpes por parte de ambos, nuestro primer beso. Un sentimiento de regocijo se formaba en mi pecho, nunca me había sentido tan bien con el contacto de alguien. No descarto la posibilidad de hacerme adicto a ella, a sus besos, la textura de su piel, sus ojos brillantes, su sonrisa, de todo lo que implica ser esa molestia que no salió de mis pensamientos por más que intenté sacarla de allí. Tuvimos de separarnos porque una luz proveniente de dentro del apartamento, destaca el hecho de que ya no estábamos solos.
—Sakura, se hace tarde— dijo la pelirroja. ¿Llegar a interrumpir en la mejor parte? Vaya que es frustrante —La noche es fría y no te hace bien.
—Entraré en un momento— musitó avergonzada.
Le di beso en la mejilla como despedida.
—Nos vemos cuando encuentres bien— susurré en su oído —Mejórate pronto— me enderecé y miré a la mujer, quien me observaba con una ceja arqueada —Que tenga buena noche— dije a secas.
...
Sasuke se perdió en la oscuridad de las calles, dejándonos solos a mi y a mi corazón, que seguía latiendo a mil por segundo. Su beso me dejó idiotizada, deseaba con toda mis fuerzas volver a sentir sus labios sobre mi piel.
—Puedo escuchar el latido de tu corazón desde aquí— habló burlona, trayéndome de vuelta a la realidad.
—¡Karin-chan!— chillé sonrojada —No pudiste quedarte adentro unos cinco minutos más— reproché —¿Acaso hay una fuerza misteriosa que advierte a las personas que Sasuke-kun y yo vamos a besarnos, para que entonces aparezcan en el momento justo?
—Pues hasta donde yo sé, ustedes se estaban besando— dijo burlona —Creo que me he ganado el odio del chico, ¿Viste la mirada que me lanzó? Fue de odio puro.
—Lo sé, pero es que... Agh... Arruinaste la mejor parte— vociferé con frustración —Hoy se abrió conmigo, me contó la historia de su madre. Según lo que Naruto me ha contado, a él no le gusta hablar del tema. Pero confió en mí y me dejó ver sus viejas heridas.
—¿Y tú?, ¿Estás lista para dejar que él vea esa vieja herida?— interrogó.
—He considerado esa posibilidad un millar de veces, pero todas y cada una de ellas me llevan a la misma conclusión. Y ambas sabemos cuál es— sentencie irritada.
Nos quedamos analizando la una a la otra por un rato.
—Entra de una vez— regañó —Adentro podrás quejarte todo lo que quieras— antes de que pudiera entrar, me tomó del brazo y dijo una última cosa —Estás subestimando al chico, crees conocerlo, pero no es así. Su manera de ver el mundo es muy distinta a la tuya, piénsalo o sino seguirás estancada con él.
—Le dije que me gusta— mencioné lanzándome en el sofá.
Me cubrí el rostro con ambas manos para que no viera mi sonrojo.
—¿Y él que dijo?— preguntó ansiosa.
—Él ya lo sabía— contesté —Y cuando quise saber si yo le gusto, me dijo que lo averiguara por mí misma.
—Es bastante obvio que tú le gustas, solo que le cuesta decirlo en voz alta. Te besó, Sakura. ¿Qué mejor prueba que eso?— expuso muy segura de ello.
Mientras yo, estaba hecha un mar de inseguridades.
—No lo sé, él es muy difícil de leer— suspiré con pesadez —Me iré a la cama, hoy ha sido un día pesado. Estoy cansada.
—¿De qué no estás segura? Si está muy claro, tú le gustas— expresó desespera por mi negatividad —Hasta Suigetsu que es un cabeza hueca, se dio cuenta— señaló a Suigetsu, quien estaba jugando con su hija.
—Oye, ¿cómo te atreves a referirte de tu esposo de esa forma?— replicó ofendido, escuchándola perfectamente.
—Lo hago porque es mi esposo— contraatacó.
Sus discusiones de pareja siempre me resultan divertidas, los insultos infantiles, las peleas sin sentido. Pero son una pareja que con un fuerte lazo que a mí me gustaría tener algún día con la persona que escoja para pasar el resto de mi vida junto a él.
—Mañana debo ir a la escuela— interrumpí con decisión. Ambos dejaron de discutir y voltearon a verme incrédulos —Ya me siento bien, no es necesario faltar otro día.
—No estoy segura— dijo Karin dudosa —Ayer estabas muy mal.
—Es verdad, pero hoy ya estoy bien— aseguré —Por favor, Karin-chan. Te prometo que si llego a sentirme mal, iré a la enfermería y me quedaré allí hasta que vayas a buscarme.
—Está bien, pero te irás bien abrigada y tomarás las precauciones necesarias por si otra tormenta llega por sorpresa— puse los ojos en blanco ante sus exigencias.
—Acepto— respondí de mala gana.
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Es la primera noche en mucho tiempo donde pude dormir ocho horas seguidas sin interrupciones. Nada de pesadillas, ni recuerdos atormentantes. Me levanté revitalizada, sin ojeras causadas por el insomnio.
Llegué con buen humor a clases, saludé a todas las personas que me crucé durante el camino, algunos respondían con la misma alegría y otros se mostraban extrañados. Las primeras personas con las que me crucé al entrar al patio fueron Hinata y Shino.
—Buenos días— saludé situándome en medio de ambos.
—Buenos días, Sakura-chan— contestó Hinata —Veo que estás de muy buen humor, ¿Sucedió algo bueno ayer?
—Siempre hay que estar de buen humor por el simple hecho de poder ver el amanecer de cada día— contesté —Pero tienes razón, ayer sucedió algo bueno.
—Espero que esa felicidad sea duradera— deseó con una sonrisa tímida —Tengo algo que contarte, es importante— finalizó cohibida.
—¿Sábado de chicas?— propuse entusiasmada —Podríamos ir a la fundación un rato y luego no sé, improvisamos. Tú te deshaces de Naruto ese día y Temari de Shikamaru, ¿qué dices?
—¿Reunión de chicas? Suena algo peligroso— argumentó Shino con su calmado tono de voz.
—No es peligroso, Shino-kun— aseguró Hinata —Acepto la oferta, nunca he tenido un sábado de chicas— comentó mostrando curiosidad.
—Yo tampoco— respondí —Pero siempre hay una primera vez para todo.
Seguimos charlando de camino al salón, nos encontramos con Naruto y Sasuke metidos en una conversación. Se veían tensos y preocupados. Nos acercamos un poco para escuchar qué es eso que los tiene preocupados, pero solo alcancé a escuchar, Las fiestas en el bosque. Hinata también lo escuchó, ya que su postura cambió a una similar a la de ellos. No pude evitar preguntarme sobre esas fiestas, pero me reservaré mi duda para más tarde.
...
—¿Escuchaste los rumores?— susurró Naruto al sentarse frente a mí.
—Te lo he dicho muchas veces, sabes que yo solo me entero de lo que pasa aquí gracias a ti— respondí.
—Se dice que retornarán las fiestas en el bosque— dijo tenso.
—¿Estás seguro?— pregunté alarmado.
—Aún es un secreto a voces, pero esa información la obtuve de una fuente confiable.
—La policía prohibió esas fiestas, mi padre en persona se aseguró que así fuera— recordé entre dientes.
—Ellos piensan que la policía se olvidó de esa prohibición, después de todo, ya han pasado dos años de eso— contó.
Apreté los puños por debajo de la mesa con impotencia.
—Yo mismo me encargaré de que esa maldita fiesta no se lleve a cabo— sentencié con dureza —Las Fiestas del Bosque no pueden volver.
Naruto asintió decidido a darme su apoyo en esto.
—Buenos días— canturreó Sakura alegremente.
Rodeó mi cuello con sus brazos y me dio un beso en la mejilla. La tensión de mi espalda desapareció.
—¿De qué hablaban?— preguntó curiosa.
—Nada importante— contestó Naruto —Solo planeábamos ir a jugar videojuegos en su casa el sábado.
—¿Lo ves, Hinata? Ya no tienes que abandonarlo el sábado porque él ya tiene planes— Naruto volteó a verla exigiendo una explicación.
—¿Te sientes mejor?— pregunté en un susurro, aprovechando que Naruto y Hinata están distraídos.
—Sí, mucho mejor— respondió dándome otro beso en la mejilla —Gracias a ti.
—Yo no hice nada— dije abochornado.
—A lo mejor tienes razón— dijo pensativa —Pero tus palabras de anoche antes de irte, me hicieron sentir mejor.
—Molestia— gruñí por lo bajo. Ella comenzó a reír, las vibraciones de su risa en su caja torácica las sentía en mi espalda —¿Qué es tan gracioso?
—N-no lo sé— respondió sin parar de reír, recostando su frente en mi hombro.
Giré un poco encontrándome con su cabello, su aroma a cerezos me dejó idiotizado.
—Tu cabello huele bien— admití en un susurro.
Su corazón comenzó a latir desaforado, martillando con violencia sobre mi espalda, dejando de reír. Nuestras miradas se cruzaron por un instante que pareció infinito. De repente el tiempo se congeló para nosotros, era como si estuviéramos solos en una dimensión distinta. Quería sentir su suave toque labial otra vez, no me importa si todo el mundo nos está observando, estoy harto de tener que reprimir mis deseos.
—Pueden besarse si quieren, no se preocupen por nosotros— habló Naruto fingiendo inocencia, atrayendo la atención de todos los presentes.
Sakura se alejó y fue a su puesto con rostro encendido por culpa de la indiscreción de él.
—Naruto, ¿Podemos ir a hablar afuera?— pregunté con una sonrisa maliciosa.
Él comenzó a sudar a mares, pero me siguió de todas formas.
—Sa... Sa... Sasuke, ¿a-a dó-dónde v-vamos?— preguntó nervioso.
Ignoré sus balbuceos hasta que llegamos a nuestro destino, la azotea o este caso, su tumba.
...
El Uchiha fue rodeado por un aura diabólica, capaz de hacer gritar como niña hasta al más valiente. Pero su amigo lo había llevado al límite de su paciencia, y vaya que era mucha, considerando el hecho de que han estado juntos toda la vida.
Un fuerte escalofrío recorrió la columna vertebral del rubio al sentir el aura de su amigo, eso solo le indicaba una cosa, su vida estaba en riesgo. Debía escapar o enfrentar su destino, aunque siempre tenía que aceptar la segunda porque cuando Sasuke se enojaba, no había escapatoria. Podría jurar ante cualquiera, que cuando Sasuke se enfurecía, sus ojos se volvían tan rojos como la sangre.
—No sé que hice, pero lo siento— dijo intentando salvar su pellejo.
—Te has entrometido demasiado en mis asuntos estos últimos días— siseó tronando sus dedos —U-su-ra-ton-ka-shi.
Cada vez que pronunciaba en una sílaba, daba un paso mas cerca al rubio. Y antes de que pudiera siquiera retroceder, su amigo había llegado hasta él.
—¡Noooooo!— ese grito desgarrador fue escuchado por cada estudiante de esa escuela.
Muchos se compadecieron de él y otros deseaban saber quién era el pobre desgraciado que estaba sufriendo.
...
Sasuke regresó andando con una postura despreocupada y una sonrisa de satisfacción. Detrás de él, entró Naruto todo golpeado. Hinata corrió a verificar el estado de su novio. Giré a verlo para exigirle una explicación, pero él solo se encogió de hombros y siguió como si nada hubiera pasado. Tal vez Naruto se había ganado esa paliza, nadie sabe cuánto tiempo Sasuke ha reprimido sus instintos asesinos. Pero no puedo evitar sentirme culpable, porque en el fondo estoy segura que es por todas las veces que él ha sido inoportuno, hasta yo quería darle su merecido.
Alguna veces he pensado que la vida de muchos depende de lo que los demás digan sobre ellos, ya sea bueno o malo. La mayoría pasa su vida sufriendo en silencio por culpa de los delirios de grandeza de otros, y qué mejor ejemplo de ellos que Hinata. Anteriormente ella sufría maltrato físico y psicológico, era retraída e insegura. Ahora es diferente, sigue siendo la misma de antes, con sus ropas holgadas y su misma rutina. Pero es más segura de sí misma, no se deja de nadie y podría decir que ya no le afecta nada de lo anterior. Me alegra haber contribuido de forma indirecta con su crecimiento como persona, y luego está Sasuke. Él es el tipo de persona que las palabras de otros le importan una mierda, sin embargo algunos tienen la creencia que meterse con él les ayudará a aumentar sus egos, pero solo quedaron como estúpidos.
Mi vida siempre ha sido como una montaña rusa que siempre van en picada y perdí la esperanza de que algún día comenzara a subir. Pero ese momento comenzó el día que escapé de casa, desde ese día, esa montaña rusa no ha hecho más que subir. Giré a verlo a él, siempre con la vista al frente aparentando poner atención a una clases que él ya se sabía. Tan lindo e inteligente, no me creo que alguien como él pueda fijarse en alguien como yo. Nadie tiene grandes expectativas sobre mí como la tienen de él, los profesores siempre están elogiando sus perfectas calificaciones, y yo soy una estudiante normal como cualquier otro. No soy tan bella como Hinata y Temari, más bien soy una chica sencilla con un cabello exótico. No tengo cuerpo de infarto, mis pechos son planos y aún tengo cara de niña. Todo eso sin mencionar que mi carácter explosivo, suele asustar a las personas. Pero siempre he sido segura de mí misma y ningún tonto o tonta con delirio de grandeza ha conseguido bajar mi autoestima.
Fui la última en abandonar el aula en la hora del almuerzo, y es que estaba tan sumida en mis pensamientos que no escuché la campana sonar y ninguno de los chicos se tomó la molestia de avisarme. Caminé con rapidez rumbo a la cafetería, casi todos los pasillos estaban desérticos y por eso nadie se dio cuenta cuando alguien me tapó la boca para que no gritara y me arrastró hasta el armario del conserje que está a unos pasos de la entrada a la cafetería. Mis gritos quedaban amortiguados por la manos de mi captor, arañaba su piel luchando por liberarme.
—Tranquila, soy yo— dijo quitando su mano de mi boca.
Tomé unas cuantas bocanadas de aire para recuperar el oxígeno, me giré dispuesta a gritarle que había otras formas más decentes para pedirme que habláramos a solas. Pero al verlo recostado en la pared de brazos cruzados, pidiéndome disculpas con la mirada, me tragué mis palabras y me acerque a él.
—¿Qué hacemos aquí?— pregunté confundida.
Las marcas rojas de los arañazos destacaban en su piel pálida.
—Solo quería invitarte a almorzar conmigo— dijo —En la biblioteca, yo lo hago cuando no quiero respirar el mismo aire que estos inadaptados. No te preocupes por las reglas, nunca me han descubierto.
—Entonces, vamos— contesté.
Abrió la puerta para que saliera primero, tomé su mano y la uní con la mía. Fijó sus ojos en nuestras manos entrelazadas. Una sonrisa adornó mi rostro cuando él comenzó a andar sin apartarse.
—Aquí no— dijo al ver que iba directo a la mesa de siempre.
Me guió un poco más al fondo de la biblioteca y nos sentamos en la alfombra
—Me gusta tirarme a leer aquí de vez en cuando, es cómodo y nadie llega hasta aquí— sacó de su mochila un par de bentos y me entregó uno.
—¿Los hiciste tú?— pregunté asombrada.
—No— musitó sonrojado.
El mohín que se formó en sus labios me causó ternura, lo imaginé como un niño pequeño.
—Gracias por la comida— respondí con dulzura.
Rompí los palillos y me dispuse a comer, no me había dado cuenta del hambre que tenía hasta que el delicioso aroma de la comida llegó a mis fosas nasales.
—En realidad, yo no lo hice— confesó —Creía que hoy tampoco vendrías, así que no pude prever la situación. Pero Iruka-sensei amablemente me entregó esto de parte de tu amiga Karin, diciendo que era para nosotros dos. Tú no te diste cuenta de que la hora del almuerzo llegó, por estar pensando en el origen del universo.
—Lamento fantasear, pero me ayuda a pensar— dije ofendida. Él solo negó divertido —Aún no has contestado mi pregunta— comenté recordando nuestra conversación de la noche anterior.
—Claramente te dije que debías averiguarlo por ti misma— refutó.
—¿Qué pasa si lo que pienso está mal? No quisiera hacerme falsas ilusiones— me lamenté evitando su mirada.
Terminamos nuestra comida en un incómodo silencio.
—Estuvo delicioso, agradece a tu amiga de mi parte— dijo rompiendo el silencio. Coloco su cabeza sobre mi hombro y continuó —Toma el primer libro que veas y léelo en voz alta para ambos.
Me molesta que esté evadiendo el tema, pero le hice caso de todos modos. Estiré el brazo lo más que pude para alcanzar un libro al azar. Tomé un libro gordo y viejo, con la cubierta verde desgastada y las paginas amarillentas por los años transcurridos. Era un libro referente a las viejas creencias occidentales, lo hojeé con aburrimiento hasta que encontrara un tema de interés para mi. Mi atención se sintió atraída por el tema de un capítulo en particular, la reencarnación. Comencé a leer ese capítulo en voz alta, a medida que la lectura iba avanzando, me imaginaba lo que podría haber sido tener una vida pasada y lo interesante que sería poder recordarla.
—¿Acaso hay que ponerse un aviso de neón en la frente para que veas lo que es obvio?— reclamó interrumpiendo la lectura.
Cerré el libro y lo puse a un lado.
—Es solo que...— me detuve al no saber cómo continuar.
Abrí y cerré la boca unas cuantas veces, pero no pude articular ninguna palabra. Las lágrimas comenzaron a arder en mis ojos, pero me rehusé a dejarlas salir.
—Eres un caso— me susurró al oído.
Colocó una mano en mi mejilla y giró mi rostro. Quedamos cara a cara, el negro y el jade se fundían al juntarse por nuestras intensas miradas. Me dio un suave beso en los labios, transmitiendo todo lo que no podía decir con palabras. Me embriagó la felicidad, al fin mis esfuerzos habían dado frutos.
—Te quiero— susurré contra sus labios.
—Sakura... Gracias— respondió.
Me dio un corto beso en los labios y luego se desvió hacia mi mejilla, haciéndose un camino de besos hasta el inicio del cuello de mi camisa escolar. Unos gemidos involuntarios salían de mi garganta.
—Sasuke-kun, ¿Tú crees en la reencarnación?— pregunté recordando lo que acababa de leer.
—Lo que yo crea o no, es irrelevante— respondió sin dejar de repartir besos desde la barbilla hasta el cuello.
—¿Entonces piensas qué puede ser posible?— cuestioné de nuevo, antes de caer en el hechizo de sus besos y perder por completo la concentración.
—Me gusta pensar que si de verdad así fuera, entonces en mi vida anterior fui un ninja. Me gustan las historias sobre los ninjas— dijo pensativo —Tal vez fui uno bueno o uno malo, no lo sé.
Entonces me besó, un beso más intenso que el anterior.
—Apuesto que hubieras sido el mejor— admití.
Él sonrió de lado y dijo.
—Tú siempre viendo lo bueno de mí, no soy tan buena persona como piensas, Sakura.
—Te equivocas— susurré sentándome en sus piernas, dejando las mías a cada lado de su cuerpo —Eres mejor de lo que piensas. Siempre has puesto tus manos al fuego por mí, a pesar de que me considerabas una molestia.
—Sigues siendo molesta— añadió con diversión.
Pasé mis brazos alrededor de su cuello y lo atraje a mí de nuevo, para otra delirante ronda de besos. Nuestras lenguas se juntaban en una sensual danza sin fin. Él rodeó mi cintura y yo por instinto me pegué más a su cuerpo.
—Sakura, no te muevas— pidió con voz ronca —O harás que pierda el poco de autocontrol que me queda.
Solté una risita nerviosa y dejé de moverme. Me fijé en sus ojos, aquellos pozos negros tan profundos que me hundían en ellos poco a poco. Quiero ver que hay debajo de esas gafas, antes era simple curiosidad, ahora es una necesidad creciente en mi interior. Levanté mis manos y toqué con suavidad la montura negra de sus gafas, pidiendo permiso para continuar.
—Deseas ver lo que hay detrás, ¿no es así?— interrogó —¿Es tan importante para ti?
Él y su manía de agarrarme con la guardia baja, casi siempre sabe lo que pasa en mi cabeza, pero yo nunca sé lo que pasa por la suya.
—Si no quieres, no hay problema— añadí fingiendo desinterés.
—Mientes, ansías que te dé permiso para quitarme las gafas, ¿Acaso lo que ves no es suficiente?— sonó molesto, pero acaricié su rostro para tranquilizarlo.
—Es cierto que ansío ver lo que hay debajo— acepté. Su ceño se frunció ligeramente —Sin embargo, yo me enamoré de ti aún sin saber qué hay detrás de esas gafas. Para mí serás atractivo, con o sin ellas.
—Quítamelas— ordenó con suavidad —Quiero que seas la primera persona que vea mi verdadero rostro porque yo quise que así fuera, no por accidente o porque me conocen de toda una vida.
Verifiqué que no hubiera curiosos escondidos en las mesas o detrás de los libreros, bajo la atenta mirada de Sasuke. Con las manos temblorosas por mi propia ansiedad, le quité las gafas y las puse en el suelo, justo a un lado del libro que llevaba en mis manos hace un rato. Quise tomarme mi tiempo antes de levantar la mirada, pero él me tomó por el mentón y me obligó a mirarlo a los ojos. Jamás en mis diecisiete años de vida había visto nada tan perfecto, su rostro es más hermoso de lo que imaginé. Sus facciones resultan ser masculinas y al mismo tiempo delicadas, dándole ese toque de elegancia que lo caracteriza. Nariz respingada, cejas finas y delgados labios, y sus atrayentes ojos parecen ser más profundos sin ese cristal de aumento de por medio. Su cabello rebelde le dan ese aire a chico malo, por el que cualquier mujer se volvería loca. Ahora entiendo su empeño por mantenerse oculto detrás de sus enormes gafas, no quería tener que enfrentarse a lo mismo que su hermano. No le agrada la idea de tener un ejército de descerebradas siguiéndoles todo el día para pedirle que saliera con ellas o tener un puto club de fans como el que tenía Itachi.
—Eres realmente hermoso— susurré turbada por tanta belleza.
Una sonrisa arrogante salió de sus labios, mostrando sus blancos y perfectos dientes.
—Salgamos de aquí— sugirió —Sawako-san podría venir en cualquier momento a vigilarte. Además, si sigues mirándome de esa forma, no responderé por mis acciones.
¿Y cómo no quiere que lo mire así? Es absolutamente precioso y quiero disfrutar de la vista. No quiero irme y él tampoco quiere hacerlo. Besé cada una de sus facciones queriendo grabarlo en mi memoria. Su frente, sus párpados, su nariz, ambas mejillas y finalmente su boca. Mordió mi labio inferior y su lengua invadió mi cavidad bucal. El tiempo parecía ir más lento cada vez que nos concentrábamos en la boca del otro. Nos separamos por falta de aire, un hilillo de baba colgaba del labio inferior de cada uno.
—¿Qué somos?— pregunté.
Él arqueó una ceja incrédulo, pero igual se preparó para contestar.
—¿Qué quieres tú que seamos?— debatió —¿Acaso quieres que sea tu Valentín, Sa-ku-ra?— susurró contra mis labios.
Abrí los ojos con asombro y lo empujé de los hombros para ver su sonrisa burlona.
—¿Acaso tú...?— puso un dedo en mis labios para silenciarme.
—Me gustaron, aún no entiendo cómo supiste de mi aberración por las cosas dulces.
—Yo creí que... Yo creí que los había perdido— dije incrédula.
—Se cayeron de tu falda, técnicamente perdiste los chocolates— reflexionó.
—No debiste haberlos abierto— reproché estúpidamente.
—¿Por qué no? Eran míos, en la dedicatoria se leía Uchiha Sasuke— apretó el agarre de mi cintura, volviendo a recortar la distancia que había puesto —Espero que vuelvas a hacer otros, y entonces entregarlos en persona, ¿vale?
—Vale— acepté juntando nuestras frentes —Quiero que seas mi novio, ¿Lo aceptas?
—Si no lo aceptara, no te habría besado y no te habría preguntado lo que tú querías— comentó seductoramente sobre mis labios.
—Entonces, soy tu novia— declaré, para luego sellar el pacto con un beso.
Mi corazón estaba satisfecho. Sentía tranquilidad, reciprocidad, paz. Todo parecía tan irreal, que si no fuera por el firme agarre que él mantiene en mi cintura, pensaría que aún estoy en mi habitación delirando por la fiebre. Pero mi corazón también se siente intranquilo, porque ahora todo está como debería ser. Pero, ¿qué pasará después? Llegará el momento en que Sasuke se entere de la verdad de mi pasado, y no dejo de preguntarme sobre cuál sería su reacción. Me aferraré a las palabras de Karin y esperaré que él lo tome mejor de lo que yo misma lo tomaría. Después de todo, hacerle caso siempre me ha resultado bien. Solo me queda disfrutar de este amor que florece cada día más en mi interior y esperar que en el futuro todo sea simple felicidad.
¿Qué les ha parecido? El momento esperado por todos ha llegado al fin, estoy segura que más de una pensó que este capítulo estaría lleno de zukunlecia por el titulo, pero ya vieron que no fue así. Se revelaron algunas cosas más sobre el pasado de Sakura. Y Sasuke al fin salió de su coraza.
Espero que se tomen la molestia de dejarme sus opiniones en un review, por allí leí que un review hace a un escritor feliz. No hay nada más cierto que eso.
Nos leemos en el próximo capítulo, Hasta la próxima.
EAUchiha
