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Habían pasado los años. Altaïr había perdido a su padre a los once años y se alejó emocionalmente de su tío Tazim para quedar bajo la tutela de Al Mualim. Malik y Kadar perdieron a sus padres en una epidemia apenas un año después y ambos pasaron a la casa del médico como última petición de su padre.
Altaïr salvó al Mentor de un ataque Templario y se convirtió en un Maestro a los veinticuatro años, el más joven de todos los tiempos.
Si antes era una persona seria y objetiva, dedicado enteramente a la Hermandad por la que murió su padre, después de ese ascenso se volvió rebelde, confiado, exigente, impetuoso, arrogante, egoísta e impaciente.
Malik y Kadar fueron los únicos en ver el cambio en su padre adoptivo. Tazim se volvió aun más silencioso. Sus sonrisas eran cada vez más distantes y tristes. Cada vez que el Maestro Hashashin llegaba con alguna herida siempre designaba a uno de sus aprendices a tratarle.
-¿Estás bien, tío?
Los hermanos habían empezado a llamarle así un año después de empezar a quedarse con él. Tazim sonrió ligeramente a Kadar, quien estaba en su descanso del entrenamiento.
-Por supuesto. Malik, como un Hashashin completo, se pasaba su mucho tiempo libre en el laboratorio, estudiando y leyendo, así que estaba presente.
-No lo pareces.
Tazim rió.
-Me hago viejo, chicos. Últimamente no hago más que pensar en qué fallé al criar a Altaïr para que ahora sea como es. Creo que ha olvidado los motivos por los que lucha y todo lo que su padre le enseñó.
-¿No vas a recordárselo?
El médico negó.
-No serviría de nada. Algunos golpes, por otro lado...
Malik sonrió en secreto. Más de una vez había fantaseado con bajarle los humos al Maestro de esa forma. Él seguía siendo el único capaz de derrotarle en un combate de espadas, no por nada su apellido era Al-Sayf.
-¿Por qué no?
-Al Mualim le vigila de cerca. Ya tenemos suficiente enemistad, algo más en su contra y es capaz de expulsarme.
-No llegaría a tanto.
-Entonces no conocéis al verdadero Al Mualim.
En ese momento llegó un novicio con órdenes del Mentor de que Kadar y Malik debían ir a una misión a Jerusalén junto a Altaïr. No por primera vez, Tazim se despidió de sus hijos adoptivos en las puertas de los riscos. Altaïr, ya sobre su caballo, intentó ignorar por completo la escena que había visto desde lejos incontables veces, apagando la llamarada de celos y envidia de su interior. Sabía que se había alejado de su tío, el hombre que estuvo a su lado toda su infancia, pero no sabía cómo arreglar las cosas. Pero al no mirar ignoró la mirada dolida que tenía Tazim.
-Que Allah os proteja.
Pero esa vez se quedó en las puertas hasta que les vio desaparecer tras el primer giro del camino. En cuanto eso pasó, llamó a un novicio.
-¿Hakim?
-Reúne a todos los médicos de Masyaf frente a mi casa lo antes posible.
-Sí, hakim.
El chico salió corriendo. Tazim fue detrás de él a un ritmo tranquilo y determinado que no revelaba sus casi sesenta años de edad.
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Los médicos que habían aprendido de Tazim le conocían bien. Sabían que sus movimientos en una operación eran suaves y precisos. Pero en la operación del brazo de Malik su mirada destellaba furia e ira. Un joven mensajero, en realidad uno de los últimos aprendices de médico, entró y murmuró algo al oído de Tazim.
-Tráelo, sin excusas.
-Sí, hakim.
El aprendiz regresó pocos minutos después con un infeliz Altaïr. Justo a tiempo de escuchar un grito de dolor de Malik.
-¡Sujetadle!
Los médicos que le asistían se apresuraron a obedecer mientras suturaba una vena abierta en el brazo. Debía hacerlo si quería cerrar la enorme herida infectada sin necesidad de cercenar el brazo completo. En la periferia notó que Altaïr iba a salir, más pálido que nunca.
-Si das un paso fuera de la habitación, novicio, sabrás lo que es el verdadero infierno-Altaïr se detuvo, no reconociendo en un primer momento a quién pertenecía esa voz. Pero después la asoció con Tazim, su única familia. Nunca había escuchado ese tono duro y frío-. ¿Las agujas están calientes?
Un médico pasó a las largas agujas metálicas al rojo que cauterizaron algunas de las venas más grandes. Luego pudo proceder a coser la herida mayor con puntadas apretadas y uniformes. Muchos de los que estaban alrededor rezaron por tener ese pulso algún día. Rodeó la herida con una venda bien prieta antes de levantarse para lavarse las manos y volver a ponerse el dedal en el anular cercenado, sujetándolo con cadenas a la pulsera que siempre llevaba.
Dio algunas órdenes rápidas, solo por tranquilizarse a sí mismo, antes de salir de la habitación hacia la siguiente donde recolocó un hueso de la pierna. Y luego a la siguiente, donde tuvo que cercenar una mano aplastada. Altaïr le siguió en todos sus pasos, sin decir ni una sola palabra. Intentaba conciliar el médico que tenía delante con el amable y paciente hombre que le había criado.
Le era imposible.
Hacia media tarde le siguió al cementerio, donde un grupo estaba cavando tumbas.
-Únete a ellos hasta que yo vuelva-la mirada de Tazim, una vez cálida y amable, era fría y llena de ira-. No descansarás hasta que comprendas el alcance de lo que has causado.
Altaïr se atrevió a hablar por primera vez.
-El Mentor...
-No me importa lo que Rashid haya dicho. ¿Ahora obedecerás como el novicio que eres?
Altaïr retrocedió físicamente y bajó la cabeza. Sentía que el último vínculo con su infancia se había roto.
-Sí, hakim.
Tazim se fue con pasos rápidos y el vuelo de su túnica de médico al viento.
– O –
Malik se despertó en una bruma inducida por opio con el sonido de una pluma escribiendo cerca de su cabeza. No necesitó mirar para saber que era Tazim. Su presencia era cálida y reconfortante.
-¿Tío?-Tazim estaba de inmediato a su lado, con la expresión preocupada-. No fue un sueño, ¿verdad?
-No. Lo siento, Malik.
Malik estaba tan dolido por todo que no podía llorar.
-No fue tu culpa.
-En cierto modo sí. Si hubiera cortado de raíz la actitud de Altaïr, esto nunca hubiera pasado.
-No podrías haberlo sabido.
Tazim frunció los labios.
-Descansa. Pude salvar tu brazo, pero no volverás a ser el mismo.
-Nadie lo será.
Malik cerró los ojos y se dejó llevar por el opio. Solo entonces, Altaïr, quien había estado dormitando en la esquina del laboratorio, respiró.
Entendía el motivo por el que había estado ayudando a sanar a los heridos y enterrar a los muertos, pero no fue hasta ese momento exacto en el que supo la verdad tras el castigo. Tazim quería que comprendiera lo que había causado.
El médico volvió a escribir lo que estaba preparando antes de ponerse en pie.
-Vamos. Con suerte llegaremos al amanecer.
El destino que Tazim tenía en mente era un campamento adelantado de los Templarios. Los guardias se pusieron tensos al verles acercarse, pero no atacaron.
-Maestro Tazim.
-Tengo un mensaje para vuestro superior, el hombre que lideró el ataque a Masyaf-entregó la carta a uno de ellos-. Que llegue lo antes posible, por favor.
-Así se hará.
El hombre cogió la carta y la guardó con cuidado, permitiendo que ambos Hashashins regresaran a la fortaleza.
-¿Les conoces?
-Cuidado con lo que preguntas, Altaïr-Tazim hizo una pausa breve-. Mientras tu Mentor y el líder Templario juegan en blanco y negro, yo me muevo en la enorme gama de grises entre ambos. A lo largo de todos mis años he ganado lealtades en ambos bandos y puedo decidir qué información debe desaparecer para salvar a la mayor cantidad de inocentes posible. Pero no toda la información llega a tiempo Frenó el paso de su yegua para mirar con seriedad a Altaïr.
»Tres veces pude detener un ataque a Masyaf y tres veces he fallado. En el primero perdí a mi hermano y en el segundo a mi sobrino-Altaïr fue a hablar, pero Tazim le detuvo alzando la mano-. No, sabes que es verdad. Entre tú y yo ya no queda ninguna relación. Ambos nos hemos asegurado de ello. En el tercer ataque he perdido a uno de mis hijos y el otro aun está en el borde entre la vida y la muerte.
»Puedes haber sido un Maestro, pero tu actitud es la de un novicio. Te burlas de los que han muerto bajo tu hoja y te jactas de tu habilidad. Un Hashashin no se distingue por las masacres que ha hecho, sino por las razones que tuvo para lograrlas. Esa era la idea que tu padre y yo hemos intentado enseñarte. La Hermandad delante de uno mismo.
Su mirada se endureció.
»Has causado mucho dolor, Altaïr, y dudo que mi castigo haya servido de algo, así que vete. Ve a cumplir la misión que restaurará tu honor. Y no vuelvas a buscarme por ningún motivo, sería capaz de matarte con mis propias manos.
Tiró de las riendas de la yegua y la puso al trote, dejando atrás a un aturdido Altaïr. Él se frotó la cara con frustración.
-¿Qué he hecho?
Se quedó quieto un momento más antes de girar a su caballo hacia Damasco. A cada paso que daba se iba alejando cada vez más de su pasado. Había dañado a la única persona que realmente le quiso además de su padre. Por primera vez en mucho tiempo, recordó los días en los que Umar y Tazim jugaban con él. No había pensado en esos tiempos desde que empezó el entrenamiento bajo Al Mualim y la mayor parte de las veces se centraba en la muerte de su padre.
Allah... ¿Qué diría su padre si pudiera verle? Él había dado su vida para salvar la de su compañero y Altaïr había sacrificado a muchos de ellos con su propio orgullo. Cuarenta y siete tumbas de Hashashins que no volverán con sus familias. Entre todo el dolor y vergüenza que cubría su alma, encontró la determinación de redimirse antes de encontrarse con su padre. Y hacer todo lo posible para poder volver a mirar a su tío a los ojos. Eso último iba a ser lo más difícil. No solo había causado la muerte directa de Kadar, sino que Malik no volvería a ser un Hashashin. Los hermanos Al-Sayf se convirtieron en los hijos de Tazim, más cercanos que él mismo.
Sacudió la cabeza para borrar esos pensamientos. Debía empezar por el primero de los nueve nombres que Al Mualim le había encargado.
Como último pensamiento, supo que nueve vidas nunca serían suficientes para reparar lo que había hecho.
