Dos nombres habían sido tachados, uno en Damasco y otro en Acre. Y su próximo objetivo estaba en Jerusalén. Estaba aterrorizado. En Masyaf había escuchado que Malik era el nuevo rafiq del bureau de la Ciudad Santa. Y si Malik estaba allí, era probable que Tazim también, no le había visto en la fortaleza.
Cuando llegó al techo con el símbolo de la Hermandad se detuvo, espantando a algunas palomas. Escuchaba el leve sonido de pequeñas campanas disonantes y olía el incienso que siempre había asociado con el laboratorio de Tazim. En una esquina del enrejado vio el móvil de campanas de bronce, moviéndose con el viento. Un ligero hilo de humo salía desde la puerta al interior.
Respiró hondo antes de dejarse caer. No podía atrasarlo más.
Malik estaba tras el escritorio, con algunos bocetos de calles y casas y una redoma de tinta. La pluma afilada fue elevada con rapidez, al mismo tiempo que su mirada oscura se centraba en él. Llevaba la túnica azul de rafiq sobre la blanca de Hashashin. El brazo izquierdo estaba apretado contra su vientre, sujetando el cinturón rojo buscando más apoyo.
Altaïr sintió un escalofrío y bajó la mirada al suelo, ocultando su rostro en las sombras de su capucha.
-La paz sea contigo, Malik.
-Tu presencia me acaba de privar de ella-su tono era amargo y frío-. ¿Qué quieres?
Altaïr hizo un esfuerzo por no retroceder físicamente.
-Al Mualim me ha pedido...
Malik le cortó.
-Alguna tarea humillante para que puedas redimirte con ella. Venga suéltalo.
-Muy bien, esto es lo que sé. Talâl trafica con seres humanos. Secuestra ciudadanos en Jerusalén y los vende como esclavos. Su base es un almacén situado en la barbacana, al norte de aquí. Ahora mismo está organizando una caravana. Le atacaré mientras inspecciona la mercancía. Si logro eludir a sus hombres, el propio Talâl será pan comido.
El rafiq le dedicó una sonrisa cruel.
-Juego de niños. Hay que ver qué arrogancia.
-¿Has terminado? ¿Te ha satisfecho la información?
-No, pero tendrá que servir-sacó una pluma blanca de debajo del mostrador. A cualquier otro Hashashin se le entregaba en la mano, pero para Altaïr la dejó sobre la mesa-. Duerme, descansa, llora en un rincón. Haz lo que quieras para preparar tu misión, pero al menos hazlo en silencio.
Volvió a coger la pluma de escritura y revolvió algunos papeles para encontrar el adecuado. Altaïr salió de inmediato al estrecho patio con la fuente en la pared. Se estaba asfixiando con el incienso y sus ojos ardían por las emociones que le inundaban.
Las manos le temblaban cuando se quitó la espada de la cintura para sentarse en los cojines. Se permitiría una hora, ni un minuto más.
Levantó la mirada hacia el móvil de campanas. En el centro tenía la esfera de la calavera de águila de Tazim, que reflejaba la luz en pequeñísimos puntos por todo el espacio. Estaba sujeto en una especie de jaula de cuerda de la que colgaba la más grande de las campanas de bronce. Sobre la esfera se cruzaban dos varillas de metal de que colgaban en equilibrio. En cada extremo de cada varilla había otra perpendicular, más corta. De esas segundas varillas colgaban ocho campanas y una más en cada cruce, más bajas.
Con la visión del águila, los colores en la niebla, pudo ver líneas doradas escritas en los bordes de las campanas azules. Estaba demasiado lejos como para ver qué ponía, pero no creía que estuviera en árabe.
Un aprendiz aterrizó torpemente en el patio y entró en la habitación.
-Rafiq, mensaje urgente.
Altaïr vio la sonrisa de Malik cuando abrió el sello de cera. Leyó las palabras casi con reverencia antes de sacar su propio trozo de pergamino, escribir su propia carta y sellarlo con su propio sello.
-A mi padre, Hamid. Y rápido.
-Sí, rafiq.
El aprendiz volvió a salir escalando por la pared. Malik volvió a leer la carta antes de doblarla y guardarla en una caja de la estantería. Regresó a su mapa, apoyándose por un momento en el brazo izquierdo. Este cedió bajo el peso de su cuerpo y Malik maldijo en voz baja.
Altaïr decidió que no necesitaba un descanso. Ya había visto suficiente.
