El tiempo siguió pasando. Altaïr apenas se quedaba en Masyaf, aterrorizado por los fantasmas que veía en los ojos de las personas y lo que estaba descubriendo sobre el décimo hombre.
Su segundo viaje a Jerusalén fue igual de horrible, salvo por el hecho de que el brazo de Malik parecía más fuerte. Se detuvo al escuchar las campanas al viento y oler el incienso en el ambiente alrededor del Bureau. Cayó con un gesto elegante y apretó los puños al entrar en la habitación.
-¿Qué me traes, novicio?
La voz de Malik no tenía el borde afilado de la vez anterior, pero sí la amargura. Parecía que el mapa en el que estaba trabajando iba avanzando. Lo tenía extendido en el escritorio con varios instrumentos de medición y una brújula. Incluso en sus trazos más básicos, Altaïr reconoció Jerusalén.
-No soy un novicio.
-La destreza de un hombre se mide en sus actos, no en las marcas de su ropa.
El dolor estalló en el pecho de Altaïr. Le recordaba a las últimas palabras que había escuchado de Tazim.
-Podemos insultarnos o hacer lo que Al Mualim ordena, tú decides.
Malik soltó la pluma en el tintero y le miró con sus ojos oscuros antes de buscar algo de debajo de la mesa.
-De acuerdo, habla.
Sacó el libro donde anotaba la información que reunían sus contactos.
-El regente de Jerusalén, Majd Addin, va a celebrar una ejecución no muy lejos de aquí. Estará bien protegido, pero puedo ocuparme de él. Sé cómo actuar.
-Por eso sigues siendo un novicio ante mis ojos. No puedes saber nada, solo sospechar. Debes presuponer que te equivocas o que has pasado algo por alto. Anticipación, Altaïr. Cuántas veces tengo que repetirlo.
De hecho era una lección que ambos habían aprendido de Tazim a los nueve y ocho años. Altaïr obligó a esos recuerdos a volver al olvido. No soportaba recordar la sonrisa amable del médico.
-Lo que tú digas. ¿Has terminado?
-Aun no. Una cosa más. Uno de los que va a ajusticiar es de los nuestros, un hermano. Al Mualim quiere que lo salvemos. No te preocupes por el rescate en sí, mis hombres se encargarán. Pero asegúrate de que Majd Addin no acaba con su vida.
-No le daré ese placer.
-Eso espero.
Malik dejó una pluma blanca sobre el escritorio. Altaïr la recogió y salió al patio.
Algo sí había cambiado. Cerró los ojos para analizarlo. ¿Sería que sus fantasmas se alejaban cuando estaba allí?
Los abrió de nuevo cuando el viento movió las campanas y descubrió a Malik en la puerta también mirando la esfera de la calavera. Su expresión era indescifrable. Volvió adentro casi de inmediato.
Altaïr cerró los ojos de nuevo y se dejó llevar por los recuerdos de su infancia hacia una siesta corta.
-Tío Tazim.
Su tío, por primera vez desde que tenía memoria, estaba enfermo. Muchas de las familias del pueblo se habían pasado por la casa para ver si podían ayudar en algo. Al menos su padre no tendría que cocinar con toda la comida que les habían ofrecido, Altaïr estaba seguro de que su tío enfermaría más.
Tazim levantó la mirada del libro que estaba leyendo para distraerse. Tenía la nariz roja y los ojos algo brillantes por la fiebre.
-¿Sí, Altaïr?
-Malik ha venido.
El mayor de los hermanos Al-Sayf entró justo a tiempo de escuchar el mayor estornudo de su vida. Se aferró al libro que llevaba. Un instante después los dos chicos estallaron en risas.
-Sí, eso, reíros de mi miseria... Menudo día...
Malik se sentó en una silla junto a la cama.
-Pensé que te aburrirías y te traigo un libro.
-Eso es encantador, Malik-cogió el libro que le tendía y leyó el título-. ¿En normando?
-Padre me lo trajo de su último viaje a Acre. Dice que es para ayudarme con mis estudios, pero eres el único que habla normando.
-Bueno, ciertamente es útil en algunas ocasiones. Pero la mayoría de los Cruzados vienen de Inglaterra, donde hablan anglosajón-leyó rápidamente para sí la primera página-. Parecen mitos griegos.
-¿Más?
Tazim miró con humor a su sobrino de diez años.
-Se pueden aprender muchas cosas de los mitos.
-¿Como qué?
Tazim indicó a Altaïr se que sentara a los pies de la cama y dejó el libro a un lado.
-Os contaré una historia que no he visto escrita, pero que me contó uno de mis profesores en Ishbiliya.
Los chicos se sentaron emocionados, hacía mucho que Tazim había dejado de contar historias.
»Hace mucho tiempo, en la isla de Creta, el rey Minos había hecho construir un laberinto donde encerrar al hijo de su esposa Pasífae y un toro.
-¿Cómo pueden una mujer y un toro reproducirse?
Malik respondió al instante, conocía esa historia.
-Minos había pedido la ayuda de Poseidón para convertirse en rey de Creta y el dios envió un toro blanco que le ayudaría en su reclamo del trono. Minos prometió sacrificarlo en nombre de Poseidón, pero acabó escondiéndolo en su rebaño y matando a otro diferente. Poseidón se enfadó y lanzó un hechizo a Pasífae para que quisiera aparearse con el animal. El constructor Dédalo la ayudó a hacerlo y de esa unión nació el Minotauro, mitad hombre mitad toro.
-Bien dicho, Malik.
-Sigue sin tener sentido.
-Es un mito, Altaïr, creado para explicar lo que no puede ser explicado. No podemos buscar sentido a cada parte. ¿Puedo seguir?
-Sí, por favor.
-Como iba diciendo, en Creta se construyó un laberinto donde se encerró al Minotauro. El rey no quería que nadie supiera cómo entrar, así que hizo que el constructor, Dédalo, fuera encerrado en una torre junto a su hijo Ícaro.
-Eso es horrible.
-Bueno, cuando eres el rey de una isla puedes hacer lo que quieras.
Malik y Altaïr rieron ligeramente. En ese mismo momento entró Umar con una taza del té medicinal que Tazim preparaba habitualmente.
-Te estoy escuchando hablar y pensé que esto ayudaría.
-Gracias, hermano-Tazim bebió un sorbo y sonrió agradecido. Los chicos se sintieron un poco culpables por obligarle a hablar cuando estaba enfermo.
-¿Qué les estás contando?
-El mito de Ícaro.
-Recuerdo que nos lo contaste la noche anterior al juramento. ¿Quieres que siga yo?
-Por favor.
Umar se sentó junto a su hijo y sonrió amablemente a Malik.
-¿Hasta dónde os ha contado?
-Minos ha encerrado a Dédalo e Ícaro en una torre.
-De acuerdo. A ver que recuerde... Dédalo, como era un gran inventor y sabía que Minos controlaba el agua y la tierra, pensó en escapar por el aire. Estudió a unas gaviotas que tenían su nido en la torre y creó unas alas con plumas sueltas y cera.
»Antes de escapar le dijo a Ícaro que no volara muy bajo porque el agua mojaría las plumas y se volverían pesadas ni tampoco muy alto, porque el calor del sol derretiría la cera. Ambos volaron y huyeron de Creta, surcando el cielo con las demás aves.
»Pero Ícaro, eufórico, decidió volar más alto que nadie. Y el sol derritió la cera de las alas, haciéndole caer al mar sin poder detenerse.
Altaïr frunció el ceño.
-¿Y ya está? ¿Para qué contar la historia de un chico que cae al mar?
-Para enseñar a otros chicos que no deben querer elevarse sobre los demás por algo que no ha sido hecho por sí mismos. Cada uno destaca por sus propias cualidades y a su propio momento.
Se escuchó la voz de uno de los médicos de la fortaleza en el exterior y Tazim murmuró por lo bajo en normando, haciendo reír a Umar.
-No es agradable estar al otro lado de la medicina, ¿verdad?
-Soy un mal paciente.
Malik se quedó hasta tarde, distraído por las muchas historias de Tazim. Fue la primera de muchas tardes en las que se forjó la tentativa amistad entre ambos jóvenes.
Altaïr abrió los ojos repentinamente alerta. Ícaro. Él era Ícaro cayendo desde el cielo, rodeado de las plumas que una vez le sostuvieron en lo alto. Pero él ya había llegado al océano y no había muerto.
Se juró que volvería a subir más alto que antes.
– O –
Altaïr regresó al Bureau con la pluma manchada de sangre y una herida en el brazo. Eso último no le importaba. Estaba preocupado por el Hashashin que había salvado.
Se dejó caer por la reja. Sacó la pluma para mostrársela a Malik.
-Jerusalén necesita otro líder.
Malik ni siquiera levantó la mirada del mapa.
-Eso me han dicho.
-¿Qué sucede? ¿No hay palabras de sabiduría? Tal vez he fracasado de forma estrepitosa.
El rafiq dejó la pluma y habló con calma.
-Simplemente has actuado como un Hashashin. Ni más ni menos. El hecho de que esperes alabanzas por cumplir con tu deber me preocupa.
-Veo que todo lo que hago te preocupa.
Malik volvió a coger la pluma y se apoyó en el brazo izquierdo para mirar el mapa más de cerca.
-Medita sobre ello, pero hazlo de camino a Masyaf. Tu labor aquí ha concluido.
Altaïr fue a decir algo más, pero se lo pensó mejor. Dejó la pluma en un rincón de la mesa y salió al patio. Pero cuando fue a alzar el brazo, la herida se estiró con dolor. Decidió vendársela para poder volver a Masyaf.
Justo cuando iba a rasgar el bajo de su túnica una mano apareció en su brazo. Malik miró la herida en silencio a través de la túnica.
-Ropa fuera.
Obedeció mientras el rafiq volvía dentro. Reapareció con una venda y un cuenco con una pasta de hierbas que Altaïr reconoció al instante como uno de los remedios de Tazim. Picó cuando se aplicó en la herida. La venda fue puesta con fuerza. Altaïr volvió a vestirse y se fue sin decir una palabra. No es que Malik buscara alguna.
