La tercera visita a Jerusalén fue determinada. Había descubierto mucho sobre lo que pensaban sus enemigos. Todos buscaban con diferentes métodos el mismo objetivo, la paz. Pero para los Templarios era controlar a todos y para los Hashashins era la libertad de cada individuo.

Era una dualidad interesante...

-Veo que el aura del éxito te rodea, hermano.

Altaïr se detuvo en seco al escuchar ese apelativo. Y luego reflexionó las palabras. Se sentía... exitoso, de hecho, pero también humilde. ¿Había derrotado a sus fantasmas?

-Sé los pasos del enemigo.

Malik le miró por un momento antes de sacar el libro de registros.

-Comparte tu información, veamos qué se puede hacer con ella.

-Roberto y sus Templarios están aquí. Han venido a dar su último adiós a Majd Addin. Asistirán a su funeral, así que yo también.

-¿Qué hacen unos Templarios en ese funeral?

-Aun tengo que descubrir qué intenciones tienen, pero haré que confiesen. Los ciudadanos están divididos. Muchos quieren matarlos, pero otros creen que han venido a parlamentar, a firmar la paz.

Malik alzó la mirada del libro abierto.

-¿La paz?

-Así es. Las otras víctimas me dijeron eso mismo.

-Pero serían nuestros aliados. Y los estamos matando.

-No te equivoques, no somos como esos hombres. Su meta parece noble, pero los medios que usan no lo son. A menos, eso es lo que me dijo Al Mualim.

Y estaba empezando a dudar de sus palabras.

-¿Cuál es tu plan?

-Asistir al funeral y enfrentarme a Roberto.

-Cuando antes mejor-sostuvo la pluma en el aire y Altaïr dudó un momento antes de cogerla-. Que la fortuna guíe tu acero, hermano.

Hubo un momento de silencio, solo roto por el sonido de las campanas de metal del móvil del patio.

-Malik, antes de irme quiero decirte algo.

-Te escucho.

Y de hecho lo hacía. Estaba ignorando el mapa al que daba los últimos detalles antes de darlo por concluido. Estaba ignorando las cartas que seguramente tenía pendientes.

Altaïr respiró hondo. Había llegado el momento que más temía.

-He sido un necio.

Malik ladeó la cabeza confundido.

-Normalmente no te lo discutiría, pero dime, ¿de qué me hablas?

-De que aun no te he pedido perdón. Mi maldito orgullo... Perdiste tu posición por mi culpa y perdiste a Kadar. Tienes derecho a odiarme.

De nuevo las campanillas llenaron el silencio.

-No acepto tus disculpas.

Altaïr bajó la cabeza. Había dolido más de lo que esperaba.

-Lo entiendo.

Fue a irse, no queriendo prolongar más el momento, pero Malik siguió hablando.

-No, no es eso. No acepto tus disculpas porque ya no eres el mismo hombre que entró conmigo al Templo de Salomón. Así que no tienes porqué pedirme perdón.

Un peso que Altaïr no sabía que soportaba sobre los hombros se levantó. Por ser perdonado y por tener la seguridad que no era el mismo chico que cometió tantos errores. Pero aun le quedaba mucho camino que recorrer para poder situarse fuente a Tazim y rogar perdón.

-Malik...

-Tal ves si no te hubiese tenido tanta envidia, yo habría tenido más cuidado. Tengo tanta culpa como tú.

El brillo en los ojos oscuros reflejaban sus propios fantasmas.

-No digas esas cosas.

-Somos uno. Igual que compartimos la gloria del éxito, debemos compartir el dolor de la derrota. Así estamos unidos y somos más fuertes.

A ellos les unía alguien más, pero Altaïr se negaba a hablar de eso todavía. Malik pareció notarlo, porque tampoco lo mencionó.

-Gracias, hermano.

-Descansa si quieres, Altaïr. Debes prepararte para lo que te espera.

Se tumbó de nuevo entre los cojines del patio. Miró el pomo de la espada. Tenía una cabeza de águila. Había pertenecido a su padre una vez.

Acababa de ser ascendido a Maestro Hashashin y por fin tenía un momento de paz en un rincón de los jardines. Se tensó al escuchar pasos y tensó el brazo para sacar la hoja oculta. Era Tazim.

Llevaba en las manos una espada envainada y una expresión neutra.

-Cuando tu padre murió, me dejó su espada para que te la diera cuando fuera necesario. Creo que es ese momento.

Le entregó la espada y se marchó sin una palabra más.

Esa debió ser la primera señal de que su relación se estaba resintiendo.

Deslizó el pulgar por el nombre escrito en la guarda. Maud. Según recordaba era el nombre de la hurí que le dio a luz. Pero había estado dudando durante muchos años de su procedencia divina. Aunque bien pensado eso explicaría su Visión de Águila.

Sinceramente, no sabía qué pensar. Sin darse cuenta, sus ojos se cerraron y quedó dormido.

– O –

Malik se mantuvo quieto en la puerta entre el patio y la habitación, mirando la reja cerrada y rezando porque todos ahí fuera estuvieran a salvo. Las campanas de la ciudadela dejaron de sonar y él volvió a abrir la reja. Enseguida se presentó uno de sus informantes habituales para darle un reporte rápido antes de volver a salir.

Altaïr se dejó caer pesadamente, para nada su forma habitual de moverse.

-Era una trampa.

-Dicen que el funeral se convirtió en un caos. ¿Qué ocurrió?

Malik le entregó un odre de agua al Hashashin y esperó a que recuperara el aliento. No tuvo que esperar mucho.

-Roberto de Sable no estaba allí. Ha enviado a otro en su lugar, me estaban esperando.

-Tienes que ver a Al Mualim.

-No hay tiempo. Ella me ha dicho dónde ha ido Roberto y cuál es su plan. Si vuelvo a Masyaf, logrará lo que quiere y nosotros podemos ser aniquilados.

Malik rodeó la mesa y revolvió los muchos papeles que la cubrían.

-Hemos matado a muchos de sus hombres. No puede organizar un ataque y...-el rafiq se detuvo-. Espera, ¿has dicho ella?

-Sí, era una mujer. Sé que es raro, pero ya hablaremos de ello. Debemos concentrarnos en Roberto. Hemos diezmados su filas, pero es muy astuto. Llevará su causa ante Ricardo y Salah Jadin para unirlos contra un enemigo común, contra nosotros.

-Seguro que te equivocas. Eso no tiene sentido. Esos dos hombres nunca...

Pero incluso mientras hablaba, la mente de Malik empezó a considerar esa posibilidad.

-Sí que se unirán. Y la culpa es nuestra. Los hombres que he matado pertenecían a los dos bandos y eran importantes para ambos. El plan de Roberto es ambicioso, pero tiene su lógica y puede funcionar.

Malik negó con la cabeza.

-Mira, hermano, las cosas han cambiado. Tienes que volver a Masyaf. No podemos actuar sin permiso del Mentor, ni comprometer a la Hermandad. Creía... creía que ya lo habías entendido.

Altaïr frunció el ceño y se quitó la capucha para poder mirarle correctamente.

-Deja de esconderte tras las palabras. Blandes el Credo y sus normas como un escudo. Él nos oculta cosas, cosas importantes. Tú eres quien me dijo que podemos saber nada, solo sospechar. Pues sospecho que en este asunto de los Templarios hay algo oscuro. Cuando acabe con Roberto iré a Masyaf para traer respuestas, pero quizás tú podrías ir antes.

Malik le miró a los ojos, sorprendido. Hacía años que Altaïr utilizaba su capucha como un escudo, ni siquiera se la quitaba en presencia de Al Mualim. Incluso había olvidado el extraño color dorado de sus ojos.

-No dejaré la ciudad.

-Entonces pregunta a la gente. A los que trabajan para los hombres que maté. Averigua lo que puedas. Dices que eres muy observador, quizás veas algo que se me ha pasado.

Malik miró de nuevo sus notas y cartas.

-No sé. Tengo que pensarlo.

Altaïr dio por buena esa respuesta.

-Haz lo que debas, amigo. Yo he de partir ya hacia Arsuf. A cada momento que pasa, nuestro enemigo me saca más ventaja.

Se dirigió a la salida, pero una mano en el bíceps le detuvo al ir a ponerse la capucha de nuevo. La expresión de Malik era... diferente.

-Ten cuidado, hermano.

Nunca supo muy bien porqué hizo lo que hizo, pero se inclinó y depositó un beso en los labios del rafiq.

-Lo tendré, lo prometo.

Se puso la capucha y escaló, corriendo por los tejados y las calles hacia las puertas. El tiempo era crucial, no podía permitirse pensar en sus sentimientos. Ya habría un momento más adecuado.