Había descubierto la traición de Al Mualim y sus planes para conquistar Tierra Santa. Había regresado a Masyaf en un borrón y visto lo que el Fruto provocaba en malas manos.

Había matado al Mentor.

Malik no se apartó de su lado desde que se le nombró nuevo Mentor y dio la orden de crear una pira. Tenían mucho de lo que hablar, pero había prioridades.

Un novicio llegó ante ellos.

-Mentor, Dai, he encontrado a hakim Tazim.

Los dos se miraron.

-Llévanos.

Les guió a... las celdas. Altaïr forzó la cerradura de la única cerrada y se quedó sin aliento. Tazim estaba en un rincón, recostado contra la pared. Un hilo de sangre salía de la comisura de sus labios y tenía un golpe en la mandíbula. Le habían despojado de su ropa hasta los pantalones, que estaban desgarrados. Señales de viejos latigazos sangrantes cubrían sus costados.

-Allah, no...

Corrió hacia él y le tomó el pulso como había aprendido de verle durante años. Seguía vivo, pero por muy poco.

Malik llamó de inmediato a los médicos para sacarlo, pero mientras llegaban Tazim abrió los ojos. Brillaban, seguramente por fiebre. Lo que daría por haber escuchado cuando intentaba enseñarle medicina cuando era niño...

-Hola, Mentor.

-No hables, tío. Debes mantener las fuerzas.

Tazim parpadeó lentamente. Hablaba muy despacio y de forma pastosa, como si le costara pronunciar.

-Te he visto nacer, niño. Y a tu padre. Y casi crié a tu abuelo. Viviré esto.

Siguió murmurando palabras en inglés y en un idioma que no reconoció. Los médicos llegaron con una camilla para trasladarlo. Todos se quedaron sin respiración al ver casi la treintena de latigazos que se entrecruzaban en su espalda, rasgando la piel. Era un milagro que siguiera vivo y consciente.

-Estaba delirando.

-La fiebre es muy alta y parece que las heridas se han infectado-el médico, Mirzam, dudó por un momento-. No sabemos si sobrevivirá.

-Haced lo que podáis.

El silencio era espeso en el patio conforme los médicos pasaban con el venerado médico que prácticamente los había criado a todos.

Las cosas sucedieron demasiado rápido después. Quemar el cuerpo de Rashid, correr para detener a Abbas... El poder del Fruto es demasiado para personas comunes.

Se pasó el resto de la noche velando a Tazim a la luz del mismo Fruto. Sabía que podía apagarlo, ya lo hizo dos veces, pero no funcionaba. Malik estaba dormido a sus espaldas, protegido del suave resplandor con su sombra.

El propio Tazim estaba tumbado bocabajo para no presionar las heridas en la espalda.

Altaïr decidió intentarlo una vez más, pero justo cuando lo tenía en la mano Tazim se removió inquieto. Se movió para poner la manta en su sitio y notó algo asombroso. Líneas azules empezaron a brillar en la piel de Tazim, unas líneas exactas a las del Fruto. Ante sus ojos las líneas fueron desapareciendo, al igual que las de la esfera dorada en su mano.

¿Qué era eso? ¿Quién era realmente Tazim? ¿Qué era Tazim? De repente los desvaríos empezaron a tener algo de sentido. Tazim estaba conectado al Fruto de alguna forma que no comprendía. Y guardaría el secreto hasta la tumba.

Volvió a dejar el Fruto sobre la mesa cuando Malik se removió.

-¿Se ha despertado?

-Aun no. Pero parece estar soñando-ambos miraron a Tazim-. Malik...

-No voy a preguntarte por lo que pasó cuando saliste.

Se miraron en la penumbra. Ahora que el Fruto estaba apagado, la única fuente de luz eran los primeros rayos del sol.

-Pero yo voy a responder-Altaïr respiró hondo-. Has sido mi guía mientras descubría la verdad sobre Rashid y la Hermandad. Apoyaste a Tazim cuando yo me alejé, demasiado perdido en el dolor de perder a mi padre y luego borracho por los elogios. Fuiste mi compañero de aventuras cuando era niño. Cada paso que he dado en mi vida ha sido contigo a mi lado. Me haces querer superarme como persona, ser mejor por mí y los demás. Soy una mejor persona gracias a ti. De lo que no estoy muy seguro es de porqué te besé, pero sí sé que quiero volver a hacerlo.

En esa ocasión fue Malik quien se acercó. El beso fue suave, lento y dulce. Un beso compartido en mitad de la noche como un secreto que nadie debía ver.

Un gemido les sobresaltó. Ambos miraron a Tazim, quien luchaba por abrir los ojos. Malik se arrodilló junto a la cama. Altaïr retrocedió, decidiendo que no era el momento de disculparse.

-¿Padre?

-Siento que he hecho mal un salto de fe.

El Dai sonrió por un momento pero luego perdió la sonrisa.

-¿Qué pasó, padre?

Tazim respiró hondo antes de intentar levantarse. Malik se apresuró a ayudarle, sabía que no podía hacerle cambiar de idea, era terco como él solo. El médico se sentó en el borde de la cama e intentó no forzar los puntos que sentía en la espalda.

-Intenté hacer un intercambio de heridos con la guarnición que nos atacó. Sé que se llevaron a algunos de los nuestros con vida. Al Mualim me descubrió cuando volví de entregar la carta. Me encadenó y ordenó a uno de sus leales que me azotara.

-¿Quién?

-Hussein.

-Murió en el ataque. Daría lo que fuera por tenerle delante...

Tazim apoyó la mano en el hombro de Malik.

-Si hay algo que he aprendido en mi vida, es que la venganza no nos devolverá lo que perdimos. Mis heridas sanarán y yo viviré.

-¿Te duelen?

-Muchísimo.

Malik le entregó una taza de té frío. Según Tazim, algunas hierbas funcionaban mejor así. Malik creía que era solo porque se le olvidaba que tenía el té preparado.

-Es un milagro que estés vivo.

-Si esto fuera lo más duro que he tenido que soportar, me consideraría con suerte. ¿Cuántos puntos me han puesto?

-Setenta y dos-Tazim se tensó un momento, pero le relajó al instante con una mueca de dolor-. Deberías descansar.

-Ya he dormido suficiente-miró por la ventana. La luz del amanecer era más fuerte-. Necesito aire fresco.

Dejó la taza en una mesita y se preparó para impulsarse. Malik le ayudó.

-No he conocido a nadie más terco que tú-miró los puntos de un rojo intenso-. Deberías cubrirte al menos con una venda.

-Mira en ese armario, es donde las guardo.

-No hay. Los médicos vinieron a buscarlas anoche.

-Pues sobreviviré sin ellas. Solo tengo que quedarme fuera del sol.

Se dirigió a la puerta y la abrió. Altaïr notó que Malik tenía una expresión resignada.

-No puedo decirle que no.

Le siguieron para encontrarle sentado en la barandilla de piedra frente a la puerta principal de la fortaleza. Un grupo de novicios, que se afanaban en llevar cubos de agua limpia a la enfermería, se detuvieron para mirarle con reverencia. La presencia de Altaïr les recordó su trabajo.

-Me gustaría hablar con Altaïr a solas, si no te importa, Malik.

El Dai sabía por instinto que había demasiadas cosas sin decir entre ellos.

-No, por supuesto. Voy a revisar el papeleo de Rashid, alguien tiene que hacerlo.

Entró en la fortaleza sin una palabra más. Altaïr se vio sometido a la fuerza completa de la mirada del hombre que consideraba su tío. Tazim le indicó que se sentara a su lado. Pasaron al menos media hora en silencio.

-Lo que dije aquel día...

-Era necesario. Ahora lo comprendo.

-Hablé con ira. Dije cosas que no debía. Y lo lamento.

Altaïr negó.

-Necesitaba escuchar esa verdad para reconocer que me había desviado del camino que padre y tú intentásteis enseñarme. Espero haber vuelto a él.

-No lo has hecho, pero has creado el tuyo, uno nuevo y mejor-Tazim hizo un gesto hacia él-. Mírate. El Mentor más joven de la Hermandad-le revolvió el pelo bajo la capucha-. Tu padre estaría incluso más orgulloso que yo.

Altaïr no pudo evitar sonreír e inclinarse hacia él.

-Gracias, tío.

Tazim le quitó la capucha para mirarle.

-Ahí está el niño que me seguía a todas partes cuando apenas empezaba a andar.

Altaïr se sonrojó.

-¡Tío!

El médico rió, atrayendo miradas de todos los que empezaban a moverse por el patio.

-Te vi nacer, sobrino, no hay nada que pueda superar eso.

Altaïr decidió preguntar algo que le había molestado durante mucho tiempo.

-Siempre me habéis dicho que yo nací en el Paraíso.

-Cuando me cure del todo, te mostraré la verdad. Ahora eres el Mentor y debes saberlo. Por el momento cuéntame todo sobre lo que descubriste.

Altaïr le contó lo que le decían sus objetivos en sus últimos momentos y cómo había empezado a sospechar de Rashid. También le contó sobre su evolución personal y lo que le había costado disculparse con Malik. No mencionó los besos, pero Tazim, con todos sus años de experiencia, sabía que algo había pasado, porque sonreía con diversión.

Cuando el sol les dio de lleno, Tazim decidió subir al despacho. No necesitaba marcas de los puntos. Malik estaba enterrado en pergaminos y diarios.

-Rashid llevaba un registro de cada uno de nosotros-entregó un diario bastante grueso a Tazim-. Este es el tuyo.

Solo una palabra destacaba. Estorbo. Tazim rió con gusto.

-¿De verdad te ríes de eso?

-No es la primera vez que utilizan esa palabra para referirse a mí y dudo que sea la última.

Uno de los médicos que Tazim había entrenado llegó con varios objetos.

-Hakim, debo revisar los puntos.

-Por supuesto, Firas.

Se pusieron en un lugar más luminoso. Firas se sorprendió de que no se hubiera soltado ningún punto. Extendió la pasta de hierbas sobre toda la espalda y luego la vendó.

-No deberías hacer esfuerzos, hakim.

-Caminar y sentarme no es hacer un esfuerzo.

-Pero te cosimos ayer mismo y aun tienes fiebre. Cualquier otro seguirá en cama quejándose de dolor.

-Yo me quejaría si tuviera que permanecer quieto más de una noche. Los médicos son los peores pacientes. ¿Cómo van las cosas en la enfermería?

-La mayoría de los heridos eran Hashashins. Hay algunos que no recuerdan nada y otros que sí lo hacen.

-Era de esperar. ¿Y muertos?

-Doce sin contar con...

-Rashid. El actual Mentor ha considerado necesario quitarle su título a la luz de las nuevas revelaciones sobre su traición a los Templarios y su intento de hacerse con Tierra Santa para sí.

Firas asintió lentamente.

-Ayer por la noche murió un hermano más, creemos que los pulmones fallaron.

-Mirad el cuerpo por encima, si tiene un morado en el pecho ha sido una costilla rota perforando el pulmón. Si no es eso buscad heridas externas, quizás de cuchillo o espada.

-Lo haremos, hakim.

-¿Por qué buscar la causa de la muerte?

-Para ayudar a quienes estén muriendo de lo mismo en el futuro, sobrino. Los médicos debemos aprender incluso de nuestros fracasos.

-¿Y si no hay nada que evidencia la muerte?

-Entonces nos remontamos a los antiguos escritos de Aristóteles y sus contemporáneos. Y si eso tampoco funciona... no hay nada que podamos hacer.

-Ser médico es difícil.

-Nunca se deja de aprender, sea cual sea la profesión que tengamos.

Firas se levantó.

-Volveré a la enfermería, hakim.

-Buen trabajo, chico.

Tazim pudo tumbarse en unos cojines, haciendo una mueca conforme se reclinaba.

-Deberías volver a la cama.

-No sería capaz de dormir. Cerraré los ojos para descansar un poco, pero me quedaré aquí. Si vuelvo al laboratorio no dejaré de dar vueltas a mis pensamientos.

Altaïr y Malik aceptaron eso. Siguieron revisando los papeles incluso cuando un novicio les llevó a todos el desayuno.