¡Nueva historia para Better together!

Cuarto fic

Título: El colorido club de las computadoras grises

Pareja: Kouyako amistoso

Tema: Una historia que plantea cómo pudieron hecho amigos Koushiro y Miyako.

Año: 2017

El colorido club de las computadoras grises

Por ChieroCurissu

La primera vez que Miyako se asomó al aula de computación de la primaria, tenía diez años y todas las ganas del mundo de hacer amigos.

Antes de abrir la puerta, observó de nueva cuenta el cartel que había encontrado en el mural de avisos de la escuela.

"Anótate al club de computación", decía con lápices de distintos colores, "inscripciones en el aula de cómputo; encargado Koushiro Izumi, del quinto grado".

El cartel tenía impresa la foto un pequeño gatito en lugar de una imagen de las computadoras.

—¿Por qué hay un gatito ahí? —preguntó su vecino Iori Hida, un pequeño de primer curso con el cual Miyako pasaba todos los recreos.

—Quizás… quizás enseñan edición en photoshop —consideró Miyako—. ¡Y a lo mejor también editan audio!, tú sabes que me gusta la música, ¿no quieres apuntarte?

—No, es que tengo mi clase de kendo y… bueno, Miyako-san, en realidad eres tú quien arregla la computadora en casa —consideró el nene—. Creo que es buena idea que te apuntes.

Así que, con la aprobación de Iori, Miyako se armó de valor para apuntarse en ese colorido club de computadoras. Cualquier cartel hecho con tal esmero, y con tantos colores, sólo podía significar diversión asegurada.

En los otros clubes en los que se había apuntado, las cosas no habían salido bien para Miyako.

En tercer año se apuntó al club de atletismo. Al principio, a sus senpai del sexto grado les hizo muy feliz su presencia. Decían: "Ve que piernas tan largas y qué alta es", decían, "seguramente será muy buena atleta". No obstante, tras las primeras sesiones, Miyako pasó de escuchar halagos a escuchar regaños y críticas: "podrá ser tan alta como nosotras, ¡pero es tan torpe!", "Debería cortarse al menos el cabello", "esa chica, Miyako-san, no sabe tomar las cosas en serio, ¡sólo quiere hacer el ridículo!".

Esas opiniones, que había escuchado detrás de las puertas, la habían incomodado hasta el punto de renunciar. Poco después se inscribió al club de arte.

"Tengo mucha imaginación", había dicho en su presentación, "quiero aprender a dibujar animales, me gustan los gatos, los perros, las aves…".

Pero Miyako nunca pudo dibujar a la altura de los otros niños, que copiaban a la perfección los templos más bellos de Kioto y los paisajes más exquisitos de los Alpes.

"Oye, ¿te digo la verdad?, no me ha gustado para nada tu avión, ¿cuándo has visto que los aviones tengan tantos colores?", le dijo un chico una vez.

"Es un fénix", se quejó Miyako.

"No, claro que no, además, los fénix son rojos ¿sabes?, y las alas llevan plumas, no sabes dibujar nada, ni siquiera podrías decir que es arte abstracto".

Miyako se salió del club también, y no por el comentario de aquel niño, sino porque dibujar había dejado de ser divertido. Durante el cuarto grado se había pasado sin asistir a ningún club y tampoco tenía muchos amigos. Se le dificultaba mucho entablar amistades largas y confiables. A veces, en los recesos, observaba con envidia a todas esas niñas que jugaban juntas y parecían inseparables.

—Iori, ¿tú crees que en el club de computación haré por fin un amigo de verdad?

—Miya-san, yo creo que cualquiera que no quiera ser tu amigo no vale tanto la pena, debes hacer siempre lo que más te anime, nunca debes complacer a los demás…

—¡Eres tan listo! ¡Ojalá todos los chicos del mundo fueran tan listos y amables como tú, Iori!

Así pues, aquella tarde, Miyako se decidió. Guardó el cartel en su mochila y se asomó al aula de computación.

Pero ahí dentro no había colores ni gatos, sino solamente filas de computadoras de escritorios que emitían calor y ruidos de otro mundo. Ahí dentro no parecía haber nadie; solamente, en una fila al azar, se podía divisar la melena castaña rojiza de un niño.

—Ay… —se quejó de manera ruidosa—. No se ve nada divertido.

En definitiva, los carteles luminosos eran buena publicidad para niñas como ellas, pero la realidad parecía todo lo contrario.

Dio media vuelta, dispuesta a irse, pero la persona que pululaba en las computadoras alzó el cuello y la divisó.

No sonrió, ni nada por el estilo, sólo pestañeó con curiosidad.

—¿Vienes a inscribirte al club? —preguntó.

Era bajito, apenas sobresalía entre las computadoras. Tenía una voz calmada que daba sensación de confianza, pero no de simpatía.

—Perdón, la verdad es que sí iba a inscribirme, pero… pero… ¡Uy, no se ve nada divertido!

El pelirrojo se rascó el mentón.

—¿No te gustan las computadoras? —preguntó.

—No sé. Soy muy buena para arreglar la computadora de mi vecino, pero yo venía a divertirme —expresó Miyako con sinceridad.

—A mí me parece que las computadoras son divertidas, pero lo mejor es que sirven para descubrir nuevos mundos —comentó el chico, caminando hacia ella.

Miyako se dio cuenta que conocía al chico, había escuchado hablar de él. Iba un curso arriba de ella y era muy inteligente, no obstante, casi todos decían que era muy raro porque siempre estaba tecleando en la computadora y no hacía caso de nadie.

Tenía una mirada curiosa, como la del gatito del cartel.

—¿Nuevos mundos?

—Sí, claro.

—Oye, ¿y hacen edición de video? ¿O al menos de audio?

—No realmente… hasta el momento soy el único que está apuntado en el club…

Miyako Inoue bufó y, de un impulso, sacó el cartel del club y se lo mostró al chico.

—¡Esto es pura mentira entonces!, este club no se asemeja a nada que pudiera imaginar con el cartel, ¿por qué pones tantos colores si las computadoras son grises?

—Bueno, una amiga hizo el cartel, a ella le encanta colorear… —lo dijo nostálgico—, Mimi-san siempre colorea caritas felices e ilumina los kanjis cuando los dibuja…

—¿Por qué ella no está aquí?, quizás ella sí querría hacer edición de fotos conmigo…

—Ella se ha marchado a Estados Unidos… —Los ojos se oscurecieron más, luego suspiró—. Lamento mucho que el cartel te haya hecho pensar que era un club divertido… quizás yo no soy la persona más divertida del mundo y a casi nadie le gusta saber de todo usando las computadoras…

—¿Y el gato? ¿Tu amiga que se marchó a Estados Unidos también le puso la foto de un gato?

—Ah, no, ese es Piximon.

—¿Piximon?

—Es el gatito de otra amiga… sé que debí haber puesto una foto del aula de computación, pero Piximon es bonito, Sora dijo que podría ser como la mascota del club.

—¿Eh?

—Bien, yo no soy muy divertido, pero tengo amigos muy divertidos. —El chico sacó de su mochila una hoja en blanco y la pasó a Miyako—. Mi nombre es Koushiro Izumi; Miyako Inoue-san, anótate al club de computación, por favor.

Miyako sostuvo la hoja con sus dedos y miró al chico.

—¿Te sabes mi nombre?

El chico alzó sus cejas, finalmente emitió una sonrisa.

—Por supuesto, después de todo, a mí me gusta saber de todo.

Miyako lo supo en ese instante. Sí que existían chicos tan listos como Iori.

FIN

Gracias por leer. Agradecimientos especiales a SkuAg, por ser mi beta en este relato.