CAPÍTULO 3

La casa poseía una amplia sala de estar con sillones negros de piel, una mesa de madera en el centro con una chimenea que no servía, una cocina para lo que podría ser una pequeña familia y dos habitaciones pequeñas, un sótano que había estado olvidado por mínimo los últimos cinco años. El hombre observó a su alrededor criticando interiormente todos los defectos.

La privada es muy tranquila, y hay un parque a cinco manzanas de aquí —le explicó la vendedora quién veía a Severus con mucho interés.

He visto los alrededores, gracias.

A su esposa le encantará, hay también un centro comercial que...

Sólo somos el niño y yo... nos la quedamos —determinó bajando a Harry a la alfombra.

¡Perfecto! ¿Quiere ayuda con la mudanza?

No, le haré llegar el primer deposito mañana mismo.

Cualquier cosa que se le ofrezca puede llamarme —le dijo dándole de nuevo la tarjeta, haciendo un roce con las manos que el pocionista prefirió ignorar.

Gracias, la acompaño, —la mujer se sintió decepcionada al salir de la pequeña residencia.

Severus observó todo lo que debía arreglar antes de que ese lugar fuera habitable para un niño pequeño. Harry lo veía con curiosidad y se rio tomando la chaqueta que la mujer había olvidado ahí.

¡Oh genial! —Expresó con fastidio—. ¿Te gusta ella? No... Olvídalo, es muy pronto para eso, empecemos por la que será tu habitación.

A lo largo de una semana, y aprovechando los días que le correspondían a Petunia, la casa quedó lista, algunos muebles, medidas de seguridad, seguro para el laboratorio y una habitación infantil para Harry.

Cuando terminó fue a recogerlo a casa de Petunia, llegó con él en brazos llevándolo hasta la recamara, una cuna de madera era el centro de la estancia, una cómoda blanca con un corral y varios juguetes cerca de la ventana, iluminado como lo habría elegido Lily, el niño sonrió luchando por bajarse tomando el primer juguete que encontró.

Estaremos bien Harry —susurró, su nombre dolía demasiado, casi siempre prefería llamarlo niño, mocoso o espécimen, pero nombrarlo como era debido era lo correcto.

... Se giró por cuarta vez sobre la cama, estaba agotado y necesitaba recuperarse. El llanto lo despertó por segunda vez, respiró molesto... odiaba que ese niño hiciera eso, comenzó un grito "Ma..." el hombre se levantó de inmediato, llamaba a su madre y eso hacía que dentro de él algo muriera, lo poco que quedaba. Cuando entró a la habitación observó al infante parado sosteniéndose de los barrotes, gruesas lágrimas bajaban por sus mejillas e hipaba, cuando vio a Severus alzó las manos buscando su atención, y lo consiguió, de inmediato lo tomó buscando calmarlo.

Ma... ma...

Tranquilo, ella... sabes que ella ya no está —esa mirada esmeralda lo veía con confusión.

Ma...

Severus, así debes llamarme, o padrino.

Llegaron hasta la cama donde lo recostó a su lado, estaba a punto de cerrar los ojos cuando sintió sobre su estómago el peso de Harry que poco a poco empezaba a cerrar los ojos.

¿Es esto lo que querías? —y como respuesta obtuvo un suspiro para dormir tranquilo, acarició su cabello rebelde temiendo de lo que pasaría.

...

Acarició su mejilla con cariño, logró despertarla con una sonrisa en su rostro. La enorme tristeza que albergaba no tenía que llegar hasta ella. Hermione se cubrió dándose cuenta que él ya se había vestido.

No te sentí cuando te levantaste.

Estabas muy cansada, lamento lo que ocurrió anoche. —La castaña se mordió el labio nerviosa, y acarició con sutileza su mano que notaba que temblaba.

¿Por qué no me lo cuentas? Si tú confías en mí, quizás te sientas mejor —él se separó de ella incomodo, rechazando un abrazo de la mujer que decía amar.

Hay cosas de mi pasado que... no debes saber.

Un profundo silencio se pudo percibir, cuando se giró ella tenía sus ojos bañados en lágrimas luchando porque ninguna se le escapara.

Es como si una parte de ti me amara y la otra no, ¿cómo puedo estar con un hombre que no quiere compartir su pasado? Lo que le duele, lo que lo está matando.

Hermione detente.

¡No! ¿Qué es? Quiero saberlo —le exigió enojada.

Decírtelo no cambiara las cosas, no disminuirá lo que me está afectando, sólo te dañaré, entiéndelo. No quiero lastimarte, quiero verte feliz.

¿Se trata de otra persona cierto?

—respondió automáticamente desviando la mirada, cuando se dio cuenta de su respuesta se giró a tocarla, ella negaba con la cabeza incrédula alejándose de él— no, no es lo que quise decir, no es lo que estas imaginando.

Me voy.

No Hermione, no es eso... déjame explicarte.

Soy yo el problema.

Claro que no.

Mientras no seas sincero conmigo no me busques —decidió vistiéndose, alejándose, quitándole lo único que tenía él en ese momento, ella era en lo que sostenía para soportarlo todo y se lo estaba arrebatando, no entendía nada, las cosas no podían ser peores de lo que podían ser ahora.

Observó el progreso de la recuperación de Harry, tenía temor de que la maldición y a lo que recurrió para salvarle la vida. Había varios cálculos que debía hacer, él no debía dejar la enfermería por un tiempo considerable para evitarle un daño en su desempeño mágico.

Lo observaba descansar sobre la camilla, parecía inquieto por algún sueño. Había permanecido ahí cerca de una hora con la esperanza de que Hermione apareciera, se había negado hablar con él durante todo el día, sabía que la única salida para que ella volviera era decirle la verdad cosa que nunca haría, prefería sacrificar lo que sentía por ella a arriesgar la integridad de Harry por una indiscreción y debilidad.

Se sentó al lado de Harry recargando su cabeza en la pared, cada vez pesaba más las cosas que cargaba a cuestas.

Escuchaba el rasgueo del lapicero sobre la hoja que el medico llenaba, se encontraba sumamente nervioso y el hombre de mediana edad se negaba a decirle cualquier cosa. Todo parecía sumamente extraño para Harry, recordaba esa parte de su vida, se había roto un brazo, jugando algún deporte, o en una pelea escolar, quizá Dudley se lo había provocado o cayó por las escaleras, no recordaba la razón del accidente, pero en su mente albergaba esa parte, como algo nublado.

Veía esa escena como un espectador, pero percibía cada sensación, sabía el miedo que lo recorría, el dolor del brazo y la ansiedad de sentirse solo, una parte de su corazón recordaba ese día.

¿Padres?

No tengo.

¿Tutores?

Mis tíos Petunia y Vernon Dursley, pero ellos están de vacaciones en el extranjero.

¿Con quién te quedas entonces? —le cuestionó en tono frío.

Con mi padrino, la enfermera le había llamado ya, ¿tardará en llegar?

Seguro que no.

¿Padrino? Sirius? Él había conocido a Sirius siendo niño… imposible, su respiración se agitó de pronto, volteó a ver lo que le rodeaba, era el hospital general, debía tener unos 8 años, la puerta se abrió estrepitosamente dejando entrar a un hombre, el corazón de Harry se aceleró, la escena se volvió aún más borrosa, el aire le faltaba y parecía que era sofocado.

¿Cómo está?

Bien, una señorita lo ha traído del campamento directo al hospital, dijo que cayó desde unas piedras y rodó hasta el camino, podrá llevárselo mañana por la mañana. —le respondió saliendo de la recamara.

El campamento fue una mala idea, te lo dije.

No porque te caigas una vez significa que sea lo peor del mundo Harry.

¿Tendremos problemas? Tía Petunia se enfadará, te dirá cosas.

¿Y cuándo me ha importado eso? —le preguntó sentándose cerca de él.

No podré ayudarle y tendrá que... seré un estorbo.

Tú no tienes que hacer nada en esa casa, y ¿olvidas que soy mago? Ese hueso quedará como nuevo en un par de días... aunque... si le decimos a Petunia, le ofrecería que te quedaras conmigo tres meses.

¿Tres? ¿Seguidos? ¿Sin pausa? —le preguntó incrédulo.

Tomaré eso como un sí. —Le dijo aquel hombre riéndose.

Gracias —le respondió con un abrazo que casi lo ahoga.

Harry veía todo eso desde el exterior, sin embargo podía sentir el calor paternal que emanaba ese hombre, lo áspero de su chaqueta y un olor que parecía haberse guardado en su mente por muchos años y lo había olvidado, de pronto volvía esa fragancia llenándolo de recuerdos de sensaciones, todo visto desde una cortina.

Ahora dime qué te pasó.

Elliot, y contando con que soy demasiado torpe.

No eres torpe —contradijo buscando los zapatos para ponerlos—, tu madre no era buena en deportes, y te pareces a ella.

Pero si soy un fracaso en la escuela, y ella era inteligente, y tampoco me parezco a mi padre, decías que él era bueno en deporte ¿no? Es evidente que no soy él.

Tienes ocho años.

Y sin embargo me parezco a ti.

¿A mí? —Harry pudo sentir cómo el hombre se había sorprendido, la forma en que se incorporó y veía al niño con curiosidad.

Ambos solitarios y serios, reservados, hasta la señorita Diane dice que me parezco a ti, bueno... ella cree que soy tu hijo.

Ahora entiendo tantas atenciones de esa mujer.

Le gustas.

Desde que tienes dos años buscas conseguirme mujer, no la necesitamos, cocino bien.

Creo que serías más feliz —argumentó alzando los brazos—. ¿Debí decirle que no soy tu hijo?

Tú puedes dar la versión que más te haga sentir cómodo. —El niño sonrió levantándose y dirigiéndose a la puerta, él sabía bien que su tutor no le importarían las indicaciones médicas.

¿Has pensando en que... podríamos cambiar mi apellido?

¿Cambiar?

Dejar de ser un Potter.

Tu apellido tiene peso en el mundo mágico, el mío no.

Yo si lo he pensado —respondió el niño ignorando lo que el mago que había respondido, y el hombre sonrió abriendo la puerta—. Harry Snape, suena raro e impactante.

Pero Harry nunca escuchó la última frase del infante, el aire había quemado sus pulmones, la fiebre lo hizo despertar observando a su profesor de pociones colocándole toallas frías, la escena era tan familiar, quiso replicar, pero no lo hizo.

Alzó su cabeza para que ingiriera la poción, una que pudo matarlo pero no tenía la fuerza para oponerse.

Mi apellido.

Está delirando Potter. —Le respondió el pocionista nervioso, intentando controlar la situación.

Quería cambiar mi apellido —Severus regresó hacía él asustado, revisó sus pupilas y la fiebre, estaba confundido.

¿Por cuál?

Mi apellido, no soy Potter.

¿Sabe en donde esta señor Potter? —preguntó inseguro.

Mi apellido, quiero cambiarlo.

Lo cambió —le dijo intentando calmarlo, el muchacho asintió recostándose y sonriendo— ¿Sabes dónde estás? —Harry cayó inconsciente con una sonrisa en los labios—. Maldita sea ¡Poppy! ¡Poppy!

¿Qué ocurre?

Le cambiaron la medicación sin autorización, ¿qué ocurrió?

Dumbledore trajo un medimago que...

¡Todo lo que tiene que ver con Harry lo decido yo, ¿ya olvidaste quién tiene la custodia? No es ese maldito loco sino yo...! ¡Ante la ley muggle yo... soy su padre, regresa las pociones que deje!

La mujer asintió sorprendida, nunca lo había visto fuera de sí. Se daba cuenta que a Severus se le estaba terminando la paciencia, el día que ocurriera eso ardería todo el castillo.

Harry... tenías fiebre y posiblemente alucinabas.

No, fue un recuerdo Hermione, eso pasó realmente... era feliz, tenía alguien que se preocupaba por mí —le respondió emocionado—, un momento ¿hueles eso?

¿Qué?

Ese olor... es... no imposible.

Harry creo que debo llamar a Madame...

Créeme, debes creerme, Sirius yo... viví con Sirius.

Harry él estaba en Azkaban y bueno...dices que él no estaba de acuerdo en cambiar el apellido porque no tenía valor, ambos sabemos que aún el apellido Black tiene mucho peso en el mundo mágico, ¿seguro que era la voz de Sirius?

No recuerdo la voz, pero era él, puedo sentir ese cariño que él me tenía y yo era feliz.

Y si hubiera sido otro amigo de tus padres, no habría motivo para que te abandonara, Harry fue una pesadilla, sólo ese...

Ese olor... así olía él... —Le dijo el joven desesperado buscando algo.

¿Sirius? —preguntó Hermione confundida.

No sé si era Sirius, pero así olía él, su ropa... ¿quién estuvo aquí antes que tú?

Harry me estas asustando.

¡¿Quién?!

El profesor Snape... ¿crees que él velaba tus noches y jugaba a la pelota contigo? —Harry se dio por vencido negando con la cabeza, observó la túnica que descansaba sobre la silla y la tomó aspirando el aroma, colonia suave con hierbas y sándalo.

Suelta eso Harry, no... suelta la túnica, no... no te sientes sobre ella, la ocupo... vendrán clientes... Harry... ¡Oh demonios!

Abrió los ojos confundido, ¿acaso la fiebre lo estaba haciendo oír algo que no estaba ocurriendo? El olor era semejante pero no el mismo, y esa voz que recordaba no se parecía a la de su profesor, cargada de odio y resentimiento. Pudo percibir que su amiga lo veía preocupada así que cerró los ojos y fingió dormir.

En medio de montañas de libros y anotaciones Severus intentaba hacer hipótesis que le explicaran lo que estaba ocurriendo, se quitó los lentes que estaba usando y se rio de sí mismo, era idiota al pensar en ese tipo de cosas. Se alejó del escritorio guardando todo, una vez más la puerta de madera apareció frente a él, entró para torturarse un poco más sentándose en la orilla de la cama.

El librero demostraba lo culto que era Harry a la escasa edad de 11 años, los objetos personales permanecían en cada una de las repisas, se acercó al buro sacando sus documentos personales, no podía ni siquiera sonreír, lo que era un bello recuerdo tan sólo ahora era algo vago que no le pertenecía.

El niño se ponía de puntitas esperando ver a sus tíos, ambos llegaron tarde pero de buena cara, Harry tomó del saco a Severus señalado lo evidente.

Espero que sea rápido, Vernon debe regresar a la oficina y...

Sólo requiero tu firma Petunia, después podrán irse —le interrumpió sin verla, prefirió ajustar su corbata que darle un minuto de su atención.

¿Tú, te harás cargo de todo cierto?

Si Petunia, siempre ha sido así, pero ahora menos tendrás que preocuparte, pero él tendrá que pasar contigo aunque sea un día a la semana, parte de las vacaciones y... no quiero, que lo pongas hacer lo más mínimo que por eso te pago. —Le recriminó con enojo pero sonriendo al ver que llegaba el juez.

¿Han llegado todas las partes?

Entraron a la oficina, Harry seguía nervioso, ¿Y si Severus se arrepentía? Y sus tíos lo arruinaban, se subió las mangas y observó sus lustrosos zapatos, su cabello completamente peinado hacía atrás lo hacían parecer otra persona.

Cuando alzó la vista vio a Severus levantarse, tomar la firma y sin un atisbo de duda firmar los papeles. Lo vio asentir mientras lo veía, el corazón de Harry dio un vuelco al ver que el juez cerraba la carpeta y se la entregaba a Severus. El pocionista le dio la mano saliendo de la oficina hacia las calles de Londres, ambos en silencio, sin escuchar un sonido entre ellos.

Entraron a una cafetería y vio la carpeta color paja sobre la mesa, Severus observaba el menú aunque veía al niño por un lado, lo observó tomar los papeles y verlos escapándosele una sonrisa cómplice. Casi podía ver como su mirada recorría el acta, con su nombre arriba: Harry James Snape Prince.

¿Leche y pastel Harry? —le preguntó cuándo la mesera se acercó a tomar la orden.

Y pollo frito.

Y un café por favor, sería todo. —La rubia mujer tomó el pedido y Severus se dedicó a observar sus reacciones, temiendo que se arrepintiera—. ¿Estás bien?

Es... increíble, ¡viviremos juntos! Pero... ¿Y el colegio? Yo... solo te vería los fines de semana y...

Lo arreglaré, vendrás conmigo, con otra apariencia pero vivirás en el castillo.

Y, será difícil para ti porque...

Deja de preocuparte por lo que no tiene importancia —le pidió con seriedad.

—... ... Gracias papá —y Severus lo corroboró, supo que después de esa frase no podría alejarse nunca.

Dejó caer la carpeta suspirando, se estaba convirtiendo en un hombre melancólico que daba lastima. Tomó la única fotografía que había en ese lugar, un niño acreditando los estudios primarios, ya desde que cumplió los siete años dejó la escuela para ser educado por él y no perder tiempo. Ambos en traje, Severus tenía su mano sobre el hombro mientras Harry sonreía sosteniendo su diploma.

¿Severus?

Demonios... —puso boca abajo la fotografía, no alcanzó a salir cuando Hermione se asomaba a la recámara.

¿Sev...? ¿Qué... qué es esto?

No deberías estar aquí —la tomó del brazo intentando sacarla pero ella se liberó refugiándose en la esquina de la habitación.

Dijiste que la puerta no abría, y... ¿ocultabas esto? ¿Por qué?

La joven observó cada cosa que vio, la cama marcando por un infante amante de la casa Slytherin, algunos juguetes que estaban en las repisas y libros muggles en las estanterías. Una túnica colgaba en la pared, llena de polvo. En la esquina había un artefacto roto y un "papá" se leía con pintura azul en una caligrafía infantil.

¡Dios!

Déjame explicarte... no es lo que piensas.

¿Un hijo? ¿Tienes un hijo?

Sí... sí lo tengo —se liberó por fin dejándose recargar sobre la pared, estaba aterrado, no sabía lo que iba pasar a continuación.

Su madre, es esa la persona por la que estas así... pero eso no importa, ¿Dónde está él?

Lejos, como tenía que ser —Hermione se mantuvo lejos esperando una respuesta más satisfactoria—. No era seguro que estuviera a mi lado.

¿Amaste a su madre?

No es lo que estás pensando, no dudes de mí. —Suplicó.

¡¿Me lo dice el hombre que ha negado a su hijo por todo este tiempo?! Te pregunte muchas veces si había un compromiso y dijiste que no, y esa tristeza es por tu familia. ¿Por qué nos hiciste eso?

Él es mayor, y su madre, ella y yo no tuvimos nada que...

Sin embargo repites perdón entre sueños como un condenado.

¿Qué? No Hermione, no es eso.

¡Cállate no quiero oírte! Madame Pomfrey me mandó a buscarte, dice que Harry empeora.

¿Qué tiene?

Delira.

E hizo lo que menos debió hacer en ese momento, salió corriendo hacía la enfermería ante la mirada entristecida de Hermione, quién salió detrás de él con sus esperanzas muertas.

Ambos entraron a la enfermería, con diferencia de medio minuto. Dumbledore sostenía la mano de Harry preocupado sin saber qué hacer.

Lleva así unos diez minutos.

¿Cómo han intentado bajarle la fiebre? —le preguntó Severus asustado.

Nada funciona... delira —susurró la última palabra con nerviosismo.

Granger traiga las pociones necesarias —ella corrió hacía el armario y Severus cuestionó con la mirada al mago que se dedicó a taladrearlo con reproche y coraje.

La maldición y el hechizo que usaste fue lo que lo tiene así.

Claro, era preferible que muriera. —Debatió con sarcasmo.

Un quejido salió de la boca del joven mago que se movía inquieto, preso de alguna pesadilla dolorosa

¡Papá! ¡Papá ven...!

Severus quitó su mano del brazo que buscaba sostener, esa palabra que llevaba seis años sin escuchar de pronto entró por sus oídos moviendo todo lo que tenía dentro. Ahora entendía por qué Albus estaba tan enojado, eso decía demasiado. Se sintió emocionado, feliz y asustado a la vez. Voldemort tendría ahora acceso a la mente de Harry corriendo peligro ambos, pero a la vez tenían de nuevo un vínculo.

¡Papá... por favor!

Aquí estoy, tranquilo —el mago le reprochó con la mirada su postura, sin embargo no tuvo tiempo de reclamos, Harry abría los ojos respirando agitado, su mirada se conectó con la oscura del pocionista, se ahogaba y tenía la fuerza para sonreír y calmarse un poco en lo que pasaba la crisis, Severus apretó su mano señalándole que no le dejaría solo y él apretó un poco cerrando los ojos por el dolor—. Esta... recordando —entendía bien la mezcla de los hechizos y las maldiciones, había abierto una puerta en la mente de Harry.

Bueno espero que les guste, pedí varias opiniones si la relación entre ambos debía ser padre-hijo, y bueno, creo que decidí acertadamente y ojala les agrade tanto como a mí, sino háganmelo saber en sus críticas.

Yetsave: Bueno creo que esto se va poner mejor, confío en que les guste y el fic llegue lejos. Besos

IssisSnape 1504: Bueno así quedó nena, creo que va en buen camino. Besos

Xerxes Eli: Tú quieres respuestas, claro que si nena, pregunta lo que desees. Besos

Lilith Taisho: Espero te haya gustado, gracias y besos.

Yazmín Snape Marvolo: Nena este fue el resultado, muchas gracias. Esperemos las respuestas de los lectores, creo que me gustó. Besos

Myobssesuvedevotion: Gracias hermosa, claro que no, esta historia no será abandonada, si me atraso avisaré. Besos