CAPÍTULO 6
Harry se llevó la quinta cucharada de avena, sin dejar de observar la mesa de profesores, era notorio que de nuevo, el profesor Snape no asistiría a tomar los alimentos, ni a clases, ni siquiera podía encontrárselo en los pasillos descontando puntos. Bajó la vista intentando distraer su mente de eso que empezaba a preocuparle, y le inquietaba aún más, que él se mortificara por la integridad del pocionista.
Aunque era normal, ese hombre era el único poseedor de su pasado, quien sabía sobre su tutor, su padre. Observó a Hermione que se mostraba con unas ojeras terribles y la mirada opacada, tan distraído había estado con lo que traía en la cabeza, que no se percató que quizá Ron ya había logrado que su amiga llegara a su límite.
—¿Hermione te encuentras bien?
—Sí, no dormí bien. —Le respondió sonriendo.
Y Harry le creyó, o quizá prefería seguir pensando en lo que le preocupaba, además Hermione siempre solía estar bien. Cualquier cosa que la tuviera en ese estado sería temporal, muy pronto volvería a ser la misma de siempre.
En cambio el profesor tenía desde el viernes por la noche que se había marchado, él lo vio despedirse de esa mujer partiendo a la penumbra, prometiéndole a ella que volvería. Estaban ya a miércoles y él parecía no tener preocupación por volver. Si siempre se presumía que Snape era la mano derecha de Voldemort, no podía deshacerse de él así como así, debía ser valioso para el mago. Harry se aferró a ese pensamiento con fuerza, él debía estar bien realizando alguna misión fuera del país, ya habrían sabido si algo le hubiera ocurrido.
…
Cerró los ojos dejándose llevar por las caricias de Ginny, sus tersos dedos enredados en su cabello, necesitaba tanto de ella, que intentara calmarlo o empezaría a volverse loco. Casi dormitaba, pero no dejaba de tocar el anillo que no se había quitado, la frialdad y el toque que le daba esa piedra incrustada en el anillo, no podía explicarlo, era un calor, siempre que la tocaba sentía que estaba cerca de saber todo sobre su pasado.
Además cada vez que lo hacía podía recordarse tocándolo siendo más niño, podía escuchar la voz del hombre pidiéndole que dejara el anillo en la mesa, él corría por toda la casa hasta ser alcanzado por él. Sonrió sin darse cuenta...
—¿Estás más tranquilo? —le preguntó la pelirroja, el joven asintió observando sus ojos.
—El profesor Snape sigue sin volver, hoy fue hace una semana que se fue Ginny.
—¿Y no puedes avanzar solo en oclumancia?
—No es eso, él... sabes que él sabe quién es mi padre.
—Tu papá se llama James Potter. —Le dijo claro para que no se olvidara de quién le había dado la vida.
—Sí, pero cuando él faltó existió alguien que ocupó su lugar y estuvo conmigo los siguientes 10 años.
—Dumbledore...
—He dejado de confiar en Dumbledore —se apresuró a decir interrumpiéndola, se levantó evitando el contacto con su novia—, sólo el profesor Snape puede ayudarme y está desaparecido, a nadie le interesa su estado.
—Harry cálmate, no podemos hacer nada. Si no quieres preguntarle al director debes esperar.
Pero no valieron las palabras que le decía la muchacha, Harry había terminado por levantarse y dejarla ahí sentada en el césped de los jardines, estaba enojado y sabía que se equivocaba al desquitarse con ella. Pero la angustia estaba haciendo mella en él, no sabía dónde se encontraba el profesor, y lo peor de todo es que no entendía porque demonios le preocupaba a él eso, parecía que la locura lo estaba invadiendo de nuevo.
…
—¿No has sabido nada de él? —preguntó la profesora McGonagall, Harry que se encontraba detrás de la puerta intentando buscar al director, se asustó con la pregunta pero guardó silencio, notó esa voz preocupada de su mentora.
—No, el lunes pudo decirme que había llegado a los límites de Noruega, ignoro que hacía ahí pero... no volvió a mandar mensaje alguno.
—¿Qué vamos hacer?
—Nada, esperar a que regrese o tener noticias de él.
—¡Debes buscarlo Albus! Snape puede estar corriendo peligro.
—¿Dónde voy a mandarlo buscar Minerva? Estoy tan preocupado como tú, pero no tengo idea de su rastro.
—Debemos tener un segundo espía en sus filas.
—Si hacemos eso y lo descubren el primero en morir será Severus, y sabes que no podemos permitirnos eso. —Harry apretó tanto sus puños que los sintió sangrar, ahora el director mostraba su verdadera cara, a él no le importaba el profesor Snape, sólo lo veía como una pieza importante en la guerra.
—Lo estás diciendo porque te sirve, no por lo valioso que es. Te recuerdo que no es un hombre solo, sino hay alguien que lo espera.
—¡No hay nadie quien lo espere! Por eso es espía Minerva —le respondió molesto el profesor.
—Lo tiene, aunque lo hayas obligado a renunciar a todo lo que él tenía, su familia, su estabilidad y felicidad.
Harry no se dio cuenta en qué momento la profesora se molestó tanto que salió de la oficina encontrándose con él. Actuó de forma inmediata y se lo llevó con ella evitando que el director se percatara de que el chico había escuchado toda la conversación.
—Es tarde para que estés fuera de la cama Potter.
—¿El profesor Snape podría estar muerto?
Harry observó las reacciones de su profesora, la forma en que lo vio, con ternura, con tristeza y desolación, humedeciéndosele los ojos y asintiendo con temor. El joven asintió desviando la mirada y sintiendo una opresión en el pecho que le dificulto respirar por unos segundos.
—Ve a la cama. —Le ordenó la profesora, cuando éste se retiró, ella entendió que quizá lo mejor era que el chico no recordara a Severus, el día que éste muriera no sería un nuevo dolor para Harry, será una muerte más en la guerra sin gran consecuencia.
…
Las lágrimas caían una a una sobre la alfombra, tenía tanto miedo que apenas podía consentirlo, estaba de rodillas frente a la cama de Severus, la habitación seguía intacta, había pasado más de una semana y él no volvía, nunca había tardado tanto en regresar y comenzaba angustiarse, y a perder poco a poco las esperanzas de que estuviera con vida.
Sus labios temblaban mientras rezaba, él odiaba que ella hiciera eso, pero era lo único que le quedaba por hacer. Sabía que de nada serviría, que él ya no estaba con ella. Entre susurros rezó aferrándose a las sabanas negras, cayó sobre la alfombra llorando y recordando sus últimas palabras, su última promesa, una que no podría regresar a cumplir.
…
Harry cerraba el mapa del merodeador maldiciéndose, era la cuarta vez en esa semana que Draco se le escapaba, si tan sólo no estuviera tan distraído podría vigilarlo mejor. Se ajustó la capa de invisibilidad y regresó titiritando del frío, los primeros fríos invernales comenzaban a llegar al castillo.
Detuvo sus pasos cuando el dolor en su pecho volvió hacerse presente, volteó hacia atrás para darse cuenta que nadie lo seguía, se maldijo por ser tan tonto y continuó caminando, si tan sólo Ron no siguiera idiotizado por Lavander estaría acompañándolo, pero era normal, la novedad de estar entre las piernas de esa joven tenía a su amigo en un estado de estupidez descomunal.
Escuchó un quejido que le heló la sangre, salió hacia el jardín para ver un bulto recargado en una fuente de mármol blanco. Se acercó hacía él con desconfianza, se quitó la capa invisible y ésta arrastraba por la nieve dejando un ligero rastro.
Conforme se acercaba, apresuraba más el paso, todo iba tomando forma y su corazón latía con fuerza. Una túnica rasgada y sucia siendo cubierta por la nieve, en una extraña posición el hombre agachaba su cabeza mientras se tomaba un costado. Harry reconoció el cuerpo pero se quedó inmóvil a tan sólo un par de metros de él, tuvo miedo, parecía como si la fuerza hubiera abandonado al hombre, rindiéndose ante la muerte dentro de ese frío.
—¿Profesor? —Le llamó con voz temblorosa.
Con la última de sus fuerzas alzó la cabeza, vio aquellos orbes esmeralda que añoraba tanto, quiso sonreír pero no supo si lo hizo, era tanto su dolor que creía que no podía ya mover una parte de su cuerpo.
—¿Qué le ocurrió? —le preguntó inclinándose ante él, tomó uno de sus brazos intentando levantarlo pero no lo logró, aquel quejido lo hizo desistir—. Iré por ayuda.
—...No... —logró decirle con dificultad.
—No podré hacerlo solo, la nieve y... ha perdido sangre —dijo palideciendo al ver el charco que se formaba a su costado, el pocionista articuló una sonrisa.
—He estado peor —mintió conteniendo el dolor.
—No —determinó con una mirada dura, que Severus llevaba años sin ver—. Tengo que llevarlo a un lugar seguro.
Severus Snape lo observaba con orgullo, lo había logrado, podía estar seguro que dejaba un hombre que podía hacerse cargo de su propia vida, era recto, fuerte, noble, impetuoso e inteligente. Pudo verlo un poco más y un dolor lo atravesó a la altura del pecho, Hermione... su querida Hermione, ¿la podría ver de nuevo? Lo dudaba... si tan sólo pudiera cruzar unas palabras con ella, le juraría que nunca había sido tan feliz como lo fue en esos meses a su lado.
—Por favor —le pidió Harry colocando uno de los brazos sobre su hombro—. Hágalo... por ella.
Severus lo vio con curiosidad, ¿acaso dentro de su delirio mencionó a Hermione?
—Le juró que volvería a esa mujer, seguro lo espera, profesor ayúdeme hágalo por ella —cerró los ojos intentando de esa manera contener el dolor, Harry lo levantó con dificultad y caminaron hacia el castillo sintiendo cada paso más corto y lento que el anterior.
Lo dejó descansar sobre una pilastra, abriendo el mapa observando que todos los prefectos le quedaban lo bastante lejos como para contar con ellos, sabía que ellos solos no lo lograrían, maldijo guardando el pergamino en su pantalón y viendo a su profesor cada minuto más débil.
—El profesor Dumbl...
—¡No! —dijo fuerte y claro con ira—. Sólo tengo que llegar a mis aposentos, puedo hacerlo solo.
—¡Esto que le hicieron no fue un simple castigo! ¿No se da cuenta? —Ambos se quedaron callados, estaban tan nerviosos que no se daban cuenta que se gritaban con tanta naturalidad, como si el odio y el cariño fluyeran entre las palabras.
—Granger... llame a esa insoportable sabelotodo.
Harry sonrió complacido, ¿cómo no se le ocurrió antes acudir a ella? Vio en el mapa que era la prefecta que se encontraba más lejos pero no le importó. Tomó su varita pensando en los momentos más felices que tenía, ahora ya podía escoger, en la mayoría de ellos los protagonizaba aquel hombre.
El hombre al que tanto veneraba lo veía completamente serio, podía ver aquellos ojos negros observarlo con seriedad, el niño lo veía con timidez escondiendo el frasco detrás de su espalda, pero el líquido gelatinoso se resbalaba de las paredes delatándolo, alzó sus manos cubriéndose de algún grito, regaño o golpe. Sintió al hombre agacharse a su lado y llenarlo con la pócima pegajosa, Harry se asomó observando la sonrisa que le daba, el miedo había desaparecido y ahora era una guerra entre ambos por llenarse la cara de dolor purpura y verde.
—Expecto patronum —Harry abrió los ojos y su varita cayó al piso, tembló un poco—. ¿Qué demonios ocurrió?
Un imponente cuervo salió de su varita y se lucía por todo el pasillo, se posó a su lado esperando la indicación. Pero Harry observaba a su alrededor pensando que el ciervo estaría escondiéndose en cualquier parte, la sola idea parecía estúpida. Un quejido del hombre lo hizo regresar a su realidad, y se agachó preocupado al ver su estado, tomó riendas de la situación y afrontó al nuevo patronus que lo esperaba mirándolo con orgullo.
—Ve... a buscar a Hermione, dile que un alumno y un profesor necesitan ayuda —con un sonido el ave salió volando a cumplir su cometido.
Harry se quitó con rapidez la túnica y cubrió al profesor con ella, Severus no dejaba de verlo, sonrió con ironía, podría decir que se sorprendió al ver su nuevo patronus y a la vez decir que lo estaba esperando, ese ciervo era el lazo que Harry había creado con su pasado y su padre, pero ahora que era poseedor de lo que en verdad él era, su alma era libre de elegir su identidad, pero ¿un cuervo? Eso había sido realmente irónico y justo.
—Aunque se niegue, creo que el profesor Dumbledore o Mademe Pomfrey debería saber de su estado.
—Si... muero... esta no...che, no quiero ver... a ese... bastardo en mis... aposentos —Harry se escandalizó por la ofensa, enarcó la ceja pero no dijo nada, quizás Snape no estaba tan errado.
Escuchó los pasos de Hermione y se incorporó asustado, una hechicera furiosa lo apuntaba con la varita desconfiada, de las pocas cosas a las que él le temía era a ella, cuando la furia se apoderaba de ella, veía con terror la varita, sinceramente no se le apetecía comprobar lo poderosa que pudiera ser su amiga.
—El patronus...
—Cambió... no sé porque cambió Hermione, maldita sea busca otro momento para desconfiar de mí... Snape...
Hermione bajó la varita viendo el cuerpo, se quedó inmóvil al darse cuenta del cuerpo que respiraba con dificultad, en sus ojos pudo ver todo, el dolor que lo estaba atravesando, el miedo, la angustia y el alivio de poderla ver, se mordió el labio hasta sentir que las lágrimas bajaban libres por su mejilla. Se arrodilló a su lado para quitar la mano de la herida, salió más sangre de ella asustándola.
—¿Qué te hicieron? —sollozó observándolo, él intentó responderle, o al menos decirle que todo estaría bien y que confiara en él pero no pudo hacerlo y sólo acarició su mano con cariño y cerrando los ojos al instante.
—¿Hermione? ¿Qué hacemos? No quiso que llamara a Madame Pomfrey, y dijo que no quería ver a Dumbledore.
—... llevémosle a... sus aposentos.
—Sino lo atienden, morirá desangrado.
—Entonces lo haremos nosotros —le sugirió con miedo.
...
Harry notaba el nerviosismo de su amiga, era algo extraño que no lograba explicar, la vio llorar y maldecir mientras traía un cuenco con agua y toallas limpias. Comenzaba a tener miedo, el profesor no volvió a decir una sola palabra, tan sólo tenía sus ojos abiertos hacía el techo y una respiración entrecortada.
—¿Hermione? Debemos traer a alguien.
—Él no quiere, ve con una poción coagulante.
El joven se sintió extraño al ver a Hermione actuar con rapidez y agilidad, era como si no fuera la primera vez que hiciera eso, hasta parecía que le susurraba cosas al profesor, y estaba seguro de que eso sucedía, porque lo pudo ver asentir y negar un par de cosas. No sabía qué demonios estaba haciendo en ese lugar, sólo debió concretarse a ayudarlo a llegar hasta ahí y retirarse, pero se mantenía cerca de la puerta, quizá por si su amiga llegaba a necesitarlo, o porque ese dolor en su pecho parecía no irse, respiraba con dificultad al igual que su profesor.
Sabía que ese hombre era el único poseedor de su vida, pero se sentía miserable al estarse preocupando por su profesor sólo por interés, porque sabía que si él moría se irían sus esperanzas y su pasado con él.
Hermione se acercó a él, sus manos aunque ya estaban limpias mantenían ese color rojizo en ellas, estaba sudando y parecía bastante nerviosa y temerosa. Dejó de prestarle atención, se centró en Snape que parecía haberse tranquilizado un poco desde que ella había llegado, después de tantas humillaciones en clase, de malos tratos, hacerla sentir mal por ser la mejor en clase, y hasta ahora se daba cuenta que la admiraba, que cuando su vida corrió peligro sabía que la única que podía ayudarlo era Hermione Granger, eso fue tan inesperado.
Ahora se encontraba reposando, con el torso vendado y recuperando el calor. Regresó a ver a su amiga que ahora lo veía totalmente extrañada.
—Será mejor dejarlo descansar.
—¿Va estar bien? —Cuestionó preocupado, su amiga asintió acariciando su mejilla—. Si no te importa, quisiera quedarme... aquí... toda la noche... para asegurarme.
—¿Asegurarte? ¿De que el profesor... este bien? ¿Aquí?
—Sí... él me está ayudando, es una forma de correspóndele —se apresuró a justificarse.
—Ve a dormir Harry, yo me quedaré.
—Hermione, debemos avisarle a Dumbledore, sé que él se niega a verlo pero... le tenemos que avisar a su... esposa o novia, su familia. Sino pasa la noche, al menos podrá despedirse de él —susurró al final.
—¿Esposa? No sabía... que estuviera casado.
—Cuando él se fue aquella noche yo lo vi de cerca, los vi...
—¿A quién viste? —le preguntó con la voz apenas audible.
—Llevaba cubierta la cabeza, pero esa mujer debe estar preocupada y tenemos que traerla por si...
—¡Basta Harry! Escucha, él estará bien y él no quiere a nadie...
—Pero...
—¡Nadie! —se escuchó una voz áspera y entrecortada, ambos se acercaron a él asustados—. Nadie con excepción de Granger puede entrar a esta habitación.
Harry asintió resignado, si había podido articular un par de palabras significaba que no podía estar tan mal como se pensaba. Dio un par de pasos atrás cuando el profesor le dio la señal de alto, se detuvo en seco observándolo con seriedad, el profesor suspiró.
—... Si usted desea puede quedarse, sólo ustedes dos, no quiero... a nadie... aquí. Y no quiero un rastro de lástima en sus ojos Potter.
—Sí, señor.
…
Hermione tomó una toalla y se la ponía en la frente, sabía que la poción tardaría tan sólo unos minutos en hacerle efecto, pero Severus lo ignoraba y el miedo se apoderaba de él. Con todas las fuerzas que tenía lo mantuvo en la cama, evitando que saliera a no sé qué lugar a cumplir con tantas incoherencias que estaba diciendo desde hacía media hora.
—Debes quedarte aquí, por favor ayúdame, ¡no puedo hacerlo sola! —sollozó guardando sus lágrimas.
—Tan sólo... Hermione. Irá por él... lo va matar.
—¿A quién? ¿Severus qué te hicieron? ¿Hablas de tu hijo? —asintió desesperado.
—Lo buscaré, dime dónde lo busco Severus, le diré que venga hablar contigo.
El hombre se dejó caer sobre las almohadas, el sudor bajaba por su cara y su pecho. De tanto moverse había provocado que la herida se abriera y las vendas comenzaran a mancharse de sangre, sus ojos se humedecieron sin que saliera una sola lágrima, pero esos orbes negros cambiaron, era como si de pronto le mostrara esa parte oculta de su alma, esa que tanto la hacía estremecer.
—Le borré la memoria.
—¿Qué?
—Le quité todos los recuerdos a mi hijo.
Lo primero que quiso preguntar era, ¿por qué? Pero ella bien lo sabía, había intentado proteger lo único que tenía en la vida. Ahora lo entendía más, sabía porque razón él se había amargado en su soledad, porque el odio hacia algunos, hacia la vida. Lo abrazó con fuerza buscando que la poción hiciera efecto, o al menos que se calmara.
—Debo verlo.
—¿Quieres devolverle su pasado?
—No puedo hacer eso... pero debo asegurarme que... está bien y... —se vio interrumpido cuando Harry entró con una bandeja de comida, la cual casi se le resbala de las manos al ver como su amiga abrazaba al profesor—. Potter.
—Harry que bueno que llegaste...
—¿Pa... pasa algo?
—El profesor está bastante nervioso, tiene fiebre, me ha costado trabajo que se quede acostado.
—Sí... traje la comida que me pediste.
—¿Tienes hambre Severus? —el hombre negó con la cabeza observando a Harry calmadamente —, bueno, pero no puedes salir, lo sabes.
—Ya no importa —respondió tranquilo.
—Hermione es la profesora McGonagall, te has desaparecido por dos días, debes ir a verla, te espera en su despacho. —Le dijo intentando ignorar que su amiga había tuteado al profesor y ninguno de los dos se pareció dar cuenta.
—Vaya Granger, he tenido suficiente de usted por estos días. —Hermione se maldijo cuando tuvo que retirarse, pero confió en que Severus estuviera lucido y no dijera nada inapropiado.
Harry dejó la bandeja de comida cerca de la cama por si el profesor cambiaba de parecer, y se sentó lejos de él, sabía que ahora que se estaba recuperando no era bueno tentar a su suerte, podría echarlo de ahí de un momento para otro, o bien restarle todos los puntos y someterlo a un castigo por lo que restaba del curso.
En cambio Severus lo observó con cierto dolor, cada minuto que pasaba era tiempo perdido, él moriría y su hijo también. Desvió la mirada intentando pensar, no sabía si decirle la verdad podría ser lo más inteligente que debía hacer, podría perderlo todo, su lugar dentro de las filas de Voldemort, el respeto, al mismo Harry.
La poción comenzó hacer efecto y durmió según lo previsto, cuando se recuperara por completo tendría el tiempo de pensar lo que le hiciera falta. Harry se tranquilizó y respiró con normalidad cuando vio que el profesor dormía, sus músculos de destensaron y se dejó caer en el respaldo...
El atardecer llegaba a Privet Drive y con ella, la esperanza se iba lentamente conforme se acercaba la noche. Frente a sus ojos observaba cómo comenzaban arreglar el jardín para la fiesta de cumpleaños de su primo Dudley, al día siguiente toda la casa se llenaría de invitados, regalos, y un muy mal día para Harry. Su tía Petunia salió para seguir vigilando que su hijo estuviera en el jardín con los vecinos, bajó la vista hacia su sobrino y suspiró con fastidio.
—Levántate, necesitas un suéter, comenzará a anochecer. —El niño se levantó y se dejó poner la prenda, un rostro entristecido apareció de pronto—. Será mejor que pases ya o ese resfriado se complicará, y yo tendré la culpa.
—Ya casi viene.
—No estoy segura que pueda llegar, dijo que se le habían atravesado problemas.
—Estaré aquí sentadito —le suplicó poniéndose en la orilla, su tía se incorporó y negó con la cabeza.
—Bien, como quieras.
Harry se veía a si mismo con pesar, la soledad que vivió de niño era algo que aún recordaba. Podía darse cuenta que le interesaba esa fiesta, hubiera querido tener esos amigos que tenía su primo, una fiesta así de grande con los juegos que sus tíos solían llevarle. Se hizo más hacía la orilla viendo a ambos lados de la calle, las esperanzas iban cayendo aún más, él se quedaría esperando era lo más seguro.
De pronto el rostro del niño se iluminó, sus ojos brillaron y se levantó ansioso.
—¡Harry! —le gritó el hombre que caminaba hacia él.
—¡Severus!
Harry se pegó a la pared asustado, su corazón latía con fuerza y casi no podía respirar. Su profesor de pociones alzaba al niño de 4 años y lo arrojaba al aire para atraparlo con facilidad, pudo escuchar su misma risa infantil y ver una sonrisa en el hombre, una que jamás había visto.
Harry lo abrazaba mientras Snape le preguntaba un par de cosas, había tanto amor entre ellos, una conexión cuando el profesor hablaba ese niño sonreía y era feliz, y el hombre parecía ver en Harry algo que él no sabía explicarse.
Abrió los ojos asustado, se fijó que se había quedado dormido en los aposentos de Snape. Quien estaba sentado en la cama viéndole con curiosidad, arqueó la ceja confundido mientras Harry intentaba sentarse de nuevo, sabía que si caminaba terminaría por caerse sobre la alfombra. Su corazón parecía que se iba salir de su pecho y su boca temblaba, no estaba seguro que pudiera decir algo coherente en ese momento.
—¿Se encuentra bien Potter?
La misma voz, pensó Harry. Agachó la mirada incrédulo, era él... el hombre que no tenía rostro y al que le guardaba un respeto y un cariño inigualable era Severus Snape. Alzó la vista y todas las emociones le llegaron de golpe.
N/A: Bueno, gracias a los que me dejaron review en el final de Aurora. Continuamos con las siguientes historias.
Yetsave: Gracias por comentar guapa, espero poder hacer capítulos así que te gusten y uno a uno se convierta en tus favoritos. Besos
Yazmin Snape: Te dije que actualizaría hoy y cumplí nena, debemos ponernos al corriente con las dos historias porque quiero terminarlas en un par de meses. Besos
Nico: Gracias por tu bello comentario. La verdad aún no he planeado bien el final, sólo la trama y algunos capítulos. Por otro lado, sí esto va más encaminado a la relación Severus-Harry pero habrá partes Sevmione, intentaré ponerlas más. Ya se acercan con lo del matrimonio y la muerte de Dumbledore, espero sean de tu agrado. Besos
Lui Nott: Me complace en verdad que te haya gustado como marcha la historia, ya verás cómo Snape le irá dando forma a todo. Gracias por leer y comentar. Besos
Valentina: Muchas gracias, espero te siga gustando. Saludos
Xerxes Eli: Gracias por seguir leyendo niña hermosa, y por comentar. Pero… veremos si hay matrimonio o no, aún faltan muchas cosas para esa felicidad que añoras. Besitos.
Eydren Snape: Falta un poco para que Harry recupere por completo su pasado, o aun no sospecha nada de la relación que Severus tiene con su amiga, así que todo relajado. Besos nena.
