CAPÍTULO 7

Se le secó la garganta al recordar aquel rostro, por mucho que intentó articular una frase coherente no lo logró, quiso esquivar la mirada del pocionista, pero no pudo hacerlo, tan solo lo veía frenéticamente, queriendo encontrar en sus ojos las respuestas, intentando atar cabos que lo llevaran a la verdad, por un lado rehuía de su pasado y por el otro exigía sus vivencias.

Un dolor agudo en su cabeza lo atravesó de pronto, un descontrol mental aparecía, imágenes que era forzado a mostrar, el pánico lo atravesó de un momento a otro, sabía lo que ocurriría a continuación, pero el miedo de ser invadido no era lo que lo congeló de terror, sino la nueva información que poseía, ese hombre al que llamaba "padre" estaba dentro de sus recuerdos, ahora con un rostro propio, cayó de rodillas esforzándose por no ser descubierto.

Potter —le llamó el profesor que comenzaba a salir de la cama—. Potter responda, ¿qué sucede?

Él Intenta... intenta entrar.

¡Disciplina! —Gritó tomando su varita, una firmeza aparecía de nuevo en su rostro, pero en esta ocasión también asustado, si él conseguía entrar en la mente de su hijo las cosas se complicarían—. ¿Perdí mi tiempo con usted estas semanas?

... No —logró articular sin dejar de tomarse la mente, podía sentir a Voldemort vagar por cada recuerdo, como si quisiera buscar algo en particular—. Deténgalo.

Hazlo, ¡vamos! —ambos llevaban la varita en mano, sin darse cuenta que no estaban combatiendo uno con el otro, era un mago mucho más fuerte que estaba haciendo su mente añicos.

Lo verá... lo verá a él, sabrá que tengo a alguien.

¡Débil! Eres un mago tan débil, que no puedes poner a la práctica lo que le he enseñado, ¡Vamos! Empieza a cerrar las puertas. Poco me interesa que vea al mediocre que te limpió la cara sucia de niño, es algo más importante que eso —exigió fuera de control, pensaba estúpidamente que provocándole sacaría esa fuerza de la que él era capaz—. Vera tan sólo a un imbécil cuidándote, ¡sin rostro! ¡Sin fundamento! ¡Sin nada!

¡NO! Podrá verlo... todo, lo he recordado, sé quién es —susurró con debilidad, Snape se quedó inmóvil viéndole quebrarse, ahora entendía la mirada que tuvo al despertarse, lo había recordado todo, a él.

La preocupación de Hermione iba en aumento, casi ni podía prestarle atención a la profesora McGonagall, las nuevas instrucciones debían escucharlas ambos prefectos, pero seguramente Ron estaba más divertido entre las piernas de su novia que cumpliendo sus obligaciones.

¡Señor Weasley! —alzó la voz la jefa de la casa Gryffindor, Hermione frunció la nariz en desagrado al verlo entrar corriendo.

Lo siento profesora, tuve un inconveniente al...

Ahórrese sus excusas y preste atención, la señorita Granger le explicará el cambio de rondas y las horas, y espero verlo ahí señor Weasley, y no encontrarlo con la señorita Brown. —El rostro del joven se sonrojó tanto como su cabello.

Sí, profesora.

Muy bien, en segundo lugar necesito que comiencen a formar los grupos para los exámenes de Éxtasis, la lista de tutores se publicará mañana en todas las salas comunes. Finalmente y no menos importante, comiencen la lista para saber quiénes se quedarán a tomar las vacaciones de Navidad en el castillo.

Hermione asintió viendo el reloj, la preocupación la azotó de nuevo, confiaba en la cordura de Severus, pero si por alguna extraña razón cometía una imprudencia esperaba que no lo hiciera frente a Harry.

Confío en usted señorita Granger, ahora puede retirarse, veo que se mantiene muy preocupada viendo el reloj.

Disculpe profesora, sólo que el profesor Snape me pidió que fuera a su despacho en seguida, no quiero hacerlo enfadar —respondió con rapidez, sin darse cuenta de la magnitud de sus palabras.

¿Lo vio? ¿Él personalmente le pidió que fuera?

Al parecer sí, me lo notificó un alumno de primer año —mintió nerviosa.

Re... retírense.

Maldijo mil veces en su interior, caminó lo más rápido que pudo hacia las mazmorras, escuchó los pasos de Ron siguiéndole los pasos lo cual la puso de mal humor, sentía como esa magia salía de ella con toda la intención de atacarle.

Hermione... Hermione aguarda.

¿Qué es lo que quieres? —le encaró de pronto, Ron se detuvo para no chocar con ella.

Sé que estás molesta porque llegué tarde, pero te ayudaré con los deberes lo juro.

Alguna tarea has de querer, pero escucha bien ¡No te ayudaré en nada! Ahora quítate.

¿En serio el murciélago regresó? Yo esperanzado de que casi nos libramos de él —Hermione terminó por arrojarle una patada a media pantorrilla que lo hizo gritar de dolor mientras cojeaba.

No digas eso Ronald Weasley.

Todo el mundo lo dice... ¿por qué me pegaste?

Él casi muere aquí en este pasillo desangrado y tú con tus estupideces —le reprendió dejándolo solo y siguiendo su camino.

Continuó andando sintiendo cada minuto más largo, en su pecho un mal presentimiento se acrecentaba. Entró con prisa al despacho del profesor y se tomó el tiempo para buscar unas pociones que necesitaría, las colocó con cuidado entre sus manos y cerró bien el armario de pociones.

Su corazón cayó a un vacío cuando vio al profesor Dumbledore entrar con calma, una poción cayó al suelo rompiéndose en mil pedazos. Quiso hablar, explicar, decir algo pero nada salió de su boca, todo por la imprudencia que había cometido con la profesora McGonagall.

¿Llegó herido? —preguntó el profesor sin darle tiempo a nada.

Sí.

¿Cuándo?

Hoy en la madrugada, no quiso que nadie supiera.

Pero yo no soy "nadie" señorita Granger, deme eso, yo me haré cargo.

Un golpe se escuchó desde la habitación, ella ignoró al hombre que tenía enfrente y abrió con rapidez la puerta. Lo primero que vio la confundió indudablemente, Harry se encontraba de rodillas, la silla estaba en el suelo, y aunque empuñaba su varita ésta permanecía baja sosteniéndole la mirada al profesor.

Severus irradiaba ira cuando lo veía, de pie con el torso sangrando su varita lo apuntaba, Hermione se quedó congelada, sus músculos no le respondían.

Sabe quién es —repitió Snape reponiéndose de lo que le había dicho el muchacho—, ¿y le mostrará al Señor Tenebroso su rostro?... ¡Responda Potter!

¡NO! —le gritó temblándole los labios.

Protéjalo entonces, ahora —Harry cerró sus ojos cansado haciendo un último esfuerzo, Snape sabía perfectamente que no lo lograría, haberlo recordado en ese momento lo había debilitado mentalmente, así no podía hacerle frente a Voldemort.

Se maldijo por unos breves instantes, se tomó el costado sintiendo la sangre acumularse y resbalando por su pierna. Se giró con brusquedad viendo a Hermione asustada, mientras que Dumbledore parecía querer matarlo en ese mismo momento. Caminó tan rápido como pudo, ignorando a los presentes, en el armario de pociones dijo las palabras indicadas y un cajón se abrió de la parte inferior, donde sacó aquella poción que había guardado por varios años, era su única alternativa y la tomaría sin pensarlo.

¿Qué piensas hacer? —lo detuvo Dumbledore, cuando pasó a su lado con el frasco de una poción azul eléctrico.

Quítame tus malditas manos de encima —siseó furioso.

No lo harás.

Dame un motivo para no hacerlo ahora —le amenazó el pocionista con la varita en su cuello.

Albus se quedó perplejo, los últimos días había creído que Severus estaba perdiendo poco a poco su sentido común y su cordura, y eso lo demostraba. Su clara amanezca solo ellos dos lo entendieron, no se refería a darle la poción sino sobre matarlo en ese preciso momento.

Severus bajó la varita cuando sintió a Hermione casi sollozar, se acercó a Harry quién parecía caer en un trance. Le extendió la poción para que la bebiera, sin embargo su mente se encontraba muy dentro de él luchando por guardar su último recuerdo.

Bébalo, le dará fuerzas. —La temblorosa mano del joven tomó la poción, Severus le destapó. Sintió un dolor agudo en su pecho cuando vio a Harry asustado, sus ojos esmeralda parecía que se quebrarían en cualquier momento, un quejido de dolor salió de su boca—. No importa si ya se lo mostró, lo arreglaré. — Le aseguró, queriendo de esa manera tranquilizarlo.

Harry, hijo no tomes eso. —Le pidió con sutileza el director.

Confía... en mí —le pidió el pocionista, Albus corrió hasta donde se encontraba Harry pero el joven bebió con rapidez la poción, en un arrebato de miedo, de confianza, y de desesperación.

Al principio creyó que se ahogaría, pero no tenía miedo, Snape asentía dándole más confianza de soportar como la poción quemaba su garganta, sintiendo la piel helada como si toda su sangre se congelara de pronto, soltó la varita de forma involuntaria. Se dejó caer sobre sus piernas respirando agitado, esa fortaleza que no sabía que poseía apareció de pronto creando las barreras mentales que necesitaba, hasta poder lograr su cometido.

Harry observó a Severus por unos segundos, no había palabras en ese momento, tragó en seco, quiso abrir la boca en varios momentos pero se arrepintió inmediatamente.

Severus buscaba en forma desesperada cualquier rastro de odio, decepción, rencor, tan sólo encontró a un chico confundido que buscaba respuestas en su mirada. A pesar de que lo había recordado todo, siguió confiando en él, por fin lo había recuperado, después de cinco largos años su hijo volvía a él.

Señorita Granger, lleve al señor Potter a la enfermería por favor.

Profesor Dumbledore, antes me gustaría hablar con el profesor Snape.

Después muchacho, alguien tiene que curarlo. —Harry observó las heridas con preocupación, por fin se dio cuenta que el mago apenas tenía las suficientes fuerzas como para mantenerse de pie.

¿Señor?

Obedezca Potter, iré a buscarlo a la enfermería. —Hermione frunció el ceño bastante confundida, definitivamente en esos 30 minutos que ella se ausentó se perdió de la mitad de toda una historia.

... Está bien —desistió sabiendo que tendría esa batalla perdida—, creo que... no se lo mostré... a Voldemort, usted me entiende.

Lo hizo bien Potter.

Ven Harry, Madame Pomfrey debe revisarte —con trabajo la castaña logró sacar a su amigo, pero no quiso ir a enfermería, lo cual le preocupó bastante pues permanecía en un trance que la estaba poniendo muy ansiosa—. Harry, creo que sí debería llevarte a la enfermería.

Lo recordé Hermione, ya sé quién es mi padre.

¿Qué? —Cuestionó confundida—, imposible...

Y está vivo... no me abandonó del todo, siempre estuvo cerca.

Espero estés consiente de la gravedad de tus decisiones Severus —le recriminó en el instante de que la puerta se cerró.

No tengo humor para tus quejas Albus, lárgate por favor.

No te detuviste hasta que Harry te recordó, le he visto el anillo y estaba luchando por sacarlo de su mente, no me mientas.

Eso no significa que...

No me hagas pasar por tonto Severus —le interrumpió molesto—. Ten el valor de decirlo.

¿Eso quieres? Me lo quitaste cuando él más me necesitaba, —le echó en cara con rencor—, lo obligaste a que pasara solo las situaciones más difíciles, cuando no tenía necesidad porque me tenía a mí... si, busque todos los medios para que él recordara todo y lo logré.

No bastándote eso le devolviste toda esa magia contenida, que no podrá controlar.

Lo hará.

¿Qué harás ahora Severus? ¿Dejar a Voldemort? —preguntó el profesor mientras se paseaba por la habitación de forma curiosa.

Eso no es una mala idea.

¿Sin cumplir el juramento inquebrantable? —Severus se quedó callado observándolo fijamente—, llevas la marca tenebrosa Severus, tú eres un peligro para Harry, lo encontrará si estas cerca y no tendrás la fuerza para salvarlo, no olvides que debes cumplir tu promesa conmigo.

Me encantaría hacerlo en este momento.

Sin embargo me necesitas con vida aún, cura tus heridas —le ordenó despidiéndose de é —. Y Severus, quítale esa idea a Harry que tú eres aquel hombre que recuerda.

¿Y si me niego?

No creo que quieras arriesgarte a que Voldemort deje a Harry como te dejo a ti, tan solo por hacerte pagar tu traición.

Será un placer cuando termine contigo Albus —le dijo en voz baja terminando de vendarse la herida—. Siempre he seguido cada orden que me has dado, creía estúpidamente que también buscabas el bienestar de Harry pero no, sólo me haces pagar por mis malas decisiones. No cantes victoria Albus, ahora que él me recuerda no pienso perderlo.

¿Prefieres tenerlo vivo de aquí al final de la guerra? Estando tú cerca las posibilidades de que Voldemort lo mate aumentan al doble.

¿Crees que voy a permitir que lo mate? ¡Lo defenderé con mi vida!

¿Cómo paso con Lily? Hiciste todo lo que estuvo a tu alcance y no fue suficiente, por eso te hiciste cargo de su hijo. James y ella murieron por ser un muchacho imprudente —resopló con firmeza.

¿James? No se perdió mucho con ese maldito cobarde.

¡Hazlo! Dile a Harry la verdad, veamos si puede omitir que el hombre al que llama padre fue el culpable de la muerte de sus progenitores.

Pues veamos —lo retó, aunque se encontraba lleno de miedo.

Severus...terminaras matando a ese muchacho también —terminó con pesar Dumbledore dejándolo solo con sus demonios.

Se vistió con rapidez queriendo buscar a Harry, necesitaba estar con él ahora más que nunca, haberlo recuperado era el mejor regalo que le podía dar antes de partir a la guerra, las esperanzas de que él lo perdonara por matar a Dumbledores habían aumentado, tantos secretos que estaba guardando con Hermione se terminarían por fin.

El director terminó por salir de sus aposentos logrando calmarse un poco, la camisa que acababa de ponerse comenzó a mancharse de sangre, maldijo quitándose la venda con violencia. Esa herida tenía mala pinta, se metió a la ducha para limpiarla como era debido, quiso ir a ver a Harry tan pronto como la herida lo dejara pero cayó sobre la cama agotado por el largo viaje que había hecho para llegar a casa.

Las ideas pueden cambiar de un momento a otro, variando por las emociones que se guarden en cada día. Eso le sucedió a Severus, esa euforia de que su hijo lo había recordado había pasado, ahora sólo recordaba cada latigazo que había recibido, el negarse a dar una información casi le cuesta la vida, creyeron que con dolor podrían sacarle el nombre de Hermione, a la mujer a la que intentaba enviarle una carta, pero de sus labios nunca salió nada.

Si traicionaba al mago oscuro, ¿Cuáles serían las consecuencias? Pensaba mil y una cosas, siempre con un final desgarrador, como cada vida que se perdió en las mazmorras de la Mansión Malfoy, ese miserable mantendría a su hijo vivo tan sólo para poder torturar al pocionista, al final mataría a Harry.

Sabía que la única oportunidad que tenía era acabando con Voldemort, pero la sola idea parecía absurda, él no tenía posibilidades de hacerlo, no en ese momento.

¿Profesor? —preguntó Harry que entraba cauteloso al despacho.

Potter —soltó por fin, había llegado el momento de hablar de ese tema que él había dejado postergar por una larga semana—. ¿Necesita algo?

Hablar con usted, es urgente. —El pocionista asintió invitándolo a que tomara asiento, podía ver la ilusión en los ojos del joven, el miedo y todas esas emociones que no lo dejaban pensar con claridad.

Lo escucho.

Lo he recordado todo —dijo eufórico, creyendo que de esa manera Snape comprendería, dejaría de actuar de una maldita vez.

¿Y yo qué tengo que ver?

Recordé el cumpleaños de Dudley, el número 4. Yo estaba sentado en la orilla de la puerta, todo estaba siendo arreglado, globos, el jardín, toda la atención era para él... —comenzó Harry de una forma nerviosa.

Estaba sentado esperándolo, recordaba ver al niño correr agitado hasta donde él estaba, la sonrisa con la que lo recibía, Harry creía que él era una especie de superhéroe, algo especial que ninguno de los dos lograba comprender.

Severus —le llamó emocionado, él lo alzó de pronto arrojándolo al aire—. Dijo tía Petunia que no vendrías.

Tan sólo se me hizo tarde, pero aquí estoy. —Caminaron hasta la casa donde rodó los ojos al ver tanto derroche en una fiesta de cumpleaños—. Me llevo a Harry.

Su maleta está en el sillón —respondió Petunia de forma grosera, Severus ni siquiera la miró, entró tomando la mochila, Petunia lo veía con desprecio y esa sonrisa maquiavélica apareció en el rostro del mago.

¿Listo? —le preguntó al niño, éste se abrazó de su cuello preparándose para la aparición.

¡Snape no te atrevas a...!

Severus se carcajeó tan pronto lograron sentarse en la sala, esa mujer odiaba cualquier rastro de magia hecha en su casa, Harry se bajó tomando los juguetes que había ahí. El niño se desenvolvía mejor en esa casa, era más feliz, más libre. Corrió de la cocina a la sala al menos unas ocho veces, en tan sólo 30 minutos la estancia estaba de cabeza, su Severus no tuviera magia se estaría preguntando seriamente en colgar a ese mocoso de los pulgares.

Quiero una fiesta de cumpleaños.

¿Cómo la de tu primo?

¿No se puede? —preguntó dudoso y temeroso, el pocionista vio la ilusión en sus orbes esmeralda.

La tendrás Harry.

¿Sí?

No te negaría algo como eso.

¿Vendrá Miss Marianne? —preguntó ilusionado, recordando a esa bella maestra de cabello rizado y ojos avellana.

Eso sí puedo negártelo, sin mujeres ¿cuándo vas a comprender eso?

... quiero leche con chocolate y galletas de fresa y más chocolate —pidió desviando el tema, provocándole una sonrisa al mago.

...No estoy loco ni me equivoque, es usted quién aparece ahí y entonces muchas cosas sobran sentido, haberme salvado de morir ahogado, la ayuda que he recibido y su cambio conmigo cuando empecé a recordar, reconocí el olor y por fin el rostro, pero necesito oírlo ¿es usted mi padre?

Harry obtuvo un largo silencio por parte del profesor, bajó la mirada ante aquellos ojos ilusionados que esperaban su respuesta. Sus manos eran lastimadas por sus uñas al ponerlas en puño, recordó la alegría que le provocaba cuando era pequeño y la admiración que le tenía cuando fue creciendo, la extraña emoción que veía en Harry, tan sólo dejándose llevar por recordar su pasado, si le decía que sí era cuestión de días para que recapacitara en lo mal que lo había tratado todo esos años, en la muerte de sus padres, en que era un mortífago, estaba completamente seguro que ese chico no esperaba ni soñaba un padre como él. Reconocía que Dumbledore había dicho la verdad, si el Señor Tenebroso se enteraba de su secreto nada podría salir bien, dejar las filas en ese momento sería una de las peores decisiones, se acabaría la protección que estaba formando para Harry. Alzó la vista dudoso, ese dolor y la rabia lo azotaron como aquel látigo.

...No —respondió tras un silencio, la ilusión de Harry cayó frente a sus ojos, asintió confundido—, esa tarde él no podía llegar, tan sólo me pidió recogerle y llevarle a la casa.

¿Solía hacerlo seguido?

Cada vez que él lo necesitaba.

Claro.

Potter, espere —le pidió cuando lo vio levantarse molesto—, debe confiar en él, está haciendo todo lo que puede, su confianza en él es suficiente para...

¡No profesor! ¿Al menos saldrá con vida? —Exigió azotando con los puños el escritorio, ese carácter había vuelto a él junto con esa magia recorriendo sus venas—, no lo hará, su silencio me lo confirma, y él prefiere morir en el anonimato que venir a que yo lo conozca.

Guárdese sus quejas para otro momento, Potter.

No me pida que confíe en él, no lo hago. ¿Cómo hacerlo si no me quiere dar la cara? Es bastante raro, porque yo recuerdo a un hombre criándome, no a un cobarde.

¿Crees que es fácil para él verte morir? ¡No lo es! ¡Lucha para evitar eso! —Le gritó herido.

Tampoco será fácil para mí, verlo a él de la misma forma que lo vi a usted en ese pasillo, ¡dígaselo al muy...! —terminó por hacer una señal que Severus no comprendió, su hijo tiró una silla y salió hecho un demonio.

Quiso detenerlo pero sabía que era lo mejor, que se fuera, sabría afrontar ese dolor, lo había preparado para que así fuera, si tenía algo de suerte tal vez al final podría pedirle perdón por abandonarlo dos veces.

Vi al señor Aldridge salir de aquí Severus —Minerva se sentó a su lado bastante preocupada, las últimas semanas su compañero y amigo parecía vivir en el mismo infierno—. ¿Ocurre algo?

Sólo vino arreglar algo que le pedí.

¿Algo como qué?

En otros momentos le hubiera dicho que eran asuntos suyos, pero se encontraba debilitado mental y emocionalmente y no pudo hacerlo.

Hice algunos ajustes en mi testamento.

¡Por Dios Severus! No tienes 130 años para que hicieras eso.

Minerva, no voy a sobrevivir la guerra —le confesó tomándole por sorpresa a la bruja.

No digas eso Severus.

No permitas que él me odie, no, si he muerto.

Harry te ama —le aseguró tomando su mano, queriendo de esa manera darle la fuerza que estaba necesitando.

Hay cosas que él no me perdonará, que tú no perdonaras.

Te equivocas Snape, estaré a tu lado apoyándote.

No hagas promesas que no cumplirás —respondió agrio levantándose de ahí.

Llegó a las dos de la mañana completamente ebrio, casi cae sobre la alfombra y se queda a dormir ahí, pero un bulto en su cama le llamó la atención. Hermione se incorporó asustada, vio todo lo de la mesa tirado y a Severus con la camisa por fuera y la levita abierta, bajó la vista avergonzado, últimamente bebía tanto que apenas lograba mantenerse de pie.

Ya no sabía qué más hacer por él, la pena que cargaba no era pesada pero si dolorosa, no podía ayudarla a cargar con ella, tan sólo quedarse a su lado por si la necesitaba.

Severus se sentía avergonzado, eran ya tantas veces que lo veía perdido en el alcohol, ella tan sólo lo ayudaba a llegar a la cama y le daba un café por la mañana, ya no preguntaba, sabía la respuesta pero podía ver en su mirada el dolor. Llegó hasta donde se encontraba ella, la abrazó recostándose a su lado, un profundo silencio se formó entre ellos, pero ahí Severus recordó la persona que día con día estaba ahí para él, que lamentablemente era a la que hacía daño con cada decisión que tomaba.

...

¿Qué es este lugar? —le preguntó cuándo entraron a una casa en la ciudad de Bradford.

En las afueras un precioso jardín con unas bancas de madera adornaba la entrada, pero por dentro era aún más hermosa, había los muebles necesarios y lo indispensable para habitarla, sin embargo, faltaban varias cosas y la decoración que se la había dejado a ella.

Tú casa.

¿Qué?

Nos casaremos en dos semanas Hermione, aquí viviremos, ¿te gusta? —los ojos de la joven se humedecieron entristecidos, asintió sin poder responder.

Creí que... ya no querías.

¿Por qué?

Ya no te veo... enamorado. —Confesó con timidez.

No te merezco, pero no tengo el valor de dejarte partir.

¿Aún me amas?

Quiero demostrártelo —le dijo besándola de pronto, sin esperarlo. Tenía que disfrutar los últimos meses que quedaban antes de que esa maldita guerra comenzara.

N/A: Gracias por sus comentarios, eso me motiva a escribir.

Lynette P. Broderick: Poco a poco se le van terminando las fuerzas a Severus, ve demasiado en las consecuencias de sus actos y se deja arrastrar por lo que le dice Albus, pero buscará sobrevivir para que Harry no lo odie. Saludos

Nico: Bueno, sé que esperabas otra cosa pero para esa escena que deseas falta un poco más. El momento en que él lo recuerde absolutamente todo será perfecto, te lo aseguro. Besos

Yetsave: Aún me faltan un par de recuerdos importantes y creo que una lectora me pidió uno en particular que también había tomado en cuenta, espero también te agraden. Besos

VicGG: Hola! Muy bien, muchas gracias por seguirla, es muy importante para mí que les agrade tanto. Besos

Yazmín Snape: Ella se enojó con Harry porque no sabía si era él o no, ya que no reconoció su patronus. Harry estaba tan preocupado por Snape que no se dio cuenta de lo que sucedía con Hermione, cada quién con su propia guerra interna. Ya me puse al corriente, voy a buena velocidad.

DUENDECIYA: Espero poder colgar otro capítulo del otro fic antes de que se termine la semana, gracias por comentar. Besos

Lui Nott: Un poquito de paciencia, falta para que ellos se reencuentren como es debido. Gracias por comentar, saludos y besos.

Lili Ann Snape: Gracias guapa, siguiendo como siempre, nos seguimos leyendo. Besos

Xerxes Eli: Muchas dudas niña! Ya sabes que sí, lo reconozco, la maldad corre por mis venas, sí sucederá de esa manera. Por ahora Harry no sabrá sobre el romance con Hermione, ni recordará nada de su pasado, falta un poco… soporta un poquito más. Besos nena.

Ycaliz: Esperando que no te decepcione que aún no recuerda nada, bueno si recordó pero Snape se lo negó todo. Besos