CAPÍTULO 8

Los ojos de Hermione brillaban de ilusión, caminaba lentamente por toda la tienda admirando los vestidos que estaban detrás de los escaparates, veía cada tela, cada corte, los velos, el fino encaje que adornaba algunas partes. Se encontraba sonriendo, indecisa de todo lo que veía, hasta que un suave abrazo la regresó a la realidad.

¿Por fin me dirás algo mamá?

Que te verás hermosa con cualquier cosa que elijas —le aseguró acomodando aquellos rizos que se salían de su lugar.

Pero... no estás de acuerdo en mi matrimonio.

Tienes 17 años, es difícil poder entenderte —confesó desviando la mirada—. Y el señor Snape es...muy... serio para ti.

No me importa la edad, sé que por eso lo dices —advirtió su hija sosteniéndole la mirada a su madre—. Además, ¿por qué diste tu consentimiento, si realmente no lo aprobabas?

La señora Granger dobló la cabeza pensándolo en poco, la "pedida de mano" fue única, para ella evidentemente. Su hija jamás le había mencionado el romance que había estado guardando con su profesor. Ambos llegaron un día por la noche a su casa, ese hombre le notificó que se casaría con su hija, todo en pocas palabras y con tono exigente.

Contraeré nupcias con su hija.

Sí, claro que recordaba perfectamente la primera frase que había salido de sus labios, la había dejado completamente muda. Observó a su hija incrédula, buscando que desmintiera lo que ese hombre estaba diciendo, pero ella tan sólo sonrió nerviosa. Vio el anillo de compromiso y su pequeña tomó la mano de aquel hombre, quién sutilmente la tomó dándole una caricia.

Sé que su esposo murió antes de que ella fuera a Hogwarts, entonces me dirijo a usted, nunca le hará falta nada a Hermione, su futuro ya está asegurado desde este momento.

No sabía a qué demonios se refería con eso, parpadeó un par de veces y sonrió bastante nerviosa.

Quiero que tenga la seguridad de que siempre protegeré a su hija, y a usted por supuesto.

Mi hija no... no me aviso de... que mantuviera una relación con... alguien —logró por fin articular.

Comprensible, tenemos tan sólo 8 meses.

¡Por Dios! Está embarazada —se quejó llevándose las manos a la cara, la angustia de pronto la invadió.

Por supuesto que no, jamás habría permitido eso para Hermione.

¿La habrá respetado entonces? —preguntó con miedo, pero con ese tono molesto que no lograba sacar.

La he sabido cuidar. —Corrigió el pocionista.

¡Por Dios! —Sollozó conteniendo las lágrimas—. Hermione ¿ya lo pensaste bien?

Mamá no estaría aquí si no fuera así, nos casamos en dos semanas.

Dos semanas...

Hay una cosa más mamá, solo nos casaremos por la Ley Mágica y serás mi testigo.

¿Por qué?

Él es mi profesor mamá... este matrimonio será completamente privado.

¿Tu profesor? Hermione... ¡Dios santo!

Justo en ese momento terminó la conversación, su madre rompió en llanto, Hermione bajó la vista avergonzada y con la culpabilidad carcomiéndola, pero Snape arqueó la ceja con fastidio.

¡Mamá!

Hermione, no es fácil entender que hayas estado con tu profesor, que él es mayor de edad y que ahora piensen casarse, pero cumpliré con el sueño de tu padre de darte la libertad de elegir a tu esposo.

Mamá... con el tiempo conocerás a Severus y verás que es un buen hombre.

¿Serás feliz? —le preguntó insegura del futuro de su hija, Hermione asintió y eso bastó para su madre—. ¿Te gustó algún vestido?

Todos. —Ambas rieron, en ese momento no había guerra alguna que atentara contra su vida, con la felicidad que ella sentía, Severus Snape sería por completo suyo, con la posibilidad de un futuro.

Nunca imaginó así su boda, en una oficina del Ministerio, pagándole al oficial una fuerte suma de dinero para mantener ese matrimonio en secreto y guardar el acta para que nadie se enterara. Observó a Severus algo ausente, en ocasiones dudaba si en verdad la amaba lo suficiente, sintió la mano de él acariciarla como si escuchara sus pensamientos.

Detrás de ellos solo se encontraba su madre que llevaba tiempo limpiándose aquellas lágrimas traicioneras que evidenciaban su temor, del otro lado un mago testigo de Severus.

¿Quién es tu testigo?

No tengo idea, trabaja en el primer piso, le pedí que firmara.

¿Y no es riesgoso? Podría hablar —le dijo con miedo la castaña.

No es riesgoso sino tiene memoria —Hermione abrió los ojos desmesuradamente, no podía creer que Severus Snape se atreviera a tal cosa, bueno si lo creía pero no dejaba de sorprenderse—, necesito saber si estás segura de esto, serás mía por toda la vida.

¿Piensas que mis decisiones las toman mis hormonas?

En cierta parte sí.

Mis hormonas vivirán conmigo toda la vida, supongo que puedes acostumbrarte a ellas.

Si te pones como ayer, no tendré queja alguna —le dijo con picardía provocando que ella se sonrojara—. Estás preciosa.

Observó cada parte de ella, el vestido recto que había elegido, tan solo arrastraba unos centímetros, llevaba encaje en los hombros y brazos con algunas perlas en los bordados del pecho. Un ligero maquillaje conservó su juventud, su alegría y esa naturalidad de la que se enamoró, su cabellera atada con un tocado de flores blancas, con el solo adorno de su anillo de compromiso y unos aretes de perla que hacían juego.

No tenía idea de qué había hecho bien para tener algo tan perfecto como ella, pero lucharía hasta el último de sus días por conservarla, por hacerla feliz y haría todo lo necesario para salir con vida y volver a su lado.

Señor Snape, Señorita Granger, podemos comenzar —anunció el oficial cerrando la puerta con llave.

Se colocaron frente al oficial mientras comenzaba el oficio, Severus sentía el nerviosismo en ella, tomó una de sus manos y temblaba ligeramente, sus ojos estaban fijos en los papeles que estaban frente a ellos. Por unos segundos lo invadió la culpa, a sus 17 años tomaba a esa joven como su esposa y mujer, había superado la edad que los separaba, pero dejarla sola era algo que no lograría perdonarse con facilidad, si él no lograba sobrevivir tenía que asegurarse que pudiera continuar, y eso solo iba lograrse si Hermione y su hijo conocieran toda la verdad, les causaría un profundo dolor, eso no había duda pero sabía que entre ambos podrían salir adelante.

Pero no podía entrarle un momento de duda, si estaba haciendo lo correcto o no, quizá en esa ocasión había ganado esa parte egoísta de él, no debía hacerlo, por mucho que quisiera y luchara por salir con vida, estaba demasiado hundido en la oscuridad para lograr eso, era la muerte o una larga condena en Azkaban, pero esa mujer no era fácil de convencer, intentó alejarla muchas veces y nada funcionó, y cuando se le ocurrió estar con ella en la intimidad eso era prácticamente imposible, y si era un poco sincero no quería alejarse, la reclamaba como suya.

Lo mejor que le había ocurrido en la vida era Lily, una pequeña luz en una vida de miseria y dolor, pero cuando la pelirroja se alejó de él, se encaminó en una larga lista de malas decisiones.

Era estúpido recordarse a él en un bar muggle, hundido en el alcohol, la culpa lo consumía, aún mantenía el suave olor a jazmín cuando abrazó a Lily ya muerta en el piso, cada recuerdo merecía tres tragos de whisky, sabía que todo había sido su culpa, que ella lo abandonó y él fue su peor verdugo y juez, él había firmado su condena y ahora estaba muerta. Las lágrimas ya no existían para él, duró así semanas enteras, sin que nada lo hiciera reaccionar.

Era una tarde de domingo, había llegado lejos en esa ocasión, iba medianamente limpio, pero con alcohol en las venas, caminó por mucho tiempo hasta que pudo llegar a la casa donde sabía vivía el hijo de Lily, estuvo cerca de una hora vigilando la casa, se acercó lo más que pudo hasta situarse frente a una ventana. Observó a la familia Dursley alimentarse en la mesa, Petunia le daba toda su atención a su pequeño mientras el mocoso Potter intentaba tomar la cuchara, llevándose la mitad del bocado y tirando en la mesa la mitad.

Petunia ese niño está haciendo un desastre en la mesa, que coma en la sala.

¿Tu madre no te enseño ni a comer Harry?

¿Mami? —preguntó el pequeño con lágrimas en los ojos.

Ya te dije que ella se fue, ven acá. —Por primera vez en semanas Severus sintió algo más que la culpa, era impotencia.

Siguió con la vista a la mujer, colocó una manta y sentó al niño ahí para que comiera, no podía soportarlo por mucho tiempo, el niño veía sin entender porque debía comer ahí, porque no había alguien que le alimentara a él.

Severus regresó a su casa, jurando jamás volver ahí, una vez más se sumió en alcohol por al menos una semana, pero no pudo cumplir con dicho juramento, a los quince días regreso a ver al niño, en un mes era una obsesión verlo jugar en el jardín, casi siempre terminaba en llanto cuando su primo lo golpeaba o le quitaba los juguetes.

Era jueves, lo recuerda bien, se retiraba con la impotencia marcada en sus venas, con algo que no quería reconocer. Sintió unos pasos torpes seguirlo, esos ojos esmeralda lo veían con curiosidad, no sabía si podía sostenerle la mirada pero lo hizo. Se agachó hasta donde estaba el infante, en su mano derecha colgaba un coche color rojo que le faltaban dos llantas.

Regresa con tu tía, mocoso. —Pero el niño no se movió, lo observa con atención.

Severus recordaba a la perfección cómo lo observó, llevaba unos pantalones cortos color café, estaban sucios de lo que parecía ser leche con chocolate, su cabello no estaba peinado pero no se le hizo extraño, una camisa delgada de maga larga era lo único que lo cubría, y por lo que veía estaba enfermo de catarro. Se notaba la poca atención que demostraban esos muggles con el niño, sin embargo, algo le llamó la atención, llevaba un golpe cerca de su oído.

Hey... ¿Quién te pegó?

Dudy —dijo mostrándole la herida—. Lolio.

¿Te dolió? —el niño asintió entregándole el auto de juguete.

Jugal —articuló sentándose en la cera, esperando que aquel hombre se sentara a su lado.

¡Harry. Harry donde te encuentre te irá muy mal! —el niño se levantó asustado, movió sus pies inquiero, y sus ojos derramaron unas lágrimas.

Fue todo lo que pudo soportar Snape, llevaba más de dos meses viendo y callando, soportándolo todo, los gritos, la falta de atención, era verse a sí mismo, ver las consecuencias de sus actos y sobre todo ver a ese niño sufriendo a una edad tan corta.

Ve con tu tía, escucha bien mocoso tonto, volveré... haré todo por sacarte de aquí.

Cuando llegó a su casa se sirvió una copa de vodka, la observó con curiosidad, se preguntó si esa promesa había sido parte de un arrebato o de una emoción que llevaba alojada en su pecho por las últimas semanas. Estrelló el vaso en la pared, tomó cada botella de licor y la tiró al lavamanos, eliminó cada rastro de alcohol, juró no beber más y se dedicó a investigar, el pequeño hijo de Evans debía ser suyo le costara lo que le costara.

...

Hermione Jane Granger ¿Acepta por esposo al señor Severus Snape?

Acepto —dijo con firmeza.

No, definitivamente Lily no era lo mejor que le había pasado en la vida, quizá ella le permitió tener a Harry, pero no hizo nada grandioso por él. La cara de Albus Dumbledore no la olvidará, exigiendo un derecho que no le correspondía, pero estaba en sus manos poder cambiar el futuro de un niño, nunca se planteó tener hijos, nunca quiso tenerlos y a sus pasados 20 años pretendía hacerse cargo de uno.

No creo que sea lo más inteligente, tú cuidando a Harry, ¿sabes qué edad tiene?

¿Y tú sabes acaso como lo tratan? Ni siquiera te importó investigar a esos muggles —le reprochó con desprecio.

Él tendrá una seguridad que tú no podrás darle, él no puede abandonar la casa materna.

Compartiré entonces la custodia, esa mujer estará gustosa que me lleve al mocoso por unos días.

Mi respuesta será negativa.

Si te opones tendrás que olvidarte que me encuentro de tu lado, podrás mover todos tus hilos, pero comprobaré por la ley muggle que ese niño sufre maltrato y no es bien cuidado.

¿Y qué se lo lleven a un orfanato? Grandiosa idea Severus.

Haré esto contigo o sin ti.

¡Severus no hagas una tontería por favor! —le pidió el mago cuando vio al hombre levantarse completamente colérico.

Tenías que cuidarlos y no lo hiciste, te di toda la maldita información y no hiciste tu parte, tal sólo hazle a ese niño su vida menos desgraciada.

¿A tú lado? ¿Cómo será eso posible?

Jamás lo dañaría, es hijo de Lily y...

¿Tal parecido a ti? —preguntó el director queriendo saber sus verdaderas intenciones.

Si así lo quieres decir, yo me haré cargo, tendré que cambiar algunas partes de mi vida, eso me hará bien, alejarme del mundo mágico por unos años.

¿Y de qué piensas vivir?

En lo que soy bueno, pociones. Además quizá sea hora de aceptar la herencia de los... Prince —escupió con desprecio—, al niño no le hará falta nada, sólo te estoy avisando, tu opinión es una de las cosas que menos me interesa.

¿Y las mujeres? ¿Tu problema con el alcohol? ¿Tus amistades con los Malfoy y los demás seguidores de Voldemort?

Llevo un mes sobrio, mis amistades las podré dejar de lado y lo otro es cosa mía.

Severus, no creo que seas buen ejemplo para el niño.

¿Los muggles si? Vete al infierno.

...

Nunca se había encontrado tan fuera de sí, observó desde las afueras de un centro comercial, el niño había estado casi una hora encerrado en el auto, el llanto que exigía atención desesperó a Petunia colocándolo en la parte más alejada de su hijo. Severus cruzó el estacionamiento enfurecido, intentaba no tomar la varita, y resolver eso con palabras, todo resultó tan difícil.

¿Tú? —preguntó incrédula Petunia que abría la puerta del auto para subirse ella.

Dame al niño.

Estás loco, vete de aquí ahora mismo —vio a través de la ventana al niño, bañado en sudor, pidiendo atención y agua. Abrió la puerta con violencia y lo sacó de ahí.

Aléjese del niño inmediatamente —le exigió Vernon.

¿Realmente es idiota tu marido? ¿No sabe lo que puede pasarle Petunia? —Preguntó sutilmente mostrándole la varita—. Me lo voy a llevar, haré todo para quitarte al niño.

No te lo lleves Severus.

Quiero verte intentando detenerme —Vernon lo tomó de la camisa arrojándolo en el auto, lo cual provocó que el llanto de Harry aumentara.

Quítame las manos de encima, antes que te arroje una maldición, a ti... tu esposa... o... mira que tenemos aquí —señaló el otro niño que veía todo con curiosidad—. ¿Tu pequeño engendro?

No se atreva.

Entonces no vuelvas a tener la osadía de tocarme de nuevo, grandísimo animal.

El hombre lo soltó de inmediato, Severus tomó al niño y caminó hasta el centro comercial, en cada paso que daba el llanto disminuía. Entró a un local donde pidió un vaso de agua y fruta picada, sobre sus piernas el pequeño Potter tomaba manzana picada y se la llevaba a la boca, mientras el hombre pensaba en la estupidez que acababa de cometer.

¿Quieres agua? —el niño asintió y le dio de beber tanto como quiso.

La mesera se acercó al niño extendiéndole un paquete de galletas, los ojos esmeraldas brillaron emocionados recibiendo el obsequio con gusto. Pagó la cuenta y entró en la primera tienda que encontró, observaba las prendas con desagrado, ahora veía las desventajas de llevárselo tan pequeño.

¿Algo especial en lo que pueda ayudarle?

Ropa... para el niño.

Por supuesto, pase por aquí —Severus siguió a la dependienta hasta que llegó a la parte lateral—. ¿Es la primera vez que le compra a su hijo?

Es... mi sobrino, no sé de estas cosas.

Perfecto, entonces deje encargarme ¿Cuántas mudas necesita?

Mmmm... ¿Siete? Creo que para empezar, necesito pañales, biberones y... una de esas cosas.

¿Un corral? Que le parece si me da su dirección y le hago llegar todo un paquete infantil.

Sí... suena bien.

¿Presupuesto?

No importa lo que cueste, quiero que el niño se sienta cómodo y tenga absolutamente todo lo que pueda necesitar.

Eres afortunado de tener un tío consentidor —el niño se escondió en el pecho de Severus y éste lo abrazó protegiéndolo de lo que él consideraba peligro, ahí sintió ese calor que nunca había tenido oportunidad de conocer. Sonrió desde dentro disfrutando del momento.

Salió del centro comercial con Harry dormido, todo parecía estar en calma cuando llegó a la casa. Se recostó en el sillón con el niño recostado en su pecho aún, estaba en graves problemas, parecía un ser patético pero no quería que le quitaran al niño, era como si un náufrago se aferrara a lo único que en ese momento le causaba una emoción que no era odio y rencor, el niño que dormía tan cerca de él le provocaba algo, y le asustaba y se sujetaba a él con todas sus fuerzas.

...

¿Señor Severus Snape, acepta por esposa a Hermione Jane Granger?

Acepto.

Severus se giró para verla, ella era aquella parte que le había hecho falta desde que Harry había llegado a su vida, una pieza que encajaba perfectamente con ellos, y se sentía agradecido de que así fuera. Tomó su mano para colocarle la argolla de matrimonio, no dijo nada pero le sonrió asegurándole lo mucho que significaba en su vida, Hermione temblorosa hizo lo mismo, una lágrima salió de sus ojos, él la atrapó de inmediato.

Procedamos a firmar. —La madre de Hermione asintió con resignación, al menos pudo comprobar que lo que había dicho su hija era cierto, ese hombre realmente la amaba.

Sintió una suave caricia recorrer su desnuda cintura, sonrió abriendo los ojos. El sol entraba por la ventana, debía ser casi medio día. Severus no le decía nada, tan sólo la acariciaba en silencio pensativo.

¿En qué piensas?

En lo sorprendente que se ve esto.

Hermione comprendió a la perfección, ella tampoco podía creer lo que estaba viviendo. Ahí juntos, disfrutando de su primer día de casados, ese matrimonio había sido una locura, era inmensamente feliz y eso le causaba temor.

Creo que deberíamos regresar al castillo.

Es medio día, sabrán que volvimos juntos.

¿Por qué no me despertaste temprano? —preguntó pegándose a su cuerpo.

Porque dormimos... bastante tarde, casi amanecía.

Hermione asintió, pudo ver su vestido tirado en el suelo junto a la botella vacía de vino de sauco, un par de copas descansaban en el buro y una lencería blanca rota la hizo sonreír satisfecha. La ropa de él había terminado en el piso de abajo, solo vio los pantalones por la puerta y todos los recuerdos le vinieron de repente.

Duraron hasta media noche sentados en la alfombra de la sala bebiendo vino, hablaron y hablaron hasta que se buscaron íntimamente. Él sobre ella casi desnudo, con el vestido semi puesto, sus manos entre sus piernas dotándola de suaves caricias, la hacía gemir y llamarlo una y otra vez.

Se levantó ansioso, con una erección lastimándole, la cargó con una mano mientras que con la otra llevaba la botella. Ella rodeo su cintura gimiendo a su oído y besando de forma erótica su cuello, las mordidas aumentaban según su excitación.

La siguió besando en el piso de su habitación, el vestido fue retirado con calma.

No era la primera vez que la hacía suya, pero verla vestida de novia y saberla su mujer le daba a la situación ese toque afrodisiaco que lo volvía loco.

Con sus manos sobre su miembro arrancaba el autocontrol que le quedaba, ahora no era una inexperta, cada día aprendía más del arte del placer. Poco a poco le fue enseñando como sentir, como tocarlo, como podía ella disfrutar sin preocuparse por ninguna otra cosa más.

La levantó con rapidez, ya no podía soportarlo más, arrancó la lencería con fuerza. No le permitió queja alguna, la besó con exigencia mientras la recostaba en la cama, quiso gritar pero el beso se lo impidió, quizá la había lastimado al penetrarla, ya no sabía si el grito había sido de dolor o placer, pero por los jadeos que daba creyó que era por lo segundo.

Se amaron hasta cansarse, la tuvo debajo de su cuerpo, besando cada trozo de piel que le permitía, sus delgados labios, su cuello y sus senos.

La tomó de la cintura hasta dejarla caer sobre la pared, ella pedía tiempo y él se lo otorgó, besaba con sutileza sus hombros, mientras su miembro frotaba su clítoris, la sintió venirse y exigirle que la hiciera suya.

Todo el impacto lo recibió su espalda, cada vez que salía de su cuerpo y entraba con fuerza le arrancaba un gemido de placer, se desvaneció una segunda vez sobre sus piernas antes de terminar en el piso.

Le juró que esa casa estaría llena del amor que le había prometido, siempre respetaría su opinión y la escucharía por sobre todas las cosas, mientras confiaran uno en el otro su relación estaría bien cimentada.

Hermione se levantó queriendo llegar hasta la cama, se hizo una trenza en el cabello para dormir con tranquilidad. No se daba cuenta que Severus la observaba desde atrás. Frente al tocador veía su desnudez, las marcas de sus manos en sus caderas, las mordidas en sus senos y como éstos se habían vuelto erectos con solo mirarla.

Quiso girarse pero él se lo impidió, la abrazó por detrás besando su espalda. Odiaba que cada vez que él la tocaba y la besaba su cuerpo reaccionaba inmediatamente. Paso tan poco tiempo y su cuerpo se movía con lentitud por las arremetidas que le daba. Se agachó para sostenerse y evitar perder el equilibrio, pero él la obligó a levantar la cara.

Ve hacia el espejo... quiero que te veas mientras te hago mía...

Ya no puedo más —se quejó.

Entonces déjate llevar.

Y así lo hizo, le entregó el control a él, asintiendo y disfrutando del placer durante su primera noche juntos.

¿Volveremos en la noche?

El lunes por la madrugada, creí que te gustaría pasar el fin de semana aquí.

¿En serio? —preguntó emocionada.

Sí, además la casa necesita muchas cosas. Debemos arreglar eso antes de las vacaciones de Navidad.

¿Pasaremos aquí la Navidad?

Nuestra primera Nochebuena como familia.

Creí que no te gustaba.

Pero a ti sí, estoy seguro que contigo será diferente. Ahora vamos para que elijas todo lo que falta.

Severus no tuvo que decírselo dos veces, ella se había levantado tomando la primera ropa que encontró y metiéndose al baño. Abrió la regadera emocionada y desde ahí le gritaba a su esposo.

Cortinas, quiero además unas lámparas esta casa siempre esta oscura, y como soy hija de muggles estoy acostumbrada a muchas cosas y debes aceptarlo, eso quiere decir que quiero un televisor y microondas.

¿Un qué?

¿Podríamos pintar la casa de otro color? —preguntó asomándose con jabón en el cabello.

¿Podríamos? Olvídalo, contrata a alguien y págale.

Será más divertido hacerlo tú y yo, Severus esta casa se verá preciosa una vez termine de arreglarla.

Severus sonrió viendo su silueta en el baño, si eso le hacía feliz a ella estaba dispuesto a aceptarlo. Por fin ella le regresaba ese aire ameno a lo familiar, por fin conocía la sensación de tener una esposa, cada vez le faltaba menos para tener lo que quería.

El matrimonio les había dado un poco de valentina o los había vuelto completamente inconscientes, caminaban por el pasillo como si fuera una de las calles de Londres, aunque era de madrugada podrían encontrarse en cualquier momento algún prefecto o un profesor en guardia. Hermione caminaba cerca de Severus y una risita nerviosa salía de ella, lo veía con cierta insinuación en su mirada, él la tomó con fuerza de la cintura, pegándola a su cuerpo para que notara las consecuencias, se mordió el labio casi temblando.

¿Me podré quedar contigo esta noche?

Eres mi esposa, es donde debes dormir de hoy en adelante. Conectaré mi chimenea con la tuya para que vayas a tus habitaciones por la mañana, pero me gustaría que pasaras tus cosas a mis aposentos.

Creo que eso sería arriesgarnos demasiado —reconoció con cierta tristeza.

Eres mayor de edad, Hermione.

Pero eres mi profesor, no quiero que vayan acusarte de algo.

No me importa, en plena guerra Dumbledore no va detenerse por haber seducido a una alumna.

Yo te seduje a ti. —Aclaró con cierto orgullo—. Prácticamente tú huiste por dos meses.

No recuerdo tan cosa —ella lo vio con indignación.

Se habrían besado en ese momento, pero un golpe en la pared los hizo separarse de inmediato. En el siguiente pasillo cayó Harry, no teniendo la fuerza suficiente para mantener el equilibrio volvió a caerse de cara sobre el piso. Ambos se quedaron viendo incrédulos al joven que no parecía quejarse del golpe, se giró sobre sí mismo quedando boca arriba, la pareja se separó de inmediato.

Hermione volteó a ver a su esposo, haciéndose la misma pregunta que él.

¿Harry?

¡Hermione! Llevo buscándote todo... el fin... de semana.

¿Harry estas borracho?

¡No! Solo... solo fui a Hogsmeade. —Articuló con dificultad intentando levantarse, fracasando en el intento y quedando de rodillas.

No es fin de semana de visita, ¿escapaste?

Necesitaba... un trago.

¿Uno? Idiota, te bebiste toda la botella seguramente —le regañó ayudando a levantarse—. Pero si tú no bebes.

Claro que lo hago, bueno... el profesor Snape y yo brindamos si tengo alguna mejora en duelo.

¿Qué? ¿Le diste de beber? —preguntó enojada a su esposo.

Tenga cuidado como me habla Granger —la reprendió buscando la forma de evadir el tema—. Y usted Potter, levantase en este momento, iremos a bajarle esa penosa embriaguez.

Entre los dos lo llevaron a las mazmorras, Hermione veía a Severus con enfado, no podía creer que ese hombre lo indujera al vicio a temprana edad, pero el pocionista se mantenía absorto, se preguntaba si había sido cosa de esa adolescencia o el joven tenía algún problema que no podía resolver.

Lo dejaron caer sobre el sillón que se encontraba en su despacho, Snape sacó una poción y colocó unas hierbas para dárselo a beber.

¿Harry? ¿Qué tienes? —le preguntó cuando de pronto vio que el joven se quedó callado, viendo a la chimenea con cierta tristeza en su mirada.

Tenías... razón... fui un estúpido.

No te entiendo Harry.

No hay nadie Hermione, él no está —le confesó sosteniéndole la mirada.

¿Te refieres a... tu tutor?

Sólo está en mi mente.

Potter beba esto —Harry tomó la poción viéndola con concentración—, bébalo.

Harry dijiste que... el profesor te confirmó que él existía pero ahora no puede evidenciarse.

Sólo está en mi mente —repitió sin escuchar a su amiga.

¿Harry?

En mi mente...

¿Ese hombre existe o no? —le preguntó a Severus molesta, él asintió completamente distraído—. Díselo, ¿no ves lo mal que está?

Eso no es problema tuyo. Ve a tus habitaciones, yo me haré cargo de Potter.

No, me lo llevaré conmigo.

Deberías ser agradecida de que me haré cargo de esto sin castigo ni restarle puntos. Ahora retírate.

¿Qué demonios te sucede a ti? —le preguntó confundida al sentir la forma en que le estaba hablando.

Sólo confía en mí.

Entonces dime quién es su tutor, ¿por qué no le duele a él, lo que Harry está viviendo?

Hay algo que ni tú ni Potter entienden, si él aparece ambos morirán ¿quieres eso?

Podrás decir lo que quieras, yo creo que es un cobarde que no quiere ni darle la cara en secreto, Harry necesita verlo... una sola vez.

Y yo necesito que te vayas en este momento, ¡Ahora!

¡No me iré, estás son mis habitaciones también... tú no dormirás en mi cama hoy, no conmigo, duermes aquí o... tú verás donde! —le susurró enojada, se levantó y azotó la puerta tan fuerte que se cayeron algunos volúmenes del librero.

Genial —era lo único que le faltaba a Severus en ese momento, tres días de casados y ya tenía una discusión que le costaría demasiado caro—, Potter bebe la maldita poción.

Cuando dio la orden estaba tan molesto que no se dio cuenta de nada, pero Harry veía hacia el techo con concentración, pudo darse cuenta que dos lágrimas salían, poniendo todo su autocontrol para contenerse y no salieran más. Quiso sentarse a su lado y decirle que no fuera patético, o quizá sentarse y decirle que nunca lo dejó solo, que estuvo cerca todo ese tiempo, pero no pudo hacer ninguna de las dos.

Duerma Potter, mañana hablaremos.

Tan pronto como despertó Harry lo mandó a que tomara un baño con agua fría y regresara de inmediato a hablar con él. El joven abrió con fuerza la puerta sin tocar ni pedirle permiso, se sentó frente al escritorio sin sostenerle la mirada.

Severus arqueó la ceja sorprendido, como padre se ahorró esos cambios de humor de la adolescencia, pero se perdió de muchas cosas más. Sacó una poción que le ayudaría con la resaca, se lo dejó frente a Harry, pero el chico no parecía querer sostenerle la mirada.

Es para la resaca, tómelo. —Sin pensarlo lo bebió, volviéndolo a ignorar posteriormente—. ¿Qué demonios ocurrió para que usted se sumiera en el alcohol?

Me disculpara pero eso es asunto mío, castígueme y ya.

¡Ten cuidado cómo me hablas! —le exigió haciendo que Harry lo viera sorprendido.

Usted se está metiendo en temas que no le competen.

No lo voy a repetir —le amenazó con el dedo conteniendo muchas cosas que quería decir—. Sé que estas molesto porque él no puede presentarse ante ti, pero no puedes negar su existencia.

No sé nada de él, más que por sueños.

Has recordado demasiado, y no son sueños.

Todo esto es... extraño y complicado. Yo no sé nada de él, ni su nombre, ni lo que hacía, por qué me cuidaba, por qué se fue dejándome solo, cómo es su vida después de todo eso, ¡no entiendo nada! Y usted tan sólo se sienta ahí despreocupado sin tener la idea por lo que estoy pasando, tan sólo juzgándome. ¿Por qué un mago de la nada va cuidar a un huérfano? Es estúpido.

Era amigo de tu madre —lo interrumpió de pronto deteniendo su rabia.

¿Qué?

Tu tutor, o padre como solías decirle era amigo de tu mamá.

¿Mi madre amiga de un mortífago?

No todo el tiempo fue un mortífago, fueron cercanos desde la infancia, amigos, compañeros de escuela, hasta los 15 años inseparables. Adoraba a tu madre.

¿Adorar? ¿Quiere decir que la amaba?

En su momento lo hizo. —Confesó obteniendo un silencio por parte de su hijo, parecía no creerle en lo absoluto.

¿Cuántos años tenía yo cuando él me llevó a vivir con él?

No tenías ni siquiera dos años, compartió al inicio la custodia con tu tía Petunia, cuando tenías 8 te adoptó legalmente y tan sólo ibas a la casa de tus tíos unos días. Solo responderé tres preguntas más, úsalas con inteligencia.

¿Por qué me dejó?

Porque creía que si regresaba al lado del Señor Tenebroso podría cuidarte mejor, podría ayudar a la causa. Estar con el enemigo le permitiría muchas cosas, existía el riesgo de morir pero era lo más inteligente que podía hacer.

¿Y tenía que quitarme mis recuerdos?

Fue por seguridad, para hacer mejor su trabajo. Ultima pregunta.

¿Cómo se llama? —Severus sonrió negando—. Si usted dice su nombre ¿sabré quién es cierto?

Él nunca te abandono, siempre ha estado cerca de ti.

No es suficiente ahora.

Entonces ayúdalo, prepárate. Te he regresado toda tu magia, eres tan poderoso como él, domina el arte de la oclumancia, entrena y se reunirán antes de lo esperado.

... ¿Me ayudaría hacerlo? —le preguntó dejando su orgullo, siguiendo a un instinto que nacía desde su interior.

Seré doblemente estricto.

Gracias profesor —sonrió sosteniéndole la mirada, y Severus tuvo miedo de haber correspondido esa sonrisa.

Hermione caminaba por el pasillo tachando los deberes de ese día, le seguía los pasos Harry que iba más pensativo que de costumbre, y Ron que iba preocupado por la negativa de su amiga al prestarle los apuntes de defensa.

Pero Hermione, Snape va matarme.

No te preocupes, lamentablemente dudo que llegue a ese extremo Ron —le respondió sin tomarle importancia, ni siquiera volteó a verlo.

Pero Hermione, por favor, solo unos minutos.

Ya te dije que no, ¿Harry tú ya lo hiciste cierto?

No, he estado ocupado.

¿Ocupado? Bebiendo supongo, —le regaño tomando el camino hacia el Lago Negro, se dejó caer sobre un árbol hasta resbalarse y sentir la fresca brisa—. Harry no puedo creer en la situación en la que te encontramos ayer.

Hermione no es para tanto, además... no volveré hacerlo.

Sí, eso dicen todos.

Es en serio, tengo... recuerdos de cosas que no pasaron.

Realmente compañero el borracho y el niño siempre dicen la verdad, cualquier cosa que haya pasado en tu borrachera fue cierta.

No... dudo que esto sea verdad —articuló conteniendo la risa.

¿Qué fue?

Es estúpido, te reirías.

Dinos, no creo que... sea tan... malo —pudo decir llevándose galletas a la boca.

Bueno... recuerdo que... más bien soñé que... Hermione discutía con el profesor.

¡Discutí con él! Ese...hombre... terco... te dio de beber para empezar, y no quería que yo me hiciera cargo —dijo enfadada recordando todo lo que había pasado.

Bueno después de la discusión... tú... lo echaste de sus aposentos —Hermione iba a replicar pero se quedó callada sin saber que decir— le dejaste en claro que era tu cama y... le azotaste la puerta en la cara.

Su amiga se quedó callada bastante nerviosa, ambos chicos la miraron esperando por lo que iba decir, pero en ningún momento salió una frase de su boca, el silencio fue interrumpido cuando ambos leones estallaron en una carcajada.

Es lo más gracioso que he oído... ¿te imaginas? —le preguntó Ron tomándose el estómago—, el murciélago... siendo aplacado por Hermione...su cara ¿cómo fue?

No tengo idea... creo que sorprendido... pero él le había gritado y Hermione se enfureció y lo echó como esposa poseída —Harry se cayó al pasto muriéndose de la risa mientras su amiga fruncía el ceño.

Snape la mataría...

O moriría en el intento —continuó Harry sin parar de reír ninguno de los dos.

Muy simpáticos... se puede saber ¿Por qué lo dejaste beber Ronald? —preguntó cambiando de tema.

No Hermione, explícame tú ¿por qué exigiste la cama del profesor? —bromeó con su amiga recibiendo un hechizo que lo mandó directo al Lago, observó a Harry con un fingido odio, éste se levantó tan rápido como pudo y corrió hacia el castillo.

Idiotas...

¿Puedo pasar Severus?

Minerva... ¿en qué puedo ayudarte? —preguntó el pocionista mientras tomaba los ensayos que debía entregar en clases.

Hay algo que me dijo Albus y no puedo esperar a preguntarte.

¿Qué es? —dijo con indiferencia, en el momento que mencionó al director Severus se tensó por completo.

Es sobre Harry.

En el momento que mencionó a su hijo Severus detuvo lo que estaba haciendo, levantó la cabeza para verla, Minerva sabía bien que su colega odiaba hablar de Harry y cuando la profesora tenía la osadía de mencionarlo, era porque indudablemente requería atención, era algo grave que debía ser tomado en cuenta.

¿Qué sucede?

Albus me dijo que Potter te recordó, ¿es eso cierto? —el hombre asintió, se dejó caer sobre el sillón aceptando que esa conversación debía llevarse a cabo— ¿Y qué pasó? No he visto a Potter extrañado por la noticia...

Porque le dije que se había confundido, que no era yo.

¿Y por qué demonios hiciste eso? —preguntó sorprendida y confundida a la vez.

Porque su mente aún no es tan fuerte, si él sabe la verdad mi lugar en las filas del Señor Tenebroso se vería comprometido, no duraría ni una hora con vida, y no me importa morir Minerva pero antes de hacerlo debo llevarme a ese miserable al infierno conmigo.

¿Y Harry cómo lo tomó?

Está afectado, quién iba creer que él querría que yo... fuera... —interrumpió la frase para sostenerle la mirada, espera que comprendiera lo que había querido decir—, está muy mal.

Albus te convenció para que no se lo dijeras.

Sólo dijo las palabras justas.

Díselo Severus.

No voy a morir ahora Minerva.

Piensa en Harry.

¡Estoy pensando en él!

Entonces dale algo de felicidad a ese muchacho, dale esperanza, no es necesario que... todos sepan.

Su mente no está preparada para eso.

No dije que fuera en persona, solo dale esa esperanza que le dé la fuerza para resistir la guerra.

Minerva no te estoy entendiendo nada —se quejó exasperado.

Dale algo —susurró entregándole un pergamino en blanco y una pluma—, algo que lo haga fuerte...pronto es Navidad, le gustara recibir algo de ti.

No creo que sea buena idea.

Se lo merecen, Albus no debió separarlos, debiste protegerlo estando con él, ya sufrió mucho. Además... si no sobrevives ¿no te gustaría decirle algo?

Hay muchas cosas por decir.

Hazlo entonces, y fortalece su mente, él te necesita, a su padre y la vida que tenía.

No lo sé —confesó dudoso, esa herida se hacía presente, temor a que algo saliera mal y muriera antes de verlo libre, miedo al rechazo del joven.

Eres imposible Snape —la profesora se dio la vuelta enfadada—. Albus nunca pudo controlarte, que no empiece hacerlo ahora.

Cuando Harry lo sepa todo... no seré el padre que él espera, soy su temido profesor y... un mortífago.

Harry ya se había hecho ilusiones contigo ¿no? Además... sólo falta que recuerde todo, y vea la vida que tenía contigo, creo que hace falta que tú también lo recuerdes.

Minerva lo observó con precisión, Severus no respondió, sintió su respiración más agitada y cada latido de su corazón lo oía más fuerte, su mano temblaba pero mojó la pluma con la tinta, ante la mirada de su colega bajó la vista hacia el pergamino, había tantas cosas por decir.

La profesora sonrió limpiándose una lágrima, ella hubiera querido que ellos se reunieran antes que el odio y la guerra llegaran, no quería verlos más distanciados de lo que estaban, y esperaba que eso fuera el principio de su reencuentro.

Su mano tembló cuando un "Harry" se dibujó en el amplio pergamino.

N/A: Una disculpa enorme por la demora, como compensación este capítulo casi corresponde a dos entregas, espero les haya gustado, gracias por la paciencia.

Yetsave: Albus tendrá lo que tanto se ha buscado por años, gracias por tus palabras, espero te guste. Besos

VicGG: Bueno, deseo en verdad que tenga mas tiempo para poder escribir este fic pero no lo creo posible por ahora. Gracias por comentar, besos.

DUENDECIYA: ten un poquito mas de paciencia para que veas los resultados, pero habrá merecido la pena. Besos

YCaliz: Que bueno que te gustó tanto, gracias por tu comentario.

Lui Nott: Es un placer que te haya gustado, y ten un poco de paciencia, esa escena ya vendrá…

Yazmín Snape: Me queda completamente caro que odias a Albus. Lamento haberme tardado tanto… Besos

Parejachica: espero te haya gustado mucho la historia y el trama. Besos