CAPÍTULO 10
Lupin bajó la mirada por respeto y temor, cuando Snape se fue acercando retrocedió dos pasos, sabía que eso ocurriría, aún así se había arriesgado a buscar personalmente a Severus, tomó el valor necesario para enfrentar al pocionista, sabiendo de ante mano que su integridad estaría en riesgo.
—Largo Lupin. —Le ordenó con voz tajante, no era una petición o pregunta, sino una exigencia, una que quería que se cumpliera de inmediato.
—Severus.
—En cinco minutos estaré en la Madriguera, quiero ahí a cada uno de los implicados ¡Ve! —el mago se asustó aún más cuando escuchó ese tono calmado en su interlocutor.
No tentó a su suerte, entró a la chimenea tan pronto como le fue posible. Hermione salió de ahí asustada, esperó de Severus la tranquilidad que él solía brindarle, pero la ignoró mientras subía las escaleras con rapidez.
Cuando lo alcanzó lo vio ajustándose la levita, Severus le sostuvo la mirada unos segundos, sin embargo prefirió guardar silencio. Hizo lo mismo que estaba haciendo su esposo, eligió unos jeans con unas botas, una sudadera blanca y con magia ya estaba lista para acompañarlo.
—Ni lo pienses, no irás.
—Iré, no encuentran a Harry y debo ayudar. —Replicó bajando las escaleras con él.
Llegaron justo frente a la chimenea, Severus la veía cuestionándose si debía llevarla o no, ella con una mirada cargada de coraje, le advertía que no cambiaría de parecer. Recordó perfectamente que la Madriguera estaría rodeada de mortífagos, negó con la cabeza, eso posiblemente le iba costar los gritos de su esposa, y quizá no le hablaría por un par de semanas pero parecía valer la pena, no iba arriesgarla, así pataleara, su deber era velar por su seguridad.
—Iré a la Madriguera, y quiero tener en la cabeza en la seguridad de Potter, sólo eso, y no estar pensando donde te encuentras.
—¿Piensas que tengo 12 años? Se cuidarme bien —le replicó.
—No voy arriesgarte, te quedarás aquí.
—Tú no me mandas —le señaló con el dedo bastante molesta—. Serás mi esposo, pero no puedes ordenarme, iré por Harry no por nadie más.
Severus sabía bien que eso ocurriría, Hermione avanzó hacia la chimenea tomando polvos flu y fulminándolo con la mirada. La brillantez de ella se vio puesta en tela de juicio, en esos momentos no pensaba con claridad.
—Claro, anda, tu primero, para que sepan que estabas aquí conmigo, en "mi casa".
Hermione sacó el pie que tenía ya dentro de la chimenea, maldijo en un susurro y bajó la mirada avergonzada, Severus cerró las ventanas de la casa y puso las protecciones mágicas, Hermione veía extrañada que hechizaba también la chimenea y ponía un hechizo antiaparicion en la casa.
—Regresaré lo más pronto que pueda.
—¿Qué? ¿Me vas a dejar aquí?
—¿Quieres que te lleve a Hogwarts? ¿Con tu madre? —le preguntó con falsa inocencia, restándole importancia a sus palabras.
—¡Grandísimo cretino! —le gritó a su esposo conteniendo la furia que empezaba a sentir—. Ni se te ocurra hacerlo Snape, te costará muy caro si me dejas encerrada.
—Dos semanas sin sexo puedo sobrevivirlas —le dijo antes de meterse a la chimenea y desaparecer detrás de unas llamaradas color esmeralda.
Casi podía seguir oyendo las maldiciones que le dijo Hermione, estaba más seguro que le costaría esas dos semanas sin sexo, ser ignorado y provocado hasta suplicar, pero en ese momento no podía tener en la cabeza salvar a Potter, y saber que su esposa peleaba en la misma batalla.
Cuando salió de la chimenea ahí estaba la mayoría de los presentes, Molly y Arthur eran los primeros, no podía desquitarse con ellos, la matriarca parecía sumirse en una crisis de nervios, los hijos del matrimonio Weasley estaban atrás ocultándose del pocionista, y frente a todos estaba Lupin, Tonks, y tres aurores que no tenían el valor de sostenerle la mirada.
—Quiero hablar con los tres ineptos que mandó el Ministerio, Lupin, Tonks y el matrimonio Weasley, todos los demás fuera.
La orden del profesor no fue ignorada, Ron, así como los gemelos salieron de inmediato, la mirada que Snape le dio a Bill Weasley y su prometida fue directa, y salieron detrás de los otros jóvenes. Severus con fastidio sacó las orejas extensibles debajo de uno de los sillones y lo arrojó por el pasillo.
—No tienten a mi paciencia Weasley.
Azotó la puerta, no sin antes hechizarla para que nadie escuchara la conversación.
—¿Alguien comenzará hablar y explicarme qué demonios fue lo que pasó?
—No lo sabemos, llegaron de pronto. —Comenzó a decir Tonks bastante seria y preocupada—, Harry estaba dentro, con los chicos. Los aurores y nosotros habíamos podido contener todo, pero Harry parecía nervioso y ansioso.
—Llegaron más mortífagos, no íbamos a poder con ellos y entramos a la casa, protegiéndola desde adentro. —Continuó uno de los aurores.
—Varios de ellos le dijeron que tenían algo para él, algo que seguramente le importaba.
—Harry no se contuvo y salió de la casa, Ginny lo siguió. —Severus ahora entendía la cara de Molly, parecía que pronto se desmayaría.
—¿Quién le habló a Potter?
—Malfoy. —Respondió Lupin con pesar.
—Hechizaron la casa, no podíamos salir. Le dieron a Harry un collar, él... parecía decepcionado y a la vez furioso.
—¿Un collar? ¿Para qué? —Preguntó fastidiado Snape.
—Era de Sirius, eso lo provocó, llegaron más mortífagos, pudimos protegerlos desde dentro de la Madriguera, hasta que el escudo de protección se rompió, les ordené correr y... eso hicieron. —Susurró al final Lupin.
—Los refuerzos no llegan y no podemos contra ellos Señor Snape. —Intervino el mayor de los aurores.
—Harry y Ginny deben estar ocultándose en cualquier lugar.
—Mi Ginny no sabe mucho de defensa —chilló Molly tapándose la boca.
—Pero Potter sí. Todos los aurores pueden retirarse, esperen afuera a los refuerzos. —Los tres magos salieron sin replicar, en cuanto la puerta se cerró de nuevo se sintió con más libertad de hablar.
—Ahora mismo podrían tenerlos ya, con el-que-no-debe-ser-nombrado. —Severus abrió una de las ventanas viendo a los mortífagos moverse por toda el área.
—Están ocultos, pero debemos darnos prisa.
—Son unos niños Severus, si algo les pasa...
—Molly... ¿Olvidas que es mi hijo quién está allá afuera?
—No.
—Le he enseñado a Harry algunas cosas, sabrá cuidar de tu hija en lo que yo llego.
—No puedes salir, la casa se encuentra hechizada.
—No para quien porte la marca Arthur.
—¿Saldrás? Ellos te verán Severus y... podrían acusarte de traidor.
—Lupin no seas patético, no voy a sentarme aquí y esperar a que Harry cruce la puerta —replicó con obviedad.
El pocionista se colocó la capucha de la túnica y la máscara de mortífago, y desapareció de la estancia. Sintió el aire helado de los campos, podía sentir a cada uno de los mortífagos moverse, era claro que los habían perdido, lo único que debía hacer él era encontrarlo antes que ellos.
Después de diez minutos de estar buscándolos, a lo lejos vio dos chispas chocar con fuerza, corrió hasta donde se encontraban. Harry cubría el cuerpo de Ginny detrás de su espalda, ésta se agachó cuando Harry se lo ordenó, desde su posición la chica pudo derribar a un par de mortífagos que amenazaban con atacarlos por la espalda.
Aquella batalla era una completa locura, había alertado a todos los mortífagos que acudían con velocidad. Severus confundió a tantos como pudo, les colocó trampas esperando que de esa manera su hijo corriera, pero nunca lo hizo. Su mirada se perdía en cada mortífago que se acercaba, analizando sus movimientos, intentando reconocer alguna actitud de los magos, su corazón se estrujó por un momento, Harry lo estaba buscando, utilizaba esa batalla para dar con él.
Una distracción, día con día le dijo que nunca bajara la guardia, que mantuviera su entera concentración en la batalla, pero no lo hizo, un mal hechizo lo dejó en el piso, Ginny lo cubrió mientras el joven tomaba de nuevo la varita, la inexperiencia de la pelirroja la dejaron fuera de combate, no era fácil luchar ella sola con varios magos experimentados.
Snape corrió hacia ellos, se ajustó la máscara para no revelar su identidad. De su varita salió un rayo rojo que derribó al mortífago, se sintieron rodeados de inmediato. Harry se incorporó con rapidez, su mirada analizaba detalladamente al mago que los había salvado.
—Atrás —le ordenó, Harry comprendió a la perfección y atacó con ímpetu.
Severus tomó a la joven cubriéndola con su cuerpo, Harry hizo lo mismo cerrando el paso y evitar que pudiera ser lastimada. Parecía como si estuvieran coordinados en sus movimientos, Snape respondía cada ataque con una destreza que los mortífagos comenzaron a temerle. Harry fue retrocediendo cuando sintió el peligro, tres mortífagos se acercaban a él, temió por la vida de Ginny, tomó su mano con fuerza, jurándose que la llevaría a salvo a casa.
Severus sintió a su hijo retroceder, en un momento que nadie lo esperó un rayo verde salió de la varita del pocionista, el cuerpo del mago cayó frente a sus ojos.
—No podremos con ellos. —Le dijo su hijo.
—Tomen mi mano.
Obedecieron de inmediato y se desaparecieron de ahí. Sus cuerpos cayeron en la parte de atrás de la Madriguera, Harry le quitó el cabello a Ginny de la cara, revisando que estuviera bien.
—Estoy... bien —logró articular con dificultad.
Severus observó a los mortífagos volar con rapidez, ansiosos por encontrarlos, sabía bien que estaban cerca de la puerta de la Madriguera, y sin embargo, era un suicidio llegar hasta ahí. Observó a su hijo nervioso, luchando por llevar a salvo a su novia, estaba orgulloso de él, la forma en que pudo defenderse, y cómo protegió lo que parecía ser más importante para él.
—Levántense.
—¿Papá? —Snape se giró ante la palabra, quiso decir algo, afirmar que lo era pero no pudo hacer nada de eso.
Una luz plateada atravesó el cuerpo de su hijo arrancándole un grito de dolor, Ginny lloró asustada cubriéndose la boca. Frente a ellos Bellatrix mordía su propia varita, con clara locura en su rostro.
—Casi... casi se me escapa.
Severus alzó la varita amenazándola, eso no pareció sorprender a la bruja, ésta rió enloquecida, lo señaló con el dedo. Bellatrix rodeaba a los tres sin atacarlos, Snape sabía que eso estaba perdido, tenía que tomar una decisión rápido.
Sin esperarlo la bruja alzó su mano a la altura de la cara, la máscara del pocionista cayó al suelo, sin que ésta la tocara.
—¡Traidor!
—Brillante Bella, siendo una maldita inoportuna como siempre —escupió con odio.
—¡Se lo dije a mi Señor, sabía que no eras más que un gusano manipulador! Ahora... él te matará y creerá en mí.
—Demasiado ansiosa por meterte en su cama, necesitarás algo más valioso que mi cabeza para eso Bella. —Escupió con asco y burla.
—Maldito.
—Desmaius —el cuerpo de la mortifaga salió volando cuando uno de los aurores llegó ayudarlos.
Entre tres aurores introdujeron a Harry y Ginny a la casa, la mirada del joven nunca se despegó de la del pocionista. Miles de preguntas atravesaron su mente, juró que era su padre, desde que había llegado a interponerse para cubrirlo, hasta que los sacó de ahí, la forma en que él lo vio cuando lo llamó padre, tan sólo un juego de sus ilusiones que lo estaban volviendo loco.
Fue atendido de inmediato por Tonks, en unos cuantos minutos la herida cerraría con facilidad dejando tan sólo una cicatriz. Severus esperaba con paciencia en la esquina de la habitación, el silencio entre ambos parecía ser incomodo, algo que sólo ellos notaban.
—¿Te vieron? —preguntó el licántropo.
—Bella me quitó la máscara.
Tonks limpiaba la herida, pero ésta no dejaba de sangrar, a su lado Severus Snape maldecía tantos improperios que habían perdido la cuenta. Por fuera se escuchaban todos los hechizos con los que eran golpeados la casa, Ginny se mordía el labio intentando dejar de llorar pero no lo conseguía. Después de al menos veinte minutos lograron cerrarle la herida, el joven había perdido tanta sangre que era sorprendente que se pudiera mantenerse despierto.
A pesar de que Snape hablaba con los aurores y Harry sostenía la mano de Ginny, sus miradas se conectaron por minutos, Harry no podía olvidar que el hombre que tenía enfrente se había arriesgado por él, su lugar dentro de las filas, era el único que había podido salir de la casa para buscarlo, ni siquiera quería imaginarse la fuerte reprimenda que le daría, por salir a buscar a su padre. Era otra de las cuestiones que no podía olvidar, le había dicho "papá", eso pareció sorprender al pocionista pero no respondió en absoluto.
Severus no creyó posible que Harry se arriesgara tanto para buscarlo, el haberle regresado sus recuerdos casi lo mata, tenía razón Dumbledore, su amor de padre podría terminar por matar a su hijo. El hecho de que lo llamó "papá" lo descolocó, se distrajo y ahora eso le podría costar la vida.
La chimenea dio aviso de una persona que quería entrar, Hermione salió bastante preocupada acercándose a Harry. Severus maldijo viéndola con reproche, en la carta había sido claro, tenía que llegar en dos horas y desobedeció llegando a mitad del tiempo.
Continuó prestándole atención a los aurores, ahora Harry estaba fuera de peligro y tenía suficientes personas para que se hicieran cargo, pronto sería llamado y su estabilidad en las filas del Señor Tenebroso se pondrían en duda. Nunca había sentido la muerte tan cerca, pero en ese momento el miedo había desaparecido.
Cuando los magos se retiraron le dio la señal a Hermione para que se acercara, ella lo veía con rencor, le parecía imposible lo que su esposo había hecho.
—Necesito que me hagas un favor.
—¿Después de encerrarme en la casa, me pedirás un favor? Eres un cínico. —Le replicó ocultando la rabia con la seriedad.
—Simplemente hazlo maldita sea.
—Modera tu lenguaje conmigo. —Le exigió, haciendo que el pocionista asintiera y esa enorme rabia se viera disminuida de inmediato.
—Este lugar no es apto para Ha... Potter, ni el cuartel de Grimmauld Place, necesitamos otro lugar donde pueda pasar las vacaciones, quiero que te vayas con él a Hogwarts y le digas lo mismo a Weasley, lamentablemente la única protección que ayuda en este momento es la de Dumbledore.
—Está bien, ¿mis cosas?
—Te las llevaré por la mañana, ve antes de que el Señor Tenebroso me llame, quiero llevarlos personalmente.
Severus no era idiota, no le dijo a Hermione el peligro que corría en ese momento, sabía bien que podría ponerse histérica, jamás le diría que alguien lo vio y ahora tenía colgado el letrero de "traidor" en la espalda, no tenía el valor de despedirse y verla llorar, prefería que ella creyera que iba a ver un mañana, le evitaría a toda costa la preocupación.
—Bien Harry, tendrás que guardar reposo por una semana para evitar que se abra tu herida por dentro —le ordenó Tonks ajustando la venda.
—Debo irme, pero será mejor que el señor Potter sea trasferido a un cuartel donde se resguarde su seguridad. —Ordenó con odio.
—Profesor... ¿puedo hablar con usted? —Harry se percató de la fuerza que usaba para tomarse la marca tenebrosa, temiendo que ésta comenzara a arder.
—En otra ocasión Potter.
—Harry, creo que es mejor que vayamos a Hogwarts, esto ya no es seguro. —Se acercó Hermione intentando distraer a su amigo.
—No regresaré al Castillo, me quedaré aquí Hermione. —Snape suspiró con fastidio, olvidó por un momento lo terco que podía ser.
—Hágale caso a Granger, no es seguro estar aquí, sería una preocupación menos para muchos.
—Bueno... hay otra opción. —Los ojos del pocionista giraron con sorpresa hacía su esposa, le exigió que lo llevara al Colegio y ella ya estaba accediendo a las peticiones de Harry—. Él podría venirse conmigo a mi casa, nadie sabe dónde está.
—Hermione, ellos no tardarán en saber tu dirección. —Le hizo saber Lupin con tranquilidad.
—Bueno, no es esa casa. Mi padre me dejo una y me fui ahí para estudiar para los exámenes, nadie sabe de su paradero y prefiero que siga así. Podríamos ir Harry y yo.
—¿Qué opinas Severus?
—Que el sentido común de Granger acaba de morir.
—Profesor créame, no hay casa más segura que esa en este momento. Los mejores hechizos la protegen, y en medio de un suburbio muggle las cosas resultan casi perfectas.
—Puede ser —reconoció Lupin pensándolo más detenidamente.
—¿Estás loco Lupin?
—No los enviaré solos, ¿podrías irte con ellos? La Luna llena se acerca, nadie mejor para cuidar de ellos dos en lo que regresan a clases.
—¿Crees que Potter y Granger quieren tener a su profesor de pociones todas las vacaciones decembrinas?
—No tengo problema. —Reconoció Hermione, así que esa era su venganza, garantizar que él no podría tocarla en todas las vacaciones, eso era llegar muy lejos.
—Ni yo.
—Muy bien, pero las cosas se harán a mi manera aunque sea su casa Granger.
Hermione dobló los ojos, y le dio la espalda. Severus había considerado eso como la declaración de la guerra, esa mujer se merecía que tan pronto llegaran la tomara sobre el piso, se contuvo por unos momentos.
…
Los tres llegaron a la casa por la mañana, Hermione comenzó a recoger algunas cosas que había dejado tiradas ahí, la única evidencia de que Snape vivía con ella estaban en sus habitaciones, así que no se preocupó ni por un momento.
Harry observó con curiosidad la casa, estaba detalladamente decorada con luces y un árbol de Navidad que llegaba casi hasta el techo de la casa, una sala color verde adoraba el lugar junto con un librero repleto de volúmenes de magia.
—Sube Harry, arriba hay una habitación que podrás ocupar.
Su amigo subió con interés, Hermione nunca le había mencionado que poseía esa casa, todo era tan extraño. La castaña abrió la segunda puerta y le dejó ver una pequeña habitación, tan sólo con una cama individual, un ropero pequeño y algunos muebles que intentaban llenar el lugar.
—Profesor la última habitación del lado derecho será para usted, Harry creo que sería bien que descansaras.
—Gracias Hermione.
—Yo me iré a dormir también, pasado mañana será Navidad y mañana quiero salir a comprar todo para la cena.
—¿Cocinaras Hermione?
—Claro, y lo hago bastante bien he...
—¿Y si lo buscamos? A tu hijo... podría ser una Navidad diferente. —Recordó la propuesta de su esposa, él creyó que había sido una ingenua y ahora tenía la oportunidad de pasar con su familia esas fechas. Sintió la marca arder, era natural que lo llamara, ahora que su fidelidad estaba entre dicho, exigiría su cabeza cuanto antes.
Pero se puso a pensar por un momento, esos podrían ser sus últimos días y si tenía la oportunidad de pasarlos con su esposa y su hijo, lo haría.
—Entonces te acompañaré hacer las compras.
—Ahora descansa Harry.
Ambos salieron dejando dormir al joven, Hermione lo ignoró rotundamente dirigiéndose a su habitación, salió con su ropa diminuta en la mano y entrando al cuarto de baño. Comenzaría a torturarlo, se burló de ella y en cuanto cerró la puerta entró a la habitación que compartía con ella.
Cuando Hermione llegó con un camisón pequeño, casi grita al verlo ahí acostado, Severus la desnudó con la mirada provocando que sus pezones se pusieran erectos, ella cerró su camisón y abrió la puerta enfadada.
—Salte de mi habitación.
—Eres mi esposa y duermo contigo, el hecho de que Potter este aquí no cambia nada.
—Severus, hablo en serio, vístete y salte en este momento. —Le dijo conteniendo un grito.
—¿Quieres armar una pelea con Potter aquí? Hazlo... —se dio la vuelta y apagó la lámpara fingiendo dormir.
—¡No quiero dormir contigo!
—Tu cuerpo dice otras cosas, pero no se me apetece tocarte esta noche.
—Eres un... imbécil.
—Tú decides si te vas al cuarto de huéspedes y Potter se entera de todo, duermes en el piso de la alfombra o afrontas que soy tu esposo y te metes a la cama de una maldita vez.
Hermione sonrió con malicia, se quitó el camisón y bajó su ropa interior, Snape tragó en seco al verla desnuda y dispuesta a todo. Ella se subió por la cama con una felina, provocando todo a su paso, cuando llegó hasta él se dejó caer boca abajo fingiendo dormir.
—Ni te atrevas —le advirtió cuando sintió que iba tocarla—. No se te apetece tocarme ¿recuerdas?
…
Observó desde la ventana a su esposa, llevaba unos pantalones negros con botas grises y un abrigo del mismo color, iba cubierta de pies a cabeza, terminó por acomodar las ultimas decoraciones y comenzó a ver a Harry con malicia, sonrió por un momento, quién iba decir que podría llegar a ver eso, ni siquiera pasó por su mente.
Una bola de nieve se estrelló en la cara de Harry, éste la vio con maldad antes de salir corriendo por ella, podía escuchar sus carcajadas y suplicas para que no le hiciera nada, sonrió por un momento cuando el joven tomó a su esposa por la espalda hasta cargarla, la inmovilizó en el suelo para dejar caer nieve en su rostro, al poco tiempo eso se convirtió en una batalla sin tregua.
Sintió la marca arder, el llamado estaba cerca, pero no podía irse en ese momento, no deseaba dejar sola a Hermione, alejarse de su hijo, hacía exactamente seis Nochebuenas que no estaba cerca de él, no podía tirar a la basura esa oportunidad así como así.
...
Severus sacó del horno el pavo que había preparado con su esposa, lo puso en la mesa asegurándose que Harry no bajara por las escaleras, y lo viera hacer algo tan cotidiano como preparar la mesa en una casa que se supone no era suya.
La que bajó fue su esposa, con un vestido blanco ceñido al cuerpo de mangas hasta los codos, le llegaba a las rodillas y poseía un escote en su espalda. Le sonrió con cierta provocación, él la abrazo subiéndola a la barra.
—Te noto feliz.
—Lo estoy.
—¿Con Harry aquí?
—No tengo inconveniente, además algo me dice que podríamos disfrutar esta noche.
Se besaron con intensidad, él subió su vestido con sutileza hasta llegar al encaje de su ropa interior, ella gimió cerrando las piernas. Se bajó de un solo brinco al escuchar los pasos por las escaleras.
—Si... siempre te pones encaje cuando lo deseas.
—¡Te va oír!
—Buenas noches... profesor creí que aún no bajaba.
—Si no lo hubiera hecho la señorita Granger habría dejado quemar la cena Potter. —Respondió con indiferencia sentándose en la sala.
—¿A dónde va profesor Snape? Aún falta por sacar la ensalada y el vino, hágalo mientras arreglo la mesa, tú toma asiento Harry.
—Granger... no me gusta que me hable de esa forma.
—Aquí no es mi profesor.
—Eso le costará muy caro sabelotodo insufrible —replicó azotando el libro y sacando de la nevera el vino.
Harry observaba eso bastante extrañado, era cómo si en el fondo ellos tuvieran algún tipo de confianza, como si ella lo provocara continuamente y él cediera, un juego de dominio en donde ninguno de los dos quería perder. Recordó aquella vez donde ella lo curó después de aquel largo castigo al que fue sometido, estaba bastante claro que el profesor Snape sabía ser agradecido.
Debía estar cayendo en la locura, por un momento él la vio como si la admirara y ella se sonrojó quitándole la ensalada de las manos.
Era la primera vez que veía al profesor en un estado más relajado, había olvidado colgarse aquella levita negra, en cambio solo llevaba una camisa blanca que se dobló hasta los codos para no mancharlas con el aderezo, observó la marca tenebrosa con curiosidad, las imágenes acudieron de forma natural.
Podía ver sus mismos dedos infantiles tocar la marca tenebrosa, estaba sentado sobre las piernas del mago y él jugaba con la marca, llevaba un plumón color naranja e iba dibujando la serpiente con ese color. El mago jamás se quejó, pudo ver que éste debía estar haciendo algunos cálculos de pociones porque escuchaba el rasgueo de la pluma sobre el pergamino, no importaba que estuviera cargándolo, podía hacer ambas cosas.
El plumón cayó sobre la alfombra provocando el llanto de Harry, el mago se agachó tomándolo y entregándoselo de inmediato.
—Toma, no llores —le pidió con pasividad—. ¿Quieres cenar?
—No. —El mago no replicó más, sabiendo que si lo obligaba rompería a llorar de inmediato.
Harry bajó la vista esperando a que pudieran cenar, ese sería un recuerdo más que guardaría, no sabía si ese mago era su padre o el profesor, pero no importaba tal cosa, pues cada memoria que recuperaba la atesoraba, el profesor tenía razón, tuvo una buena infancia y aunque nadie se lo comprobara, él creía que fue querido por alguien.
—Harry... cenemos. —Le pidió su amiga, se dio cuenta que el profesor lo observaba preocupado.
—Huele delicioso.
—Profesor, tome asiento por favor.
La cena transcurrió con tranquilidad, Hermione podía notar en Severus lo relajado que se encontraba, mucho más que cuando estaban solos, pero también se percataba de lo pensativo que se veía. Harry se veía más relajado y alegre que de costumbre, haber recordado poco a poco su pasado lo estaba inyectando de vida.
Se alegró cuando notó que su esposo hacia un esfuerzo por integrarse en la conversación, de pronto él y Harry habían empezado hablar sobre la posibilidad de convertirse en auror y Severus le enumeraba los puntos que tenía a favor, y algunos de sus errores para que la Academia lo aceptara, a su vez le argumentaba algunos casos en años anteriores, buscando de esa forma favorecerlo.
Harry prestaba atención y parecía anotar todo mentalmente, estaba seguro que un día ocuparía toda esa información.
La cena terminó y pronto se vieron sentados en la sala, Hermione disfrutaba todo eso, se sentó sobre la alfombra, sus tacones habían quedado debajo del sillón y con una copa en la mano movió por tercera vez el caballo en el tablero de ajedrez, maldijo por segunda ocasión, ese juego era algo entre Ron y Harry, pero debía dejarse llevar por su amigo, perdería... y sin un gramo de dignidad.
Movió posteriormente un alfil, lo hizo con duda, viendo a Harry cuestionando si había hecho lo correcto, una torre de Harry derribó a su reina provocando la risa de su amigo, su esposo ocultó la risa con un carraspeo mientras seguía bebiendo.
—Me rindo, ese juego no es lo mío y nunca lo será.
Hizo su último intento, observó los posibles movimientos que podía tener su contrincante, eso era patético, y no hablaba solamente del juego, sino estar jugando con Harry en Nochebuena, eso y la partida que estaba dando. Perdería siendo una completa burla.
—Esto es cosa de Ron, no mía. —Se quejó antes de mover el alfil que protegía a su rey.
—Estoy de acuerdo —Harry acercó su reina al rey y Hermione abrió la boca sorprendida.
—Señorita Granger dudo mucho que pueda ganarle al señor Potter.
—Que brillante observación profesor Snape —le regañó con sarcasmo sin mover una sola pieza.
—¿Te retiras Hermione?
—Potter sea educado, ella es una dama.
—Sí, me retiro, deberías jugar esto solo con Ron.
Hermione se incorporó sentándose en el sillón ante la risa de Harry, su amigo recogió el ajedrez, podía sentirse orgulloso, su amiga no era perfecta y no podía salirle bien todo lo que se proponía, en ese juego él era el ganador. Severus se bajó a la alfombra observando a Harry con desafío.
El joven comprendió a la perfección y acomodó las piezas guardándose una risita interna, ambos se vieron, Hermione creyó que uno al otro se burlaban del posible futuro, no podía dejar de ver lo que estaba frente a sus ojos.
Su esposo señaló con el dedo el vaso que estaba a su lado y éste se llenó de vino inmediatamente, Harry buscaba como provocar aún más a su profesor y puso diez galeones sobre la mesa.
—Que valga la pena, diez galeones.
—¿Apostara Potter? ¿Tan seguro se encuentra de ganar?
—Que sean veinte —Snape se carcajeó, asustando a los dos presentes, Hermione no podía creer que su esposo estuviera conviviendo con Harry, y éste nunca lo había visto reír.
—Tengo suficiente oro Potter — respondió con presunción.
—¡No pueden apostar dinero! —dijo escandalizada, tal vez era la única con sentido común ahí.
—¿Entonces qué quiere apostar? —preguntó Harry ignorando la voz de Hermione.
—No sé, me gustaría que en este tablero quedara... su dignidad por ejemplo.
—O la suya. —Contraatacó petulante.
—¡Harry!
—¿Qué le parece 100 puntos para Gryffindor? Ya sea que gane o pierda.
—Hecho —cerró el trato el joven.
—¡No pueden apostar puntos para ninguna de las casas! ¡No es ético!
Snape volteó a ver a su esposa, en ese momento se preguntó porque se había casado con ella, la amaba indudablemente, su rectitud era algo que admiraba, aunque en ese momento le causaba más gracia que otra cosa. Él creía que Hermione necesitaba saber qué cosas ella había hecho, un par que no se acercaban mucho a lo ético y correcto.
—¿Usted siempre es muy recta Granger?
—Siempre sigo las reglas.
—¿Siempre? —Hermione se sonrojó de inmediato y se recargó en el sillón cerrando la boca.
—Profesor, prepárese a darle 100 puntos a Gryffindor.
—O perderlos usted Potter.
El juego fue bastante reñido, Snape había servido su copa unas tres veces, teniendo la precaución de no beber demasiado, ellos lo necesitaban alerta y sobrio. Harry llevaba su cabello revuelto de tantas veces que lo movió desesperado, debía reconocer que en un par de ocasión sintió perder esos puntos para su casa, esperaba que eso no sucediera, cómo iba explicarles a sus compañeros que en Nochebuena la casa Gryffindor había perdido 100 puntos en una partida de ajedrez.
Severus tenía la camisa desfajada, los primeros botones desabrochados, las mangas hasta los codos sin temor a ocultar lo que era, su mirada estaba fija en la reina del joven, necesitaba deshacerse de ella y evitar que él ganara, aunque para eso debiera él perder la suya.
Hermione se había acomodado en uno de los cojines y observaba los movimientos de ambos, siempre había odiado ese juego, eso no podía negarlo. Su corazón dio un vuelvo cuando Severus eliminaba a su reina, Harry maldijo por un momento tomando su cabeza entre las manos, escuchó que dijo "los perderé", Hermione lo vio con cara de "te lo dije", quería golpearlo hasta el cansancio mientras su esposo se bufaba de ambos.
Siguieron jugando, Snape bebió de un solo trago lo que le quedaba en la copa, Harry y Hermione parecían estar tomándose del tablero como si su vida dependiera de ello, Harry se arriesgó haciendo un último movimiento, todo pasó tan rápido y sorpresivamente que sólo pudieron ver el caballo de Harry derribar al rey de su oponente.
—¡Sí! —gritó eufórica Hermione abalanzándosele a su amigo.
—Te dije que confiaras en mí —le reprochó levantándose con ella, Hermione brincaba desde donde estaba, descalza con el cabello desarreglado y completamente fuera de lugar.
—¡Ganamos!
—Creo que el que jugó fui yo, Hermione.
—Sí, pero ambos estamos en Gryffindor.
—No importa, creí que nunca vería la dignidad de un Slytherin, y menos ensangrentada en un tablero de ajedrez.
—Que... simpático Potter.
—Dígalo —le exigió el joven.
Snape frunció el ceño intentando intimidarlo, lo cual no funcionó
—100 puntos para Gryffindor.
Harry sonrió bufándose, estaba a escasos pensamientos de ponerse a bailar con Hermione, Severus se rio por un momento y Harry respondió el gesto estrechándose las manos.
—¡Ya es Navidad!
—Feliz Navidad profesor Snape —le dijo sin soltarle la mano.
—Igualmente Potter —susurró incrédulo de seguir ahí.
Lo soltó y su hijo abrazó con fuera a Hermione, ella sonrió dándole la señal que arriba en su habitación lo felicitaría a él, se sintió ansioso, era lo único que le faltaba para que esa noche fuera perfecta.
…
Hermione se sentó sobre la cama mordiéndose el labio ansiosa, observando atentamente como su esposo se desnudaba para provocarla. Él torció la boca intentando sonreír, la ropa de Hermione desapareció dejando sólo su ropa interior diminuta, y así quería hacerle creer que no deseaba pasar la noche con él.
—Con que usted siempre sigue las reglas Granger.
—Pues... hay excepciones —titubeó al ver como se acercaba, aunque lo intentaba no podía dejar de ver su prominente erección.
Llegó hasta ella arrancándole las bragas, ella intentaba alejarse de él subiendo su ropa pero no lo logró, se recorrió por la cama intentando llegar a su varita.
—Nos... nos va oír.
—¿Vas a gemir mucho?
—¡Por Dios! —gimió cuando su ropa fue arrancada.
—Muy recta usted Granger... siguiendo a su profesor por los pasillos, en la noche ¿recuerda? —le preguntó separando sus piernas.
—Por favor... mi... varita.
—Creí que querías la mía —le insinuó frotándose con ella.
—No... no... no lo hagas —suplicó antes de ser penetrada con rudeza, calló el gemido mientras salía de ella y entraba de nuevo sin piedad.
—Muy recto... cuando te colaste en... mis habitaciones —continuó con otra estocada—, o cuando besó a un profesor —otra estocada—, cuando me dejaste meter mi mano debajo de tu falda —otra estocada—, o la vez que te hice mía...fue sobre la alfombra —otra estocada—, cuando estabas sensible y provocó a su profesor y tuvo que tomarla en el armario...
—Oh... no... —Susurró sintiendo el cosquilleo en su cuerpo, se estiró tomando su varita—. Mu... Muffliato... ¡oh sí!
Severus rió antes de girarla de espaldas y hundirse en ella sin el más mínimo decoro, vio sus manos arrugar las sabanas y moverse con él mientras gemía, más se excitó provocando un vaivén delicioso en que se fundieron ambos.
...
Quitó las sabanas intentando no despertar a su esposa que dormía en suma tranquilidad, se sentó frente a la mesa alumbrándose con tan sólo la luna que se colaba por la ventana, abrió el cajón observando la carta que había escrito hacía algunas semanas, la desvaneció, esa carta no contenía cosas que debía poner, que Harry debía saber.
Apareció un pergamino y comenzó a escribirla, el rasgueo de la pluma hizo despertar a Hermione.
—¿Severus qué haces?
—Respondo una carta, es urgente, vuelve a dormir.
Ella asintió y se giró para seguir durmiendo, una vez en silencio continuó escribiendo, esperando que la carta surtiera efecto y llenara de esperanzas a Harry.
…
La luz lo hizo abrir los ojos, aún seguía sin acostumbrarse a quedarse en esa casa, era extraño estar ahí. Se bajó de la cama para ver los regalos afilados al pie de ésta.
Lo primero que vio fue el suéter tejido por la señora Weasley, en esta ocasión verde con su inicial en color negro, se lo puso inmediatamente. Ron le había dado unas grageas de todos los sabores, dos ranas de chocolate, un pastel de calabaza, y tres varitas de regaliz, los gemelos le habían obsequiado una dotación de Sortilegios Weasley, Hermione una túnica azul marino, algunos regalos más entre ellos se podía ver un libro seguramente de Lupin, pero del lado izquierdo observó algo que no esperaba.
Era una pequeña caja envuelta en papel negro con un moño gris, lo abrió dejando ver una cadena de plata con un dije color negro brillante, eran las alas de un cuervo, observó inquieto el objeto, era él indudablemente, pero pocas personas sabían que su patronus se transformaba en un cuervo, seguramente el profesor le había dicho.
Debajo de la caja se encontraba una carta con tan sólo un "Harry" escrito en la esquina del lado inferior derecho. Abrió la carta confundido, intrigado por la caligrafía.
—¡Harry baja a desayunar!
Harry:
Más de una vez deseé tener algún tipo de contacto contigo, pero no era posible, sé que eres un joven inteligente y comprendes la situación que nos rodea, a ambos. Tienes muchas dudas, lo entiendo, lamento no poder responder a todas cómo quisieras, sólo intento que llegues al final con vida, poderme encontrar contigo.
El corazón de Harry parecía salírsele del pecho, era él...
Cuando estabas por cumplir los 11 años comprendí el peligro en el que estabas, hubiera querido protegerte, pero no era posible, estar cerca del Señor Tenebroso me permite cuidarte, sacrifiqué tu memoria, tu pasado, tu felicidad, lo entregué todo, inclusive el cariño que me guardabas, todo lo aposté a cambio de tu vida, pero sé que lo lograremos, juntos pelearemos esta guerra, y sin importar el resultado, yo habría pagado el mismo precio, con tal de que sobrevivas.
Te vi pelear hace un par de días, eres mi más grande orgullo Harry, has aprendido bastante con el profesor Snape, sé que él podrá instruirte y darte todas las armas necesarias para salir a la batalla.
No quiero que dudes de tu pasado, poco a poco llegará, ansías por saber quién soy, mi nombre, eso sucederá poco a poco, reconozco que debe ser en el mayor tiempo posible, de esa manera ambos estaremos protegidos. No tengas dudas que tuviste una familia, fuiste feliz hasta que decidí quitarte tu pasado, porque creí que era lo mejor, me castigo hasta la fecha por haberte alejado.
No quiero que te preocupes, sé cuidarme bien, el Señor Tenebroso me necesita con vida, podré encontrarme contigo muy pronto.
Quiero pedirte un favor, aprende todo lo que puedas, una vez que tu mente sea 100% segura, hábil y fuerte, dejaré de ser un mortífago y me uniré a ti, esta guerra la pelearé a tu lado, no como un mago oscuro sino como tu padre, garantizando un futuro y te juro que intentaré recuperar esos 6 años en los que no he estado a tu lado.
Aprende Harry, todo depende de ti, estaré observándote, siempre lo he hecho, nunca te he dejado solo.
No confíes en nadie, ni siquiera en Dumbledore.
Harry bajó la carta incrédulo, sentía temblar sus manos, él era real, él quería volver pero no podía, su carta lo había llenado de coraje y fuerza, lo que tanto necesitaba para poder verlo una vez más. No fallaría en esa ocasión.
Gracias!
Yetsave: Aún estoy viendo si está embarazada o no, no es algo seguro. Gracias, espero te guste la otra historia cuando la leas. Besos
Parejachyca: Aún estoy pensando si tendrán un bebé o no, depende de lo que decidan las lectoras. Besos
Yazmín Snape: Creo que va quedando bien, ahora si puedes proseguir con el siguiente capítulo para que no olvide ninguna escena.
DUENDECIYA: Llegó la carta! Espero te haya gustado el capítulo, nos seguimos leyendo. Saludos
Lui Nott: Bueno el capítulo pasado me gustó bastante, pero este creo que aún más, nos estamos acercando mucho al vínculo, y al pasado, así que creo que se irán mostrando más sentimientos por parte de los tres, espero te haya gustado. Besos
Xerxes Eli: De acuerdo, de acuerdo… responderé todas tus preguntas. Ten en cuenta que Hermione piensa que Snape tuvo un hijo legítimo, no piensa en Harry, jajajaja mi maldad todo planeó… enumera tus dudas que yo respondo… ya casi actualizas?
