CAPÍTULO 11
Severus Snape había pasado unas buenas vacaciones, cortesía de su esposa, que pretendía darle una lección, a cambio le otorgó una semana con su hijo y con ella, un recuerdo que planeaba llevarse a la guerra, queriendo que de esa manera tendría la fuerza necesaria para soportarlo todo.
Ahora Albus Dumbledore se encontraba furioso frente a él, exigiendo demandas y explicaciones que no se le apetecían escuchar. Veía el reloj frecuentemente, si ese vejete no se iba en ese momento terminaría causándole un grave problema, Harry llegaría en cualquier momento.
—No me ignores Severus.
—Tus razones carecen de fundamento Albus, es mi hijo y me lo llevé a donde me vino la gana.
—¿Sin importarte tu seguridad? Estuvo sin la protección de la Orden y de los aurores. —Le reclamó casi a gritos, no pudo evitar sonreír con burla.
—Estaba bajo la protección de esos ineptos, cuando se vio rodeado por casi más de 10 mortífagos.
El golpe en la puerta anunció la intervención del joven, Harry entró bastante confundido, ambos magos estaban de frente y parecía que en cualquier momento sacarían su varita batiéndose a duelo.
—Harry ¿qué se te ofrece?
—Venía hablar con el profesor Snape.
—Si me disculpas Albus, el señor Potter ya me había notificado que vendría.
Albus miró fijamente a su protegido, Harry sintió de inmediato esa ligera intromisión, se relajó intentando no pensar en la carta, en las palabras que su padre le escribió, él había sido bastante claro y si decía que no era bueno confiar en Dumbledore él le creía sin replicarlo. Snape parecía tan enfadado que la vena de la sien le brincaba al ver lo que le estaba haciendo a Harry en su presencia.
—Señor Potter, me parece que tendremos que posponer nuestra conversación.
—Entiendo —susurró con seriedad, Albus no podía negar que ese chico había cambiado, ya no era el niño aguerrido que se había formado por cinco años, ahora había adoptado algunas actitudes del pasado—. ¿Podría dejarle esto? —le preguntó mostrándole un pergamino doblado.
Severus comprendió a la perfección de lo que se trataba, ese chico le había hablado de la carta que le había enviado su padre, pudo ver la angustia en el rostro de Harry, lo ansioso que se mostraba para poderle responder, para que su padre supiera lo que pensaba, lo que sentía, le ofreció entregar la respuesta en la próxima reunión, pidiéndole de manera expresa que fuera la única vez que hiciera eso, cumpliendo un protocolo de seguridad.
—Claro, ahora retírese por favor. —Tomó el pergamino escondiéndolo entre sus ropas.
Ambos esperaron a que el joven cerrara la puerta para continuar discutiendo, Albus lo amenazó con la mirada en reproche. Bajó la vista a donde había guardado el pergamino que aquél le había entregado, algo le indicaba que eso no era un reporte de la clase de Defensa, mucho menos un examen retrasado, era algo más, con un motivo indudablemente personal.
—¿Qué es lo que estás haciendo Severus?
—No es de tu incumbencia.
—Lo es.
—¿Eres idiota? Yo tengo todos los derechos sobre él, ve haciéndote a la idea que pronto la Orden tendrá que darme un buen recibimiento, puesto que no planeo pasar mucho dentro de las filas del Señor Tenebroso.
—Eso lo decidiremos en otro momento, ¿olvidas que hay ciertas cosas que debes hacer antes?
—Claro... sólo ten en cuenta que antes de hacer eso, podría llevarme a Harry muy lejos de ti.
—¿Por qué de mí?
—Crees que ignoro que intentas envenenarlo en mi contra, lo sé Albus. —Exclamó con rudeza.
—Estás cometiendo un error muy grave Severus, posiblemente irreparable, ese chico ha cambiado...parece como si no le hubieras borrado la memoria.
—No sé de qué hablas —le mintió bajando la mirada.
—¿Has observado cómo viste? ¿Dónde está el Harry descuidado? Los profesores se han dado cuenta de su repentino avance en las materias, sin mencionar como camina, como se peina, como se comporta...
—Bueno... es mi hijo, eso es algo que no podrás cambiar.
—Ambos estuvimos de acuerdo en borrar sus recuerdos.
—Tú estuviste de acuerdo, —corrigió—, yo accedí porque creía que era lo mejor, me arrepiento de eso.
—Pasemos a lo importante...
—No hagas planes de nada Albus, no podré hacer ninguna misión en estos días, me he negado al llamado y el recibimiento del Señor Tenebroso no será realmente...bueno.
—¿Por qué te has negado a acudir?
—Porque me vieron salvar a Harry, tengo colgado el letrero de traidor, quería pasar unos días con él —articuló con tristeza.
—¿Cuándo irás?
—Tan pronto como me sea posible.
—Llamaré a la Orden para que estén listos y poderte sacar si lo necesitas.
—No necesito tu compasión, si él se da cuenta que la Orden está pegada a mi túnica me matará sin contemplación, tengo un plan.
—Eres un traidor ante sus ojos, conoces el castigo Severus.
—Me he hecho fuerte a los castigos.
—Aun así convocaré a una junta, si necesitas protección la Orden te la otorgará.
—No finjas conmigo, sé bien que lo que te interesa es que cumpla con mi promesa, sino te mato yo, Draco no tendrá el valor de hacerlo. —Lo evidenció retándolo con la mirada.
—Es sólo un chico asustado y solo.
—Mi hijo también está solo, y no ha recibido la misma atención Albus, porque siempre quisiste hacerle pagar a él mis culpas. —Le echó en cara el pocionista, y el director sabía que tenía razón.
—¿Desde cuándo te has vuelto tan sentimental Severus?
—Cuando me di cuenta del daño que le hice a mi hijo.
Severus tenía que terminar con esa conversación cuanto antes, sacó la carta frente al director, éste pudo leer un "papá" en el encabezado y la furia lo poseyó, observando al pocionista leer le misiva y como sus ojos fueron cambiando, adquiriendo un brillo que hace años se había apagado.
—Lo sabe... —escupió el director conteniéndose, ahora entendía porque Harry observaba a Snape, porque se acercaba, porque se mantenía alerta.
—Lo sabe y lo sospecha...
Albus se quedó sin palabras, conforme pasaba el tiempo se daba cuenta que perdía poder sobre la situación que rodeaba a Harry y Severus. Quiso saber a ciencia cierta cómo estaban las cosas entre ambos, pero sabía bien que el pocionista no le diría ningún tipo de detalle. Se retiró en silencio, pensando que aún tenía una oportunidad con el joven, él debía aprovechar las reuniones que tenía con él para mostrarle los recuerdos de Tom Ryddle, ahí se encontraría su única salvación.
Severus bajó la carta intentando seguir sosteniéndola, temblaba y sentía toda la melancolía llenarlo de nuevo. A lo lejos volvió a ver la caligrafía de su hijo.
Papá:
El profesor Snape te entregará la presente carta, hay tantas cosas que no logro comprender ni aceptar, sé todo el peligro que te rodea, y que hay cosas que no debo saber, mi debilidad te pondría en riesgo, pero debo decírtelo a ti, sólo tú podrás entender el dolor en el que vivo día a día, un día no tenía nada, de pronto comenzaron a llegar los recuerdos, los sentimientos, y hay días en los que siento que estoy perdiendo la cordura.
En medio de tanta confusión, tantas dudas y dolor, no hay día que no me levanté pensando que podría ser mejor, sé que en cuanto domine mejor la oclumancia podrás dejar todo ese mundo lleno de oscuridad, podrás decirme tantas cosas que muero por saber, quiero que llegué el día en que puedas volver.
Ojalá hubiera podido verte en batalla, tal como tú me viste a mí. Espero sepas cómo sucedieron las cosas, el profesor Snape me ayudó a sacar a Ginny de ahí, ella es mi novia, y cuando casi salíamos de ahí Bellatrix nos vio, ahora sé que él tendrá muchos problemas al regresar a las filas de Voldemort, ayúdalo como él lo hizo conmigo en batalla, no dejes que muera en manos de él.
La chimenea se apagó, el pocionista quedó en la oscuridad, tan sólo con el miedo de lo que sucedería al regresar a las filas, y con esa luz que le había dado Harry con la carta.
…
Hermione arrugaba las sábanas de la cama, el nerviosismo vivía latente en cada uno de sus nervios, observaba a Madame Pomfrey regresar con un vaso con una poción transparente, ella desvió la mirada, estaba tan avergonzada que no podía verle a la cara. Intentó cerrar su blusa pero la medimaga la detuvo de inmediato. Suspiró desesperada mientras iba por lo que necesitaba.
Cuando la mujer regresó, cerró las cortinas de la camilla donde ella se encontraba, y suavizó su hombro queriendo que comenzara a relajarse, pero no podía. Tenía miedo de todo ese procedimiento, de que algún alumno entrara, o Severus llevara en ese momento las pociones a la enfermería, no entendía porque las seguía preparando él y no el verdadero profesor de pociones.
—Necesito un poco de tu orina para esto, ¿estás en ayunas?
—No —respondió de inmediato—. ¿No puede ser sangre? —preguntó al recordar las pruebas muggles.
—Claro pero... no es común.
—Lo prefiero.
La medimaga asintió tomando una aguja y pinchando uno de sus dedos, Hermione vio como tres gotas caían en la poción y quedaban suspendidas en la parte de arriba, rogaba con que éstas se quedarán ahí y no bajaran ni un milímetro. Volteó a ver hacia arriba soltando el aire, la medimaga tenía sentimientos encontrados cuando esa chica fue a buscarla, siempre había escuchado los mejores elogios para ella, los maestros admirados de su inteligencia y su posible futuro, ahora metida en un buen problema.
—¿Llevabas algún método anticonceptivo mágico o muggle? —le preguntó mientras llenaba su historial con las respuestas y nuevos síntomas que la joven le había dicho.
—Con la poción.
—¿La hacías tú? —Hermione se quedó callada por un momento, no podía decirle que el profesor Snape se la hacía todas las semanas, ¿qué diría la mujer? ¿Cómo disculparía entonces el error de un embarazo? Quizá un día la olvido, quizá se encontraba en el margen de error, o quizás simplemente no estaba embarazada.
—Sí, la hice yo.
—¿Estaba bien hecha?
—Eso creo.
—¿Qué otros síntomas tienes además del vómito por la mañana?
—Incluso me atrevería a decir que no es síntoma —dijo Hermione, creyendo que de esa forma le cerraba la puerta a la realidad—. Sólo fueron... tres veces me parece.
—¿Entonces no tienes retraso?
—... bueno... sí, pero ¿podrían ser los nervios no?
—Lo veremos en un minuto, ¿no hay más síntomas entonces? —Hermione negó sin abrir la boca, el dolor no pertenecía a los síntomas sino al estrés constante al que vivía de ser descubierto su matrimonio con el profesor, y con su rol como espía—. Eso es todo, veamos la poción.
Hermione respiró antes de observar la poción que descansaba en la mesa de noche, observó primero a la medimaga que doblaba el vaso observando cómo las gotas de sangre se habían unido y habían bajado por completo, depositándose al final del recipiente. Hermione cerró los ojos aceptando lo que le venía, un nudo en la garganta se formó, intentó no llorar y ser fuerte, era lo que necesitaba para enfrentar lo que se le venía.
—Estas embarazada.
—Sí.
—Voy a revisarte entonces.
Hermione asintió subiendo su blusa, sintió las manos de la medimaga tocar su vientre con suavidad, no podía negar que su cuerpo había estado cambiando, Severus lo había notado, sin darse cuenta las lágrimas comenzaron a bajar en forma lenta y pausada, no sabía qué le iba decir. Ella sabía bien que sus intenciones eran no tener hijos, no los deseaba, ya le había dicho que afrontarían juntos el hecho de tener un hijo juntos, no la abandonaría, ni le daría la espalda. Pero se preguntaba si lo amaría tanto como ella, si lo aceptaría de corazón y no sólo porque ya estaba ahí. ¿Podría darle la misma atención y amor abnegado que le daba a Henry en silencio? En ese momento se sentía tan sola, aunque su esposo estaría con ella no deseaba que supiera, no quería ver la decepción, obligación y responsabilidad en sus ojos y sus reacciones.
—Necesito que te hagas unos estudios, podría mandarlos yo a San Mungo, pero lo tendría que firmar el director y tu jefa de casa.
—No, por favor, nadie debe enterarse.
—Hermione tienes más de 7 semanas de gestación, en un mes comenzara a notarse.
—Lo sé, pero quiero decirles yo a los profesores, deme unas semanas. —Le pidió desesperada.
—Los estudios son importantes, podrías ir tu misma a San Mungo, o aunque sea unas pruebas muggles para asegurar que todo va bien, más porque eres muy joven.
—Lo haré —le prometió cerrando su blusa y arreglando su uniforme.
—¿Y el padre de tu hijo?
—¿Él? ¿Qué... con él? —titubeó.
—¿Sabe? Supongo que está dentro del colegio.
—Sí... si sabe, él... estará conmigo, no hay nada de qué preocuparse.
—Bueno... tengo que recetarte unas pociones, pero tendrás que darme unos días quizá la semana completa, no tengo esa clase de pociones en el armario, no presento jóvenes embarazadas a menudo.
—¿Quién hará las pociones? —preguntó asustada.
—Tranquila, las haré yo, no permitiré que el profesor Snape se entere por ahora. —Hermione asintió bastante agradecida.
—Gracias.
Hermione salió de enfermería, sentía que sus piernas le temblaban y no podía controlarse. Se tapó la boca callando el sollozo que salió de su boca, pero al mismo tiempo acarició su vientre intentando controlarse.
—Vamos a estar bien —le prometió, intentando creerse esa mentira.
…
Hermione revisó las últimas líneas del ensayo de Harry, tachó el último párrafo y lo suplió por algunas líneas escritas por ella, le extrañaba el avance notorio que su amigo estaba teniendo en casi todas las materias, en Herbología llegó a superar a Neville y poseía una destreza que se veía natural en Defensa contra las artes oscuras y pociones, y hasta la profesora McGonagall se veía orgullosa de que él tuviera ese avance en clase de Transformación.
Quería preguntarle pero tenía miedo, no había forma de que hubiera hecho trampa, pero si alguna poción, aunque no lo creía capaz, ¿por qué a estas alturas haría algo como eso?
—Es... un muy buen ensayo.
—No tanto como el tuyo —le respondió sin verla, su mirada estaba más concentrada en el profesor Snape que hablaba arduamente con Malfoy.
—Estás loco, hiciste una investigación magnifica Harry.
—Había muchos libros... tuve tiempo.
—Claro, como no te has dignado a convocar entrenamiento para el partido de Quidditch —se quejó Ron, terminando su ensayo y entregándoselo a su amiga.
—Ron... esto es la mitad de lo que pidió el profesor Flitwick.
—Cuando lo corrijas será más. —Hermione lo observó con fingido odio, comenzando a leerlo—. ¿Qué tanto le ves a Snape?
Hermione alzó la vista y se dio cuenta que era verdad, al inicio había pensado que observaba a Draco, pero ahora Severus estaba con algunos alumnos de Ravenclaw, parecía como si les estuviera explicando algo con suma concentración. Harry no había separado la mirada a donde estaba su esposo.
—Nada, quería saber si seguía aquí.
—¿Por qué no habría de estarlo?
—No tardará en... irse con... Voldemort.
—... ¿Y... tu... como sabes eso? —cuestionó Hermione que había dejado de leer el ensayo de Ron.
—Porque en el accidente de la Madriguera él me salvó.
—¿Y? no sería la primera vez que lo hace.
—Ginny me contó que Bellatrix los vio —articuló Ron removiendo las hojas de los árboles.
—¿Cómo que los vio? —preguntó Hermione asustada.
—Él llevaba la máscara, sólo así él se pudo acercar, pero cuando nos aparecimos en la Madriguera, no sé de dónde demonios salió Bellatrix y le quitó la máscara, ahora todos saben que es un traidor y que mató a un mortífago por sacarme de ahí.
—¿Por qué no me habías dicho nada Harry? —le preguntó con voz trémula y asustada.
—No tiene importancia, pero no quisiera que lo mataran o le ocurriera algo.
—¿Crees que lo mate?
—Lupin le aseguró que lo haría, al parecer lo llamó esa misma noche y él no acudió al llamado.
—Bueno... es Snape, él siempre sale ileso, aunque no logro saber cómo ni porque —intervino Ron, pero ninguno de los dos estaba seguro de eso.
—La Orden debería darle protección —sugirió Harry.
—El profesor Dumbledore no accedería a tal cosa Harry, desgraciadamente el profesor Snape es la única llave que él tiene hacia Voldemort —reconoció con pesar la joven castaña.
—¿Pero tanto como sacrificarlo en esta guerra?
—Ya sabes lo que él dice, que hay pérdidas que se deben llevar para poder ganar.
—No su pérdida —siseó Harry con una mirada tan pesada y oscura que Hermione se hizo hacía atrás—. No a él.
—...¿Por...qué? —se atrevió preguntar Ron.
—Porque el profesor es quién sabe de tu padre. —Dijo con obviedad su amiga.
—No... no es por eso, pero dudo que lo entiendas —susurró con tristeza.
—Lo intentaré...
—Lo único que me faltaba en este momento, ahí vienen —señaló a unos alumnos de tercero que se acercaban.
—¿Qué esperabas? Hay un puesto de cazador y debes elegir a uno, eres el capitán compañero.
—Ahora no tengo tiempo Ron... esos niñatos —Hermione y Ron se observaron con nerviosismo, en su rostro podía observarse la sorpresa, la forma que habló fue tan... diferente que les asustó—. Además ya tengo al suplente.
—¿Sin hacer las pruebas? Eso no es honesto Harry.
—¿Quién dijo que yo era la honestidad? Busco que el equipo gane, solo eso.
—Te escuchas como... un Slytherin.
—¿Slytherin? Claro que Slytherin ganará la copa —intervino Malfoy cuando pasaba.
—Será un tanto... diferente Malfoy.
—¿Supongo que por la evidente perdida?
—No, porque dejaré a todo tu equipo en ridículo, la victoria es mía. —Se levantó Harry.
—Eso lo veremos.
—Harry ¿qué te ocurre? Estas actuando como un... Slytherin.
—Bueno... ya era hora —respondió firme, pero nervioso, ella tenía razón, se escuchó tan distinto—, a ver si ahora si les ganamos la copa, tenemos que hacerlo, no estoy dispuesto a oír a ese hurón burlarse.
…
Lo esperaba pacientemente en la recamara, estaba enfadada, no podía evitarlo, había estado ocultándole cosas y sabía que eso le enfurecía. Lo escuchó llegar a su despacho pero no salió a buscarlo, esperó a que él ingresara a la habitación y no se dio cuenta que ella le esperaba impaciente.
—Hermione, es hora de la cena ¿por qué no estás en el comedor?
—No tengo hambre.
—¿Qué ocurre?
—¿No hay algo que debas decirme Severus? —El pocionista pensó por un momento, ella estaba muy rara pero también enfadada, sin embargo, se atrevió a negar con completa seguridad—. ¿Absolutamente nada? Algo que yo deba saber... porque soy tu esposa ¿Nada?
—Hermione, no sé de lo que hablas.
—¿Debo preocuparme de algo?
—No.
—¿Ni siquiera de que todos los mortífagos ahora te consideren traidor?
El hombre cerró los ojos derrotado, creía que su hijo nunca lo mencionaría, y ahora se enfrentaría a una Hermione furiosa y preocupada. Asintió sentándose a su lado, debía asegurarle que todo saldría bien, aunque él mismo comenzaba a dudar de que eso sucediera. Debía llevarle al Señor Tenebroso algo que garantizara su vida, o bien morir en la Mansión.
—No quería preocuparte.
—¿Y qué iba pasar cuando él te llamara? Te ibas ir sin yo saber si vuelves o no.
—Hermione, voy a regresar.
—Moribundo de nuevo.
Severus tomó uno de sus mechones y lo haló con suavidad, sus ojos se volvieron cada vez más cristalinos y comenzó a temblar aunque luchó por ocultarlo. Buscó sus labios con precaución, ella estaba dispuesta a negarse, pero cuando él mordió su labio inferior para pedirle permiso, gimió con dolor entregándose a la caricia.
—Confía en mí.
—No quiero que te pase nada, te necesito más que nunca.
—Regresaré.
—No me mientas, sé cuándo lo haces. ¿Por qué hiciste algo tan estúpido Severus?
—No podía dejar morir a Harry ahí.
—No quiero perderte, dile al director que no regresaras, por favor no me dejes sola —le pidió ya con lágrimas en los ojos.
—Debo volver.
—Por favor, te necesito con vida.
—Shhhh —la calló recostándola en la cama—. No soy tan fácil de matar, y aunque me crea un traidor me necesita.
—¿Me lo prometes?
—Si —siseó subiendo su falda—. Yo tampoco tengo hambre para ir al comedor —articuló con cierto placer cuando metió su mano por debajo de su ropa interior, ella no lo detuvo y él apagó la luz del dormitorio.
...
Sintió como él se levantaba, no quiso abrir los ojos porque cuando hacía eso por la madrugada era porque algo ocurría. Escuchó que él abría el cajón, entonces no lo soportó y lo vio de espaldas con el pantalón negro ya puesto, de perfil se fue colocando la camisa y entonces pudo ver su tristeza, él sabía el peligro que corría al ir de nuevo a la Mansión Malfoy pero aun así se arriesgaba.
Se quedó pensando, y si ella le dijera de su embarazo, que había un hijo creciendo dentro de ella, quizá así no la abandonaría y se quedaría con ella, pero lo conocía bien, él no era un cobarde y asistiría a la reunión a pesar de eso, y lo único que provocaría con su confesión sería distraerlo de sus responsabilidades.
Pero se prometía que tan pronto él regresara debía decirle, tenía que sacarla del colegio para que pudiera hacerse esos estudios, tenía que contarle a su madre, tenía que comprar cosas porque era verdad lo que le había dicho la medimaga, en poco tiempo iba empezar a notarse.
Se sentía nerviosa de todos los problemas a los que quizás metería a su esposo, y era algo que pensaba dejar claro, él no debía decir que era el padre, no por el momento.
Cuando se giró a ver a su esposa dormida, Hermione lo veía con tristeza y miedo, Severus bajó la mirada, él también estaba asustado, el temor de no volverla a ver y todo el dolor que le dejaría a ella, para que saliera adelante sola. Quería decirle que el testamento estaba guardado, pero eso sería tanto como asegurar que lo matarían.
La joven se levantó de la cama y se arrodilló sobre esta, debía actuar como la esposa que era, le sonrió mientras abrochaba su camisa y lo ayudaba a alistarse. Severus sonrió al verla en lencería y siendo tan fuerte como realmente era.
Se puso la levita mientras ella iba por la máscara, cuando ella regreso él ya estaba listo con la túnica negra, ella sonrió y lo besó con suavidad.
—¿Regresarás cierto?
—Claro que sí.
—Tienes que volver, porque... —intentó decirle pero solo consiguió que las lágrimas salieran.
—Regresaré porque no podría dejarte...
Hermione gimió y se dejó ir sobre de él besándolo, Severus se dejó llevar y cayó sobre su cuerpo acariciándolo, quería memorizar cada parte de éste, cada beso y que ella lo ayudara a soportar lo que encontraría en la Mansión Malfoy, ella era la única que podría ayudarle a salir de ahí.
…
El pasillo se encontraba abarrotado de mortífagos, todas las miradas de éstos se posaban sobre de él, eso no impedía que caminara con seguridad, casi desprendiendo arrogancia. Dobló por un pasillo entrando directamente al salón de reunión.
La puerta negra hizo un ruido que fue perceptible por todos los presentes, sostuvo la mirada del Señor Tenebroso, quién se encontraba en la silla más alta, forrada de terciopelo negro, ninguno de los dijo nada. Podía sentir el poder de aquel mago entrar a su mente, viajar por sus recuerdos, él permitiéndolo a voluntad.
—Mi Lord —dijo firme inclinándose ante él, Voldemort acarició a Nagini casi de forma obsesiva.
Comenzó a ponerse nervioso cuando ésta se subió por sus hombros, se acercó tanto al rostro de su amo que todos se alejaron con cierto disimulo, durante los siguientes minutos el Señor Tenebroso habló en pársel con su serpiente, Snape bajó la vista ansioso, dar explicaciones en ese momento resultaría una completa locura.
—Me has hecho esperar mi estimado amigo —siseó, haciendo que le sostuviera la mirada.
—Se complicaron las cosas, mi señor.
—¿Ah, sí? —Severus guardó silencio, de nuevo la intromisión en su mente, protegió con recelo cada uno de los recuerdos, Voldemort sonrió de forma maliciosa, casi sádica—. Mátenlo.
...
Se levantó por la madrugada, un grito la había despertado poniéndole los pelos de punta, respiraba agitada y sudaba. Se incorporó de inmediato, pudo sentir el frio recorrer las palmas de sus pies. Se asomó por la ventana, una tormenta azotaba Hogwarts y ella no dejaba de ver hacía el bosque prohibido. Tal parecía que sería la tercera noche que él no regresaría.
Ya más calmada se recostó en la cama de nuevo, pero dejó encendida la lámpara, los truenos comenzaban a ponerla nerviosa, sus pesadillas eran más desgarradoras que las anteriores. Sacó del cajón su sortija de matrimonio, la acarició mientras se abrazaba a sí misma.
Con cierto temor llevó su mano hasta su vientre y le dio unas suaves caricias, no había llorado, y no lo haría porque su hijo la necesitaba entera y fuerte, debía demostrar lo aguerrida que podía ser. Su padre ahora no estaba con ellos, y ella debía tomar el mando de cada una de las decisiones que se tomaran.
—Él está bien, lo prometió. Pronto regresará —le prometió sin dejar de acariciarle—. Papá volverá.
...
—¿Entonces? —le preguntó Harry con sutileza.
—Se fue... hace tres días lo vi marcharse por los jardines.
—¿Hermione estás segura que era él?
—Sí —asintió con debilidad.
Ambos se quedaron callados observando fijamente hacia el bosque prohibido, Hermione intentaba ocultar su tristeza, el miedo con el que estaba viviendo, la soledad al enfrentarse a su embarazo sola, y el abandono que sentía últimamente.
Harry la vio alejarse, ni siquiera ella misma se dio cuenta que se estaba marchando, sus sentimientos la estaban guiando, la vio tan triste, al punto de sumirse en las lágrimas.
La siguió hasta las mazmorras, no sabía que le ocurría, solo que estaba sufriendo demasiado. Entró al despacho del profesor, y observó su silueta alejarse hacia la puerta de madera. Su corazón se estrujó por un momento.
Hemione había dejado la puerta abierta, ahí Harry la vio parada en medio de la habitación. Se acercó a ella con cierto temor, su mano temblaba un poco y su mirada estaba perdida, como si una depresión la estuviera consumiendo.
—¿Hermione? ¿Qué estás haciendo?
—Lo van a matar —susurró con una voz apenas audible.
—No pienses en eso, quizás solamente está intentando regresar.
—Ambos sabemos que lo están acusando de traición, y McGonagall dijo que no había nada que hacer.
—¿Qué? —Hermione se secó las lágrimas, controlándose.
—Hablaba con Lupin, dijo que... posiblemente lo iban a matar, él quería ir por el profesor, y McGonagall le dijo que no había nada que hacer por ahora, que la Orden no tenía la fuerza para atacar.
—Tranquila, ven —le pidió sentándola sobre la cama, estaba atemorizado también, de que por culpa de él hubieran matado al profesor—. No está bien que estemos en sus aposentos, Hermione ¿por qué te preocupas tanto por él?
—Porque no merece... esto.
—Sé que te impactó la vez que lo curaste.
—No fue la primera —confesó, queriendo obtener su apoyo—. A principio de curso, lo encontré caminando por uno de los pasillos, y se veía tan fuerte, aunque la sangre manchaba su túnica y respiraba con dificultad, él me restó 20 puntos. La herida era en su nuca y no podía limpiarse, dejó que yo lo hiciera, y me dijo... gracias Granger —susurró para romper en llanto.
—Oh Hermione...
—Y... yo me pregunté... ¿qué hizo para que se esté castigando a sí mismo? Y... me contaste lo de la Profecía, y... no creo que sea... suficiente, tu madre murió pero... él se flagela día tras día, no logra perdonarse... y... él es bueno, sólo está en el lugar equivocado, no es malo Harry.
—Lo sé.
—¿Entonces qué hizo para que haga esta locura?
—Hermione, debes intentar calmarte.
—No puedo... —susurró dejándose caer sobre su hombro.
—Oh Hermione ¿te has enamorado del profesor? —Su única respuesta fue un llanto prolongado que no se detenía— vas a sufrir mucho si lo haces, no terminaras bien, —le aseguró al recordar el matrimonio del profesor y lo entregado que era a esa mujer.
...
Ron cubrió el cuerpo de Hermione, quién ya dormía plácidamente, después de batallar para que conciliara en sueño. La poción había quedado en la mesita de noche, y él seguía observando a Harry para que le diera una explicación, había llegado con Hermione, ella sosteniéndose de él con los ojos rojos y como si un dementor la hubiera atacado.
Subieron con ella en brazos y la primera en acudir había sido Madame Pomfrey, para administrarle con urgencia un calmante.
—¿Me vas a decir qué le ocurrió? —le preguntó por segunda ocasión el pelirrojo.
—No lo sé, así me la encontré en un pasillo —mintió.
—¿Y qué te dijo?
—Nada, sólo que quería dormir —mintió por segunda ocasión.
—¿Cómo está Hermione? —llegó Ginny sentándose a su lado.
—Mejor, ahora duerme. ¿Tú sabes qué tenía?
—No, la había visto rara por unos días, aunque... ahora que lo recuerdo, hace una o dos semanas fue a la enfermería, dijo que no se estaba sintiendo bien.
—¿Y luego?
—Nada, al parecer Poppy le dijo que era el estrés de los exámenes.
—¿Crees que sea eso? —le preguntó Ron a su amigo.
—Posiblemente lo sea —mintió de nuevo.
—¿Quieren que me quede yo con ella?
—Podríamos quedarnos los dos —sugirió Harry.
—Bien, vendré en la mañana —dijo Ron, saliéndose de ahí.
...
No podía dejar de verla, le dolía profundamente por lo que su amiga estaba pasando, pero no podía hacer nada por ayudarla. Lo único que podría mejorarla, era que el profesor Snape regresara ileso, seguramente él no tendría idea de lo que su amiga sentía por él, sería un amor mal correspondido pero Hermione se sentiría tranquila al ver que había vuelto.
No quería admitir que la culpa lo estaba matando, cualquier castigo al que estuviera estado sometiendo al profesor Snape era su completa responsabilidad, tantas veces que le debía la vida, y los recuerdos que ahora habían regresado le decían de forma innegable que ese hombre era un misterio.
Todo aquello que él se esforzaba por aparentar Harry lo destruía con sus recuerdos, odiaba la confusión que vivía en su cabeza últimamente.
La semana pasada había acudido con puntualidad a entregar el ensayo de Defensa contra las Artes Oscuras, meses atrás se hubiera negado a hacer esa locura, pero ahora era completamente diferente, necesitaba entender cómo se manejaban las Artes Oscuras para entender cómo podía combatirlas.
Bajó con tranquilidad al despacho del profesor, sintiéndose extraño por no encontrarlo. La segunda puerta que siempre había permanecido cerrada se abrió con lentitud, Hermione salía de ahí con una sonrisa bastante notoria, cuando vio a Harry casi se le caían los libros que llevaba en las manos.
—Harry... ¿qué haces aquí? Es tarde.
—Lo mismo quería preguntarte yo a ti.
—Vine a traerle al profesor la lista de castigados, al parecer esta semana él se encargara de las sanciones.
—¿Y dónde está?
—En su laboratorio —Harry vio con curiosidad la puerta, no tenía ni idea que el profesor tuviera laboratorio personal, creía que las pociones las realizaba en el aula de clases—. Podrías esperarle.
—Entraré... te dejo pasar a ti ¿no? —Ella asintió confundida—, ¿sin pérdida de puntos?
—Sí, así es...
—Bueno, te veo en la sala común Hermione... la plática con el profesor debió ser entretenida.
—¿Por qué?
—Estabas sonriendo.
—¡Pero no con él! Dudo que sepa sonreír —dijo con una cara de desagrado y tomando sus cosas inmediatamente, ahora Harry comprendía que sonreía por el simple hecho de verlo.
Harry entró en el momento que el profesor apagaba el fuego y arrojaba unas hierbas al caldero, éste echó un humo nacarado, asegurando de esa forma que la poción se encontraba casi lista. El joven observó con atención el pequeño cuarto, había tres calderos depositados en dos mesas largas de metal, un armario de ingredientes se encontraba del lado derecho, era de madera y bastante viejo como podía observarse.
Su mirada se perdía en los cuadros que existían ahí, con menos interés vio el escritorio de madera que estaba del otro lado, tocó lo rústico que se sentía y los recuerdos lo azotaron hasta casi derribarlo. Se pegó a la pared asustado.
—¿Olvidaste algo? —preguntó Severus girándose, esperaba ver ahí a Hermione y era Harry quién se sostenía de la pared.
—... lo siento, Hermione dijo que podía pasar.
—Llegó temprano Potter.
—Supongo... —susurró sin saber lo que decía.
Caminó por el laboratorio sin pedir permiso, Severus había olvidado la poción, y el nerviosismo no lo dejaba reaccionar con naturalidad. Vio a su hijo reconociendo el lugar.
Harry se detuvo sobre uno de los cuadros que existían ahí, un niño pequeño haciendo magia con un trozo de madera, provocando que las piedras de un río salpicaran a su alrededor. El joven mago vio claramente el recuerdo, él solía pararse frente a ese cuadro y hablar con la pintura, mientras el profesor hacía las pociones.
—El agua, y el árbol —hablaba arduamente al cuadro, el niño parecía divertirse demasiado.
—Harry ten cuidado, no vayas a caer —le advirtió el pocionista, Harry lo pudo recordar tan joven, su cabello no tan largo y una voz tan diferente.
El niño se giró a verlo y sonrió, Severus Snape sonrió mientras llenaba unos frascos con las pociones que realizaba.
Harry volteó a ver a Snape como debió hacerlo aquel día, el profesor estaba más pálido de lo normal, no decía nada, no podía hacerlo, Harry había recordado algo, lo podía notar.
Caminó hasta donde estaba el armario de pociones, pudo sentir algo, el recuerdo llegar pero no obtenerlo por completo.
—¿Puedo? —le preguntó al profesor Snape que se había quedado inmóvil.
—¿Qué ingrediente busca señor Potter?
—No estoy seguro —abrió el armario sin esperar la respuesta del pocionista.
Observó tantos frascos, hierbas guardadas, insectos, animales disecados y guardados en una poción amarillenta que le ayudaba a su conservación. Cerró de golpe y vio los cajones, sabía lo que había ahí, frascos y recipientes de vidrio, listos para usarse. Harry abrió y su mano cayó derrotada, ahí estaban los frascos, comprobó todo, era un recuerdo de su infancia.
Y el recuerdo llegó...
—Harry deja eso ahí, he terminado. Vamos al Lago un rato.
—Voy. —Le dijo el niño que llevaba una caja roja de madera.
—Guarda eso ya. —El niño con rapidez puso todo lo que tenía en el piso y lo guardó en la caja. Se levantó y abrió un cajón lateral del armario y guardó ahí la caja—. ¿Listo? Son vacaciones, el castillo es tuyo, no habrá magia sobre ti en esta ocasión.
El niño se incorporó y asintió emocionado, Harry lo podía ver, ese niño tan idéntico a él, llevaba unos shorts azul marino y una playera blanca. Su cabello alborotado y largo cubriendo su cara.
—¿Sin magia?
—Lo prometo, ve por la túnica.
—No quiero —replicó.
—Harry ve por la túnica.
—¡No! Pelota.
—De acuerdo —siseó con fingida molestia— ve por la pelota.
Harry dejó escapa el aire cuando el recuerdo terminó, casi cae de rodillas, su mente de debilitaba cada vez que recordaba algo de suma importancia. Vio el armario con curiosidad, y distinguió aquel cajón. Lo abrió aún con la mano temblando, la caja roja estaba ahí, el corazón de ambos magos parecía explotar de un momento a otro.
Cuando se incorporó vio a los ojos al profesor Snape, le pedía explicaciones, y al mismo tiempo le aseguraba que sabía algo. Severus guardó silencio, su respiración agitada ya era notoria.
—El ensayo —le dijo Harry sin soltar la caja, pero entregándole el trabajo solicitado.
—Sí.
Harry asintió y vio sobre el escritorio unas marcas casi ilegibles, las tocó con cierta ausencia, las había hecho él, no tenía que preguntar. Las debió hacer siendo muy niño, las hizo mientras Severus escribía sobre un pergamino, alzó la vista a ver lo que el infante hacía, vio arruinar su escritorio, pero nunca le dijo nada, prosiguió con su tarea y dejó al niño proseguir con la suya.
Harry alzó la vista hacia el pocionista, su mirada era confundida, tranquila, pero aceptando todo lo que fuera necesario asimilar.
Harry se condujo a la puerta en silencio.
Si preguntaba, sabía la respuesta. Su padre a veces no tenía tiempo de atenderlo, y era el profesor quien se encargaba de su cuidado.
No preguntó nada, a pesar que esos recuerdos eran diferentes.
Harry tuvo miedo de preguntar.
Severus tuvo miedo de lo que fuera a pasar.
Ninguno de los dos tuvo el valor de decir algo, Harry salió de ahí con la caja en sus manos, era suya y Snape no le negó lo contrario.
Vio que Hermione se cambiaba de lado, eso lo regresó a la realidad. El miedo de preguntar aquella tarde lo invadió de nuevo, pero con mucha más fuerza, tenía miedo de que él no volviera y no poder hacerle aquella pregunta.
N/A: Espero hayan disfrutado el capítulo. La próxima actualización será de Oculto, dejaré para más adelante Una promesa no cumplida. Besos
Vic GG: Hola, espero te haya gustado. Saludos
Yetsave: Que bueno que te agradó, espero puedas disfrutar el cambio que tendrá la historia. Besos
DUENDECIYA: Más allá de un profesor, supongo que era un hombre, me hubiese gustado verle así, relajado y vivir lo cotidiano. Besos, gracias por comentar.
Bedolla lau: Me alegra que tomes ese tema, ella no desconfía nada porque Severus ya le dio el nombre de su hijo, y porque ella supone que su hijo es biológico, jamás pensaría en Harry… gracias por tu observación. Besos
Parejachica: Bueno, y luego se quejan que la dramática es una jajajajaja
Ycaliz: Muchas gracias por tus bellas palabras, me encanta que les haya gustado tanto, y que lo hayan recibido de esta manera. Besos
Yazmín Snape: Espero te haya gustado el final nena, gracias por tu apoyo en este capítulo. Besos
Lynette Broderick: Espero hayas disfrutado el capítulo, tanto como yo. Lo emotivo es lo más importante, para conocer la otra faceta de Severus. Gracias por comentar. Besos
Kharlasevsnape: Listo con la entrega, tardé pero esta largo y generoso. Besos
Lui Nott: Lo percibiste bien, una traición no podría ser perdonada, y tanta felicidad tuvo un costo para Severus, aunque valió la pena, tener reunida a su esposa y su hijo fue un regalo que el destino le estaba dando. Besos
