CAPÍTULO 12

Las gotas de sangre escurrían por el puente de su nariz, formando un pequeño charco en el suelo. Su cuerpo se encontraba sostenido sólo por sus muñecas con gruesas cadenas, había perdido la conciencia por segunda ocasión, y sólo pudo despertarle una de sus tantas pesadillas.

Había olvidado que parte le dolía más, sus brazos por estar sosteniendo el peso de su cuerpo, o las heridas que tenía hecha por los latigazos, dobló un poco la cabeza y se dio cuenta que se encontraba completamente solo, justo en medio de las celdas de las mazmorras. Sonrió irónico, jamás creyó que su muerte sería en una celda como un prisionero, pero era algo que ameritaba, más aún si tenía el letrero de traidor.

Nunca se había aferrado tanto a la vida como en esos momentos, por extraño que pareciera él luchaba porque no lo mataran. Hizo juramentos, promesas que no podía cumplir, sabía que sino moría en esos momentos, sucederían meses adelante cuando todos se enteraran donde radicaba su lealtad.

Sabía bien que antes de su muerte sería el entretenimiento de todos esos sádicos, se pudo escuchar la reja abrirse con suma lentitud. El pocionista abrió los ojos, vio la sombra acercarse a él, soltó un quejido de dolor que no fue ignorado por el mago que se acercaba.

Mira lo que me has obligado a hacer... Severus.

Mi Lord...

La traición se paga con la muerte Snape, lo sabes, tú mismo... me ayudaste a terminar con ciertos traidores —siseó mientras se sentaba en una silla de madera que se encontraba enfrente.

Con cierta dificultad ambos hombres podían verse a la cara, había algo del Señor Tenebroso no lograba de convencerle. Había cierta pasividad en su interlocutor que le daba escalofrío.

No... fue... traición.

¿No? ¿Y qué fue entonces mi estimado amigo?

Hay... una razón... para todo —articuló con dificultad el pocionista.

Muy bien Severus, voy a escucharte, porque eres mi mano derecha y... yo soy muy generoso con mis hombres. —Respondió con falsa preocupación.

Dumbledore... él me mandó a que trajera a salvo a Potter, sino lo hacía sabría que mi lealtad es con usted... mi señor.

No, no, no, no Severus, no le mientras a tu señor. —Le dijo tranquilamente levantándose de la silla, mientras Nagini le seguía los pasos—. Ese arduo plan era perfecto, tendría a Potter en mis manos y tú no hubieras regresado más con ese anciano.

Tendría a Potter... pero no a Hogwarts mi señor.

Voldemort lo observó con maldad, sus profundos ojos rojos azotaban a las orbes oscuras de Snape, eso había sido una osadía, ambos lo sabían.

Dumbledore debe morir primero —continuó diciendo, haciendo un esfuerzo por mantenerse de pie—. Si tiene bajo control a Hogwarts, sólo faltaría... tener a Potter.

Algo bastante difícil ahora Snape.

No... no del todo.

¿A qué te refieres Severus?

Le... entregaré a... Potter este verano. —Expuso el mago con dolor, esa era su última carta y sabía bien que era un suicidio.

¿Tú?

He hecho que se... acerque a mí, he confundido su mente, confía... ciegamente, una vez que logre tenerlo... en mi poder, lo... traeré ante usted.

Tus recuerdos —le exigió demandante Voldemort, Severus bajó la cabeza en sumisión, lo dejó ver lo necesario para que comprobara lo que le estaba diciendo, lo sintió salir y cómo lo observaba, queriendo encontrar un rastro de falsedad, o una trampa pero eso lo tendría que comprobar confiando en él—. Tu plan... es... ¿matar a Dumbledore primero?

Si lo mato y Potter me ve...

Dejaría de confiar —dijo terminando la frase de su mortífago—. Muerto Dumbledore... tú ocuparías su lugar dentro de la Orden.

Así es, tendría el apoyo de Potter para hacerlo. Me encargaría de su protección, de su... seguridad.

Y me lo entregarías, ya sin amenazas —Snape asintió más calmado, el plan parecía ser aceptado por el Señor Tenebroso—. Tenemos que presionar a Draco, él debe matarlo y tú... harás el resto.

Sí...pero hay un... inconveniente. Mi plan era... perfecto, hasta que Bella intervino, la confianza de la Orden...es frágil ahora.

Te sabrás encargar de eso —siseó con frialdad.

Tengo la confianza de Potter, pero no es lo mismo con la Orden, necesito tiempo para arreglar lo que tenía en mente, y que esa maldita mujer deje de meterse en mis asuntos.

Me encargaré de Bella, Severus —le prometió sonriendo, se acercó a la celda más alejada, donde la oscuridad reinaba sobre de ella—. Tendrás el tiempo que requieras... con un plazo establecido por supuesto.

No tendrá quejas mi señor.

Claro que no las tendré...no aceptaré un error tuyo Snape, por más mínimo que sea.

Severus asintió aún con el corazón saliéndosele del pecho, esa mirada sádica que Voldemort tenía hacia aquella celda lo congeló de pronto.

Potter se sentirá... culpable de tu estado, necesitamos que él crea que fuiste... severamente castigado ¿cierto?

Mi señor yo...

Tranquilo Snape, te dejaré consiente esta vez, no permitiré que mis hombres te toquen, lo haré yo mismo —prometió acariciando a su serpiente—. Y no te preocupes por la Orden, si les llevas un obsequio... ellos confiarán de nuevo.

No entiendo...

Un pequeño presente de mi parte —siseó acariciando las rejas de la celda—. En tu nombre. —Culminó viendo hacia el hombre que estaba sentado escuchándolo todo, Severus cerró los ojos aceptando el trato, el dolor emocional se apoderó de él por completo.

Sus rodillas parecían que se vencerían de un momento a otro, sino fuera porque se sostenía también de las manos habría caído hace mucho tiempo. Se levantó aún con las piernas temblando, tenía que tener las fuerzas suficientes como para regresar a Hogwarts, aunque no sabía lo que tenía que hacer una vez que llegará ahí.

Se puso la camisa que le habían dejado ahí, la espalda le ardía, y necesitaba agua.

¿Es cierto? —Escuchó la voz rasposa del hombre—. ¿Te castigaron por salvarle la vida a Harry?

No es algo que te importe.

Harry me importa.

Estas preguntando por mi castigo, no por Harry —respondió fríamente el pocionista.

Ambos hombres se observaron con odio mutuo, Severus abrió la reja dejando que éste saliera.

No hay mucha diferencia de cómo entraste escoria, sigues siendo un simple despojo.

¿Qué harás?

Debemos ir a Hogwarts —Severus le dio su mano con cierto asco, y el hombre la tomó resignado.

De inmediato hicieron su aparición en los terrenos, el hombre cayó sobre el lodo y devolvió el estómago, era demasiada magia para una persona que llevaba tiempo no practicándola.

¿Quieres moverte maldita sea?

¿Cómo demonios piensas entrar conmigo? —le preguntó sin fuerzas.

Tengo un plan —con cierta oposición ayudó al hombre a levantarse, puso una mano sobre su hombro y lo ayudó a caminar entre la oscuridad para que nadie los viera.

Debería ayudarte yo a ti.

No necesito de tu ayuda —siseó con dolor—, sigue caminando.

No fui yo quien recibió un castigo por 4 días enteros, te has desangrado Snape.

Espero hayas disfrutado la función.

Me salvaste la vida. —Le recordó el hombre, pero Snape torció la boca en desagrado.

Cierra la boca, estás empezando a ponerte patético. —El mago sonrió complacido de haberlo hecho enfadar.

Después de mucho tiempo lograron llegar a la Sala de Menesteres, cuando entraron una cama era lo primero que pudieron ver, una chimenea le daba calor a la estancia.

Quédate aquí, mandaré a un elfo para que te cure.

El que debe curarse eres tú.

No salgas hasta que vuelva —le ordenó ignorando su anterior comentario, Snape lo vio con desprecio pero un rastro de humanidad salió dentro de él, e hizo aparecer una jarra con agua, la cual el hombre bebió de inmediato.

Tal vez... te crea ahora.

Nunca me ha importado tu opinión, ¿por qué habría de importarme ahora?

Ninguno de los dos dijo nada, Severus salió de ahí con paso firme, aunque al salir casi cayera de dolor, no caería frente a ese hombre sino en silencio.

...

¿Estás seguro que era él Harry? —le preguntó por debajo de la capa.

Claro, pero... me pareció que entró con alguien.

Creo que lo confundiste.

No, vayamos a los jardines —le pidió a su amiga.

Ambos recorrieron las cercanías al castillo, se maldecía de no haber llevado el mapa del merodeador con él en ese momento. Hermione llevaba la misma idea en su cabeza. Se quitó la capa de un tirón y se sentó sobre el pasto fresco.

¿Qué haces?

Debemos traer el mapa —y con un movimiento de varita, éste apareció frente a ellos.

Harry le sonrió, en ocasiones se llegaba a preguntar qué haría sin ella, el joven lo abrió y se puso a buscar en los alrededores, Hermione dejó salir el aire cuando vio su nombre en los aposentos de las mazmorras. Lo señaló casi con su mano temblorosa, el nombre se desvanecía y se mantenía inmóvil.

Vamos corre.

Ambos tomaron dos pasadizos secretos y corrieron, tan sólo se cuidaban de no ser vistos y no hacer mucho ruido. Entraron a su despacho sin tomarse el cuidado de no ser precavidos.

Cuando entraron lo encontraron frente al cofre donde el profesor guardaba las pociones curativas. El cansancio lo había vencido y se había dejado caer sobre la cama, abrió los ojos reflejándose en su esposa, más de una noche se aferraba con fuerza a su promesa, odió cuando sus ojos se humedecieron.

Nadie, debe venir. —Exigió.

La última vez que intentamos curarlo, el avance fue lento. Debemos llamar a Madame Pomfrey profesor Snape.

Estaré bien —articuló con dificultad—, Potter... vaya a la sala de... menesteres.

Sí, claro. Lo haré cuando lo lleve a enfermería —lo retó con cierto sarcasmo.

Ve... es una maldita orden, encontraras a alguien ahí. —Harry se quedó callado pensando en todas las posibilidades.

¿Quién? —preguntó con voz apagada.

Ve — le pidió casi perdiendo el conocimiento.

¿Hermione qué piensas tú?

Ve a donde te dice el profesor, yo... lo limpiaré.

Harry la observó con ternura y lástima a la vez, con lo poco que se conformaba su amiga con tal de estar cerca del profesor. No quería dejarla sola, pero no podía ignorar la orden que se le había dado, ahí estaba el hombre que lo acompañaba, seguramente igual de herido que Snape.

Salió con la capa, corrió tan rápido como pudo a la sala de menesteres.

Volví... —le susurró a Hermione.

Casi te mata.

Hermione... eres la encargada legal... de todo... mi abogado...

¡No! —le exigió con fuerza—, llegaste ¿no? Entonces... sólo ayúdame a levantarte, ayúdanos —pero Snape no la escuchaba, no entendía, por un momento prefirió morir antes de ver como las cosas cambiaban entre Harry y él.

...

Harry entró con la varita en mano, sus pasos eran de cierta forma lentos, la oscuridad se hizo presente hasta que la luz de la chimenea lo hizo acercarse, observó a un hombre sentado con la cabeza gacha y su corazón latió con fuerza, era él.

Su varita fue bajando, la mitad de su ser esperaba encontrar a un mortífago ahí, pero nunca eso. El hombre alzó su vista, quería tener la fuerza para levantarse pero no pudo hacerlo. Harry tragó en seco.

¿Sirius?

Harry...

Guardó su varita y lo ayudó a ponerse de pie, no lograba entender nada de lo que ocurría en ese momento, Snape había regresado con él.

Lo único que podía carburar en esas circunstancias, era que Snape sabía que Sirius vivía y nunca se lo informó a nadie de la Orden, ¿cómo pudo haber hecho tanto daño?

Te vi morir.

Casi muero ¿dónde está Snape?

Nunca dijo nada, debió decir que estabas vivo.

No se enteró hasta meses después —respondió con sinceridad—. Él me trajo aquí, pero está herido.

Alguien lo está atendiendo ya.

Por unos segundos Black se quiso aprovechar de eso, era el momento de separarlos, pero le debía la vida a Snape, eso no podía ignorarlo.

Necesito que se salve, tengo una deuda con él.

No hablemos de eso, estás herido.

Espera —le pidió luchando consigo mismo—. Snape puede morir, mis heridas han cerrado y sido abiertas, puedo esperar, él quizá no pase la noche, fue castigado por el mismo Voldemort hace unas horas.

¿Por...

Salvarte aquella noche —lo interrumpió terminando su frase—. Ve con él.

¿Confías en él ahora?

No, sigo deseando lo peor para un miserable como Quejicus, pero como pudo me ayudó mientras estuve encerrado, le debo la vida y quiero pagarle.

Él tiene quién le ayude... —respondió en forma automática, aunque quisiera estar con él en esos momentos, no podía ignorar el estado de Sirius.

Puede morir y... quizá quiera decirte algo... sobre...

¿Sobre mi padre? —le preguntó molesto—. ¿Sabes? Cuando los recuerdos llegaron creí que eras tú quien protagonizaba a ese hombre.

¿Has recordado todo? ¿A él?

Sí, creo saber quién es, otras veces sigo en la incertidumbre. Pero hubo alguien Sirius, alguien que me separó de los Dursley, sé que tú sabes quién es.

Ve con Snape.

Dime antes... ¿por qué él no me dijo que estabas vivo?

No podía... no tenía caso que lo hiciera, no podía sacarme de ahí sin ponerse en evidencia.

No hablo de rescatarte, hablo de saber que vivías.

No podía Harry, ve con él.

¿No podía desobedecer a Voldemort? —preguntó con furia e ironía.

Era la orden de alguien más... —Respondió con precaución.

¿De quién? ¿De mi padre? Sólo así entendería Sirius...

Tienes que descubrirlo solo Harry.

Necesito saber... ¿viste a mi padre?

Harry —susurró calmando al joven—. Snape está muriendo.

Y Harry no quiso preguntar más, con su respuesta desviada había contestado a lo demás, una serie de emociones se arremolinaban en su interior, salió de ahí sin protestar, un dolor agudo en su pecho lo alertó.

Snape —y corrió hacia las mazmorras.

El escenario lo dejó congelado, al mismo tiempo que el dolor se intensificaba. Hermione estaba en el piso con Snape medio desnudo casi inconsciente. Corrió hasta donde estaban.

Sal de aquí Hermione, si alguien te ve podría malinterpretarse.

No me importa eso Harry.

¿Un profesor medio desnudo y una alumna? A mí sí me importa, yo me encargo.

¿Qué?...Harry su vida es más importante.

... Quédate aquí afuera, yo... limpiaré sus heridas.

Introdujo al hombre a la ducha, el agua fría removía la sangre seca, el sudor y la suciedad de su piel. Dejando ver un escenario poco alentador, en partes de su espalda las heridas eran tan profundas que trozos de piel se desprendían.

Esto no está bien, creo... que debemos ir a San Mungo. —Articuló preocupado.

No...Granger... lo hará. —Respondió medio despierto.

Ella no está capacitada.

Sólo confío en ella, no... voy a morir en ese... lugar.

Por supuesto que no va morir... esto va doler... —le advirtió señalando la poción nacarada, Snape arqueó la ceja.

Estoy bien Potter —mintió.

Cuando la piel de pocionista tocó aquel líquido, se dobló de dolor, gritó sosteniéndose de la bañera, sus rodillas se vencieron y cayeron al agua.

Le dije que ayudara a Black, ¿fue a donde le pedí?

Sí, pero él no está herido.

Tiene heridas que no han sido tratadas.

Iré cuando termine con esto.

Es su padrino quién lo necesita. —Le recordó envolviéndose una toalla en la cintura.

Mi padre también —sugirió, haciendo que ambos se pusieran nerviosos—, y no puedo ayudarlo, además no puedo olvidar que lo castigaron por mi culpa.

Tonterías.

Sirius... dijo algo, y quiero que lo niegue o lo afirme.

¿Qué?

Alguien le dio la orden de no decirme que él vivía, sólo puedo pensar en alguien ¿El director sabía que estaba vivo? Él dijo que usted se enteró hace unos meses, ¿cuándo lo supo el profesor Dumbledore?

Después, obviamente.

Cuando le pedí el cuerpo de Sirius, él dijo que había caído en el velo y no se podía hacer nada. ¿Era verdad? Porque estoy llegando a creer que él sabía que podía estar vivo, mientras su cuerpo no apareciera había la posibilidad, y él usó el dolor que tenía para que me enfrentara a esta guerra... ¿fue así? —Snape guardó silencio, la astucia de su hijo lo enorgullecía, pero comprendía que poco a poco se iría llenando de odio.

¡Harry ya está todo listo! Sal de ahí demonios, va morirse en la maldita bañera.

Perdón, no es momento de hacer preguntas. — Se disculpó ayudando a salir de ahí, lo recostó sobre la cama para curar su espalda, unos golpes se escucharon en la puerta.

Albus... es el director.

¿Cómo sabe que ha llegado herido? —le pregunto Harry.

Filch debió avisarle, me vio...

Genial... —escupió con ironía—. Es momento de responder mi pregunta profesor Snape, mi padre dijo que no debía confiar en él.

Entonces ¿para qué me pregunta?

Responda por favor — pidió con educación cuando sintió la ira azotarlo.

Sí... él supo mucho antes que yo, yo... al inicio lo... sospechaba, no me imagine que lo tuvieran los mortífagos, no... había razón... de por medio, pero tampoco...entendía porque... Albus ocultaría su cuerpo.

¿De qué hablan?

¿No lo pensó? Que fue para que mi dolor...me cegara e hiciera todo en la guerra, que por... venganza yo... fuera el frente de la Orden —dijo Harry armando el rompecabezas.

Sí... lo pensé.

Se escuchó la puerta abrirse con fuerza, Albus no podía comprender cómo volvían a repetirse las escenas, de nuevo el herido con dos alumnos, la coincidencia de que fueran los mismos que la vez pasada. Cuando dio el primer paso la varita de Harry se alzó hacía él, pudo ver el dolor y la furia en ellos.

Ni un paso más.

Harry ¿hijo?

¡No me diga de esa forma! —le gritó temblando su mano.

Les voy a pedir que se retiren, el profesor Snape necesita asistencia médica de inmediato.

Hermione se quedó muda al ver la escena, Harry había parecido perder la cabeza, apuntaba al director como si realmente quisiera dañarlo, y Snape no lo detenía, no hacía nada por evitarlo. Reaccionó cuando escuchó a su esposo quejarse, revolvió las pociones que tenía en la mano haciendo que se mezclaran perfectamente.

Bébelo, es para el dolor.

Perdí mucha sangre —le avisó.

Sí, también te ayudará. Severus ¿qué pasa con Harry?

Deja que él actúe.

Harry, esto no ayudará a Snape, ni mucho menos a ti, estamos... ambos nerviosos.

No, yo acabo de quitarme la venda de los ojos.

Dumbledore vio a Snape con reproche, le había advertido por meses que estaban cayendo ambos en la locura, haber sensibilizado a Harry de esa manera, con sus recuerdos y el amor paternal, a ambos le había nublado el juicio.

He dicho que salgan, es una orden no una petición.

Harry tuvo miedo en ese momento, si el director había tenido la osadía de ocultar algo tan importante, ¿podría atreverse a algo más?

No se acerque. —Le amenazó sosteniendo la varita.

Harry recapacita, el profesor Snape morirá aquí.

Déjate de estupideces Albus, y lárgate en este momento de mis aposentos —dijo firme, haciendo un esfuerzo sobrehumano por mantenerse consiente. La poción había ayudado con el dolor, pero seguía sintiéndose débil.

Debo hablar contigo.

Lo haré mañana, ve a la sala de menesteres... hay alguien ahí.

¿De qué estás hablando? —cuestionó el director sin que lograra que Harry dejara de apuntarlo con la varita.

Un regalo del señor tenebroso, para ti y toda la Orden, en mi nombre por supuesto.

¿Lo hiciste?

Veras... Albus... cuando uno está colgado de las muñecas no puede hacer mucho... más que obedecer.

¡Salgan ahora mismo! —Gritó el director.

Aléjese, conjuraré un escudo protector sino se aleja del profesor Snape. —Le juró Harry.

Harry ¿qué estás haciendo? ¡Cálmate! —le gritó su amiga.

Cura al profesor, o en verdad va morirse aquí Hermione —la chica tomó el mortero donde mezcló poción cicatrizante con alguna hierbas, poniéndole agua y haciendo una pasta amarilla que le ayudaría.

Conjura el escudo —le ordenó Snape.

¿Crees que no podré contra él Severus? —el espía dobló la boca, era la décima vez que quería matar a ese anciano, estiró su mano tomando su varita.

¡No! Lo haré yo... un escudo protector...un ochrana... —Ambos magos se congelaron de miedo—, no podrá con un ochrana

Usted no hará tan cosa Potter, si conjura magia negra el señor tenebroso tendrá un acceso a usted, estarán más vinculados.

Tomaré el riesgo.

¡He dicho que no Harry! —Pero el joven no escuchó a Severus, un hechizo no verbal y un escudo grisáceo salió de su varita envolviéndolos en una esfera de protección, Albus fue arrojado fuera de los aposentos con fuerza y Snape se dejó vencer, tendría que sacar a su hijo de ese grave problema.

Tenía razón profesor, la magia negra a veces es útil, sólo hay que saber cómo usarla.

¡Estas en graves problemas! —Le regañó sin fuerza, ya tendría tiempo de castigar a su hijo.

Sí, como quieran, ahora cierren la boca los dos y deje que lo cure profesor, Harry ayúdame a vendarlo, la poción esta lista...quizá le duela un poco.

Háganlo, y no se preocupen yo me ocuparé de Albus.

Lo que hiciste fue imprudente, irresponsable y malagradecido —lo reprendió Sirius quién descansaba en una de las camas de enfermería, oculto de los demás.

Hay... cosas Sirius, cosas que han ocurrido en este año, me han hecho que replanteé muchas cosas de mi vida.

Arrojaste al director, eso no tiene nada que ver con tu vida.

Tal vez, pero mi papá no confía en él y por obvias razones yo tampoco —dijo firme viéndolo directamente, Sirius bajó la vista, así que Snape había logrado ganarse el afecto de su ahijado, estaba ciego, poniendo sus palabras por encima de las de él.

¿Tu padre te pidió que atacaras al director?

Por supuesto que no, el profesor Snape sigue sin decirme la identidad de mi padre, sólo sé que está dentro de las filas de Voldemort, es urgente que esta guerra comience, quiero sacarlo de ahí.

¿Así que no te importa que sea... un mortífago?

Lo que haya hecho con su pasado me tiene sin cuidado —explicó en forma determinante—, tengo recuerdos Sirius, donde él me cuidó, y perdóname, pero sí hizo algo malo y lo recuerdo a él queriéndome y dándome una familia... no me importan sus razones, sólo una...

¿Cuál?

La razón que hizo que me dejara.

Quizá porque era peligroso para ti, que un mortífago estuviera cerca.

Él no es un mortífago, es mi papá. —Siseó molesto, agradecía a la vida que su padrino estuviera con vida, eso no podía negarlo, lo quería porque era lo más cercano que había a James, su padre, a su familia, pero las cosas habían cambiado tanto ahora con su pasado.

Lo sé, pero es riesgoso ahora.

Pues eso lo tendrá que arreglar la Orden, no iré a la guerra sin él ni Snape.

¿Qué tiene que ver Snape en todo esto? —preguntó perdiendo la paciencia,

Aún no estoy seguro, te lo diré a ti solamente, hay días en los que... siento que es... él mi padre.

¿Por qué? —preguntó Sirius casi yéndosele la voz.

No lo sé.

Sirius —interrumpió Lupin recorriendo la cortina.

Remus...

Estás aquí... es cierto lo que dijo Dumbledore... que Snape te mantuvo con vida.

Sí, hay algo de cierto en eso.

¿Harry podría dejarnos solos? Quisiera hablar con Srius antes de la reunión con la Orden.

Claro.

Nadie estará de acuerdo en que acudas a una reunión de la Orden —le explicó Snape mientras cerraba los últimos botones de su levita.

Lo sé...

Eres menor de edad.

Lo sé... pero mi tutor puede dar permiso para que asista —sugirió con sutileza.

Entonces debes hablar con Black, no conmigo.

Había pasado una semana desde su regreso, los encuentros con Harry habían disminuido en forma notoria, y él había aumentado sus dosis de alcohol. Voldemort le había quitado todo en ese momento, con la aparición de Black él venía sobrando y todo ese avance se podía echar a la basura.

No podía evitar sentir tristeza cada vez que lo veía salir de enfermería.

Dijo que no.

Severus bajó la vista herido, sabía que con la llegada del perro sarnoso todo había cambiado, volvería a ocupar el lugar privilegiado que había tenido antes.

¿Quieres que yo se lo pida? Es lo más idiota que ha dicho Potter.

Más bien quería que mi padre autorizara tal cosa.

Él dirá que sí, ¿a qué hora debe venir a firmar? Tal vez pueda interrumpir su comida en la Mansión Malfoy, al Señor Tenebroso no le importará. —Respondió con sarcasmo.

...Pensaba que usted podría... tomar su lugar, nadie tiene porque saberlo.

¿Quieres que...?

Sí... que usted tomé las decisiones por él, Sirius confía ciegamente en el director.

La reunión de hoy será interesante. —Dijo con malicia.

Cuando llegó Severus nadie daba crédito de lo que ocurría, detrás del pocionista entró Harry siendo respaldado por su padre. Ninguno de los dos se sentó, ambos se recargaron en la pared y muchos de los presentes se pusieron nerviosos, era como ver dos gotas de agua, quizá no físicamente pero sí en actitud y poses.

Harry no puedes estar aquí.

Te equivocas Black, aquí tú no tienes autoridad sobre Potter, sino otra persona, y él ha dado el permiso para que presencie la reunión... y tome el lugar que le corresponde. —Respondió sin ver a nadie a la cara.

¿A qué te refieres Quejicus?

A que si va arriesgar su vida, merece escuchar de lo que se habla aquí.

Bueno, mientras no venga el cobarde que no quiere dar la cara, yo pediré que mi ahijado se retire.

Su padre no es ningún cobarde —susurró la profesora McGonagall, Harry en ningún momento se movió de su lugar, sólo observaba el suelo sin poder evitar que todos se dieran cuenta lo molesto que se encontraba—. Creo que él y Potter hacen más de lo que hacemos nosotros, ninguno de aquí tendría porque usar ese término.

Gracias profesora, bueno he decidido tomar mi lugar dentro de las reuniones, dado que acostumbran ocultarme las cosas, de hoy en adelante estaré presente en cada decisión que se tome.

Severus...

No puedo hacer nada Albus.

Espero que sepas lo que haces Severus. —Le dijo con calma el licántropo.

No estoy pidiendo tu opinión Lupin, pueden comenzar cuando prefieran.

En las dos horas que duró la reunión Harry no se movió de lugar, Severus más de una vez alzó la voz, tres veces tuvieron que separarlo de Sirius y al menos 10 veces consideró que ese era el momento de matar a Albus.

¿No crees que debes hablar del trato que hiciste con Voldemort, Snape?

¿De qué está hablando, Severus? —preguntó McGonagall bastante nerviosa.

Es un asunto mío, involucra mi vida y a ninguno de los presentes le concierne.

Tu vida y la de Harry.

¿De qué estás hablando Sirius?

No confíes en él Harry, si puede ocultar algo no es fiable.

¿Profesor Snape?

... Para salir con vida de una acusación de traición...tuve que prometer algo más valioso que mi vida, obviamente —todos los presentes no le quitaron los ojos de encima, pero él le sostenía la mirada a Harry, era lo único que quería presenciar—, juré que en el verano entregaría a Potter, yo mismo lo llevaría ante él.

¿Y cuál es el problema? —cuestionó su hijo, Sirius bufó indignado de la confianza que mantenía con Snape, y éste sonrió complacido.

Que no puede hacerlo.

Sirius, él no lo hará, creo que para ese entonces seré lo suficiente fuerte como para enfrentarlo.

No, no... él es... muy niño —chilló la señora Weasley.

Él vendrá por mí, yo estaré listo.

Bien... ahora revela tu otra misión Snape.

¿Cuál? —preguntó haciéndose el desentendido.

Tú sabes bien que... la misión de... —Severus sonrió cuando Black cayó de espaldas sosteniéndose la garganta, fue lo único que hizo reaccionar a Harry, quien luchaba por hacerlo respirar.

Se acabó la diversión —susurró resignado—. Hágase a un lado Potter.

Harry obedeció sin dudarlo, en algunos minutos el pocionista vertía una poción sobre la garganta de Sirius, poco a poco éste se recuperó completamente atónito, era la segunda ocasión que ese miserable le salvaba la vida. Sin embargo, su atención se concentró por unos momentos en el director, quien no hizo nada por ayudarle, casi podía jurar que lo escuchó maldecir cuando Snape lo salvaba, ahora no sabía en quién debía confiar.

¿Realmente crees que él iba regresarte así como así? ¿Sin proteger sus secretos? Esto... es un poco de lo que te pasará si delatas parte del plan.

No te dejaré que mates a Albus.

Él no tenía inconveniente en que tú murieras.

... no creo nada de lo que me dices, no lo matarás.

No lo haré yo.

Recuperaré a Harry.

Entonces date prisa Black.

Deben comprender que el nivel de Defensa contra las artes oscuras debe ser la misma que en pociones, viene ligada y deben combatirla a la perfección —el profesor se mantenía recargado en el escritorio mientras todos le prestaban atención, notaba a Hermione inquieta pero prefirió ignorarlo—. Pese a lo que se piense en este colegio, para comprender la contramaldición se enseñará la maldición primero, al que vea maldiciendo fuera de clases se ganará una detención de por vida —amenazó viendo a cada miembro de su casa.

Se dirigió a la pizarra donde comenzó a escribir una serie de maldiciones, haciendo un ligue con pociones y contramaldiciones.

Es aquí donde entra el uso de pociones, ¿alguien me puede decir por qué? —esperaba que Hermione fuera la primera en levantar la mano, pero no lo hizo, sólo se quedó callada, anotando lo que él tenía en la pizarra, en cambio fue su hijo quién lo hizo—. Potter.

Porque puede ser una herramienta importante en el momento de la defensa, tan sólo se ganaría algo de tiempo con una poción, con las malciciones menores por supuesto, lo importante es entender que lo único que termina con la maldición es la contramaldición, la poción ayuda o complica el proceso, por lo mismo se requiere de un master en la materia.

10 puntos para Gryffindor, tal como lo dijo el señor Potter, sólo es una herramienta que puede usarse, no es efectivo ni definitivo.

Severus, ¿podrías permitirme a la señorita Granger? Solo son dos minutos —pidió Madame Pomfrey que había llegado asomándose a la puerta, el pocionista vio esto con desconfianza.

Claro, señorita Granger puede salir —le indicó mirándola penetrantemente.

La clase transcurrió con tranquilidad, no podría a hacer la práctica hasta que dominaran a la perfección lo que había estado explicándoles por toda la semana. Pudo observar a Hermione guardar sus cosas con lentitud esperando pasar desapercibida, salió sin hacer ruido detrás de Weasley y con Harry siguiéndole los pasos.

Granger, regrese acá.

¿Sí? Profesor...podría ser en otro momento... es que debo ir...

Debe ser en este momento, es la hora de la comida, puede llegar tarde.

Harry observó con extrañeza la actitud de su amiga, en otro momento habría enfrentado a Snape por querer obligar a su amiga a quedarse, pero ahora confiaba en él, aunque entendía que estando enamorada de él no quisiera quedarse a solas.

¿Quieres que te esperemos?

No, los alcanzo en el comedor.

Hermione se acercó nerviosa al escritorio, Snape cruzó los brazos esperando a que ella comenzara con la explicación, sin embargo la castaña sólo bajó la mirada. Su esposo cerró la puerta con la varita mientras se levantaba para encararla.

Había estado extraña desde que él había regresado, al inicio creía que era efecto del miedo que tuvo cuando casi muere, quizá el nerviosismo de la incertidumbre, pero ya habían pasado algunas semanas, eso debía estar en el olvido.

Te había mencionado que te encontraba rara en tu actitud.

Pero te dije...

Que no tenías nada —interrumpió terminando su frase—. Pero ahora que vino Poppy, me quedé pensando si es tu salud.

¿Podemos pasar a la habitación? —Pidió al darse cuenta que no podía ocultar por mucho tiempo lo que sucedía.

Severus asintió molesto, eso le daba a entender que si había algo y ella se lo había estado ocultando olímpicamente. Puso el seguro a la puerta y se trasladaron a la habitación por vía flu. La vio sentarse sobre la cama y respirando un poco intranquila, él se recargó sobre el armario esperando la condenada respuesta, había pensado desde una enfermedad, al hecho de que ya no quisiera estar con él.

No debes temer, no voy a decirte nada, sea lo que sea.

No es eso... bueno si temo un poco.

¡Genial! ¿Se puede saber qué he hecho para que me tengas miedo? —Le preguntó incrédulo.

Nada —susurró sin verlo.

Dime para qué fue la medimaga.

A darme unas pociones.

¿De qué estas enferma?

No lo estoy —dijo inmediatamente sin levantar la vista.

Sin que ella se lo esperara, Severus se fue acercando hasta quedar frente a ella, Hermione pudo sentirlo pero no tuvo el valor de enfrentarlo, extendió la mano para que ella le diera las pociones, aún un poco indecisa y con el miedo presente las sacó de su túnica, su mano temblaba mientras las apretaba en su puño.

Las pociones Hermione ¿No son para ti?

Sí lo son.

Me ayudaría mucho si me ves cuando te hablo —cuando lo hizo vio que tenía sus ojos cristalinos—. Dime Hermione, qué es lo que te sucede o para que son las pociones, qué es lo que me ocultas, dime cualquiera de esas cosas, pero dime algo.

Para las tres son la misma respuesta.

¡Perfecto, sólo dilo!

Vas a enfadarte...

Dame las pociones —le ordenó.

Hermione se las dio alzando la vista para ver su expresión, no pudo disimular el miedo reflejado en sus ojos, lo blanco que se puso mientras revisaba los frascos. Alzó la vista hacia ella, viendo todo a través de sus ojos castaños, el miedo presente, el temor de su reacción y el ruego de su apoyo.

¿Embarazada? —recitó asustado, luchando porque ella no lo notara, pero no fue posible, Hermione percibió eso a la perfección y limpió una lágrima que escapó—. ¿Desde cuándo lo sabes?

Yo sé que no quieres hijos, pero...

Ya tiene tiempo que lo sabes —llegó a la conclusión, quiso acercarse más pero no lo hizo.

Sí, desde antes que partieras con... Voldemort.

¿Por qué no me lo dijiste? Fui a esa maldita Mansión con el riesgo de no regresar y dejarlos solos Hermione.

Tenías que ir... quería que fueras... sin preocupaciones.

¿Por Merlín! —Exclamó cuando recordó el escudo que había convocado Harry— ¿Cuánto tienes?

10 semanas... ¿por qué te quedas callado? Severus... ¿qué quieres que haga?

Que no vuelvas a ocultarme las cosas —le dijo acercándose a ella.

Hablo del bebe.

Bueno, pues tenerlo, eso haremos y no quiero que te preocupes por nada.

¿Por nada? Tú no quieres hijos, lo estas aceptando porque no te queda de otra, no quiero que te amargues por un accidente, o que no lo ames, además pronto se notará y tengo que avisar a los profesores, nacerá cuando este terminando el curso en medio de la guerra y aun así no debo preocuparme.

Hermione olvida lo que dije, no quería hijos porque es riesgoso pero está aquí, lo amaré tanto como a ti.

No te creo, pero no quiero... deshacerme de él.

No digas tonterías, mi miedo va encaminado a que le ocurra algo, ¿cómo piensas que consideraría no tenerlo?

No sé...

Hermione —susurró abrazándola, por fin entendía esas hormonas locas que tenía—. Es mi hijo, ¿cómo no amaré algo que viene de ti? No te voy a negar que tengo miedo, tenerlo en la guerra será riesgoso.

Lo sé.

No dudes de esa forma de mí, por favor.

Lo siento.

Y no te preocupes, hablaré con Albus y todo estará bien.

Pero...

Pero nada, yo voy arreglarlo. — Le repitió abrazándola.

La mantenía estrechada a su cuerpo, había abierto su blusa para ver su vientre, no podía creer que se hubiera negado a estar con él en la intimidad para que no notara el embarazo, apenas era perceptible pero ahí estaba su hijo, sonrió viendo su vientre una vez más. El miedo lo invadió de pronto, pero también la emoción llegó sin poderlo evitar. Sonrió tocando su vientre y le dio un beso estrechándola aún más.

Parece que no hubieras visto una mujer embarazada.

Nunca había tocado a una.

Gracioso... ¿y la madre de Henry qué? —le dijo evidenciando su mentira.

No estuve con ella, yo no presencié ninguna parte de su embarazo ni cuando él nació, estuvo conmigo desde que tenía casi dos años.

¿La dejaste? —preguntó con miedo.

No —sonrió abrazándola—, es una larga historia, te la contaré otro día.

¿Entonces... es la primera vez que...

Sí, y no pienso perderme de nada Hermione, ni de tu embarazo ni de mi hijo.

¿Y Voldemort?

Lo dejaré antes de lo que piensas, con ayuda de Potter esto se terminará antes de que nazca nuestro hijo, te lo prometo.

Hermione sonrió tranquila, sabía bien que él no mentiría de esa forma. Aunque eso no podía evitar que pensara una y otra vez todo lo que tenían que enfrentar para que su hijo naciera a salvo.

Veía a Harry respirando agitado en el piso, le daría exactamente dos minutos para reponerse, el joven se percató de la fiereza con la que estaba siendo atacado, y sabía que no tenía la fuerza de ganar ese duelo.

No creo aguantar.

Ahora más que nunca debe esforzarse al doble.

¿Por qué? aún falta para el verano.

Escúcheme bien, no tenemos tanto tiempo como creía, en tres meses debo reunirte con tu padre.

¿Por qué? ¿Qué pasara con usted?

Legeremens —Harry se levantó con calma mientras sentía la magia recorrerlo, iba cerrando recuerdos de forma tan natural como el pocionista esperaba, lo irrelevante salía a la luz, hasta que Severus salió satisfecho—. Nada decepcionante Potter.

No voy a fallarles, y ninguno de los dos recibirá un castigo por mi culpa.

Podrá ser antes, siempre y cuando sepas trabajar en tus expresiones, opta por la frialdad.

Muy bien.

Estás inscrito en clases de aparición, no olvides que es muy importante que lo manejes.

Al final del año yo aprenderé a manejar toda la magia que me ha dicho.

No tendremos hasta el final del año.

¿Qué quiere decir?

Partiremos antes.

¿Quiénes?

Prepárate...

Quiero saber...

Tú y yo... y mi familia —Harry se quedó boquiabierto, pero asintió de inmediato, no le fallaría a él, si necesitaba que protegiera a su familia estaba dispuesto, se lo debía. Dio la señal cuando se sintió preparado para la siguiente ronda.