CAPÍTULO 13
Severus Snape se mantenía por fuera del aula de Pociones, tenía un cierto temor desde que supo que Hermione estaba embarazada. A lo lejos la vio acercarse con sus dos amigos, su mirada apenas se cruzó unos segundos, ella había sido descuidada en algunas ocasiones y el romance que vivía con él estaba a punto de ser descubierto.
—Granger, permítame un momento por favor.
—Los veré dentro —despidió a sus amigos, acercándose tan solo unos pasos hacia el pocionista—, ¿qué ocurre?
—Hermione, no puedes entrar a pociones —ella rió un poco esperando que fuera una broma, lo cual era estúpido ya que él no bromeaba.
—¿Cómo que no puedo entrar? —preguntó aun riendo.
—El vapor de algunas pociones podría hacerle mal a nuestro hijo —le explicó—. Quisiera que te cuidaras mejor, porque no hemos tenido la debida precaución, espero que podamos ir al médico pronto.
—¿Y qué excusa voy a decir?
—Eso lo veremos más adelante, Hermione dentro de poco se empezará a notar.
—Podrían correrte, hasta podrías ir a Azkaban —se quejó mordiéndose el labio.
—También a eso me refiero, no quiero que te preocupes por nada, todo déjamelo a mí, lo iré arreglando poco a poco.
—No será fácil.
—Hazlo por nuestro hijo —le pidió queriendo tocarla.
—Está bien, iré a la biblioteca entonces, esperaré la siguiente clase. —Se despidió con tristeza.
—¿Hermione?
—Sabía que no era todo...
—No puedes tomar Defensa contra las Artes Oscuras, ni Encantamientos.
—¿Qué tienes en contra de encantamientos? —le preguntó escandalizada.
—Podría pasar un accidente, siempre pasan. Así que no podrás entrar tampoco a mi clase, ni con Flitwick.
—¿A qué clase puedo ir?
—Historia de la magia, Aritmancia y Transformaciones.
—Maravilloso, reprobaré el año —se quejó dándole la espalda—. Me voy a la biblioteca.
—Está bien, aunque preferiría que descansaras un poco —susurró antes de que se fuera, provocando que ella volteara molesta—. Por el bien del bebé.
—Estoy embarazada, no incapacitada, espero que no estés sobre mí los nueve meses Severus o me regresaré a mi habitación en la Torre —le amenazó enfadada.
…
Caminó con lentitud por debajo de las gradas del campo de Quidditch, desde esa posición podía ver a la perfección en juego. Observó la destreza con la que Harry se movía, odiaba ese deporte como a ninguno, esperaba a su vez nunca verlo arriba de una escoba, pero no tenía ni un mes en Hogwarts cuando él ya había sido asignado como el buscador de su equipo.
Lo vio ir hacia arriba, sosteniendo la escoba con una sola mano, el buscador de Ravenclaw le llevaba la delantera, pero con un ágil movimiento confrontó a su contrincante apareciendo frente a él, subiendo más alto.
—Papá una escoba por favor —Le pedía por enésima vez viendo el campo de Quidditch.
—No compraré tal cosa Harry.
—Pero... es una escoba, los magos las usan, ¡te he visto usarla! —le dijo con obviedad y desesperación.
—Me has visto usarla, sí, pero tú la quieres porque estas obsesionado con ese juego infernal —siseó descubriendo sus deseos.
—Que importa el Quidditch, eso se sabrá hasta que entre al colegio, pero ahora... en verdad necesito una escoba.
—¿Para qué? —cuestionó tomando los ingredientes y bajando al laboratorio.
—Quiero volar, sentirme... yo, lo que soy, un mago —Severus se giró a verlo enfadado, no podía negarle eso, su hijo estaba destinado a eso y atrasar las cosas no evitaría que pasaran.
—Acredita matemáticas y tendrás la escoba.
—Oh por dios, iré a decirle...
—¡Sabía que esto no era idea tuya! No irás más con él si siguen confabulando —le amenazó a pesar que Harry ya no le prestaba atención, estaba eufórico llenando un pergamino.
El pocionista alzó la vista para poder verlo, era libre como siempre deseó, perdió de vista a Harry por unos momentos. Entonces empezó a vigilar las gradas que están en frente, estaba casi seguro que esos alumnos de séptimo curso eran los nuevos espías de Voldemort, quizá querían asegurarse de que cumpliera con lo estipulado.
Se puso nervioso por un momento, no sabía el peligro que podía correr Harry ahora que las miradas estaban sobre ellos, no sabía si podía lograr sacarlo de ahí a tiempo, junto con Hermione.
Escuchó los bitores y cuando volvió a poner atención en el partido Harry bajaba en picada a unos cuantos metros de la snich, a su mente vino aquel primer partido donde en silencio vio a su hijo cumplir su sueño, pertenecer al equipo de Quidditch, él se imaginaba con el uniforme verde haciendo ganar a la casa Slytherin 150 puntos, pero para Severus fue lo mismo, lo vio jugar como siempre fantaseaba, y llegaba tan alto como él mismo lo imaginaba.
Cuando sus manos tocaron la snich, Snape sonrió orgulloso, tal como lo hizo aquella tarde, tal como lo hizo siempre desde las sombras, ante cada logro, ante cada cosa él se llenó de orgullo al ver lo alto que estaba llegando. Y hace cinco años sonreía desde sus adentros.
Lo vio casi caer de la escoba, mientras recitaba el contrahechizo intentando acabar con la maldición, la ansiedad lo consumía, las posibilidades de salvarlo cuando volaba con la escoba eran mínimas. No entendía nada de toda esa locura, tenía apenas unos meses de haberlo obliviado y ya se encontraba en problemas.
Una mano se resbaló de la escoba y tomó la varita entre sus manos sin que nadie lo notara, Dumbledore podía tener todo bajo control según sus criterios, y Snape tenía que acoplarse a las reglas. Podía dejarlo caer, pero Harry saldría ileso de ese accidente, sin importar quien lo viera.
Y cometió el peor de los errores, aquel incendio lo desconcentró por unos segundos, cuando regresó la vista su varita fue notada por más de uno, pero Harry ya estaba arriba de la escoba y bajaba a unos escasos metros de la snitch dorada, el primero de sus triunfos.
Lo vio alzar la snitch entre sus manos, a pesar de lo que había pasado por esos seis años no dejaba de ser una persona alegre, entusiasta y prometedora. Cada vez que lo veía de esa manera no podía evitar verlo de 4 años cada que corría a sus brazos cuando lo sacaba de Privet Drive, lo veía con aquella primera sonrisa cuando apenas tenía año y medio, cuando lo vio cubierto de moronas en la cara y aun así negaba haber tocado la alacena, poco a poco crecía, suplió el triciclo por la bicicleta, las galletas por aquellas salidas furtivas los sábados, y no olvidaría su pregunta los domingos.
—¿Qué haremos hoy papá?
Severus asintió a Harry, por un par de segundos el joven vio al pocionista verlo desde abajo, eso le extrañó más de lo normal, Snape odiaba el Quidditch, eso todo Hogwarts lo sabía, pero verlo ahí contemplando el partido, uno donde no jugaba su casa lo descolocó, más al ver que Snape lo veía fijamente.
Por unos instantes pensó seriamente en acercarse, pero se detuvo, ya eran tantos los momentos que compartían que hacerlo en esa ocasión rayaba en lo extraño. Snape lo vio titubear, no podía olvidar esos pequeños instantes donde veía a su hijo a través de sus ojos, aquel niño de 11 años que dejó hacía años atrás.
Se subía con decisión a la escoba, se sentía inseguro pero sus recuerdos hablaban por él, sabía manejar a la perfección una escoba y así lo demostraba. La tomó con firmeza hasta tomar la altura adecuada, Harry sonreía al ver por primera vez el campo de Quidditch.
—¿Preparados todos? —gritó Oliver Wood cerca de los aros—. Tres, dos... uno.
Desde arriba el capitán del equipo dejaba volar la snitch dorada, los gemelos soltaban las bludger y subían a las escobas con velocidad. El primer entrenamiento en forma y Snape se mostraba bastante nervioso, una cosa era volar y otra cosa jugar Quidditch.
Harry tenía una habilidad innata, voló conociendo el lugar en su mente, tres veces había atrapado la snitch, bloqueando a los jugadores y las bludger, sólo una vez sintió tambalearse sobre la escoba, retomando el curso.
—No deberías estar siguiendo a Harry todo el tiempo, Severus —le comentó Albus apareciendo detrás de él.
—No te metas en mis asuntos.
—Podría descubrirte.
—Es mi hijo, lo oblivié pero eso no significa que he dejado de ser su padre, tengo los mismos derechos —le dejó en claro al ver a su hijo bajar de la escoba y hablar con el capitán del equipo.
—Severus...sino firmas, no podré proceder para nombrarlo buscador —le explicó Minerva acercándose a ellos.
—Es peligroso ese deporte, y ustedes lo alentaron a unirse a él, en menos de tres meses que llegó al Colegio.
Vio a todos sus compañeros de equipo felicitarlo, las mujeres con la mano y los hombres con abrazos y alborotándole en cabello.
—¿Negaras la firma entonces? —preguntó Minerva derrotada, dobló el pergamino aceptando la decisión.
—Quizá el próximo año Minerva —esperanzó el director, Severus le arrebató los papeles y firmó de mala gana, pero orgulloso.
—Tienes mi autorización, pero todo lo que concierne a él, debes informármelo de inmediato —sentenció dándoles la espalda y marchándose.
Severus torció el cuello, buscaba tranquilizarse a toda costa, parecían las mismas escenas, felicitándolo y él orgulloso una vez más.
—¿Qué quieres Black? —preguntó sin darle la cara, lo había escuchado llegar hacía algunos minutos y esperaba que el mago hablara.
—Sólo me aseguro.
—¿Asegurarte? ¿De qué exactamente? No entregaré a Harry no seas imbécil —continuó sin dejar de ver a Harry que destejaba con su equipo.
—¿Cuáles son tus planes exactamente?
—No creo que sea de tu incumbencia.
—Harry es...
—¿Tu ahijado? —le preguntó el pocionista jactándose—. Hay nuevos espías dentro de mi casa, y no precisamente vigilándolo a él.
—¿Entonces? —preguntó acercándose.
—Me vigilan a mí, y que cumpla con lo estipulado.
—No dejaré que asesines a Dumbledore, lo sabes. Haré hasta lo imposible para que ustedes se hagan con el poder de Hogwarts.
—Deberías tener una conversación con el vejete Black, quizá ilumine un poco tu camino, y quién va asesinarlo es Draco, no yo. —Le dijo dándose la vuelta.
—No permitiré que te lleves a Harry.
—Black—le llamó para verlo de frente, se miraban con odio y molestia, queriendo eliminarse uno al otro—, cuando suceda... él habrá recordado su pasado, se irá conmigo por cuenta propia.
—A pesar que Albus me confirmó que tú te hiciste cargo de él cuando era un niño eso no evita que dude, no comprendo cómo él pudo quererte.
—Pregúntaselo. —Le retó.
—Morirás Snape.
Snape detuvo sus pasos asimilando lo que le había dicho Black, asintió escuchando su posible futuro
—Entonces no olvides nuestra conversación.
—¿La que tuvimos después del Torneo de los Tres magos?
—No... la que tuvimos en la Privet Drive —Susurró con tristeza Snape antes de irse de ahí.
…
—¿Regresarás a Grimmauld Place? —le preguntó Harry sacando de su mochila lo que le había llevado.
Su padrino se había estado quedando en la Sala de Menesteres, estaba recuperado de sus heridas, su semblante había mejorado notablemente, y hasta el ánimo se veía diferente. Harry iba todas las tardes a llevarle comida y ropa, sin poder evitar intentar convencerlo de que lo mejor sería que regresara al cuartel, en ese lugar corría el riesgo que alguien lo pudiera ver, pero Sirius se mostró intransigente en ese sentido, no iba a separarse de él y lo cuidaría hasta que llegara el momento de partir.
—Esta vez no correré el mismo error —le dijo tomando un pan con mantequilla—. No te dejaré aunque me lo pidas diario.
—Es lo mejor.
—¿Mejor? La última vez saliste de este castillo por mi culpa, así que prefiero mantenerte vigilado —le dijo con seriedad.
Hermione bajó la vista incomoda, lo único que no quería en ese momento era escuchar una discusión entre su amigo y Sirius. Sabía que ese mago había tenido un muy mal día, desde que entraron su mirada era pesada, pero algo le decía que era más que eso, de suma molestia.
—Harry solo está preocupado Sirius. —Intervino la joven entregándole el Profeta— tal vez logres matar el tiempo con esto.
—Hermione, no todos matan el tiempo leyendo como tú —interrumpió Ron tomando uno de los pastelillos—. Se la pasa encerrado en este lugar todo el día, tenemos que sacarlo de aquí sin que deje Hogwarts.
—Es peligroso Ron —dijo molesto Harry, se sobó el puente de su nariz pensativo y Sirius lo observó con atención—. ¿Qué pasa?
—Te hablaré directo Harry.
—Claro.
—Albus me informó que pasas mucho tiempo con Snape, al menos eso él supone, porque de la noche a la mañana de pronto... ustedes fueron... cercanos.
—No deberías escuchar al director, últimamente hemos tenido algunos roces —le explicó el joven alzando la ceja— tanto, que nuestras sesiones se han visto canceladas, él me estaba instruyendo para cuando sea la hora.
—¿Cancelaste las sesiones por Snape? —le preguntó intentando ocultar su molestia.
—No, las cancelé por nuestras... diferencias.
—Por Snape —siseó levantándose furioso.
—Sirius, no creo que sea por Snape, no es que yo este defendiendo al murciélago grasiento, pero... él ha mejorado, me refiero a Harry, ha avanzado demasiado con el profesor, en cambio con... el director, pues... —Ron se quedó callado buscando la forma de ser educado en su hablar— un par de recuerdos no le van ayudar en nada, a la hora de combatir le servirá la instrucción del murciélago.
—Snape Ron. —Le pidió Hermione fastidiada.
—Él te está mostrando el camino Harry, no confío en Snape —dijo por fin Sirius perdiendo la paciencia.
—Yo sí, porque hasta donde recuerdo tú no me hablaste de mi padre.
—¡Él no es tu padre! Fue un maldito que te arrebato de tu familia, usurpando el amor de James —escupió con veneno.
—No —susurró decepcionado—. Fue un hombre que me protegió del desamor de mi familia, de las malas atenciones y el desprecio, me dio un hogar como pudo.
—¿Y dónde está ahora?
—Hizo lo que creyó correcto, y no pienso discutir eso con nadie, ni siquiera contigo —le habló con fuerza, queriendo no olvidar que estaba feliz por tenerlo con vida, y pelearse al mismo tiempo con una persona tan cercana como él—. Mi papá murió Sirius, lo hizo dando su vida a cambio de la mía, pero tuve otra oportunidad con alguien más y esperaba que te sintieras tranquilo, que mientras estabas en Azkaban alguien me cuidó y me dio atención y cariño.
—Eso lo dices por ti mismo, ¿o acaso te lo dice Snape?
—Estoy recordando Sirius y Snape despeja mis dudas.
—Estuve meses encerrado en las mazmorras de la Mansión Malfoy, Snape era... un mortífago más, no creo que sea de confianza. —Le dijo con sinceridad, estaba seguro que él le había salvado la vida a Harry, pero no sabía a qué precio lo estaba haciendo, si al final terminaría traicionando a su ahijado.
—Él te salvó la vida, logró mantenerte a salvo, tú mismo dijiste que querías saldar su deuda. —Le reclamó levantándose.
—Y no lo niego, pero es una deuda, el odio entre él y yo sigue marcado.
—Sirius creo... debemos regresar a nuestra sala común —le dijo algo nerviosa Hermione—. Ron, vayamos.
—Listo compañero, Hermione ha hablado —le indicó Ron aliviado de tanta tensión, pero en cuanto tocó a Harry éste se liberó.
—¿Por qué lo odias tú? Hasta donde vi... —articuló Harry entre dientes con cierta dificultad— era...mi padre y tú el que le hacían la vida imposible a Snape.
—Él desde esa edad mostraba su inclinación a las artes oscuras.
—Grandes motivos para molestarlo —respondió con sarcasmo, un tono que no había escuchado en su ahijado—. Sirius no creí que podrías ponerte celoso por... simple inmadurez.
—No llames inmadurez al protegerte.
—No necesitas protegerme de él —Sirius se levantó y se puso de frente, debía decirle algo que sólo él escuchara.
—¿Por qué piensas que él es tu padre? —Preguntó afirmándolo.
—No es Snape —aseguró Harry—. No tendría caso que él me hubiera oblivado y haberse quedado aquí en el castillo, me oblivió porque era un mortífago e iba estar lejos.
—¿Crees que se arrepiente de haberlo hecho?
—Claro que sí.
—¿Y crees que volverá?
—Por supuesto —le respondió molesto al escuchar el tono de Sirius.
—Harry no quiero que sufras una desilusión, quizá no lo vuelvas a ver y...
—Cállate, él... él no quería hacerlo —aseguró, intentando creer él mismo—, va volver... él te lo va a demostrar a ti y a los demás. —Siseó dándose la vuelta enfadado.
—Me voy contigo Harry —se apresuró Ron, pensando que era el único que podría calmarlo.
—No... yo quiero estar solo. —Ron aceptó viéndolo partir.
—Harry ha cambiado demasiado, eso no me gusta nada —se quejó Sirius volviéndose a sentar.
—Ron, será mejor que lo alcances, no vaya meterse en problemas. —Le pidió Hermione.
—¿Vienes conmigo?
—Te alcanzo en unos minutos —esperó a que se fuera para hablar con Sirius, creía que le competía porque Harry era su amigo.
—Sirius tienes que entender que Harry es algo sensible con el tema de su padre, yo al principio también dudaba no te lo negaré, pero... creo que son verídicos los recuerdos, no son sueños —le explicó con calma, esperando que se reconciliara con Harry.
—¿Y por qué ahora confías?
—Porque... —por poco le decía que Snape se lo aseguraba, pero sabía que eso traería más problemas.
—Porque ahora Snape se lo afirma en cada encuentro. —Escupió con veneno—. Y también defiende a Quejicus, cegado... es absurdo.
—En ti estará si pierdes a Harry. —Le dijo molesta tomando su mochila.
—Espera, quiero aprovechar que estamos solos, hay un tema que debo hablar contigo en privado.
—¿Sobre Harry?
—No, sobre Snape —Hermione se puso seria intentando no alterarse, desde que se había casado esperaba el momento en que todos se enterarían de su matrimonio—, hablé con Dumbledore, y me dijo que Harry toma asesoría con él o algo parecido.
—Y no corre riesgo, no te preocupes.
—Me dijo que en más de un encuentro has estado presente, y no le parece normal.
—Fueron dos ocasiones y por coincidencia —respondió con naturalidad—, Harry me llamó estando en una ronda, al parecer habían herido al profesor.
—¿Y Dumbledore lo encontró en un momento... intimo?
—...¿Qué intentas decirme Sirius?
—Que te cuides, no sólo de Snape... Hermione, a Dumbledore no creo que le parezca normal.
—¿A Dumbledore o a ti? —le preguntó molesta.
—A Dumbledore, yo sólo me encargo de decirte cual fue mi percepción, lamento haberte molestado.
—No, no, lo siento Sirius, pero no debes preocuparte, solo fue una coincidencia, además no iba dejarlo morir.
—Sí, tienes razón.
—Ahora debo irme, buenas tardes. —Sirius asintió al verla marcharse, se dejó caer sobre el sillón, evidentemente había sido una batalla doblemente perdida.
Se quedó en el sillón más de media hora, arrojaba una pelota que chocaba con la pared y regresaba a sus manos, se encontraba tan encerrado que creía que en cualquier momento podría enloquecer, tenía varias cosas en las cuales pensar, y la primera de ellas era Harry, no dejaría que su ahijado se perdiera, para él la tregua que había hecho con Snape acababa de morir, todo ese esfuerzo que había hecho para que Harry viera a Snape antes de morir había sido un error, estuvo a punto de sacrificarse, pero no lo haría, por James lucharía por su ahijado, aún en contra de Quejicus.
Snape se encontraba por fuera de la casa en Privet Drive, a diario pedía una guardia para custodiar a su hijo, normalmente elegía alguna del turno de la noche, donde los sentidos de Harry se encontraban vulnerables. Pero esa noche hubo algo en especial, Sirius había aparecido a los diez minutos, pidiendo de forma educada hablar con él.
—¿Quieres dejar de ignorarme al menos 10 minutos Quejicus? —se quejó por segunda ocasión.
—Estoy haciendo guardia Black, no atendiendo temas tan triviales. —Le respondió sin mirarlo.
—Es sobre Harry y sobre su futuro.
—Eso es de mi incumbencia solamente.
—No, también de la mía, porque aunque no te parezca soy su padrino, y me mantiene inquieto su futuro, quiero saber qué planes tiene Voldemort, y así poder protegerlo. —Snape soltó una sonrisa bufándose de su interlocutor.
—No podrás hacer nada.
—¿Y tú sí? —preguntó con enojo provocando una nueva pelea,
—Tal vez... sin embargo ambos podemos hacer algo para... ayudar a que Harry salga ileso.
—¿Qué es?
—Digamos que... una tregua de paz, en lo que esto termina —le explicó viéndolo a la cara.
—Explícame.
—Ahora de nada sirve que nos pongamos a pelear, tu eres su padrino pero yo soy su padre, legalmente tengo los derechos sobre de él, no me provoques porque puedo mandarte lejos de Harry porque así lo considere mejor, en cambio puedes trabajar conmigo y ayudarme a salvarlo. —Le propuso con seriedad.
—¿Obedeciendo tus ordenes?
—Tomando en cuenta mis decisiones, porque la Orden deberá acatarlas... si tú también lo haces será más sencillo.
—¿Y si me niego?
—Será lamentable que no veas a Harry.
Sirius lo pensó por un momento, Snape lo había colocado en un callejón sin salida, era una clara venganza de haberse visto a escondidas con su ahijado durante todo el año escolar, a las espaldas de Snape.
—Está bien, por el bien de Harry.
—Has tomado la mejor decisión Black. —Le dijo rechazando la mano que le extendía el animago—. En la mañana alguien se presentó en la calle de al lado, que mañana dupliquen las guardias.
—Iré a avisar.
Muchas veces actuó como el perro faldero, siempre obedeciendo las ordenes que ese miserable le daba, pero eso se había acabado, Snape había logrado poner a Harry en su contra, y después de lo que le dijo Albus por la mañana había decidido que esa tregua se terminaba, él usaría sus propios medios para salvar a Harry, muy pronto él cumpliría los 17 años y no podría hacer nada.
Una vez solucionado eso, sólo le quedaba el asunto con Hermione, algo que no terminaba de comprender del todo, dudaba que una alumna como ella, recta e inteligente se hubiese podido fijar en alguien como Snape, pero a ambos los salvaría.
En la mañana había llegado a primera hora con Dumbledore, su fidelidad había cambiado, el director pudo sacarlo antes que los mortífagos y no lo hizo, supo que la prioridad era Harry, pero usar su muerte para alentar a Harry a la guerra se le hacía demasiado, aun así era el único que podía decirle qué había pasado durante esos meses.
—Siéntate Sirius, ¿cómo te has sentido?
—Bien Dumbledore —le agradeció tomando asiento—. Quiero hablar de Harry.
—Es natural, lo estaba esperando de hecho.
—¿Cómo es posible que sepa de... su padre? —preguntó con cierto desprecio.
—Harry tuvo un accidente a principio del curso, casi muere y Snape convocó... magia antigua y peligrosa.
—¿Magia negra? ¿Usó magia negra en él? —preguntó histérico.
—No precisamente contra él, sino contra la maldición que le había arrojado Bellatrix, Harry murió y Snape... lo regresó a la vida, y eso... reinició todo, poco a poco él empezó a recordar y posteriormente Snape me devolvió la mitad de su magia.
—Dijiste que le habías ordenado controlar su magia, que era peligroso para Harry.
—Snape crió a Harry como un mago muy poderoso, su magia acrecentó muchísimo en esos años, no podía permitir que entrara al colegio así, ha tenido avances en las materias, especialmente en Defensa.
—¿Y sólo le regresó la mitad?
—Así es, y...de alguna forma le ha ayudado a que recuerde.
—Es un imbécil, eso... no estoy de acuerdo Dumbledore. —Se quejó buscando el apoyo del director.
—Yo tampoco, pero no podemos hacer nada, él es su padre, es por eso el cambio de Harry... hay algo más que me preocupa... lo vi haciendo magia negra.
—¿Qué? —Sirius se recargó sobre el respaldo, completamente sorprendido y decepcionado.
—Fue un escudo para que no me acercara a ellos.
—¡Por Merlín!
—Intenta hablar con Harry, tal vez a ti te oiga, conmigo no quiere hablar ni seguir tomando las clases que le impartía... Snape está haciendo de ese muchacho a su semejanza, ya no sé qué curso tomé la guerra —dijo con pesar el anciano director.
—Harry seguirá con nosotros Dumbledore, no debes preocuparte con eso. Hablaré con él...
—¿Sabes algo de la señorita Granger, Sirius?
—¿Algo cómo qué? —preguntó extrañado.
—Van dos ocasiones —explicó levantándose— muy... peculiares, donde he encontrado a la señorita Granger en los aposentos de Severus, asistiéndolo medicamente según vi... una situación bastante cercana e íntima.
—¿Insinúas que Snape le hizo algo a Hermione?
—No... Pero me inquieta que la inexperiencia de la jovencita la lleve a cometer un error.
—Veré que puedo averiguar. —Le dijo preocupado.
—No, no hagas nada, seguramente pude haber malinterpretado algo. —Le aseguró el director sonriendo, pero él no estaba del todo seguro.
Ahora comprendía que Snape sintiéndose el padre de Harry había tomado demasiadas libertades que no le correspondían, pero si él tenía algo con Hermione lo iba averiguar, una vez teniéndolo en Azkaban podría estar seguro que Harry no tomaría el camino incorrecto.
…
Harry salió como si lo hubiera poseído un demonio, giró sobre el pasillo bajando rápido. No quería que Ron lo alcanzara, no quería encontrarse con nadie que lo molestara. Sirius mentía, cada palabra en su boca era veneno, era odio y no podía caer en su juego. Era su padrino y la persona que más amaba, ¿por qué de pronto había cambiado tanto con él?
Vio una puerta abrirse y salió de ahí el profesor Snape, al parecer las clases habían terminado, se encontró casi de frente con él, extrañado, se dio la vuelta, ni siquiera a él podía sostenerle la mirada, no deseaba verlo.
—¿Potter? —Le llamó la primera vez— le estoy hablando Potter.
—Sí, señor. —Le dijo acercándose.
—¿Qué ocurre?
—Nada.
—No le creo ni media palabra, pase...
—Él no me abandonó —siseó a punto de que su sangre hirviera.
—Pase —le ordenó, Harry entró y Snape cerró con seguro, lo vio caminar como un león enjaulado.
—Mi padre, no me abandonó, no lo hizo...
—¿Qué ocurrió? —le preguntó con paciencia.
—Él no quería hacerlo —gritó volteando una mesa, como profesor le iba exigir que se controlara y no tomara una actitud tan violenta, pero vio tanto dolor en sus ojos que se mantuvo inerte—, no... importa lo que digan... él es mi padre.
—Lo es —Severus notó que cada vez que Harry escuchaba su voz estallaba, pateó un bulto que encontró al final del aula, lo hizo una y otra vez, pero Snape nunca le dijo nada.
—No lo hiciste...te obligaron —Snape se quedó callado, su corazón latía tanto...
—¿Quiere hablar Potter?
—ÉL NO ME DEJÓ PORQUE HAYA QUERIDO —le gritó a su profesor saliéndose de sus casillas.
—¿A dónde va? —Le preguntó cuándo se dio la vuelta—. Potter, regrese aquí y deme una explicación, es una orden —pero él no se detuvo y lo ignoró—. ¡HARRY! —escuchó su nombre claro, pero sólo maldijo y azotó la puerta.
…
Cuando Severus llegó a sus aposentos Hermione descansaba ya sobre la cama, se mantenía despierta esperándolo, de inmediato una sonrisa en sus labios apareció, se sentía mucho más tranquilo ahora que tomaba en cuenta su punto de vista respecto al embarazo.
Se desvistió frente a ella para ponerse la pijama, ella en un intento de seducirlo se arrodilló sobre la cama para ayudarle a quitarse la camisa. La conocía bien, ¿cómo no conocer sus intenciones? Sus labios comenzaron a jugar con su cuello, haciendo un efecto inmediato en el pocionista. Intentó separarla pero un gemido lo traicionó saliendo de sus labios.
La tomó con suavidad de su cintura, acariciando y memorizando su figura, la podía sentir rendirse sobre la cama, su erección exigiendo más atención, se aferró a la poca cordura que le quedaba y la detuvo con delicadeza.
—¿Estas cansado?
—No es eso... debes cuidarte.
—Wow —exclamó alejándose de él—, tus cuidados están llegando al límite de la exageración.
—Sólo quiero que cuides tu embarazo.
—¡Lo cuido! —le alzó la voz metiéndose a la cama.
—Hermione, entiéndeme. —Le suplicó acercándose a ella—. Te amo y no quiero que te ocurra nada.
—Tus cuidados son... enfermizos.
—Intentaré no serlo —le prometió, sabiendo de ante mano que no lo lograría—. Anda, no te molestes, quiero hablar contigo de otro tema.
—¿Qué? —preguntó haciendo un puchero de inconformidad.
—Potter perdió el control en mi aula, nunca lo había visto así, estaba...
—Como loco —terminó la frase preocupada—. Sí, también con Filch, está castigado de hecho.
—¿Qué hizo?
—Hizo un desastre con una... armadura —le confesó notando un tono de incredulidad—. ¿Qué te dijo a ti?
—Eso no es lo importante, sino lo que desencadenó eso.
—Fue Sirius —Severus de movió de posición queriendo disimular su molestia al escuchar ese nombre—. Es la primera vez que pelean, y... Harry no se lo tomó nada bien, creo que Sirius se metió en terreno prohibido, mencionó a su padre y le infundo dudas sobre él, sabes lo delicado que se pone Harry cuando mencionan a su papá, y todo es porque no lo ha visto.
—¿Qué le dijo exactamente?
—Que no se hiciera ilusiones, que podía no volverlo a ver... le cuestionó sobre la razón por la cual le quitó sus recuerdos, nunca había visto así a Harry.
—Entiendo —Snape se contuvo por no salir en ese momento y partirle la cara a Black con sus propias manos, ahora entendía a la perfección esa mirada de tristeza, de odio e incomprensión en los ojos de Harry, se sintió mal por no haber estado con él en ese momento, quitarle esas dudas que no lograba disipar.
—Severus quería pedirte algo.
—Cualquier cosa —le sonrió complaciéndola.
—Llama a su padre —le pidió con dulzura, logrando que Snape se tensara—. Sé que hay mucho en juego, pero... no tiene que verlo a la cara, podría llevar la máscara, tan solo cinco minutos... solo un poco para que Harry lo vea.
—Hermione Potter no puede salir del colegio, y dudo mucho que un mortífago pueda entrar aquí... es imposible.
—Sé que si lo planeas bien...
—De acuerdo, de acuerdo, voy a pensarlo.
—¡Gracias! —se emocionó besándome, en ese momento el hombre se sintió tan utilizado por ella—. La otra parte que quería comentarte es que... Sirius me insinuó que Albus sabe lo que hay entre nosotros.
—Bueno, alguien debe callar a ese maldito perro entonces, está hablando demasiado.
—¡Severus!
—¿Qué te dijo?
—Que el director me ha encontrado contigo en ocasiones y que no le parece normal, Severus no sé... creo que ambos sospechan, quizá debería irme a la Torre.
—¡Pues que se enteren! En dos meses de notará tu embarazo, tú no te irás a ningún lado.
—Esto no va terminar bien.
—Deja de preocuparte, sin embargo no te quiero cerca de Sirius —le exigió abrazándola.
—Es un amigo Severus.
—No te quiero cerca —le repitió—, Por favor, sólo hazlo —iba a reclamar pero se quedó callada, consideró que era demasiadas peleas por ese día.
...
Sirius se sobresaltó cuando Severus azotó la puerta de la Sala de Menesteres, su mirada se había oscurecido aún más y no llevaba la túnica, cuando llegó hasta donde se encontraba el animago lo levantó de la camisa hasta azotarlo sobre la pared de piedra.
—Mantente alejado de mi hijo Black. —Siseó mostrando los dientes.
—Nunca —respondió con osadía.
—No le hiciste pasar un buen rato a mi hijo, mientras tú te pudrías en Azkaban yo le di una familia, y si le quité sus recuerdos fue por imbécil, siguiendo las indicaciones de Dumbledore... escúchame muy bien Black, no quiero que vuelvas a intentar envenenar a Harry en mi contra, y no por temor a que lo logres, sino por el mal que le hace oír eso —le dejó en claro el pocionista soltándolo.
—Lucharé por recuperar a Harry.
—Hazlo, me evitaras el trabajo de eliminarte, mi hijo te sacara de su vida en menos tiempo del que crees.
—Aunque te lo hayas llevado por todos esos años, no deja ser hijo de James —Severus se rió con cinismo.
—Lo único que tiene de ese cobarde es la sangre que corre por sus venas, ese chico es mi hijo.
—¿Y realmente buscas su bienestar? —Le reclamó con odio—. ¿Realmente crees que le haga bien estar recordándote? Harry nunca había perdido el control de sus emociones, pero lo hizo desde que cometiste ese error.
—No te equivoques Black, eso le ocurre cuando ponen en duda sus recuerdos, todo lo que yo decida sobre él es asunto mío, y nadie tiene el derecho de cuestionarlo.
—Ganaste por esta ocasión, veamos cuánto dura tu suerte —Severus se dio la vuelta dando por terminada la conversación.
—Y no metas a la señorita Granger en tus malditos argumentos.
—Te lo dijo, sabía que ella te lo diría —articuló acercándose al mago—. Albus debería correrte como el perro que eres, espero que ella sea lo suficientemente inteligente, para que no te salgas con la tuya de meterla en tu cama.
El pocionista se había contenido para no hacer nada pero eso había sido la gota que derramó el vaso, de un puñetazo había dejado tirado al animago, éste se sobó la quijada y se levantó lo más rápido que pudo para hacerle frente.
—Aléjate de ellos o atente a las consecuencias.
—No lo haré, pronto Harry cumplirá los 17... se acabaron tus amenazas Snape —se atrevió a decirle con valentía.
—¿Y qué más da eso? Está registrado bajo la ley muggle, así que si quieres encima a los abogados continua, será un placer deshacerme de ti.
...
Había salido de ahí como un demonio, ahora lamentaba profundamente no haberse deshecho de él en el momento que pudo, pero lo había hecho por Harry, con nadie más había arriesgado a perder su dignidad, su orgullo, y lo había hecho por él solamente.
Recordó aquella vez que se había metido a la celda donde últimamente los mortífagos solían divertirse, donde Bellatrix salía con una sonrisa triunfal en su rostro. Entró con cierto asco y repulsión al verlo tirado en el piso con la conciencia necesaria para mantenerlo despierto.
—Levántate. —Le pidió con exigencia.
No recibió respuesta, lo cual hizo enfadar al pocionista, se agachó a levantarlo y subirlo hasta la cama, con cierta dificultad le dio de beber agua tanto como quiso, un plato de comida apareció frente al recluso y su mirada por fin se centró en su acompañante, Sirius no podía creer que ese hombre le estuviera ayudando.
Pero Snape lo veía con desprecio, le dejó unas pociones y una caja con la que él podría curarse, Sirius las tomó con su mano temblando, tenía tanto frío en ese momento que creía que colapsaría, abrazó las pociones y se hizo ovillo en el colchón.
—Come eso, está caliente. —Le ordenó, Sirius volteó, tenía hambre pero no las fuerzas para levantarse y comer—. Toma las pociones no seas idiota.
Sirius obedeció y las bebió sintiendo un efecto inmediato, Severus se quedó cerca de la reja donde podía vigilar de cerca lo que pasaba, cuando volteó Sirius se llevaba el primer bocado.
—¿Qué... quieres Snape?
—Por lo pronto que no mueras hoy.
—¿Y después?
—Que no mueras mañana —Sirius se quejó pero no dijo más—. Es una guerra Black, no todos saldremos con vida, a pesar de mi posición dentro de las filas podría morir en cualquier momento, mañana o al final, o podrías morir tú, no importa el futuro, uno de los dos debe salir con vida.
—¿Para qué?
—Cuando esta mierda termine él necesitará a alguien —le explicó siguiendo dándole la espalda—. Obviamente prefiero ser yo, pero si muero... quisiera que tuviera a alguien, más si él le tiene cariño a ese alguien.
—Ya veo...
—Es tu día de suerte Black —dijo en forma de despedida.
La mente de Snape regresó a la realidad cuando vio a Hermione salir de la clase de Encantamientos, encontrándose de frente con su esposo, él la vio con dureza y ella tan sólo se dedicó a sonreír y pasar de lado sin decirle nada, pero él la tomó por el brazo con disimulo.
—Usted y yo hablaremos en la noche, Granger —siseó antes de irse, sin esperar la respuesta de la joven.
…
Entró a la habitación en puntillas, esperando no ser notada pero Severus bajó el libro de inmediato, ya estaba en la cama dispuesto a ignorarla, la situación con Sirius lo tenía de mal humor, y verla a ella haciendo lo que le dijo que no hiciera le había fastidiado la tarde.
—No me esperaste para la ducha.
—Fue un día agotador, solo te esperaba para dormir tranquilo de que ya habías llegado.
—Oh... —susurró ella herida, no se metió a bañar y se cambió rápido a un camisón blanco, sin recibir una sola mirada de su esposo—. ¿Ya no piensas ni verme?
—Claro que te vi —respondió sin separar los ojos del libro—. Saliendo de una clase a la cual te dije que no podías ir.
—Madame Pomfrey me dijo que no había problema, sólo debo asistir a teoría y omitir la práctica.
—Bien, si sucede un accidente.
—Severus, la medimaga me dijo que podía ir, me dio permiso —le respondió tranquila pero empezando a exasperarse.
—¡Pero tu marido soy yo, no la medimaga!
—¿Y qué se supone que significa eso? —le preguntó ceñuda.
—Que a quien debes escuchar es a mí.
—Te escuché.
—No, tú me ignoraste.
—¿O sea que quieres que obedezca tus instrucciones sin debatirte? —le preguntó enfadada.
—Cuando hablamos de mi hijo... ¡sí!
Hermione arrojó las sábanas de lado y salió de la cama hecha una fiera, Severus por fin había bajado el libro y la vio levantarse buscando algo, en cuanto tomó la túnica alzó la ceja incrédulo.
—¿A dónde demonios vas a esta hora?
—A mi habitación —respondió fría cerrando la puerta tras ella.
Severus abrió la boca sorprendido cuando la vio partir, se preguntó seriamente si se había extralimitado, pero no, era su hijo y lo estaba protegiendo hasta de su madre, ella tendría que entender de una u otra manera. Mañana le dejaría en claro que no podía abandonar su lecho por una rabieta.
A los cinco minutos alguien tocó la puerta de su despacho, maldijo dos veces antes de levantarse y abrir, Filch se encontraba con una sonrisa en su rostro a un lado de la Señora Norris, pero lo más cómico fue encontrar a su lado a Hermione cruzando los brazos y evitando su mirada, con un enojo más que notorio.
—Dígame Filch, ¿qué razón hay para que me moleste a estas horas de la noche?
—Encontré a una alumna fuera de la cama profesor, ella asegura haber venido a entregar un reporte con usted —le dijo sonriendo, esperando que negara la versión de la joven.
—¿Estuvo usted conmigo Granger? —ella abrió la boca sorprendida de que no la ayudara.
—Sabía que mentía profesor, además... está... escasamente vestida.
—Transgrediendo las normas señorita, yo me encargo Filch, gracias por traerla.
—De nada profesor —se despidió dándose la vuelta, no sin antes sonreír con malicia, Severus se esperó a que estuviera lo suficientemente lejos para verla con burla.
—Pasa ahora mismo, y ninguna rabieta más de tú parte. —Ella entró enojada hasta la habitación.
—No-fue-una-rabieta —siseó quitándose la túnica—. No quiero estar contigo.
—Bienvenida al matrimonio cariño —le dijo con sarcasmo—. No todo es miel sobre hojuelas.
—¡Severus te estás pasando conmigo! —se quejó a punto de llorar.
—Si entendieras que ahora estas embarazada sería diferente, ahora sin llorar ni hacerle pasar al niño más corajes, metete a la cama y duerme. —Le indicó señalando la cama, ella entró dándole la espalda.
—Eres un bruto.
—Decidiste casarte con este bruto, que ahora es padre de tu hijo, tarde para arrepentimientos.
—Ni tan tarde —le amenazó acomodándose para dormir, Severus cerró los ojos dando una media sonrisa, esa mujer no se quedaba quieta sino ganaba una pelea.
…
Hermione entró a la habitación y un caos reinaba ahí, Severus había sacado algunas cosas de la habitación de su hijo y éste se encontraba dentro. Hermione se acercó y éste estaba parado en medio viendo hacia la nada.
—¿Qué haces?
—Hago espacio.
—¿Te mudaras aquí para... evitar que intimes conmigo? —preguntó burlándose.
—Graciosa, ven acá —ella se acerca sonriendo y olvidando los roces que tuvieron—. Nacerá cuando estemos en clases así que... acondicionaré esto para que sea su habitación.
—No... es de Henry. —Respondió de inmediato negándose.
—Él ya no cabe ahí, ha crecido.
—Pero quisiera que cuando se reencontraran él viera que respetaste este espacio.
—Te lo agradezco, pero él entenderá.
—No... bueno pero con una condición, regresa todo a la habitación, solo compremos un moisés y nada más.
—Está bien —aceptó saliendo de ahí e ir metiendo todo—. Alista una maleta, nos vamos el fin de semana.
—¿A dónde?
—Será una sorpresa. —Le dijo haciéndola sonreír.
...
Abrió la puerta dejando que la luz entrara a la estancia, por primera vez en muchos años la sala era alumbrada por el sol. Hermione entró curiosa, había unos sillones color azul marino, con un librero y escasos volúmenes en él, pero pudo ver muchos cuentos infantiles y objetos que daban a entender que ahí vivía un niño. De lejos pudo ver la cocina con una mesa circular, una habitación frente a la sala y unas escaleras a lo lejos.
—¿Dónde estamos?
—Es mi casa, aquí viví con Henry sus primeros años.
—¿Por qué lejos del mundo mágico? —preguntó con voz rota.
—Acababa de perder a su madre en el mundo mágico, este lugar le dio estabilidad y paz.
Hermione le preguntó con la mirada si podía subir, él accedió disfrutando de mostrarle esa parte de su pasado, la alcanzó cuando llegó a la parte de arriba en donde dormía su hijo, una cama individual con emblema de Salazar Slytherin se podía ver, Severus no tenía ahí fotografías ni nada que lo pusieran en evidencia, hacía muchos años se había encargado de eso.
Pero Hermione pudo ver todos los objetos personales de él, sus cuadernos y libros favoritos, así como juguetes que estaban perfectamente ordenados en repisas y muebles.
Volteó a verlo agradecida y no podía ver otra cosa que cariño en su mirada.
—Gracias.
—Muy pronto estaremos juntos los cuatro.
—¿Y si no me quiere?
—Él te va adorar —le respondió riendo—. Ahora vayamos a comer, quisiera sacar cita y que un médico te revise.
Ella accedió feliz buscando un suéter en la maleta, se asomó a la habitación donde dormiría con Severus y se emocionó aún más. Salieron al jardín donde su esposo se peleaba por cerrar la puerta como un muggle.
—Debo... cortar el estúpido césped.
—¿Lo harás tú? —Severus volteó a verla ofendido.
—Por supuesto que sí, ¿quién crees que lo hacía?
—¿Severus eres tú? —Hermione volteó a ver a una mujer que pasaba de los 30 años, con cabello negro y un ligero vestido verde, se acercó a su esposo sin poder reconocerlo—. Creí que no te volvería a ver.
—Melani —saludó Severus incomodo—. Sí, estuve lejos por un tiempo...
—Ya veo... y ¿dónde está Ha...
—Henry se quedó estudiando en el extranjero —le interrumpió—. Te presento a mi esposa, Hermione Granger.
—Oh... así que por fin te atraparon, mucho gusto.
—El gusto es mío —respondió Hermione estrechando la mano que le ofrecía la mujer.
—Eres tan afortunada... varias intentamos acercarnos pero nada funcionó, hasta yo...
—Ella... bromea —se defendió Severus abrazando a Hermione—. Bien... acabamos de llegar y no hemos comido, me dio un gusto saludarte Melaní, hasta luego.
—Te invitaré a tomar café Hermione —le gritó en despedida.
—Gracias, hasta luego —pero Severus no la soltó en ningún momento— Vaya... quien lo fuera a decir.
—No te atrevas a repetirlo, además... lo hacían por Henry.
—Fue un niño querido...
—Bastante...
...
Habían ido a comer a un restaurante que había cerca del centro comercial, por primera vez había visto comer a Hermione en claro gesto que estaba embarazada, no podía soportar la espera de tener en sus brazos a su hijo, ni siquiera le importaba si fuera niña o niño, necesitaba tenerlo ahora y le diera la fuerza necesaria para soportar la guerra.
Había pedido un directorio para buscar a un ginecólogo que pudiera atender a su esposa, el más próximo se encontraba a cinco calles de ahí, pagaron la cuenta y salieron de inmediato al centro médico.
La mala suerte llegó en ese momento cuando la recepcionista les informó que el médico se encontraba de vacaciones, Severus hizo una cita para dentro de dos semanas con una doctora muy prestigiosa en el mismo hospital.
Cuando salieron ya casi oscurecía, la mirada de Hermione se centró en la tienda de en frente, Severus alcanzó a ver moisés y cunas, ella desvió la mirada pero él la tomó de la cintura para entrar.
—No... es muy pronto.
—Entonces entremos a ver solamente.
Ella no volvió a decir que no, entraron dejándose llevar por la emoción de ser padres, tal como lo prometió ella no compró nada, tan sólo una serpiente de peluche, por una parte recordando a Henry y por otra representaba la emoción de tener un hijo de Severus. Cuando ambos se encontraron en la tienda Severus había pagado ya algo que le habían puesto en unas bolsas.
—Creí que no compraríamos nada.
—Es un par de cosas solamente —se disculpó pagando lo que Hermione llevaba en la mano.
Se fueron caminando a la casa disfrutando de ese aire de libertad, no existía Dumbledore, ni Voldemort, y por primera vez pudo ser feliz como esposo, ese rol de padre comenzaba a gustarle de nuevo.
—Nunca compré nada de esto —le dijo a su esposa—. Cuando un día de pronto de la nada tenía a Henry... fui a una tienda y la dependienta me mando por paquetería todo lo que iba necesitar.
—¿No lo elegiste?
—Iba cumplir 22 años cuando... me convertí en padre, no tenía idea de nada.
—Entonces esto debe ser nuevo para ti.
—Para ambos.
Cuando salió de bañarse vio a Hermione aún en toalla de baño, sobre la cama veía todo lo que él había comprado. Un par de prendas de ropa, con una sábanas para el recién nacido, y lo que ella acariciaba en ese momento era una cobija blanca con un unicornio azul en la parte de arriba.
—¿Eres feliz? —le preguntó besándola.
—Mucho... estas ilusionado —le dijo radiante, estando segura ahora que deseaba a ese hijo, ya no había dudas.
—Me tienes completamente loco.
