CAPÍTULO 14

La tensión se mantenía en la enfermería, Harry estaba sentado cerca de la puerta, sus manos seguían temblando y miraba de forma casi obsesiva la cortina que la medimaga había recorrido, maldijo por dentro sintiendo su labio inferior palpitando con fuerza debido a las emociones encontradas.

Apretó sus puños con fuerza intentando controlarse, no era un chiquillo, y no era un cobarde, debía comportarse como un hombre y hacer frente a lo que ocurría. Cerró los ojos cuando escuchó ese débil sollozo, algo dentro de él se quebró en un solo instante.

Escuchó los pasos firmes de alguien que entraba, se levantó controlando los nervios y caminó tranquilo, por momentos tronaba los dedos de sus manos, y por otros solo observaba aquella cortina.

¿Potter?

—respondió automáticamente.

Dígale a Madame Pomfrey que le dejo las pociones aquí, —le indicó el profesor Snape— no tengo tiempo de verla personalmente.

Le diré —dijo volteando a verlo.

¿Qué le ocurrió? No cree que usted es bastante grandecito, como para curar sus propias heridas —le cuestionó al joven cuando vio sus brazos manchados de sangre, junto con la camisa del uniforme.

No es mía la sangre.

Váyase a su sala común, lo único que me falta es otro castigo, y que impidan sus clases de aparición y su entrenamiento conmigo, por estar fuera de la cama a estas horas de la noche.

Señor... no puedo irme.

Claro que puede irse, es una orden —se puso estricto con él.

Señor Potter, le dije que se retirara por favor —le regañó Madame Pomfrey, que salía quitándose los guantes y con el delantal manchado de sangre.

Snape arqueó la ceja confundido, cualquier persona que estuviera herido, lo estaba de gravedad, para que la medimaga tuviera esa expresión en su rostro. Observó a Harry que se mantenía ansioso viendo hacia la cortina, nunca lo había visto tan desesperado como en ese momento.

No me iré, hasta poder verla.

No puedes verla, no en este momento.

Quiero... solo dos minutos —suplicó acercándose pero la medimaga le impidió el paso—. ¿Cómo está?

La trajiste a tiempo —Harry se tomó el cabello desesperado, Severus creyó por un momento que su hijo se rompería.

Es mi amiga, e iré a verla.

La señorita Granger necesita reposo absoluto, no está para ninguna visita como puedes intuir, así que retírate ahora mismo.

Harry la vio con odio antes de salir furioso de la enfermería, el corazón de Severus latió con fuerza observando la cortina que cubría el cuerpo de Hermione, sabía bien que eso lo hacían en casos realmente especiales. Quiso preguntar pero no tuvo el valor, sus pies comenzaron a guiarlo lentamente hasta donde se encontraba ella.

Gracias a dios que llegaste Severus ¿Y las pociones? Debo... combinar unas para la señorita Granger

Sobre la mesa —respondió automáticamente llegando hasta la camilla.

Sus pasos fueron lentos e imperceptibles, se acercó hasta poder verla pero ella estaba ausente en ese momento, se encontraba pálida y llevaba varios minutos llorando.

¿Hermione?

Severus se dio cuenta que ella había escuchado a la perfección su voz, no podía negarlo, cuando él habló ella cerró los ojos con dolor y más lágrimas aparecieron. La observó buscando la razón por la que fue ingresada, pero no encontró nada, estaba con una bata color blanco, y una sábana delgada cubría su cuerpo.

Estaba acostada en posición fetal, buscando un consuelo en algo que él no lograba ver. Volteó a ver a la medimaga que molía algo en un mortero, lo cual significaba que tenía un poco más de tiempo con la joven. Severus acarició su cabello buscando que ella entrara en razón pero nada surtía efecto.

Revisó su cuerpo que en ese momento se veía tan débil, una mancha de sangre se veía en las sábanas que cubrían el colchón, quería exigirle que le dijera quién la había herido, llevarla a San Mungo, pero verla tan vulnerable lo dejaba imposibilitado para tomar cualquier decisión.

Sobre una silla vio el uniforme de Hermione bañado en sangre, la falda parecía ser la prenda más manchada. Su corazón latió con fuerza, buscó desesperado hasta ver sobre la mesa lo que había usado la medimaga para atenderla.

Por Dios —susurró abrazándola, sin importar quien lo fuera a ver—. Lo siento Hermione, lo siento —le dijo meciéndola, quería que ella supiera que no estaba sola en eso, que la apoyaría.

Fue mi culpa.

No, claro que no —le susurró besando sus bucles y recostándose sobre la camilla a su lado—. Tranquila, descansa, duerme.

¿Severus? ¿Qué... haces? —le preguntó boquiabierta.

Cierra las puertas —le ordenó a la medimaga.

Suelta a esa niña, debe descan... sar —dijo entrecortada al empezar a dudar.

Cierra las puertas —repitió tajante sin soltarla, Hermione había dejado el llanto sereno, para entregarse al sollozo ante el consuelo que le daba su esposo—. Tranquila, ahora vas a descansar, lo prometo.

Severus, le tengo que... informar de esto al director de inmediato —le reprochó con orgullo e indignación, Severus se levantó rápido cerrando la puerta con la varita.

¿Crees que a ella le hará bien eso? Si quieres hacerlo no te lo impediré, ella ya cumplió la mayoría de edad, no hay delito alguno así que sólo conseguirás que me expulsen de Hogwarts, lo cual consideraría un favor.

Es tu alumna.

Y mi esposa —debatió logrando callarla—. Me conoces, sabes que no hay una intención en todo esto.

¿Y qué debo hacer entonces?

Lo que creas prudente, sólo no dejes que nadie entre a la enfermería esta noche, mucho menos Potter. —Ella asintió sin decir más, se retiró esperando no ser testigo de lo que estaba pasando.

En toda esa discusión Hermione no participó, aunque estaba escuchando todo, sabiendo el riesgo en el que estaba Severus no pudo decir nada, estaba dentro de una burbuja de la cual no quería salir.

Severus le preparó una poción lo suficientemente fuerte para dormirla por 12 horas seguidas, le estaba dando miedo la actitud de su esposa, no había dicho mucho, no le sostenía la mirada.

Se recostó con ella abrazándola, la sentía tan tensa, tan lejana, intentó que ella dejara esa posición y lograra dormir, buscó sus manos para tomarlas, pero ella las puso duras aferrándose con fuerza a lo que abrazaba.

Hermione, ¿qué tienes ahí?

Entre más luchaba porque soltara aquello, más se aferraba, como si su vida pendiera de ello, con algo de fuerza logró que ella lo descubriera, y ya no tuvo la fuerza emocional para quitárselo de las manos, en un frasco de cristal se encontraba el feto que había perdido.

Hermione, debes soltarlo.

No, no te atrevas. —Lloró enojada.

Por favor, dámelo, debes descansar.

¡He dicho que no! —le gritó llorando, Severus asintió estrechándola en su cuerpo—. Se fue... se fue...

Shhhhh... Aquí estoy, estarás bien —le prometió con torpeza, luchando por él mismo creerse esas palabras.

Harry entró a la habitación de Hermione encontrando a Ginny ahí, le había costado mucho trabajo que la pelirroja se tranquilizara, pero dado que Hemione y él estaban con esa tensión, ella debió ser la más sensata de los tres. Observó que la joven estaba poniendo en orden la habitación de su amiga, cuando vio a su novio llegar por el semblante, supo lo que había pasado.

Lo perdió.

Oh Merlín —sollozó cubriéndose la boca, Harry no pudo agacharse a confortarla, aún permanecía en shock—. ¿Quién era el padre?

No lo sé, no sabía que tenía... novio, Hermione siempre ha sido muy discreta con sus cosas, dudo mucho que supiera que estaba embarazada.

Lo sabía Harry —le aseguró la pelirroja levantándose del piso—. Oíste lo que dijo cuándo entraste a la habitación, ella sabía que estaba... teniendo un aborto.

¿Por qué no nos dijo?

Porque preguntaríamos demasiado, quizá no tenía todas las respuestas —sugirió.

¿Quieres decir que... él pudo dejarla con el problema?

No lo sé Harry, podría ser.

Cuando sepa quién fue el muy bastardo que la embarazó lo mataré... Hermione pudo pasarle algo sino subes a verla.

¿Y cómo está?

Madame Pomfrey no me dejó hablar con ella, no la vi.

Mañana a primera hora iremos y... —Ginny se quedó callada por un momento y sus ojos se quebraron—. ¿Qué voy a decirle?

No lo sé —se derrumbó sentándose en la cama de su amiga—. Ven acá —le pidió para tranquilizarla.

¿Crees que Ron...

No, él no fue, y sospecho que Hermione no nos dirá nada.

Al principio se quedaron abrazados, recargándose sobre la cabecera de la cama. Harry estaba ausente, esas imágenes no se iban de su mente, se encontraba desesperado por verla, y al mismo tiempo temeroso, no sabía cómo estaría ella y qué era lo que debía decirle, en esas situaciones siempre fue tan torpe.

... Hermione se movía incomoda en la sala común, intentaba terminar ese reporte para la profesora McGonagall, pero no lograba concentrarse ni buscar la posición adecuada para empezar a redactar. Se estiró viendo como Ron la miraba fijamente, arqueó la ceja negándole.

No lo haré Ron.

Sólo revisa la parte final —le suplicó acercándose.

En esta ocasión no, estoy demasiado cansada y me duele el estómago, me iré a descansar, buenas noches chicos —se despidió a tiempo para cambiarse y llegar a sus aposentos en las mazmorras.

Hermione... ¿ya te vas? Quería hacerte una consulta.

Mañana Ginny, estoy muerta, que descansen.

Hasta mañana Hermione —se despidió Harry arrojando pergamino a la chimenea.

Estuvieron ahí quince minutos sentados, él abrazando a Ginny viendo como Dean no dejaba de verlos ni un solo momento, ella bajó la vista avergonzada e intentó alejarse de Harry, eso lo puso como loco, y los celos se hicieron presentes, sólo que ahora eran casi enfermizos. Su amigo pelirrojo se esforzaba por terminar la redacción y Dean ya se había sentado aún más cerca de ellos.

Iré con Hermione y luego me iré a la cama —le avisó la joven levantándose, Harry sonrió de lado, casi con malicia.

Yo también me iré a la cama.

Espera a que termine, solo son... cinco líneas, deberías ayudarme.

Está bien, dame acá —accedió arrebatándole el pergamino, Harry.

Ginny pasó a la habitación de su amiga sin tener suerte de encontrarla, volteó confundida buscándola, debía estar ahí. Se dio la vuelta retirándose cuando vio unas gotas de sangre que la condujeron hasta el cuarto de baño, se sintió insegura por un momento, pero abrió la puerta con lentitud.

¿Hermione?

Cuando abrió la puerta la encontró agachada tomándose su intimidad con fuerza, su rostro era de dolor y angustia, pero más allá de eso se dio cuenta lo asustada que se encontraba.

Ginny...

¿Qué... qué te... pasa?

Cuando su amiga subió las manos estás estaban manchadas de sangre, la castaña negó con la cabeza varias veces, Ginny se mantuvo inmóvil a lo que ocurría, no entendía porque su amiga se ponía tan mal con algo natural como eso, la vio caer de rodillas volviendo apretar su entrepierna con las manos, lloró diciendo un repetido "no" que puso a la pelirroja aterrada.

Llama a Madame Pomfrey... corre.

Yo... te llevaré.

Creo... que estoy abortando —su amiga se cubrió la boca con la mano, no podía perder el tiempo en ir hasta la enfermería.

Llamaré a Harry —susurró al salir corriendo.

Bajó las escaleras con rapidez, el miedo y la adrenalina la hacía ir casi volando. Vio a Dean aún sentado y maldijo de pronto, su hermano estaba recostado sobre el sillón pensando en alguna estupidez, le arrojó un cojín llamando su atención, su hermano se levantó quejándose hasta donde ella se encontraba.

¿Qué? —le susurró enfadado.

Saca a Dean de aquí, Hermione debe salir sin ser vista. —Le explicó con miedo.

¿Por qué?

¡Hazlo! Te explico en cinco minutos ¡Ya Ron!

Bastó que su hermana lo viera como su madre, para que Ron saliera a encontrarse con Dean, una propuesta de ajedrez mágico en los dormitorios bastó para que ellos subieran. Harry seguía corrigiendo sin darse cuenta de lo que estaba pasando, cuando vio que entraban bajó con su novio que se sobresaltó ante su presencia.

Harry, sube conmigo.

¿Por qué? ¿Qué ocurre? —preguntó al verla desesperada.

Es Hermione, está muy mal, debes llevarla a enfermería.

El joven no supo en qué momento se levantó tan rápido, chocó con un sillón y subió las escaleras de dos en dos. Entró a la habitación buscándola desesperado, Ginny corrió hasta el baño donde vio a Hermione sentada en un charco de sangre, temblaba y lloraba abrazando su entrepierna y su vientre.

¿Qué le pasó...? ¿Dónde... —su pregunta se vio interrumpida cuando quitó las manos viendo el origen de su hemorragia, él no entendía mucho de mujeres pero sabía que eso no cabía dentro de la normalidad femenina.

Ayúdame —le pidió, Harry tomó sus manos ayudando a incorporarse, pero ella se dobló de dolor—. No, por favor no... no...aguanta. —Pidió asustada.

¡Ginny qué demonios le ocurre!

Estoy abortando —lloró con dolor.

A pesar de la sorpresa que se llevó el joven, actuó tal como correspondía. La tomó en brazos saliendo de la recámara y corriendo fuera de la Torre. Sentía el llanto sobre su cuello, y dentro de él sentía el dolor de ella, esa angustia con la que tomaba la camisa de su uniforme. Miles de preguntas atravesaban su mente mientras corría, sabía que lo único que debía hacer era llegar a la enfermería antes de que fuera tarde.

Entraron a la enfermería ante la mirada atónita de la medimaga, en cuanto vio a la paciente recorrió las cortinas y Harry la dejo sobre la camilla, en ese momento supo que no la había llevado a tiempo.

No... Dios no —la escuchó llorar tomando su intimidad como si de esa forma evitara que perdiera al feto.

Señor Potter, retírese.

No... aquí me quedó.

Fuera —le gritó antes de recorrer las cortinas.

No pudo hacer nada, se quedó ahí escuchándola llorar, cómo la medimaga le suplicaba que tomara algunas pociones y ella se negaba. Harry se encontraba en shock, se quedó parado ahí sin moverse, escuchando todo como si fuera parte de su condena, sintió que se quebraría por un instante pero no lo hizo, ella lo necesitaba entero y ahí estaría para ella.

Abrió los ojos después de haber conciliado el sueño por al menos unas cuatro horas, Ginny estaba dormida sobre sus brazos, en otro momento habría agradecido enormemente tenerla a su lado, pero el estar en esa habitación le había devuelto todos los recuerdos de lleno.

Ginny, levántate, vamos a ver a Hermione.

Ah —se despertó confundida, asintió de inmediato saliendo a su recámara.

Harry salió a tomar una ducha viendo sus manos enrojecidas, salió lo más pronto que pudo viendo a su novia hablar con su hermano, el rostro de Ron era de absoluta seriedad, no podían creer lo que estaba sucediendo, se acercó despacio esperando a que todos salieran para tomar el desayuno.

¿Un aborto? —Asintió Harry sin verlo— ¿Pero de quién?

No lo sabemos, quizá no es de Hogwarts.

Quiero verla —le pidió Ron levantándose.

Los tres salieron rumbo a la enfermería donde Hermione se encontraba sentada con la cabeza gacha, frente a ella estaba la medimaga, el profesor Snape y la profesora McGonagall, el que estuviera ahí el pocionista era algo más extraño, pero todos lo supieron ignorar o lo disimularon muy bien. Sabía que su amiga sufría un fuerte interrogatorio porque la cara de la profesora era de completa sorpresa y enojo.

Ustedes tres, retírense en este momento, no pueden ver a la señorita Granger. —Les exigió la jefa de su casa.

Creo que Granger necesita del apoyo de sus amigos en este momento.

Severus no quisiera ser grosera, pero es un problema por entero mío.

No, es mío también —respondió con osadía, dispuesto a enfrentar lo que se venía.

Profesor —susurró la joven—. Le agradezco, pero... esto es asunto mío.

Como sea, debemos arreglar el problema de inmediato, Hermione... provocarte un aborto con magia fue... muy arriesgado, debiste buscarme y así juntas tener una solución.

¡No lo aborté! —alzó la voz rompiéndose—. No sé qué pasó.

¿Poppy?

El feto muestra un oscurecimiento Minerva, no estoy segura porque no soy experta, mi teoría fue que ella debió exponerse a magia muy poderosa, el feto como receptor de magia lo absorbió por completo, y el cuerpo de ella no fue lo suficiente fuerte para resistir, quizá aguantó unas semanas.

No entiendo...deje las clases prácticas, hice todo y... al final fue mi culpa, miles de brujas se embarazan —susurró llorando.

No, habló de magia aún más fuerte, por el color casi juraría que estuvo expuesta a magia negra —explicó la medimaga.

Magia negra, tonterías —Severus cerró los ojos con culpabilidad, Harry se mordió la lengua y una lágrima bajó por sus ojos—. Debemos informarle al director de inmediato.

No. —Ordenó Snape—. La expulsará y lo sabes.

Está bien, no importa —dijo Hermione suplicándole a su esposo callar, Severus se debatía entre el amor a su mujer y el amor a su hijo, abandonar a Harry por Hermione era algo que nunca estuvo planeado.

¿Hermione quién es el padre?

Yo, y si la expulsan, tendrán que expulsarme a mí —susurró con frialdad y dolor el joven.

Harry —gimió con dolor Hermione—. No —le pidió buscando levantarse, él la detuvo viéndola a los ojos.

Perdóname —le pidió rompiéndose, todos creyeron que había sido por el accidente pero sólo ellos sabían que le pedía perdón por haber contaminado a su hijo.

No lo hagas... —Le pidió la castaña, no soportaba ver a su mejor amigo culpándose.

Ustedes fueron muy irresponsables en todo esto, Hermione tendrás que guardar reposo y cuidarte... buscaré no decirle a Albus, por ambos.

Que tonterías está diciendo, que usted Potter es el padre de su hijo —le recriminó con coraje, dispuesto a tomar el lugar que le correspondía.

Fue un descuido en vacaciones profesor Snape, ¿qué va saber usted?

Quizá más que un niño torpe, Potter hágase a un lado —le ordenó el pocionista, la medimaga se asustó de que por fin actuara como un hombre y dijera la verdad.

Efectivamente profesor... Harry era el padre de mi hijo —dijo con las últimas fuerzas que le quedaban.

Todo ahí era una verdadera locura, la medimaga volteaba a ver a cada persona que hablaba, Severus quería matar a su hijo ahí mismo y a su esposa, Ginny y Ron ni ruido hacían, quizá la sorpresa los había dejado mudos.

Perfecto, por la noche te llevarán a tus habitaciones y descansa Hermione, y... lo siento.

Gracias profesora.

Señor y señorita Weasley, ¿podrían esperar al señor Potter afuera por favor? —le pidió la medimaga.

Ambos pelirrojos se salieron quedando sobre la pared, Harry tenía la mirada en el piso conteniendo su dolor, su culpabilidad, la medimaga se acercó a su paciente y le sonrió con dulzura, Snape podía ver que casi la veía con lastima.

Hay algo más...

¿Qué? —se horrorizó Harry.

Tu vientre estaba rodeado de la magia del feto, y... éste absorbió toda la magia negra que terminó matando al producto, tu matriz está débil y delicada, hay una herida.

¿Qué quiere decir? —preguntó Snape temiendo la conclusión.

No podrás tener más hijos Hermione, no sé qué tan dañado haya dejado tu útero el feto.

Hermione se cubrió la boca llorando, sostenía la sábana intentando controlarse pero no podía, alzó la vista para ver como aquellos ojos verdes llenos de alegría y vida se rompían, dos lágrimas bajaron con pesar, leyó de sus labios un perdón antes de salir hecho una fiera.

¡Harry! ¡Harry! —le llamó desesperada buscando levantarse.

No... no se puede levantar Granger —le pidió su jefa de casa, completamente rota al igual que todos los presentes.

Harry... Harry... vaya por él... por favor —le suplicó a su esposo que contenía todas sus emociones detrás de esa mirada obsidiana completamente opaca.

Señorita Granger —susurró en despedida con una reverencia.

Salió con pasos firmes y largos, dobló tal como lo hizo su hijo hasta que lo vio desaparecer a los jardines, lo fue siguiendo con llamadas y gritos, agradecía enormemente que todos estuvieran en el Gran Comedor, o eso se hubiera visto muy extraño. Cuando lo alcanzó, Harry estaba sentado sobre la tierra sosteniéndose de sus rodillas.

Déjeme solo.

No.

¿Cómo cree que me siento? Yo... conjure el ochrana y...maté a su hijo... a nuestro hijo y... la maldije.

Si hubieran sido otras circunstancias se habría sentido orgulloso de él, al no dejar sola a una amiga, a una dama como Hermione, pero dadas las noticias lo único que sentía era dolor y culpabilidad.

¿Y cómo cree que me siento yo? Ustedes estaban ahí esa noche por mi culpa.

No, no tergiverse las cosas, a ella le pasó eso por el escudo...usted me dijo que no lo hiciera y... lo hice.

¡Basta Potter! El culpable fui yo por enseñarle magia que no debí...

Usted lo dijo... era para Voldemort, pero el director...

Exacto, fue culpa del director, no de usted.

Pero...

Pero nada, ve con Hermione, te necesita —le pidió tomando su hombro—. Ve...

...

Eran las 10 de la noche cuando la medimaga le ayudaba a ponerse ropa cómoda, el dolor seguía persistente en su cuerpo, pero luchaba por mostrarse fuerte, frente a ella Harry la esperaba, fingiendo frialdad y fortaleza, y tomando el lugar que creía era su responsabilidad.

¿No olvidas las pociones?

No.

Señor Potter, cuídela mucho, durante dos semanas no podrá dejar la cama más que para lo necesario —ella asintió levantándose.

No se preocupe.

Harry tomó la bolsa donde ella había guardado todas las pociones, y la sostuvo de la cintura evadiendo su mirada. Caminaron en silencio hasta llegar a la torre, cuando entraron los hermanos Weasley los esperaban, Ron los observaba con desprecio y Ginny tan sólo bajó la mirada.

Ginny...

Ahora no Hermione, vamos a que descanses —le ordenó Harry alzándola para que no subiera escaleras.

Ante el silencio de todos la subió y dejó sobre la cama, sin embargo, ambos pelirrojos le siguieron, observaron cómo la ayudaba a costarse y cubría su cuerpo, sacó todas las pociones y leyó el pergamino que había escrito la medimaga, buscó el frasco y se lo dio a Hermione, que lo bebió agradeciéndole con una caricia.

¿Cómo pudieron hacerle eso a Ginny? —les reclamó Weasley.

Ron...

Cállate, no mereces tenerla como amiga... lo hicieron frente a sus narices —volvió a decirle con asco.

¡Lárgate Ron! Y no te atrevas a molestarla porque soy capaz... de... hacer que beses sus pies —le exigió furioso Harry, su amigo se dio la media vuelta y cerró la puerta con furia, Ginny alzó la vista hacia Hermione que luchaba por no llorar.

Ginny...

Shhhhh... —la calló llorando acercándose a la cama—. Descansa.

No... él mintió y yo... también...

No hables Herms, debes descansar.

Harry no era el papá de...

Sh... lo sé —le susurró abrazándola— me quedaré contigo, Harry puede dormir en el sillón y yo aquí... por si necesitas ayuda.

Gracias —susurró dejándose caer sobre la almohada.

¿Quisieras estar sola? —Hermione asintió con pena.

Será otro día, no... te dejaré aquí sola.

Harry no fue tu culpa —le repitió su amiga.

¿Me has perdonado ya? ¿Tan pronto? Asesiné a tu hijo —dijo despreciándose a sí mismo.

Y salvaste al profesor, ninguno de los dos sabía de mi embarazo, así que no hay culpable, deja de martirizarte o... sentiré que esta amistad acabó.

No... tú y yo seremos como hermanos, protegiéndonos hasta la muerte. —Le prometió Harry, Ginny lloraba consolando a Hermione.

Es un buen hombre Ginny...y es todo tuyo.

Nuestro —susurró sonriendo, pero Hermione cerró los ojos rezando para que todo fuera una pesadilla.

Llevaba media hora sentado en la misma posición, no sabía cómo iba a acercarse a Hermione, la culpa se apoderaba de él, si esa noche no lo hubiera necesitado, ella seguiría embarazada, esperando la llegada de su hijo, pero esa maldita noche la condenó a los dos por igual, o a los tres.

Él nunca deseó hijos, pero ella sí, lo sabía en el fondo, y toda esa situación desencadenaría consecuencias que no quería afrontar, no deseaba verla mal ni triste, sin embargo, estaba desesperado por estar a su lado, y darle un poco de paz a ese dolor que seguramente la estaba consumiendo.

Observó la habitación, la trasladaría ahí con él de inmediato, no importa quién terminara enterándose de su matrimonio, lo haría pese a todo. Se giró para ver la habitación de su hijo, entró viendo los escasos arreglos que había hecho, cerró los ojos con dolor y apuntando con la varita todo iba regresando a su lugar original, no debía quedar rastro de lo que Severus había hecho.

Sentía tanto dolor, más de lo soportable, la forma en que la encontró en enfermería lo rompió, se encontraba tan débil, tan ajena a él, ausente y... rota. Y cuando le dieron la noticia la vio perder las esperanzas, y sentirse perdida, ahora no sabía nada de ella, una vez más había actuado como un completo cobarde, debió hacerse responsable de su paternidad, no lo hizo por ella, porque así lo exigió, y porque al hacerse cargo de eso renunciaba a estar cerca de su hijo.

Cogió una maleta y comenzó a guardar lo que habían comprado la semana pasada, con dolor fue doblando y guardando la ropa, para al final dejar esa cobija que tanto le había gustado a ella. Buscó aquella serpiente por todos lados, pero no la encontró, le preocupaba qué iba pasar cuando Hermione diera con ella, pero procuró preocuparse por eso más tarde.

Cuando terminó de guardar cerró la habitación con seguro y sobre la puerta de madera colocó un tapiz, ahora la puerta seguiría sellada, como debió estar desde el inicio, nunca debió abrirla, ahora marcada un doble dolor en su vida, y ahora el de Hermione.

Severus veía con cierta ausencia la copa que se llevaba a los labios, el sabor amargo lo llenó por completo, Hermione seguía dentro de su Torre sin poder tener acceso a ella, a saber cómo estaba, si necesitaba algo, lo único bueno que ocurría era que Harry no se le había separado ni un solo instante.

Vio que la puerta se abrió sin que nadie pidiera permiso, cuando vio a su hijo acercarse escondió la botella de whisky e hizo desaparecer la copa que acababa de beber, notaba al joven ojeroso, cansado y deprimido, algo que nunca deseó para él.

Potter ¿qué se le ofrece?

Venía a ofrecerle una disculpa, por mi ausencia durante esta semana en mi entrenamiento.

Comprendo a la perfección sus razones —lo disculpo esperando que no notara su embriaguez—. ¿Cómo se encuentra la señorita Granger?

Mal —susurró con sinceridad—. Lo peor es que finge estar bien para que no me sienta culpable.

Ya hablamos de culpabilidades señor Potter.

Usted también se siente culpable —le dijo su hijo, lo cual había sonado como una fuerte bofetada.

Sí, ella era... tan joven, con la vida por delante, debí echarla... —escupió con rabia— debí... sacarla desde el inicio —continuó diciendo, pero Harry no supo que su profesor no se refería a esa noche, sino cuando todo comenzó entre ellos.

Ella no se hubiera ido hasta verlo vivo y de pie —garantizó Harry al recordarla a ella llorando, esperando por el amor al que admiraba en secreto—. Vaya a verla —dijo de pronto, logrando captar la atención de Snape.

¿A Granger? ¡Usted ha perdido la cabeza Potter!

No, pero si ella estuvo con usted aquí cada vez que fue herido... merece que vaya a verla —articuló casi exigiendo.

No puedo.

Ella... le tiene estima... cariño —confesó en suplica desesperadamente— creo le hará bien verlo... a usted, animarla... lo que sea, ella no está comiendo, duerme casi todo el día y no sé qué hacer.

Señor Potter si ella fuera una alumna de mi casa habría custodiado la puerta de sus habitaciones día, tarde y noche, pero ella es una Gryffindor, no tengo razón para estar ahí... ni una excusa, ¿piensa que debo quemar el cuadro de la Señora Gorda? ¿Hechizar a más de 50 estudiantes?

¿Eso significa que... quisiera verla?

Nada me complacería más que mostrar mis respetos y mejores intenciones a la señorita Granger, pero no es propio.

Venga después de las diez de la noche, lo dejaré entrar a la Torre, un par de horas bastará... hable con ella, yo... no puedo —confesó derrotado—. No puedo pedirle nada cuando... le arruiné la vida.

Estaré ahí... gracias —le respondió el profesor, pero Harry no supo porque agradecía.

...

Se sintió expuesto cuando llegó al cuadro de la Señora Gorda, a los pocos segundos abrió Harry dejándolo pasar, subió las escaleras siguiendo a Potter, temiendo ser descubierto y ser expulsado de Hogwarts en ese momento, nunca había sido tan importante que estuviera en el castillo como ahora.

Cuando abrió la puerta no le gustó nada lo que vio ahí, Ronald Weasley sostenía su mano en una suave caricia y le daba un pedazo de pan que ella con educación rechazaba. El profesor se aclaró la garganta interrumpiendo la escena, la mirada de ella se entristeció, y se sonrojó inmediatamente.

Profesor Snape —saludó el pelirrojo con respeto y miedo.

Weasley, si me permite debo darle unas pociones a la señorita Granger.

¿Y madame Pomfrey? —preguntó a Harry, éstos dos habían arreglado sus dificultades cuando pudieron hablar y decirse la verdad.

No está, así que el profesor revisará y... la medicará.

¿Y debería quedarse... sola?

Señor Weasley, sigo aquí.

Lo siento profesor, pero un bastardo embarazó a mi amiga, la abandonó a su suerte y va para una semana y ese cretino sigue sin aparecer, sin mostrar un poco de amor o solidaridad con Hermione, así que debo cuidarla... al menos emocionalmente.

¡Weasley! Sus argumentos es una de las cosas que me tienen sin cuidado ¿se puede largar y volver en media hora?

¿A nadie le interesa que Hermione estuvo sola en su embarazo?

¡Ron! —lo regañó su hermana que luchaba por no sacar su varita y hacerlo callar.

Ron... creo que no has entendido... que el padre era yo ¡idiota! —lo regañó Harry conteniéndose, el pelirrojo tragó en seco dirigiéndose hacia la puerta—. Te dejo con el profesor Hermione.

Gracias Harry —susurró dolida.

Severus esperó a que ambos estuvieran a solas, no sabía cómo dirigirse a ella, optó por acercarse y besar su frente con ternura, ella gimió de dolor luchando porque él se alejara por completo, lo había evadido toda la semana, sin mandarle un mensaje, sin responder sus cartas y cerrando la chimenea.

Todo estará bien.

No deberías estar aquí, puedes perder tu trabajo y todo...

Tú eres todo, y no pienso perderte —le contradijo sintiéndose seguro de sí mismo.

Severus vete por favor.

Hermione, sé que duele... he vivido tu sufrimiento estando lejos de ti, así que sé perfectamente cómo te sientes.

No, no lo sabes —lloró sin verlo—. Vete.

Me casé contigo para estar en las buenas y en las malas, podré irme como me pides pero eso no significa que renunciaré a ti.

¡No podré darte hijos! Estoy... muerta por dentro —le gritó viéndole a los ojos, Severus se dio cuenta lo mal que estaba, era verdad, algo de ella había muerto.

Me case contigo con el acuerdo de no tener hijos, así te amé, vino... esa sorpresa e ilusión, pero si no está... no importa, puedo soportar muchas cosas Hermione, pero no a estar sin ti.

Un día querrás un hijo y no podre... y vas a frustrarte.

Un día, mañana y siempre pensaré en la hermosa bendición que has sido en mi vida —le dijo en voz baja acostándose a su lado, besando sus labios, ella se dejó correspondiendo con dolor el beso.

Tengo miedo, y... me siento tan... inútil, tan... sola.

Aquí estoy contigo, no me iré —le prometió abrazándole—. Perdóname, fue mi culpa haber permitido que Potter conjurara el hechizo, habérselo enseñado... haber dejado que estuvieras ahí...

Habrías muerto...

Mi hijo estará contigo.

Prefiero tenerte con vida —confesó bajando la vista.

Estamos muy afectados ambos Hermione, pero eres mi esposa y mientras no luches por nuestro matrimonio yo lo haré por los dos, hasta que puedas caminar a mi lado —ella lloró ante sus palabras y se dejó besar cuando la boca de él chocó con la suya.

¿Y si no puedo?

Lo seguiré haciendo hasta que lo logres... Podremos, una vez que pases la otra semana, vendrás a nuestros aposentos y estaremos bien, puedo soportarlo todo pero debo tenerte a mi lado, estaremos bien te lo juro, solo es una prueba...

Gracias...

Tranquila Hermione, puedes llorar, aquí estoy —la dejó que se acomodara en su pecho donde lloró con libertad por todo lo que pasaba, a él se le partió el alma pero la sostuvo con fuerza hasta que la venció el llanto.

...

A las siete de la mañana Harry entró a la habitación de su amiga, está dormía con tranquilidad sobre la cama, las primeras luces del sol iluminaban sus bucles castaños, vio al profesor Snape sentado en un sillón de piel que estaba frente a la cama.

Pudo ver que ella llevaba su cabello húmedo y una bandeja de comida estaba vacía sobre la mesa de noche. Las pociones las había tomado y abrazaba una almohada durmiendo.

Durmió de corrido toda la noche —le notificó a su hijo—. A las cinco de la mañana dijo que quería tomar una ducha, no podía entrar a despertar a la señorita Weasley, asistí a Granger en lo que me pidió, y... le traje comida, comió casi todo, después volvió a dormir, hablé con ella, sabe que debe bajar la dosis de la poción tranquilizante y la de dormir sin soñar.

¿Estuvo de acuerdo?

Sí. —Respondió en forma automática—. Regresará a clases la próxima semana, encárguese que no haga esfuerzos, ha quedado débil, vendré por la noche, le pedí que abriera la chimenea para mí, cuando entren a esta recámara deben tocar.

¿Vendrá?

Le dije que custodiaría su sueño día tarde y noche, Potter.

De acuerdo —respondió con desconfianza, Snape se levantó sin despedirse buscando los polvos flu para salir de ahí—. ¿Profesor?

Dígame.

Un hombre se burló de ella, sé que Hermione está enamorada de usted, debe ser un amor... de estudiante, de admiración... no la dañe, no se atreva a poner los ojos encima, porque usted... es casado.

No es necesario que me diga lo que debo hacer, Potter.

Lo haré, porque no dejaré que nadie se vuelva a burlar de ella.

¿Un hombre se burló? Creí que el padre era usted —Harry se retractó nervioso—. Contando además que fue a buscarme y pedirme que viniera a ver a Granger.

Y veo que funcionó —siseó desconfiado de que su amiga reaccionara con la presencia del profesor.

Estoy en deuda con ella, jamás lastimaría a la señorita Granger —terminó la conversación dándole una última mirada a su esposa, Harry también la veía preguntándose si hizo lo correcto.