CAPÍTULO 15

Severus Snape regresaba de dar clases a los alumnos de quinto año, las últimas semanas realizaba las tareas de memoria, se mantenía ausente y distraído en la mayoría de sus actividades diarias. Cuando entró a su habitación esperaba encontrar a Hermione despierta, pero la encontró recién bañada y sentada en la orilla de la cama, aún con la bata puesta.

La joven escuchó perfectamente cuando su esposo entró a sus aposentos, pero no alzó la vista, siguió viendo lo que tenía en las manos. El pocionista se acercó con sutileza hacia ella, conforme se fue aproximando se dio cuenta lo que acariciaba con tanto anhelo, la serpiente se mantenía firme en las manos de Hermione, sintió un dolor agudo en su pecho cuando vio hacer aquellas caricias, sin embargo guardó silencio, no quiso interrumpir esa ceremonia tan íntima que había comenzado la castaña.

Esto no lo encontraste —le dijo de pronto levantando la vista y sonriendo.

¿Cómo?

Sellaste la habitación como si no existiera, queriendo protegerme —Severus bajó la vista sin responder—. Es lo único que me queda, este pequeño recuerdo.

No creo que te haga bien.

Guardando las cosas no me hará olvidarlo Severus.

Lo sé —susurró sentándose a su lado—. Pero no te hará bien llorar en un campo de ilusiones, no voy a torturarte de esa manera.

Ella asintió dándole la razón, era tan difícil poder asimilar lo que le había pasado, era muy joven para tener hijos, pero había afrontado ese descuido, había creído en tantas cosas que ahora le habían arrebatado, pero lo que más le había dolido era que le arrancaron de raíz sueños e ilusiones que ella guardaba con recelo.

Hermione, debes descansar, no estás durmiendo.

Lo veo en mis sueños, no saber... cómo era... como iba ser, su voz, sus ojos —dijo en forma pausada, sus labios temblaban haciéndose la fuerte, en cuanto Severus la abrazó lloró desahogándose—. Pude sentir como se movía... y... si yo hubiera ido con Poppy cuando me dolió el vientre, ella pudo hacer algo... y no lo hice.

Hermione no puedes seguir culpándote, ya sabes la razón del aborto.

El ochrana...lo siento —se disculpó separándose de él, Severus pudo percibir ese dolor en su mirada y no la dejó alejarse, luchó para que lo viera de frente, besó sus mejillas y al final sus labios.

Eres hermosa.

Perdón.

Voy a estar contigo aquí, el tiempo que tú necesites, pero no creo que esto te haga bien.

Lo sé, quiero... intentar distraerme pero Poppy dice que es riesgoso entrar a las clases prácticas... ¿podría ir a la instrucción de Harry?

Claro que sí... he... considerado que le digas solamente a Potter de nuestro matrimonio —la sola idea hizo que Hermione abriera los ojos asustada.

No, claro que no haré tal cosa, suficiente tenemos con que lo sepa la medimaga del Colegio.

Necesito de alguien que te apoye, que sepa de tu vida. —Le dijo intentando convencerla.

Sólo te necesito a ti —él asintió de inmediato, buscaba no inquietarla en lo absoluto, su recuperación debía ser rápida si quería partir cuanto antes, no pensaba arriesgarla y hacer que viajara estando débil.

Hay algo de lo que debo hablarte —ella alzó la vista escuchándolo—. No podemos tener... el feto en un frasco —ella asintió con seriedad, también lo había pensado pero no tenía idea de qué podía hacer con él—. Iré el fin de semana, lo dejaré junto a mi madre, si te parece por supuesto, al menos que quieras que descanse con tu padre, yo lo entenderé.

Es más fácil que sea con tu madre, pero quiero acompañarte.

Te vas a poner mal y no quiero.

No me impidas ir —le ordenó con la voz quebrada, él no le debatió más, la abrazó y asintió, ella seguía tan mal que le estaba dando miedo que no se recuperara, que la magia de su hijo mezclada con el ochrana hubiera terminado por afectarle más de lo que él pensaba.

...

Sólo se escuchaban el crujir de las hojas secas, Hermione entró al cementerio tomada de la mano de su esposo, era un lugar fresco, lleno de árboles altos y frondosos, caminaron hasta el final del lado oeste, en la esquina se encontraba una lápida de mármol blanco donde se leía en nombre de Eileen Prince.

Hermione se hincó sintiendo en sus rodillas la tierra en su piel, del lado izquierdo se encontraba el muro que rodeaba el cementerio, y detrás de la lápida un pequeño arbusto donde crecían pequeñas flores blancas, con pétalos del tamaño del pulgar, Hermione se acercó hasta ese pequeño lugar y con sus manos comenzó a cavar un pequeño agujero. Severus se mordió la lengua conteniendo el dolor con el que veía a Hermione hacer eso, estuvo a punto de levantarla pero no lo hizo, se mantuvo firme hasta que vio que ella dejó de moverse.

La joven se quedó quieta por unos segundos, sus manos estaban manchadas de tierra y hojas, en un dedo salía sangre, quizá tocando una rama, una roca, o con la intensidad con que cavaba. Severus se inclinó hacia ella sacando de la túnica el feto envuelto en una sábana blanca, se lo entregó a ella sin soltarlo, provocando que Hermione alzara la vista hacia su esposo, vio aquellas orbes negras tan apagadas, tan tristes, reflejo de lo que tenía que ver él, día tras día en ella. Una lágrima resbaló de aquellos ojos, dolor por todo lo que le había pasado a ella, por el hijo que él deseó y que ella nunca le iba poder dar.

Hermione dejó que Severus colocara el feto en el sitio que ella había cavado, sobre de él la joven guardó la serpiente, queriendo de esa manera sepultar el dolor e intentar salvar su relación con Severus. Colocó despacio la tierra sobre la sábana, hasta que lo cubrió por completo, él la abrazó por detrás y la acarició con suavidad

Le hubiera puesto Elizabeth —susurró ella.

Elizabeth Snape —Severus movió su varita y una pequeña inicial se grabó a un costado de la lápida, luego arrancó una pequeña flor y la dejó en el centro del montículo de tierra—. Vamos a estar bien, te lo juro.

Tengo miedo de... no poder luchar por nuestro matrimonio.

Lo haré por los dos hasta que te sientas lista de hacerlo conmigo. —Ella asintió recargándose en su espalda y él cubriéndola con su túnica, no tenían prisa por irse de ahí.

Lo que menos deseo es volver con el director, —le dijo con desprecio al pocionista—. Es por excusarme, pero lo culpó de lo que le pasó a Hermione.

Fue un accidente, nadie tuvo la culpa —le aseguró a su hijo con seriedad, viéndole a los ojos, pero éste desvió la mirada incómodo.

¿Es importante la información que él me estaba dando?

Sí, no podemos partir sin que te enteres el secreto que rodea al Señor Tenebroso —Harry asintió en forma casi ausente.

Debo... convencer al profesor Slughorn de darme ese recuerdo... pero creo que no será fácil que lo haga.

Te ayudaré en eso, pero tú debes regresar con Dumbledore, muy a tu pesar lo necesitamos.

¿Cuándo nos vamos? —Severus se quedó callado por un momento, él había decidido que debían partir pronto si las cosas llegaban a ponerse mal, pero en ese momento su esposa no tenía la fuerza para aventurarse en tal cosa.

Tendremos que esperar un poco más.

Está bien.

Sé que no está para responsabilidades, pero lo espero a las 7 para su refuerzo de oclumancia, espero que en duelo sea mejor.

Lo seré... hasta en la noche profesor.

Severus comenzaba a preocuparse por su hijo, estaba demasiado encerrado en sí mismo, sintiéndose culpable y llenándose de odio, era de suma importancia que lo sacara de inmediato de ese lugar, volvía a sentir esa presión y ese dolor que vivió cuando Harry era tan sólo un niño, en manos de los Dursley, sólo que en ese momento el pocionista se sentía más atado que nunca.

La oficina del director ahora se le hacía pesada, casi podría decir que se ahogaba en ella, Dumbledore lo veía con cierta concentración, podía sentir esa ligera intromisión en su mente, y de forma casi natural cerró algunos recuerdos, especialmente a los que involucraban al accidente de Hermione, y los acontecimientos de las últimas semanas.

Me complace que hayas escuchado a Sirius, Harry.

Él creyó que era lo correcto.

¿Y tu padre? —Harry hirvió de coraje cuando escuchó al director mencionarlo.

Dijo que tomara las decisiones que yo considerara correctas.

¿Y es correcto esto? —preguntó viéndole a los ojos.

Es necesario, para ambos. —Respondió con sinceridad.

Dumbledore asintió sonriendo, Sirius había hecho lo que le había encomendado y eso era lo que importaba. Le preocupaba en cierto sentido que Sirius comenzaba a dejar de formar un papel importante en la vida de Harry, consideraba que con su plan pudiera ponerle un freno a las decisiones de Severus, en ese momento no era propicio que Harry y Snape se reencontraran, Harry no actuaría como debería si sucediera tal cosa, él debía asegurarse que si ese chico recuperaba su pasado, fuera al final de la guerra con todos los enemigos muertos.

Pasemos a lo importante entonces. —Harry asintió incorporándose al mismo tiempo que el director.

Harry se sumergió al pensadero en dos ocasiones, la primera era para ver como Voldemort trabajaba como dependiente en la tienda Borgin y Burkes, y la teoría de Dumbledore que mientras era apenas un joven apuesto, carismático y astuto, se hizo de dos reliquias, la copa de Helga Hufflepuff y el guardapelo de Salazar Slytherin, mentiría si a él le hubiera sorprendido, pero como heredero de éste último parecía casi normal que sintiera de su propiedad aquella reliquia.

Miles de preguntas se formaban en su mente, esos objetos cobraban significado en toda esa historia de Voldemort, y sabía que si se lo decía a Snape él lograría armar el rompecabezas, a Harry le hacían falta piezas, y sabía que lo que debía hacer en ese momento era conseguir el recuerdo faltante, fuese lo que fuese.

Dumbledore le extendió una taza de té, se lo llevo a los labios por inercia, hasta que recordó la orden estricta del pocionista, y era clara, no beber absolutamente nada que el director le diera, la bebida aún estaba caliente y desprendía un aroma dulce, algo que lo incitaba a beberlo, sin embargo fingió hacerlo y bajó la cabeza asintiéndole.

Es necesario obtener el recuerdo faltante, ¿lo sabes verdad Harry?

Por supuesto... ¿qué hay con el segundo recuerdo?

El director le extendió el frasco, dejándose llevar por los recuerdos del director, la segunda ocasión que Voldemort solicitaba el cargo de profesor, ya no era aquel joven apuesto, sus facciones habían cambiado un poco, aquella piel se había puesto blanca y no se podía negar ya el color carmesí en sus ojos.

La conversación careció de importancia, y Harry se preguntó por qué demonios le mostraba un recuerdo de algunos minutos, donde a él se le negaría el puesto. Sin embargo el mismo Dumbledore le dio la respuesta, al preguntarle a Voldemort ¿a qué había ido al Castillo? Tuvo una razón de más para entrar, quizás a buscar otro objeto, teniendo en cuenta que tenía dos reliquias de los fundadores, y la diadema se encontraba perdida, quizá atesoraba algo de su casa, de Godric Gryffindor, tenía que ir a buscar algo, o alguien, todo era confusión.

¿Qué fue a buscar?

Tengo teorías, pero antes de corroborar una de ellas necesito que me traigas ese recuerdo.

Lo haré.

Te veo en tres días, me gustaría que me mostraras lo que has aprendido con el profesor Snape.

Dijo que nuestras reuniones no serían prácticas —le recordó con saña.

No lo serán, quiero ver cuánto has avanzado. —Harry asintió tomando la taza de nuevo, con un hechizo no verbal la hizo desaparecer intentando recordar el aroma y averiguar qué era lo que él le daba.

Si eso es todo me retiro.

Antes de que lo hagas me gustaría pedirte que consideres el lugar de Sirius, él se encuentra preocupado por ti, me dice que desde que tuvieron una discusión ustedes no han vuelto a... frecuentarse, él era amigo de tu padre Harry, el mejor amigo de James, por eso lo nombró tu padrino.

¿Sirius lo mandó? —preguntó con hostilidad.

No, pero me importa que no dejes de tenerle ese cariño, lo de tu padre es... inestable, no se logrará nada hasta que no recuperes tus recuerdos, tu padre no es seguro y Sirius sí.

¿Le dijo por qué no volví a la Sala de Menesteres? —el director negó y Harry sonrió con malicia acercándose— porque él se atrevió hablar mal de mi papá, le aconsejo que no cometa el mismo error, o tendrá que buscarse a otro "Elegido"

Intentaba concentrarse mientras leía aquel libro sobre hechicería, debía terminarlo para el fin de semana si quería practicarlo en su siguiente visita con Snape, se tomó la cabeza con dolor y anotó en una esquina su interés por un hechizo en especial.

¿Harry? —el joven alzó la vista para ver a una Hermione muy preocupada.

¿Es la cicatriz?

Entre la cicatriz y la cabeza ya no sé qué es lo que me duele.

Ron le arrojó una botella de agua fría y éste se la puso sobre la cabeza, sintiendo un alivio casi inmediato, suspiró para ver como el pelirrojo lo observaba fijamente.

¿Se puede saber qué ven?

Estas... extraño —respondió su amigo, Harry movió la mano en señal de exageración—. ¿Cuánto tardará en llegar Sirius?

No tengo idea —respondió con indiferencia. En ese momento no le interesaba mucho convivir con su padrino, habían pasado por dos discusiones y no deseaba una tercera, pero Snape le había dejado ver que sólo así se quitaría de encima al director.

Al poco tiempo el perro llegó corriendo detrás de un árbol, cuando saltó hacia ellos era Sirius mucho más recuperado de lo que recordaba. Harry sonrió con sinceridad, a pesar de las discusiones no dejaba de tenerle cariño a su padrino, no olvidaba lo que había vivido a su lado, y consideraba que si aceptara a su padre todo sería más sencillo.

Sirius —lo saludó, un mareo le llegó y lo disimuló no levantándose del lugar.

Harry, me alegra que hayas venido.

Me complacería que dejáramos de pelear Sirius —el animago asintió y se sumergieron en una conversación tranquila sin contratiempos.

Harry bebió toda el agua de la botella y sentía como si hubiera corrido un maratón, cerró los ojos conteniendo el dolor y de nuevo las imágenes se mezclaban en su cabeza.

Veía su primo Dudley en un verano, mientras ellos se alistaban para las vacaciones él se sentó en las escaleras observándolos empacar, poniendo las compras en la maleta, podía ver trajes de baño, juegos para la arena, aquel sombrero rosa de su tía Petunia. Y a él deseando distraerse con algo.

El timbre sonó y Harry sonrió, seguro su padre ya venía por él. Cuando alzó la vista la señora Figg entró con una pequeña maleta, saludó a los señores Dursley y le entregó a Harry una pequeña caja donde había pequeños pastelillos de chocolate, a escondidas le dio algunas películas y le señaló que se fuera a la sala mientras despedía a la familia.

¿Harry? —le llamó Hermione asustada—, ¡Harry! ¿Estás bien?

No fue por mí, me dejó en casa —susurró en un aliento.

Puso aquella película protagonizada por un grupo de niños en un campamento, se llevó el último pastelillo y lo comió casi entero. Sus tíos no permitían ese tipo de lujos para Harry. La imagen desapareció y se vio de nuevo en la escalera, tía Petunia lo vio con recelo cuando abrió la caja de pastelillos, él se intimidó y abrió la caja, dentro había una consola de juegos y se extrañó.

¿Te gusta? —le preguntó su padre.

¡Es fantástica!

Ve por tu maleta —le pidió el hombre.

Regresamos en una semana —le dijo la mujer.

Podrías no regresar... Harry no volverá Petunia, me iré con él directo a Hogwarts, nos vemos en las navidades... los tres días que te corresponden.

Aún no logro comprender cómo tienes al niño dentro.

Es algo que no te incumbe.

El acuerdo era que él tenía que pasar conmigo...

Sí, nosotros hemos llegado a más de tres acuerdos, el primero lo rompí porque lo golpeaste, el segundo por el accidente en la piscina, y el último porque te negaste a llamarme cuando él me necesitaba, ahora los acuerdos entre tú y yo los hice polvo, lo traeré cuando me venga la gana.

Harry bajó con la maleta en la mano, le resultaba tan extraño verlo enfadado, su padre se la quitó para llevarla él, y lo tomó de la mano para salir de ahí.

Que pases excelentes vacaciones Harry... en tu casa esa —se burló su primo—. Iremos a las mejores playas de...

Mi papá y yo iremos a Italia —lo interrumpió.

¿Italia?

Usa un mapa Dudley. —El niño se le quiso dejar ir a Harry pero el hombre lo detuvo de la camisa poniéndolo en las manos de Petunia, que abría los ojos desmesuradamente al ver cómo trataba a su hijo.

Controla a tu bestia Petunia, enséñale algo de modales, ya que ese colegio no está sirviendo. —Antes que ella respondiera salió de ahí llevándose a Harry consigo.

¿Listo para las vacaciones? —le preguntó a su hijo.

¿Dos semanas?

Quizá... un poco más —le sonrió el hombre, recibiendo un abrazo… y de pronto dejó de sentir sus brazos.

¿Harry? Ya casi está la cena, y si la comes toda quizá mañana me acompañes al centro comercial —le dijo la señora Figgs.

Harry se sentó en la mesa y una sopa estaba ya servida, alzó la vista sonriendo. Todo le resultó más extraño que nunca.

¡Harry! Ron debemos llevarlo al castillo —pero Sirius la detuvo, revisando a su ahijado.

¿Harry qué ves? ¿Es Voldemort?

Sirius, debemos llevarlo —lo quitó Ron ayudándolo a levantarse.

Harry se incorporó aferrándose a sus amigos, quería pedir algo pero las palabras no salían, no sabía a ciencia cierta lo que necesitaba, como si le estuvieran arrebatando todo.

...

Hermione estaba con Ron y Ginny en la enfermería, situados en una esquina donde creían que la medimaga no podía verlos, la joven se levantó y se dio cuenta que Harry estaba sentado sobre la camilla y respondía algunas preguntas de Madame Pomfrey.

Te digo que Harry está así desde que va con el director.

¿Pero Dumbledore haciéndole algo? Es imposible Hermione —le respondió Ron tajante.

No lo sé, Harry no confía en el director —se sumó Ginny pensativa—. Cada vez que va lo hace con recelo, pero sabe que no podrá dejar de ir hasta que consiga el otro recuerdo.

Entonces debemos ayudarle a obtenerlo —los hermanos Weasley asintieron a Hermione, vieron como Harry se levantaba y se unía a sus compañeros—. ¿Qué te dijo?

Que no es nada, que es la presión de los exámenes.

Tú no tienes presión sobre los exámenes.

Tuve esta sensación, es como cuando los recuerdos fueron llegando... el dolor de cabeza y la confusión.

Creo que deberías decirle al profesor Snape —sugirió la castaña.

Estoy de acuerdo con Hermione, dijiste que es el único en quién confías en el castillo, él debería saberlo —se unió su novia, Ron se quedó callado pero cuestionando lo que su amigo había decidido hacer.

El profesor lleva meses instruyéndome, quedaré como un idiota, no se enterará —las chicas se dejaron caer sobre la pared inconformes y Ron también lo estaba, aunque lo disimulaba muy bien.

Snape parecía ansioso las últimas semanas, sufría una urgencia por largarse de ahí antes que todo se complicara, pero mientras no pasaran los días que Hermione debía estar tranquila debía estar atado al castillo.

Cuando entró a sus aposentos la vio terminando un ensayo en la cama, estaba con la bata de baño y su cabello aún mojado, ella sonrió al verlo entrar, él correspondió el gesto sin decirle nada, se quitó la túnica despacio y se acercó a ella con discreción.

Desde la posición donde se encontraba podía ver sus senos libres y las piernas que hacía tiempo no tocaba. Desvió la mirada desabrochando los primeros botones de la levita y de reojo puso atención en el pergamino que iba escribiendo la joven.

Buena hipótesis —reconoció su esposo haciéndola sonrojar.

Gracias... déjame hacer mis deberes, ni una palabra más —le advirtió—. Quiero que la nota sea mía, y no recibir tu ayuda —él sonrió asintiendo.

Estás preciosa.

Hermione se sonrojó dejando la pluma sobre el tintero, él aprovechó el momento para besarla, al poco tiempo tenía recostada a su esposa por debajo de su cuerpo, mordió su labio con delicadeza mientras Hermione le abrazaba con entrega, bajó por su cuello dando pequeñas succiones, ella se quejó por un momento pero no se negó, en cuanto bajó la bata de un hombro Hermione gimió y eso terminó por encender a Severus.

Su seno quedó libre, el hombre vio a los ojos a su esposa antes de chupar su pezón con intensidad, ella gimió cubriendo ambos pechos incorporándose. Severus suspiró acostándose a su lado, moviendo su erección queriendo ocultarla de la vista de su esposa, ella respiraba con dificultad sin tener el valor de decirle nada.

Iré a dar la guardia, regreso en un par de horas.

Severus lo siento —se disculpó haciendo que el pocionista se regresara y le diera un beso en su frente.

No importa, termina tu ensayo y metete a la cama.

En serio quiero hacerlo, pero... no creo estar lista.

No quiero que te preocupes por eso Hermione —le aseguró besándola—. No pasa nada, no debí... hacerlo aún.

Lo siento —le pidió levantándose y cerrando la puerta del baño detrás de ella—. Comenzarás a hartarte, —le dijo aún dentro.

Nunca lo haré, necesitas estar sola... regreso en un par de horas, sólo vigilaré a los prefectos y vuelvo... ¿Hermione?

Te espero despierta...

Esta bién.

...

Severus caminaba incomodo maldiciéndose por haber empezado ese juego, debió suponer que no estaba lista, y pasarían meses para que lo estuviera, cada encuentro le recordaría que no podría concebir. Bajó las escaleras con rapidez asegurándose que el prefecto de Ravenclaw se encontraba en su lugar, se dio la vuelta hacia los baños del segundo piso, el silencio reinaba hasta darse cuenta que ahí debía estar Hermione, volvió a maldecir, cuando se dio la vuelta escuchó el estruendo, parecía como si alguien se batiera a duelo, sacó la varita y siguió los pasos con lentitud, comenzó a correr cuando escuchó la voz femenina que gritaba ¡Asesinato!

Severus entró al baño más pálido que de costumbre, Draco Malfoy estaba tendido en el piso lleno de heridas y la sangre salía con rapidez, a su lado Harry estaba inclinado completamente asustado, se acercó con rapidez haciendo a un lado al Gryffindor, con su varita fue cerrando las heridas, una a una dejaron de sangrar ante la mirada aterrorizada de su ahijado.

Pa...drino...

Guarda silencio —le pidió terminando de curarlo—. La maldición no era fuerte, ¿puedes levantarte? —el joven Slytherin se levantó observando a Harry con incredulidad.

Yo...

Malfoy ve tus recamaras, te mandaré con un elfo unas pociones, sabrás como usarlas.

Sí, señor. —Padre e hijo se observaron con intensidad una vez que quedaron a solas.

Alcánzame en mi despacho, y entrégame el maldito libro donde sacaste esa maldición.

Profesor...

¡Ahora! —le exigió alzándole la voz y saliendo de ahí.

...

Cuando Severus entró Harry ya estaba ahí, le sorprendió la osadía que tuvo al llegar con las manos vacías, se molestó pero supo disimularlo.

El libro.

No hay libro, lo escuché... en algún lugar.

No Potter, no haga eso —le pidió sonriendo con maldad—. No me mienta, fue un Sectusempra lo que usted usó en el señor Malfoy.

Pues antes de restarle puntos a mi casa, debe saber que lo que él quiso usar, fue la maldición cruciatus. —Snape se quedó callado analizando la situación—. Sólo me defendí... pero no sabía cómo reaccionaría el hechizo, no lo había probado.

Retírate.

¿Sin... puntos menos? ¿Ni castigo?

Por Merlín... te enseño magia negra, ¿con qué cara voy a castigarte? —Harry se dio la vuelta nervioso, esa actitud de Snape fue sumamente extraña—. Sin embargo abandonaste tu ronda, 20 puntos menos.

¿Y Malfoy?

Y Malfoy —arremedó Snape con la poca paciencia que le quedaba— de eso me encargo yo, lárgate en este momento.

Harry abrió la puerta con rapidez y salió de la misma forma, no podía arriesgar un solo punto más, corriendo el peligro que fuera severamente castigado.

Hermione encontró a Harry sentado en la sala común, se tomaba la cabeza con fuerza y susurraba cosas que solamente él podía comprender. Su amiga se acercó a él dándose cuenta que tenía fiebre, a pesar de tenerla enfrente él no la había saludado, la sala común estaba vacía y él seguía susurrando.

¿Harry? Harry debemos ir con Snape por favor.

Hermione...me duele mucho.

¿Fuiste con el director? —el joven asintió cerrando los ojos, su amiga se mordió el labio por la impotencia, ayudó a Harry a recostarse sobre el sillón—. Iré por una poción con Madame Pomfrey, y después... iremos con el profesor Snape.

Dame... un pergamino, quiero escribirle a mi papá —ella sacó el tintero y la pluma, junto con lo que le pedía, lo hizo nerviosa.

¿Harry qué ocurre?

No lo sé —le mintió asustado.

La joven no perdió más tiempo y salió rumbo a la enfermería, espero a la medimaga cinco minutos y cuando vio que no regresaba, fue hacia el armario buscando la poción que necesitaba, cuando cerró y se dio la vuelta vio al profesor Dumbledore parado en la puerta observándola.

Señorita Granger. —Le saludó sin moverse.

Profesor Dumbledore...

Un poco tarde para estar fuera de la cama ¿no le parece?

Harry se siente mal, venía por una poción —le respondió con seguridad mostrándosela—. Van... muchas veces donde Harry no se ha sentido bien últimamente... coincide con... sus reuniones —se atrevió a decirle con orgullo y valentía.

Deberíamos llamar a un medimago entonces.

Él sufre algunos síntomas... de envenenamiento.

¿Qué esta insinuando? —le preguntó con pasividad.

Que alguien le está haciendo daño a Harry, y usted como el director debe averiguar.

Confió en cada uno de los alumnos y profesores, señorita Granger, no creo que alguno de ellos este envenenando a Harry —le respondió acercándose a ella—. Tenga la plena seguridad que me encargaré de lo que usted me está diciendo.

¿Lo hará?

¿Algún motivo para desconfiar de mí? No debería hacerlo señorita, con quien pasa tanto tiempo Harry es con el profesor Snape.

Estoy completamente segura que el profesor jamás tocaría a Harry —le dijo con rabia disimulada.

Veo muy... fuerte el afecto que le tiene al profesor, pero no puede confiar más en él que en mí ¿o sí?

Nuestros encuentros han sido turbios y extraños profesor.

¿Habla de aquellos donde la increíble coincidencia, nos hizo encontrarnos en los aposentos del profesor Snape? —le preguntó sonriendo, haciendo que Hermione diera un paso hacia atrás—, no crea que lo he pasado por alto señorita Granger, sólo necesito una... pista —susurró quitando una pluma de sus cabellos castaños, haciendo que la peineta de plata se apreciara mejor— una muy... buena pista para comprobar mi teoría.

¿Qué teoría?

La joven sintió aquella intromisión, se puso nerviosa pero intentó defenderse como su esposo le había estado enseñado desde que perdió a su hijo, creyendo que de esa manera lograba que ella se distrajera. Cerró su mente pero supo perfectamente que algo pudo ver el profesor.

Que esos encuentros... no eran coincidencia... ¿me va negar que ha estado durmiendo en las mazmorras? —Hermione se quedó callada, ni siquiera buscó una frase coherente por decir, toda el habla había quedado imposibilitada, sintió temblar aunque luchó por qué no se notara— sin embargo, aprecio mucho al profesor Snape, es de gran utilidad para el colegio en este momento, no quisiera que eso se viera opacado por la aventura con una alumna.

No sé de qué habla.

Todo hombre tiene siempre una amante señorita, está en la mujer ser un poco más inteligente. No creo que quiera ver su futuro empañado ¿o sí?

¿Me está amenazando?

Le estoy haciendo ver sus opciones señorita, si la expulsan del castillo sería una verdadera lástima para un futuro tan prometedor como el suyo. —Le dijo con lentitud.

Haga lo que crea prudente, que mi futuro ya lo decidí yo. —Respondió con seguridad.

No puede hacerlo, cuando tal cosa no le pertenece —Hermione no entendió el mensaje, pero se quedó callada, permitiendo que el profesor se diera la vuelta y la dejara sola.

Snape dobló los ojos con fastidio ante el alumno que tenía enfrente, bufó con hastío antes de levantarse y dirigirse ante sus alumnos, calló al Gryffindor de inmediato, no estaba dispuesto a seguir escuchando más estupideces ni un minuto más.

Señor Finnigan, el Profeta no estaba hablando de ningún inferius, si pudiera leer completa la nota no era más que un sucio ladrón llamado Mundungus Fletcher. —Le respondió con cansancio—, sin embargo, responderé su duda... ¡Señor Potter! —alzó la voz al ver que se encontraba distraído—. ¿Podría decirme la diferencia entre un inferius y un fantasma?

... Bueno...los fantasmas son transparentes —el profesor alzó una ceja sorprendido.

Estupendo, ya veo que seis años de educación han servido para algo señor Potter "los fantasmas son transparentes".

Bueno... lo que quise decir es que físicamente el fantasma es transparente y... el inferius al ser un cadáver tendría que ser sólido. —Snape frunció el ceño confundido.

Bastante lógica la suya Potter, 30 centímetros de pergamino sobre la duda del señor Finnigan, 20 puntos menos a Gryffindor por su respuesta Potter, fuera de mi vista.

Todos fueron saliendo con lentitud sorprendidos de que el profesor los dejara libres cuando faltaban al menos 20 minutos de clases, vio a su hijo no responder a sus ataques. Guardó el único cuaderno que llevaba y lo vio a los ojos confundido, lo llamó con la mirada para que entrara al despacho, el joven se despidió de sus amigos y entró detrás del profesor.

Cierra la puerta. —Harry lo hizo y de inmediato se recargó en la puerta bastante cansado—. Los fantasmas son transparentes —repitió no creyendo lo que respondió—. ¿Qué clase de respuesta estúpida fue esa?

No lo sé. —Susurró alzando la vista, Severus se acercó a él dudoso.

¿Potter? —le llamó, el joven lo observó y vio una extrañeza en sus ojos.

Un inferius es un cadáver... y es usado por magia negra.

Olvida la maldita pregunta —le ordenó sacando la varita, hizo un chequeo sin poder distinguir nada—. ¿Hiciste alguna magia nueva?

No... ayúdeme —le pidió sin darse cuenta.

Estas teniendo un retroceso... es imposible... Albus...

No he bebido el té —le aseguró desesperado.

¿Ni una gota? —el joven negó, el profesor lo ayudó a sentarse—. Dejaras las reuniones, no quiero que hables con él ni lo veas, nos vamos el próximo fin de semana.

Pero el recuerdo...

Lo haremos sin el recuerdo —le ordenó alzando la voz.

Conseguí el recuerdo... anoche el profesor Sloughorn me lo entregó —Severus maldijo cerrando los ojos derrotado—. En cuanto el director me diga que es... nos iremos.

Te doy una semana, no más.

¿Profesor? No permita que olvide —le pidió casi en suplica.

Severus lo tomó del hombro asustado, su hijo no podía tener un retroceso, ahora más que nunca necesitaba que su mente se mantuviera fuerte, requería que él lo recordara. Albus no pudo haber hecho nada, qué había fallado entonces.

Lo ayudó a sentarse sobre el sillón mientras revisaba sus ojos, su mirada era lo que más lo inquietaba, la debilidad en sus manos y su mente ausente. Estuvo revisándolo hasta que Harry vio fijamente el librero que estaba frente a él.

¿Potter? ¿Qué sucede? —el joven se quedó callado sin moverse.

Su padre lo llevaba en brazos, caminaron una larga avenida hasta el centro médico, apenas debía tener los tres años, tenía su cabello largo y alborotado, llevaba unos pantalones cortos color verde y una camisa sin mangas color gris, no tenía idea de a donde se dirigían.

Recordaba haber sostenido con fuerza aquel tren de juguete, si se concentraba aún recordaba el sonido y las luces que tenía con cada botón.

Tengo sed.

¿Seguro? Aquí no habrá baños Harry. —Le advirtió con seriedad—. De acuerdo... sin accidentes por favor.

¡Jugo! —sonrió el pequeño al recibir la bebida.

Llegaron hasta el centro médico donde una enfermera los recibía, el pocionista entregó unos papeles y lo hicieron pasar. Se sentó en una silla de piel mientras preparaban la jeringa, tomó al niño y éste se sentó sobre las piernas de su padre, una de cada lado balanceándose, buscó que el niño volteara hacia él cuando la enfermera le puso la vacuna.

Observó el puchero que hizo el pequeño, juntando los labios y arrugando la nariz antes de romper en llanto, soltó el tren antes de tomar el cuello de su padre.

La enfermera le dio los papeles y él salió con el niño aún en brazos.

Calma, calma... ya pasó. —Le consoló con paciencia—. Vamos Harry...

Mi manita...

Lo sé pequeño —lo abrazó mientras el niño se protegía en su regazo—. Todo estará bien.

Potter, respóndame... —le pidió el pocionista—. ¿Bebió algo? ¿Te hechizaron? ¿Fuiste algún lugar nuevo?

No...

¿Es una intromisión? —le preguntó teniendo la última esperanza—. ¿Potter?

Pap... —se dejó caer sobre el sillón aún con los ojos abiertos.

Estaba sentado fuera del colegio con la mochila en el piso y el suéter del uniforme tirado, alzó la vista viendo cómo poco a poco sus compañeros se iban.

¡Harry!

Hola Mariane.

¿Te vas?

No, papá y yo iremos a comprar la despensa.

De acuerdo, te veo luego —se despidió la castaña con una mirada tierna.

Pasaron los minutos y un auto se estacionó frente a él, cuando abrieron la ventanilla su tío Vernon se asomó molesto.

¿Qué esperas chico? Sube ya...llevas toda la semana así —Harry tomó sus cosas y se subió a la parte de atrás donde Dudley comía papas fritas.

Se vio así mismo subir sin reclamos, sin dudas, como algo parte de su rutina, como si nunca estuviera esperando a alguien más. Cerró los ojos buscando no llegar a Privet Drice, cuando los abrió Severus le esperaba a un par de metros, él se levantó tomando su mochila.

Me demoró un asunto en el colegio, pero llegaron las vacaciones por fin ¿qué hace falta en la casa?

Todo, pan, leche, mermelada de fresa, jamón, huevo, helado de chocolate y galletas de nuez, creo que jabón y shampoo.

¿Helado de chocolate?

No viviré el verano sin helado, invité a Mariane a ver la televisión —se quejó con obviedad, Severus asintió dándole la razón.

Que sean un par de litros de helado entonces.

Y palomitas —agregó.

Y palomitas —aseguró despareciendo la mochila de los hombros de su hijo.

Harry vio el recuerdo más lejano, más borroso, a penas comprensible, no sabía cuál de los dos era su realidad, llevaba así tres semanas y no sabía cuánto soportaría.

Vio al profesor observarlo con desesperación, le preguntaba cosas que él no lograba escuchar, había olvidado porque había llegado al despacho. Y la sensación de entrar a un trance de paz lo invadió, perdiéndose en él.

¡Harry!... pero... ¿qué te hicieron? —le preguntó... pero él ya no lo escuchaba.