CAPÍTULO 16

Severus terminó por agregar las últimas hierbas al frasco, en él se encontraba la poción amarillenta que había preparado en un santiamén. Estaba preocupado, eso no podía pasarle en ese momento, cuando estaba tan cerca de llevarse a su hijo lejos del poder de Dumbledore. Estaba casi seguro que eso tenía que ver con las reuniones con ese vejete, pero hasta no poder comprobar nada debía detener ese retroceso, y sacarlo lo antes posible.

Lo vio ya recuperado descansando sobre el sillón, con un semblante agotado y con unas ojeras bastante notarias. Le extendió la poción, el joven sin preguntar ni replicar la bebió de inmediato, haciendo un gesto al percibir el sabor amargo de los ingredientes.

Entregue el recuerdo, intente sacar la mayor información posible, salga de ahí y cuando eso suceda quiero que me lo notifique.

¿No es demasiado apresurado? —preguntó indeciso.

Si nos arriesgamos más tarde no podrás defenderte del señor tenebroso, y lo único que recordaras es a Petunia y a tu petulante primo —Harry asintió resignado, pero temeroso de que los planes tuvieran que cambiarse tan de repente.

¿Podría entregarle esto a mi padre?

La pregunta tomó por sorpresa al pocionista, Harry le extendió un pequeño pergamino doblado en forma descuidada, la tomó por instinto asintiéndole, provocando que su hijo se quedara más tranquilo, aunque mantenía ese semblante de preocupación y tristeza, Severus comprendía cómo debía sentirse en ese momento, pero no podía asimilar el miedo que podía ver detrás de esa mirada, que se negaba a verlo de frente.

Quisiera que fuera lo antes posible.

No se preocupe, lo recibirá esta misma noche. Vaya a descansar Potter.

Soy más débil en mis sueños —le confesó.

El miedo es su peor consejero, no lo olvide. Si te rige el miedo sucumbirás en el terror, no te entrené para eso. —Harry asintió un poco molesto consigo mismo—.No te quiero en un estrés total, cena y ve a dormir —le ordenó tuteándole con calma, Harry no preguntó, todas esas conversaciones eran tan naturales y familiares, que era como si lo hubiera escuchado hablarle así toda la vida.

En cuanto Severus se aseguró que su hijo no regresaría, cerró la puerta con llave, extendió el pergamino ansioso, vio una caligrafía diferente, la había escrito con su mano temblando, sus ojos se movieron con rapidez al leer la misiva, y bajó la misma al darse cuenta que si por él fuera, tomaría a su hijo y a su esposa para salir cuanto antes de Hogwarts.

Se quedó en calma, no podía perder el control, era algo que continuamente le repetía a su hijo, no podía dejar que las emociones lo manejaran por completo, debía pensar con calma y tomar las decisiones pertinentes.

Papá:

Sé que me has pedido continua paciencia, y he procurado tenerla, practico todo lo que puedo, avancé demasiado en duelo, el profesor dice que mi mente ha aprendido a defenderse con naturalidad, pero tengo problemas, la magia no me está respondiendo como debería, es como si no hubieran pasado estos meses.

No he podido decirle al profesor Snape, él me dio una única misión y era conseguir la información con el profesor Dumbledore, fallé papá, no sólo no he podido hacerlo, sino que por alguna razón creo que esas reuniones son las que me están poniendo en el límite de la locura, llegan tantos recuerdos en mi mente que me es imposible identificar cual es el acertado.

Mi única oportunidad la tengo en mis manos, el recuerdo faltante que terminará por unir todas las piezas, cuando consiga toda la información podré decirle al profesor, no quiero volver a ver en su mirada desagrado, que al final termine corroborando que perdió el tiempo conmigo, y sigo siendo un inútil que tiene magia solamente porque lo lleva en los genes de sus padres, y no porque pueda ser productivo en algo.

Solamente a ti podría confesarte el miedo que tengo de perder todo lo que he tenido en estos meses. En forma desesperada me atrevería a pedirte que vinieras, que pudieras sacarme de aquí, de la misma manera en que lo hiciste de la casa de la tía Petunia, pero no olvido que era un niño en ese momento, ahora tengo 16 años y debería hacerme cargo de mis propias responsabilidades. Pero tengo miedo, y sé que no es correcto, me estoy haciendo cada día más débil, más vulnerable a Voldemort, a Dumbledore, y mi mente está perdiéndolo todo.

Ayúdame papá...

Harry

Severus entró a sus aposentos, dentro de aquel cajón aseguró los papeles de importancia, el testamento que había hecho hacia algunos meses, el papel donde le garantizaba que él era el padre y único poseedor de la custodia de Harry James Snape Prince, su acta de matrimonio con Hermione, así como un cofre lleno de galeones que garantizarían la protección de alguien por varios meses.

Cerró de inmediato el cajón cuando escuchó la chimenea activarse y salir ahí a Hermione, al mismo tiempo que sacudía de su uniforme las cenizas.

Intenté entrar y tienes cerrado el despacho.

Olvide abrir la puerta —respondió sin un rastro de emoción en su voz.

¿Qué tienes en ese cajón? —le preguntó una vez que vio a su esposo cerrar con llave y guardarla en su cuello.

Nada. —Hermione de pronto se sintió pequeña con esa respuesta—. Saldré.

Pero si no hay ronda.

Tengo asuntos que atender, no me esperes despierta —Hermione lo vio cambiarse la túnica, ni siquiera se había tomado un minuto en verla, se preocupó por un momento al pensar en que quizás él estaba hartándose de su rechazo.

Severus...

¿Tienes cosas de importancia en tus habitaciones de prefecta?

...Pues... la mayoría de mi ropa está aquí, tengo libros allá y las llaves de la casa, mis papeles, algo de galeones y cosas personales, debo tenerlas, sino cuando mis amigas entren verán que esa habitación está vacía. —Le explicó logrando obtener la atención de Severus.

Trae todo lo que puedas, por si un día necesitamos salir en forma apresurada.

¿Qué ocurre? —le preguntó con temor.

Nada, ya te dije que no debes preocuparte.

Si pasa algo quiero saberlo —su esposo se regresó a besarla en la frente.

Yo arreglaré todo, descansa linda. —Se despidió dejándola en medio de la habitación y asegurando la puerta.

Harry acarició el pergamino que acababa de entregarle el profesor Snape, ansioso por abrirlo, su padre se percató de ello y sonrió por dentro.

Puede abrirlo si no soporta la curiosidad.

Estoy bien —mintió—. Tengo la información señor, podemos irnos cuando usted diga.

El corazón de Severus Snape latió con fuerza, le pidió que se sentara mientras servía un par de copas, vio a su hijo sonreír cuando le entregó aquel vaso con una pequeña cantidad de vino.

Dime ¿cuál es el secreto?

Es el motivo por el cual no murió cuando mató a mis padres, y por el cual no podrá morir, hay cierta inmortalidad en él.

Es imposible eso —escupió con desprecio el pocionista.

Intento buscar la inmortalidad, con horrocrux... creó siete. —Severus cerró los ojos asustado, negó con la cabeza con impotencia.

¿Dumbledore sabe dónde están?

No —ante su respuesta Snape se enfureció—. Pero cree saber cuáles son, el diario de Tom Ryddle que destruí hace años, al parecer él se encargó de un anillo, a eso se le suma un guardapelo de Slytherin, la copa de Helga Hufflepuff, su serpiente, los otros dos podrían ser objetos de los otros dos fundadores.

Bien... ¿te dijo algo más?

Que está cerca de destruir uno, pero no me dijo cual, ¿señor la información le ha molestado? —le preguntó buscando la atención de Snape.

No, pero complica los planes.

Lo sé...

Pero no los planes a corto plazo, todo sigue según lo estipulado. Vaya a descansar, y no se entreviste con Dumbledore en ninguna parte.

Si señor —Harry se retiró ante la mirada perdida del pocionista.

Cuando Harry salió no esperó a llegar a la sala común, se recargó sobre la pared y abrió el pergamino con rapidez, esa caligrafía delgada y fina apareció transmitiéndole de inmediato seguridad, ahí estaba él, aún vivía y era real.

Harry:

Se acabó, no habrá más preocupaciones, el viernes a media noche iré por ti, confía en Snape un poco más, cuando tengas tus recuerdos, todo será más fácil, comprenderás que nunca te abandoné y estuve más cerca de lo que tú crees.

Volverás a casa Harry, conmigo.

Era una pequeña nota, de tres líneas solamente y en ellas estaba depositadas todas sus esperanzas, respiró con libertad, en cuanto su padre fuera por él todo acabaría, el poder de Dumbledore no llegaría hasta él.

Harry subió corriendo las escaleras hasta llegar a su habitación, revolvió todo el baúl hasta encontrar la poción que buscaba. Tomó el mapa del merodeador y se lo metió a los vaqueros, su capa de invisibilidad ya la llevaba sujeta en el antebrazo.

No sabía si estaba tomando la decisión correcta, pero creía que eso podía ser de utilidad, además seria solo un par de horas en la que estaría con el director, y al día siguiente a media noche estaría con su padre muy lejos del colegio, la sola idea lo puso en ansiedad, por fin recuperaría esa parte que se le fue arrebatada cuando era un niño. Bajó a la sala común donde vio a las dos personas de las que iba poder despedirse.

Tomó a Ginny de la cintura hasta arrinconarla apartados de todos, al mismo tiempo llamaba a Ron que hizo un gesto de enfado, cuando tuvo que dejar a Lavander a medio sillón mientras se arreglaba la blusa. Cuando los tuvo cerca sacó la poción y se las dio, su novia lo observó con duda sin recibirla.

Dumbledore ha encontrado un horrocrux, iré con él a destruirlo.

Pero... ¿no dijo Snape que no hicieras eso? —le preguntó Ginny confundida.

Lo sé, pero no habrá forma de saber que debemos hacer con el horrocrux, sólo serán un par de horas y regresaré, pero acabo de ver a Malfoy entrando a la Sala de Menesteres, tomen el mapa y sólo asegúrense quién más entra ahí, estoy segura que planea eso con alguien.

De acuerdo. —Asintió Ron tomando el mapa.

Y por si la necesitan, les dejo la poción Felix Felicis —Ginny la tomó con cierta duda, sin decirle nada, ella no estaba segura que estuvieran haciendo lo correcto—. Denle también a Hermione, no la he encontrado en la torre.

No está... de nuevo no llegará a dormir —respondió ceñuda Ginny, provocando que Ron bufara bastante molesto.

¿De nuevo?

Ron cálmate —le pidió Harry—. Después hablaremos con ella.

¿Después? Seguramente ha regresado con ese imbécil que la dejó preñada, y no nos ha dicho nada, ni siquiera...

¡Basta! Lo arreglamos cuando regrese, Hermione me lo dirá —dijo bastante seguro de sí mismo—, Debo irme, cuídate ¿sí? —le pidió a Ginny, ella asintió abrazándole, como si presintiera que algo terrible sucedería.

Vuelve y cuídate Harry —él la vio a los ojos antes de besarla con suavidad, sin importarle que Ron desviara la mirada con asco.

Lo haré.

Le dio un suave beso en su cuello que la hizo gemir, quiso retractarse pero el deseo y el miedo fueron mayores que eso, abrió más sus piernas para que el roce fuera placentero y soportable. El hombre con cierta inseguridad tocó sus bragas mojadas haciendo una caricia donde se encontraba su entrada, Hermione detuvo el beso disfrutando de esa invasión, abrió los ojos para encontrarse con aquella mirada oscura y excitada de su esposo, ella no permitió aquella pregunta, se bajó la ropa interior al mismo tiempo que subía a sus caderas.

La besó con desesperación arrancándole la ropa, dejándola completamente desnuda y expuesta sobre de él. Una vez teniéndola dispuesta a todo, suavizó cada centímetro de su piel color manzana, pellizco un pezón haciéndola arquear hacia atrás. La recostó para después desnudarse, sintiendo la ansiedad de su cuerpo, podía olerla y sentirse ahogado por hundirse en ella.

En cuanto la abrazó ella lo enredó con sus piernas provocando una penetración suave y profunda, gimió soltándolo y provocando que él sonriera, se movió despacio estrechándola desde su espalda, permitiendo besarla tanto como quería.

Su excitación no podía negarla, era imposible, pero había cedido por ese temor que la abandonara, lo sentía tan distraído que comenzó a preguntarse si ella no había provocado su distanciamiento, había algo que le ocultaba y comenzaba a temer que se hubiese hartado y la abandonara en cualquier momento. Mordió su pecho cuando sintió el placer acumularse, él se aprovechó de su vulnerabilidad y salió de su cuerpo para entrar en ella con fuerza una vez, dos, tres hasta sentir que lo rodeaba con fuerza, gimió arqueando la espalda, dejando que él viera como temblaba de placer...

Ambos respiraban agitados, salió de su cuerpo con lentitud, recibiendo una queja de su parte. Ella esperaba que Severus dijera algo pero se quedó callado, tan sólo la abrazó viendo con disimulo sus piernas desnudas.

Tengo el temor que ya estés aburrido de mí —confesó al ver que no le decía nada.

¿Qué? no digas tonterías Hermione —le respondió sonriendo—. Eres mi esposa ¿cómo demonios vas aburrirme?

No lo sé, he estado con una actitud reprobable.

Y eso no evita que te siga amando y deseando, y no es reprobable, perdimos a nuestra hija y...estamos pasando por una mala etapa —le aseguró besándola—. No me molesta que te niegues a estar conmigo, pero creo que si ambos compartimos la pena será mejor para nosotros.

La hemos compartido.

Te has distanciado y has cambiado de actitud.

Pero no es por lo que piensas... no te lo había comentado porque no quería darte problemas —Severus se sentó para verla de frente, Hermione tomó las sábanas y cubrió sus pechos—. Creo que voy a regresar a dormir a mi habitación.

Severus alzó la ceja molesto, como pudo tomó el bóxer y se lo puso, Hermione lo detuvo cuando lo vio con la intención de buscar lo que restaba de su ropa.

Espera, no es por lo que crees.

¿Entonces ahora qué es?

El director sabe que duermo aquí, me lo dijo Severus y no creo que sea buena idea estarlo provocando, no sabemos su reacción, qué podría hacerte... o hacerme —susurró al final temiendo que aquel cumpliera su amenaza de echarla del colegio.

¿Cómo que lo sabe? ¿Te lo dijo él? —ella sintió preocupada—. ¿Cuándo? ¿Qué fue lo que ocurrió?

Creo que fui un poco altanera con él —se disculpó viéndole con culpabilidad—. Harry se encontraba muy mal, estaba como... drogado, fui a la enfermería y ahí estaba él, le hice saber al director de los síntomas de Harry, le dije que era como si Harry estuviera padeciendo algún tipo de envenenamiento, y que eso ocurría después de cada encuentro con ellos.

Espera un segundo, ¿cómo que envenenamiento?

No es que le administre un veneno para matarlo, pero creo que es un tóxico que está dejando a Harry vulnerable a todo, él se enfadó porque... lo culpé con cierta... sutileza.

¿Y ahí te mencionó que te ha visto dormir aquí?

Algo así, dijo que necesitaba una pista para comprobar una teoría, y lo dijo viendo la peineta que me diste en mi cumpleaños, acarició mi cabello mientras la veía —Severus se quedó callado y serio cuando recordó el objeto, pensó un momento intentando averiguar qué era lo que ese hombre planeaba en esos momentos—. Se metió en mi mente, creo lo vio ahí.

¿Te violentó de esa forma? —ella sintió provocando que su esposo se tensara, estaba furioso, no podía entender que le hiciera eso a ella, pero procuró por todos los medios no darlo a saber.

Aun así la peineta se lo dijo todo, no debí ponérmela...él no quiere que tú te veas afectado por una... aventura con una alumna.

Eres mi esposa, no una aventura —escupió poniéndose el pantalón—, ¿acaso te dijo que eres solo una mujer que se mete en mi cama, y de la cual me olvido al día siguiente? —le preguntó sin verla, poniéndose ese toque sarcástico, pero ella no respondió, se quedó callada—. ¿Te dijo eso?

Algo así.

Dime-literalmente-qué-te-dijo-como-se-atrevió-a-ofenderte. —Siseó furioso al pie de la cama.

Solamente dijo que todo hombre tiene una... amante pero debía ser más inteligente.

Ya veremos entonces.

Hay algo que él dijo y... no entendí.

Ese vejete delira Hermione, cualquier cosa que haya dicho debes ignorarla y pasarla por alto. —Expuso dándole la espalda.

Dijo que mi futuro podría verse empañado por meterme contigo, dijo que mi futuro no me pertenecía.

¡¿Te amenazó?!

No lo sé, no entendí nada. —Severus respiró con tranquilidad buscando contenerse—. ¿Qué quiso decir?

No debes preocuparte, porque mañana nos iremos de aquí.

¿Qué pasará con Hogwarts?

Ese es problema de Dumbledore.

¿Estás enfadado? —le preguntó viendo abrocharse su camisa blanca, él se detuvo besándola aún desnuda sobre las sábanas.

No, al menos contigo no. Pero es evidente que no permitiré que amenacen a mi esposa y quedarme tranquilo, le daré un motivo a Dumbledore para deshacerse de mí.

¿Y qué haremos después?

Dijiste que querías conocer a mi hijo.

¿En serio? —Preguntó sorprendida.

Sí...mañana lo haremos —Hermione no cabía en su asombro, le besó con frenesí aceptando la propuesta.

Subió con rapidez hasta la dirección, había llegado el momento en que tuviera que decirle sus verdades a Albus Dumbledore, se habían terminado las mentiras, no importaba en qué momento Hermione comenzó a ser su mujer, ni que estaban casados, todo se había terminado y se lo dejaría en claro, su sutil amenaza tendría que ser retirada de inmediato, jamás permitiría que ese miserable se atreviera a tocarla, no debía ni siquiera pensar en ella.

Subió la escalera de caracol, y abrió la puerta sin pedirle permiso, maldijo tirando una silla cuando vio que no estaba en el despacho. El silencio se le hizo sospechoso, ninguna de las pinturas de los ex directores se encontraba en su sitio. Observó con atención la estancia, la ira aumentó cuando vio ahí la túnica de Harry.

Le dije que no se volviera acercar —siseó furioso, solo esperaba encontrar a su hijo para gritarle como debería, lo haría como padre esta vez.

Se iba dar la vuelta, cuando vio una taza llena de un té color rojizo, el té que tanto mencionaba su hijo, lo tomó con cuidado aspirando el aroma, su vena comenzó a saltar de la rabia contenida, te mataré maldito...

Puso en un frasco una pequeña cantidad del té, y salió rumbo a la torre de Gryffindor, intentaba controlarse mientras planeaba lo que debía hacer, el poder y la ambición de Dumbledore eran mucho mayor de lo que él creía, se odio a sí mismo, ese miserable había estado envenenando a su hijo en sus narices y nunca se dio cuenta, lo peor de todo había sido que él fue quién lo mandó, él era el único responsable de que Harry estuviera perdiendo recuerdos y la confusión lo tuviera tan mal, nunca debió mandarlo por información, ahora debía trabajar el doble para recuperar lo que esa poción le había quitado a Harry, frenar el efecto y devolverle todo de una maldita vez, luego pensaría en las consecuencias.

Llegó hasta el cuadro de la dama gorda, exigiendo que llamara a algún prefecto o al Premio Anual, sin embargo ninguno salió, pero quién apareció fue más indicado que nadie.

Señorita Weasley, háblele al señor Potter, dígale que lo quiero cuanto antes en las mazmorras. —La joven sonrió nerviosa mordiéndose el labio en forma casi ansiosa.

Él no está aquí.

Bueno pues... búsquelo.

No está en el castillo.

¿Cómo dice? —preguntó con una mirada amenazante mientras asechaba a la joven.

El profesor Dumbledore se lo llevó, le digo esto porque creo que debería saberlo... hace hora y media que Harry se fue.

¿A dónde se lo llevó señorita Weasley? —le preguntó conteniendo cada una de sus emociones.

No lo sé, dijo Harry que en un par de horas volverían... ¿profesor?

Severus se dio la media vuelta rumbo a la dirección, en ese momento él había perdido la razón y el poco sentido común que le quedaba. Era demasiada información, saber que ese vejete había estado alterando la memoria, que él poco a poco había estado fortaleciendo había sido el inicio de su ira, haber amenazado a Hermione con aquella pequeña frase había sido un golpe tan bajo y ruin que merecía que él mismo terminara con su vida, si Dumbledore no regresaba con su hijo en una hora, voltearía todo el mundo mágico hasta hacerle ahogarse en su propia sangre, y por su bien más le valía que Harry regresara sano e intacto.

No pienso quitarle sus recuerdos, es su vida, me pides que elimine 10 años y no voy a permitirlo.

Es lo mejor Severus, estarás en el castillo, así que no te alejaras —le propuso con tranquilidad.

Es mi hijo Albus, mi responsabilidad, ¿crees que no le quiero? Lo tengo desde que era un niño.

Y sabrás tomar la decisión correcta para él.

Y la decisión correcta es que siga teniendo a su padre por supuesto, me pides dejarlo solo a voluntad de esos muggles, y del mundo mágico, sin mi protección.

¿Y cómo llegará entonces?

Como Henry Snape y se acabó, no voy a poner su futuro en tus manos —le advirtió levantándose, su molestia ya era notoria y evidente.

Su futuro no te pertenece Severus, solo formaste parte de él un tiempo —Severus lo observó con odio—. ¿Cómo podría pertenecerte su futuro, si ni siquiera puedes decidir por el tuyo?

Vete a la mierda —susurró al saber que tenía razón.

Al ser un mortífago su futuro no le pertenecía, no podía anhelar a una familia, a que Harry estuviera a su lado, a tener algo, y lo que más rabia le daba e que se lo recordara con Hermione, que no tenía el derecho de tener a una mujer, ni como amante, ni como esposa, pero la rabia incrementó cuando le hizo saber a ella que por culpa de él, ahora su futuro tampoco le pertenecía, sino solo aceptar lo que fuera sucediendo.

La marca comenzó a arderle pero él ni siquiera se inmutó, su mirada oscura y tenebrosa se fijaba en la puerta de madera, cuando creyó que nada pasaría, ésta se abrió, Dumbledore entró tambaleándose seguido por Madame Pomfrey y su hijo, cuando lo vio su ira no disminuyó, se tomaba la cabeza y sentía sus sentidos torpes, se encontraba distraído y ausente.

Oh Severus, que bueno que estás aquí, el profesor Dumbledore te necesit...

Sal Poppy —le pidió con frialdad sin moverse un solo centímetro.

Pero...

Sal, Potter usted también.

No, necesito hablar con el profesor Dumbledore y no puede esperar.

Es una orden señor Potter, he dicho que se vayan —la medimaga quedó atónita con el tono en el que se le habló, como pudo sacó al joven y cerró la puerta con lentitud.

¿A qué se debe tu visita Severus? —Preguntó sosteniéndose del escritorio.

¿Crees que nunca me daría cuenta lo que le estabas haciendo? —Cuestionó conteniendo su rabia—. Esto va más allá del peligro que crees que representa que recupere a Harry, va más encaminado con el odio que me tienes.

No te odio.

Sí, si lo haces, cuando obtuve parte de la custodia de Harry odiaste que pudiera tener más derecho sobre él, que tú. Y cuando lo adopté legalmente luchaste hasta quitármelo, por eso me convenciste de obliviarlo, porqué así él dejaría de ser mi hijo para tener influencia sobre él. —El mago sonrió al sentirse descubierto, llegó con pasos lentos hasta el escritorio viendo todo en el suelo—. Cuando él se puso de mi lado, dispuesto a alzar la varita en contra tuya, supiste que lo había recuperado.

Una decisión errada de tu parte, Severus.

Por eso le diste la maldita poción en el té, sabías que yo le habría prohibido que bebiera algo que tú le dieras...y concentraste todo en el vapor. Pero se acabó Dumbledore, me lo llevo hoy mismo de aquí.

¿Cómo piensas hacer eso? Él no se ira Severus, no lo hará. —Le dijo sintiéndose muy seguro de sus palabras.

¿A dónde lo llevaste?

Eso es algo que no te confiaría a ti.

Severus llegó a su límite, intento contenerse apretando sus manos en puño y luchando para no explotar, pero no lo pudo controlar y derribó al director sobre el escritorio, haciendo que el té cayera sobre el piso, la silla de madera cayó hacia atrás y su antebrazo se posaba con fuerza sobre su cuello.

¿Qué-le-hiciste? No lo repetiré Albus.

Asegurarme que la historia tome su curso y él ocupe el lugar que le corresponde y cada uno tome el camino que debe.

No estoy para tus acertijos ¿qué hiciste? —Le gritó fuera de sí.

Lo suficiente, un día cometí el error permitiendo que tuvieras a ese chico, no podría permitir que pasara de nuevo, la vida de Harry regresará a la normalidad Severus, con algo de suerte todo recuerdo de su mente se ha suprimido, como si fuera parte de un virus.

Se escuchó el fuerte golpe cuando Severus lo dejó caer en el piso, su varita se hundió en su yugular observándolo con desprecio, sonrió con malicia y locura contenida.

Una poción sería lo único que necesitaría para revertirlo todo, lo sabes.

Severus se sintió por primera vez intimidado e inseguro de sus planes, aquel mago sonreía con cierta ternura en su rostro, como aquel padre que ve a su hijo hacer una travesura y todavía negar el acto.

Te lo ganaste a pulso viejo, te metiste con mi hijo y con mi esposa. —Logró captar la curiosidad del director y ahora fue el turno de que el pocionista tomara el control—. A la que amenazaste nombrándola mi amante es mi esposa, me casé con ella en tus narices Dumbledore, Hermione es mi legítima esposa. Te equivocaste en eso... si soy dueño de mi futuro, y ella es dueña del suyo.

Comenzaron a tocar la puerta, el ruido debió alertarlos, Severus no se reincorporó y hundió más la varita observando con asco la tranquilidad que Dumbledore emanaba. La puerta se abrió estrepitosamente y Harry miró la escena horrorizado, Severus en cambio lo vio bastante molesto.

Sal de aquí, el vapor esta en toda la estancia.

¿Qué está haciendo?

¡Largo! ¿Cómo no pudiste darte cuenta que te estaba envenenando? ¡Qué aspirabas algo que te estaba haciendo olvidar! —Harry se quedó callado.

Señor, el profesor Dumbledore no está bien —Severus cerró los ojos conteniéndose, cuando lo abrió vio al director con odio.

¿A dónde lo llevaste y qué le hiciste?

Ha olvidado todo —mintió Albus viéndole a los ojos.

Severus observó a su hijo y todo instinto humano abandonó su cuerpo.

Avada Kedavra —la mano de Dumbledore cayó al suelo y sólo así Severus pudo recuperar poco a poco la normalidad en su respiración.

Harry no podía creer lo que veía, un profesor acababa de matar al director, en su presencia y siendo poseído por la rabia y lo que parecía el dolor. Snape se levantó acomodando su levita, se llevó el cabello hacia atrás satisfecho, por fin se había deshecho de él, cuando volteó a ver a su hijo se asustó por un momento, Harry tenía la mirada brillosa por las lágrimas, tragó en seco antes de sostenerle la mirada al pocionista.

Lo mató.

Potter, no es cómo piensa, sólo debe...

Mi padre estaba equivocado —Severus creyó caer sobre un acantilado cuando escuchó esa frase, Harry en ningún momento olvidó como le hizo creer Dumbledore, tan sólo fue el arma que ese miserable necesitaba para que él terminara matándole frente a los ojos de su hijo—. Usted no era de fiar.

Creí que te había hecho algo...creí que... mira Potter, tu padre viene ahora en camino, debo llevarte con él.

¿En serio piensa que voy a creerle eso? —le preguntó con claro aborrecimiento en su voz.

Entonces encuéntrese con él en...

¿Cómo saber qué es verdad? Si él... nunca quiso verme —Snape se quedó callado con dolor al escuchar esa frase.

Tengo la poción para que puedas tener lo que resta de tu pasado, podrás recuperar lo que el veneno de Dumbledore te causó, y lo que falta, podrás tener toda tu vida, saber quién es tu padre —le dijo casi en suplica.

No beberé nada que haya hecho usted.

Tendrás que hacerlo, así tenga que maldecirte. —Lo amenazó como último recurso.

Harry alzó su varita con rapidez, el pocionista ni siquiera se movió, las cosas se habían salido de control por un arrebato de locura. Severus se acercó y Harry empuñó su varita a la altura de su corazón, retrocedió dos pasos pensando en cómo lograr en un minuto su confianza, una que tardó meses en forjar.

Baja la varita Harry, vamos hablar.

No, no más mentiras, me envolvió, siempre supe que era un miserable traidor, y el amor a mi padre me hizo confiar en usted. —Escupió.

No es así.

Lo es, me manipuló.

¿Recuerdas cuando cumpliste cinco años? —le preguntó desesperado, eso hizo enojar a Harry, Severus puso su varita en el suelo, fijándose en su mirada—. Te compró un moto de control remoto, estaba de moda y todos tus compañeros la tenían, esa noche... jugando sobre la mesa arruinaste un libro de pociones ¿recuerdas? Le vaciaste un tintero encima —Harry estaba a punto de llorar, pero negó con la cabeza—. Lloraste y le pediste que no te golpeara, porque...esas vacaciones Vernon lo hizo, lo pagó caro, pero no pudo evitar que ese maldito te pegara.

¡Cállese!

Él levantó las manos en señal de rendición, tomó la tinta y te salpicó la cara, lo hizo hasta que comenzaste a reír.

¡No le creo! —dijo Harry temiendo de esas palabras.

Yo estaba ahí Harry, aquel verano en el curso de pintura ¿recuerdas? Yo solía recogerte, ¿recuerdas tu vida en Hogwarts? A las alumnas cuidarte, el amor que le tenías al Quidditch, solías robar pastelillos de las cocinas, y los elfos te perseguían hasta que...

Asesino —susurró cuando una lágrima cayó—. Lo mató como un cobarde, cuando él estaba débil para defenderse.

Severus guardó silencio, sabía que todo estaba perdido, movió un poco los labios, lo suficiente como para arrojarlo del otro lado de la habitación. Le dio una última mirada al cuerpo del director, no se arrepentía, él había provocado la única situación que le daría la posibilidad de que Harry nunca le perdonara, le odiara, y se alejara de él.

Salió de ahí con rapidez, pasando por los pasillos la marca volvió arder, o al menos se percató que seguía doliendo, al ver la soledad del castillo se dio cuenta que algo pasaba, vio a los mortífagos movilizándose.

Draco —le dijo cuando llegó hasta él, por fin lo había logrado, meter a tanto mortífago como pudo a Hogwarts—. Está hecho, no pude... resistirme.

¿Y ahora?

Convoca la retirada idiota, nos superarán en número, a estas alturas debido a tu sutileza la Orden debe venir en camino —El joven asintió dándose la vuelta.

Cuando logró ver que su ahijado por fin se iba, él bajó casi corriendo a las mazmorras, debía sacar a Hermione de ahí, si había perdido a su hijo no permitiría perderla a ella, huiría con su esposa y después en el momento en que menos esperara, Harry sería sometido para irse con él, fuese a la buena o a la mala.

Bajó las escaleras de dos en dos, cuando llegó a su despacho se aseguró que nadie entrara en lo que lograban salir de ahí. Abrió la puerta sin tener el mínimo cuidado, la vio dormida boca abajo, desnuda y tranquila, un nudo en su garganta se formó, la estaría arrastrando a su futuro, era verdad no le pertenecía.

Hermione, despierta —ella abrió los ojos somnolienta, sólo para girarse y seguir durmiendo—, vamos, arriba, debes vestirte.

¿Por qué?

Tenemos que salir de Hogwarts —le avisó serio sacando ropa para ella—. Rápido vístete, usa zapatos cómodos y una túnica de viaje, caminaremos por el bosque un largo tramo. —Para cuando terminó la frase ella ya estaba sentada, completamente despierta y asustada.

¿Qué ocurrió?

No tengo tiempo para explicarte, Hermione por favor vístete ya —ella se levantó poniéndose la ropa que le daba él, unos jeans con unas botas afelpadas, una blusa mal combinada con un suéter gris de cuello.

Severus iba empacar por la mañana.

No tenemos tiempo de empacar, debemos irnos ya, todo lo que podemos necesitar lo llevo aquí —Hermione vio como abría aquel pequeño cajón, metió un fajo de papeles por dentro de la túnica, una llave y un saco lleno de galeones.

Pero... ¿y Harry? —él se quedó callado intentando controlarse.

Te juro que voy a volver por él, pero ahora no podemos llevarlo con nosotros.

Pero...

Debes confiar en mí —ella lo pensó por un momento pero asintió, Severus tomó la túnica y cubrió su cuerpo con ella, subió la capucha y la besó—. Vámonos.

Harry salió corriendo del lugar con las manos temblándole, la impotencia aún la llevaba cargada en las venas, mientras pasaba por las escaleras tropezó un par de veces, podía ver algunos enfrentamientos en los jardines, pero no se detuvo a averiguar.

Entró a la sala común como alma que se la llevaba el diablo. Cuando llegó Ginny encabezaba a los alumnos para salir de la torre.

Luna nos avisó que hay mortífagos en el castillo.

¿Dónde está Hermione?

No ha vuelto —Harry asintió temiendo lo peor.

Dame el mapa. —La joven se lo entregó nerviosa, Harry lo extendió yendo directamente hacia las mazmorras, dos figuras se movían en los aposentos del hombre al que deseaba matar en ese momento—. Bastardo —susurró dándose la vuelta.

Ginny no le dijo nada, sólo recogió el mapa leyendo el nombre de Hermione Granger a escasa distancia de Severus Snape. Se mordió el labio asustada, Ron la veía con confusión esperando por alguna orden, su varita estaba lista para atacar.

Ve con Harry... fue a las mazmorras.

¿Con Snape?

Creo que sí... ahí está Hermione también... ¡Ve! No dejes que haga una locura.

...

Entró a las mazmorras usando la varita, las puertas se abrieron con fuerza. Cuando llegó a los aposentos se dio cuenta que ninguno de los dos estaban ahí, la cama estaba destendida y alguna ropa estaba en el suelo, Harry se mordió la lengua maldiciendo al pocionista una y otra vez.

Alzó la varita cuando escuchó unos pasos correr hacia él, reaccionó a tiempo antes de maldecir a su amigo. Dejó que Ron viera aquel escenario antes de arder en coraje también.

Se la llevó... vamos, debemos alcanzarlos en los jardines, la única forma en que podrán irse es a pie.

¿Hablas en serio? ¿Snape se llevó a Hermione?

¿No ves acaso? ¡Es su uniforme! Ese maldito a estado durmiendo con ella... se aprovechó... cuando le pedí que no la lastimara. —Gritó colérico.

...

La capucha se le resbalaba por lo rápido que iba, Severus frenó ocultándola detrás de una armadura, habían pasado corriendo al menos media docena de personas, lo cual se le hizo extraño a la joven, dado que casi eran las doce de la noche. Lo vio nervioso, y por primera vez en su mirada distinguió el miedo.

¿Severus qué pasa?

Nada, sigamos —susurró sin verla.

Salieron hacia los jardines y Severus pudo ver la corta distancia en la que podrían desaparecer de ahí, y si no podían tendrían que internarse en el bosque, una vez lejos de Hogwarts todo sería más sencillo, no perdería esa batalla, sólo se retiraba por el momento.

Severus... creo...creo que están peleando —Severus se giró para ver las chispas y los hechizos y maldiciones chocar con fuerza unos contra otros.

No te detengas, corre.

¡No! Dime qué está pasando.

Hermione... confía en mí ¿sí? Creo que lo correcto y más seguro es que salgamos de aquí ahora, sólo ayúdame —la joven asintió al verlo tan nervioso, él la besó antes de volver a tomar su mano—. No dejes de confiar en mí.

No lo haré. —Le prometió tomando su mando con fuerza, retomaron la marcha, se ocultó debajo de la capucha como se lo pidió y corrieron hacia los límites de Hogwarts.

Un hechizo le rozó al pocionista cerca del hombro, al sentir el peligro puso a Hermione delante de él para cubrirla con su espalda, volteó a ver quién había sido, la varita de su hijo se alzaba frente a él, a una distancia bastante considerable.

¡Harry! Severus... podemos irnos con él también —le dijo aliviada y emocionada, Hermione quiso correr hacia su amigo pero Severus afianzó el agarre en su mano— ¿Severus? —le cuestionó confundida.

Ven Hermione —le pidió su amigo.

¿Severus qué pasa?

Quédate detrás de mí —la sonrisa de la joven se borró de inmediato.

Si piensa que voy a permitir que se lleve a Hermione está completamente equivocado, ella se queda con nosotros.

Quiero ver cómo lo impide Potter.

Harry te voy a explicar esto —le dijo, pero la mirada de su amigo estaba dirigida a su esposo.

La Orden ya está aquí, enfrentándose y sacando a cada mortífago que entró a Hogwarts.

¿Mortífagos? ¿Hay mortífagos? —le preguntó sin poderlo creer— ¿Cómo?

Te diré como... él con ayuda de Draco dejo pasar a una horda de mortífagos mientras el profesor Dumbledore y yo estábamos fuera del castillo.

Harry no creo que el profesor Snape haya hecho eso, estaba conmigo —Hermione pudo ver como Ron bajaba la vista en desagrado.

Lo supusimos Hermione, cuando llegamos a las mazmorras todo indicaba que habías estado ahí —respondió el pelirrojo—. Pero el hecho de que se haya acostado contigo no significa que no hubiese pasado lo que dice Harry.

Lo que digo es que no creo que él estuviera involucrado.

Pues lo está ¿no señor?

Usted no quiso escuchar Potter, pero Hermione vendrá conmigo y después regresaré por usted y lo llevaré al lugar que le corresponde.

Hermione ven —le pidió por segunda vez su amigo, él comenzaba a tener miedo que perdiera frente al pocionista.

Harry... me voy a ir con él —le avisó con miedo, esperando la temida reacción.

Hermione se dio la vuelta pero Severus se mantuvo inmóvil, ella se confundió por un momento hasta que vio a lo lejos a los miembros de la Orden encabezado por Sirius, ella lo tomó de la mano y lo vio a los ojos.

Vamos Severus, antes que sea tarde.

Hermione no te vayas con él —le pidió Ron queriendo acercarse.

Ron...

Mató a Dumbledore —interrumpió Harry de pronto—. Lo mató como un cobarde.

¡No te atrevas a repetir esa palabra Harry! Y no me hables de esa forma —le exigió su padre, por primera vez quitó darle una bofetada y obligarlo a irse con él.

Lo mató cuando no podía defenderse, y ahora... huye como lo que es —siseó acercándose, Hermione volteó a verlo estupefacta.

Dime que es mentira —le pidió en un susurro, él se quedó callado bajando la mirada—. No, no, tú lo prometiste... juraste que no volverías asesinar.

Soy un mortífago —le dijo entre dientes.

Pero dijiste que toda muerte... sería...

Obligado, sí, lo recuerdo —respondió terminando la frase.

No pudiste ser obligado a esto... ¡lo mataste! —su esposo no pudo responder a esa acusación.

Hermione ven conmigo —le pidió Harry acercando su mano a ella, desesperado por querer saber qué le estaba diciendo el pocionista para convencerla, no alcanzaba a oír pero sabía que de alguna manera lucharía para que ella se quedara a su lado.

No lo hagas —le pidió su esposo, ella alcanzó a tomar la mano de Harry sin separar la vista de Severus— en las buenas y en las malas ¿recuerdas? —ella lloró cuando le dijo esa frase, mientras acariciaba su dedo anular. Harry aprovechó para jalarla y tomarla él, Hermione no tenía las fuerzas para nada, se sostuvo de Harry mientras lloraba, Severus cerró los ojos en rendición.

Pagará lo que hizo.

Ya lo estoy haciendo Potter.

No lo mates, por favor no... —Ron separó a Hermione de Harry, un hechizo atacó al pocionista pero éste lo desvió con un solo movimiento.

¿Realmente quieres hacer esto? —le preguntó el profesor.

Harry atacó al profesor en respuesta, sin embargo, Snape nunca lo hizo, no tenía esa fuerza para contraatacar a su hijo, necesitaba que de esa forma supiera que no buscaba dañarlo, que descubriera y uniera las piezas. Un dolor en su brazo captó su atención, y un hilo de sangre resbalaba por la manga de su túnica, él sonrió y vio a Harry con orgullo.

Bien hecho, me alegra saber que no perdí mi tiempo contigo, podrás con la misión.

Mataré a Voldemort... y después a usted. —Harry alzó la varita y de nuevo el pocionista no se mostraba con la intención de defenderse, Hermione tomó su mano con desesperación.

No lo mates te lo suplico, no lo hagas —le pidió llorando, Hermione la tomó de la cintura abrazándola, besó su frente bastante dolido.

No llores, no lo merece. —Le susurró besando su frente.

Déjalo ir, hazlo por mí —él asintió, vio como la Orden se acercaba y Sirius veía a Snape con un marcado odio.

A lo lejos Draco observaba toda la escena, la mirada de Severus y la de su ahijado se conectaron, el rubio asintió a su padrino alzándose la manga de la túnica, mostrando su marca tenebrosa. Severus le dio una última mirada a Hermione, la acababa de destrozar y no podía hacer nada para arreglarlo. Draco convocó la marca tenebrosa y ésta se alzó en lo alto del castillo, Severus la vio con dolor, Harry con odio y Hermione con sufrimiento.

Adiós —le susurró a su esposa antes de convertirse en una cortina de humo negro.

Hermione cayó de rodillas conteniendo el llanto, Harry se agachó a su lado abrazándole, mientras Ron se acercó a ellos y acarició su cabello sin decirle nada.

Harry... ¿qué demonios fue eso? —le preguntó el profesor Lupin.

Mató a Dumbledore —logró responder.

¿Y Hermione? ¿Qué le ocurre? ¿Por qué llora?

No le ocurre nada —siseó enojado estrechando a la castaña a su cuerpo, besó su cabeza en forma protectora—. Estarás bien —le prometió en un susurro.