CAPÍTULO 17
El viento soplaba con fuerza sobre los terrenos de Hogwarts, sin embargo él se mantenía firme en las puertas principales, su gesto inexpresivo de siempre adornaba su rostro y dos hombres custodiaban a su lado, Lucius Malfoy y su hijo como si fueran parte de esa "gloria" que creían vivir.
A lo lejos un hombre vestido de negro caminaba con una pasividad siniestra, parecía que lo veía a él pero no era así, tan sólo se aseguraba que por fin el castillo fuera por completo de su poder, se encontraba vacío, sin un solo estudiante o maestro, pero pronto se haría cargo que todo el mundo mágico afrontara su realidad y ese lugar fuera ocupado de nuevo, bajo su estricta revisión por supuesto.
—Mi señor —saludó firme el pocionista cuando vio a su señor llegar hasta él.
—Severus —respondió subiendo las pequeñas escalinatas, Snape se giró al ver como la capa de aquel hombre arrastraba por las escaleras hasta adentrarse en el castillo, un peso cayó sobre su cuerpo en ese momento, ver al Señor Oscuro entrar a Hogwarts nunca fue uno de sus planes, ni siquiera los más desesperados, un fallo más en él— hay un pequeño problema, me temo Snape.
—Las cosas no salieron como las planee mi señor —dijo con antelación al saber a lo que se refería aquel hombre.
Draco tragó en seco cuando vio a ambos magos dialogar en la entrada del castillo, por una fracción de segundos su padrino lo miró fijamente y le sonrió con cautela.
—¿No salieron según lo planeado? Tu... tu deber era... darme a Potter —siseó sonriendo sin esconder su varita—, pero me sentí un poco decepcionado cuando mis hombres me dijeron, que lo dejaste escapar con la Orden.
—En este tiempo he conocido demasiado bien al chico, mis planes nunca fueron llevármelo a la fuerza, sino por voluntad propia.
—Eso me tiene sin cuidado Snape.
—Para mí no —se atrevió a retar a Voldemort—. Si él accede podré tenerlo por completo mi señor, no pondrá en dudas mis palabras, no se detendrá si le ordeno algo, él lo hará —susurró Severus teniendo un deja vu cuando su hijo convocó el ochrana, creyendo que de esa manera lo estaría protegiendo de Dumbledore, olvidándose de todo por un momento—. Así funciona Potter, su lealtad sería por completo mía y yo iba aprovecharme de eso para dárselo a usted.
—Entonces explícame, mi estimado amigo ¿por qué él no está aquí?
—Maté a Dumbledore, él lo vio. No pude resistirme... yo tenía que acabar con él y habría encontrado más placentero hacerlo de otra forma, me dejé llevar y lo hice con un simple Avada.
—Y eso te llevo hasta donde estas, siendo un miserable perdedor —le dijo con asco el mago, se dio la media vuelta observando los cuadros casi inmóviles—. Tienes el poder de Hogwarts Snape, no estoy en calidad de perder a un buen seguidor, pero tienes el tiempo contado para dar con Potter y traerlo, si es a las buenas o malas me tiene sin cuidado, lo quiero para matarlo ¿lo has olvidado? Quiero el poder del mundo mágico, sólo lo lograré acabando con él —le preguntó encarándolo, parecía como si por un momento el hombre hubiera omitido ese pequeño detalle.
—Lo traeré mi señor.
…
—No deberíamos tomar una decisión precipitada Hermione, irnos ahora mismo... —le dijo Harry intentando calmar a su amiga.
—Entre más rápido desaparezcamos de la vista de la Orden y... todo el mundo será más fácil —lo interrumpió intentando ser lo más fuerte que podía—. ¿Verdad Ron?
—Yo... opino al igual que Harry, además podríamos morir y yo quisiera quedarme a la boda de Billie y Fleur. —Hermione alzó la ceja con desagrado, odiaba no tener a ninguno de los dos de su lado—. Sólo entiéndelo Hermione.
—Lo entiendo, pero yo también sacrificaré cosas.
—¿Por qué tengo la impresión que estas huyendo? —le preguntó molesto el pelirrojo—. ¿Crees que Snape tenga la valentía de buscarte? Sabiendo de ante mano que no quieres estar con él y que alguien de la Orden lo mate.
—No sé a qué viene esa estupidez Ronald.
—Que quizá es tu miedo más grande, que él vuelva.
—Y si lo hace ¿qué? No es mi maldito problema —alzó la voz enfadada, por un momento se olvidaron de Harry y se sumieron en una pelea clásica entre ellos.
—¿Sabes qué pienso? —Se levantó acercándose a ella, ante lo cual Harry lo detuvo del brazo pero eso no impidió que el pelirrojo la observara con molestia, omitiendo que su amigo lo sostenía con fuerza evitando que se acercara más a su amiga—. Tienes miedo de que venga, porque podrías ser tan débil que te irías con él, porque hasta donde yo recuerdo ¡estabas huyendo tomada de su mano!
—Pude hacerlo, pude irme y me quedé con ustedes. —Se defendió.
—¡Ron basta! Confío en Hermione y ella cometió un error, pero ahora está con nosotros, no va a traicionarnos —intervino por fin Harry, logrando que el pelirrojo volviera a sentarse, notó la fortaleza de Hermione, aunque sus ojos se nublaron ella nunca lloró.
—Pueden estar seguros que estaré a su lado hasta el final, pase lo que pase.
—¿Y Snape? —volvió a preguntar.
—Lo que tuve con el profesor Snape es asunto mío Ron, sólo te corresponde saber que estoy aquí y partiremos lo más pronto posible, lo demás me concierne sólo a mí —le dejó en claro levantándose de inmediato y retirándose.
Ambos jóvenes la vieron cruzar la puerta del cuartel, Harry no le dijo nada a Ron porque él también temía eso, por eso nunca se le separaba, no quería que Snape volviera a buscarla, ella lo amaba a tal punto que suplicó por su vida, y en un momento de debilidad no estaba seguro que pudiera volver a rechazarlo.
—¿Realmente confías en ella? —le preguntó su amigo bastante serio.
—Eso no es lo importante, con tu actitud la estaríamos arrojando a su lado Ron.
—No puedo creer lo que ocurrió.
—Se enamoró de la persona incorrecta, eso fue lo que ocurrió y podría pasarle a cualquier de nosotros, no tienes que juzgarla tan duramente —le exigió con sutileza.
—¡Se iba ir con él!
—¡Está enamorada! Y hasta donde yo sé eso no es un crimen. —La defendió molesto.
—Podría traicionarnos Harry.
—No lo hará, y para eso necesito que confíes como lo hago yo, estar con ella y no atacándola. Además... creo que ella tiene razón, debemos irnos cuanto antes.
—Pero...
—Iré con ella y tú... no le menciones nada a tu familia. —Le advirtió dejándolo solo maldiciendo.
...
Harry se acercó con cautela a la habitación, pudo percatarse que Hermione se encontraba sentada sobre la cama, observaba algo que tenía dentro de una bolsa, el corazón de Harry se rompió cuando notó que una lágrima resbalaba de sus ojos, ella la limpió con rapidez, podía darse cuenta de los intentos de ella por ser fuerte, por no quebrarse frente a ellos, y él en cambio, no podía dejar de sentirse culpable, no bastó con lo que le había hecho, le dio todas las armas a Snape para acabar con ella, en un momento de debilidad.
Tocó la puerta con suavidad, dando el tiempo suficiente para que ella ocultara el anillo de compromiso y matrimonio que celosamente guardaba en una pequeña caja. Para cuando ella le dio permiso de entrar, Hermione ya se había limpiado el rostro y le sonrió a su amigo cuando entró.
—Lamento la actitud de Ron.
—Está bien Harry —le respondió intentando restarle importancia—. Comprendo todo, pero sino me fui con él aquella noche... no lo voy hacer ahora.
—Lo sé —le dijo sentándose a su lado—. Me siento culpable por lo que pasaste... yo te llevé al profesor porque creía que te haría bien.
—No fue culpa de nadie... con decirte que ni siquiera lo culpó a él.
—Hermione... mató a Dumbledore, no quiero que el amor que le tienes nuble tu juicio.
—No Harry —le interrumpió—. No te preocupes, sé lo que es y cuando termine la guerra, deberá enfrentar un juicio por todos sus errores —ella se quedó callada recordando tantas cosas del pasado del que seguía siendo su esposo, cada parte de ellas lo orilló a convertirse en lo que era, no lo culpaba por completo—. Sólo que... no creo que sea tan malo, él me amaba, lo sé —suspiró sin saber la razón del porque le contaba eso a él.
—Hermione —su amigo estuvo tentado a decirle que era casado, sin embargo no lo hizo, no consideró necesario que tuviera que lastimarla más de lo que se encontraba—. Debes intentar olvidar eso, comenzaremos de nuevo, tú y yo juntos —susurró acercándose a ella.
Hermione asintió, dejó que él tomara sus manos. Sus frentes chocaron hasta que él deposito un beso sobre de ella. En ese momento creía que se soltaría a llorar, pero no lo hizo, seguía en shock, no comprendía porque él le había fallado de esa forma, porque tenía que regresar a lo mismo una y otra vez, cómo sino le importara regresar con su hijo, como si nunca le hubiese preocupado ella y salir ileso de la guerra.
Realizó tantos planes a sus espaldas que estaba comenzando a odiarlo, ella haría lo mismo, no descansaría hasta asegurarse que Voldemort estuviera muerto, marcharía al lado de Harry y le ayudaría en todo para destruirlo, con el corazón roto lo haría, porque sabía que en el camino se llevaría a Severus, sólo esperaba que su mano no temblara cuando lo viera caminando hacia su juicio.
...
Llegó caminando hasta su casa, se aseguró que no estuviera nadie en la casa, una vez que el hechizo se lo confirmó abrió la puerta con las llaves. Los recuerdos vinieron de pronto, cada rincón de ese lugar le recordaba la escasa felicidad que había tenido al lado de él. Sus ojos se humedecieron al ver la alfombra donde brindaron el día en que se habían casado, casi podía escuchar cuando chocaron las copas, su vestido blanco tendido sobre la alfombra, los besos urgentes que se repartían. Se preguntó si en ese momento él tenía ya los planes, ¿acaso fue tan vil de casarse con ella sabiendo lo que haría?
Pudo escuchar su risa cuando subieron por las escaleras, él la tomó de la cintura con una mano mientras que con la otra llevaba el vino para seguir brindando arriba.
Subió despacio las escaleras hasta entrar a la recamara, las lágrimas bajaron una a otra sin poder detenerlas, no quería hacerlo, en ese momento no era necesario hacerse la fuerte, era débil, fue traicionada, y burlada. Se sentía con el derecho de llorar y lo hizo.
Abrió la puerta del closet y sacó una maleta donde fue tomando sus cosas con rapidez, cada prenda que metía la hacía con tanto dolor y odio, que se sorprendía que pudiera mantenerse de píe. En ningún momento volteó a ver la cama, odiaba escuchar su risa aquella noche, la podía recordar minuto a minuto, cada beso, cada gemido, jadeo y el choque entre sus cuerpos, lloró amargamente, creyendo que de esa manera se escucharía más su llanto que sus recuerdos.
Cerró la maleta cuando terminó de guardar sus pertenencias, entonces enfrentó su realidad. Vio la habitación con fortaleza, acarició las sábanas blancas hasta que las arrastró con ellas al suelo, olía a ellos, al amor que se tenían, lloró hasta quedarse en el suelo con las sábanas cubriéndola.
Su llanto se fue haciendo sereno y volvió a convertirse en la mujer fuerte que era, encantó la maleta para volverla pequeña y guardarla en la bolsa que ella llevaba. Sobre el tocador dejó un pergamino para él y ambos anillos, con eso ponía fin a su relación con él, creyendo que de esa manera podría borrar el error de casarse con él.
Se quedó callada cuando escuchó ruidos en la parte baja de la casa, empezó a respirar con dificultad, escuchó los pasos que subían las escaleras, entonces ella sacó la varita mientras abría la ventana de la habitación, el frío de la mañana entró de pronto helándole el rostro. Para cuando volteó a la puerta Severus la veía sorprendido, ambos respiraban agitados, él veía la estancia desordenada, las puertas del closet abiertas, ella lo veía a él sintiendo como su cuerpo temblaba de miedo.
En forma desesperada ella cruzó un pie por sobre el balcón, sosteniéndose de los barrotes.
—Hermione, espera. Vas a caerte.
—¡Aléjate! —le exigió apuntándole con la varita, él alzó las manos retrocediendo para que no cayera.
—Aquí no está Potter, ni medio alumnado para impedir que hablemos.
—No necesito esa excusa para darme cuenta que no deseo hablar contigo —le respondió fría.
—Tenemos un matrimonio Hermione, no lo puedes olvidar así como así, juramos estar en las buenas y en las malas.
—¡Mataste al profesor Dumbledore, Severus! ¿Cómo puedes llamar a eso estar en las buenas y malas? —le preguntó herida.
—Tenía que hacerlo, no me quedó opción, no tienes idea de lo que ocurrió.
—¿Tenías que hacerlo? ¿Cómo puedes ser tan hipócrita? Decirme que debo estar en las malas contigo, cuando no confiaste en mí para estar en las buenas. Enfrenta tus consecuencias solo, me excluiste ¿y ahora quieres que este contigo?
—Estás casada conmigo, Hermione. —Le dijo impaciente.
—No por mucho tiempo —le dijo soltándose lo de los barrotes.
Él se asustó tanto que corrió hasta donde ella se encontraba, pero vio que había caído de pie usando la varita, se vieron por última vez antes que ella desapareciera en la calle, lejos de sus protecciones. Severus bajó la vista, su mirada se concentró en el pergamino que ella había dejado ahí, los anillos le fueron devueltos, donde aseguraban el amor que ella ahora rechazaba y repudiaba.
Abrió el pergamino para comprobar lo que tanto temía, ella solicitaba en forma exigente el divorcio, creyendo de esa manera que podría ocultar el error de haberse casado con él, le ordenaba hacer el trámite en forma discreta para que sólo ellos se enteraran de ese pequeño lapso en su vida.
Severus se sentó sobre la cama, teniendo el pergamino en una mano y los anillos en la otra, parecía estúpido e irónico en qué forma había terminado todo, sin su hijo, odiándole y sin su esposa rechazándolo, había matado a ese hombre por dañarlos y terminó perdiéndolos a ambos.
…
Cuando Severus entró a la casa de Hermione se le oprimió el pecho, su madre se encontraba en ropa cómoda y abrigadora, se extrañó al verlo ahí, sin embargo, lo invitó a pasar a la casa, el pocionista se sentó en el sillón mientras aquella mujer le preparaba un té.
Aprovechó el momento en que la señora Granger había entrado a la cocina para asegurarse que Hermione aún no visitaba a su madre, las pocas cosas que tenía en esa residencia estaban ahí, parecía natural de cierto modo que no le hubiera ido a ver aún, enfrentar el fracaso de su matrimonio frente a su madre no era tan fácil. Sin embargo, eso era más una oportunidad para el pocionista, y si no se le presentaba dicha oportunidad al menos sería el último regalo que podría hacerle a su esposa.
—Aquí tienes Severus —le dijo extendiéndole una taza de té, él la recibió dándole una pequeña sonrisa—. ¿Por qué dices que no viene mi hija?
—Señora Granger, sé que Hermione le llegó a comentar de la inestabilidad del mundo mágico.
—Sí, mencionó algo ¿qué ocurrió? —esa era la pregunta más difícil que pudiera hacerle en ese momento, ni él podía responderla.
—Para este momento un mago ha ganado todo el poder.
—¿El mago que odia a los brujos nacidos de muggles? ¿Cómo mi Hermione?
—Sí.
—¿Dónde está? —preguntó controlándose.
—Está segura en este momento, jamás permitiré que algo le ocurra, haré hasta lo imposible para mantenerla a salvo.
—¿Está contigo? —Severus negó con la cabeza baja—. ¿Entonces cómo puedes decirme que la protegerás?
—Si me uno a este mago podré cuidarla mejor, asegurarme que jamás la toquen —la mujer se quedó callada, lo observaba completamente horrorizada—. Si veo un peligro para ella, no dude que la protegeré, con mi vida y llevándome la vida de quién sea.
—Ella confía en ti, entonces lo haré yo también. Gracias por venir.
—No he venido a eso, vengo por usted. Ellos podrían venir, intentarán dar con ella, a través de usted.
—Yo nunca les diría nada —aseguró de inmediato.
—Lo sé, pero es por protección. No permitiré que la dañen a usted. Tome sus cosas, lo más esencial, la llevaré a una casa de seguridad, tendrá un acompañante, se llevará bien con ella. Las dos se quedarán en una granja hasta que alguien de mi completa confianza vaya por ustedes.
—Pero... no, no puedo hacerlo, debo quedarme aquí para cuando Hermione vuelva.
—Esa persona irá por usted cuando pase eso —le dejó en claro, pero aun así ella dudaba demasiado.
—¿Hermione está de acuerdo en esto? ¿Quiere que haga lo que usted me está pidiendo?
—Sí —mintió, entonces la mujer mayor asintió levantándose—. Hágalo ahora, la llevaré cuanto antes.
Durante unos escasos minutos la señora Granger había subido a la segunda planta donde comenzó a empacar lo necesario, algunas prendas de ropa, sus joyas y papeles, algunos recuerdos que quería llevarse con ella por si algo malo pasara.
Cuando bajó a donde se encontraba el esposo de su hija sus piernas temblaron, Severus la ayudó a sostenerse, le quitó la maleta y la llevó él, la sostuvo de la cintura dirigiéndose a la puerta.
—Espera... quiero que le des esto a mi hija —le pidió entregándole una carta—. Supongo que no me podré despedir de ella, dásela por favor.
—Así será, espere afuera, aseguraré el lugar —la mujer asintió, dejándole solo.
El pocionista trabajó lo necesario para que ningún mortífago se enterara de quienes habían vivido ahí. Cuando terminó su trabajo dejó la carta en la mesa de la sala, visible solo para Hermione, no hubo una palabra de él para su esposa, sólo aquella despedida de su madre, y una promesa en silencio donde él le prometía cuidar de su madre, quizás no podía jurárselo, pero cuando la viera viva comprendería que luchó para que ellas pudieran reencontrarse.
Salió hasta donde se encontraba la señora Granger, la condujo hasta las escaleras donde le pidió su mano para desaparecerse con ella.
—¿Quién estará conmigo en la granja?
—Una mujer que me interesa que sobreviva la guerra, ya la conocerá. —La mujer asintió entregándole sus manos.
...
Desde que todo había empeorado para Hermione, era Harry quién se había mostrado más que comprensivo con ella, lamentaba que la culpa hubiera dejado a su amigo de esa forma, llegaba un punto donde se alejaba de él, la lástima que le tenía por lo que había ocurrido la hería. La culpa por lo que le ocurrió a su hija, porque la dejó incapacitada para convertirse en madre, y porque creía que su romance con Severus había partido de él.
Ahora se encontraba casi lista para partir con Harry y Ron, obligando apresurar las cosas como lo había mencionado desde el inicio, ninguno de los dos estaba de acuerdo con ella, ni siquiera ella podía entender porque estaba haciendo las cosas, quizás Harry tenía la razón y en verdad estaba comenzando a huir de su propia realidad, buscaba desesperadamente que nadie se enterara de lo que había hecho, odiaría sentirse tan ilusa e inocente, casada con un profesor que la había utilizado y ella contribuido con él.
Se vio guardando las últimas cosas en la bolsa de cuentas, la parte difícil venía a continuación, despedirse de su madre ¿acaso tendría el valor de decirle la verdad? Admitir que se equivocó al casarse, y así comprobar que los temores de su madre tenían razón, que nunca debió casarse ni precipitarse a tomar una decisión tan joven. Preferiría hacerlo cuando la guerra terminara, y saber que sucedería.
—¿Lista? —le preguntó Harry, ella asintió seria sin decirle nada más—, Sirius insiste en acompañarnos, pero sigo en lo dicho, debemos partir nosotros solos.
—Estoy de acuerdo, iré a despedirme de mi mamá... vengo a las 3 de la tarde, avísale a Ron.
—Iré contigo —le dijo en forma determinante.
—¿Y Ron?
—Volveremos y... entonces empezaremos juntos —Hermione asintió tomando la mano que su amigo le daba y partieron a la casa de su madre.
En cuanto entraron a ésta Hermione percibió algo diferente, se encontraba fría y solitaria. A pesar de ser medio día faltaba algo que la hacía desconfiar. La puerta que daba al jardín se encontraba cerrada, no se escuchaba el televisor ni había rastros que la chimenea hubiese sido utilizada un día anterior. Caminaron despacio por la sala, Hermione detuvo a Harry cuando éste se quiso mover.
—Algo no está bien —susurró Hermione con miedo.
—¿A qué te refieres?
—Mamá no está aquí... y hay hechizos —dijo conteniendo las lágrimas—. No hay fotografías, ni rastros de ella.
Harry ignoró el agarre de su amiga y subió las escaleras con rapidez, Hermione se giró para comprobar lo que creía. Alguien se había llevado a su madre, ella no había previsto eso aún, su mente daba vueltas una y otra vez.
Fue entonces que aquel papel doblado cobró importancia, había una hoja doblada a la mitad, justo en el centro de la pequeña mesa que se encontraba frente al sillón donde solía sentarse su madre. Pudo ver su caligrafía, bastante apresurada y torpe, pero era ella, eso era lo único que le importaba.
Hermione:
No sé qué es lo que vaya suceder, me hubiera gustado que fueras tú quien me explicara todo. Sin embargo, confío en lo que tanto decías siempre, entrego mi absoluta confianza a Severus, sé que tú hubieras querido eso, y lo estoy haciendo.
Haré todo lo que él me pida para volver a verte, y yo sé que él te dirá lo mucho que te amo y lo preocupada que me quedé por todo. Aunque él me prometa cuidarte y luchar porque nada te pase, no puedo evitar preocuparme por tu seguridad.
Sé que esto es lo que quieres, que me oculte, pero daría todo por verte una vez más.
Quiero que te quedes tranquila, he obedecido cada una de vuestras indicaciones, seguro Severus te dirá los detalles. Estaré bien, sólo tú prométeme que volverás con mamá, y no me dejarás sola.
Te ama, tu mamá.
Hermione bajó la carta con los ojos bañados en lágrimas, la mirada de ella y Harry se cruzaron, él se encontraba estático a medias escaleras, tuvo miedo de preguntar. Bajó rápido hasta donde se encontraba ella, le quitó la carta y la leyó casi en forma desesperada, cuando terminó dobló la carta pensativo.
—¿Tú mamá sabía?
—Sí... el profesor debió venir y ella... confió —susurró con dolor—. Me alegra ¿sabes? Porque sé que él no le hará ningún daño.
—Mató al...
—¡Lo sé! Pero jamás me dañaría a mí —alzó la voz apuntándose al pecho—. Él me ama, y no me lastimaría dañando a mamá.
—¿Crees que sus sentimientos son... sinceros?
—Es de lo único de lo que estoy segura.
—Herms...
—No tienes que decir nada —se adelantó limpiando sus lágrimas con suavidad—. No te traicionaré Harry, estoy de tu lado, y por mucho que lo ame, él pagará por lo que hizo.
Su amigo asintió más tranquilo, se acercó a ella y la abrazó con fuerza, creyó que se rompería aún más pero sólo escuchó su respiración pausada, y sus manos aferrándose a sus hombros, pudo sentir su fuerza al abrazarlo, él besó su cabello hasta que logró que se sentara en sillón y ahí consolarla.
...
Besó sus labios por última vez, una leve mordida en el labio inferior certifico la despedida. Ginny se alejó de él intentado sonreírle, pero no estaba segura de haberlo logrado, estaba tan asustada que le sorprendía que no estuviera temblando, en cambio se sentía fuerte, sentía que podía serle a él de utilidad quedándose ahí, esperando a que volviera.
—Cuídate —fue lo único que pudo decir.
—Voy a volver por ti, no dejes de esperarme —le dijo molesto consigo mismo, por haberla amado de la forma que lo hacía, de esa manera lo había condenado a su pasado.
—Aquí estaré —susurró Ginny antes de verlo partir de su recamara en Grimmauld Place.
Harry bajó las escaleras maldiciéndose, odió esa despedida con Ginny y quería regresar en ese momento, estar con ella una última noche antes de partir, pero eso sucedería día a día, no podría separarse sin sentirse culpable.
Le asintió a Hermione cuando llegó hasta ellos, Ron se mostraba más nervioso que nunca, la tristeza estaba marcada en su rostro, el miedo y la incertidumbre. Vio de frente a Sirius antes de despedirse, él llevaba una mochila en sus hombros, eso hizo que sonriera sin ganas.
—Iré solo Sirius.
—Por supuesto que no, yo te acompañaré, no cometeré el mismo error dos veces.
—Quédate, no puedes ir —le susurró para que sólo él escuchará—. Serás de ayuda, yo debo ir solo.
—No estás bien Harry —el joven se acercó abriendo la puerta principal, Hermione fue la primera en salir, siguiéndole los pasos Ron.
—Lo estaré.
—¿Puedo quedarme tranquilo que serás sensato en cada decisión que tomes? —le preguntó, logrando que el joven se detuviera en la puerta—. No creo prudente que debas buscar a tu padre, en medio de esta guerra.
—No tienes que preocuparte por eso —respondió dejándolo atrás.
Cuando se encontraban fuera de la casa pero en los límites de los hechizos que la resguardaban, alzó la vista a la ventana donde vio a la pelirroja sin una sola lágrima en los ojos, pero con la respiración agitada, ninguno de los dos pudo decir adiós, no tuvieron el valor para hacerlo.
...
Terminaron de acomodar la tienda de campaña, Ron aseguraba el perímetro y Hermione revisaba las posibilidades de destruir a los horrocrux. Harry sólo se sentó en un sillón viejo dentro de la tienda, acariciaba aquel anillo de su padre que ahora llevaba en la cadena junto al cuervo, se aferraba a esa realidad, por muy lejana que estuviese, era lo único que le quedaba de su pasado.
Cerró los ojos por un segundo, las imágenes se mezclaban con rapidez, unas tomaban forma, y otras desaparecían en las fantasías de su mente, aquel jardín volvía a su mente, él llegando de alguna escuela muggle, un viejo laboratorio, y una larga caminata por los jardines de Hogwarts, tomado de la mano de un hombre. Abrió los ojos al sentirse inseguro de su pasado, comenzaba a temer el recordar, sin tener a nadie que pudiera decirle lo que le ocurría, porque Snape lo había traicionado, dejándolo sólo en las dudas
...
La mirada de Sirius parecía que mataría al pocionista si se atrevía a acercarse un poco más, sin embargo, era Lupin quien mantenía la paz en toda esa conversación, había logrado que su amigo no saltara al cuello del mortífago, eso ya era una ganancia, al menos podía ver la intención de Snape por seguir manteniendo esa educación en la plática.
—Puedes irte a la mierda —dijo entre dientes Sirius, escupiendo odio en cada una de sus palabras.
—Voy para allá Black, ¿acaso has olvidado lo que se siente vivir ahí? Estuviste meses bañándote en ella, comiendo de las sobras y viviendo en la miseria.
—Lo único que agradezco después de que mataste a Dumbledore, es que Harry se dio cuenta de la escoria que eres.
—Claro, sólo ten en cuenta Black, que para eso ese maldito vejete me manipuló, no pudo hacerlo de otra forma, él tenía que lograr que Harry me viera como un monstruo, sólo así él se alejaría de mí, de otro modo, él y yo ahorita estaríamos bastante lejos, y tú te hubieras acostumbrado a una mísera carta mensual. —Dijo con desprecio.
—¿Piensas que creemos eso? Que Dumbledore engaño y manipuló al oclumantico de Voldemort ¿es en serio Snape? —Preguntó con incredulidad.
—No vine aquí para que creas en mí Black.
—Di ya a qué viniste, y lárgate —le exigió acercándose más, con la varita en mano.
—¡Sirius! —le volvió advertir Lupin.
—Tengo en mis manos el poder de Hogwarts... —se quedó callado por un momento, pensando en las estupideces que estaba diciendo, debía ir al grano y largarse de ahí cuanto antes—. Harry me vio matar a Dumbledore, eso me quito toda posibilidad de recuperarlo.
—¿Vienes para pedir que abogue por ti?
—No, vengo para pedirte que te mantengas con vida, él debe tener una familia cuando esto termine, tú eres... lo más cercano a eso, después de mí obviamente, y yo no saldré vivo de esto, y si lo hago no deseo ver que Harry pise Azkaban.
—Yo estaré para él, si eso era todo, vete de mi casa. —Exigió.
—Lupin —pidió Snape olvidando por un momento su orgullo, el licántropo lo vio y algo dentro de él se removió, lo vio tan destrozado a pesar de mantenerse firme, ese hombre estaba sumido en la miseria—. No vayas a permitir que Harry se culpe de alguna forma, si él recupera su memoria, no dejes que eso ocurra, dile que...
—Lo haré Severus —lo interrumpió, logrando frenar su preocupación y angustia—. No permitiré que eso ocurra.
—¡Porqué él no es el culpable! —alzó la voz Sirius, pero Snape fue más inteligente y se dio la media vuelta, Lupin lo tomó del brazo haciendo que éste girara a medio pasillo.
—También te juro que si algo te pasa, él recordará realmente quién eras.
Snape quiso dar las gracias pero no lo hizo, sólo asintió y Lupin comprendió lo que quería decir. Escuchaba los insultos de Black, los ignoró completamente, los merodeadores sabían que había ido ahí por una razón más importante que la que Severus decía, pero jamás averiguarían a qué había ido.
