CAPÍTULO 18
Llevaba al menos 15 minutos sin moverse, frente a él podía ver unos rizos castaños atravesarse sobre el rostro de la joven, ella los hacía a un lado despacio sin despegar la vista del libro. Respiró agitado al verla tan cerca, para él habían pasado años desde que la vio huir de su casa, con algunos rumores de sus actividades.
Se levantó asustada cuando una ardilla salió corriendo de donde él se encontraba, se pegó más a los arbustos cuando la sintió cerca, casi podía oler su cabello, se maldijo por un momento, bastaría un solo grito de ella para alertar a sus amigos.
—¿Hermione? —preguntó el pelirrojo abrigándose con una bufanda.
—¿Sí?
—Se recuperó, se está vistiendo.
—¡Oh Dios, gracias! —Soltó el aire toda esa angustia que vivía en ella—, avísale a Sirius y Lupin, diles que la poción que nos dieron a funcionado —Severus bajó la vista, sonrió con tristeza, era lo único que le interesaba, que hubiera podido salir ileso de esa una vez más.
—¿Era un antídoto? ¿Cómo tenían ellos esa poción, la de ese animal?
—No era la de ese animal Ron, no empieces de paranoico, —le reprendió, aunque ella también se había cuestionado cómo llegaron a tener el antídoto, no podía negarlo, sus pensamientos se dirigieron a su esposo, queriendo, rezando que él fuera quién conoció, esperando que los estuviera ayudando en secreto— ¡Harry! —se sorprendió al verlo salir de pie, algo pálido pero recuperado—. Estuvimos cerca en esta ocasión.
—Lo sé, mira que cara tienes.
—Estoy bien —respondió restándole importancia.
—No has dormido —le dijo acercándose a ella, le besó la frente preocupado—. Ve... ahora, nos quedaremos nosotros.
Hermione volvió a girarse a donde se estaba dirigiendo, Snape la observó con la duda marcándole, ¿acaso lo había visto? ¿Demostraba su afecto dejándolo ir nuevamente? Ahí fue cuando la vio cansada y débil, ojerosa, derrotada y más fuerte que nunca. Bajó la vista asintiendo a sus amigos, entró a la tienda, todo ante la mirada preocupada de Harry.
—¿Estás segura que ha estado bien?
—Sí, he estado al pendiente en lo que dormías —respondió Ron, Harry lo observó con molestia y dobló los ojos fastidiado.
—Dormido... claro que sí, asegúrate que estemos seguros, yo haré guardia lo que queda del día, tú por la noche.
—De acuerdo —Weasley arrastró los pies hacia los límites del perímetro.
Severus retrocedió más, Hermione era más perceptiva, sería más fácil que la descubriera ella que su hijo, pero no olvidaba el odio que le guardaba Harry, lo que menos necesitaba era un enfrentamiento con él en ese momento.
Se situó donde no pudiera verlo, sacó la varita y se odió por seguir obedeciendo órdenes de ese miserable, pero en ese punto sólo podía hacer lo necesario para facilitarle el camino a su hijo, lo demás no importaba en lo absoluto. Una vez que eso se terminara, podría quemar ese cuadro en su chimenea mientras esperaba su juicio.
Apuntó con la varita y la cierva plateada apareció frente a él, sintió tocarla una vez más, "guíalo" le susurró, adentrándose el profesor en las penumbras del bosque, sin perderlo de vista, debía demostrarle que no debía preocuparse, que él sabría hacerlo correctamente.
La mirada de Harry se concentró en una luz plateada que venía del bosque, escuchó el silencio en la tienda y la sombra de Ron moviéndose a donde lo había enviado. Se levantó con la varita en la mano, y se introdujo en la espesura del bosque, atravesó los arbustos y pinos hasta llegar a un claro, ahí se quedó quieto sin moverse por un momento.
La cierva lo observó fijamente, Harry observó a su alrededor buscando a la persona que convocó aquel patronus, se quedó quieto logrando conseguir calmarse, cuando bajó la vista, la cierva se había acercado a él lo suficiente para llenarlo de paz, la inseguridad y el miedo lo habían abandonado, aceptaba con tristeza sus recuerdos.
Recordaba haber cerrado los ojos en una pequeña habitación, el miedo llenarlo por completo, las lágrimas secas en sus ojos y una cierva que custodiaba su cuna, conforme él conciliaba el sueño la cierva se recostó en la alfombra observándolo fijamente. Era lo único que él necesitaba, todo marcharía bien entonces.
Y de nuevo sucedió, había traducido eso como si alguien le asegurara que todo estaría bien, la cierva le señaló el camino, y él la siguió hasta llegar al lago. Harry llegó hasta donde se encontraba ella, bajó la vista a donde el patronus le señalaba, pudo ver la espada al fondo del lago, el corazón de Harry dio un vuelco, sonrió tranquilo agradeciendo.
Snape sonrió con orgullo cuando lo vio sumergirse en el lago congelado, lo haría bien. La cierva esperaba a su costado. El pocionista empezó a desesperarse cuando no lo vio salir, maldijo esperando, justo en el momento que el menor de los Weasley llegaba corriendo.
—¡Hermione! —Gritó sin detenerse—. ¡Hermione!
Snape se giró para verla correr hacia el lago, se cubrió la boca cuando vio sobre el lago el abrigo de Harry junto con la varita.
—¿Qué... qué se supone que hizo?
Ron no respondió tan sólo se quitó el suéter y entró al lado esperando que no fuera demasiado tarde, Hermione se tomó el cabello al ver que Ron había tomado el cuerpo de su amigo. Alzó la vista y Snape arriesgaba toda esa misión dejándose ver, la joven se quedó inmóvil, tan sólo lo veía fijamente, aquel semblante serio, y por un momento vio a su esposo asustado, dio un paso hacia adelante, pero se detuvo cuando vio a Ron sacar a su hijo.
Una sola presión en su pecho y éste expulsó el agua que había dentro de él, Hermione lo cubrió con el abrigo, le dio una poción de inmediato sin comprender lo que había pasado.
—¿Qué ocurrió Harry?
—Ron la espada.
Hermione alzó la vista para ver la espada a los pies de Ron, éste titiritaba de frío, apenas logrando el calor con magia. No dejó de asombrarse al ver la espalda de Godric Gryffindor.
—¿Cómo llegó ahí?
—El patronus... me lo dijo.
—¿Què patronus Harry? —el joven se quedó callado por un momento.
Hermione alzó la vista para ver la espalda del pocionista alejarse, y a su costado la cierva aún observaba a Harry tendido en el suelo.
—¿De quién era el patronus? —preguntó Ron.
—Era de mi... de... mi papá.
—¿De tu padre? —preguntó asustada Hermione.
—Sí... era un ciervo Hermione.
La joven asintió, su amigo no debió verla con seguridad, no pudo percibir que era una cierva quién lo guío, creyendo que era el ciervo de James Potter, y ella no pensaba desmentir eso, ocultaría que fue la cierva de Severus Snape quién lo había ayudado a dar con la espada.
Tuvo que reprimir esos deseos incontrolables por alcanzarlo, por preguntar ¿por qué los estaba ayudando? ¿Por qué ese miedo en su mirada? pero no lo hizo, en cambio se quedó con Harry viendo la espalda del pocionista, nunca lo había visto de esa manera, algo dentro de ella le decía que él la estaba necesitando, y pese al odio que le tenía se maldecía por no estar ahí a su lado.
…
El director de Hogwarts observaba fríamente el escenario, unos niños de 13 años temblando ante el yugo de los Carrow, Draco Malfoy mirando lo que acontecía, recto e indiferente, lo vio por unos segundos sin entender cómo su padre había logrado convertirlo en eso.
—Si estos Gryffindors ya han sido castigados ¿cuál es el maldito problema, Alecto?
—Snape...
—Tengo cosas más interesantes que oír tu lista de quejas, quiero a los alumnos vivos y enteros, te lo he repetido esta semana unas nueve ocasiones, ¿estás imbécil acaso?
—El Señor Tenebroso dijo que...
—El Señor Tenebroso me dio el poder sobre Hogwarts, soy yo quién se hace cargo del colegio, no él. —Terminó esa conversación, logrando que el mortífago se inclinara ante él.
Aquellos niños vieron a Snape incrédulos, temblaban de miedo y tan sólo agradecían que el castigo no se hubiera extendido. El director cerró los ojos con cansancio, ellos obtuvieron un frío "largo de mi vista" antes de que su concentración la obtuviera el joven rubio que estaba frente a él.
—¿Alguna orden para mí?
—Sígueme —le ordenó, bajando dirigiéndose a la dirección.
Snape se sentó detrás del escritorio, pidiéndole con la mano que se sentara, Draco no lo hizo, sólo se quedó inmóvil viendo a su padrino, exigiendo que esa conversación terminara lo más rápido posible.
—¿Tu padre te ha tenido al corriente con las nuevas noticias?
—Supongo.
—¿Podrías ser más claro Malfoy?
—Sé que casi atrapan a cara rajada en el Valle de Godric, sin embargo eso no me interesa, sólo lo que debo hacer para mantener sana y salva a mi madre, lo que pase con San Potter me tiene sin cuidado.
—¿Has perdido la orientación acaso?
—Esta guerra no es mía, estoy inmerso en ella pero no es mía —respondió con ira.
—Será mejor que te sientes, quiero contarte algo.
—Con todo respeto señor director... —comenzó apretando los dientes y desviando la mirada.
—Toma asiento Draco, sé que te interesará.
El rubio se sentó de mala gana, mientras que Severus le sostenía la mirada con cierto cariño. Se aclaró la garganta antes de comenzar, a pesar de esa apariencia que daba el joven, ambos no podían omitir que seguía siendo el niño que vio crecer, el cual no tuvo alternativas, nunca pudo tomar sus propias decisiones, sino adaptarse en el entorno en que su padre lo involucró.
Con tranquilidad Severus comenzó a hablar, a los dos minutos había logrado la completa atención de Draco. Duraron hablando quince minutos, terminando con una petición, en esta ocasión su padrino le dio opciones, podía hacerlo o podía negarse, cualquier cosa que le conviniera.
—Lo dejo a tu consideración —le dijo Severus.
Draco se levantó en forma violenta, la silla cayó hacia atrás asustando a los cuadros de los ex directores, todos se quedaron atentos a lo que sucedía. La vena del joven palpitaba y sus puños estaban cerrados, luchando por no dejársele ir con fuerza al mortífago, sin embargo Severus en ningún momento bajó la cabeza.
Malfoy se dio la media vuelta, cuando tomó la perilla esta se atrancó y él le dio una patada con fuerza, los cuadros se escandalizaron, pero Snape los mandó callar en seguida. Cuando logró abrirla él respiraba agitado.
—Draco —le llamó con tranquilidad Severus.
Éste se giró furioso, entonces Snape vio aquellas lágrimas acumularse en sus ojos, pero el rubio logró que ninguna de éstas resbalara, se dio la media vuelta azotando la puerta, lamentó haberlo lastimado de esa manera. Fue entonces cuando Snape bajó la vista, no arrepintiéndose de sus decisiones.
—Severus —le llamó el cuadro de Dumbledore.
Pero Snape alzó la varita sin mirarlo, el cuadro se ocultó detrás de las largas cortinas de terciopelo verde, algunos cuadros reprobaron ese acto, pero ninguno dijo nada. Escuchó que tocaron la puerta, no esperaron y Minerva entró observándolo confundida.
—Vi a Malfoy haciendo destrozos, salía de aquí.
—No deja de creer que su padre va salvarlo de todos los castigos —respondió con fastidio.
—¿Estás bien, Severus?
—Estoy bien.
—Te notas demasiado cansado —el director no respondió y la ignoró por los siguientes minutos, esperando que se fuera, pero ella se acomodó y lo observó fijamente—. Si ocurre algo quiero saberlo, me lo debes.
—Yo no te debo nada —respondió con orgullo.
Cuando Minerva se enteró del asesinato de Dumbledore, no se movió del colegio, cuando Snape tomó posesión de su cargo ella no le cuestionó, pero se quedó frente a él observándolo. Entonces él dejó bajó la varita, que en ese momento se encargaba de cambiar la decoración de la dirección, y la vio con enojo.
—Es el momento donde sale tu lado recto e intachable Minerva.
—Dumbledore cometió errores...
—Dumbledore cometió más que errores y lo sabes, toleré todo, absolutamente todo por años, que me separara de Harry, y cuando lo estoy recuperando por debajo de la mesa ese hijo de perra lo estaba envenenando en mi contra, y... físicamente.
—¿Hizo qué?
—Harry me recordaba... estaba tan cerca Minerva —confesó derrotado—. Ahora sólo tiene el propósito de matarme, no me contuve... Dumbledore ganó de nuevo.
—Es el niño más bondadoso, él...
—Él me vio cuando maté al director, la poción que le dio no sé qué alcances tuvo y... ya no confía en mí.
—Pero sí en su padre... —terminó Minerva con una mirada cálida y dolida, la lastimó que el director estuviera muerto, pero llevaba años conociendo lo humano que era Snape, y lo entendía por mucho que le pesara— no olvides quién eres Severus, en eso Dumbledore nunca ganará.
La marca comenzó a arderle logrando que el mortífago acariciara su antebrazo, y aliviar un poco el dolor. El ardor continuó y él empezó a ponerse ansioso.
—Tengo que irme, hazte cargo en lo que vuelvo.
—¡Snape! —gritaron los Carrow, entraron a su despacho y una mirada sádica se veía claramente en su rostro.
—Se toca antes de entrar imbéciles.
—¡Lo capturaron! Narcisa se ha llevado a Malfoy, quiere que reconozca a Potter. El Señor Tenebroso debe ir hacia la Mansión.
—¿Y qué esperan aquí? ¡Muévanse! —éstos salieron corriendo a obedecer las órdenes.
Ambos profesores se quedaron en la dirección, estaban inmóviles y sorprendidos que eso pudiera ocurrir tan pronto.
—Severus ¿qué harás?
—Hazte cargo del colegio, tengo que ir a sacar a Harry —se despidió usando la chimenea
...
Draco atravesó los pasillos de la Mansión donde vivía, lo hizo con calma y prudencia, cuando llegó a la sala escuchó los gritos desgarradores de Hermione, la vio tendida en el piso con su espalda arqueada, su tía estaba sobre de ella apuntándole con la varita. El joven revisó con rapidez, pero el lugar estaba vacío con excepción de ambas brujas y su padre.
—Aquí esta, señor —anunció un mortífago llevando a un mago a tirones.
Lucius Malfoy lo tomó de la chaqueta llevándosela a su hijo, éste hombre medía casi su estatura, complexión delgada, aquel cabello negro desordenado, y la misma mirada que una vez más le sostenía a Draco, no eran el color, era la mirada lo que terminó por quebrarle, pero eran sus rasgos los que no terminaban de convencerle, sonrió con tristeza. Volteó a ver a la castaña que veía al Slytherin con suplica, éste le respondió viéndola con asco.
—¿Y bien Draco?
—Este sucio mago no es Potter —respondió con desagrado.
—¿Seguro? Podría estar... bajo un encantamiento.
—¿Y su varita? —su padre le entregó las tres varitas y éste las vio con atención, enfrentó al joven mago de nuevo.
—No es Potter... sin embargo, recomiendo no matar a la sangre sucia, y entregársela al Señor Tenebroso, tal vez la varita de él tenga mejor poder de convencimiento que la de mi tía.
—¡Maldito! —le gritó el mago acercándose a él, Draco se retiró observando a Bellatrix sonreír en forma sádica, los ojos de Hermione se humedecieron y se llenaron de pánico.
Harry se sintió desesperado de regreso a los calabozos, no había alguna manera de salir, y los minutos transcurrían. La incertidumbre de lo que estaría pasando con Hermione lo mataba, no sabía cuánto podría aguantar.
Severus llegó intentando controlarse, subió las escaleras con tranquilidad, y le costó mantenerse indiferente ante lo que veía a continuación. La mirada de Draco y el pocionista se cruzaron por un momento, y éste asintió, fue entonces que Snape comenzó a desesperarse. Bajó la vista para ver a Hermione tendida en el piso, con la poca conciencia que le quedaba, entonces la sangre le hirvió y el poco raciocinio lo sintió perderse.
—¿Te gusta mi obra de arte Snape?
—Sólo espero que le hayas dejado la suficiente lucidez a esta niña Bella, ya que es el único testigo del paradero de Potter.
—Te equivocas, abajo tengo a otros dos ¿verdad? —le preguntó a la joven causándole más dolor, Hermione se volteó para que Severus no la viera de frente, su cuerpo tembló e intentó callarse, no lográndolo sollozando de pronto.
Sólo sintió un tirón cuando el cuerpo de la mortifaga fue separado de ella, Severus tenía sujeta del brazo a Bellatrix y le decía algo que Hermione ya no comprendía, sus esperanzas estaban hechas trizas, sabía que no existiría esperanza alguna, su esposo la vio a los ojos pero no se acercó a ella.
—Draco llévatela a los calabozos.
—El Señor Tenebroso querrá obtener la información de inmediato Snape.
—Y esta niña no durara ni tres minutos Bella, ¿te imaginas quién será la responsable de su muerte? La única persona para dar con Potter morirá porque no puedes dejar de ser una maldita sádica —escupió Severus enfrentándose a ella con la varita en mano.
—No sé porque te has vuelto tan sentimental Snape, tan... débil.
—Pregúntate eso cuando tu plan se encuentre... fallido, ocuparas el lugar de ella en la varita del Señor Tenebroso —le siseó de cerca tomándola del cuello—. ¿Qué esperas Draco? ¿Verla delirar aquí? ... si se muere que sea a los calabozos ¡Ahora!
El rubio tomó a su compañera con fuerza provocando un quejido en Hermione, el joven mortífago se dio cuenta que ella no tenía ni siquiera las fuerzas para mantenerse de pie, Severus dio un paso hacia ella y le tomó el rostro elevándola hacia él, los ojos de ella se humedecieron.
—Resiste —le susurró y ella lloró en silencio—. Aún vive, que sea así hasta que llegue el Señor Tenebroso, ¡vamos Malfoy!
Draco llegó hasta los calabozos, pasaron a un lado del mortífago que custodiaba las celdas y le ordenó abrirla, aquel hombre lo vio con odio, con envidia del puesto que poseía en las filas del Señor Tenebroso, abrió la reja dejándolo pasar.
—El Señor Tenebroso está por llegar, sabes lo que se tiene que hacer, hará un interrogatorio.
—¿Ël?
—Sí inepto, él. Por eso no pasas de estas pobres rejas —le gritó humillándolo, el joven se dio la vuelta con rapidez—. Y regresa cuanto antes, debes vigilar muy bien, si ocurre algo será por entera tu responsabilidad.
Draco bajó las escaleras, lo sintió irse mientras llegaba hasta donde sus amigos la esperaban, Hermione intentó zafarse de su agarre, pero Draco la tomó de la cintura pegándola a su pecho.
—Cállate —le ordenó, sus amigos se acercaron a ella pero Malfoy les pidió silencio, llevándose la varita a los labios. El joven escuchó cada sonido de ese lugar, una reja se abrió anunciando que el mortífago había desaparecido a hacer su cometido.
Harry lo vio con odio, si tuviera una varita lo haría pagar con creces, Draco lo vio a los ojos, ahora el encantamiento había terminado, y el rubio no se sorprendió de eso, sólo lo encaró.
—Le mentiste, sabías que era yo. —Draco no respondió, tan sólo soltó a Hermione para que Ron la tomará en los brazos antes de que cayera al piso.
—Esta no es tu varita —respondió con repulsión arrojándola al piso y saliendo de la celda.
Cuando él salió los tres Gryffindor estaban demasiado confundidos, no comprendieron la actitud que estaba teniendo Malfoy, pero se vieron el uno al otro, esa podía ser la única oportunidad que tendrían para evitar que mataran a Hermione o cualquiera de los tres.
—¿Puedes con Hermione?
—Sí, pero yo creo que todo esto es una trampa.
—No importa, es la única opción para salir de aquí.
Ron tomó a Hermione y salió detrás de su compañero, podían sentir el silencio en el lugar. Harry abrió la reja, respiró agitado viendo ambos pasillos, el camino de la izquierda los llevaría arriba donde sería imposible huir, tomaron el camino contrario con rapidez, sentían la adrenalina correr, el miedo de ser descubiertos y de ver a su amiga morir en ese lugar. Escucharon pasos en el lugar, todo parecía un laberinto sin saber la salida.
—Nada nos indica que haya una salida Harry.
—¡Siempre hay una!
—¡Se fugaron! —escucharon que gritó un hombre.
—¿Qué has dicho? —preguntó un colérico Malfoy—. ¿Qué demonios hiciste?
—Yo... nada, deje a su hijo con la sangre sucia.
—¿Insinúas que mi hijo los dejo escapar? —exclamó el mortífago—. Este inepto te culpa a ti, Draco.
—Me tiene sin cuidado, —respondió sin miedo—. Hay que vigilar las salidas.
—¡Vamos! —ordenó la voz de Severus Snape.
Ron y Harry se observaron con miedo, no se requería ser sabio para conocer las posibilidades, el único que llevaba varita era Harry contra cuatro mortífagos, era evidente el futuro que les esperaba. Corrieron hacia el ala oeste, en las oscuridades de los pasillos hasta que llegaron a un rejado pequeño, húmedo y mal oliente, era bastante estrecho y se encontraba pegado al piso en una esquina del muro. Una explosión de su lado derecho lo hizo voltearse, Draco Malfoy le apuntaba con la varita.
—Rápido, salgan —le dijo Harry convocando un escudo, pero Malfoy no volvió a atacarle.
—¿Los viste Draco? —escucharon que preguntó su padre en alguna parte de los calabozos.
—Escaparon... hacia el este, salgamos. —Respondió a Severus Snape, Harry sintió su interior agitarse, no estaba seguro de poder enfrentarse a él tan pronto.
El joven vio a Malfoy darle la espalda y salir corriendo, buscando encontrarse con el pocionista. No quiso perder más tiempo y siguió a sus amigos, cruzando la estrecha brecha en el rejado salió a los jardines de la Mansión Malfoy.
Ron buscaba que su compañera entrara en calor, pero cada vez la sentía más débil, delicada y lastimada, no sabía las heridas internas que seguramente tenía. Hermione luchaba por mantenerse de pie, o al menos consciente. El pelirrojo la sentó sobre la pared recuperando el aire, no sabía en qué límites terminarían las protecciones de los Malfoy, pero necesitaban salir cuanto antes para aparecerse, y uno de ellos debía poner toda su magia, pues Hermione no tendría la fortaleza para hacerlo.
—Debemos movernos, siempre habrá... un defecto en los hechizos —dijo Harry recordando lo aprendido con Snape, caminaron hasta que un mortífago salió corriendo, el joven se quedó congelado, no pudo alzar la varita, sólo se quedó parado frente a éste, enfrentándolo con su lado más humano.
Las orbes negras de Snape lo vieron también, pero su mirada bajó hacia la mujer que descansaba en el pasto, la vio consciente aún, ella lo vio y cerró los ojos, le decía que estaba bien, y nunca la sintió tan mentirosa como en ese momento, Ron se interpuso para cubrir a Hermione. La varita del pocionista se movió con sutileza entre sus manos, todos podían escuchar los pasos acercarse.
—Snape —le gritaron.
—No fue por aquí —respondió con un grito—. Vayamos al este. —Ordenó haciendo que todos corrieran del lado inverso, estaba preocupado pero él no podía hacer nada por ella en ese momento—, busquen una casa de seguridad, si acampan de nuevo... con lo que ella lleva en esa bolsa no lo lograran, morirá.
El joven se quedó aún congelado, bajando la vista con odio, repudiando su ayuda y su falta de coraje para no matarlo en ese momento y agradeciendo la oportunidad de sacar a Hermione en ese momento. Harry ayudó a Hermione levantarse y Snape sólo los veía, espero que ellos caminaran hacia los árboles para darse la vuelta corriendo.
—Nos... ¿nos ayudó? —le preguntó Ron.
—Sí —respondió Hermione débil—. Lo hizo.
—No hables —le pidió Harry estrechándola— te sacaré pero tienes que aguantar un poco más.
Al cabo de 20 minutos de estar caminando, Hermione se había dejado vencer, comenzaba a oscurecer y el corazón de Harry latía con fuerza.
—Ron... tenemos que salir, Hermione abre los ojos —le pidió asustado.
—No hay salida, estamos atrapados.
—Llegaremos a una casa de seguridad, te lo prometo.
—Severus —lo llamó la joven en su inconsciencia, Harry se desesperó y por dentro esperaba verlo llegar y que los ayudara a sacarla de ahí.
Un ruido de pronto los alertó haciendo que Harry se pusiera en guardia, de pronto vio a Dobby frente a él, vio a su alrededor confundido, esperando ver a alguien más.
—Dobby vino ayudar.
—Dobby... ¿cómo sabías que...
—A Dobby le dijeron que viniera a ayudar a Harry Potter, y Dobby lo hará.
—¿Quién?
—Harry Potter no debe saberlo, una orden que recibió Dobby, y Dobby protegerá a Harry y sus amigos —le dijo extendiéndole la mano, observó a Ron y éste asintió.
—Creo que tengo idea a donde ir —dijo el pelirrojo.
...
La mano de Fleur lo hizo sentarse con fuerza sobre la silla de nuevo, un mueca de dolor hizo reír a la chica, él se sintió un poco indignado pero decidió colaborar, si terminaba con eso podría subir a ver a Hermione.
—Ron no se quejó tanto.
—Bueno... tal vez porque él tenía un raspón, tú me estas cosiendo a lo muggle —se quejó el joven conteniendo un quejido.
—Se nos terminaron las pociones —respondió rogando no se notaran las mentiras, su orden era retrasar lo más que pudiera a Harry, Hermione era bien atendida y no querían que nadie subiera, y el más desesperado por hacerlo era ese joven.
—Que tal... la varita.
—Está... infectado.
—Deja que lo haga Harry —intervino su esposo, Bill rió sirviendo a todos un poco de chocolate caliente, él lo ignoró pero pudo percatarse que ellos se notaban sospechosos.
—Hermione... ella necesita que la curen y... —Les dijo preocupado.
—Ella está siendo atendida, Lupin ha traído a alguien.
—¿A quién? —cuestionó con autoridad, sintiendo con todo el derecho sobre ella.
—Un medimago al parecer... —Harry se tranquilizó cuando escuchó eso, ese medimago podía hacer mucho más que él.
La culpa volvía a él, ni Ron ni él habían terminado como su amiga, esperaba poder partir con su amigo esa misma noche sin Hermione.
—Creo que un buen plato de comida les caerá bien ¿les apetece? —ambos asintieron con una débil sonrisa.
...
La espalda de Lupin descansaba sobre la pared, estaba un poco nervioso pero sentía que había hecho lo correcto. Oía los cubiertos en el piso de abajo, y las voces en apenas susurros, se movió un poco empezando a desesperarse que no saliera de la habitación, tocó levemente la puerta en señal de que el tiempo se estaba agotando, era eso o que él empezaba a ponerse paranoico.
Un par de horas antes había llegado Severus Snape a su casa, su semblante más allá de furioso, lo notó ansioso y preocupado, el pocionista no esperó a ser invitado a pasar, sólo entró, asegurándose que no fueran interrumpidos por su esposa.
—Dora no está en casa.
—Capturaron a Harry.
—Minerva me informó, esperábamos noticias tuyas.
—Ha escapado satisfactoriamente, probablemente estén heridos, necesito saber en qué casa de seguridad llegarán —Lupin soltó un suspiro de burla e incredulidad, ante la forma tan directa en la que le habló Snape.
—No creo que hagan eso Severus, no lo han hecho en todos estos meses, ¿qué te indica que lo harán ahora?
—Dada su situación, no tendrán opción Lupin, ¡tienen que llegar a una casa de seguridad!
—Cálmate —le pidió conteniéndose, sabía que cuando se trataba de su hijo, ese hombre perdía el sentido y la paciencia, sólo le quedaba asentir a todo lo que él pidiera— cuando me notifiquen me haré cargo, llevaré a un medimago de ser necesario.
—Un medimago —repitió jactándose—. Y que ese miserable los venda ¿no?
—De acuerdo, los curaré yo mismo.
—No Lupin... —dijo sonriendo con maldad—, creo que no me he dado a entender. Cuando tú recibas la información, vas a notificármelo, y vas a ayudarme a entrar a esa casa de seguridad.
—¿No confías en que ayude a Harry? Sirius y yo daríamos nuestra vida por la de él.
—Él no está herido, es Hermione.
—Hermione... bueno... la ayudaremos —respondió no entendiendo— Sirius y yo...
—No Lupin, —le interrumpió de pronto— ese miserable no le pondrá una mano encima a Hermione, no quiero que la toque ¿entendiste? —le siseó molesto.
—Pero...
—¡Te dije que no lo quiero cerca!
—Ya basta con esa rivalidad, es absurdo. —Le pidió enfadado.
—Ella es mi esposa, yo voy a curarla, tengo todos los derechos, así que me darás la maldita información y ya, la vi delirar Lupin, Bellatrix la destrozó, logré verla aún consciente —respondió sin dudarlo.
—Pero Hermione es... —antes de que el licántropo terminara Snape le restregó un pergamino en la cara— tu... tu es... esposa.
—Vas a ayudarme a entrar a esa casa de seguridad. —Le dijo sentándose en una de las sillas, Lupin sólo pudo asentir, de todas las cosas que podía esperar esa no era una de ellas.
—... ¿en qué demonios pensabas Snape? Ella... ¡la pusiste en riesgo! Mira dónde terminó Harry, imagina lo que podrán hacerle a ella si se enteran que es tu mujer, y... lo que te hará a ti, él te matará cuando sepa Severus —le dijo asustado.
—Ahórrate el sermón, y ve a conseguir la información, no dejaré que ella muera ¿entiendes? ella no.
—¿Tan mal se encuentra? —le preguntó preocupado.
—No lo sé, y ahorita es lo único que deseo saber, ve... y pregunta si han llegado.
Ahí estaba maldiciéndose, y esperando a que Severus saliera, si Harry se enteraba de eso estallaría contra el pocionista y hasta con él mismo, le cuestionaría en qué demonios estaba pensando, y a decir verdad él también se lo preguntaba.
...
Con delicadeza colocó su mano debajo de su nuca, levantándola un poco, la joven abrió los ojos y lo vio cerca, giró su cabeza y él la forzó a beber una poción. El hombre la vio lastimada, frágil y a punto de dejarse vencer por el cansancio.
Ella cerró los ojos, sintiendo una gasa limpiar las heridas de su rostro, conteniendo el dolor de la herida de su brazo. Comenzó a susurrar cosas que Snape no podía entender, no olvidaba el último encuentro que había tenido al lado de ella, había dejado en claro sus intenciones de divorciarse, de ocultar el error que cometió al casarse con él, queriendo olvidar todo lo que habían pasado.
Vio la herida en su brazo y contuvo una maldición, la tocó con cuidado queriendo grabar el propio dolor que había vivido ella horas atrás, después de aplicarle poción la vendó con sumo cuidado.
—Ten por seguro que va a pagar lo que te hizo —le dio sin esperar que ella respondiera, sabía bien que lo único que sentía ella ahora era repulsión, y que si no lo echaba en ese momento era porque la debilidad era más grande que su odio.
Terminó de curarla, no estaba tan mal como lo había previsto, sabía que ella estaba sufriendo, recordando todas las veces que ella lo curaba, igualmente en silencio, buscando que ambos comprendieran que estaban enamorados, que por mucho que lucharan por alejarse ella seguiría presente, hasta que llegó el momento donde él la aceptó.
—Debes asegurarte que no partan mañana, tienes que descansar mínimo tres días —ella siguió sin responder, tan sólo sus ojos entreabiertos negándose a darle la cara—. Sé que tus deseos son no verme, y yo te complacería en todo, hasta en esto —le dio depositando un pergamino sobre su vientre—. Nadie sabrá el error que cometiste al casarte conmigo.
Pero él se sentía con el derecho de besarle una última vez, y lo hizo. Quitó los bucles de su frente y le besó despacio.
—Tenía que hacerlo —le dijo intentando disculparse—, no tuve otra alternativa.
Ella bajó la vista al pergamino y su mundo se quebró, él había firmado el acta de divorcio como tanto le había exigido, esas lágrimas cayeron cuando él se separó dirigiéndose hacia la puerta. Ella se incorporó con el brazo que podía mover, y rompió el pergamino con dolor, él retrocedió hacia ella confundido.
—No, no quiero esto —susurró viendo los trozos de pergamino sobre las sábanas, Severus llegó hasta ella observándola sin que ella lo viera a los ojos, se quitó las sábanas con violencia—, llévame contigo, me voy, lo dejo todo, pero no me dejes aquí... me he arrepentido cada segundo de abandonarte, sácame de aquí.
—No, no puedes ahora.
—Si puedo, te juro que puedo, aún soy fuerte.
—No, Hermione.
—¡No quiero el divorcio! —le gritó viéndolo a los ojos—. No... no me dejes —le pidió avergonzada, cuando había sido ella quién le había dado la espalda, ahora ella le suplicaba algo que ni quiera podía comprender—, merezco que me dejes, lo sé... pero no lo hagas, por nuestra Elizabeth.
—Shhh tranquila —le pidió girándose hacia la puerta, esperando que Lupin supiera controlar lo que pudiera suceder afuera de esas habitaciones.
—Quiero irme contigo, ahorita que podemos.
—No puedo Hermione —respondió con paciencia intentando calmarla—. No sé si pueda mantenerte segura ahora, quiero que estés con Harry.
—¿Qué pasará?
—Remus... ¿y el medimago? —escucharon la voz de Harry.
—Se acaba de ir, dice que se va recuperar, sólo hay que dejarla descansar.
—Quiero estar con ella.
—Vete —le pidió llorando desesperada, odiando todo lo que sucedía—, te alcanzaré.
El pocionista tomó su rostro y lo besó, Hermione apretó su túnica con fuerza profundizando el beso, de cierta forma intentando no soltarle. Él rompió el contacto viéndola, considerando su petición, pero con el escape de ellos en la Mansión Malfoy su situación era inestable.
—Volveré por ustedes —le prometió desapareciéndose.
...
Harry se mostraba más calmado, había visto a Hermione levantarse a almorzar por su propio pie, hasta la notaba más animada, cómo si algo le hubiera devuelto las esperanzas, aun así pensaba esperar un par de días más para verla mejor y posteriormente partir con Ron, pero lo haría sin ella en esta ocasión.
El joven vio a Bill con cierta seriedad, a pesar de estar riendo y poniendo en una mochila cosas que seguramente les serviría, sentía que su mente estaba perdida.
—¿Hace cuánto que no van a La Madriguera?
—Un tiempo, parece que fue... hace un par de semanas —respondió Fleur viendo a su marido.
—¿Y Ginny? ¿Cómo ha estado? —preguntó Harry con melancolía, estaba a punto de ir a verla unos minutos, pero sabía lo difícil que sería otra vez la despedida —quisiera ir a verla, pero no creo que sea correcto.
—Estoy de acuerdo, no vayas —le pidió Ron serio— ¿Bill? ¿Y Ginny?
El mayor de los Weasley volteó a ver a su hermano, sonrió con tristeza y el trío se quedó serio de pronto.
—No sabemos, ella... desapareció unos días después que ustedes se fueran, creímos que había ido tras de ti, Harry.
—No, ella me dijo que me esperaría, ¿cómo que desapareció?
—Nadie supo de ella, un día simplemente no estaba —Harry se quedó en shock escuchando eso, no podía procesar el perderla a ella, saber que siempre tuvo razón y que al final le dieron donde más le dolía.
—¿Creen que la tienen ellos Bill? —preguntó Ron con lágrimas en los ojos.
—No sabemos, mamá esta tan tranquila, que no tenemos idea de nada, buscamos pero nuestros contactos no dicen mucho.
—No la tienen ellos, sino ya la habrían utilizado para dar conmigo —respondió Harry devastado.
—... Claro... todo esto es culpa tuya —estalló Ron levantándose de la silla, Hermione se incorporó sujetando su hombro— te dije que te alejaras, que era lo mejor para Ginny.
—Ron, no digas algo de lo que te puedes arrepentir.
—¿Crees que no me duele Ron?
—¡Era mi hermana! Mi familia Harry, ¿crees que puedes superar mi dolor? —le gritó furioso, Bill lo sostenía temiendo que perdiera el control, pero no le decía nada, entendía por lo que estaba pasando.
—Yo la amaba, la amo Ron —respondió Harry con los ojos llorosos— dudo que puedas superar eso, porque eres su hermano, pero ella era todo lo que tenía, todo.
—Hablas como si estuviera muerta, y no lo está ¿oíste?
Harry no respondió a sus ataques, se dio la media vuelta saliendo de la casa, Hermione fue detrás de él preocupada, lo encontró sentado sobre la arena, lo vio llorar y sintió su pequeño mundo pedazos, ver a Harry llorar no era fácil, porque siempre lo vio tan fuerte, que no lo podía concebir ver de otra forma.
—Ron está destrozado, no... le hagas caso.
—No importa Ron... ella está...
—Está viva y la encontraremos —le prometió sentándose a su lado.
—La amaba Hermione, Ginny era todo mi futuro... la amo y no puedo pensar que ella... sin ella no sé qué haré... —confesó a su amiga abriéndose por completo, llorando y diciéndole sus más grandes miedos, Hermione no pudo responder, sólo lo abrazó acercándolo a su pecho.
