CAPÍTULO 19
Una semana había transcurrido desde que habían logrado escapar de la Mansión Malfoy, Hermione ya estaba completamente recuperada, pero la tensión persistía, Ron no había vuelto desde que decidió irse rumbo a la casa de sus padres, queriendo que le desmintieran de la desaparición de Ginny, cuando no regresó Harry comprendió que todo había sido cierto, y que ahora su amigo prefería evitarlo, porque él era la razón de lo que le hubiera ocurrido a la joven.
Ambos sufrían en silencio, Harry al imaginarse el final de su novia, guardando la esperanza de que no hubieran acabado con su vida, ahora la sed de venganza había crecido mucho más, deseaba salir cuanto antes a terminar con lo que había empezado hacía meses, esos enormes deseos de tener frente a él a aquél que se la había llevado, y en el fondo esperaba ver a su padre y recriminarle haberle dejado solo en esos momentos, y permitir que dañaran a Ginny, en esas circunstancias él ya había perdido de las esperanzas con la joven y con su padre. Hermione continuamente caminaba por la playa, pensaba que en esos largos silencios encontraría la respuesta, continuamente dormía hasta tarde esperando una visita que nunca llegó.
...
Una noche Lupin llegó a la casa de seguridad con un niño en brazos, Harry se incorporó con pesadez, se arregló la camisa arrugada y se acercó a su profesor, lo miró con curiosidad, el licántropo se lo dio y el joven lo tomó con cierta inseguridad, los ojos color ámbar lo vieron fijamente, Harry sonrió después de varios días, había algo bueno, positivo dentro de toda esa guerra.
—Se llama Teddy —dijo el licántropo con tristeza.
—¿Cómo esta Dora, Remus? —le preguntó Hermione acercándose a su amigo.
—Igual Hermione, las pociones no están funcionando, la fiebre persiste, quedó demasiado débil.
—Mejorará —intentó animarlo, el hombre asintió queriendo creer eso.
—Felicidades Remus —le dijo Harry tomando la mano del pequeño, cuando éste sonrió sus ojos ámbar se habían transformado en un verde olivo penetrante, Harry sonrió, ese pequeño había heredado los poderes y simpatía de su madre, Lupin sonrió con el cambio de su hijo.
—Le caíste bien.
—Sí, eso parece.
—Lo cual me tranquiliza, ya que tú eres su padrino.
—¿Yo? —preguntó incrédulo.
—Nadie mejor que tú, Harry.
—Pero... ¿y Sirius?
—Serás tú —recalcó con seguridad, Harry asintió agradecido.
Sin embargo, Hermione sabía que ese semblante de tristeza en el rostro de Lupin no se debía exclusivamente a la salud de su esposa, veía a Harry continuamente queriendo decirle algo, como si no se atreviera a dar una mala noticia. Lo corroboró cuando su antiguo profesor le pidió a Fleur llevarse al niño y dejarlos a solas.
—¿Qué pasa Remus? —preguntó ella con temor, no podría soportar una mala noticia en esos momentos.
—Será mejor que nos sentemos. —Los tres ocuparon diferentes asientos en la sala de estar, Lupin sonrió sacando un pergamino voluminoso, sus manos temblaron ligeramente—. Dumbledore me dejo esta carta, la recibí hace algunos días, había estado sellada y no dudo de su autenticidad, en ella me pide darte una información.
—¿A mí? —preguntó Harry, él asintió sin despegar la vista del pergamino.
—Me habla de los horrocrux, me deja claro que dos estaban destruidos, y que en ese momento había localizado en una cueva, no sabiendo qué era, me dice que hay otros tres, entre ellos la serpiente de... el que no debe ser nombrado.
—Así es, hemos destruido el de la cueva y creemos saber que en la cámara de Gringotts se encuentra uno, y quizás la diadema de Rowena sería el faltante. —Explicó Harry.
—Eso da un total de seis, Dumbledore deja claro que son siete.
—Sí, pero desconocemos qué sea el último y dónde se encuentra.
—Dumbledore lo descubrió, y me pidió decírtelo. —Ambos jóvenes se mostraron sorprendidos de tal petición, Harry asintió esperando la información, un paso más cerca de su misión.
—Quiero que te tomes esto con calma, he investigado demasiado y creemos que hay una salida.
—¿Tan imposible de destruir es? —preguntó Hermione abatida.
—¿Qué es?
—Eres tú, Harry. —El joven se quedó callado escuchando esas dos palabras, un nudo en su garganta se formó y la voz no le respondía, sus músculos se pusieron tensos de pronto, y no podía moverse—. La noche donde murieron tus padres y la maldición rebotó, un trozo de su alma se alojó en ti, fue el horrocrux que él nunca planeó hacer, el cual él ignora.
—No, claro que eso no es cierto. —Dijo Hermione, aunque la idea pareció estar un tiempo en la cabeza de la chica, ahora se resistía a creerlo.
—Debemos tomar en cuenta que estamos hablando de dos almas, la de Harry y la de... él, ese es el motivo de la profecía, sólo él podrá terminar con su propia alma.
—¡Con la maldición asesina! —gritó la castaña histérica.
—Esa maldición mata una sola vez Hermione.
—Un momento, ¿me estás diciendo que Harry debe pararse frente a... él, y esperar que la maldición mate su alma y no la de Harry?
—Es la única posibilidad.
—¿Y esa teoría es...?
—Mía.
—Harry no va hacer eso en base a una teoría basada en el amor que le tienes, ¡el Avada le dará de lleno Remus! Matará a su alma, pero también a Harry. —Le pidió derrotada.
—¿Qué pide Dumbledore en esa carta? —preguntó Harry de pronto.
—Nada, sólo me pide darte la información.
—¿Por qué a ti?
—Porque Sirius no te lo hubiera dicho. —Harry sonrió estando de acuerdo.
—¿Por qué no me lo dijo a mí? Supongo que pensaba que no tendría el carácter para hacer todo lo que he estado haciendo por estos meses... o porque... yo... —se quedó callado de pronto atando cabos, maldiciéndose por ser tan idiota, queriendo que estuviera equivocado en sus ideas—, yo... le hubiera dicho a Snape, cómo todo... Snape me mandó y yo le daba toda la información ¿Dumbledore no quería que el profesor supiera esto? ... él se lo hubiera dicho a mi padre y... ¿por qué escribió esa carta Remus? —preguntó después de estar suponiendo.
El licántropo se quedó callado, le hizo frente con una mirada dura y persistente, Harry terminó por arrebatarle la carta y leyéndola con rapidez, cuando terminó arrugó el pergamino con odio.
—¡El director sabía que él iba morir! Como si supiera que Snape iba matarlo, lo escribió antes de ir a la cueva —A Hermione se le llenaron los ojos de lágrimas, al final su esposo nunca mintió, todos ellos habían formado parte de un plan bien estructurado, donde eran las piezas de una gran jugada—. Me lo dice ahora... que prudente —escupió con rencor.
—Jugó con todos nosotros, como si fuéramos solo una pieza en su ajedrez —susurró Hermione.
—Empaca Hermione.
—Harry no dejaré que lo hagas, esa teoría es una locura.
—Es nuestra única alternativa.
—¿Remus qué posibilidad hay?
—La mitad de las posibilidades Hermione, es sólo una teoría, podría funcionar o...
—Morir —terminó la frase Harry—. Iré a ver a Teddy...
…
Hermione colapsó sobre la hierba mojada, apenas podía respirar, se encontraba agitada. Harry hizo unos escasos hechizos de protección para dejarse caer a un lado de ella, le tomó la mano y cayó rendido por la magia perdida.
—A estas alturas todo Hogwarts sabrá, los carroñeros nos vieron.
—Creo que... que no están seguros de que éramos nosotros —le dijo Harry, Hermione lo dudaba un poco—. Debemos planear algo, no podremos entrar al castillo y ponernos a buscar la diadema con libertad.
—Lo sé, había pensado en eso.
—Podríamos... intentar buscar al profesor Snape, ya nos ayudó una vez —Harry la vio con seriedad, y desvió la mirada de inmediato.
—No... él no —dijo sin ningún insulto—. Usaré el espejo, él se encuentra... vulnerable, quiero que Sirius alerté a la Orden para atacar una vez que encontremos la diadema.
...
Lo difícil no fue entrar al castillo, o conseguir seguidores que los ayudaran a moverse dentro de Hogwarts, lo complicado era empezar a planear lo que tenían que hacer, sin tener noción de la localización de la diadema, y lo complicado que sería matar a la serpiente.
Luna les llevó un par de emparedados, Hermione seguía pensando que si lograra encontrarse con Severus podrían obtener un poco de seguridad, pero sabía que Harry nunca estaría de acuerdo en pedir la ayuda del profesor. Harry comió en silencio, no sabía si se estaba acercando el momento de terminar con todo eso, recordaba a Ginny y no podía maldecirse más, hubiera querido al menos asegurarse que ella estaba bien.
—¿Hermione?
—¿Sí?
—Cuanto todo esto termine, tú... ¿buscarías a Ginny? —le preguntó en voz baja.
—Harry, te voy acompañar a buscarla —le respondió queriendo eliminar la tristeza en su voz.
Harry le sonrió, sacó del bolsillo de su pantalón el mapa del merodeador y se lo entregó, junto con el collar que había recibido hacía dos navidades, la prueba de un pasado que ignoraba, se lo puso en el cuello a su amiga besando su frente, Hermione negó con la cabeza reteniéndolo.
—No.
—Dáselo a Ginny, no quiero morir con él puesto.
—¡No vas a morir! —le aseguró ella sin soltar su mano.
—Tenemos que hacer esto hasta el final ¿de acuerdo? —Su amiga asintió, sus lágrimas bajaban sin parar de sus ojos nublados, Harry le entregó el mapa y lo guardó dentro de aquella bolsa de cuentas—. Vas a necesitarlo, iré a buscar la diadema, tú lidera a la Orden cuando llegué ¿está bien?
—¿Vas a volver?
—Claro que sí.
Cuando Harry cruzó la puerta, Hermione espero el tiempo suficiente para salir también. Un uniforme de Slytherin ajustado a su cuerpo le daba más seguridad, cruzó los pasillos con rapidez, con la varita en su mano, intentando observar a todos con soberbia. Nadie le prestaba atención a la pelinegra que caminaba con prisa, nadie se acercaba a los Slytherin mayores, sabían el riesgo que corrían al ser castigados.
Llegó hasta la gárgola, ahora se sentía como una completa tonta, sin la contraseña no la dejaría pasar, y corría el riesgo de ahora ser descubierta por cualquier mortífago que estuviera alojado en el castillo.
—Tengo un reporte para el director —dijo, esperando obtener algo.
—¿Tu nombre? —preguntó una voz dura, Hermione se giró asustada, la mirada de McGonagall la observaba con desconfianza—. ¿Quién es usted?
—Soy yo profesora, Hermione Granger.
—¿Granger? —la joven le entregó su varita confirmando lo que decía ella—. ¿Y Potter?
—Él está aquí también, pero fue a buscar algo que necesitaba... profesora ¡La Orden viene hacia acá! Han sido convocados todos, y yo debo hablar con el profesor Snape.
—¡Por Merlín! —susurró, ella también lo supuso, que el momento había llegado.
Su mentora asintió al verla ahí, portando un uniforme que no era suyo, arriesgando su vida al tener su condición de hija de muggles, y esa valentía al dar lo último de si por esa guerra, y el mundo mágico que ella había aprendido amar.
—Sígueme —la profesora dijo la contraseña, la gárgola les dio acceso y entraron las dos brujas.
Cuando la profesora abrió la puerta de la dirección, Snape la vio con suma frialdad, observó a la joven que los acompañaba y las ignoró a ambas sin sutileza, continuó escribiendo en un pergamino mientras entraban y cerraban la puerta.
—Cualquier cosa que haya hecho esta niña a tus alumnos, notifícalo a los Carrow.
—Severus esto es importante —el pocionista dejó de escribir de inmediato, si le había llamado por su nombre eso significaba que más allá de importante, eso era serio y preocupante.
Vio a la alumna sacar la varita y pasarla por su cara, el rostro de Hermione apareció a continuación, Severus se levantó hacia ellas utilizando todo su autocontrol, su máscara de frialdad seguía existiendo, pero su corazón parecía que en cualquier momento se le saldría del pecho.
—¿Qué ha pasado Minerva?
—La señorita Granger me indica que la Orden viene en camino, Snape.
—¿Y Potter? —preguntó de inmediato, de hecho no había cosa más importante para él en ese momento más que saber si él seguía a salvo.
—Está aquí en el castillo profesor.
—Bien, Minerva distrae a las Carrow, yo me encargaré del resto.
—Está bien, Severus... la señorita Granger quiere hablar contigo, le he dicho que es muy riesgoso de su parte mantenerse en el castillo, más ahora y por su condición —le dijo preocupada, y con un ligero tono de regaño.
—Me encargaré de ella Minerva.
La bruja se retiró con paso decidido cruzó la puerta de madera, en cuanto la cerró Severus se acercó a Hermione revisando que estuviera bien, podía notar lo delgada que se encontraba, cierta debilidad que ella suplía perfectamente con algunas pociones, pero él no podía ignorar lo vulnerable que estaba en esos momentos. Vio aquella cicatriz que le había dejado Bellatrix, después alzó la vista hacia ella y acarició su mejilla, se dio cuenta que estaba temblando un poco y lo disimulaba abrazándolo.
—Tienes que buscar a Harry.
—¿Por qué? ¿Qué es lo que pasa? Hermione, no debieron venir en este momento.
—No pudimos postergar más tiempo esto.
—Muy bien, quiero que te quedes aquí en lo que vuelvo, si la Orden viene hacia aquí, deberé sacar a todos los mortífagos que pueda.
—No importa eso —volvió a ponerse ansiosa, queriendo obtener su entera atención.
—No creo que sea bueno que hable señorita Granger —intervino el cuadro de Dumbledore, ella hizo a un lado a Severus y se acercó al cuadro con incredulidad, y ese odio apareció de pronto.
—¡Él no va morir! —le gritó.
—Por supuesto que no va morir Hermione, quédate en lo que voy a buscarlo, y arreglar lo de la Orden.
—No hay nada que arreglar, porque la maldita batalla está en la puerta, Severus.
—¡Eso ya lo sé! Pero necesito darle una ventaja a la Orden, buscar que el Señor Tenebroso se entere lo más tarde posible.
—No tarda en enterarse, hemos destruido cinco profesor Dumbledore —el anciano la vio con una ligera sonrisa, Severus vio a su esposa y después al cuadro, había algo que no estaba marchando bien.
—¿A dónde fue Potter?
—A buscar la diadema de Rowena Ravenclaw, dijo que estaba casi seguro donde se encontraba.
—¿Para qué quiere eso?
—Para destruir a Vol... al que no debe ser nombrado —corrigió al recordar aquel incidente.
—No creo que eso sea de gran ayuda —dijo intentando sonar sereno, no entendía como su hijo había sido tan idiota al perder el tiempo así.
—Hace unas semanas Lupin fue a buscar a Harry, con una carta del profesor Dumbledore.
—Silencio señorita Granger.
—¡No! —volvió a gritar ella, Severus alzó vista hacia el cuadro, los ojos de la joven se humedecieron.
—Déjala hablar —le ordenó al anciano—. ¿Qué decía en la carta?
—Harry te dijo lo de los horrocrux, la diadema es el quinto, Harry mandó llamar a la Orden para que venga Ron conmigo a buscar a la serpiente.
—¿Es la sexta? —ella asintió entristecida—. ¿Y el último?
—Es lo que decía la carta, aquella noche donde murieron los padres de Harry y la maldición le rebotó, el trozo de su alma se alojó en Harry, quieren que él... se entregué —alzó la voz con las lágrimas desbordándose—, pero no lo hará ¿me oye? —Le dijo refiriéndose al cuadro—, yo no lo dejaré, porque nosotros somos más fuertes que su telaraña de mentiras donde envolvió a Harry, ¡es un maldito!
Severus vio el cuadro y todo en él se lo dijo, el anciano bajó la vista y entrelazó sus dedos, el pocionista buscó que el cuadro le afirmara, o le negara, cuando se vieron a los ojos por un instante vio tristeza en esas orbes azules.
—No —dijo al ver su afirmación.
—¡Snape! —escuchó unos gritos desde las escaleras, Severus pasó la varita frente al rostro de Hermione, antes que los Carrow entraran a su despacho sin tocar.
—¿De qué forma van a entender que deben tocar?
—Vieron a Potter —interrumpió el mortífago—, en el segundo piso.
—Hemos hecho el llamado —dijo su hermana.
—Retírese señorita.
—Pero director —debatió Hermione.
—¡Es una orden! Retírese —Hermione volteó a ver el cuadro del director, pero antes que cruzara una palabra con éste, fue consumido por las llamas, Hermione volteó a ver a su esposo que tenía en alto su varita—. Son de esas personas que es un placer matarlas dos veces —le dijo.
—El director te ha dicho que te retires ¿quieres una forma menos sutil para obedecer? —le dijo el mortífago tomándola del brazo.
Snape se acercó a ellos furioso, tomó del hombro al mortífago y logró que la soltara de inmediato, lo arrojó hacia el pasillo donde se acercó a él con la varita en mano, se agachó hasta donde se encontraba y le hundió la varita en el cuello, dejándolo inmóvil.
—No la toques.
—¿Qué demonios haces Snape?
—Modera tu tono Amycus, ahora lárguense, en vez de perder el tiempo en esta niña deberían empezar a buscar a Potter, ¿Quiénes son los encargados de vigilar el castillo? ¿Cómo fue posible que él entrara frente a sus narices?
—No lo hizo por la puerta principal —se defendió la mujer.
—Por supuesto que no idiota, fue por un pasadizo que no supieron cubrir.
—Pero Snape...
—¡Muévanse! —gritó, éstos se levantaron y corrieron hasta perderse de su vista.
Hermione estaba quieta detrás de él, nunca había visto de esa manera a Severus, tan furioso y sin tener el mínimo control de sus emociones y su carácter, cuando el pocionista volteó a ver a su esposa la notó tensa y asustada, se acercó a ella besando su frente con cariño.
—¿Quién sabe del contenido de esa carta?
—Sólo Lupin, Harry y yo.
—No se lo digas a nadie más —le pidió con calma— ni a Weasley, Harry no va morir, pero necesitamos ser discretos. —Hermione asintió aliviada, en ese momento no le interesaba el tipo de solución que estaba por darle Severus, sólo le importaba que Harry no muriera, el cómo, le tenía sin cuidado.
...
Hermione se movía nerviosa frente a los estudiantes, debía ser partícipe de lo que estaba ocurriendo, o no sabría lo que debía hacer una vez Harry llegara. Se colocó en la parte de atrás, esperando no causar extrañeza con quién no la conocía, escuchó el discurso de su esposo con mucha calma, ella lo conocía mejor que nadie, lo podía sentir nervioso, las opciones para Severus se estaban acabando, así como la paciencia se le terminaba a Voldemort.
Ordenó la retirada de todos los alumnos, había exigido que todos debían estar en su sala común sin excepción. Severus se encontraba ansioso, tenía que encontrar a Harry mucho antes que Voldemort diera con él, y antes de que se le ocurriera la idea de sacrificarse de la forma que se lo había pedido Dumbledore.
Hermione se acercó a Luna cuando se dirigía a su sala común, sentía la mirada de Severus pegada a ella, podía notar que él no había logrado sacar a los mortífagos y eso era lo que lo mantenía tenso.
—Luna ¿has visto a Harry?
—Entró a la sala de menesteres, nos pidió salir a todos.
—¿Pero por qué? —La rubia sonrió un poco, lo suficiente para que Hermione comprendiera—. La encontró —susurró antes de correr hacia la sala.
Severus percibió el movimiento de la joven, y también lo notaron los Carrow que se mantenían a un costado de él.
—Vigilen los jardines, ahora Potter buscará escapar.
—¿Y si sigue en el castillo?
—Cada jefe de su casa me notificará si alguno de los alumnos lo está ayudando —respondió con frialdad observando a Minerva.
—Snape no creo que tengas la ayuda de tu profesorado.
—Me tiene sin cuidado lo que creas Alecto, obedece.
...
La presión en su pecho aumentaba conforme pasaban los segundos, en su mano la empuñadura de la espada se calentaba más y a lo lejos creía oír una voz que lo llamaba, su vista se nubló por un momento hasta que una fuerza lo hizo levantarse.
—¡Vamos Harry! —Le pidió Hermione apoyándose sobre su hombro—, debemos movernos de aquí.
—Él sabe... lo que estoy haciendo —articuló con dificultad.
—¡Claro que lo sabe! ¿Por qué razón sabría que regresamos a Hogwarts? Ahora cuidará con más razón a Nagini.
—Tenemos que ir por ella.
—Ahora no, debo darte unas pociones.
—¡Regresemos a la sala de menesteres! —le pidió con obviedad.
—No, Harry tienes que aceptar que no podemos solos.
—¡No estamos solos! Tenemos a la Orden.
—¡La Orden no ha llegado aún! Luna regresará a la sala hasta que sea seguro, y la Orden no podrá entrar por ahora, así que tendrás que confiar en mí.
Harry se quedó callado y asintió con cierto temor, él ya tenía una ligera sospecha de a dónde quería llevarlo, y no estaba listo para enfrentar ese momento. Caminaron rápido hacia la dirección, más de dos veces su amigo la veía con incredulidad, y ella fingía no darse cuenta de esa mirada de reproche. Cuando ella dijo la contraseña, por poco él se pone a reprenderla, sabía que no era buena idea dejarla sola, en cualquier tiempo libre lo usaría para volver a buscar al profesor.
Hermione abrió la puerta, Severus se giró reconociendo sus pasos, sabía bien que ella volvería. Adoptó su semblante de frialdad cuando vio a su hijo frente a él, todos los recuerdos de aquella noche llegaron de golpe.
—Hermione, no creo que este sea el mejor lugar.
—Necesito darle unas pociones —le dijo a su esposo, éste asintió haciéndose a un lado.
Mientras Hermione se dedicaba a preparar una poción, Snape cerraba la puerta con hechizos, acababa de ser invadido por el pánico, estaban encerrados sin tener muchas opciones de por medio. Harry bebió la poción con incomodidad, desvió la mirada de donde se encontraba el profesor, y su mirada se centró a aquel cuadro que parecía haber sido quemado recientemente. Observó a su amiga señalándoselo.
—... se lo ganó.
—Oh por Merlín ¿le dijiste todo? —le susurró molesto su amigo.
—Lamento interrumpir su dramática lista de quejas sobre mí Potter, pero como usted bien sabe las alternativas se nos están terminando —le dijo colocándose frente a él.
—Aún no confío en usted.
—¡Harry! —susurró Hermione derrotada.
—En este momento su confianza es lo que menos me importa, escuchó bien el mensaje del Señor Tenebroso, pagará muy bien por su cabeza a cualquiera que se atreva...
—El mensaje era otro, aunque él no lo haya dicho, lo que él quiere es que me entregue, evitando que mueran más personas.
—Pero tú no harás eso, vamos a encontrar otra opción. —Le dijo Hermione con una amenaza.
—Hermione no hay opciones —dijo entre dientes.
—Quiero que use la chimenea Potter, a la casa de la señorita Granger.
—"Señorita Granger", —repitió con molestia el joven al ver cómo le hablaba con respeto cuando lo menos que le tuvo a ella, fue eso—. Tal vez el profesor Dumbledore le provocó o le tendió una trampa como dice Hermione, pero eso no quita que usted se aprovechó de ella.
—¡Harry no es momento de eso!
—Si no se lo digo ahora, dudo mucho que en las próximas horas pueda Hermione.
—No tenga preocupación sobre Granger, Potter, sólo debe ver un poco más allá de esas gafas —le respondió con desprecio, Hermione lo fulminó mientras detenía a Harry—. Ambos usen la chimenea, los buscaré una vez que pueda saber la localización de la serpiente.
—Necesitarás la espada, y sólo la puede usar un Gryffindor, tengo que ir contigo.
—Estas demente —le dijo a Hermione viéndola como si fuera una pequeña niña.
—He estado ahí afuera por meses, ¿ahora me vas a creer incapaz?
—¿Tengo que recordarte cuantas veces estuviste a punto de morir? —le preguntó molesto, Harry se sentó por un momento, esa confianza con la que se hablaban comenzaba a marearlo.
—Ella tiene que ir —dijo de pronto—. Debo hablar con Lupin o Sirius antes de desaparecer.
—Escúcheme muy bien Potter —le dijo acercándose a él, provocando que por un instante se sintiera atemorizado—. Le traeré al sarnoso de Black, mientras logro localizar a la serpiente, pero usted no se moverá de aquí ¿entendió la orden?
—¿Cómo entraran ellos?
—Cambiaré la contraseña, y se las daré a ellos.
—Me parece bien.
—Si usted se atreve a desobedecer, no tiene idea de lo que seré capaz de hacer. —Le amenazó, Harry asintió sin verle a la cara, viendo cómo se marchaban.
...
—No, tú no puedes hacerme eso —se quejó Hermione a pleno pasillo, Severus terminó por meterla a un aula y evitar que vieran el escándalo que estaña dispuesta a armar.
—Oíste la contraseña, busca a Lupin y llévalo, sólo iré a ver dónde se encuentra la serpiente y volveré.
—Pero es mejor que vaya, así podré matarla.
—No-te-llevaré-con-el-señor-tenebroso-Hermione —siseó enojado.
—¿Qué pasará después que la matemos?
—Eso es algo que discutiremos más tarde, cuando eso pase quiero que te reúnas con Potter en tu casa y me lo notifiques, si algo se sabe, deben recordar todos, que eran seis horrocrux, no siete.
Hermione afirmó con la cabeza, sin estar muy convencida de su plan, pero eso era mejor que el hecho de que Harry se entregara. Una explosión se escuchó al final del pasillo, Hermione salió del aula para ver a un mortífago derribado por un miembro de la Orden.
—Han entrado, tienes que salir. —Le dijo a su esposo.
Severus salió del aula enfrentando a la Orden, Hermione se sorprendió cuando la mitad de ellos lo observaron con seriedad y bajaron la vista, sólo unos pocos querían abalanzarse contra de él, sintió como un nudo se formó en su garganta, hubiera querido saber más de él, conocer los verdaderos secretos que le había guardado Severus, cómo ninguno de ellos osó en desconfiar de él y ella sí.
Severus sacó su varita, su mirada se centró en Lupin con fuerza, un hechizo salió de la varita del pocionista y chocó con fuerza sobre el escudo del licántropo, uno de los presentes derribó a los alumnos que se encontraban cerca, éstos cayeron al piso protegiendo sus cabezas del duelo.
—Ordena la retirada Alecto. —El mortífago se levantó del suelo y salió corriendo al lado contrario del de Snape, este último provocó un hechizo que provocó que una cortina de humo se dispersara por los aires, el pocionista tomó del brazo a Hermione y la jaló hacia la columna—. En una hora, en la dirección ¿de acuerdo?
—Sí.
—Cuida a Potter.
—Cuídate tú. —Le pidió con tristeza.
Severus le sonrió con calma, escuchaba los movimientos dentro del castillo, la Orden empezando a movilizarse y protegerlo ante un posible ataque, alzó la vista y los mortífagos iban abandonando su puesto como lo había ordenado, los gritos eran incomprensibles al escuchar tantas voces. El pocionista bajó la vista hacia ella y quitó uno de sus rizos, los colocó detrás de su oído, perdiéndose detrás de sus ojos claros, vio en ellos miedo y dolor, recordó la última vez que los vio así, ninguna palabra era suficiente para darle seguridad, no le mentiría en esa ocasión.
Tomó su barbilla para alzarla hacia él, Severus asintió prometiéndole lo que ella necesitaba oír, la acercó a él, y besó sus labios con suavidad, ella gimió entregándose con calma, disfrutando de ese pequeño instante. La tomó de su cintura pegándola a su cuerpo, fue suave e intenso, hasta sentir que ella había dejado de temblar. Se separó de Hermione y se convirtió en una cortina de humo negro antes de que la Orden llegara hasta donde ella se encontraba.
...
Subieron hasta la dirección donde se encontraba Harry, abrieron la puerta y lo encontraron parado cerca de donde se encontraba el cuadro de Dumbledore, cuando vio a su amiga le reprochó con sólo la mirada el haberle dejado ahí encerrado.
—Era mejor así, Harry.
—Claro.
—Harry —le abrazó Sirius, el joven rechazó un poco el abrazo, sabía que entre más se aferrara a ellos más difícil sería el momento de partir.
—Gracias por venir, Remus, lamento lo de Dora.
—Gracias Harry, ¿Cómo estás?
—Bien —respondió sonriendo—. He dejado todo listo, al parecer "Snape" está buscando a la serpiente.
—He hablado con él Harry, Severus no es lo que tú crees —le dijo Lupin—, está de nuestro lado.
—No creo que sea buen momento para esto, Remus.
—¿Entonces cuando, Sirius?
—¿De qué están hablando? —cuestionó de mal humor Harry.
—¿Va servir de algo que Harry sepa que Snape no es lo que aparenta? ¿Qué nos ha estado ayudando los últimos meses? No, a estas alturas ya no tiene caso, al final piensan arrojarlo a su final ¿no? —escupió con odio.
—Claro que no va morir, el profesor tiene un plan, lo sé. —Harry vio a Hermione con tristeza, pero le asintió para verla tranquila—. En cuanto nos diga la localización de la serpiente, iremos por ella, mientras utiliza la chimenea y ve a donde te dijo.
—Está bien, sólo que la chimenea no sirve —les avisó.
—Snape hasta para eso es inútil —se quejó Sirius subiéndose las mangas de la túnica y agachándose hacia la chimenea—. Dame una mano, Remus.
—Pero ¿cómo no va funcionar? —preguntó Hermione acercándose—. ¿Ya revisaste bien Harry? —le preguntó desconfiada—. ¿Harry? ¡Harry! Pero donde... —preguntó al no verlo en la estancia, ambos hombres se vieron de frente asustados—. La capa de invisibilidad —susurró al ver la puerta abierta.
...
Hermione se quedó frente a la gárgola esperando a Severus, no faltaba mucho para el punto de encuentro. Cuando éste llegó ambos hombres estaban con ella, lo cual pareció molestarle al pocionista, se acercó a ella con seriedad ignorando a los presentes.
—Está en el bosque prohibido, será mejor que lo hagamos cuando él ataque, se va distraer y la serpiente perderá un poco de su atención, ahora no será conveniente.
—De acuerdo.
—Subamos, tenemos que llegar a su casa, Granger.
—Profesor, hubo un problema con Harry —susurró triste, Severus se regresó a verla y después a ellos, un poco de fuerza mental y no era difícil lo que había sucedido, sonrió con cierta perversidad—, se escapó.
—Dijo que la chimenea no servía.
—¿Y ustedes dos le creyeron? ¿Fueron capaces de suponer que lo envié a una chimenea que no funcionaba? Dos aurores fueron burlados por un mocoso rebelde e insensato. —Les gritó, por primera vez Sirius no tenía nada que decir—. En vez de ponerme esa cara Black, pongan a la Orden a buscarlo.
—Tal vez Harry no fue con él —le dijo Hermione, el pocionista la miró con obviedad y fastidio.
—Lo conozco como la palma de mi mano, fue a eso, pero ¡tú! Te creía más prudente, más inteligente que estos remedios de aurores ¿qué se supone que estabas haciendo?
—¡No le hables de esa forma! —le exigió Sirius, colocándola detrás de él.
—¿Qué se supone que intentas Black? —Hermione se alejó de ambos incómoda.
—Basta los dos, y tú —le gritó a Severus señalándolo en el pecho, Severus reaccionó y dio un paso hacia atrás, su mirada se fue tranquilizando y se acercó a ella tomando su mejilla.
—Perdón.
—... Yo tengo el mapa, el mapa del merodeador. —Reaccionó Hermione.
Sacó el pergamino, y dobló las partes con rapidez, eran tantos nombres que se confundía. Severus detuvo su mano y giró la tercera hoja con lentitud, el nombre de Harry estaba inmóvil en los límites del bosque prohibido y frente a él Voldemort y al menos veinte mortífagos.
—Está ahí, aún está vivo —dijo Sirius asustado.
—¡Severus! —le gritó Hermione cuando éste salió corriendo, a unos ocho pasos el pocionista era humo negro viajando hacia la espesura del bosque.
...
Severus bajó con lentitud, sus pasos a penas se oían, las hojas húmedas de los árboles se pegaban a sus zapatos impidiendo el ruido de éstas, escuchó una carcajada proveniente del oeste, caminó sin saber lo que estaba haciendo, enfrentarse a casi dos docenas de mortífagos y al Señor Tenebroso era casi una locura, pero perder a su hijo era algo impensable.
Bajó la vista al suelo viendo un montículo de tierra, apretó sus manos en puño.
Bajó con rapidez las escaleras, tomando la poción que acaba de inventar y la cual presentaría al Ministerio en una hora, cogió el suéter de Harry antes de cerrar la puerta con prisa. Cuando vio hacia donde lo había dejado casi se le cae la mandibula, aquel conjunto blanco de pantalones cortos y chaleco, estaba cubierto de lodo y hojas secas se pegaban a sus brazos.
Su hijo se encontraba sentado sobre el montículo de tierra y arrojando pequeñas bolas de lodo con hojas adheridas, cuando vio a Severus estalló en carcajadas antes de que una de esas bolas se estampara en su rostro con fuerza, el pocionista cerró los ojos mientras que con sus manos se limpiaba el resto de lodo.
—¡Papá! —gritó con su voz infantil llamándolo con los brazos.
Severus vio el reloj, suspiró, era la tercera vez que no llegaría a la cita. Se agachó para tomarlo en brazos, estaba molesto, si le hubiera obedecido al menos 10 minutos todo estaría bien. Las manos infantiles del niño intentaron limpiar el rostro de su padre, provocando que ésta se llenara mucho más, aquel semblante de seriedad se rompió cuando lo vio a su pequeño cubierto como un gran monstruo de lodo, entonces sonrió resignado.
Se reflejó en aquellos ojos esmeralda, curiosos y llenos de cariño, viendo ese rostro sucio y alegre.
—"Papá ayúdame" —le dijo al ver que no podía limpiarse— no puedo yo solo.
Caminó con más rapidez, entonces lo vio de rodillas hacia Voldemort, herido, con su cuerpo manchado de tierra, agua sucia y lodo, siendo humillado por dos mortífagos que lo pateaban hasta caer al piso de nuevo.
—Aquí estoy Harry —susurró sintiendo su sangre hervir.
...
Una patada en su costilla lo hizo caer al piso, había visto a cada mortífago, cada mirada y expresiones de burla, se avergonzó de sí mismo, se decepcionó de él, creyendo de forma ilusa que su padre aparecería dentro de esos mortífagos.
Esperaba en el último momento de su vida recordarlo, tan sólo recibió un golpe y uno más, la maldición torturándolo hasta hacerlo caer. Una patada más lo hizo incorporarse, perdido dentro de ese dolor.
—¿Acónito? —Le preguntó su padre, él con solo nueve años le pasó el frasco, él arqueó la ceja y sonrió con soberbia y orgullo— ¿Crisopos?
—Aquí —saltó rápido con el frasco.
—¿Eléboro? —sin decirle nada lo acercó, entonces Harry tomó un frasco.
—Ortigas, Sanguijuelas, polvo de cuerno de unicornio, raíz de jengibre, huevos de doxy y este es... bilis de armadillo —respondió señalando uno a uno los frascos.
—Un respetable "supera las expectativas".
—¿Supera las expectativas? Me he ganado el permiso —exigió.
—Eres astuto.
—Acostúmbrate papá, estas frente a un Slytherin.
—50 puntos para Slytherin entonces —le dijo, Harry se emocionó y chocó su mano, aquel hombre desvió los ojos con un fingido desagrado, en el fondo escondió la sonrisa.
—¿Slytherin? —susurró Harry recordando, intentando mantenerse de pie después de aquel golpe y aferrándose con fuerza a ese último recuerdo.
Alzó la vista y entonces vio a Severus Snape acercándose, su mirada confundida, se sintió desnudo de su alma por un momento, el dolor con el que él lo veía lo lastimaba.
Esos ojos esmeraldas vieron a Severus una vez más, vio en Severus el terror sin entender por qué, y el pocionista vio en ellos la vergüenza de verlo así.
Harry no dejó de verlo ni un solo momento, su corazón latió con fuerza cuando vio que el pocionista corrió hacia él por el lado izquierdo, llevaba la varita en mano sin perder contacto, el joven dejó escapar el aire mientras lo veía acercarse con rapidez.
...
Severus corrió por el costado, sin perder de vista a su hijo, que lo miraba con miedo y ansiedad, una luz verde apareció y el cuerpo inerte de Harry cayó al fango, ensuciando el último recuerdo feliz del hombre.
