Capítulo 11- Obsequio.

Atsushi sonrió y le apretó la mano gentilmente, sin lastimarlo.

Siguieron adelante, caminando y mirando cuidadosamente los alrededores.
Había algunos lugares donde vendían comida, manualidades, figuras de porcelana, juguetes para los niños, algodones de azúcar entre otras golosinas.

Todomatsu se acercó a un puesto y miró algunas de las cosas que ofrecían. El dueño del lugar le dirigía la palabra con amabilidad, y también a Atsushi. Al final, compró un poco de takoyaki que comió junto al mayor.

Siguieron caminando varios minutos. Perdían la noción del tiempo, pero eso no les importaba mucho. Al final, Todomatsu compró un helado de vainilla al igual que Atsushi, ya que lo ameritaba el calor que estaba haciendo.

Se recorría el lugar en torno a aquel extenso templo, púes se dirigieran a donde se dirigieran, no se perdía de vista. Primero en línea recta y después desviándose en círculos, el lugar era muy entretenido.

Aún así, las malas miradas de las personas seguían presentes de una o de otra forma. Algunos lo hacían con intención de incomodar, seguramente. Pero, ante todo esto, Atsushi supo disimularlo bien y hacerse el de la vista gorda. En cambio Todomatsu se limitaba a esconder su rostro ligeramente en el hombro de Atsushi, sin soltarse del agarre; no podía evitar sentirse presionado.

Todomatsu enfocó la vista en un lugar donde vendían lindas figuras tradicionales. Era todo muy bonito. Entonces recordó que le prometió a su hermano Ichimatsu que le llevaría un recuerdo.

Entre todas las cosas que había allí, algo le llamó la atención.

Tomó una figura color blanquecina entre sus manos y pagó por él. Era un atractivo maneki-neko de al menos doce centímetros de alto.
Lo compró y lo llevó consigo en sus manos.

Creía que su hermano quedaría encantado con aquel acendrado objeto. Sonrió un poco al pensarlo.

Todomatsu y Atsushi caminaban en algunos instantes solamente por hacerlo. Iban sin rumbo, mirando hacia adelante, a veces a las nubes, inhalando el aroma del cielo.

Atsushi soltó al jovencito un instante y le pidió que lo esperara, por lo que Todomatsu se recargó en un árbol que había cerca con los brazos cruzados, mirando cómo Atsushi se desviaba a un puesto que tenía a varias personas alrededor.
Al regresar, volvió con una cajita color púrpura entre sus manos. La abrió y sacó cuidadosamente lo que había en su interior, mostrándoselo a Todomatsu con una sonrisa juguetona.

- Este - Dijo Atsushi tomando la mano de Todomatsu, a su vez que volteaba su palma hacia arriba posando aquel obsequio en ella - es para ti, y este otro - dijo levantando su mano sujetando otro objeto - es para mí.

Eran apenas unas cadenas de plata a juego. Eran básicamente la forma de un corazón, cuando se les unía. Cada uno tenía una mitad, simulando un corazón roto.

Todomatsu le agradeció al mayor y apretó aquel amuleto con sus dos manos mientras sonreía. Después Atsushi le ayudó a ponérselo y él también se colocó el suyo.

- Voy a cuidarla mucho - Dijo Todomatsu, viendo a los ojos a aquel muchacho castaño que tanto le gustaba.

12:00 pm.

Siguieron caminado un rato más.

Se desviaron del lugar y comenzaron a adentrarse un poco más a la zona urbana de Kioto.
Decidieron ir a caminar por el parque.

Se sentaron en una banca que estaba rodeada de árboles, y frente a ellos jugaban varios niños en los juegos infantiles, corriendo, gritando y riendo. En los toboganes y demás cosas para entretenerse y divertirse.
Atsushi y Todomatsu sólo los observaban.

- Hoy es un día más pleno de lo normal - Dijo Todomatsu. - Cuando se trata de tu trabajo, ¿sales de esta manera?

- Para nada. Salgo a hacer lo que me han pedido o lo que sea necesario, y vuelvo enseguida. Pero esta vez es diferente, porque he venido contigo.

Todomatsu se ruborizó tenuemente, y rió quedito.

- Una respuesta que esperaba de ti, Atsushi-kun.

- Mis respuestas suelen ser previstas con facilidad.

- No creo que así sea siempre - Opinó, posando su mano por encima de la de Atsushi.

Atsushi correspondió al tacto y presionó un poco su mano con la de él, para después entrelazar sus dedos suavemente.

Todomatsu sonrió. Atsushi dirigió su mano hacia el rostro ajeno y tocó con fragilidad sus mejillas, tomándose su tiempo. Después, detuvo el movimiento de su mano, poniéndola en la barbilla de Todomatsu, sujetándolo del mentón. Se quedó mirando un breve instante hacia sus labios, acercándose, y… se detuvo.

Todomatsu posaba una de sus manos extendida en el pecho de Atsushi, temblando ligeramente, y con su poca fuerza, lo empujaba hacia atrás, con algo de vergüenza y pena.

- Lo siento - Dijo el menor apenas balbuceando.

Atsushi se detuvo en seco separándose instantáneamente echando un vistazo a su alrededor.

Había muchas miradas encima de ellos, otra vez.

Algunos niños se les habían quedado viendo con extrañeza. Y las madres de éstos, con una mueca retorcida que denotaba inverosimilitud ante la situación.

Todomatsu pasó saliva parpadeando varias veces, como si tratara de interpretar otra escena que no fuera la que estaba ahí, viviendo. Sintió como su ritmo cardíaco aumentó, como es de costumbre, y sus mejillas se pusieron aún más rojas.

Atsushi sólo miró a algunas de las mujeres y de sus hijos con unos ojos indiferentes, que realmente no sentían indiferencia.

Todomatsu se quedó perplejo observando aquella escena, mientras varios pares de ojos ajenos lo miraban con asco; con repulsión.
Pronto, sus sentidos se agudizaron y comenzó a escuchar montones de cosas que prefería no oír.

"¿Es en serio? Esos dos muchachos iban a..."

"No deberían de estar aquí. Contaminan a las demás personas".

"Un mal ejemplo para los niños... No tienen consideración".

"Desagradable, ¿de verdad este tipo de personas siguen existiendo?"

"¿Cómo les permiten entrar aquí? Maldito asco que me provocan".

"Mami, ¿por qué si son hombres ellos están actuando como una pareja?"

"Se vea por donde se vea, no es normal".

"¿Qué están pensando? Será mejor que se larguen antes de que los mate".

"Mamá, ¿viste? ¿Qué fue eso? No está bien".

"Y aún así se atreven a vernos a la cara. Qué rabia..."

Todomatsu no pudo con todo aquello. Se quedó anonadado, amedrentado...
Se puso de pie casi por instinto, y mientras sus ojos se humedecían nuevamente, no hizo más que cubrirse los oídos con sus manos temblorosas.

- Atsushi-kun - Se separó del mencionado, que se encontraba a sus espaldas, poniéndose de pie también. – No quiero… seguir así...

- Todomatsu, por favor, no los escuches, ellos están...

- No, Atsushi-kun - Lo interrumpió.- Es que no puedo evitar escucharlos y que todo eso me duela... - Hablaba con la voz un poco entrecortada.

- Todomatsu... - Puso una de sus manos en uno de sus hombros, mientras aún el joven le daba la espalda, pero al sentir el tacto tembló un poco y se separó de él.

- Oye... ¡Hey, ustedes! - Una voz femenina se escuchó a lo lejos. Una mujer se aproximaba hacia ellos con grandes ancadas. Parecía una mujer de unos treinta y cinco años de edad, y tenía una mueca de sumo desagrado. Atsushi sólo volteó a verla con sus usuales ojos entrecerrados y naturalmente relajados, aunque su sonrisa había desaparecido. Y, Todomatsu, había optado por refugiarse detrás de Atsushi como si fuese un pequeño animal asustado; con sus ojos llorosos y sus manos juntas en su pecho, apretándolas.

- Escúchenme... - Siguió la mujer.- No voy a tolerar esta clase de comportamiento en este lugar. Ni yo, ni nadie. ¡Tengan un poco de respeto por nuestros hijos! ¿Qué no ven que están rodeados de niños? Por favor, ¡lo que ustedes están haciendo no es normal!

- ¿Qué no es normal, señora? - Dijo Atsushi con una voz ronca y apagada, viéndola hacia abajo, restándole interés. - ¿Que seamos capaces de sentir cariño? ¿Que podamos dar muestras de afecto? - Sin darse cuenta comenzó a apretar los puños, haciéndose daño con sus uñas. - ¿Que podamos ser... felices?

- ¡Sabes muy bien a lo que me refiero, niño! ¡No está bien, y por más que trates nunca lo va a estar! - La mujer subió considerablemente su tono de voz. - Si es que sienten un poco de respeto por nosotros, ¡váyanse de aquí, y dejen de hacer sus atrocidades! ¡Sientan vergüenza!

Algunas de las personas de alrededor los miraban como si estuviesen presenciando algo inefable.
Como no queriendo, Atsushi y Todomatsu sintieron una ola de miedo recorrerles por todo el cuerpo.

- No se haga la víctima, señora - Dijo Atsushi con una voz suave, pero sin perder su toque grave. - Porque, le aseguro, que si aquí hay una víctima... no es usted.

- ¿Qué has dicho? - Dijo la mujer, un tanto acoquinada.

- ¿Atsushi-kun? - Apenas susurró Todomatsu. - ¿Qué…?

Atsushi tomó a Todomatsu de la muñeca con brusquedad y lo jaló con él.

- Vámonos, Todomatsu.

- ¿Eh? ¡Oigan! Dejen de hacer lo que están haciendo. ¡Ustedes nunca podrán llegar a ser como la gente normal! - Decía la vieja loca a modo de mofa.

- Señora, hay cosas más importantes de las que debería preocuparse. Le está dando demasiada importancia.

Sin más, jaló a Todomatsu de la muñeca con él, alejándose del lugar. La mujer sólo se quedó ahí, plantada haciendo un mohín.

Atsushi y Todomatsu se encaminaron nuevamente hacia el ryokan.
Atsushi no había soltado a Todomatsu de la muñeca, y él iba caminando por delante, mirando hacia enfrente con el ceño fruncido. Sentía su ritmo cardíaco más irregular de lo que debería, y no podía evitar sentirse oprimido.

- At… Atsushi-kun... - El menor lo llamaba pero no lograba captar un ápice de su atención. Parecía ensimismado, y eso le causaba mucha extrañeza. Él no era así. - ¿Atsushi-kun? ¿Me escuchas? Me… Me estás lastimando... - Decía con una voz gutural.

Atsushi no respondió hasta después de unos segundos, cuando pareció salir de su aparente hipnótica visión. Soltó poco a poco su mano para después alejar la suya bruscamente, temblando un poco.

- Lo... Lo siento. No me di cuenta - Dijo con una voz trémula.

Todomatsu sobaba lentamente su muñeca. En verdad le había dolido aquel brusco agarre, era muy fuerte. Pero algo le decía que la verdadera intención de Atsushi no era hacerle daño.

- No te preocupes... - Dijo sin más.

Caminaron el resto del camino en total silencio, separados uno del otro. Hasta que llegaron al lugar Atsushi se dejó caer en el pequeño sofá que había en la habitación, mientras que Todomatsu fue a pedir el ave a los dueños que lo habían cuidado en su ausencia.
Agradeció y lo llevó con él a la habitación, donde yacía Atsushi.

Entró sigilosamente sin saber por qué, y se sentó al lado del mayor, separados por un pequeño espacio. Todomatsu traía a Pichi entre las manos, en un pañuelo que tenía en su mochila. Aún no se recuperaba del todo.

Guardaron silencio un momento, hasta que uno de ellos rompió con aquella atmósfera.

- Atsushi-kun, yo... - No pudo decir nada. Su voz se volvió átona.

- Antes de que digas algo - Atsushi lo interrumpió sin voltearlo a ver, pero sí hablando con la verdad - déjame disculparme otra vez contigo.

- ... - Todomatsu acariciaba al pajarito en sus manos, que ahora ya no pillaba tanto.

- Lo siento.

- No, no te disculpes. No fue tu culpa.

Atsushi había tratado de no decir frases superfluas, pero no podía evitarlo. Quería de todo corazón disculparse; que Totty se sintiera mejor, pero nada podía hacer. Aún así, no quería simplemente callar.

- ¿Qué dices? ¿Que no fue mi culpa? - Rió un poco de manera cínica. - Yo... me acerqué demasiado a ti, y por eso, ha pasado lo que pasó. Fue mi culpa, lo siento.

No había contacto visual.

- ... - El menor sólo prefería escuchar. No tenía verdaderamente nada que decir.

- Aún así, me pregunto por qué - Dijo quedito. - No le hicimos daño a nadie.

- No, no le hicimos daño a nadie - Dijo con su voz gélida.

- Sólo... quisiera saber por qué.

Todomatsu se levantó del sofá y se encaminó hacia una esquina de la habitación, cerca de la ventana junto al balcón. Acariciaba la cabeza del avecilla con su vista apagada.

Atsushi miró a Todomatsu unos instantes con aquel sinsabor. Estaba un poco lejos de él, pero se sintió con la necesidad de no alejarse de allí.

El viento seguía soplando fuerte.
Entonces, un sonido se hizo oír en la habitación. Todomatsu había comenzado a plañir.
Sus lágrimas se desbordaban de sus ojos, apretó un poco al ave entre sus blancas manos.

Atsushi se limitó a verlo desde lejos. Se lo pensó un poco dudándolo, pero aún teniendo sus ojos entrecerrados sin trastabillar se puso de pie y se acercó a Todomatsu.

Se puso en frente de él, de rodillas, se acercó a él, y lo envolvió en un cálido abrazo.
Todomatsu pasmado abrió sus ojos desmesuradamente aún llenos de lágrimas, que también recorrían sus mejillas.

- Está bien, Todomatsu. Llora si quieres - Dijo Atsushi mientras acariciaba su cabello de manera melosa. - Nadie puede culparte por lo que ha pasado. Ni a ti, ni a mí...

Todomatsu se hundió en el pecho de Atsushi, cerrando fuertemente sus ojos de par en par, ahogado en sus sollozos. Con una mano sostenía a aquel albo pajarito, y con la otra abrazaba fuertemente a Atsushi, apretándolo contra él fuertemente.

Duraron así un par de minutos, hasta que Todomatsu se reincorporó y se despegó del tacto, con la voz un tanto quebrada, desgarrada, susurrante.

Atsushi le tomó de la barbilla y limpió con gentileza sus lágrimas, tomándose su tiempo. Después, le dedicó una bonita sonrisa. Una sonrisa que parecía triste, pero que al fin y al cabo, era bonita.

- Atsushi-kun, perdóname. Te quiero mucho, pero... no estoy acostumbrado a que me traten de esta manera. Es decir... públicamente. Lo siento, pero no es por ti.

- Yo entiendo, no te preocupes - Dijo desviando la mirada como si viera algo por detrás de Todomatsu, aunque no era así.

Todomatsu asintió y pegó aquel animalito lechoso a su pecho, sonriendo también. Aunque, aquella no podía ser una sonrisa auténtica.

El día avanzó muy rápido. Estuvieron moviéndose de aquí para allá. En ratos hablaban sobre algunas cosas que habían hecho cuando estaban en el trabajo cada uno por su lado, acerca de lo que opinaban de la comida del lugar, o Todomatsu hablaba acerca de sus hermanos (omitiendo los malos rasgos). Atsushi al escuchar hablar de ellos, no hacía más que sonreír y asentir.

También vagaban por el lugar para distraerse o conocer un poco mejor lo que estuviese presente. Encontraron algunas cosas interesantes en algunas habitaciones como ropa o comida que estaba ahí para ellos.
Después, quisieron probar algunos de los cosméticos que había para ellos en la habitación de baño. La mayoría, cosméticos especialmente para pedicura.
Atsushi se ofreció a usar una de las cremas y ponérsela a Todomatsu en los pies, y aunque éste se negó con algo de pena, accedió a causa de insistencia del otro.

Se colocó de cuclillas a los pies de Todomatsu y untó un poco de la crema en sus pies descalzos, haciendo masaje con mucho cuidado, y después los enjugó con un poco de agua tibia, que después secó con una toalla esponjosa.

Atsushi no usó ninguna crema para él, ni siquiera cuando Todomatsu se ofreció a hacer lo mismo por él. Sólo se puso de pie, y se encaminó a la habitación.

Llegada la noche, nuevamente durmieron en el futón juntos.
Todomatsu se quedó mirando aquel maneki-neko que compró para Ichimatsu. El hipnotizador movimiento de la patita del gato al subir y bajar hizo que se arrullara, y finalmente se durmió.

Al día siguiente como acostumbraban, se despertaron y levantaron temprano. Fueron a dar una caminata en el enrojecido bosque para pasar el rato. Todomatsu llevaba a Pichi en manos para que le diera un poco el aire y la luz del sol, y así hacer más fácil su posible pronta recuperación.
Al volver al ryokan Atsushi le cambió el vendaje de las alas y le picó un poco de fruta y verduras para que pudiera comer, ya que aún era muy pequeño. Calabaza y manzana. De vez en cuando, también comía un poco de arroz blanco.

Se tomaron gran parte del día en cuidar al pichón. No tenían ningún tipo de medicina, pero con algo de agua fría hacían que se disipara el dolor de sus patas y alas.

Aquella serendipia había sido reconfortante especialmente para Todomatsu. Pronto le tomó mucho cariño a Pichi, así como él también demostró al no tener miedo cada vez que era tocado por él.
Sus plumas se habían puesto muy bonitas y llenas de brillo. Se veía saludable, pero aún era incapaz de emprender vuelo.

Se pasó el día completo nuevamente.

Al día siguiente, ambos dieron una última caminata en el bosque, ya que era su último día en el lugar. Pronto regresarían a Tokio.

Todomatsu esperaba que el ave se curara antes de volver a casa, pero no había sido posible. Por ello, habían salido a caminar entre aquellos árboles siguiendo el sendero, pero al tratar de soltar a Pichi, éste no había podido volar. Además de eso, no había ni un otro pájaro a los alrededores. Sólo podían escuchar el melifluo canto de otras aves ajenas a la especie de aquel pichón que tenían en manos, que ahora tenía por nombre Pichi.

- Atsushi-kun, ¿crees que... podamos llevarlo a casa? No podrá ser capaz de sobrevivir si lo dejamos aquí.

- No hay problema - hizo un gesto afirmativo. - Llevémoslo con nosotros. Quizá viva mejor en la urbanidad - Opinó.

Así pasaron el día bastante rápido. Cuidaron de Pichi un poco más.
Se dieron por separado un último baño en las aguas termales y se cambiaron de ropa. Comieron la comida y cena que les correspondía por ese día y después ordenaron sus cosas para marcharse sin problemas muy pronto.
Todomatsu al cambiarse miró la cadena que colgaba de su cuello y sonrió un poco.
Metió el obsequio para su hermano con delicadeza en su mochila.
Hicieron las cosas que se deben hacer dejando todo en orden y fueron a dormir.

Se hizo noche y pronto ya fue otro día.

Ya era el día de la partida.

Atsushi y Todomatsu se dirigieron a donde yacían los dueños de la residencia y de despidieron con todo gusto agradeciendo por la agradable estancia de la que habían estado disfrutando. Los ancianos también se despidieron agradeciendo haciendo una breve reverencia y los encaminaron a la salida. Estaban agradecidos de que aquellos chicos hayan llegado a pasar unos días al ryokan. Y a decir verdad, no había casi nadie que fuese capaz de pagar por quedarse allí por lo menos un día. El lugar era muy lujoso, mirando bien los detalles.

Subieron al auto con las maletas y Todomatsu con su mochila. Atsushi echó a andar el auto directo a Tokio. Cuando llevaban solamente cinco minutos de recorrido, Todomatsu le pidió a Atsushi que se detuviera un momento en una pequeña tienda. Parecía ser una pastelería. Cuando salió tenía en manos una caja mediana color blanco, y otra encima de esa más pequeña. En su interior había unos pequeños dulces de frutillas parecidos a unas tartaletas. Un postre tradicional que solían preparar muy bien en Kioto.

Llegó al auto, abrió las puertas traseras y los puso en la parte de atrás, y después subió al asiento del copiloto.

- ¿Qué has comprado? - Preguntó Atsushi con curiosidad.

- Wagashi - Dijo. - Ese tipo de dulces les gustan mucho a mis hermanos.

- Oh, sí. La verdad es que son muy buenos - Dijo casi pensando en voz alta.

- Por eso - Dijo sonriendo - pensé que podría llevarles algunos. Como hospitalidad.

- Muy bien, estoy seguro de que les gustarán. Se pondrán muy contentos.

- Eso espero - Suspiró. - ¿Tú no llevarás nada?

- ¿Mm? ¿Para qué? Creo que no me apetece nada... - Dijo sonriendo con su voz suave, pero varonil.

- No, para ti no. Para algún amigo o alguien que conozcas.

- Bueno, hace pocos días le llevé algo de sake a Futsuumaru y a Kusosuke. Creo que no me apetece llevarle nada más a nadie.

- ¿Y a tus padres?

Atsushi guardó silencio.

- ... No hace falta - Pasó saliva y abrió la boca para decir algo, pero la volvió a cerrar.

- ¿Atsushi-kun?

- Por cierto, Todomatsu. ¿Qué ha sucedido entre tu hermano y tú? ¿Ya han podido hacer las paces?

Frunció el ceño un poco, y después habló, tratando de no tergiversar aquella pregunta.

- Bueno, no hemos podido hablar por teléfono. Pero si por mensajes de texto, aunque no mucho realmente. Mi hermano me envió un mensaje grabado y...

Hubo silencio.

- ¿Todomatsu? ¿Qué sucede?

- ¡Demonios! ¡Agh! ¿Cómo pude olvidarlo?

- ¿Eh?

- ¡Jamás le contesté a mi hermano! ¡Ay, soy una basura! - Tomó su teléfono violentamente con una sola mano, y con la otra cuidaba del ave blanquecina. - ¿Puedo escribir algo ahora?

- Adelante - Sonrió.

Todomatsu tomó su teléfono, pero las palabras no se le venían a la mente. Tardó quizá media hora del viaje en pensar algo y comenzó a teclear algo en su teléfono, y finalmente envió el mensaje.

"Muchas gracias, Choromatsu nii-san. Yo tampoco te odio. Perdóname tú a mí por mis actos irresponsables e infantiles. Lo siento. Ah, también estoy muy contento porque podré verte pronto... Y, no tengo que perdonarte. Sólo perdónate a ti mismo, y sigue viviendo como lo haces".

Pasó una hora del recorrido en auto de vuelta a Tokio. En unos treinta minutos más, estarían en casa.

Como costumbre, hablaban de algunas cosas triviales e intercambiaban risas.

En un momento en el que nuevamente se quedaron en silencio, Todomatsu revisó su celular. Miró el montón de fotos que había tomado del paisaje, del ryokan, del bosque, de la pequeña ciudad y... ¿Atsushi?
Sin darse cuenta, tenía demasiadas fotos de Atsushi en su galería. La mayoría, las había tomado cuando salieron al bosque juntos por primera vez.

Fotos de él a espaldas, algunas mirando hacia otros lugares (como el horizonte), y otras pocas, de perfil. Muchas fotografías de Atsushi.
Sonrió un poquito y se sonrojó al ver todas y cada una de ellas. Sin darse cuenta se había dedicado a fotografiar al mayor cuando éste estaba distraído. Sacudió su cabeza un poco al intentar eliminar esa sonrisa retorcida de su rostro y apagó el móvil. Se aseguraría de que Atsushi jamás encontrara aquello. No era que fueran fotos malas, pero le daba vergüenza.

Pronto Todomatsu pudo divisar un cartel en verde que les indicaba que estaban entrando a Tokio nuevamente. El ambiente cambió.

Como estaba con anterioridad, a diferencia de Kioto, hacía mucho frío.
Kioto era cálido a pesar de los ventarrones que había de vez en cuando, y las hojas estaban secas aún, cayéndose. Pero, en Tokio no era así.
En Tokio hacía mucho frío. El cielo estaba nublado; color gris. El viendo era gélido y daba la sensación de que si no tenías algo en las manos, las dejabas de sentir. Además, los árboles no tenían ni una sola hoja. Todomatsu sin quererlo comenzó a tiritar.

Rodearon parte de la ciudad y llegaron a la casa de Atsushi.
Por la calle, había grandes cantidades de nieve. Quizá había nevado poco antes de que ellos llegaran.

Llegaron al garaje, se bajaron con las cosas y se metieron a la casa rápidamente. Estaba helada. Claro, porque da la sensación de que si alguien no está habitando el lugar, la casa se muere poco a poco.

Todomatsu dejó su mochila en la esquina de la habitación (que traía el llavero de conejo) y dejó al ave que ahora había comenzado a pillar sobre la mesita de la sala. Después fue en busca de algo caliente. Estaba temblando de frío.

- Todomatsu, creo que deberías tomar un baño caliente. Te resfriarás si permaneces así - Dijo Atsushi con algo de preocupación.

- Claro... - Exclamó abrazándose a sí mismo. - Vaya, había olvidado este clima.

- Bueno, en realidad creo que aumentó.

- Ya.

- Bueno, te esperaré. Seguiré yo después de ti.

- ¡Sí! No tardaré mucho.

Todomatsu se metió a la ducha con agua caliente. Atsushi nuevamente arregló el vendaje del ala de Pichi y lo acomodó en una cajita sustituyendo la toalla por una pequeña cobija calentita.

El ave comió un poco y dejó de temblar también.

Todomatsu salió de la ducha ya vestido con un pantalón holgado calentito y suave, y una sudadera con capucha para dormir.

Atsushi seguido de él se duchó y salió con el cabello un poco empapado aún.

Durmieron un poco después de ello, llevando al ave a su habitación, que también durmió.

5:03 pm.

Al despertar más tarde, Todomatsu llamó a Ichimatsu para decirle que todo estaba bien; que él y Atsushi ya habían vuelto. Ichimatsu le dijo a su vez que Choromatsu estaba contento por el mensaje que le había dejado, y que estaba preocupado por no haber recibido una respuesta casi de inmediato.

- Lo siento, olvidé responderle. Me distraje - Dijo apenado.

- Sí, lo pensé. Él no dejaba de hablar de eso - Dijo Ichimatsu.

- Bueno, ya sabes, pronto iré a verlos.

- Te esperamos.

Hablaron un poco más y finalmente colgaron.

Atsushi se encontraba ordenando algunos papeles y demás documentos que agrupaba y guardaba con dedicación en su maletín. Los necesitaría para volver al trabajo de nuevo.

Pasó el día, y Todomatsu se durmió un poco más tarde como acostumbraba. Atsushi cayó rendido por el sueño, o quizá sólo trataba de hacerse la idea de que debía de entrarle sueño de todas formas.

Atsushi se iría a trabajar en el turno nocturno, de nuevo.

Todomatsu despertó por la mañana y como supuso, Atsushi no estaba.

Había cambiado de turno por ese día, porque según él, tenía algunas cosas que hacer en la oficina. Así quedó.

Todomatsu tomó su desayuno y dejó al ave bien abrigada. Aún no podía volar, así que no había problema con que lo dejara ahí. Tomó una pequeña caja con los wagashi y salió con su mochila rosa hacia la cafetería.

Cuando llegó, se disculpó y también agradeció a Sacchi y Aida, y por supuesto, al gerente. Les entregó los dulces a las chicas como agradecimiento por haber cubierto su parte de la jornada, y ellas asintieron sonriendo, aceptando el obsequio.

Trabajó duro, y acabó parte de su trabajo. Todo el día, estuvo atendiendo a los clientes mientras las chicas lo ayudaban o limpiaban las mesas y demás. Así fue como se pasó su día demasiado rápido.

"Devuelta a la realidad", pensó.

Cuando salió ya estaba un poco oscuro. Caminaba por la banqueta con la frente en alto, deslumbrado por las luces de neón de la ciudad.

Iba caminando hacia la estación de trenes cuando vislumbró una silueta a lo lejos. Se quedó estático unos segundos y después no dudó en gritar.

- ¡Ichimatsu nii-san!

- ¿Totty? - Dijo el mencionado con una voz átona.

- Sí, Ichimatsu nii-san - se acercó corriendo a su hermano, bajando el tono de su voz. - ¿Cómo estás? - Dijo contento.

- Pues, aún camino.

- No cambias, hermano... - Rió.

- Todomatsu, ¿cómo te...? - Fue interrumpido por Todomatsu, que se acercó a él rápidamente y lo envolvió en un fortísimo abrazo. Se quedó anonadado, y después también correspondió.

Se separaron.

- Lo siento, nii-san - Se rascó la nuca sonriendo. - ¿Decías?

- Está bien, no te preocupes - Balbuceó, con una sonrisa casi imperceptible. - ¿Cómo te fue? - Subió de volumen a su voz.

- Bien, fue genial.

- Me lo esperaba. Menos mal, necesitas un descanso.

- También, tengo una nueva mascota. Encontré un pajarito herido cerca del bosque junto con Atsushi-kun.

- ¿Sabes cuidar pájaros?

- No... Pero Atsushi-kun es bueno con ellos.

- Ya - Dijo.

- ¿Qué hacías aquí? Es un poco peligroso.

- ¿Te parece? Tú también das caminatas en la noche - Dijo sonriendo pícaramente. Al notar el silencio del menor, prosiguió. - Vine a comprar comida de gato.

- ¿Llevaste más gatos a casa?

- Al verlos me da la sensación de que me piden que los lleve conmigo - Se explicó.

- Bien. Puedes hacer lo que quieras - Dijo, y después estornudó.

- Salud.

- Gracias...

- ¿Te sientes bien? Te ves un poco cansado.

- Siento un poquito de escalofríos, pero estoy bien.

- Deberías volver pronto.

- Si, de hecho, voy hacia la estación a tomar el metro. Pero faltan algunos minutos para que llegue.

- Te cuidas mucho - Dijo desviando la mirada, sonrojándose un poco, a su vez que acomodaba su tapabocas.

- Claro, ¡tú también, Ichimatsu! - Posó una de sus manos en su hombro.

- ¿Cuándo irás a casa?

- Eh... no estoy seguro - Dijo quedito. - No sé si debería llegar yo solo... o con... Atsushi-kun. No lo sé...

- He pensado en eso también.

- ¿Cómo podría explicarles a papá y a mamá? - Dijo tristemente y quitó la mano del hombro de su hermano.

- Sólo es cuestión de tiempo, Totty. Las cosas se darán solas.

- Eso espero...

- Sólo, por favor, ten en cuenta que ellos están expuestos a cualquier tipo de reacción. Así que, sin importar la expresión que muestren, recuerda que te quieren mucho. No te desanimes...

Todomatsu asintió.

- Gracias...

- Tengo que volver a casa o los demás se volverán locos.

- Entiendo. ¡Nos vemos pronto!

- Hasta pronto.

Todomatsu siguió su camino, al igual que Ichimatsu.

Ichimatsu se encaminó a casa, pero después un sonido se hizo escuchar detrás de él. Era el sonido de la goma de unos zapatos correr hacia él. Era Todomatsu.

- Ichi... ¡Ichimatsu nii-san! Lo siento... Lo olvidé... - Jadeaba.

- ¿Qué sucede? - Dijo sorprendido.

Todomatsu recordó que nunca sacó sus cosas de la mochila, y traía el obsequio de su hermano consigo. Pasó la mochila quitándosela de la espalda hacía su pecho, y mientras que con una mano la sostenía, con otra sacó el regalo.

- Aquí tienes, nii-san. Lo siento, casi me voy sin dártelo... Espero que te guste.

Ichimatsu al verlo le brillaron mucho sus ojitos, y lo tomó con sus dos manos, sonrojándose un poco. Todomatsu juraría que miró sus ojos un poco cristalinos, pero sólo se limitó a sonreír.

- ¿Gustarme? - Dijo mirando el maneki-neko fijamente. - ¡Sí es muy tierno! - Abrazó el obsequio, y después a Todomatsu.

Todomatsu se quedó estático ante aquella reacción tan inusual de su hermano mayor, pero después se acostumbró y lo abrazó también. Le parecía un poco gracioso que a simple vista, aunque medían lo mismo, Ichimatsu pareciera más bajito por mantenerse de pie un poco encorvado.
Se separaron y de nuevo, Ichimatsu le dio las gracias al menor.

Ichimatsu apegó a su pecho el regalo y con la otra mano sostenía las bolsas con las latas de comida de gato.

- Ahora sí, ¡nos vemos, Ichimatsu nii-san! ¡Voy a perder el tren!

- Sí... Hasta pronto - Subió el volumen de su voz. - ¡Por favor ven a casa junto con Atsushi-san!

Todomatsu se quedó quieto y sin verlo a la cara contestó.

- ¡Claro! Adiós, nii-san.

Todomatsu salió corriendo hacia la estación. Perdió de vista a Ichimatsu.

Se colocó la mochila en el hombro, de un sólo lado y llegó jadeante nuevamente. El metro llegó unos pocos minutos después de él. Quizá tres o cinco.
Volvió a estornudar.

El tren avanzó y prontamente estuvo en casa. Encontró a Atsushi acostado en el sofá, dormido.

Dejó sus cosas en la habitación y cuando llegó a la sala, miró algo nuevo. Una pequeña jaula, aunque aún vacía.

Se duchó rápidamente y salió de nuevo con ropa suave y calentita. Se acercó al sofá para despertar a Atsushi.
Le dio muchos besitos traviesos por todo el rostro, hasta que despertó. Dio un pequeño gemido y abrió los ojos.

- Ah... Todomatsu, ya estás aquí.

- ¡Sí! ¿Cómo te fue en el trabajo, Atsushi-kun?

- Fue pesado después de tanto. ¿Y a ti? - respondió enternecido.

- No estuvo mal - se encogió de hombros y después exclamó con alegría. - ¡Pude ver a mi hermano Ichimatsu! Ya sabes, el que te recibió en la puerta aquella vez que bebí de más...

- ¡Qué bien! ¿Cómo está?

- Dice que está bien, y yo lo veo igual que siempre... Le di su regalo y le gustó mucho. Juraría que su voz que quebró un poco - Rió con ternura.

- Me alegro - sonrió.

Todomatsu estaba en el suelo de rodillas viendo a Atsushi, y éste último seguía acostado en el sofá.

- Ah, también, ¿cómo está Pichi?

- Mucho mejor - dijo. - Quizá pueda volar en dos días más.

- ¿En serio? ¡Qué bien!

- También, conseguí esa pequeña jaula para él - dijo desviando su vista a la mesa de la sala, donde yacía la dicha jaula.

- La vi cuando entré. ¡Gracias!

- No hay de qué.

- Atsush... - No pudo acabar. Todomatsu estornudó de nuevo.

- Salud.

- G-Gracias...

- ¿Decías?

- Bueno, nada. Sólo pensaba acerca del trabajo... ¿Viviremos como - le dio un escalofrío - lo hacíamos antes?

- Oh, sobre eso...

- No soportaría de nuevo vivir así, sin que podamos vernos.

- Voy a tratar de hacer algo, no te preocupes - Acarició su cabello.

- Está bi... - Todomatsu volvió a estornudar.

- Salud - Dijo de nuevo. - ¿Estás bien? Te miras muy cansado.

- Mi hermano también me lo dijo, lo siento... Debe ser por el frío.

- Te dije que te resfriarías.

- Aún estoy bien... No me molesta mucho.

Atsushi se acercó a Todomatsu, incorporándose.

- Esta noche - Dijo tranquilamente - durmamos abrazados. Así no tendrás tanto frío.

Todomatsu se sonrojó y asintió.

- Bien, Atsushi-kun... - Dijo con su voz un poquito ronca.

Llevaron a Pichi con ellos a la habitación, porque estaba más cálido.
Fueron a dormir temprano. Atsushi volvería a su rutina de siempre. Esta vez, sería el quien saliera un poco más tarde de casa, y Todomatsu, temprano.

Se acostaron muy pegaditos y se abrazaron. Todomatsu se acurrucó en el hombro de Atsushi, y este apretó su mano gentilmente para dormir con ese tacto. La noche se apoderó del tiempo y ambos cayeron profundamente dormidos. Una vez más, el conticinio rigió en el lugar.

Cuando amaneciera, Todomatsu le pediría a Atsushi que lo acompañe a casa, a ver a su familia.