Capítulo 12- Malestar

Amaneció.

Atsushi se levantó primero que Todomatsu. Pensó en despertarlo, pero se veía muy cansado; más de lo normal, así que lo dejó descansar un poco más.

Al final el menor despertó un poco tarde, y se dirigió a la cocina para desayunar. Atsushi le dio los buenos días dándole un beso en la mejilla, y se sentó junto a él a la mesa.
Comerían sólo un poco de espagueti.

Atsushi observó detenidamente a Todomatsu. Se veía quizá un poco irritado, y tenía unas ojeras un poco marcadas (lo cual era raro en él, ya que se cuidaba mucho la piel), y también sus movimientos eran muy lentos y un poco torpes. Sin mencionar que no estaba sonriendo.

— Todomatsu...

— ... — El aludido sólo alzó un poco la vista mientras masticaba los espaguetis, con su mirada sin brillo.

— ¿Estás bien? Luces un poco... enfermo.

— ¿De verdad? — Suspiró. — Bueno, sólo... me duele un poco la cabeza.

— ¿En serio?

— S-Sí... Estoy un poco cansado, desde ayer. No sé exactamente por qué. Ayer cuando llegamos a casa, me sentía... bien — Sonrió.

— Mm... Ya veo. Quizá tenga un poco de medicina para esto. Te daré una pastilla.

— No, Atsushi-kun... Estoy bien.

Todomatsu quería pedirle a Atsushi que fuesen a su casa, pero no estaba seguro del todo. Además, no se estaba sintiendo muy bien. Quería hablar sobre lo suyo con el mayor frente a sus padres, y quería ver a sus hermanos. Pero, aún estaba esa inseguridad.

Todomatsu estornudó.

— Salud.

— Gra-Gracias, Atsushi-kun...

— Todomatsu, de verdad. Quédate aquí hoy.

— No... Si falto de nuevo al trabajo, me despedirán.

— Tu salud es más importante. Por favor, quédate aquí. Yo iré a hablar con tu jefe, si así lo quieres. Además, ya se te hizo tarde.

Todomatsu lo pensó un momento.

— Está bien. Me quedaré. Pero, no hace falta que vayas.

— Bien, entonces... me alistaré — Atsushi se incorporó y se dirigió a la habitación para cambiarse e ir al trabajo de nuevo.

Todomatsu se quedó sólo en la mesa, viendo su plato vacío. Se quedó meditando un rato sobre ir o no con su familia. Algo en su interior le decía que se lo tenía que pedir, que decir... Y otra parte simplemente no quería.

Cuando Atsushi salió con su traje ya puesto y bien bañado, se fijó en su reloj y se dirigió al recibidor. Estaba a punto de despedirse, pero, Todomatsu se puso de pie.
Se quedó ahí plantado con los puños fuertemente apretados y abrió los labios para articular algo. ¡Se lo diría!

— At… Atsushi-kun...

— ¿Sí? Dime.

— Este... — Tenía la mirada de Atsushi clavada. Se sintió un poco nervioso y a Atsushi se le haría tarde si tardaba en hablar.

— ¿Si?

— Eh... N-No... no te preocupes por mí. Voy a estar bien — Sonrió forzosamente.

Hubo una pequeña pausa; silencio. Atsushi frunció el ceño desconcertado.

— ¿Eso querías decirme?

Atsushi notó extraño a Todomatsu, pero no lo forzaría a hablar.

— Lo siento — Todomatsu asintió rápidamente. — Se te está haciendo tarde, Atsushi-kun... Apresúrate.

Atsushi miró su reloj de mano y se dirigió a la puerta.

— Tienes razón, cuídate mucho. Si necesitas algo, llámame. Encontraré un momento apropiado para poder ayudarte.

— Está bien, Atsushi-kun. Preocúpate ahora por llegar temprano a tu oficina — Le dio un empujoncito sonriendo delicadamente.

— Parece que hoy nevará, así que abrígate bien.

— Igual tú, Atsushi-kun. Cuídate, esperaré por ti.

Le dedicó una sonrisa, de nuevo.

— Está bien, entonces... Me voy.

Todomatsu asintió. Despidió a Atsushi en la puerta después de haberle ajustado la corbata y haberle colocado con cuidado una bufanda amarilla para mantener el calor. El mayor le dio un beso en la frente y se separó.

Salió dirigiéndose al garaje para tomar el auto y entró a la autopista. Se fue a la oficina.

Una vez estando sólo, se dirigió a la sala para tomar su celular, pero dio cuenta que ya no tenía batería, así que lo puso a cargar.

Fue a ver cómo estaba Pichi.
Notablemente se le veía mucho mejor. Destapó a la blanquecina ave con cuidado; ésta caminaba un poquito, y fue capaz de deshacerse del agarre del chico con un brinquito. Se encontraba mejor. Pronto volaría.

Lo comenzó a acariciar mientras sonreía un poco, con los ojos entrecerrados por el sueño que aún poseía.

— ¿Sabes? — Comenzó a hablar con el pajarito —, me siento mal al no decirle lo que siento a Atsushi-kun... Quiero que conozca a mi familia, y ellos a él, pero tengo miedo. ¿Qué me dirán papá y mamá cuando sepan que... me gustan los chicos? Tengo miedo. Quizá me odien... Y no quiero que odien a Atsushi-kun por mi culpa, porque él es un buen muchacho.

El pájaro pilló.

Todomatsu prosiguió.

— ¿Cómo podría decirles? Quiero vivir plenamente sin ser juzgado por los otros. ¿Eso está mal? Quizá Atsushi-kun se siente mal porque soy muy tímido con él, pero no puedo evitarlo... Lo quiero mucho.

Miró a Pichi unos instantes. El ave se le había quedado mirando en silencio, moviendo únicamente la cabeza de un lado a otro.

Todomatsu suspiró y sonrió tristemente, dejando al ave en su caja después de limpiarla.

"¿Qué hago hablándole a un ave?", pensó.

— Está bien si no dices nada — Dijo sonriendo cínicamente y se dirigió a la ventana.

Observó detenidamente a los autos pasar en la autopista. Algunos iban rápido y otros más lento.

Se recargó en el marco con la ventana cerrada. Había comenzado a nevar un poco.

Miró detenidamente a la carretera.
Se sentía tan vacío... Como si no fuera parte de ese mundo.

"Alguien va dentro de cada auto que pasa a gran velocidad. Y ese alguien tiene un lugar a donde ir, tiene algo que hacer, tiene alguien que lo espera en alguna parte", pensaba con melancolía.

Sintió un horrible mareo.

— Ngh... Pero... — Habló para sí mismo colocándose una mano en la sien — yo tengo a alguien que debo esperar.

El dolor se hizo más intenso. Sentía que la cabeza le palpitaba y pronto le estallaría. Grandes olas de dolor lo abatían.

"¿Por qué?", pensó.

Se recargó en la fría pared respirando pesadamente. Y de pronto, el dolor se disipó.

Se puso de pie, completamente derecho. Su vista estaba un poco borrosa.

— ¿Qué...? ¿Qué sucede? — Balbuceó.

De pronto se comenzó a sentir caliente, muy caliente. Tenía muchísimo calor. A pesar de que afuera había comenzado a nevar, sentía que estaba ardiendo desde sus entrañas.

Soportó ese malestar aproximadamente una hora y media más.

Se recostó en el sofá, encendió la televisión y cerró sus ojos. Intentaría no pensar en nada.
Pichi comenzó a pillar.

No podía dormir. Quería que el dolor de su cabeza se fuera, al igual que aquella infernal sensación, pero era inútil. No se iba.

Se levantó y fue a la habitación en busca de algunas pastillas para disminuir el dolor. Se las tomó y esperó quince minutos más, y aún así no hubo resultados. Quizá se sentía peor.

Comenzó a sentir náuseas y fue al baño.
Vomitó.

¿Qué le sucedía? No estaba seguro, pero se sentía terrible. Quizá un virus se había adueñado por completo de su cuerpo.
Salió del baño casi arrastrándose, mareado y con un dolor horrible en su estómago, trémulo.

Cerró la puerta del baño y se dejó caer al suelo pegando su espalda a ésta, con sus manos temblando un poco aún.

Se quedó ahí cinco minutos y después se metió a la ducha desesperadamente.
Dejó que el agua tibia (más fría que caliente) recorriera cada rincón de su cuerpo, pero por más que hacía que el agua estuviese un poco más fría, el calor de su espalda y rostro no desaparecía.

Cuando se enjuagó el pelo notó que muchos cabellos se le habían caído. Más de lo normal.

Se extrañó pero poca importancia le dio. No era lo peor que le sucedía.

Se rindió y salió de la ducha. Se vistió y comenzó a masticar hielo, para el calor y la ansiedad.

El calor aumentó. Se miró en el espejo del baño un momento, y notó que sus mejillas estaban muy rojas. De un color rojo intenso. También, tenía los ojos un poco hundidos. No podía dejar de temblar.

Salió y se dirigió a la cama. Se abrazó fuertemente a la almohada y apretó sus uñas en la tela de ésta. Un dolor en el estómago más fuerte que el anterior lo sucumbió.

Comenzó a respirar a grandes bocanadas de aire. A pesar de que estaba prácticamente nevando, el calor que lo agobiaba no disminuía, no podía respirar, y decidió abrir un poco las ventanas.

Una vez frente al espejo de nuevo, cepilló su cabello. Notó que en el peine había muchos cabellos. Se le estaba cayendo más de lo normal.

Frunció el entrecejo.

Pasaron treinta minutos más.

Se sintió abrumado por la nueva experiencia, y con miedo y cansancio se dirigió a la sala. Su celular aún estaba a cargándose.

Cuando iba por el pasillo, de nuevo un mareo lo atacó, lo que provocó que perdiera el equilibrio y cayera. Alcanzó a sostenerse de la pared; permaneció de rodillas con la vista gacha, apretando fuertemente los ojos.

"¿Qué es esto?", pensó con pesar.

Las piernas le flaqueaban un poco, así que se tomó un tiempo para poder ponerse de pie nuevamente.

Cuando lo logró, decidido fue a la sala por su celular. No se estaba sintiendo muy bien, y eso lo hacía sentir muy asustado. Nunca antes se había sentido peor.

Sentía que el pecho le estallaría. Unas constantes y fortísimas taticardias lo estaban haciendo desfallecer.

Y su rostro tenía una altísima temperatura...

Estiró una mano para alcanzar su celular, pero cuando apenas lo tocó, nuevamente el dolor de estómago y cabeza llegó a él. Un malestar general parecía querer causarle una muerte dolorosa, o al menos eso pensó él en ese momento.

El mareo fue tan intenso que su vista se nubló y soltó el aparato. Se puso ambas manos en la cabeza y después, se desplomó contra el suelo estrepitosamente. El sonido seco que provocó el impacto de su cabeza contra el piso había sido horrible; brutal.

No pudo llamar a nadie. A pesar de que le prometió a Atsushi llamarle si algo malo le ocurría, no pudo hacer la llamada.

Duró aproximadamente dos horas tirado en el suelo. Dos horas en las que nadie se dio cuenta de que necesitaba ayuda.

Alguien lo llamó a su celular, aunque como era de esperarse, no lo escuchó. El pajarito comenzó a cantar.

Después de insistir varias veces, finalmente aquella persona, desistió.

Se trataba de Ichimatsu, nuevamente.
Todomatsu había prometido ir a casa con sus padres y hermanos, e Ichimatsu se extrañó al no recibir notificaciones de su hermano menor informándole de algo. Es decir, no le dijo si iría, pero tampoco le hizo saber si no.

Por más que insistió, no contestó. Era extraño, púes ya era tarde.

Entonces, un vago recuerdo vino a su cabeza.
Poco después de que Todomatsu se marchara de casa, había anotado el número de Atsushi en una hoja de papel, quizá para no olvidarlo. Seguramente lo había anotado después de la segunda cita o algo así. Al menos eso deducía.
Aquella vez se encontraba limpiando la habitación junto con Jyushimatsu y Osomatsu, y entre las cosas del más pequeño de todos halló aquella hoja. Por supuesto, la guardó sin saber por qué, y la escondió.

Quizá había sido una indirecta del destino. Aunque, a Ichimatsu no le agradaba pensar aquello, púes no le agradaba la idea de que alguien decidía por él. En este caso, el destino.
Aún así, decidió confiar en ello.

Existe la fiel creencia de que los gemelos, indirectamente simbolizan una sola alma, así que pueden saber lo que el otro siente o piensa. Y en este caso, se trataba de sextillizos. Ichimatsu podía sentir cómo sus sentidos se agudizaban y sabía (por alguna razón que no se explicaba) que Todomatsu se encontraba en un lío. Quizá no en uno muy grave, pero el malestar no se desvanecía de su ser. Así que no había opción...

Fue a buscar entre sus cosas aquella hoja con el número escrito a tinta azul, y tomando su teléfono con la otra mano, marcó.

Quizá por el miedo. Quizá por la vergüenza. Pero, estaba ligeramente temblando, frunciendo el entrecejo, esperando alguna respuesta.