Capítulo 14- Yo también.
Todomatsu estaba mirando hacia arriba, ya despabilado. Tenía una manguerita con una pequeña jeringa en su mano que le permitía que un suero entrase a su sangre. Dolía un poco.
Al escuchar el sonido de los zapatos de Atsushi se sintió un poco mejor. Se sintió protegido.
- ¿Todomatsu? - Llegó hasta la camilla y se sentó a un lado de él, en una silla que había cerca.
- Atsushi-kun... Hola...
- Todomatsu... ¿Por qué no me dijiste? No, lo siento. Yo debí darme cuenta. No me moveré de tu lado, lo prometo.
- Atsushi-kun, quiero ir a casa contigo. Aquí es muy silencioso y huele raro.
- Sí, lo sé. Son las medicinas.
- Me alegra que estés aquí.
- ¿Cómo te sientes?
- Me siento raro. Un poco mareado, pero mejor. Creo que ya puedo caminar sin problemas.
- Perdóname.
- ¿Por qué dices eso, Atsushi-kun? - Dijo bajito.
- Quizá yo hubiese podido hacer algo por ti...
- No hagas eso. Es normal que la gente... se sienta culpable al no poder evitar algo. Pero es normal, ya que no podemos ver el futuro, Atsushi-kun... Y tú no has cometido ningún error.
Hubo un pequeño silencio.
- Todomatsu, hay algo que debo decirte.
Todomatsu se sintió un poco intimidado por la grave voz de Atsushi y sólo se limitó a asentir.
- Dime.
Atsushi tomó un poco de aire y prosiguió.
- Tus hermanos están aquí, en el hospital.
- ¿¡Qué!? - Se incorporó rápidamente casi de un brinco provocando que la jeringa le cortase un poco más la vena, lastimándolo y llenando un poco el fino tubo de sangre. - ¡Agh!
Todomatsu se quejó y Atsushi rápidamente lo recostó de nuevo.
- ¡No hagas eso, Todomatsu! Recuéstate, te hace mal.
- Atsushi-kun... ¿cómo es que...? - Balbuceó agitado.
- Tu hermano, Ichimatsu, me llamó.
- ¿Eh? - Estaba confundido y adolorido.
Atsushi suspiró.
- Te contaré.
Mientras tanto, la enfermera afuera de la sala respondía a las preguntas que los preocupados hermanos le formulaban, una tras otra.
- Entonces, ¿qué tiene mi hermano? - Preguntó Choromatsu.
- Perdió el sentido unas horas a causa de estrés - Dijo la enfermera - y además se juntó con su fiebre alta. Quizá se deba a un repentino cambio de clima, algún lugar al que el muchacho no esté a acostumbrado. Sufrió un breve episodio postraumático y eso lo ha llevado a la confusión, y le hizo un notable daño. Pero no se preocupen, está bien. Hablé con él sobre sus síntomas; me dijo que también notó repentina caída de cabello, lo que nos afirma que efectivamente se debe a episodios de estrés.
- Ya veo... Gracias al cielo - Dijo el tercero, suspirando.
- ¡Menos mal! - Se alegró Jyushimatsu.
- Supongo que estás tranquilo ahora, ¿no, brother? - Dijo Karamatsu.
- Con eso basta - Dijo el mayor.
- Con permiso. El doctor vendrá en un rato, así que si necesitan algo, diríjanse a él - Dijo la enfermera y se retiró.
Se quedaron en silencio un rato.
Se sentaron en algunas sillas, sillones y sofás que había para la espera, e intercambiaron algunas ideas. Osomatsu le dirigía una mirada desagradable a Ichimatsu. Tenía ganas de preguntarle muchas cosas.
- Yo no sé, pero nos llevaremos a Todomatsu con nosotros - Dijo el mayor, decidido.
5:20 pm.
Atsushi se encontraba acariciando el cabello de Todomatsu para relajarlo un poco.
- Ya veo - Dijo Todomatsu, después de que Atsushi le contara todo lo que había sucedido.
- Por eso ellos están aquí - Terminó el relato.
Todomatsu asintió.
- Todomatsu, escúchame. Quizá, si así tú lo quieres, puedes ir a vivir con tus hermanos nuevamente.
- ¿Qué dices, Atsushi-kun? No... No quiero eso. Quiero estar contigo - Se sorprendió por aquella aparente petición.
- Escuché que quieren que vuelvas a tu casa. Lo que quieren es llevarte con ellos de vuelta.
- Yo... ¡Yo no quiero ir con ellos!
- Quizá si vuelves a tu hogar estarás mejor que estando conmigo, hablando francamente...
- ¿Eh? Atsu...
- Así ya no sufrirás tanto. Estos dos últimos meses te he hecho la vida imposible.
- No digas eso.
- Así que si quieres regresar a tu casa...
- Atsushi-kun, es que yo no quiero regresar. Me da miedo, ¿qué le diré a mis hermanos? Además, para ser sincero, quería presentarte con mis padres y platicarles sobre mí... Pero no tuve el valor; no podía dejar de pensar en eso, y ahora pasó esto: enfermé. ¡Pero no voy a regresar! ¡No lo haré!
- Es por tu bien, Todomatsu. Estoy viendo por ti.
- No insistas...
- ¿Y por qué quieres hacerte daño de esta forma?
- ¡Porque yo quiero vivir así! Yo... te quiero mucho, Atsushi-kun. Y no quiero negar esto que siento. Por una vez en mi vida, quiero permitirme ser feliz, pero aún así siento miedo. Miedo por lo que los demás me digan o hagan conmigo…
Atsushi escuchaba.
- Hace poco, creía que nada de esto me lo podía merecer. Pero al estar contigo, incluso si no ha sido mucho tiempo, ¡me hace feliz! Ahora me di cuenta. Quiero estar contigo por siempre.
- Todomatsu, ¿entonces por qué?
- "¿Por qué?". No puedo creer que no lo entiendas...
- No, no me doy a entender. Sí te entiendo, pero yo...
- Tú eres el lugar al que siempre debo regresar, Atsushi-kun.
Atsushi enmudeció. Su corazón latía a mil... Aquello era tan bonito, pero, sonaba triste.
El doctor entró a la sala e interrumpió.
- Disculpen - dijo el hombre. - El horario de visitas terminó. Los demás jóvenes entrarán.
- De acuerdo - dijo Atsushi levantándose y apretando la mano de Todomatsu mientras lo miraba. – Todomatsu, sé fuerte.
- Atsushi-kun, no te...
- Lo siento - se retiró.
Cuando los muchachos vieron que Atsushi salió al igual que el doctor, decidieron entrar.
- Vamos, let's go! - dijo Karamatsu.
- Yo me quedo aquí - dijo Ichimatsu.
- ¿Eh? Pero Ichimatsu...
- Está bien, nos acabamos de ver hace poco. Además, tengo algo que arreglar aquí.
- ¡Ichimatsu! - dijo Choromatsu.
- Como sea, ¡sólo entremos! - dijo Osomatsu, abriendo la puerta de la habitación, irrumpiendo.
Los demás lo siguieron e Ichimatsu se quedó afuera, con Atsushi.
- ¡Totty! - Jyushimatsu se adelantó. - ¿¡Cómo estás!? ¿Tienes hambre? ¿Te duele algo? ¿Tienes frío o calor? ¿Estás cansado? ¡Hermanito!
- Eh... Estoy bien, Jyushimatsu nii-san - dijo Todomatsu, sorprendido por aquella energía.
- ¡Brother! Estábamos muy preocupados por ti...
- Totty, ¿cómo te encuentras? - cuestionó el mayor de los seis.
- Estoy bien. Ya sabes, cansado.
Choromatsu fue el último en entrar. Se quedó plantado un rato detrás de los demás y después se encontró con la mirada de Todomatsu. No sabía qué decirle, pero reaccionó.
- Choromatsu nii... - Todomatsu no acabó de pronunciar nada, pues fue interrumpido.
- ¡Lo siento! - se apresuró a decir Choromatsu, haciendo una exagerada reverencia. - ¡Lo siento mucho, perdóname! Por tratarte como lo hice y hacerte sentir mal... ¡Lo siento!
Todomatsu tenía ganas de llorar, pero se contuvo.
- Está bien, Choromatsu nii-san... Yo tuve la culpa de todo.
- No es verdad... - se acercó rápidamente con Todomatsu y lo envolvió en un cálido abrazo.
Todomatsu correspondió, aferrándose a sus ropas.
Los demás observaban, enternecidos y aliviados.
- ¡Abrazo! - exclamó Jyushimatsu uniéndose al abrazo. Los demás correspondieron, entre risas, haciendo lo mismo.
Al notar que podían lastimar al más pequeño se separaron, dejando al tercero y al sexto solos, aún unidos en el abrazo.
- Choromatsu nii-san... No llores.
Todomatsu comenzó a limpiar las lágrimas de su hermano que comenzaron a fluir de repente, separándose un poquito.
- Sí... Lo siento. Tenía muchas ganas de verte... - decía Choromatsu tallándose un ojo con la voz entrecortada.
Después de que Choromatsu se compuso, siguieron.
A su vez, afuera de la sala, estaba Ichimatsu, quien tímidamente se acercó a Atsushi, tratando de no trastabillar o hacer algo embarazoso. Cuando estuvo casi al frente suyo, dijo algo.
- A... Atsushi-san...
- Hola, Ichimatsu-san. Discúlpame por todo esto.
- No, al contrario. Eso debería decirlo yo…
Atsushi rió un poco, haciendo que Ichimatsu perdiera la tensión.
- Eres igual a tu hermano Todomatsu... en el sentido de que dices mi nombre en cada frase - dijo amigablemente. - Y además del físico, claro.
- Ya veo...
- Me alegro de que pueda confiar en ti. Tus hermanos podrían escribir una buena novela dramática usándome como antagonista...
- ¿Lo escuchaste? - dijo apenado. - Perdónalos, ellos están...
- Lo entiendo, no te preocupes.
- Uh… - Ichimatsu se sonrojó.
- ¿Mhm? ¿Qué sucede?
- Pues... nunca había hablado tanto contigo... Sólo estoy agradecido. A diferencia de mis hermanos, creo que puedo confiar en ti.
- ¡Gracias!
- Pero, hay algo que quiero pedirte...
- Dime.
- Por favor, pase lo que pase, cuida a mi hermano.
- Eso haré.
- No, quiero decir, que no dejes que venga con nosotros... a casa.
- ¿Eh?
- No te imaginas... En casa él siempre se veía triste. No le gustaba su estilo de vida. Él quería... encontrar a alguien que realmente lo quisiera. Por eso, por favor, llévalo contigo.
Hubo silencio.
- Está bien, Ichimatsu-san...
- Gracias - sonrió, algo muy inusual en él.
Estuvieron hablando un rato más sobre lo que había sido de aquellos meses.
Mientras tanto, Todomatsu estaba siendo abatido dentro de la sala.
- ¡Totty, cuando te sientas mejor podrás volver a casa con nosotros! - decía un emocionado Karamatsu.
- ¿Qué? ¿Volver?
- ¡Yes, yes!
Todomatsu miró alrededor.
- ¿En dónde está Ichimatsu nii-san?
- ¡Está afuera con tu amigo! - contestó Jyushimatsu, con una sonrisa. - Dijo que tenía algo que arreglar.
- No, no puede ser...
- Todomatsu, vas a venir con nosotros - dijo Osomatsu.
- No, no quiero.
- ¡Todomatsu! ¡Es por tu bien! Estás mejor con nosotros que con ese sujeto.
- ¿Y tú qué sabes?
- ¡Todomatsu!
- Tú sólo supones y no investigas...
- ¿Qué debería investigar?
Todomatsu apretó los dientes.
- Ya les dije que pronto iré a casa, pero no para quedarme.
- ¿Por qué no? - preguntó Choromatsu.
- Estoy mejor así.
- Pero...
- ¡Ya! Les dije que no iré... No iré... ¡Ngh! - le dio un dolor en la cabeza.
- ¡No te sobre esfuerces, Todomatsu! - dijo Karamatsu, preocupado.
- Está bien, si así lo quieres... - dijo Osomatsu, reprimiendo su enojo y su inconformidad.
- ¿Y por qué te dio el shock? - preguntó Jyushimatsu. - ¿Hay algo que te estresa?
Todomatsu sólo carraspeó.
- Hay algo que debo decirles... - dijo Todomatsu.
- ¿Qué es? - dijeron todos al unísono.
Lo pensó. ¿Les diría la verdad, ahí en el hospital, en ese estado? Si lo hacía, era idiota. Se deshizo del valor.
- No... No puedo - dijo con un nudo en la garganta. - Olvídenlo.
- Totty... - dijo Choromatsu.
- Por favor, ¿podrían dejarme sólo? Gracias por venir...
- Está bien - dijo Osomatsu. - ¡Pero tienes que ir a casa a ver a papá y a mamá!
- Lo haré - susurró Todomatsu. - Por supuesto que lo haré.
Dicho esto, todos se despidieron y salieron del lugar. Después consultaron al doctor y se despidieron. Ichimatsu siguió a los cuatro chicos también.
Después de quizá una hora más, el doctor le dijo a Atsushi que Todomatsu debería permanecer una semana más internado en el hospital, hasta que se recuperara por completo.
Atsushi estuvo visitando a Todomatsu durante ese plazo. Quería estar con él todo el tiempo pero no podía faltar a su trabajo.
Mientras tanto en casa de los Matsuno los padres habían salido de Tokio por una semana y media. Así que poco sabían de su hijo, pero sus hermanos les habían platicado que estaba bien. Y ellos querían de verdad verlo...
El tiempo pasó y pronto sólo faltaba un día para que Todomatsu saliera del hospital.
Una tarde Atsushi se encontraba en casa debido al cambio de turno, cuidando del pajarito, que ahora era capaz de volar. Se había curado exitosamente.
- Ojalá Todomatsu pudiera verte - le dijo al ave, sonriendo.
Estaba sólo, no había ningún otro ruido más que el canto de Pichi.
Atsushi se perdió en sus pensamientos mientras anhelaba finalmente poder estar con Todomatsu.
Esa noche, no fue a dormir a la cama, pues se quedó profundamente dormido en el sofá.
Al día siguiente, volvió a ir al hospital, y esta vez trajo a Todomatsu con él en el automóvil. Seguía siendo un día muy helado y la nieve apenas permitía que el coche se desplazara hábilmente.
- Gracias por cuidarme todo este tiempo, Atsushi-kun.
- Ni lo menciones. Te lo dije, ¿no? Estaré ahí para ti siempre que lo necesites.
Todomatsu sonrió cálidamente.
Llegaron a la casa, y enseguida Atsushi preparó la ducha para Todomatsu. Se bañó con agua calienta y se vistió.
Al salir, Atsushi estaba en la habitación principal, así que se dirigió para allá.
Atsushi se dirigió rápidamente a Todomatsu y le pidió que se sentara al borde de la cama. Le abrochó el abrigo y le arremangó las mangas.
Todomatsu rió.
- Atsushi-kun, no soy un bebé - sonrió tiernamente.
- Quiero hacer esto.
- De acuerdo.
- Ven, vamos a la sala.
Atsushi encendió el televisor. Miraban una película juntos.
Todomatsu lo siguió y se sentó en el suelo. Atsushi se sentó en el sofá un poco atrás de él, y con un cepillo en mano y una secadora, peinó a Todomatsu.
- ¿Así está mejor, verdad? - hablaba Atsushi. - Si te mantienes con el cabello húmedo con este frío, puedes recaer.
- ¡Gracias, me siento mejor así!
Atsushi se tomó el tiempo de cepillar cuidadosamente el sedoso y brillante cabello de Todomatsu.
- ¿Debería hacer esto siempre? - dijo Atsushi.
- No. Si lo haces siempre me terminaré durmiendo, casi como ahora. Ya me arrullé - dijo riendo.
Después de que terminó de cepillar a Todomatsu, éste subió al sofá junto al mayor y se recargó en él.
De pronto Todomatsu sintió que su celular vibro y lo revisó.
Se quedó perplejo unos momentos, y después suspiró.
- Ah...
- ¿Qué sucede, Todomatsu?
- Me acaban de despedir.
- ¿En serio? - dijo preocupado.
- Sí. Mis compañeras me acaban de enviar un mensaje.
- Ay, es mi culpa. Debí ir a hablar con el gerente. Pero mira, yo puedo ayudarte a conseguir un nuevo empleo...
- No, no. Está bien. Quiero descansar un momento.
- ¿De verdad?
- Sí, de verdad.
Pasaron el resto del día juntos. De hecho, podrían pasar muchos días juntos, púes los horarios de trabajo ya no les impedirían dedicarse tiempo.
Y, mientras Atsushi no estaba en casa, Todomatsu jugaba con Pichi, que por cierto, estaba muy contento de verlo recuperado por fin.
Así, Todomatsu incluso cuando Atsushi se encontraba ausente, no estaba del todo solo.
Estaba muy contento. Así, pasó una semana y media más en la que no fue a casa, pero sí seguía hablando con Ichimatsu, y ahora hasta hablaba con sus demás hermanos por teléfono, a excepción de Osomatsu, que no confiaba mucho en Atsushi.
Tres meses y medio con Atsushi, quizá. Aquella rutina ya formaba parte de su vida.
Todomatsu duró una semana y media sin trabajo, sin remordimientos. Si sus hermanos lo hacían, ¿por qué él no? Después se encargaría de hacer algo para ayudar a Atsushi, púes actualmente no se sentía del todo bien, mentalmente.
Una tarde soleada pero fría, Todomatsu y Atsushi se levantaron temprano como de costumbre y desayunaron juntos. Sacaron al pajarito de la jaula, que por cierto, no se iba a pesar de estar las ventanas abiertas. Se encariñó con los chicos.
La radio estaba encendida, reproduciendo canciones viejas y románticas. La mayoría baladas, y no en un volumen muy alto.
Todomatsu observó a Atsushi mientras comía, y cuando terminó, se decidió por hacer una pregunta.
- Atsushi-kun... Tengo algo que preguntarte.
- Dime.
- ¿En dónde está tu familia?
Atsushi abrió bastante los ojos y carraspeó. El silencio fue efímero, pero pareció haber transcurrido por una eternidad.
Pasó saliva y después, batallando, las palabras salieron de su boca.
- Hay cosas que preferiría no contar.
- Pero, Atsushi-kun, yo quiero saber más de ti. Quiero saberlo todo sobre ti. Así que...
- No quiero hablar de eso, Todomatsu.
- Atsushi-kun, yo entiendo si te...
- Todomatsu, por favor.
Hubo silencio. Todomatsu vio al mayor haciendo un mohín, y después volvió a hablar.
- Lo siento, Atsushi-kun. No pensé que fuese tan malo. Entiendo si no quieres hablar de eso, pero en verdad quisiera saber. De esta forma, siento que podré ser más cercano a ti.
- No hay necesidad de hablar de eso, de todas formas.
- ¡Claro que sí!
- ¿Por qué? - Atsushi frunció el ceño, un poquito enfadado.
- Porque quiero ayudarte, Atsushi-kun. Quiero conocerte. Yo he dejado que te acerques a mí y me conozcas... Lo que me da miedo y lo que no, y así tú has sido capaz de darme consuelo y hacerme sentir feliz. Te lo dije, ¿no? Así como tú haces por mí, yo puedo hacer por ti. Y es lo que trato de hacer, así que... por favor, háblame de ti.
— ... — Atsushi relajó sus facciones, y suspiró, pensando en su respuesta.
— Po... Por favor...
Atsushi sonrió, a causa de la ternura del rostro de Todomatsu al finalizar aquella petición.
— Ya.
— ¿Atsushi-kun?
— Verás, no es que no me moleste recordar todo esto, pero, no hay opción. Creo que no estoy siendo justo y tienes razón.
— Bien... — Todomatsu apoyó su mano en su mejilla. — Te escucharé con toda la atención del mundo.
— Bueno... — suspiró y se tronó los dedos de las manos. — ¿Por dónde debería empezar?
— Puedes contar cualquier cosa que te guste.
— ¿Que me guste? — rió bajito, agachándose, como si no quisiera que Todomatsu lo viera.
— Bueno, en realidad... cualquier cosa está bien.
Atsushi lo miró y sonrió tristemente. Después se enderezó y golpeó un poco los dedos contra la mesa, deshaciéndose del nerviosismo.
— Todomatsu, te advierto que esta historia puede aburrirte, así que si te entra sueño, detenme.
— ¡Quiero escuchar! — dijo moviéndose de un lado a otro, en la silla de la mesa.
— Bueno, te contaré acerca de mi familia. Realmente comenzaré con algo simple — Todomatsu asintió y Atsushi prosiguió con la anécdota. — En aquella época yo tenía… ¿cuánto? Quizás apenas unos siete años. Nací siendo hijo de una familia muy adinerada y de buen estatus social; así que, por ello, mis padres siempre me educaron haciéndome creer que la apariencia era lo más importante en una persona; en cualquier persona. Así que... como ellos lo pedían, siempre traté de ser el mejor en todo. Deportes, calificaciones, carisma... En fin. Total, que al final nosotros no éramos una familia de verdad, ¿sabes? — dijo con un aire nostálgico.
— ¿A qué te refieres?
— Bueno, mamá acostumbraba a presumirme con sus amigas, al igual que mi papá. "Mi hijo hace aquello, y lo otro", "¡Este es mi hijo!", decían orgullosos. Pero a mí no me gustaba vivir así. Mamá no me dejaba salir de mi habitación para jugar, nunca tuve un amigo con quien jugar cuando era niño... Pasaba horas y horas estudiando, siempre para ser el mejor en la escuela y que mis padres pudiesen presumir de ello. También, en mi tiempo libre no hacía más que leer libros aburridos o complicados de cualquier cosa que yo no pudiese entender en aquella edad. Se volvió tedioso y no hacía más que llorar, y mis padres, para que yo fuese un ser humano ejemplar, me inscribían en las mejores instituciones del país, en tiempo completo. Día y noche estudiando, quién sabe para qué...
Todomatsu escuchaba, deseando saber más. Atsushi nunca le hubiese hablado de él si él no se lo hubiera pedido.
— Papá decía que un día iba a heredar todo su dinero, lo que construyó, que sería igual de brillante que él, y que sería el ejemplo de la familia — siguió —, pero a mi realmente no me importaba parecerme a mi papá. Así que, como no sabía qué hacer y no había nadie que pudiese ayudarme, seguí haciendo lo mismo. A mis siete años me levantaba temprano para ir a estudiar, salía e iba al turno intermedio a tomar clases de música, arte, cualquier cosa, y durante las noches, un profesor venía a casa a darme la clase nocturna que tanto le encantaba a mi mamá que recibiera... Mi padre y madre salían constantemente del país por cuestiones de trabajo, y me dejaban muy solo. Sólo se quedaban conmigo las sirvientas que trabajaban en mi casa, y sólo me hablaban si es que yo les preguntaba algo. Me encerraba en mi cuarto, estudiaba, y al día siguiente iba a la escuela de nuevo, deseando que algo ocurriese para que aquello acabara... Como era de esperarse, yo estaba desesperado. Mis padres nunca me dieron ni una muestra de afecto ni hablaban conmigo. Tampoco me preguntaban cómo me iba.
Silencio.
— Debió ser duro...
— ¡Lo fue! Pero sabes, un día cuando mamá estaba a punto de salir a un viaje, incluso cuando recién había llegado del extranjero, la abracé de las piernas mientras lloraba, rogándole que se quedara conmigo. Y ella me miró, y dijo: "Puedes hablar con las mucamas". Pero no era lo mismo, y yo no necesitaba eso. En aquella época papá salió del país por casi seis meses.
La casa brillaba a causa del sol, y a pesar de que estaba nublado y nevaba un poco, la luz detrás de las nubes seguía estando presente.
— Yo quería sentirme querido — dijo Atsushi. — Los niños que iban junto conmigo en la escuela no querían hablarme, porque tenían resentimiento hacia mí. Ya que, incluso los profesores me presumían ante todos, y eso resultaba desagradable... — hizo pausa — Mis papás eran políglotas, así que de repente lo pensaron y me dijeron: "Tú no te puedes quedar atrás", así que, mamá me obligó a aprender a hablar inglés, además del japonés que ya dominaba, y algunos otros idiomas de su preferencia; ya no lo recuerdo... Estudiaba todos los días, esperando poder agradarle más a papá y a mamá, y que así hacer que me demostraran cariño. Pero eso nunca pasó. El día de mi cumpleaños desperté; sabía que era mi cumpleaños, pero no me importó. Mis padres no estaban y el simple hecho de que nunca nos habíamos sentado juntos a una mesa me hacía perder cualquier esperanza, y ellos nunca le dieron importancia a ese día. Pero no me extrañaba, siempre había sido igual. Entre más estudiara y más habilidades adquiriera, mamá estaba feliz y papá satisfecho, y yo estaba bien tan sólo con eso.
— Atsushi...
— Pero, ¿sabes? Un día cuando mamá estaba de viaje, llegó una carta. Una de las sirvientas la recibió y la leyó, y luego la rompió. Era una carta enviada desde la oficina de mamá en el extranjero. Yo pregunté: "¿Qué dice la carta?", y la sirvienta simplemente dijo que mi madre estaba muerta. Yo me sentí devastado... ¿Cómo había podido decirlo de aquella manera? En fin, papá llegó a casa sabiendo aquella noticia, quién sabe cómo. Según los rumores, mamá hacía cosas malas y por eso la mataron. Huimos a otro país, y ya no era ningún problema para mí, pues dominaba perfectamente el inglés. Papá compró otra casa y contrató nuevas sirvientas. Mi vida comenzaría de nuevo, en un lugar que yo no sabía dónde quedaba. Mi papá nunca mostró tristeza o remordimiento por la muerte de mi mamá, porque según él, ella se había casado con él sólo por conveniencia. Entonces, fue cuando recordé una conversación entre papá y mamá... Mi padre le preguntó a mamá: "¿Si no me amas realmente, cuál era la verdadera razón para que te hubieses embarazado de nuestro hijo?", a lo que ella respondió: "¿No es obvio? Necesitaba una excusa para poder permanecer junto a ti". — suspiró. — Era cierto, mamá sólo me utilizó como objeto de su orgullo y amarre hacia mi papá. Mamá también era de buena familia, pero su estatus no se acercaba ni un poco al de papá, y se aprovechó de ello, para estar por encima de los demás — inhaló y exhaló. — Nunca supe nada acerca de su funeral; ni siquiera sé si fue alguien siquiera a verla, incluso muerta. Y yo me sentía tan triste y a la vez aliviado... Como si el destino finalmente me hubiese liberado...
— Atsushi... kun... — Todomatsu estaba trémulo.
— Poco después, cuando cumplí ocho años, papá se enamoró de una mujer de buena familia y se casaron. La mujer no tenía hijos y eso me hizo entristecer. Al no haber tenido yo nunca hermanos, comencé a sentirme solo. Quería a alguien con quien pudiese jugar y platicar, pero eso nunca pasó — miró hacia el techo, entrelazó sus dedos, bajó la mirada y siguió relatando. — Su nueva esposa, mi madrastra, me maltrataba de todas las maneras que podía. A pesar de que yo no hacía nada malo, quería deshacerse de mí. Me tenía envidia, pues aunque fuese sólo para oprimirme, papá me ponía más atención a mí que a ella. Fingía ser buena conmigo, pero al irse mi papá a su oficina, de vez en cuando me soltaba algunas frases como: "Tu mamá nunca debió parirte", o "Siempre serás una carga". ¡Era muy mala! Inclusive de manera física, me agredía... Algunos golpes repentinos sólo porque sí o porque me equivocaba en algo, no podían faltar. Varias veces me abofeteó, pero nunca delante de mi padre. Fue cuando pasó el tiempo y cumplí nueve años, yo ya no soportaba vivir fuera de Japón. Nada me resultaba familiar, y nada me hacía sentir cómodo, y aquella mujer sólo vivía para hacerme sentir mal, desanimándome con cualquier cosa que yo hiciera, con insultos y bromas pesadas. Y papá, después de haber estado casi un mes fuera de casa sin verme, llegó y no me dio siquiera un abrazo, ni me saludó. En cambio, fue de inmediato dirigiéndose hacia aquella mujer y la besó. Y a mí... sólo me ignoró. Él ya me había olvidado, o eliminado para siempre. Eso pensaba.
Todomatsu se mantuvo atento, con los ojos muy abiertos. Chocó un poco sus dientes entre sí con la boca cerrada haciendo un poco de ruido, y jamás despegó su vista del rostro de Atsushi.
— Varias veces le dije a papá muy desesperado que era maltratado, pero él sólo decía: "Eres hombre, puedes soportar eso, ¿o no?". Y yo podía soportarlo, pero era duro... — se detuvo un momento. — Fue entonces — prosiguió — cuando cumplí trece años, que papá descubrió que su nueva esposa le robaba dinero y además de eso, que al igual que mi madre, lo utilizó por conveniencia. Por su dinero y sólo por eso. Y no nada más aquello, sino que también ella lo engañaba con otro hombre. Como papá no estaba casi nunca en casa, ella metía hombres, y allí pasaban la noche. Se emborrachaban y de vez en cuando me golpeaban o insultaban sólo por "interrumpir", aún cuando estaban de vez en cuando en mi habitación. Me lanzaban las botellas de vidrio del vino o los vasos rompiéndose en mis pies, me escupían, o incluso me hacían quemaduras con los cigarrillos. Las sirvientas fingían no ver ni escuchar nada, y por más que yo les pedía que hicieran algo, sólo me daban la espalda. Varias veces tuve que dormir en la sala de estar o en la oficina de papá, con vidrios en los pies o heridas frescas, sin que nadie llegase a darme consuelo. Por supuesto, cuando yo pude, se lo dije a papá, pero no me creyó. Decía que no podía ser y que yo exageraba, o que era poco hombre; cosas por el estilo. Poco después que llegó del trabajo papá encontró a su esposa en la cama con un hombre mayor que ella, uno de los muchos que había metido a casa y que me habían maltratado, y por supuesto, muy enfurecido la corrió de la casa. Antes de aquello, cuando salió corriendo junto con el hombre, la mujer me escupió en la cara.
— No puede ser. Eso... es horrible.
— Sin duda alguna — dijo en voz muy baja. — Después de eso papá se divorció y volvimos a Japón, en donde seguí estudiando desde la mañana hasta la noche, sin saber por qué o para qué. Jamás volví a ver a aquella mujer. Estudié la preparatoria, y al llegar a casa sólo repasaba lo que veía en clase, pues papá no me daba de comer si no me veía haciéndolo. Papá quería que fuese un hombre importante, y por ello, me educó presionándome al querer enseñarme todo sobre negocios, así que, cuando entré finalmente a una de las mejores universidades de Japón, papá decidió por mí la carrera que llevaría a cabo. Para serle de utilidad a la sociedad y ayudar a los demás — hizo pausa. — Y a pesar de todo ello, ¿sabes? Yo era muy popular entre las chicas, y papá estaba muy orgulloso también con ese lado mío, pero a mí jamás me importó aquello. Era amable con todos, pero sólo por apariencia, ya que realmente no tenía ganas de sonreír...
Hubo un momento de silencio, el tono que utilizó Atsushi al final del relato parecía indicar que seguiría con la historia.
— ¿Y entonces, qué pasó? — Todomatsu intentó impulsar a Atsushi a continuar, y funcionó.
— Papá decidió que era tiempo de buscar una muchacha para que sea mi pareja, pero yo no tenía ánimos de tener novia o algo así. Yo no tenía idea de cómo se quería a alguien, o de cómo alguien podía quererme. Pero, como era de esperarse, no me negué y mantuve mi orgullo, siempre fingiendo ser alguien importante, superior a los demás, aunque no lo era. Así comencé a salir con varias chicas aunque no me atraía ninguna. Papá se enojó conmigo porque rompía con ellas bastante rápido y eso me irritó. Yo en aquel entonces tenía dieciocho años; aún no sabía lo que quería — tragó. — Y al final, me di cuenta de que realmente no me gustaban las mujeres. Un día fui y se lo dije a papá seriamente, pues ya nada me daba miedo en ese punto. Papá sólo levantó su mano y me abofeteó. "Eres una vergüenza para mí. Lo que has estado haciendo todos estos años se ha desmoronado, se fue a la basura. Detesto todo lo que ahora representas", dijo. Era la primera vez que siquiera se tomaba la molestia de hacerme algo o regañarme, y por ello, por alguna razón, me sentí emocionado. Lejos de ser cohibido de nuevo... Pero, papá se molestó conmigo. Y aunque no dijo nada directamente hacia mis gustos, se molestó por simplemente no hacer crecer la familia. Me comenzó a odiar y aún así, él tenía miedo por cómo decirle a sus amigos, conocidos y compañeros a los que tanto les presumía a su hijo, que era "diferente". Le resultó una molestia — carraspeó. — Un día dejó un mensaje en casa que decía que debía hacer un viaje por su trabajo y que estaba muy emocionado por verme graduarme. Duró fuera quizá cinco meses. Yo me esforcé al máximo por ello con la esperanza de que quizá ese día el me felicitara o me abrazara... Cualquier cosa que no fuese para presumirle a los demás. Yo quería que estuviese orgulloso por lo que yo era, por mi esencia. Entonces obtuve mi certificado, pero él nunca llegó a la ceremonia. Esperé y esperé, y nunca dejó un mensaje disculpándose o algo. Entonces, dejó un mensaje a mi correo electrónico, que decía: "Necesitaba darte inspiración y te la has creído. Ya que jamás tendrás una familia o serás feliz por culpa de tu homosexualidad, ahora al menos puedes conseguir un buen trabajo. Podrás seguir viviendo sin molestar a los demás. Me pregunto por qué es que hasta ahora me he dado cuenta de que no debí criarte... Fue una molestia".
Hubo silencio.
— Y entonces, jamás volvió — dijo Atsushi, quedito. — Salió al extranjero sin decir exactamente a dónde, o eso dijo. Creo que estuvo de inquilino en algún lugar como en el pasado. Cumplí diecinueve años y salí a buscar trabajo a las oficinas por las cuales me especialicé y conseguí un empleo muy bien pagado. Huí de casa abandonando a las mucamas a la suerte y alquilé un apartamento con el dinero que papá dejó. Ahorré y compré una casa con el paso del tiempo y también un auto. Comencé a llenarme de lujos, pero a pesar de tenerlo todo, sabía que realmente no tenía nada... De vez en cuando salía con chicas a platicar, a beber o a pasar el rato, con compañeros del trabajo, iba al gimnasio, o con quién sea con tal de no estar solo. Estaba muy frustrado. He vivido solo casi toda mi vida. Comencé a hablar con otros chicos y chicas prácticamente hasta que cumplí diecisiete años, si lo pienso bien — sonrió un poco. — Hasta que hace poco, sólo porque sí, me escapé un rato de mi oficina y decidí comprar un café para levantar mi ánimo, y te conocí.
Atsushi relajó sus facciones y enderezándose un poco con una bonita sonrisa, siguió hablando.
— Me liberaste de mi pesadilla, Todomatsu. Gracias. Yo... estaba tan feliz. Aquel día sin saber por qué supe que era parte del destino, y a la vez estaba tan sorprendido... Creía que no me lo merecía, pero por primera vez pude sentir cómo mi corazón palpitaba — Atsushi alcanzó la mano de Todomatsu sobre la mesa y la apretó entre las suyas. — Por eso, Todomatsu, quiero que sepas que yo también he tenido miedo, que yo también me he sentido inseguro de mí mismo. Yo también he estado triste, yo también he querido gritar con todas mis fuerzas, yo también he querido que alguien me abrace... Yo también he querido ser alguien. Yo también he querido que alguien me quiera por lo que soy y como soy. Yo también soy como tú, Todomatsu... — acarició su mano. — Así que, aunque nuestras vidas han sido diferentes, se parecen en cierta forma. Por ello, aprovecha a tus hermanos, a tus padres, o incluso si tienes o no un trabajo... Puedes ser feliz tan sólo con eso. Por eso, si sientes que no respiras, que no puedes seguir adelante, o que sigues teniendo miedo y no puedes seguir de pie enfrentando a este mundo... déjate caer sin problemas, porque yo siempre estaré ahí para levantarte.
Atsushi acabó la frase con una sonrisa bastante marcada y las mejillas rojas. Con la voz grave, pero suave. Acariciaba la mano de Todomatsu, mientras éste último lo miró con unos ojos bastante tristes, mientras hacía un puchero. El mayor sólo le ofreció una sonrisa aún más dulce, se pasó la mano por la nuca un poquito nervioso y suspiró.
— Todomatsu, ¿por qué estás llorando?
