Capítulo 20- Para ti y para mí.
Atsushi metió el celular en su bolsillo, cortando la llamada sin despedirse. Salió rápidamente sin importarle un poco el mojarse un tanto por la lluvia y se metió al auto saliendo inmediatamente del garaje. Sus manos aún estaban temblando y sus pies se sentían más livianos; sentía un molesto hormigueo.
Con una desagradable sensación en su estómago se concentró en sostener el volante apropiadamente y conducir de manera serena. Era muy difícil.
Gracias a aquella lluvia, tardaría más de lo que debía. Los neumáticos del auto resbalaban de manera espantosa, lo cual le hizo reaccionar, tomando de nuevo su anterior posición. ¿Cómo era posible que ahora se encontraba en aquella situación?
La casa de Futsuumaru no debía de estar muy lejos. Quizá pasaron diez minutos de transcurso hasta que visualizó el hogar del chico.
Dentro de la casa, Todomatsu levantó los platos de la mesa con nerviosismo. Futsuumaru no dijo nada.
Se sentaron en el sofá de la sala nuevamente. Atsushi no tardaría en llegar.
- Futsuumaru...
- ¿Mhm? ¿Qué sucede, Todomatsu?
- Antes de que algo más suceda, déjame agradecerte por todo...
- ¿Eh? Para nada. Hice lo que cualquiera haría en mi lugar - repuso.
- Y, también déjame disculparme una vez más. Lo siento - hizo una leve reverencia.
- ¿Por qué lo harías?
- La verdad es que cuando me salvaste, más que sentirme aliviado, me sentí muy molesto contigo. Lo siento... Creía que no quería ser salvado, y también creí que todo el valor que logré reunir se había disipado lentamente, como si nada. Pero ahora estoy agradecido... Gracias - sonrió. Quizá era la primera vez que sonreía desde hace semanas.
- No te preocupes por algo así - imitó el gesto.
Todomatsu asintió, frotándose los brazos. Nuevamente el frío lo atacó.
- De acuerdo.
- Ah, lo siento - dijo observando a Todomatsu -, te traeré una manta u otro abrigo. Está realmente helado… Vaya, primero nieve y ahora se viene la lluvia - se levantó. - Enseguida vuelvo.
Dicho esto, Futsuumaru caminó rumbo a la habitación a buscar algo en el clóset. Su casa no era más espaciosa que la de Atsushi, pero si más grande que la casa de los Matsuno.
El chico de rizados y claros cabellos tomó su celular y le dejó un mensaje a Atsushi, indicándole que entrase a la casa; que la puerta estaba abierta.
Sólo unos semáforos más, no estaba muy lejos. Podía divisar la casa.
Atsushi giró el volante de manera experta y se estacionó justo frente a la casa. Bajó a toda prisa del automóvil cubriéndose del agua con un solo brazo, hasta que llegó y se refugió bajo el tejado.
Frotándose los brazos se acercó a la puerta con prisa y tocó a pesar de haber leído el mensaje, sólo para no irrumpir. Abrió la puerta con cuidado y entró.
Todomatsu sintió intimidación al escuchar la pesada goma de los zapatos del mayor chocar contra el piso. Se encogió. Atsushi aceleró el paso y abriendo una puerta de cristal que había entre una habitación y otra, lo vio.
Miró a Todomatsu.
Éste último tenía la vista clavada en el suelo, tronándose los dedos quizá. Al presentir que Atsushi estaba plantado en el marco de la puerta, alzó un poco la vista, la cual era cubierta por el flequillo.
No dijo nada. No dijeron nada.
Atsushi estaba ahí parado sin saber que decir, con los ojos muy abiertos y su corazón palpitando a mil por hora. Con una mano se sostuvo de una pared como si tuviera miedo a caerse, con la camisa arrugada, el saco desacomodado y la corbata desajustada. El terno estaba un poco mojado y sus zapatos igual, pero no generaba problemas. De su cabello escurrían gotas del agua helada.
– Todo... matsu...
– At... Atsushi-kun, yo...
Todomatsu no sabía cómo reaccionar. Después de tanto tiempo, ahí estaba Atsushi, mirándole a los ojos. No sabía exactamente qué le diría ni cómo lo haría. Temía decir nuevamente algo que causara algún problema. Pero, aunque era una sensación entre emoción, miedo, intimidación, y tristeza, estaba feliz por poder ver a Atsushi una vez más. Incluso cuando estaba al borde de la muerte, se sentía demasiado mal por no poder verle, creyendo que nunca lo haría. Jamás...
Pero ahí estaba.
Atsushi suspiró con alivio y angustia. Se adentró a la sala y torciendo un poco los labios se acercó a Todomatsu. Primero lento y después acelerando el paso. Y casi aventándosele encima, lo abrazó fuertemente.
Todomatsu quedó estático. No dijo nada.
"¿Eh?".
El tiempo parecía transcurrir más lento de lo que podía significar "lento". Una eternidad.
El menor no hizo ni un solo movimiento, y aunque por su cabeza transcurría la idea de abrazarlo también, algo le impedía moverse. Porque muy en el fondo se sintió indudablemente intimidado.
Tenía la vista hacia arriba, mientras que Atsushi lo tenía envuelto en sus brazos con la cabeza hacia abajo. Recargaba su cabeza con sus claros cabellos aún escurriendo en su pecho, empapando su camisa.
— Estaba tan preocupado... — temblaba ligeramente.
— Atsu... Atsushi-kun...
— Todomatsu, estaba muy asustado. De verdad estaba muy preocupado por ti. Lo siento, lo lamento. Perdóname... — balbuceaba.
Futsuumaru se acercó y se quedó plantado poco antes de llegar a la puerta que estaba entre abierta. Sigilosamente se pegó a la pared. Tendría que limitarse a observar, aunque, cuando un pensamiento de culpa lo invadió, decidió sólo escuchar a sus dos amigos. No podía intervenir en aquel momento. Con las mantas en las manos se volteó, quedándose estático tras la pared, limitándose a sólo asentir y sonreír por el encuentro.
Seguramente no notarían que estaba ahí, ni se acordarían de su presencia. Y estaba bien así.
Una pequeña lámpara alumbraba gentilmente la habitación con su luz ámbar. Y las cortinas obscuras y recorridas daban paso a observar caer la pesada lluvia.
Todomatsu temblaba un poco. Insistía en que sería por la emoción, aunque en realidad, quizá era por la cálida sensación de ser envuelto en los fuertes brazos de su amado de nuevo.
Se impresionó mucho. En aquella acción había mucha desesperación desbordando. Lo abrazaba como si nunca lo fuese a soltar, tanto así que creía que le estaba faltando el aire. Lo estaba apretando demasiado.
Sentía que alguno de sus huesos daría un crujido en cualquier momento.
En un intento por suavizar aquel abrazo, Todomatsu puso una de sus manos en el hombro de Atsushi por detrás, apegándolo así hacia él. Y realmente, Atsushi estaba temblando demasiado.
Es verdad que hacía muchísimo frío, pero...
— Atsushi-kun, yo... lo lamento mucho... No quería causar más molestias, y... fue por eso que yo...
Atsushi negó con la cabeza.
— No. No digas nada. Está bien así, porque estás aquí y estás bien...
— No, de verdad... Déjame discul... — hablaban aún abrazados, sin verse todavía a los ojos.
— No, Todomatsu... Lo siento. Te fallé, te mentí. No hice las cosas como debía. Lo siento... Te lo dije. "Déjate caer sin problemas. Estaré ahí para levantarte", pero no fui capaz de cumplir eso. Perdóname — lo apretó aún más.
— Ngh... Atsushi... kun...
No protestaría por el dolor.
— Lo sien... to...
Todomatsu se quedó más quieto, como si un choque eléctrico lo hubiese paralizado sin más. No sabía qué hacer ni qué decir.
Escuchaba atentamente a Atsushi. Su voz estaba tan cerca de su oído... Y a pesar de siempre escucharle con su tono de voz firme, grave y amable, esta vez se escuchaba más dócil.
Sabía que por más que se lo pidiese (si es que se animaba a hacerlo) no dejaría de temblar, y tampoco dejaría de apretarlo de aquella manera tan desesperada.
Pero, se sentía realmente muy mal. Aunque, ¿se debería alguien de sentir mal por ser amado, por cuya persona los demás dicen que es dañina?
"Sentirse mal por ser amado. Sentirse mal por recibir amor que creo no merecer, y que creo no poder dar". ¿Qué era todo eso?
— Atsushi-kun, detente, te lo suplico. Fui yo el de la culpa... — balbuceaba, esforzándose por alzar el tono de su voz. — Te prometo que...
No pudo continuar.
— Ya, basta. N-No digas... nada... Por favor...
Todomatsu enmudeció.
La voz de Atsushi estaba entrecortada. Y además, se sentía cada vez más pesado, como si ya no se estuviera esforzando en no aplastarlo. Sus manos se aferraban a él, y ligeramente temblando buscaba consuelo.
Estaba sorprendido. Nunca lo había visto de aquella manera. Y jamás se le pasó por la mente que aquella escena pudiese vivirla junto a él. Los gimoteos no le permitirían decir nada y ahogado en sollozos que iban aflorando, se acurrucó más en el menor.
Atsushi estaba llorando.
Todomatsu tragó saliva muy nervioso, con un doloroso nudo en la garganta. De la espalda de Atsushi subió una de sus manos y le acarició el cabello húmedo con ternura. Mientras que con la otra lo seguía abrazando fuertemente. No le importó nada más; dejó que el peso del mayor cayera sobre él sin problemas.
Era muy doloroso.
Todomatsu desearía poder hacer algo para que Atsushi no estuviera de aquella manera, pero había sido todo su culpa. Nada podía hacer. Y Atsushi creía que no podía hacer nada para evitar que Todomatsu se sintiera inseguro, y aún así, a pesar de todo, allí estaban los dos juntos. Quizá era necesario intentar entenderse, o quizá tratar de entenderse era lo que estaba mal, pero no importaba, porque ahí estaban los dos a fin de cuentas. Lo mejor sería que vivieran como el destino les dictara, tratando de tomar buenas decisiones en las situaciones que la vida les ofreciera. Vivir sólo por vivir estaba bien, ¿no? Aún así, era necesario encontrar una luz entre la oscuridad, y seguro podían hacerlo. Pero sería difícil. Era doloroso.
Todomatsu consoló a Atsushi entre sus brazos durante mucho tiempo más, sintiendo su cálida y entrecortada respiración. Acariciaba finas hebras de su cabello, sobaba su espalda, dejaba caer el peso...
Le dolía tener que escucharlo gemir de lamento. Y definitivamente odiaba desde lo más profundo de su alma escucharlo sollozar. También oír los gimoteos, sentirlo temblar, verlo tan frágil... Lo odiaba.
Una vez que estuvieron así un tiempo abrazados, Todomatsu se separó un poco, pero Atsushi mantuvo su cabeza agachada, como si fuera a vomitar.
Todomatsu no dijo nada. Por el contrario, sus ojos también se llenaron de lágrimas. Trató de ser fuerte, pero ver a Atsushi, quién siempre lo sostuvo, de esa manera...
Un pequeño hipido salió y lágrimas escurrieron por todas sus mejillas.
— Ugh… Atsu... Atsushi-kun...
Hablaba con una terrible voz gangosa. Ya lo sabía; que no podría dejar de llorar en un buen rato. Pero a diferencia de Atsushi, mantuvo su cabeza en alto.
Miró a Atsushi con sus mejillas empapadas y su rostro ligeramente colorado. No intentó acercarse porque seguía asustado. Se sentía culpable. Él había puesto a su persona especial de aquella manera...
Atsushi subió el rostro lentamente, dejando ver sus ojos irritados con delicadeza. Y por supuesto, tenía una expresión que Todomatsu jamás había visto. Se enderezó sobrepasando la altura del menor, y tallándose los ojos para reincorporarse, intentó decir algo tras carraspear dolorosamente. Pero simplemente no sabía qué debía decir. No se le ocurría algo que pudiera decir más que disculparse, y Todomatsu no diría nada.
Seguro él estaba más roto aún...
— To... Todomatsu, yo... Lo lamento tanto. Jamás debí poner ese peso sobre ti. Perdóname...
— No, Atsushi-kun... No es...
— No, no. No digas nada. Lo siento tanto... Creo que, a final de cuentas, ni siquiera yo debería depender tanto de mí mismo... Lo lamento tanto... — las lágrimas no se detenían.
— Atsushi-kun, yo lo lamento... Pero, quiero que sepas que... nunca dejé de pensar en ti...
Atsushi cerró sus ojos con sus pestañas empapadas de lágrimas y negó con la cabeza; con el entrecejo ligeramente fruncido.
— No es eso. No me importa si yo... estaba en tu mente o no. Sólo estoy muy triste, por no poder darme cuenta de cuánto sufrías... Lo siento...
— Atsushi-kun...
— Siempre pensé que debía protegerte. Que yo estaba aquí sólo para protegerte... — ahogó un sollozo. A Todomatsu se le partía el alma verlo así. — Pero... no pude hacer nada. No hubo nada que pudiera hacer, y no me di cuenta hasta el final. Soy un fracaso...
— No — negó con muchas lágrimas recorriendo sus mejillas hasta llegar a su barbilla. — No es así, Atsushi-kun... No era responsabilidad tuya. Nunca lo fue... ¡Lo siento mucho! — agachó su cabeza, haciendo una exagerada reverencia. — Atsushi-kun... Lo siento. Lo siento, lo siento... Lo lamento tanto. Yo... no creo que haya sido mejor no conocerte. Eres la persona más especial para mí. Lo lamento... — gimoteaba. Las lágrimas caían en su regazo; permaneció encima del sofá.
— Ya... no le des importancia a eso. Entiendo cómo te sentías... De verdad lo entiendo. Yo me sentí así durante mucho tiempo... — limpió sus lágrimas.
— Lo lamento. De verdad...
— Todomatsu, sólo... gracias por no rendirte.
— De... ¿De qué hablas? Si yo me rendí desde el primer momento...
— No — negó. — No es así. Tú fuiste capaz de contarle a uno de tus hermanos sobre mí... Fuiste capaz de hablarle a tus padres con la verdad. Fuiste capaz de hacer todo de lado por mí, para vivir como tú querías... incluso si eso significaba que te quedarías solo. Y también, aquella noche, fuiste capaz de volver a hablarme... Aún cuando sabías que estabas confundido y tratabas de convencerte de que lo que sentías hacia mí no era real por miedo, volviste a hablarme... Y también, fuiste la primera persona que me escuchó. Fuiste mi primer verdadero amigo, y la primera persona a la que pude amar de verdad... Gracias por eso...
— Atsushi-kun, gracias... a ti por todo. No habría forma de que pudiese pagar algo así...
— Todomatsu...
— ¿Qué sucede... Atsushi-kun? — preguntó con su dulce voz entrecortada.
— Nunca has sido una carga para mí, y no me importa si no sonríes todo el tiempo...
Todomatsu quedó estático. Aquello tenía que ver con su instantánea carta de suicidio.
— ¿Eh?
— "Perdón por morir antes que tú". ¿Cómo pensaste que podría perdonarte después de desaparecer así de mi vida? Y... que... ¿Qué pensaste que yo pensaría después de leer eso? — lloraba desconsoladamente. Estaba realmente dolido.
— Atsushi... kun... Yo estaba pensando sin pensar... Lo lamento — lloró más fuerte.
Ninguno dijo nada. Ambos continuaron derramando sus lágrimas.
Fue entonces cuando Todomatsu se acercó al pecho de Atsushi, y se le acurrucó. Atsushi lo abrazó muy fuerte sin dejar de temblar. Todomatsu podía escuchar los latidos de su amado, palpitando a mil por hora...
Ninguno decía nada. Ambos lloraban sintiendo el calor del otro, sintiendo alivio por volver a estar juntos. Sus trémulos cuerpos se buscaban el uno al otro, esperando no soltarse.
— Todomatsu... — dijo sin soltarlo. — No puedo vivir sin ti. No podría seguir respirando si tú no estás... No quiero estar aquí si tú no estás...
— Yo tampoco... Atsushi-kun... — lo apretó más. — Lo siento, por ser tan egoísta... No debí tratarte mal nunca, porque no lo merecías.
— Está bien... — acarició su cabello.
— Lo siento, por no pensar en ti lo suficiente...
— Está bien... — insistió sollozando.
— Y también lo siento... por no confiar en nada. Porque cuando discutimos creí que lo había perdido todo, porque creía que te había perdido a ti... Tú lo eres todo para mí... Atsushi-kun.
— Pero está bien — dijo —, porque ahora estamos aquí. Y siempre estará bien, porque yo te protegeré siempre...
— Sí... — asintió, y siguieron abrazados.
Todomatsu acariciaba la espalda de Atsushi con ambas manos y Atsushi acariciaba el cabello del menor con una mano mientras que con la otra lo apegaba hacia él.
Después se separaron lentamente con sus rostros empapados.
Eran lágrimas de felicidad, de tristeza, y más que nada de alivio.
Después, Atsushi hizo algo que ya había hecho mil veces con anterioridad. Le dedicó una bonita sonrisa. Una sonrisa que parecía triste, pero que al fin y al cabo, era bonita.
— De verdad... te amo mucho... — dijo viéndolo a los ojos. Con una voz gutural.
— Yo te amo más... — contestó Todomatsu, limpiando ahora él las lágrimas de Atsushi.
Mientras tanto, al otro lado de la pared permanecía Futsuumaru. Sonreía y asentía satisfecho con el reconcilio. Y a decir verdad, era bueno aparentando. Pues él desde el principio sabía (o sospechaba) de la relación entre sus amigos. Desde que Atsushi dejó de ir a citas grupales, desde que dejaron de salir para beber o pasar el rato, desde que dejó de abordar chicas, y desde que comenzó a interactuar más con Todomatsu...
Porque él desde el principio sabía acerca de Atsushi. Sobre lo que sentía y pensaba respecto a los chicos y chicas. Él lo sabía.
Se sorprendió cuando Todomatsu se lo confirmó. Se asombró, no porque fuesen lo que eran (una común pareja de muchachos amándose), sino porque su no tan elaborada teoría resultó ser cierta.
Y ahora que ya estaba confirmada su verdad, estaba aliviado de que sus amigos pudiesen ser felices juntos. Porque sabía sobre Atsushi... Porque sabía sobre Todomatsu... Porque los conocía. Y al saber que ambos llevaban vidas no tan envidiables, merecían ser felices. Se merecían el uno al otro.
Fingió no haber estado allí tanto tiempo, y advirtiendo que se habían quedado en silencio un momento, dedujo que no tenían nada que decir por el momento.
Teniendo cuidado de no irrumpir con estrépito, se acercó al hilo de luz que dejaba ver la puerta entrecerrada y tocó.
Claro, no esperó a que nadie contestara, porque seguro ninguno se los dos se sentiría seguro de hacerlo. Entonces habló.
— ¡Chicos! Disculpen la molestia... Voy a pasar — dijo con un tono de voz animado.
— Eh... Sí... ¡Sí, Fustuumaru! — contestó Todomatsu.
Futsuumaru entró.
— Uff... ¡Sigue haciendo mucho frío! Aquí tienes — le arrojó delicadamente las mantas a Todomatsu. Después se volteó hacia Atsushi, que permaneció ahí sentado en el sofá limpiando su rostro. — Ah, Atsushi-kun... Disculpa las molestias. No tengo auto, así que te hice venir hasta acá — fingió no verle llorar para no incomodarlo. — ¿Te ofrezco una taza de café? ¿O té?
— Así está bien — dijo, recuperando su tono grave de voz. — Gracias...
— Muy bien. Supongo que tú estás bien también, ¿no, Totty?
"¿Totty?", pensó Atsushi.
— Sí, estoy bien... — sonrió un poco.
— Vaya, de verdad lamento los inconvenientes. Sería mejor que yo no estuviera aquí, pero...
Atsushi negó con la cabeza.
— Esta es tu casa. No te preocupes. Has hecho demasiado por nosotros... — comentó.
— ¿Ah, sí? — el chico de cabello rizado se rascó la nuca.
Todomatsu sonrió al ver a Atsushi.
— Ah, sí — repuso Futsuumaru. — Toma — dijo dejando caer una pequeña toalla blanca sobre la cabeza de Atsushi —, tienes el cabello empapado.
Atsushi le sonrió y agradecía.
Al final hablaron un rato con él. Futsuumaru le ofreció algo de comida a Atsushi y éste no se pudo negar.
Quizá estuvieron ahí veinte minutos más. Después Futsuumaru decidió que lo mejor sería que volviesen a su hogar, porque tenían cosas de que hablar.
"Necesitan hablar de muchas cosas con más calma y sin mí aquí. Vuelvan a casa, vamos. Además, Atsushi-kun, necesitas tomar un baño caliente pronto o te resfriarás", decía.
En ningún momento dejó de sonreír.
No una sonrisa que incomodara. Era una sonrisa que te aliviaba; que te daba confianza.
Todomatsu se sacó la idea de pernoctar aquella noche. Ahora estaba con Atsushi. Tomó la ropa que estaba secándose de la entrada y agradeció a su amigo por la ropa que traía puesta.
Salieron de la casa.
Tendrían que pasar de nuevo bajo la lluvia, aunque fuera un poco.
Atsushi se quitó el saco y se lo puso a Todomatsu encima. Al fin y al cabo él ya estaba mojado. No importaba si se empapaba más, y tampoco le importaba si se mojaba el auto por dentro. Después de todo Todomatsu estaba cálido, y si le daba el aire frío, seguro enfermaría.
Él podría soportar algo así, al menos en teoría.
Corrieron al auto. Como el mayor supuso, Todomatsu estaba seco y seguía estando cálido. Se sentó en el asiento de copiloto.
Él entró al auto escurriendo y echó a andar al automóvil.
Iba despacio rumbo a la casa, teniendo cuidado por la lluvia que no daba incisos de parar aquella noche.
Se quedaron atascados en el tráfico. Además, los semáforos los detenían.
— Todomatsu...
— ¿Sí, Atsushi-kun? — se tronaba los dedos de las manos, todavía nervioso.
Atsushi puso una de sus manos en ellas para tranquilizarlo, mientras que con la otra sostenía el volante.
— No quiero que... te sientas culpable por como yo reaccione ante lo que digas, o ante cualquier situación. Todos tenemos una manera muy distinta de expresarnos, así que, no te sientas agobiado por eso, por favor...
— Lo intento, Atsushi-kun. Yo no quería verte llorar...
Atsushi se ruborizó.
Se acercó a Todomatsu y le dio un beso en los labios. Apenas fue un dulce roce. Aquel tacto suave lo hizo tranquilizarse, tal como Atsushi lo planeó.
Hacia tanto que no se tocaban, y mucho menos que se besaban...
Todomatsu se dejó llevar por el cálido tacto, cerrando sus ojos. Después se separaron lentamente mirándose a los ojos, sin decir nada.
Todomatsu se recargó en Atsushi y esbozó una sonrisa. Estaba contento de poder estar con él. Y a su vez, estaba asustado. Intrigado. ¿Realmente planeaba morir tan sólo unas horas atrás?
El semáforo cambió a color verde. El auto avanzó.
Llegaron. Entraron al garaje y después salieron para entrar a la casa. Una vez adentro, no hubo nada más que silencio. El menor colgó el abrigo en el perchero que estaba en la entrada, en el recibidor.
Todomatsu le pidió a Atsushi que se fuera inmediatamente a tomar una ducha caliente porque se enfermaría si no lo hacía. Éste último se negó.
Aún estaba escurriendo por el agua helada que lo empapó de un momento a otro. La camisa se le pegó al cuerpo.
Pero sin importarle mucho su estado, se acercó a Todomatsu lentamente y lo abrazó una vez más, fuertemente.
Todomatsu estaba anonadado.
— Necesito que... hagas algo por mí — dijo Atsushi muy bajito.
— ¿Qué...? ¿Qué es, Atsushi-kun? — habló Todomatsu en el mismo tono.
— Por favor, ve a la cocina, y deshazte de la nota que escribiste...
— Atsushi-kun... Yo lo...
Atsushi se separó de Todomatsu, evitando que se disculpara.
— Está bien. Debe de estar tirada por alguna parte en el suelo.
— Sí, lo haré. No te preocupes por eso, Atsushi-kun — dijo decidido.
Atsushi sonrió, aún estando de pie frente a Todomatsu.
— Ah, también... ¿Qué fue lo que pensaste cuando — volteó a ver la jaula vacía junto a la ventana — lo dejaste ir?
Todomatsu carraspeó.
— Bueno, yo... no quería que se sintiera como yo. Creo que era lo mejor... porque después de todo el destino hizo que lo encontráramos para ayudarle, y él debía ser libre, como lo fue en algún punto... — dijo en un tono apenas audible.
— Ya veo — dijo con su sonrisa tranquila y sus ojos cansados.
— Atsushi-kun... Te vas a resfriar.
— Ah, vamos, es lo de menos — dijo adentrándose a la casa, dirigiéndose al baño. — Saldré pronto. Y, siento mucho haberte abrazado estando así — se metió en el cuarto de baño.
Todomatsu sólo se sonrojó sin poder decir nada.
Fue de inmediato a la cocina e hizo pedazos aquella nota tras haberla encontrado tirada bajo la mesa. Se cambió la ropa una vez más. Esta vez, usando prendas que de verdad eran de él y no ropas prestadas (más bien regaladas) por Futsuumaru.
Al rato, Atsushi salió ya acicalado del baño.
Todomatsu estaba en la sala con la vista plantada en el ventanal. Al escuchar la puerta, volteó buscando encontrar la vista del mayor, y lo logró.
Atsushi hizo un gesto que no era de enfado, pero tampoco era una sonrisa. Se acercó al pequeño.
Se postró justo a un lado de él. Todomatsu se giró mientras se relamía los labios, buscando las palabras correctas para poder comenzar a conversar son Atsushi sobre muchas cosas, pero no sabía qué decir.
Atsushi comenzó.
— Todomatsu, quiero hablar contigo sobre varias cosas aún.
— Yo también, Atsushi-kun. Necesito hablarte.
Todomatsu se subió completamente al sofá, cruzándose de piernas y dándole la espalda al ventanal, mirando a Atsushi. Y éste último también lo miraba fijamente, completamente encima del sofá con las piernas un poco extendidas.
— Mira, no trataré de ofenderte — aclaró —, y si hay algo que no quieras contestar está bien. Pero, hablemos como no lo hemos hecho hace tiempo.
— Está bien. Y no te preocupes esta vez, te lo pido. Responderé a todo.
— Bien — sonrió de nuevo con aquella cara extenuada.
— Eh, ¿Atsushi-kun? ¿Qué necesitas saber?
— Bueno, no es en sí que lo necesite. Quiero saber — sonrió fatigado. — No es nada sobre tu familia, ni nada sobre los demás. Quiero hablar contigo acerca de...
"Quiero hablar contigo acerca de todo, y nada..."
Por el silencio, Todomatsu asintió, y con esto Atsushi fue capaz de continuar. Pero, Todomatsu tomó la iniciativa.
— Bueno, Atsushi-kun, a pesar de que ya lo hice siento la necesidad de volver a disculparme contigo acerca de lo que hice, o lo que estuve a punto de hacer. Lo siento — agachó la cabeza unos leves segundos y la levantó enseguida, forzando una sonrisa que por alguna razón no lograba verse natural.
— ¿De qué hablas? Todomatsu, estuviste a punto de morir... Estuviste a punto de desaparecer. ¿Entiendes lo que es eso? No deberías ser quien se disculpa. Si intentaste algo así — se relamió los labios — es porque de verdad te sentías mal, o lo haces todavía.
— Yo no fui la única víctima.
— No, pero sí la más afectada.
Hubo silencio.
— Atsushi-kun...
— ¿Sí?
— Nunca he sabido realmente cómo lidiar con mis problemas — por el tono que usó parecía que agregaría algo más, pero calló enseguida.
— Creo que nadie sabe realmente cómo hacerlo. Lo que hacemos es huir, o aparentar poder con todo, pero supongo que si contamos con alguien lo hacemos todo más fácil.
— Atsushi-kun, lo siento. Siento mucho no poder dejar de disculparme — agachó la cabeza, y Atsushi no apartó la mirada de él.
Sólo el melifluo sonido de la lluvia podía oírse.
— Está bien...
— Yo era un adolescente mimado que a la hora de salir y enfrentarme al mundo real, no sabía realmente lo que quería, y me perdí — hizo una pausa. — Y quizá así sea siempre.
— ¿Y sabes qué? No me importa. Porque, seas como seas, estaré contigo — tomó una de las manos de Todomatsu. — Después de todo, todos en el interior somos niños obligados a comportarnos como adultos. Puedes aprender a vivir con tus miedos conforme pase el tiempo, pero siempre conservamos la misma alma... Y, no importa si tengo que cargar con más. Yo quiero vivir sujetando los miedos de ambos, para que podamos vivir juntos en paz.
Todomatsu pasó saliva, y sonrojándose un poco apretó la mano del mayor. Él tenía manos grandes, pero comparadas con las de Atsushi, en realidad parecían pequeñas.
— Muchas gracias... — se asomó una leve sonrisa —. También pensé eso. Realmente me consideré una carga; siempre lo hice. Y siempre pensé que sería mejor no involucrarte conmigo. Pero, pensando por mí, después me di cuenta que también lo hacía por ti... Pero ya no será así.
— Por favor, permíteme ayudarte.
— Sólo puedo permitírtelo a ti — le sonrió.
Atsushi suspiró. Se acercó más al menor, tomándole ambas manos.
Todomatsu se dejó envolver por el suave tacto.
— Todomatsu, desearía haber podido conocerte desde hace mucho tiempo antes.
Todomatsu se desconcertó.
— ¿No lo habíamos hecho ya?
— ¿Eh?
La mente de Todomatsu se quedó en blanco. Sólo había recuerdos borrosos.
— Oh, nada... Lo siento. Cuando te vi por primera vez pensé que ya te había visto, pero, no recuerdo nada.
— ¿Ah, sí? Tuve la misma corazonada pero... tampoco recuerdo nada. Creo que fue así como si soñara con alguien y al despertar esa persona se desvaneciera por siempre...
Hubo un silencio incómodo. Después, afuera se escuchó cómo el ritmo de la lluvia aumentó, convirtiéndose en una tormenta.
— Gracias por estar aquí para mí.
— Ni agradezcas. Siempre voy a estarlo.
— Siento mucho no poder hablar con más gentileza hacia ti. Fui un problemático, tú no tenías la culpa.
— No debes preocuparte por eso.
Todomatsu sonrió con sinceridad.
Se acercó a Atsushi, abriéndose paso entre sus piernas y lentamente se le acurrucó en el pecho. Atsushi lo abrazó.
— Atsushi-kun, lo estuve pensando mucho tiempo y llegué siempre a la misma conclusión. No me importa si los demás no me recuerdan. Yo quiero vivir para mí. Para nosotros... — habló quedito. — Sigo teniendo miedo pero no quiero vivir de la misma forma que siempre, sin ti — aclaró.
"Siempre estuve pensando que si hacía algo bien, debía ser reconocido por los demás. Si tenía algún talento, o si le ayudaba a alguien. Pero incluso si no tenía nada que le pudiese gustar a alguien, quería ser reconocido para que sepan que existo, y me den su cariño. No importa quién sea. Porque tenía miedo a desparecer en la consciencia de todos y no dejar alguna huella en el mundo. Pero, realmente ya no me importa si nadie me recuerda o nadie me nota, porque hay una persona que se preocupa por mí. Atsushi-kun... Desde ahora en adelante, viviré para ti y para mí. Y si de todas formas en algún punto de la historia seré eliminado de los recuerdos de este mundo, al menos viviré para mí. Quiero vivir como yo quiero", pensaba. Lo abatió una oleada de recuerdos enlazados entre sí.
— Es una manera extraña de decirlo — sonrió —, pero siempre pensé que sería mejor relajarnos un poco. Porque el mundo está hecho para nosotros.
Todomatsu también sonrió.
— Siempre pensé que no podría hacer nada bien, y cuando me esforzaba mucho en hacer algo y no daba resultados me sentía realmente mal, y no por mí. No me preocupaba superarme para sentirme mejor con mi persona, sino que yo quería gustarle a la gente.
— Bueno, creo que es normal. Todos queremos gustarle a los demás, supongo... — rió quedito. — No conozco alguien que no se preocupe en absoluto por lo que piensen los demás. Pero, no hay que girar en torno a eso.
— Lo entiendo — asintió Todomatsu mientras se recargaba en el mayor, escuchando el feroz sonido de la lluvia.
Permanecieron un rato sin decir nada, uno apoyado en el otro.
Por la mente de Todomatsu seguían recorriendo todas aquellas escenas que prefería olvidar; cosas que había hecho en un pasado muy lejano, y ahora en uno más reciente.
Los minutos pasaban. Se convertían en horas...
Hablaron sobre otras cosas, siempre alentándose entre ellos. No se soltaron ni un momento. No era necesario usar palabras; ese era su lenguaje.
El silencio lo decía todo sin decir nada.
Con tan sólo escuchar los latidos y la respiración del otro sabían que todo estaba bien. Que no pasaba nada.
Y más que el silencio, el sonido de la lluvia resonaba en cada rincón del lugar grabando cada momento.
Después de quizá una hora, Atsushi se acercó más a Todomatsu; muy cerca de su rostro.
— Todomatsu, siento no haber estado contigo desde el principio.
Todomatsu asintió.
— Estaría agradecido de haberte conocido, incluso si fuese hasta el fin del mundo — dijo el menor.
— Y eso es precisamente lo que quiero.
— ¿Eh?
Atsushi guardó silencio unos segundos. Sonrió y continuó.
— No estuve desde el principio, pero estaré hasta el final.
Se presenció un efímero silencio.
Todomatsu sonrió y sintiéndose seguro en los brazos de su amado, asintió.
"Estoy convencido de que quiero vivir para ti y para mí..."
Se quedarían ahí un momento más, dejándose llevar por el momento.
Seguramente la vida no permitiría que se separaran de nuevo. Confiaban el uno en el otro, y aunque tenían muchos sentimientos encontrados y algunos ocultos, sabían que podían dejarlos sobre los hombros del otro, porque juntos no habría peso que no pudiesen cargar.
Estaban convencidos de que juntos sobrellevarían sus vidas. Incuso si eran o no las que los demás imaginaban para ellos...
A veces es necesario separarse para poder volverse a encontrar.
