Capítulo 21- Liberación.
Todomatsu miró a Atsushi.
- Atsushi-kun, deberías ir a terminar tus deberes...
- Prefiero estar contigo.
- Pero, tu trabajo.
- No importa. No iré mañana, y quizá pasado tampoco.
- ¿Está bien?
- Está bien - sonrió. - Es lo que menos me importa ahora - puso una de sus manos en la cabeza del menor, acariciando su cabello.
Todomatsu sonrió.
Y realmente era lo que menos le importaba. Ese trabajo tenía la culpa de que él y Todomatsu no pudieran pasar el tiempo suficiente juntos. Y además, si hubiese cumplido con el horario que le establecían ese día, seguro seguiría metido en la oficina, y no habría podido ver a Todomatsu; aunque sea una última vez.
Atsushi le extendió una mano a Todomatsu y juntos se dirigieron a la habitación.
Todomatsu sentía pena al volver a dormir allí, con él. Pero al mayor no parecía importarle y accedió. Las cosas estaban (no completamente) olvidadas.
Pasaron la noche juntos. A la mañana siguiente despertaron juntos, abrazados. Ya no llovía fuerte. Sólo había una llovizna leve.
Atsushi se levantó primero que Todomatsu, se vistió con otra ropa y se dirigió a la cocina. Comería la comida que estaba ahí sobre la mesa, en la caja de almuerzo envuelta con la furoshiki. Todomatsu también comería algo.
Más tarde Todomatsu se despertó y comió junto a él. Hablaron de cosas triviales. Los minutos se convirtieron en horas.
Atsushi le preguntó a Todomatsu si había visto antes a Futsuumaru (incluso después de que ellos se conocieran), pues recordaba que le había dicho hace meses que le había llevado una botella de cierta bebida. Por supuesto, éste le contestó que sí lo había visto, aunque para él había transcurrido un tiempo conmensurable; aunque sólo fuese en su mente.
También, comentaron que al final se comieron ellos dos los wagashi; los dulces de frutillas que compraron en Kioto, pues no hubo oportunidad para que Todomatsu se los entregara a sus hermanos. Rieron al recordarlo.
Después de un buen rato sólo pasaron el tiempo con cualquier cosa sin hacer nada necesariamente.
Todomatsu sonreía un poco más y al verlo Atsushi hacía lo mismo.
1:00 pm.
Atsushi bajó a la oficina con cuidado, con los pies casi descalzos por completo; únicamente con calcetines y sin sus típicos zapatos.
Quería realizar una llamada que él consideraba importante. Seguramente lo era. Todomatsu se había quedado arriba, entretenido con el libro que le había comprado Atsushi.
Llegó a la oficina. No estaba nada desordenada ni tampoco sucia, pero había cierto olor a polvo que le provocaba ansiedad. Seguro Todomatsu no lo escucharía ahí.
Su mirada se detuvo en un punto fijo. Había algo sobre la mesa: el celular de Todomatsu.
Se acercó y lo tomó, y por mera curiosidad lo encendió. No estaba bloqueado.
No le agradaba la idea de hurgar entre cosas ajenas, pero, al fin y al cabo ese celular estaba ahí por algo. Todomatsu había estado ahí por alguna razón, teniendo en mente que más tarde saldría de casa para no volver más.
Lo encendió.
''¿Eh?''.
Estaba en la galería.
Primero miró una foto, después otra, otra, y otra...
Primero miró en pantalla la única foto que se habían hecho juntos. Aquel día donde yacían en el sofá, bebiendo cerveza.
La miró un momento. Todomatsu tenía las mejillas un poco rojas gracias al alcohol, y pensó que era lindo. Él también tenía ese efecto, pero no le importó. Después siguió viendo las demás imágenes, una tras otra. La mayoría eran de los alrededores del ryokan donde se habían hospedado en Kioto.
Siguió mirando más fotos. Más, y más, y más.
Todomatsu tenía muchas fotos de Atsushi también. ¿Cuándo había sido? Desde siempre.
De aquella vez donde caminaban juntos en el sendero del bosque, al pie de la montaña; caminando entre las hojas secas. Tenía fotos de él, de espaldas y de perfil. Fotos de él durmiendo, leyendo, antes de dormir, cocinando. O sólo ahí, sin hacer nada en específico.
- ¿Eh?
No sabía cómo reaccionar.
Estaba pasmado. Cierto sentimiento de gracia lo invadió.
También miró varios mensajes, al parecer de sus hermanos y sin contestar. Aunque, pensó que ya no influiría en eso. No lo checaría. No sabía cómo habían marchado las cosas en casa, pero al ver varios mensajes se preocupó un poco. Aún querían hablarle.
Sin intenciones de decirle nada aquel día sólo apagó el celular dejándolo tal y como estaba sobre la mesa.
Haría lo que debía hacer y a lo que había ido a esa habitación.
Al ver los mensajes sin responder en el celular del menor supo que algo no estaba bien, pero algo trataría de hacer.
Tomó en sus manos ahora su teléfono y marcó a un número específico. Y quizá al más apropiado de los hermanos según él: Ichimatsu.
Necesitaba hablar con él lo antes posible. Informarse de todo, y aclarar las cosas.
Pulsó en la pantalla el número. Estaba marcando. El silencio de la línea hacía eco en su mente. Se puso el celular cerca del oído, esperando oír la endeble voz del cuarto hermano.
Sólo unos segundos más y contestó.
- ¿Atsushi-san...?
Atsushi se alivió de que al menos alguien contestara a la llamada.
Dejó de caer agua del cielo. Se despejó y los rayos del sol se abrieron paso sutilmente.
— Buenas tardes. ¿No interrumpo nada?
— No — negó con la cabeza aunque el mayor no lo veía.
— De acuerdo. Hace tiempo que no hablamos...
— Atsushi-san — tenía su usual voz apagada —, gracias por contactarnos... — hizo una pausa. — A la familia Matsuno — agregó.
— No es nada.
— ¿Cómo está mi hermano?
— He marcado para hablar de él, como sabrás — pasó saliva.
— ¿Está bien?
— Mira, han pasado muchas cosas. Está dolido, y no sé qué fue lo que sucedió cuando volvió a su casa a hablar con sus padres.
— Ajá.
— Pero sé que no le favoreció en lo absoluto.
— No podría contarte todo, pero seguro tienes una idea — dijo triste.
— La tengo.
— ¿Y? Hace semanas que no contesta los mensajes ni las llamadas. Temíamos ir a buscarlo. No sabíamos nada de él...
— Les... ¿Les dijo a todos la verdad?
— A papá y a mamá. Pero, los demás escuchamos todo detrás de la puerta.
— Vaya... ¿Alguien le dijo algo malo?
— Atsushi-san, somos sus hermanos y siempre vamos a serlo. Todos lo apoyamos con todo y sus cosas, buenas o malas. Pero, papá es otro caso.
— Ya veo. Bueno, por una parte estoy tan aliviado.
— Yo no. Él no sabe nada de lo que nosotros pensamos porque se fue corriendo. No pudo decirnos nada ni nosotros a él.
Atsushi trató de hacerse una imagen en su cabeza de la escena.
Todomatsu le había contado acerca de sus hermanos en muchas ocasiones y pensaba que si los veía de nuevo quizá sabría quién era quién. Al menos reconocía sus voces.
— Así que ese es el caso...
Hubo un corto silencio.
— Atsushi-san, ¿para qué llamaste? — se preocupó, aunque su arisco tono de voz no lo indicaba.
Atsushi guardó silencio tras la línea unos segundos, clavando su vista en la mesa con el celular de Todomatsu encima. Ichimatsu por su parte, estaba solo en la habitación de la segunda planta, con la vista perdida hacia la ventana.
El mayor se humedeció los labios buscando las palabras concretas.
— Ayer Todomatsu hizo algo muy grave, pero no te preocupes. Él está bien ahora, conmigo.
— ¿Eh?
— Sólo necesitaba hablar de ello contigo. Creí que eras el más indicado para saberlo.
— ¿Qué?
— Me sentí impotente, y no volveré a dejar que pase — hablaba sin razonarlo muy bien.
— Pero, ¿qué sucedió? No me has dicho nada.
Atsushi hizo una pausa.
— Ayer... Todomatsu intentó quitarse la vida.
Ichimatsu tragó en seco. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo; sentía que la cabeza se le caería.
— Eh... ¿Qué?
— Por eso creí que... — fue interrumpido.
— ¿Eh? ¿¡Eh!? ¿Atsushi-san? ¿¡Cómo o dónde...!?
— ¡Pero está bien! Ahora está bien — intentó tranquilizarlo.
— ¿Por qué...? — puso una de sus pálidas manos en su rostro, cubriendo su boca. No podía creerlo. Con la otra mano sostenía el móvil con debilidad.
— Te contaré todo, pero por favor, no te alarmes.
— ¿¡Está contigo!? ¿Está escuchándome? No, no lo dejes solo... Él podría...
— Ichimatsu-san — lo llamó con su voz grave intimidándolo un poco, aunque esa no fue su intención. — Está bien, él no volverá a intentarlo. Cálmate por favor, él está bien...
— Él... ¿De verdad?
— Sí, te contaré.
Atsushi le contó los puntos importantes; todo lo que sabía. Ichimatsu asentía cada vez que Atsushi terminaba alguna frase y comenzaba otra. Comprendió que en verdad, Todomatsu no había entendido nada acerca de los sentimientos del otro.
Después de relatar todo, Ichimatsu parecía un poco más tranquilo.
— Gracias por... — no pudo continuar porque fue interrumpido por el sonido de la puerta abriéndose. Era Osomatsu. — ...por decírmelo — terminó la frase, viendo a su hermano.
— Y bueno, no sé qué tengan en mente... además de eso — dijo Atsushi.
Ichimatsu tragó saliva. No quería que Osomatsu hiciera algo instintivamente.
— ¿Ichimacchan? ¿Quién es? — dijo con esa sonrisa juguetona.
— Atsushi-san, voy a colgar. Necesito hablar de esto con alguien más ahora mismo — dijo Ichimatsu.
— Entiendo. Hablaremos después — respondió el mencionado y colgó.
Ichimatsu guardó el celular en la bolsa de su sudadera.
— ¿Eh? ¡Ichimatsu! ¿Era ese tipo? ¿Por qué no me dijiste? ¿Por qué cortaste la llamada? ¡Teníamos mucho de qué hablar!
— Lo sé, pero no lo harás sólo tú, ni yo.
— Demonios, Ichimacchan. ¡Desde hace semanas que no sabemos nada de Todomatsu! No puedes cortarle así como así...
— Tengo algo de qué hablar contigo. Y claro, con los demás. Por el momento confiaremos en que Totty estará bien con Atsushi-san, así que vamos. Necesito decírselo a los otros también.
— ¿Qué cosa? — sonrió un poco nervioso. — ¿Sucedió algo con Todomatsu? No me digas que... ¿está en el hospital otra vez?
Ichimatsu bufó.
— Es algo más delicado, pero ya no debemos preocuparnos, así que por favor tranquilízate — lo dijo con un tono serio a pesar de que minutos atrás él estaba igual o peor de alterado. Aunque Osomatsu lo disimulaba mejor.
— ¿Y por qué hemos de dejárselo todo a... Atsu... shi? ¿Así se llama?
— Sí.
Osomatsu meneó la cabeza.
— Vamos, Ichimatsu. No tengo idea de lo que ha sucedido o por qué estás más serio de lo normal, pero vayamos por los otros.
Ichimatsu asintió. Salieron y se reunieron en la habitación una vez más.
Atsushi guardó su celular en su bolsillo y se encaminó a la segunda planta de nuevo, llevándose el celular de Todomatsu consigo.
Cuando llegó a la habitación miró al más pequeño leyendo su libro tranquilamente con la radio encendida, escuchando city pop.
Se acercó tranquilo y le dejó el celular a un lado.
— Por alguna razón estaba en mi oficina — dijo juguetón.
— Ya... Ya veo — respondió con una sonrisa torcida, apoderándose de el.
Todomatsu se seguía sintiendo un poco extraño frente a Atsushi, después de haber pensado cosas como: "Perdón por haber dejado mis cosas en tu casa ocupando solamente espacio a lo estúpido aún cuando sabía que ya no iba a volver jamás". Aunque ahora esos pensamientos le daban un poco de gracia.
— Todomatsu — Atsushi hizo una pequeña pausa después de mencionar su nombre, y prosiguió —, todo se resolverá muy pronto. Estoy seguro — sonrió.
— ¿Eh? ¿Por qué dices eso?
— Me encargaré de todos tus problemas. Cada uno de ellos, pero me llevará algo de tiempo...
— ¿Eh?
— ¿Puedes esperar sólo un poco más?
— ¿Qué...? ¿A qué debo esperar?
— Bueno, no será nada gracias a mí. Serán las decisiones y las palabras de los demás.
— "¿Los demás?"
Todomatsu lo miró con mucha confusión.
Atsushi asintió.
[ ... ]
— ¿¡Qué hizo qué!? — gritó Choromatsu.
Ichimatsu había terminado de contar la anécdota que Atsushi le relató con anterioridad acerca de Todomatsu.
— ¿¡Qué demonios, Ichimatsu!? ¿Cómo pudiste quedarte en silencio como si nada? ¡Cortaste la llamada en medio de algo tan importante! — reclamó Osomatsu.
— ¡No! ¡Eso es imposible! — dijo Jyushimatsu interrumpiendo al mayor, meneando la cabeza de un lado a otro.
Ichimatsu los miraba con indiferencia, aunque por dentro era un mar de emociones también.
— ¿Estás seguro? ¿No fue sólo una pequeña exageración? — preguntó Karamatsu esperando que alguno de los otros sonriera y asintiera, pero no pasó.
— Ichimatsu... ¿Sabías algo desde antes? — preguntó Choromatsu muy angustiado, batallando por aparentar su desesperación — ¿Hablaste con él después de que vino aquí?
— No, no hablé con él porque me estaba evitando al igual que a ustedes — dijo Ichimatsu con sus manos pálidas, huesudas y temblorosas en las bolsas de la sudadera morada.
— ¿Por qué nadie lo sabía? — preguntó Karamatsu muy decaído. — Debimos salir e ir tras él. En ese momento, debimos ir a buscarlo...
— Nii-san — Jyushimatsu puso una de sus manos en el hombro del segundo para tranquilizarlo. Éste sólo lo miró.
Osomatsu tragó saliva.
— ¡Ichimatsu! ¡Ya basta! Deja de cargar con todo esto. Vamos de una vez y hablemos con papá. Iremos a contarle acerca de Todomatsu, lo obligáremos a entender, y después iremos a buscarlo — dijo Osomatsu.
— Papá no está ahora... — informó el quinto.
— ¡Al diablo con eso! Estoy harto. Toda esa clase de discusiones casi hacen que perdamos a Todomatsu. Si es necesario iremos a buscarlo a su trabajo y arreglar esto de una vez por todas — ordenó.
— Osomatsu nii-san...
— Ichimatsu, entiendo el porqué Todomatsu confió en ti desde el principio, pero desde ahora en adelante no vuelvas a hacer algo a nuestras espaldas. Necesitamos saber todo por igual — dijo el mayor muy serio.
Ichimatsu con sudor frío asintió.
[ ... ]
— No todo caerá sobre mí ni tampoco sobre ti — contestó Atsushi ante la confundida mirada del menor. Aquella respuesta no aclararía nada, pero aunque no la captara estaba siendo muy precisa.
— Bueno, Atsushi-kun. Gracias... Que seas tan amable conmigo después de todo lo que ha sucedido me hace feliz...
Atsushi se acercó a Todomatsu y le dio un beso en la mejilla. Todomatsu sonrió y lo abrazó. Algunas horas pasaron.
El frío intenso siguió.
Ni una gota de agua más cayó del cielo pero se compensaba con el gélido viento que usurpaba alocadamente por toda la ciudad junto a las negras nubes disipadas.
— Pe... Pero... ¿Cómo fue eso posible? Mi... mi bebé — Matsuyo balbuceaba muy preocupada con los ojos muy abiertos, temblando ligeramente. Hizo un intento por levantarse como si fuera a ir a buscarlo en aquel instante.
— Mamá, por favor cálmate... Ya te dijimos que todo está bien. Todomatsu está bien — decía Choromatsu preocupado.
— Sí, no es bueno para tu salud — agregó Karamatsu. La tomó de la mano ayudándola a sentarse de nuevo delicadamente. La sujetó de los hombros para tranquilizarla.
Los chicos le contaron lo que había sucedido con su hermano de la manera más gentil posible, a detalle; por lo menos de todo aquello que sabían. Su intento fallido por quitarse la vida.
— Yo... Yo no entiendo... ¿Cómo fue que yo...? Nosotros... ¿No pudimos hacer nada? — decía su madre con lágrimas en sus ojos.
— Mamá... — dijo Ichimatsu.
— Pero, el caso es ahora otro. Eso ya pasó y ahora está bien. Hay cosas que debemos hacer — exclamó Osomatsu.
Pasó algo de tiempo. La mujer se encerró en su cuarto a descansar un poco. Jyushimatsu no se movió de su lado hasta que se quedó profundamente dormida.
Los hermanos prepararon la comida de aquel día y mantuvieron la casa en orden. No querían causar más molestias.
Aquel día había sido muy pesado para todos al recibir una noticia tan desagradable... A nadie le gustaría haber tenido que escuchar aquello jamás, seguramente porque nunca lo hubieran imaginado ni lo hubieran creído posible de alguien en aquella familia.
— Karamatsu, Choromatsu — Osomatsu los nombró, poniendo sus manos en los hombros de cada uno —, necesitaré de su coraje para enfrentar a papá — después volteó a ver a Jyushimatsu y a Ichimatsu. — Y ustedes, por favor apoyen cada palabra como siempre hacen — dijo.
Jyushimatsu e Ichimatsu asintieron con determinación.
Escucharon el ruido del picaporte moverse y la puerta abrirse.
Matsuzo llegó a su hogar temprano. Entró a la casa que era habitada por su esposa y sus ahora cinco hijos.
Al verlos los notó algo serios.
Los saludó y ellos igual. Le sirvieron la comida y esperaron a que acabara de comer. Le advirtieron que su madre estaba dormida.
Quizá pasó sólo una hora.
El cielo estaba un poco más despejado, así que daba una sensación de libertad.
Cuando el hombre se quitó el saco y los zapatos, y se le veía más cómodo, Osomatsu se acercó con el resto de sus hermanos acompañándole por detrás.
No sabría cómo debía empezar. Quizá como lo había hecho con su madre.
En principio pensó que lo mejor sería que Ichimatsu hablara ya que él conocía más detalles, pero odiaba tener que estar dejándole todo a él.
No sabía cómo comenzar. Fue entonces cuando Karamatsu posó una de sus manos en el hombro del mayor, y con un gesto afirmativo y una sonrisa amable para aligerar sus pensamientos comenzó.
— Papá, hay algo de lo que queremos hablar contigo.
El hombre miraba la televisión con un volumen neutro, pero al escuchar a su hijo y ver que los otros permanecían atrás de él, bajó el volumen y apartó la mirada de éste.
— Sí, díganme.
— Hace un día, casi dos, sucedió algo de lo cual deberíamos de preocuparnos — dijo el segundo tratando de ser lo más gentil posible.
— ¿Sí?
— Quizá te moleste — dijo esta vez Jyushimatsu —, pero es sobre Totty.
Choromatsu parpadeó varias veces.
— ¿Qué sucedió con ese muchacho ahora? — dijo Matsuzo exhalando.
— Papá, Todomatsu está muy afectado. Siempre lo estuvo y no nos dimos cuenta de cuánto daño le pudimos haber hecho. Sólo quiero que sepas eso antes de continuar — Karamatsu hizo una pausa. Su padre asintió y el prosiguió. — Papá, Todomatsu... intentó acabar con su vida.
El corazón de Karamatsu latía fuerte y rápidamente después de haber mencionado aquello. Era tan triste escucharlo salir de su boca… Horrible.
— ¿Qué? ¿Que Todomatsu...?
— Sí, papá. Todomatsu tuvo un intento fallido de suicidio — afirmó el segundo.
— Pero ahora está bien — agregó Ichimatsu aunque era algo obvio.
— Sabes a qué se debe, ¿no? — dijo Osomatsu.
— ¿Cómo es posible? ¿De verdad él...? — Matsuzo se interrumpió. — Están diciendo que... ¿fue culpa mía?
— ¿De quién más podría ser? — contestó el mayor con brusquedad.
— ¡Oye, Osomatsu! ¡Mide tus palabras! — exclamó su padre. — Mira en qué situación está tu hermano.
— Osomatsu, tómalo con calma. Acusar a papá es... — Choromatsu intervino sin acabar su frase.
— Bueno, bueno... — resopló el mencionado.
— Papá, por favor, ayúdanos a apoyar a Todomatsu — dijo Karamatsu. — Él no está bien.
— Papá, está atascado. Necesitamos ir a decirle que todo está bien. Él puede volver aquí... — dijo Jyushimatsu suavemente.
— Están exagerando — dijo Matsuzo cavilando sobre las palabras de sus hijos.
— No, no es una exageración. Si fuera sólo un capricho no habría llegado a tanto. De verdad tiene un daño difícil de reparar — espetó Ichimatsu con aquella voz arisca, fácil de causar temor en otros.
— Osomatsu, piensa un poco sobre esto. El asunto es grave — dijo Matsuzo nervioso —, pero, ¿por qué ahora te comportas así? — dijo viendo a su hijo mayor. — A ti también te resultaba difícil aceptar lo que Todomatsu era, y hasta desagradable, ¿no es así? Ahora vienen y me echan la culpa por su poca estabilidad mental...
— Papá, no importa que tan desagradable resultara Todomatsu para mí. ¡Eso no quiere decir que lo quiera ver muerto! Nunca lo dejaría morir — Osomatsu se defendió.
Matsuzo se mantuvo firme, pero en el fondo en verdad estaba preocupado por su hijo más pequeño.
— Está bien ahora, ¿verdad? — dijo el hombre. — ¿No debería de ser suficiente con eso? No sabría qué hacer después de esto. Entiendo la situación, pero nada tiene que ver conmigo. Quiero decir, no todo gira en torno a mí. ¿Pretenden ablandarme con esto?
— ¿Por qué habríamos de hacerlo? — dijo Choromatsu con los ojos desmesuradamente abiertos.
— Siempre que pretenden hablar conmigo es únicamente de Todomatsu. ¿Por qué? Quieren que diga algo que realmente no quiero decir. Tengo cosas que hacer y esto es lo único de lo que hablan...
— No puedo creer que... — Karamatsu balbuceó.
— ¡Papá, te estamos diciendo que...! — Jyushimatsu exclamó, pero fue interrumpido por la penetrante mirada de Ichimatsu.
Matsuzo al parecer fue víctima del ataque de una terrible migraña. Posó una de sus manos en su cabeza con molestia.
Hubo un leve silencio en el que nadie dijo nada. Temían argumentar algo que no encajara. Todos tenían la vista clavada en su padre y éste en el suelo.
— ¿Saben qué? — soltó el hombre de la nada sin retirar la mano de su cabeza, con una leve sonrisa burlona, muy parecida a la de Osomatsu. — Olvídenlo todo, ¿sí? Ustedes exageraron todo y él también. Todomatsu puede volver a casa, ¿está bien? Simplemente no quiero ver a ese sujeto aquí, ni tampoco escuchar nada sobre él jamás — dijo refiriéndose a Atsushi. Por supuesto, no conocía ni su nombre ni su rostro.
— ¿Eh? ¿Que puede volver? — dijo Choromatsu muy bajito.
— Con esa condición — le recordó su padre.
— Pero, ¿qué caso tiene? Papá, Todomatsu no estaría feliz sin... — Karamatsu no se atrevió a mencionar el nombre de Atsushi.
Todos conocían el nombre del mayor por una u otra cosa. Por ejemplo cuando salía el tema de vez en cuando entre ellos y tenían que mencionarlo. Además, cuando llamaban a Todomatsu o le dejaban mensajes, lo mencionaba en al menos una línea.
— ¿Qué te acabo de decir? Puede venir cuando quiera — dijo Matsuzo tratando de apaciguar las aguas, aunque en realidad lo estaba empeorando todo y no lo notaba —, siempre y cuando deje todo olvidado. Será lo mejor.
— ¿Eh? — dijeron los hermanos al unísono.
— ¿Por qué supones que hará eso? Él no lo consideraría — dijo Ichimatsu.
— ¿De qué hablas? Seguro se sentiría feliz de poder volver y además de deshacerse de su carga — aclaró el mayor en aquella habitación. Al notar las miradas inconformes de sus hijos tragó saliva y frunció el ceño.
— ¿Eh? ¡No es su molestia! — exclamó Osomatsu.
— ¿Qué dices, muchacho? Lo es totalmente. Si Todomatsu no hubiese conocido a semejante sujeto jamás se habría encerrado en su pequeño mundo, y jamás habría caído tan bajo. Se está haciendo daño estando junto a ese tipo. Es muy dañino, ¿no lo ven? Con más razón debemos ayudarlo a alejarlo de él y traerlo para acá. O quizá si él quiere, para que siga viviendo por él mismo, debamos conseguirle un nuevo departamento. Es tan raro…
— ¿Qué dices, papá? ¡No! Es todo lo contrario... — dijo Choromatsu.
— No. Ustedes tratan de convencerse de que fue así pero no lo es. Ni siquiera lo conocen...
Jyushimatsu abrió mucho los ojos.
— Olvídenlo. ¡Todomatsu puede volver, pero estas son las condiciones! ¿Lo entienden verdad? Sí, son adultos. Sé que lo entienden.
— Papá... — dijo Karamatsu muy bajito.
— No sé qué pensó ese muchacho al irse con alguien que apenas conoció. Y sobre todo con un hombre... Todomatsu es totalmente muy diferente a nosotros y por eso hay que darle atención especial. Trataremos de cuidarlo alejándolo de ese tipo de gente.
"Ese tipo de gente" era Atsushi, por supuesto.
Osomatsu apretó los puños.
— Agradezco que por lo menos muestres interés en Todomatsu — exclamó Osomatsu, y ante esas palabras Matsuzo hizo una cara de enfado —, pero no es el tipo de ayuda que estamos buscando.
— No está mal estar junto a una persona porque se le quiere mucho, ¿verdad? Sea a como sea — le dijo Jyushimatsu a su padre esperando alguna reacción por parte de éste, pero no la hubo.
— Por eso, haremos lo que creamos correcto — dijo Osomatsu con un tono de liderazgo. — ¡Si mi estúpido hermano quiere utilizar su vida de esa manera, que lo haga! ¡Que viva para él! No veo por qué no pueda hacerlo. Puede que sea molesto y su actitud es hasta cierto punto desesperante, pero sea o no desagradable, iré a sacarlo del abismo en donde está. ¡Nada de lo que tengan que decir los demás debe de importar!
Osomatsu salió corriendo rápido de la habitación en cuanto terminó de hablar (o quizá gritar). Matsuzo se quedó perplejo.
Los hermanos que aún yacían plantados en aquella habitación se miraron entre ellos de nuevo. Al ver que nadie tenía intenciones de decir algo, aunque fuese para despotricar, salieron inmediatamente siguiendo al mayor, dejando a su padre solo en el frío lugar.
El hombre meneó la cabeza. Fue a la habitación donde dormía Matsuyo y se encerró.
Osomatsu atravesó el pasillo con rapidez, apoyándose de las paredes tras trastabillar bruscamente.
— ¡Osomatsu! ¿Qué haces? — decía Karamatsu que iba detrás de él con el entrecejo fruncido.
El sonido hueco de las pisadas sobre el suelo de madera resonaba por cada esquina.
— ¿No tenías algo más que agregar? — preguntó Choromatsu siguiéndole. — No hagas alguna estupidez. ¿Qué sucede?
Osomatsu frenó poco a poco, parándose frente al recibidor.
— ¿Osomatsu nii-san? — preguntó Jyushimatsu tomándolo del brazo para lograr que volteara a verlo.
Osomatsu lo apartó.
— Osomatsu, no seas tonto — dijo Ichimatsu con su actitud cerril. — Ya no está lloviendo fuerte. Seguro que la lluvia desaparecerá pronto. Quizá ya lo hizo, pero afuera sigue habiendo un desastre. No podremos salir de aquí ahora.
— Lo sé — dijo el mayor sin más.
— Volvamos, Osomatsu — dijo Karamatsu. — Hagamos algo después.
— Si seguimos con eso; si seguimos diciendo eso, ese "después" nunca llegará — dijo el primer hijo.
— Entonces, ¿qué harás? — preguntó Choromatsu.
— Lo haremos todos juntos — Osomatsu dijo seriamente y después relajó las facciones de todos regalándoles una sonrisa.
Se acercó al teléfono que se encontraba en la entrada, y sujetándolo marcó un número. El número de Todomatsu.
¿Por qué ese teléfono y no cualquier otro celular? Bueno, cabía la posibilidad de que no quisiera contestar otro número que ya conociera, y a su vez quizá pensaría que sucedió algo en casa, por lo que se vería obligado a contestar. Si no contestaba Todomatsu, lo haría Atsushi. Una trastada conveniente.
Los ojos de todos se abrieron bastante. ¿Hablarían con Todomatsu en aquel instante?
Más que los nervios que los invadían por no saber qué decir en aquel instante, se sentían ligeramente atemorizados por el hecho de que fuese Osomatsu quien estuviese sosteniendo el teléfono. Quién sabe qué cosas pudiese blasfemar.
Sólo se escuchaba el silencio de la línea, y de pronto un ruido ligero al fondo.
[ ... ]
4:00 pm.
Atsushi y Todomatsu se encontraban en el sofá de la sala que estaba en la segunda planta mirando la televisión. Mirando revistas y leyendo algunos periódicos.
— Atsushi-kun, es diciembre — dijo, pensando que quizá Atsushi no lo había notado aún.
— Lo sé — dijo con una sonrisa.
— Atsushi-kun, ¿cómo es que...?
Fue interrumpido por el tono del celular. No pudo continuar.
Todomatsu miró al mayor con curiosidad, como si estuviera leyendo sus movimientos. Atsushi tomó el celular y contestó.
— ¿Hola?
Osomatsu tragó saliva y se limitó a hacer un gesto afirmativo con la cabeza. Los demás lo miraron con asombro. Dio en el blanco. Por fin alguien había contestado después de fracasar rotundamente con los miles de mensajes y llamadas, una y otra vez.
Los hermanos se miraron preguntándose qué sucedería a continuación.
Osomatsu carraspeó al darse cuenta de que notablemente aquella no era la voz de Todomatsu.
No supo qué decir, pero quiso ser sincero consigo mismo. Él no quería hablarle a Atsushi; él quería hablar con Todomatsu.
Sintió sólo un poco de coraje al no escuchar la voz de su hermano.
— Disculpa, amigo — dijo Osomatsu. — Todomatsu está ahí contigo, ¿verdad? Quiero hablar con él.
— ¿Quién habla? — preguntó lo más cortés posible. Después de todo, atender llamadas era una de sus especialidades.
— Osomatsu. Uno de sus tantos hermanos. Creo que entiendes que la situación es delicada, ¿no? Has estado poniéndote en contacto con Ichimatsu y nos ha dicho algunas cosas. Estamos preocupados y necesitamos hablar lo más pronto posible. Por favor, devuélvele su teléfono.
Atsushi entornó los ojos y asintió lentamente. Aquel chico tenía bastante seguridad en sí mismo. Al pensar en ello incluso sonrió un poco.
En verdad que Todomatsu llegó hasta tal punto con su miedo e inseguridad, que incluso no contestaba su teléfono si es que no miraba un número confiable en la pantalla. Por supuesto que no recordaba el número de su casa. Nadie lo usaba.
— De acuerdo — le pasó el teléfono a Todomatsu y antes de soltarlo por completo para dejarlo en su mano, lo miró a los ojos y sonrió una vez más. — Todomatsu, todo está bien, ¿sí? Iré un momento a la habitación.
Atsushi se fue. Todomatsu estaba desconcertado.
Enseguida se puso el celular en el oído.
— ¿Sí?
El corazón de Osomatsu latió muy rápido.
— ¿Todomatsu? ¡Demonios, hombre! ¡Estoy tan feliz de escucharte!
— Osomatsu nii-san...
Todomatsu se alejó un poco del celular por instinto. Enseguida se acercó de nuevo.
— ¡Oye! ¿Cómo has estado? ¿Te encuentras bien? Nos tienes a todos muy angustiados.
— Lo siento. Yo...
— No he hablado para que te disculpes. Quiero saber qué sucedió. Todomatsu, ¿por qué no nos dijiste ni una sola palabra hasta el momento? Desapareciste del mapa... Incluso pensamos en llamar a la policía, pero eso haría escándalo, y además no había ningún acusado de nada. Así que...
— Osomatsu nii-san, también estoy feliz de escucharte.
Osomatsu sonrió.
— Todomatsu, no vuelvas a hacer algo así nunca. ¿Qué es lo que has estado pensando?
— ¿Eh? ¿De...?
— Nosotros nunca pensamos nada malo acerca de ti. Y no lo hacemos ahora — sólo había silencio en la línea, por lo que Osomatsu continuó. — Todomatsu, nosotros te queremos como eres. Lo siento si en algún momento me expresé mal y pensaste lo contrario…
— Nii-san...
— Todomatsu, los otros quieren hablar contigo. Todos tenemos muchas cosas que decirte...
— Déjame hablar con ellos — dijo nervioso.
— No. No nos vamos a entender si hablamos por teléfono.
Choromatsu le había dirigido una mirada de reproche a Osomatsu. Éste último se encogió de hombros.
— ¿Eh? Pero, Osomatsu nii-san... Yo ahora...
— Está bien — lo interrumpió. — Él entenderá — dijo refiriéndose a Atsushi. — Todomatsu, por favor, encontrémonos en algún lugar y platiquemos con calma.
Karamatsu miró a Osomatsu con asombro. Jyushimatsu se emocionó, e Ichimatsu abrió bastante los ojos, sacudiendo un poco su cabeza.
— ¿Qué haces, Osomatsu? — susurró Choromatsu.
Hubo un momento de silencio.
— Creo que... — Todomatsu intentó pensar en ello.
— Todomatsu, sólo seremos nosotros. Sin nuestros padres.
— Yo...
— ¿Puedes hacerlo? — insistió Osomatsu.
Todomatsu miró de reojo la habitación donde se encontraba Atsushi. Bastaría con avisarle, ¿no? Era un momento especial, por así decirlo.
— Sí. Puedo hacerlo — dijo bajito.
— ¡De acuerdo! — Osomatsu se alegró mucho.
Se despidieron y colgaron. Acordaron rápidamente un lugar para verse.
Todomatsu se sentía de lo más extraño. Después de haber pasado realmente por un muy mal momento, ahora estaba a punto de ver a sus hermanos. Es decir, creía que jamás los vería. Lo había dado por sentado y temía volverles a ver. Pero aceptó, y aceptó porque estaba dispuesto a vivir con sus miedos desde ahora.
Todomatsu se dirigió a donde Atsushi y le explicó lo que le habían propuesto. Éste último se limitó a sonreír.
Después de todo, aquel día podría pasar algo bueno.
Todomatsu se puso un abrigo y se dirigió a la entrada.
— Te acompañaré — dijo Atsushi.
— Creo que es mejor que vaya solo. Por favor, no pienses mal — dijo gentilmente. — Mis hermanos se ponen extraños cuando te ven — osnrió.
— Entiendo — rió un poco. — Por favor cuídate mucho.
Atsushi abrigó a Todomatsu apropiadamente y lo encaminó hasta la salida. Se despidieron.
Todomatsu caminó hasta el lugar. No se sentía de humor para ir a la estación.
Mojaba la suela de sus zapatos con los finos charcos de agua helada que se formaron sobre el concreto.
Iría a una plaza comercial.
Tenía las manos en sus bolsillos. Extrañamente no sentía ningún tipo de malestar. Sólo se sentía extraño. No habría de emocionarse mucho por ver a quiénes han vivido con él durante veinte años, pero...
Al llegar, se quedó ahí plantado. Ahí estaban sus hermanos, todos sentados alrededor de la fuente que estaba en el centro de la plaza.
Cayó la noche. El cielo estaba totalmente limpio. Los últimos rayos anaranjados bañaron el horizonte de la luminosa ciudad antes de ser engullidos por el púrpura del cielo.
Tomó aire y se acercó. Ellos no lo habían visto aún.
Al estar casi en frente se quedó ahí, con una mueca retorcida.
— Hola... — dijo por lo bajo sin acercarse mucho.
Todos se giraron al escucharlo.
— ¿Totty? — Jyushimatsu lo miró y se acercó rápidamente hasta él. — ¡Totty! — lo abrazó con fuerza, levantándolo un poco.
— ¡Todomatsu! Vaya que nos tenías preocupados... — dijo Choromatsu acercándose.
Jyushimatsu lo soltó.
— ¡Todomatsu! ¡Tardaste! ¿No tomaste el metro? — dijo Osomatsu. — Hace mucho frío...
— Me alegra mucho verte después de tanto tiempo, brother — dijo Karamatsu amablemente, como solía hacer él.
Todomatsu se limitó a sonreír. Enseguida volteó a ver a su cuarto hermano, el cual no había dicho nada.
— Hola... — soltó Ichimatsu, para que Todomatsu no dijera nada primero.
Todomatsu sonrió.
— Hermanos, yo de verdad lo siento. No tenía idea de que... — fue interrumpido.
— ¡Sólo no lo vuelvas a hacer! — dijo Osomatsu tomándolo de los hombros. — ¡Rayos, Todomatsu! De verdad estuvimos muy preocupados, y después de enterarnos de lo que sucedió... contigo... — hizo una mueca. — ¡Olvida eso! Yo me equivoqué, lo siento mucho. Seré sincero contigo: nada de lo que haces me molesta, ¿está bien? Incluso si lo hiciera, no debería de importarte.
Todomatsu abrió mucho los ojos, tenían un brillo especial. Choromatsu se acercó ahora.
— Todomatsu, lo siento — el tercero hizo una rápida reverencia y se reincorporó. — No pensé que lo que fuéramos a hacer te afectara tanto. No, de hecho, te afectó el que no hiciéramos nada. Perdónanos. Debimos de haber abierto la boca a tiempo y no después. Lo siento, por parecer poco confiables. Si fuéramos mejores hermanos podríamos haberte ahorrado toda esta preocupación y no tendrías que dejárselo todo a Ichimatsu. Lo siento.
— Podías haber contado con nosotros también — dijo Karamatsu. — Discúlpanos por ser tan innecesarios...
"¿Innecesarios?"
— Yo... ¡Yo nunca dije que ustedes fueran innecesarios! — dijo Todomatsu enseguida, sujetando la fría mano de Karamatsu, reprendiéndole. Éste se sorprendió. Todomatsu lo soltó. — Nunca lo hice y no lo haría. Es verdad que me preocupé, pero pensar en volverlos a ver de cierta forma me mantuvo animado. Deseaba poder hablar con ustedes de nuevo, como antes...
— Totty, ¿de verdad piensas así? — preguntó Jyushimatsu. — Nos gustaría que cualquier cosa que pienses, nos la digas. Sé que no duermo contigo al lado del futón, pero al sentirme más espacioso también me sentía más triste cada noche, porque tú hacías falta ahí — hizo una pausa. Estaba mirando a Todomatsu a los ojos. — Y no es especialmente porque no estuvieras ahí, sino porque no sabía dónde estabas. Incluso si nos hubieras dicho que estabas en paz con Atsushi-san, estaríamos a gusto. Aún así, no nos dijiste nada especialmente a nosotros y estuve nervioso. Quería saber qué pensabas y por eso ahora nosotros… Estaba triste porque no sabía qué pensabas. Estaba triste como no tienes idea — dijo Jyushimatsu tristemente, aunque lo arregló todo con una sonrisa final, típica de él.
Todomatsu se sonrojó al escuchar el nombre de Atsushi y también sonrió ante las palabras de su hermano.
— Gracias. Por favor, no te preocupes — dijo Todomatsu dulcemente.
— Bueno, supongo que puedes predecir cualquier cosa que yo diga — dijo Ichimatsu con su voz floja. — Pero, por favor, si tienes que preocuparte por algo, hazlo por una verdadera razón y no por algo tan estúpido como la opinión de los demás. Incluso si fuera nuestra, por favor...
Todomatsu no pudo evitar reír un poco ante las palabras de su hermano y asintió.
— Está bien. Lo prometo — dijo el menor.
Afortunadamente nadie les prestaba atención. No tenían un drama ni nada, pero sería incómodo que alguien los viera detenidamente. Permanecían alrededor de la fuente; las luces de la plaza se comenzaron a encender al igual que los apartamentos y el alumbrado local. Se veía espléndido. Anocheció.
Hablaron un rato más de asuntos que no pudieron aclarar y de cosas triviales. Rieron un poco y también se apoyaron con sus palabras hasta que, finalmente hablaron sobre Atsushi.
— Ese muchacho... ¿es tu pareja, verdad? — dijo Choromatsu. — ¿Entonces podemos estar seguros de que estarás bien con él?
— Qué pena — caviló Osomatsu. — Aquel día en el hospital lo vimos, y yo...
— Ni lo digas — espetó Karamatsu.
— Bueno, no debe de tener una muy buena imagen de nosotros, pero... — Ichimatsu fue interrumpido.
— Creo que de alguna manera él ya los conoce porque le he hablado de ustedes — dijo Todomatsu con una sonrisa.
— ¿De verdad, Totty? — dijo Jyushimatsu.
— Sí. Traté de no olvidarlos. Después de todo, descubrí que me avergonzaba más de mí mismo que de ustedes... — todos lo vieron con ganas de corregirle, pero enseguida continuó — Pero, ahora no será así. Los tengo a ustedes y a Atsushi-kun. Estoy bien sólo con eso.
Todos sonrieron.
Una vez más, siguieron hablando. Para aclarar dudas, le preguntaron a Todomatsu acerca de Atsushi y él les contó todo, omitiendo los detalles que no fuesen cruciales. Les contó la misma historia que le contó a Ichimatsu varios meses atrás en su confesión. Sólo asentían y soltaban algún otro comentario inofensivo. Al final, nada resultó mal. Es decir, fue extraño al principio. Fue diferente. Pero querían a Todomatsu tal y como era.
Lo amaban mucho.
También, les pasó la dirección de la casa de Atsushi. Podrían encontrarlo ahí. No le molestaría, ¿verdad? No quería que sus hermanos siguieran desconociendo su paradero.
Se abrazaron y se despidieron. No pasaría mucho tiempo y quizá en un futuro cercano se volverían a ver. Así lo habían prometido. En ningún momento los cinco hermanos le dijeron algo a Todomatsu acerca de su padre para no estresarlo o incomodarlo, ya que no era necesario.
A los hermanos les sorprendía que en ningún momento Todomatsu hubiese llorado, porque así era él. Quizá se había vuelto más fuerte.
— ¡No nos olvides, Todomatsu! — gritó Osomatsu desde lejos.
Karamatsu, Choromatsu, Jyushimatsu y hasta Ichimatsu sonrieron, agitando la mano en el aire, despidiéndose. Todomatsu hizo lo mismo.
Como ya era noche subió a un vagón del metro y fue a casa con Atsushi. Una sonrisa se asomó de entre sus labios.
Todomatsu llegó a la casa.
Atsushi lo recibió con una sonrisa y una taza de chocolate caliente.
— Hola, Todomatsu. ¿Cómo te fue?
— Me han liberado — rió. — Bueno, en cierta forma.
— Con ver tu rostro puedo decir que no estás mal — dijo.
— Estoy bastante bien. Mis hermanos son muy amables, después de todo — dijo bajito.
Atsushi sonrió, con sus mejillas tornadas de un ligero carmín.
— Vamos, cámbiate.
Todomatsu se puso su pijama y fue a la cama junto a Atsushi tomando el chocolate caliente. Estuvieron los dos juntitos, hasta que se arrullaron y se durmieron. Finalmente, se volvieron a abrazar, después de tanto tiempo de no hacerlo; sintiendo el calor del otro. Esta vez Todomatsu metió sus manos bajo la ropa de Atsushi, acariciando su suave y formado abdomen, sintiendo su calidez. Atsushi permitió el tacto.
Todomatsu sonrió y se detuvo en su pecho. Atsushi tomó las manos del menor con las suyas y las apretó dócilmente.
— Atsushi-kun, me siento bien ahora. Gracias.
— ¿Por qué?
— Porque tú llamaste a Ichimatsu nii-san.
— Oh, lo entiendo. Pero no he sido yo el que...
— Lo sé. Fueron ellos; sus decisiones, ¿verdad? Pero tú te has preocupado por mí, y ellos han venido a buscarme. Quiero decir, yo nunca habría tomado el valor para poder ir con ellos de nuevo. Nunca me enteré de nada; de lo que pensaban de mí. Sólo los juzgué por sus ojos al verme...
— En verdad me alegra que te sientas mejor ahora, al menos. ¿Te sientes bien junto a mí?
— Sí, me siento bien junto a ti — se apegó al mayor y le dio unos suaves besos en la espalda, sobre la camisa. Lo abrazaba por la espalda.
Durmieron. A la mañana siguiente se despertaron juntos. La luz del sol se asomó por la ventana. Después de tanto, el cielo se despejó. Un leve calor abundó en la ciudad.
Pasaron algunos días. Días de un mes algo especial: diciembre.
Todomatsu estaba un poco nervioso. Era el primer año que no pasaba aquella fecha junto a sus padres y hermanos.
Atsushi había vuelto a su trabajo. Por supuesto, él seguía tratando con mucho cariño a Todomatsu, como se lo merecía. Y éste también hacía lo mismo con el contrario.
Era casi imposible abandonar el trabajo para él. Un hombre de negocios está siempre muy ocupado, ¿no?
Todomatsu incluso se sentía un poco vacío en ratos al no tener a Atsushi junto a él, pero al llegar a casa recibía todo ese calor que le hacía falta. Incluso de vez en cuando salió a caminar por las calles mirando los foquitos navideños adornar las cálidas casas por la noche, y los muñecos de nieve en los parques infantiles.
También pensó en Atsushi antes de conocerle, ¿cómo pasaba él esas fechas?
Entornó los ojos hacia el cielo pensando en ello con melancolía y suspiró. En ese instante algo pasó por su mente rápidamente y sonrió.
No sólo se ayudaría a sí mismo. Era increíble que no hubiese pensado en eso los últimos días, incluso antes del incidente...
Quizá esto fuera lo que pudiese iluminar los últimos días, o meses.
Era el momento de poder hacer algo por Atsushi.
