Capítulo 22- Feliz navidad.
Atsushi y Todomatsu se encontraban desayunando.
- Todomatsu, hace unos días me habías querido preguntar algo. ¿Qué era?
- ¿Eh? No lo recuerdo.
- Era tan sólo un poco antes de que tus hermanos llamaran.
Enseguida se acordó.
- Ah, sí. Sonará un poco extraño - dijo como modo de advertencia. - ¿Cómo es que pasas estas fechas?
- Eh, ¿yo?
- Sí. ¿Qué sueles hacer? La verdad creo que puedo adaptarme a cualquier costumbre tuya - sonrió.
Atsushi lo meditó. Pronto sería navidad y por eso Todomatsu hacía todas esas preguntas, seguramente.
- Nada en especial.
- ¿Eh? ¿Cómo?
- Es raro, lo sé. Pero nunca he celebrado la navidad como se debe - sonrió. - Tal vez por la mala relación con mi familia fue que nunca acostumbré a prestarle atención a algo así. Te conté todo, ¿no? Ni siquiera pude celebrar mi cumpleaños... - sonrió tranquilamente. - No tengo nada en mente.
Todomatsu calló. "¡Imposible!", pensaba.
- ¡Atsushi-kun!
- ¿Sí?
- Yo... Bueno...
- ¿Irás con tus hermanos ese día? Creo que lo pasarán bien a como están ahora – sonrió y se levantó de la mesa gentilmente agradeciendo la comida.
- Yo no lo sé... - balbuceó.
Atsushi se ajustó la corbata.
- Volveré por la noche. Con suerte no tardaré mucho.
- De acuerdo, cuídate.
Atsushi subió al carro y se encaminó a su trabajo.
Todomatsu pensó un momento en lo que haría. El cielo ya no estaba oscuro, y aunque aún hacía mucho frío, así se estaba bien.
Se sentía mucho mejor ahora, Atsushi tenía razón. Las cosas se arreglarían muy pronto; y se arreglaron muy pronto.
Caviló sobre la actual situación unos minutos, y enseguida tuvo una idea. No podía seguir así... Pensó en esperar a Atsushi hasta la noche, pero apenas había empezado el día.
Salió un momento a caminar.
Recordaba las palabras de Osomatsu, con su tono tan hiriente y su significado tan reconfortante. Su hermano de verdad le había dicho mucho pero entre todo ello, algo especial resonaba en su cabeza...
"¿Por qué te partes el alma por otros, y no puedes hacerlo ni siquiera por ti?".
En cierta forma era cierto. ¿Pero qué tenía de malo preocuparse por otros?
Él todo el tiempo pensó que se preocupaba por sí mismo y era la verdad de las verdades. Sólo se preocupaba por sí mismo y por lo que le importaba. Se preocupaba por Atsushi, porque si algo malo le sucedía él se sentiría mal. Y si Atsushi estaba triste, él también estaría triste.
Todo se basaba en eso.
Los días pasaron lentamente y de la nada Todomatsu comenzó a llenar de "basura innecesaria" toda la casa. Ahora había un más notable ambiente navideño, pues había adornos color rojo, blanco, dorado, plateado y verde por toda la casa, con algunos cascabeles y una corona navideña muy esponjosa colgada en la puerta. Sólo eran algunas cosas que pudo comprar con sus ahorros sin destino.
Cuando Atsushi llegó a casa aquella noche se percató inmediatamente de todo y quedó sorprendido. Su casa jamás se veía así de colorida y bonita, o al menos era lo que pensó al instante.
Agradeció a Todomatsu y lo abrazó. Estaba muy contento y muy agotado. Durante todo el día en la oficina no hacía más que pensar en llegar a casa y ver a Todomatsu; pasar un tiempo con él. Y era lo que haría. Ambos de nuevo comieron la comida caliente sobre la mesa y se acostaron juntos en el sofá.
El cielo tenía una extraña pero agradable combinación de azul claro con nubes de un anaranjado intenso. Se veía precioso junto a la luz filtrada, aunque todo aquello venía acompañado con un gélido aire.
Pasaron algunos días.
Atsushi estaba un poco entusiasmado, pero el tan sólo pensar que debía trabajar la noche de navidad como todos los años hasta tarde le quitaba un poco el ánimo.
- Atsushi-kun, ¿en serio no puedes faltar?
- Me despedirían.
- ¿De verdad? - miró el techo pensando acerca de ello.
- De verdad. Creo que no puedo pensar en perder un puesto tan importante.
- Ya veo.
- Doblaré el turno nocturno - suspiró.
- Ya veo – dijo de nuevo e hizo una mueca.
- Así que, para que no lo pases mal podrías hacer algo con tus hermanos. En serio, lo siento...
Todomatsu lo pensó. No asintió, pero tampoco lo ignoró. Sólo le sonrió y no dijo nada más. Otro día pasó… Pronto sería navidad.
Todomatsu salió un día en el que nevaba ligeramente. Bastó con llevar un abrigo lo suficientemente grueso de capucha esponjosa y un paraguas transparente. La nieve se veía bonita por encima de éste y el frío no calaba como debería. Con todo el dinero que tenía ahorrado (que no era mucho) compró un regalo para Atsushi.
Llegó a casa y lo envolvió en una pequeña caja con un llamativo papel color azul metálico y un moño blanco. La cinta quedaba preciosa.
Puesto que no tenían un árbol de navidad, no tenía donde colocarlo por el momento, por lo que decidió guardárselo en la bolsa que llevaba al Sutabaa. No sabía si Atsushi compraría algo para él, pero no importaba. No esperaba nada a cambio. Pasaron quizá dos o tres días más.
Un olor a canela y menta emanaba de la sala. Todomatsu de vez en cuando salía con Atsushi a ver los adornos navideños al anochecer junto a las luces de colores por las calles. En todas partes vendían comida y adornos muy interesantes...
Las compras en aquella época eran las mejores. Pero, casi siempre Atsushi estaba en la oficina. De alguna manera se sentía como si realmente lo estuviese ignorando todo.
"¿Qué estarán haciendo Osomatsu y los otros? ¿Y papá y mamá?", pensaba.
El caso es que, Todomatsu y Atsushi se volvieron aún más cercanos.
Todomatsu volvió a sonreír, y Atsushi al verlo hacerlo, lo imitaba…
Todomatsu recordó que Atsushi no había estado comiendo bien el último mes y eso le inquietaba. Es decir, trabajaba demasiado y dormía muy poco, y además... ¡no comía lo suficiente! Por ello se aseguró de que mantuviera las fuerzas. Así que, Todomatsu comenzó a comer de nuevo junto a Atsushi como antes cuando podían, en las mañanas y tardes. De esta manera recobró el color de sus mejillas...
Haciendo todo ello, se le vino a la mente algo. Tuvo una idea... ¡Haría una deliciosa cena de navidad! Aprovechó para hacer las compras cuando Atsushi no estaba. Tenía todo el tiempo del mundo.
Estaba preocupado. No sabía cómo se llevaría a cabo aquel día.
Atsushi no estaría ahí, pero...
Incluso si es para otro día, antes o después, quería cenar con él y hacerle pasar su primera navidad de una forma agradable.
Atsushi no sabía nada de aquello, ¿o sí? Imaginarse flagrante en esa situación lo hacía emocionarse.
Tan sólo unos días antes Todomatsu lo pensó varias veces y decidió preguntar lo mismo teniendo la esperanza de que la respuesta cambiara:
- ¿Por qué no te quedas conmigo pasado mañana en la noche, Atsushi-kun?
- No puedo... - dijo con pesadez.
- ¡Por favor! Yo voy a tratar de hacer que te relajes un poco.
- Quizá esperen demasiado de mí, y afectaré a mis colegas negativamente si no me presento.
- Entiendo.
Pero no pasó. Al final, las decisiones de Atsushi eran difíciles de cambiar.
Tenía todo listo para prepararlo. El pavo relleno, junto a algunos aperitivos y el pan de frutas. ¿Atsushi se lo esperaría de él? En realidad nunca trató de ocultar nada, pero por alguna razón no lo comentó en ninguna ocasión.
La mañana de la navidad en un futuro inmediato había llegado.
Por fin era 24 de diciembre...
Primero, Todomatsu planeaba despertar a Atsushi con un cálido abrazo y un dulce "buenos días" mientras acomodaba discretamente el flequillo del contrario en un intento por despertarlo...
Pero tuvo que despertar solo. Atsushi por alguna razón había aceptado cubrir el turno nocturno en su oficina, y no es que le molestara, pero si le desilusionaba un poco el no poder seguir sus planes. Gracias a esto, el preparar pan francés y café con leche caliente se fue cuesta abajo.
Estaba bien, no era nada.
Al principio de la mañana llamó cuidadosamente a sus hermanos. Jyushimatsu atendió la llamada, y como los otros años, le hizo saber al sexto hermano que sólo comerían la comida que su madre haría, usarían luces de bengala, fuegos artificiales, se darían regalos mediocres entre ellos y después dormirían tranquilamente por haber bebido demasiado. A Todomatsu le dio gracia.
Después de eso colgó y dio vueltas sin saber qué hacer. Pasaban las horas...
Pronto se hizo tarde. Quizá eran las cinco de la tarde.
Todomatsu comenzó a preparar la cena navideña.
Hizo el pavo relleno, con algunos dulces y una que otra ensalada o pasta. Aunque miró detenidamente la mesa al comenzar con la comida y torció los labios. No había ninguna bebida especial.
5:02 pm.
Era aún temprano pero ya estaba oscuro y nevaba gentilmente.
Atsushi estaba en su oficina con la mirada clavada al monitor de la computadora, siendo encandilado por la luz blanquecina de ésta. Con movimientos ágiles tecleaba rápidamente varias cuentas, información, etc. Y con una mano, atendía las llamadas de otros empresarios o clientes importantes de la compañía que lo llamaban cada hora.
Estaba algo presionando. Ni siquiera tenía tiempo para comer. Miró por un momento hacia la ventana y parpadeó varias veces.
- ¿Nieve?
No se esperó que fuese a nevar aquella noche. Mover el coche sería un problema si es que la nieve se acumulaba. Carraspeó y apretó los puños. Le estaba comenzando a doler la cabeza y ese clima no le ayudaba mucho.
Miró un momento más la pantalla llena de letras y números, y sin pensarlo más se levantó de su lugar. Comenzó a guardar sus cosas en su portafolio y salió de aquella habitación a paso lento.
Después de todo, dejar a Todomatsu solo en casa no había sido una buena idea en absoluto.
Miró a sus demás compañeros y pasando una tarjeta en el registrador del lugar al marco de la puerta, informó sobre su retiro.
- Buen trabajo.
- ¿Eh? ¿Te vas ya? Si aún no ha caído la noche - dijo uno de sus colegas. Quizá era tan sólo algunos años mayor que él.
- Si es necesario doblaré turno otro día - dijo Atsushi, decidido. - No tengo ánimos de seguir aquí hasta mañana de nuevo.
Los demás en aquella gran fría habitación del edificio se limitaron a dirigirle una mirada indiferente y seguir con lo suyo en silencio, hablando casi a susurros por el teléfono, únicamente con el sonido de las teclas de las computadoras siendo presionadas y bolígrafos escribiendo sobre el papel.
- Ya veo. Pásalo bien entonces. Esta noche es especial después de todo. Y descansa un poco también - le dijo el hombre mayor.
Atsushi apenas esbozó una simple sonrisa e hizo una reverencia para luego darse la media vuelta y retirarse.
Conducía por la ciudad de Tokio cuidadosamente, mirando los locales. Comenzaba a haber actividad por las calles. Las luces se encendieron.
Había vendedores afuera de las tiendas, vendiendo sus especiales navideños, regalos, pasteles, entre otras cosas; pese a que estaba nevando.
Atsushi estaba un poco nervioso. No sabía cómo debería de comportarse ese día. No sabía exactamente qué debería hacer... Debería de permanecer en su oficina hasta el amanecer como los otros años, ¿no?
Meneó la cabeza.
Sin pensar mucho tiempo en ello se detuvo frente a una tienda realmente suntuosa y compró algo con precisión. Al menos intentaría hacer algo.
Al entrar al coche puso la caja con la compra en los asientos traseros y se encaminó a su casa.
Aunque, antes de continuar se detuvo en otra tienda. Volvió a comprar algo.
El blanco reinaba alrededor, y su pureza sólo era corrompida por los reflejos de las luces de los locales y los fuegos artificiales que comenzaban a adornar el cielo nocturno. Parejas iban y venían.
"Ah... Si tan sólo fuera así de fácil".
Sin pensarlo más, se dirigió de nuevo a donde Todomatsu estaba. Quizá no sería la mejor noche, o eso temía. Aunque, también pensó que quizá Todomatsu estaría con sus hermanos. No descartaría la probabilidad.
En medio del tráfico metió una de sus manos en su bolsillo para tomar su celular, mientras que con la otra sostenía el volante. Llamó a Todomatsu.
- ¿Hola? - era la voz de Todomatsu. - ¿Atsushi-kun?
- Todomatsu...
- ¿Ha sucedido algo?
- Eh, no, nada. No te preocupes. Quiero saber en dónde estás.
- Menos mal - dijo con cierto tono preocupado y de alivio, si es eso posible. - Estoy en la casa ahora mismo. ¿Por qué?
- He salido de la oficina temprano.
- ¿En serio? ¡Qué bien! ¿Eso quiere decir que vendrás? - se oía alegre.
- Por supuesto, voy para allá - sonrió.
- Espero por ti. Y... ¿sabes, Atsushi-kun? Te tengo una sorpresa.
Atsushi soltó una risita a través de la línea que le hizo sentir cosquillas.
- No puedo esperar.
Terminaron la llamada. Con el limpiaparabrisas se deshacía de la nieve que se acumulaba poco a poco en el cristal. Además, los vidrios se empañaban. Atsushi se dirigió a su hogar con cuidado, mirando tranquilamente todo a su alrededor. Nunca se puso a pensar cuán bonito podía lucir afuera aquel día, en aquel lugar, en aquellas horas. Más colorido de lo que recordaba.
Por alguna razón aquel día su corazón latía más rápido...
Entró al garaje y dejó el auto. Dirigiéndose a la casa pasando por el patio llegó a la puerta y tocó. Enseguida escuchó pasos desde adentro que se dirigían a la puerta. Todomatsu abrió desde adentro.
- Atsushi-kun, ¡bienvenido!
- Estoy en casa - dijo con una sonrisa.
- Entra. Podría darte un resfriado o algo así... - tomó a Atsushi del brazo y lo hizo entrar con delicadeza.
- ¿Podrías esperar un momento? Olvidé algunas cosas en el auto - hizo un ademán, refiriéndose al portafolio.
- Ah, está bien. Ve - dijo Todomatsu y se dirigió a la cocina a terminar todos sus preparativos.
Atsushi fue y regresó enseguida con el portafolio en mano, dejándolo en la sala a un costado del sofá. Además, traía la caja blanca que compró en una de las tiendas y una bolsa bastante grande y elegante en otra de sus manos. Todo de verdad pesaba. Quitándose los zapatos se encaminó a la cocina, con una sonrisa en el rostro.
Al entrar quedó sorprendido. Había una cena deliciosa sobre la mesa, con un ambiente muy agradable y un olor muy suave. Era todo tan cálido.
Se quedó ahí parado aspirando el dulce aroma a pan de naranja, café, canela, y frutas. Cierto sentimiento nostálgico invadió su mente y su corazón.
No podía evitarlo...
- Todomatsu... ¿Qué es esto?
- Ah, es tu sorpresa - sonrió con sus mejillas coloradas. - Creo que es tu primera vez con una de estas, así que quise hacer algo especial para ti... No es mucho, pero al poder estar juntos me parece que es algo lindo. Incluso la preparé pensando que no estarías; pero de igual forma quería sentarme a la mesa contigo, incluso si no fuera esta noche - se acercó a Atsushi y volvió a sonreír. - Así que estoy feliz de que estés aquí.
Atsushi se había quedado mudo.
- Gra... Gracias.
- ¿Eh? ¿Estás bien, Atsushi-kun? Luces algo...
- ¡Estoy bien! - lo interrumpió antes de que acabara la frase. - Lo siento, estaba muy cansado - meneó la cabeza y sonrió.
- Ya veo - miró a Atsushi un momento y notó que traía algo en las manos. - Atsushi-kun, ¿qué es eso?
- Lo compré para ti - se limitó a decir. - Aunque no estoy seguro de si estas cosas se pueden regalar en un día como hoy...
- ¿Hm? ¿Qué es? - preguntó juguetonamente acercándose al mayor. Éste le entregó la caja y Todomatsu la abrió sobre la mesa. Al abrirla miró lo que era: un rico pastel de vainilla, con crema y fresas; que además de ser delicioso lucía también precioso.
- Es especialmente para ti. Aunque...
- ¡Me encanta! Muchas gracias, Atsushi-kun.
- Y, bueno, lo siento. No pude pensar en un regalo mejor, así que esto es todo de mi parte...
- No te preocupes. Para mí, mi mejor regalo eres tú.
Atsushi pudo sentir cómo sus mejillas se hacían rojas y desvió la mirada algo apenado por aquel elogio tan directo. Es decir, viniendo de Todomatsu era extraño, pero agradable.
- Bueno...
Todomatsu miró la escarcha que aún permanecía en el traje de Atsushi con preocupación. Entre el cabello también tenía nieve todavía.
- ¡Ah, ve a cambiarte! La cena estará lista pronto, así que debes estar cómodo.
- Voy enseguida - sonrió y obedeció al menor.
Todomatsu puso el pastel sobre la mesa.
Atsushi fue al cuarto y se cambió a un atuendo más cómodo, como Todomatsu.
8:40 pm.
Se dirigió a la cocina de nuevo y al ver a Todomatsu le dio un poco de risa. Estaba abrazándose a sí mismo, frotando sus brazos en busca de calor.
- ¿Qué estás haciendo? - preguntó Atsushi de manera curiosa.
- ¡Muero de frío! Atsushi-kun... Afuera está cayendo muchísima nieve. ¿Cómo podías andar así, únicamente con el saco? - dijo forzosamente. - Lo diré una vez más: ¡definitivamente no deberías usar corbata todos los días!
Atsushi rió.
- Estoy acostumbrado al frío.
- Ya lo veo... - Todomatsu se quedó un momento en silencio y después esbozó una sonrisa. - Atsushi-kun, la cena ya está lista.
Atsushi meditó un momento.
- Está helando. Hace demasiado frío para comer en la cocina, ¿no crees? - dijo el mayor, y al ver la cara confundida de Todomatsu, siguió. - Será mejor que comamos en la sala; pongamos la comida sobre el kotatsu - sugirió.
- De acuerdo – asintió sonriendo.
Llevaron todo a la sala, poniendo cuidadosamente los platos con la comida sobre la mesa con calentador. Ahora ya no había problemas con el frío.
Atsushi encendió la radio y escuchaban las canciones que se reproducían automáticamente. De hecho, aquella noche la música parecía escucharse más hermosa. Jazz, city pop, oldies, baladas...
Se sentaron metiendo sus piernas debajo de la mesa.
Estaban justo frente al ventanal, que a pesar de estar descubierta la cortina de la habitación, no había problemas en absoluto. Podían observar la nieve caer ligeramente. Además del suave alumbrado ámbar de la lámpara de la sala, la pálida luz de la luna les hacía compañía, asomándose a través del vidrio.
Todomatsu le sirvió a Atsushi en un plato muy gustoso.
- Me dices que tal está - dijo un poco nervioso.
Atsushi probó la comida sosteniendo los palillos, metiéndose un bocado a la boca. Masticó cuidadosamente.
- Está... - de nuevo lo invadió ese sentimiento de nostalgia. - Está delicioso...
- ¿De verdad? Me costó un poco más el hacerlo todo yo solo, pero estoy feliz de que te haya gustado. ¿No le falta nada?
- Claro que no. ¡Está bueno! Me ha encantado todo...
- ¡Menos mal! - se puso una mano en el pecho, soltando un respiro.
- ¿Eh? No me digas que... ¿Estabas preocupado por mí?
- ¿Pero cómo no iba a estarlo? Es tu primera navidad de esta forma y no quería que te llevaras un recuerdo extraño, o algo así - dijo riendo ante lo último.
- Ya veo...
Siguieron cenando tranquilamente, sin importarles mucho el tiempo. El ambiente dentro de la casa era estupendo.
10:00 pm.
- ¿Podemos comer un poco de pastel ahora?
- Claro que si - dijo Atsushi. - Es tuyo, después de todo.
Todomatsu sonrió. Con delicadeza tomó el cuchillo y partió dos rebanadas de pastel. Ambos comieron. Todomatsu quedó fascinado con el sabor dulce de las fresas, la crema y la vainilla. El mayor sonreía al ver al más pequeño.
Cuando hubo un momento de silencio, Todomatsu cuestionó:
- Atsushi-kun, ¿por qué has decidido regresar a casa?
Atsushi terminó lo que traía en la boca y tras pensarlo unos efímeros segundos, contestó.
- Creo que tengo varias razones para haberlo hecho.
- ¿Eh?
- Para empezar, no debí aceptar haber ido hoy. Es decir, incluso si yo estuviera solo como antes, aceptaba porque no tenía nada que hacer y no me gustaba la idea de quedarme aquí solo. Aunque estuviera cansado hasta el límite, yo iba...
- Atsushi-kun, pero ahora...
- Es sólo que no quería llegar - Atsushi lo interrumpió - y ver la misma casa fría una y otra vez. Aunque para mí, días como hoy eran de lo más normal del mundo, pero aún así no me gustaba estar aquí sin hacer nada, y por no querer sentirme inútil aumentaba mi jornada de trabajo más de lo necesario. Yo estaba "bien" con eso. Ah, pero ya no es así. Hoy decidí no quedarme porque quería estar contigo. Aunque... no sabía exactamente qué hacer hoy - rió.
- ¿Hacer?
- Sí. Como no he pasado noche buena con nadie como se debe, no sabía cómo comportarme.
- Como siempre - sonrió. - Solamente se trata de pasar un buen rato. Somos buenos en eso, ¿o no?
Atsushi sonrió. Todomatsu advirtió que las mejillas del mayor se tornaban de un tenue color carmín.
- Sí - asintió Atsushi.
Todomatsu miró al cielo un minuto y después sus ojos brillaron. Pareciera como si la luna lo hubiese iluminado y no pudo evitar sonreír ante esto.
- Atsushi-kun, espera aquí un momento, por favor. Volveré en seguida - Todomatsu se levantó y se dirigió a una habitación del primer piso.
- Bien - Atsushi esperó.
El menor fue en busca de su bolso del Sutabaa y metió la mano en ella, sacando algo. Pasó menos de un minuto y Todomatsu volvió con las manos por la espalda. Se sentó tranquilamente de nuevo y metió los pies debajo del kotatsu. Atsushi lo miró con curiosidad.
- Atsushi-kun, ¿sabes? Ahora que lo pienso bien, nunca te he dado algo especial - hizo una pausa y siguió. - Pero esta vez salí por la ciudad y creí que quizá no estaría mal entregarte un regalo especial. Sólo es algo simple, así que... - extendió las manos y le entregó una caja pequeña y brillante.
Atsushi la tomó. Sus manos blancas hacían contraste con el papel metálico.
- Gracias... - dijo Atsushi.
- Bueno, ¡tendrás que esperar hasta las doce para poder abrirlo! - exclamó de manera graciosa.
- Claro - rió. - También compré otra cosa - dijo Atsushi sacando algo de una bolsa al lado suyo con cuidado. - Esto - dijo. En sus manos traía una lujosa botella de vino, para nada barato.
- ¿Eh? ¿Atsushi-kun? ¿Eh?
- Tómalo como un regalo. Bebamos juntos una vez más - dijo gustosamente.
Todomatsu abrió mucho los ojos y sonrió.
- ¡Claro! - enseguida se levantó y fue por unas copas a la alacena que estaba en la primera planta.
Atsushi sirvió el vino cuidadosamente en las copas, y bebieron. Al ver la cara de gusto de Todomatsu, Atsushi soltó una risita.
- ¿Te ha gustado?
- ¡Está buenísimo! Beber algo así vale realmente la pena - habló con las mejillas sonrojadas.
- Claro que sí. Extrañaba poder beber contigo de nuevo - sonrió.
- Igual yo. Podríamos hacerlo más seguido, incluso si es sólo cerveza...
Atsushi rió.
- No estaría mal. Hagámoslo más seguido - sonrió de una manera muy pícara y terminó la frase -, Totty.
Todomatsu palideció.
- ¡¿Eh?! ¿Cómo...?
Atsushi soltó una carcajada.
Todomatsu pensó que se miraba lindo con las mejillas rojas, riendo de aquella manera. No dejaba de ser guapo de ningún modo.
- ¡Lo siento! - seguía riendo. - Tenía ganas de decirte así también... - apenas unas lágrimas se asomaban por sus ojos. Al ver la cara de asombro de Todomatsu no podía evitar seguir riendo.
- ¡Eres malvado! - infló las mejillas.
- Ah... Lo siento - paró se reír. Se acercó un poco y acarició el cabello de Todomatsu. Éste se dejó.
- Pero, ¿cómo?
- Ah, sí. He escuchado que tus hermanos te dicen así, aunque nunca le presté mucha atención en realidad. Y además Futsuumaru-kun te llama así también. Lo escuché el otro día. Me parece curioso que yo no haya sabido de eso...
- Ya... Ya veo - balbuceó aún sonrojado, bebiendo de la copa.
- Pero, ¡vamos! No está mal, es lindo. Y también... tienes muchas fotos de mí. ¿Cómo no me doy cuenta de cuándo es que las tomas? - rió el mayor.
Todomatsu sintió cómo su temperatura aumentaba.
- Eh... Atsushi-kun... Yo...
- ¡Está bien! No te preocupes - volvió a reír. - Aunque no creo que yo sea tan agraciado...
Todomatsu lo miró desconcertado.
- Debes estar bromeando.
- ¿Y eso por qué?
- Yo ya te había dicho que... - tomó aire. - ¡Que creo que eres muy guapo! Me... Me gustas mucho.
- A mí también me gustas mucho.
Todomatsu abrió mucho los ojos con el rostro sonrojado por las palabras de Atsushi, que salían con suma facilidad de su boca. Moría de vergüenza.
"¿¡Cómo supo lo de las fotos!?", pensaba. Pero no planeaba preguntarle nada.
- Ya...
Todomatsu sonrió y Atsushi igual.
- Creí que estarías con tus hermanos cuando llamé.
- Oh, claro que no.
- ¿Por qué?
- Harán lo que hacemos todos los años y me aburriré - rió. - Ellos están bien, y yo también.
Atsushi sonrió. Hablaron de muchas cosas, hasta que finalmente a Todomatsu se le ocurrió ver la hora, y...
- ¿¡Eh!? ¡Atsushi-kun! ¡Es tarde!
11:40 pm.
- Sí, lo es. ¿Qué sucede con eso?
- Es que... el tiempo se fue rápido.
- Es verdad. Vaya, estoy lleno...
- Igual yo. Bueno... - le extendió la copa a Atsushi - ¿Te importaría? - sonrió.
Atsushi le sirvió más vino. Una tras otra copa...
Increíblemente a Todomatsu no se le veía ebrio. Simplemente sus mejillas estaban muy rojas, pero no se le veía mal.
Hicieron cualquier cosa para que el tiempo se vaya rápido, y de pronto pasó.
12:00 am.
Atsushi se desconcertó. No supo cómo, pero estaba acostado en el piso, con la vista hacia arriba y con Todomatsu encima de él.
Éste último lo apegaba con todas sus fuerzas a él.
- ¡Feliz navidad, Atsushi-kun!
Atsushi no sabía cómo reaccionar, pero se dejó llevar. Sonrió abiertamente y correspondió al menor. Lo abrazó muy fuerte también.
- Atsushi-kun, ¡abre tu regalo! - dijo Todomatsu muy emocionado.
Atsushi obedeció. Tomó la caja y rompió el papel. Cuando sacó el regalo, quedó impresionado.
Era una preciosa pluma estilográfica. Pese a ser un hombre de negocios, nunca se tomó el tiempo de conseguirse algo así.
- ¡Todos los muchachos con excelentes trabajos deben portar una! - dijo Todomatsu.
- ¡Muchas gracias! ¡Qué bonito detalle! - Atsushi abrazó a Todomatsu. El menor sonrió. Se escuchaban los fuegos artificiales afuera, y las luces de colores adornaban el cielo junto a la preciosa luna, testigo de aquella y de todas las noches. - Bueno, creo que... ¿Puedo decirte unas palabras? Por favor.
- ¿Eh? Claro que sí.
Atsushi tomó a Todomatsu de los hombros.
- Gracias por hacer de este el año más feliz de mi vida.
Todomatsu sonrió con melancolía.
- No ha sido nada...
La música de la radio junto a la pirotecnia de afuera seguían llenando el superfluo silencio del lugar.
- Y también gracias por haber pensado en mí, y hacer que por primera vez haya tenido una muy bonita... navidad contigo.
- No ha sido nada - repitió con una sonrisa.
- Y también tengo otra cosa que decirte.
Todomatsu asintió ante el silencio final de aquella frase.
- Dime - dijo con ternura.
- No quiero que vivas porque yo o alguien más te lo pide. Quiero que pienses que este mundo te merece, y que realmente quieres vivir en él. Porque es hermoso...
- Atsushi-kun...
- ¿De acuerdo?
Todomatsu asintió repetidas veces.
- De acuerdo - dijo con un nudo en la garganta, sin deshacerse de su sonrisa.
Todomatsu se aferró al cuerpo de Atsushi y depositó un tierno beso en sus labios. Un toque ligero, pero que transmitía fuertes sentimientos.
Miraban a través del ventanal los fuegos artificiales; eran preciosos. La música con ritmo dulce sonaba al fondo.
- Creo que... yo debería agradecerte más a ti de lo que tú a mí - dijo Todomatsu sin más.
- Claro que no...
- Di como quieras - rió, juguetón. - Quiero estar contigo el mayor tiempo posible. Todo mi vida, seguramente...
Hubo un "silencio", en donde sólo se escuchaba el ambiente exterior, y la música intrusa en sus pensamientos. Un silencio existente sólo entre ellos dos.
Atsushi recargó su cabeza en el hombro de Todomatsu y sonrió dulcemente.
- Creo que esta es la primera vez que diré esto...
- ¿Eh?
Atsushi guardó un leve silencio, y miró a Todomatsu directamente a los ojos. ¡Todomatsu se volvía loco con los preciosos ojos color avellana de Atsushi!
El mayor tomó entre las suyas las suaves manos de Todomatsu con cariño.
Atsushi abrió sus labios y musitó:
- Todomatsu, Feliz navidad.
Todomatsu sonrió como nunca, y Atsushi sentía su corazón lleno de amor. Se sentía tan bien estar junto a alguien...
Ambos se quedaron ahí, abrazados. Nada se comparaba con el calor del otro. Así iba a ser siempre; sólo ellos dos.
Miraban el cielo oscuro, decorado con todos aquellos colores que iban y se desvanecían.
Así querían vivir.
Todomatsu sentía cómo su corazón latía de una manera más firme. Esta era su razón de vivir. El muchacho que estaba con él era por quién quería vivir...
Nada era mejor que estar en un día especial con un chico especial.
Aquello y sólo aquello, era su felicidad.
El aire que respiraba ya no era el mismo de antes.
Existía un aura un poco más simple, más confiable, cómoda. Y con ello, el aroma de Atsushi se volvió cada vez más dulce.
