Capítulo 23- El tiempo vuela.

Después de su última velada juntos, volvieron a sus vidas normales sin ningún problema. Más despejados. Más felices, y sintiéndose más libres.

Pasaron dos meses, y ya estaban en febrero. El tiempo de verdad volaba...

Atsushi permaneció en su trabajo como siempre. Llegaba cansado, pero el saber que había alguien en casa que lo esperaba de verdad lo reconfortaba.
Era verdad que el trabajo era pesado, y de vez en cuando las horas extra y el cambio de horario le quitaban tiempo como Todomatsu, pero podía cargar con eso. Después de todo, Todomatsu no estaba aburriéndose en casa, sino que había tomado de nuevo la iniciativa con una nueva y más radiante sonrisa.

Comenzó a salir con sus amigos.

Había salido con Sacchi y Aida de compras por la plaza comercial. Y también había visto a sus hermanos. Fue al pachinko con Osomatsu y Karamatsu, fue a ver a Jyushimatsu jugar béisbol, fue con Choromatsu a comer con Chibita, y también había ido con Ichimatsu a caminar por ahí y platicaban un rato.

Era feliz así. Los últimos dos meses no estaban nada mal. Aunque, era posible que ellos no le hubieran dicho nada a sus padres y ellos no sabían que los cinco chicos estaban con él. Pero, estaba bien así.

Estaba con Atsushi y estaba bien.

Incluso Todomatsu consiguió un trabajo.
Estaba aburrido por las mañanas, tardes y noches sin Atsushi en casa, y decidió salir un día a conseguir trabajo. Sería genial tener algo en qué distraerse y en qué poder ser útil. No estaba mal. Así que, entre las tardes y noches cocinaba en un Yatai. No era necesariamente un trabajo cómodo, pero sí entretenido y la paga era buena. Era suficiente para lo que él pudiese pedir.

Cuando llegó el 14 de febrero, también lo pasaron bien. Fue un día muy bonito.

Todomatsu compró e hizo chocolate para Atsushi, e increíblemente aunque pensó que éste lo había olvidado, también le regaló unos cuantos chocolates.

Se correspondieron mutuamente aquel día. Nunca habían pasado aquella fecha juntos y había sido genial. Atsushi había invitado a Todomatsu a comer en un lugar muy bonito, y después fueron a pasear por toda la ciudad.

El clima los favoreció. Podían pensar quizá que desde que estaban juntos, no podían ver la luz del sol iluminar libremente los edificios y las calles de Tokio. Pero ya no era así. Después, poco a poco los árboles de cerezo fueron floreciendo, pintando de color rosa las calles con los pétalos caídos de las tiernas flores. Una tarde preciosa, como lo había querido siempre.

El olor y el sabor a chocolate con vino tinto los acompañó toda la noche.

El tiempo se iba como agua entre las manos, y pronto ya había pasado un mes y algunos días. Principios de marzo. ¿Cómo fue que llegaron ahí?

Cada vez que Todomatsu se dirigía al trabajo y tomaba su bolso con el llavero del conejo rosa que Atsushi le había regalado, desencadenaba viejos recuerdos. Tristes y felices. Pero sin duda alguna, no se permitiría olvidarlos.

Mientras estaba trabajando, pensaba.
Creía que debería visitar a Futsuumaru después de tanto tiempo y agradecerle por lo de hace meses atrás. De alguna manera sentía pena, pero, si no fuera por él, ahora sería incapaz de hacer algo tan simple como respirar. No habría podido ver a sus hermanos de nuevo, no hubiese podido sentir el cálido tacto de Atsushi una vez más, y sobre todo, no habría podido volver a sonreír...

Aquella tarde así lo decidió. Cuando salió del Yatai a su hora indicada, compró algunos bocadillos y dulces, y se dirigió a la casa de su amigo.

Cuando llegó tocó la puerta, y para suerte suya, sí estaba en casa.

Futsuumaru abrió la puerta con cuidado y al ver a Todomatsu se sorprendió.

— ¡Todomatsu! — exclamó. — Hola...

— ¡Hola, Futsuumaru! ¿Qué tal? — le extendió la mano.

Futsuumaru correspondió.

— Qué sorpresa verte.

— Perdón por llegar sin avisar.

— No te preocupes — negó con la cabeza, sonriendo.

— Perdón también por no haber venido antes después de la última vez. Estaba aún un poco confundido y lo olvidé. Lo siento — sonrió con nervios.

— Ya te digo que no pasa nada — también sonrió. — Anda, pasa.

Futsuumaru abrió la puerta y Todomatsu entró cuidadosamente, haciendo una reverencia antes.

— Gracias, con permiso.

Estando adentro se quitó los zapatos y se puso las pantuflas para invitados que estaban en el recibidor. Fue y se sentó en la sala como la última vez, sin deshacerse por ningún momento de su bolso.

Se sentía seguro en casa de su amigo.

Futsuumaru cerró la puerta y lo miró detenidamente sin borrar su suave sonrisa. Se enroscó uno de sus rizos y después fue a sentarse junto a su amigo también.

— Este... ¿Ha pasado algo?

— ¿Eh?

— Eh, no. Nada, olvídalo. No es como si esperara que pasara algo, de todas formas — rió.

— Ya veo — Todomatsu asintió.

— ¡Ah! Lo siento. No te he ofrecido nada... — se levantó. — ¿Quieres agua? ¿Té? ¿Jugo? ¿Café?

— Bueno... Creo que podría tomar una taza de té — dijo con pena.

— Está bien. ¡Iré a hacerla!

— Disculpa.

— No te preocupes — sonrió.

Después de un ratito, Futsuumaru regresó con dos tazas de té.

Charlaron un momento. Todomatsu inhaló y exhaló. Decidió que no daría tantas vueltas al asunto. Estaba ahí por una sola cosa: agradecerle.

— Futsuumaru, muchas gracias — hizo una reverencia, sin soltar la pequeña taza.

Futsuumaru se sorprendió.

— ¿Por qué? Todomatsu, ya te dije que...

— Lo sé — lo interrumpió. — Pero después de todo este tiempo sólo podía pensar en volver y agradecértelo. Lo que has hecho por mí y por Atsushi-kun. Gracias...

— Está bien — sonrió. — Por dos amigos tan importantes para mí como lo son ustedes, haría cualquier cosa.

— Gracias — sonrió. — ¡Ah! — recordó. — Toma — le extendió una caja que sacó de su bolso y otra cajita más pequeña. — Los traje para ti. No sabía qué te gustaba, así que...

— ¡Gracias! Ha pasado tiempo desde que recibí un regalo — se emocionó.

Todomatsu rió ante la actitud de su amigo.

— De nada...

— ¿Es un bentō? — preguntó al ver una de las pequeñas cajas.

— Eh, algo así — dijo. — Hace poco conseguí trabajo en un Yatai, así que lo que hice fue meter un montón de comida ahí. Espero que te guste. Y lo otro, es wagashi.

— ¡Ah, gracias! Acompañémoslos con el té.

— ¿Eh? ¡No! Son para ti.

— Ajá, son míos. ¿Puedo hacer lo que quiera con ellos, no? — sonrió. — Y quiero comerlos contigo.

Todomatsu se sonrojó de pena. Su amigo era demasiado amable. No recordaba haber hablado con una persona así, que no sea Atsushi. Comieron juntos y pronto se hizo noche.

— Todomatsu, ¿cómo marchan las cosas ahora?

— ¿Eh? ¿Con Atsushi-kun? Bastante bien. A veces no podemos estar juntos mucho tiempo, pero creo que mientras pueda estar con él, está bien. Ese es mi único deseo.

— ¿De verdad está bien? ¿Él cómo luce?

— Ah, ahora que lo mencionas, lo siento. Él está muy ocupado con el trabajo y no pudo venir hoy conmigo.

— No te preocupes por algo así.

— Y, bueno, él luce más animado. El trabajo lo cansa mucho, pero cuando está en casa tengo la sensación de que está en paz.

— Espero que sigan juntos. Me siento de verdad muy feliz por ustedes.

Todomatsu sonrió.

— Gracias.

— Ah, y, Todomatsu...

— ¿Sí?

— Bueno, no quiero que te sientas incómodo por lo de antes, por si acaso.

— ¿Eh? No. Al contrario. Por una parte es algo que no quiero recordar, pero, tampoco quiero olvidar lo que has hecho por mí. Gracias...

— No tienes que agradecerme. Yo sólo estaba muy asustado cuando te vi.

Todomatsu sonrió y exhaló con pesadez.

— A veces no me siento muy contento ni muy seguro, pero cuando miro el rostro de Atsushi-kun y veo salir el sol, de verdad creo que puedo seguir sosteniéndome. Ya no me da miedo caer — dijo sonriendo delicadamente.

— Es un paso adelante. En todo caso, puedes venir siempre conmigo...

— Te lo agradeceré eternamente — dijo de corazón.

Oscureció más y llegó el momento de volver a casa junto a Atsushi. Quizá ya estaba ahí, o quizá no. Pero lo único que quería era volver a su hogar.

¿Qué era esa sensación? Simplemente se sentía tan bien. De verdad quería sentirse así de despejado siempre.

Aunque, cuando la imagen de sus padres pasaba por sus párpados detrás de la oscuridad, su sonrisa desaparecía poco a poco.

— Cuídate, ¿bien? Gracias por los regalos.

— No fue nada.

— Iré a verte después. A ti y a Atsushi. ¿Bien?

— Gracias. Estaré feliz — sonrió.

Se despidieron.

Después de eso, Todomatsu tomó el camión y se dirigió a casa con Atsushi.

Cuando llegó, notó que al mismo tiempo que él, el auto iba entrando al garaje. Atsushi y él iban llegando al mismo tiempo. ¿Cómo fue que no se encontraron?

Todomatsu rió y encaminándose a la puerta esperó a Atsushi con una sonrisa. Éste último se sorprendió al verlo afuera.

— Hola — sonrió.

— Hola, Todomatsu — hizo lo mismo. — ¿Por qué estás afuera de la casa tan tarde? ¿No llegabas temprano hoy?

— Ah, sí. Pero después del trabajo fui a ver a Futsuumaru.

— ¿Fuutsumaru-kun? Oh...

Todomatsu asintió.

— Entremos — dijo el menor.

Atsushi se acercó con el maletín en mano y abrió con una pequeña llave de plata. Entraron.
Al llegar apenas a la sala, Atsushi se desplomó en el sofá con pesadez.

— ¿Cómo te fue hoy, Atsushi-kun?

Atsushi suspiró.

— Estuve la mayor parte del día estresado. Tratar de convivir con los gerentes arrogantes de otras empresas es complicado cuando intentas sonreír todo el tiempo.

Todomatsu sonrió.

— Bueno, pero ya estás aquí. Iré a prepararte una taza de té. Así podrás dormir mejor.

— Gracias...

Después de dirigirse a la cocina y preparar el té, Todomatsu regresó con dos tazas y las puso en la mesita de la sala con cuidado. Como aún estaban muy calientes, dejarían que se enfríen un poco.

Atsushi sonrió a modo de agradecimiento y Todomatsu le correspondió.
Después este último se dirigió hacia el sofá, a espaldas del mayor.

Atsushi lo miró con curiosidad y después lo ignoró, pensando que se había ido al segundo piso o a algún otro lado. Pero, sus pensamientos fueron interrumpidos por el suave tacto de unas manos que se colocaron firmemente en sus hombros, con delicadeza. Todomatsu comenzó a apretar un poco en esa área, tratando de no lastimar a Atsushi. Creyó que un poco de masaje le quitaría la tensión acumulada y lo ayudaría a relajarse.

— Ay, Todomatsu... — Atsushi rió un poco al sentir cosquillas al principio, pero después comenzó a relajarse.

— No te tenses. Necesitas descansar un poco. Tú sólo relájate — indicó Todomatsu.

Atsushi echó un poco su cabeza para atrás y cerró los ojos. Y Todomatsu continuó haciéndole masaje en los hombros.

Después de que logró relajarlo un poco, Todomatsu se sentó a un lado de él y le dio un beso en la mejilla. Atsushi sonrió y sus mejillas se tornaron de un tenue color rosa. Después retomó la energía.

— Iré a darme una ducha — dijo Atsushi.

— Está bien. Yo iré después de ti.

Una vez que los dos se acicalaron, durmieron juntos. Un nuevo día comenzó y todo siguió exactamente igual que siempre. Sin embargo...

Pasó el tiempo. Estaban probablemente a la mitad de mayo. La primavera pasaba lentamente y el vivo color de las flores seguía por las calles cubriendo gentilmente la ciudad, siendo bañadas por la luz del sol.

En la casa de los Matsuno las cosas habían estado marchando de lo más normal, aunque de vez en cuando Matsuzo soltaba uno que otro comentario refiriéndose al más pequeño y eso no sacaba más que mera disputa. Pero, las razones, los argumentos, y las conclusiones eran siempre las mismas...

No había problema. El tiempo volaba y el se encargaría de todo con esperanza y ayuda de las decisiones adecuadas, seguramente.

— Estoy aburrido. ¿Deberíamos salir con Totty hoy? — decía Osomatsu.

— No podemos hoy. Él trabaja hasta tarde — dijo Choromatsu.

— Ah, es verdad. Totty ha vuelto a tener un trabajo — dijo Jyushimatsu, estando en las nubes quizá. — ¿Qué se sentirá?

— Averígualo tú mismo — dijo Choromatsu dirigiéndole una mirada de reproche.

Jyushimatsu rió. Le causaba mucha gracia ver a su hermano mayor de aquella manera. Nadie dijo nada. Aunque, sus pensamientos eran interrumpidos por un melifluo sonido proveniente del techo. El sonido de la guitarra de Karamatsu siendo tocada por él con gentileza.

— ¡Bueno, my brothers! — decía Karamatsu, que los había estado escuchando desde afuera. Al parecer la conversación podía ser oída desde el tejado. — Creo que no nos queda de otra. Tendremos que quedarnos aquí y seguir respirando el aroma del cielo, junto al sunshine. ¡Vamos! Toquemos una canción todos jun...

— Jyushimatsu, cierra la ventana — interrumpió Ichimatsu.

Jyushimatsu obedeció.

— ¿Eh? ¿Brothers?

— De acuerdo, ¿entonces qué hacemos? — preguntó Choromatsu.

— ¿Pachinko? — sugirió Osomatsu.

— No, eso ya está muy quemado.

— ¿Eh?

Jyushimatsu rió.

— ¡Vamos al parque! — dijo el quinto.

— ¿Al parque? — exclamó Choromatsu. — Pero te perderás de nuevo jugando con los niños...

— ¡Cierto! — rió una vez más.

— ¿Qué piensas, Ichimatsu? — cuestionó Osomatsu.

— ¿Eh? — dijo el cuarto. — No estoy seguro. No creo que necesariamente debamos hacer algo. Caminar por ahí está bien — opinó Ichimatsu, mirando la patita del maneki-neko moverse de arriba a abajo.

— Hmm, qué aburrido… — exclamó Osomatsu con voz cantarina.

Todos guardaron silencio.

— Además, no podemos salir con Todomatsu más de todas formas — dijo Choromatsu. — Papá y mamá se dan cuenta, aunque no lo creas. Y eso molesta un poco a papá...

— ¿Y eso qué? — replicó Osomatsu. — Ya somos adultos, de todas formas.

— Osomatsu, sé que somos adultos, pero seguimos viviendo bajo su techo y si tienes un poco de vergüenza, al menos escucha lo que tienen que decirte, porque son nuestra autoridad aún — le dijo Choromatsu en un tono serio.

— Pff...

Choromatsu frunció el ceño ante la actitud de su hermano mayor.

— La otra vez escuché que dijeron que pasó lo peor, porque Todomatsu era quién podía mejorarnos — dijo Jyushimatsu. — El único que tenía posibilidades de dejar descendencia de esta familia — aclaró.

— Oh, claro. Ese es el problema. ¡Uno de los tantos jodidos problemas que hay! — dijo el mayor.

— Pero, finalmente logramos entendernos entre nosotros — se metió Ichimatsu. — Y eso ya es suficiente. Está bien así.

— Bueno, es así — el tercero sonrió.

Osomatsu asintió y después se le vino un recuerdo a la cabeza.

— ¡Ah, Jyushimatsu! — exclamó.

— ¡Ah! — se asustó. — S... ¿Sí, Osomatsu nii-san? — asintió Jyushimatsu.

— ¡Por cierto! ¿Habías dicho algo de ese Atsushi, no? — exclamó Osomatsu. — ¿¡Qué era!?

Ichimatsu hizo una mueca al ver cómo los ojos de Osomatsu se abrían mucho, y Choromatsu hizo un mohín también al mirar su pícara sonrisa, asustando a su quinto hermano.

— Eh... Este... Yo decía que me parecía haberlo visto en algún lado — sonrió de manera nerviosa.

— ¡Sí! Y no terminaste de decirlo.

— Bueno... Sólo pensaba que esa época era algo que no quisiéramos recordar — desvío su mirada a Ichimatsu — algunos...

Éste último desvió su mirada también.

— ¿Eh? Bueno, tuve el presentimiento de que lo vi alguna vez en... la escuela preparatoria...

— ¿Eh? — se metió Choromatsu. — ¿Cómo puede ser eso?

Osomatsu abrió mucho los ojos.

— Es que él — siguió diciendo Jyushimatsu —, ¿no era uno de los alumnos estrella?

— ¿Eh? — dijeron Osomatsu, Choromatsu e Ichimatsu al unísono.

— Bueno, quizá ustedes no lo notaron mucho, o quizá estoy equivocado, pero... — Jyushimatsu se sonrojó — ... yo era un poco rebelde en aquel entonces, y a veces podía verlo en la dirección del instituto — bajó el tono de la voz. — Él parecía ser muy apegado a los profesores.

— Pe... Pero, ¿Es Atsushi-san? — preguntó Choromatsu.

— ¿Él, en la misma preparatoria que nosotros? ¿Estás seguro? — cuestionó Osomatsu.

— Bueno, es lo más probable — Jyushimatsu se encogió de hombros. — Quizá me confundo porque el chico que recuerdo era más bajito, con el cabello menos claro y con la voz un poco más suave, pero el nombre definitivamente es el mismo. Atsushi.

Nadie tenía alguna forma de confirmar aquellos recuerdos, salvo Jyushimatsu, aunque en realidad jamás lo comentarían frente a Atsushi o Todomatsu, y todos lo sabían. Era sólo una suposición.

Ichimatsu intentó recordarlo, pero ningún recuerdo vago se cruzó.

— Ya veo — dijo Osomatsu. — Tenía curiosidad, pero no logro recordar nada — resopló con una sonrisa. — Además debe de haber cientos de Atsushis.

— ¿Totty recordará? — preguntó el quinto.

— Vete tú a saber — respondió el mayor. — Todomatsu es un caso perdido. Tenemos que hablar con él sobre muchas cosas, porque no logro entenderlo y porque no sabemos muchas cosas de él — sonrió con naturalidad.

Choromatsu sonrió.

— Aunque los últimos meses hemos podido verlo mucho, brothers — dijo Karamatsu, entrando naturalmente por la puerta de la habitación.

Todos lo miraron pero nadie dijo nada.

Osomatsu suspiró y los otros desviaron la mirada hacia el techo, ventana, suelo, o a cualquier otra cosa. Simplemente decidieron ver la televisión todos juntos en la sala.

Después de terminar película tras película, Jyushimatsu tuvo una idea y saltó de la emoción. Alarmó a todos, pero no parecía escuchar a nadie.

— ¡Tengo una idea! ¡Tengo una idea! ¡Tengo una idea! — Jyushimatsu saltaba de un sofá a otro, en el sillón, por toda la sala; contento y aplaudiendo varias veces.

— ¡Jyushimatsu, nos asustas! — lo regañó Osomatsu.

— ¿Qué se te vino de repente? — preguntó Karamatsu con su voz suave.

Choromatsu e Ichimatsu lo miraron con los ojos entrecerrados, esperando escuchar cualquier barbaridad.

— ¡Ya casi es nuestro cumpleaños! ¿No? ¡Eso significa que también es el cumpleaños de Totty! — exclamó Jyushimatsu con felicidad.

— Sí, pero eso... — decía Choromatsu.

— ¡Qué rápido! Cumpliremos veintiún años. Me siento viejo — dijo Osomatsu cerrando los ojos con una sonrisa torcida.

— Lo olvidé por completo — admitió Karamatsu.

— ¿Y entonces? — preguntó Ichimatsu.

— ¡¿Eh?! ¿Cómo que "y entonces"? Hermano, ¡es una gran oportunidad para ver a Totty! — dijo Jyushimatsu. — Podemos organizar algo en grande.

— Lo hemos visto mucho los últimos meses — comentó Osomatsu —, pero hacer algo así como una fiesta no está mal. ¡Bebamos juntos! — se emocionó también.

Jyushimatsu asintió contento.

— Suena genial, pero... — Choromatsu sonrió, pero poco a poco el color de sus mejillas se fue. — ¿Con qué dinero?

Todos callaron.

— Emm, bueno, eso... — Jyushimatsu pensaba en algo que decir con una sonrisa, pero ninguna idea se le vino a la mente.

— Se acabó — balbuceó Ichimatsu.

— S... Sí. De todas formas, ¡nosotros no celebramos mucho nuestros cumpleaños, brothers! — el segundo intentó convencerse de ello.

— ¿¡Eh!? ¡No echen a perder la emoción! Tenemos mucho dinero — rió Osomatsu.

— ¿De qué estás hablando? — dijo Choromatsu. — Todos estamos jodidos.

— No realmente — Osomatsu mantenía su sonrisa pícara.

— ¿Por qué lo dices, Osomatsu nii-san? — preguntó Jyushimatsu.

— ¿Eh? ¿En serio no lo saben? — decía como si fuera lo más obvio del mundo. — ¿No se dan cuenta?

— Pues la verdad es que no — se apresuró a decir Ichimatsu.

— Tenemos lo necesario y lo suficiente — aclaró Osomatsu. — ¡Sólo debemos llamar a Todomatsu!

— Pero, por eso dinos — dijo Karamatsu. — ¿Qué estás pensando?

— ¿No es obvio? — Osomatsu habló. — Ese Atsushi tiene mucho dinero — sonrió. — Le pediremos un poco y organizáremos algo para Todomatsu. Y para nosotros también — rió.

Todos lo miraron perplejos.

— ¿¡Eh!? — exclamaron al unísono.

— Al menos ten algo de vergüenza — dijo Ichimatsu entre dientes.

— ¡Ni hablar! De ninguna manera — exclamó Choromatsu. — ¡No podemos hacer algo así!

— Pero, brother... — balbuceó el segundo.

— Hermano — opinó Jyushimatsu —, no creo que eso esté bien.

— ¿Eh? ¿De qué hablan? — se defendió Osomatsu. — ¡No se hagan los mensos! Ese sujeto tiene un montón de dinero. Luego luego se le ve. Lo poco que lo hemos visto hemos podido estar seguros de eso. ¿Qué acaso no recuerdan su bonito auto, o su ropa de marca y de buena calidad? Seguramente tiene un buen empleo. ¡No sean mensos! — repitió. — No hace falta ser muy observador. En realidad en un principio pensé que Todomatsu había comenzado a andar con él por el dinero, pero...

— ¡Osomatsu nii-san! — Choromatsu lo interrumpió. El mencionado se sorprendió un poco y se calló. Aquella era una de las pocas veces en las que Choromatsu lo llamaba "nii-san".

— ¿Ese es tu plan? — preguntó Karamatsu. — ¿De verdad?

— Bueno, ¿por qué no? — Osomatsu sonrió de manera pícara, con sus mejillas coloradas.

— Uff, ¿qué se le puede hacer? — dijo Ichimatsu. — Hagámoslo.

— ¿¡Eh!? — exclamó Choromatsu. — ¡Ichimatsu! No podemos.

— ¡Muy bien, Ichimacchan! Sabía que tú pensabas como yo — Osomatsu lo abrazó.

— Ah... ¿Lo haremos, eh? — dijo Karamatsu intentando sonreír, colocándose de manera coqueta sus lentes oscuros. — Muy bien.

— ¡Lo haremos entonces! — Jyushimatsu agitó sus manos en el aire y comenzó a aplaudir. — ¡Fiesta de cumpleaños! ¡Fiesta de cumpleaños! ¡Fiesta de cumpleaños!

— ¡De acuerdo! Hagamos una llamada — Osomatsu corrió por el teléfono.

— Oigan, espe... ¿Eh? Ustedes... — Choromatsu tartamudeaba. — De... ¿De verdad lo harán?

— Ya dijimos que sí. No seas aguafiestas y ven — le indicó el mayor.

Choromatsu meneó la cabeza varias veces y después de poner los ojos en blanco y quejarse una vez más, fue para allá junto a los otros. No había opción.

— Qué vergüenza — insistía Choromatsu al ver a Osomatsu sostener el teléfono colocándoselo en la oreja, esperando a que alguien contestara. — Me gustaría no involucrarme con ustedes, pero... nacimos el mismo día después de todo — decía muy bajito.

Ichimatsu rió.

— Así es, brother. Y deberás pasar tu cumpleaños con todos nosotros, ya que es el nuestro también — Karamatsu le puso una mano en el hombro.

Choromatsu suspiró rendido.

Al final, alguien contestó la llamada.

— ¿Hola? — era la suave voz de Todomatsu.

— ¡Totty! ¡Hola! ¿No estamos molestando, cierto?

— H-Hola... Osomatsu nii-san. No, claro que no. ¿Qué tal estás?

— ¡De maravilla! Oye, Totty. ¿Tú ya tienes algo planeado para la semana que viene?

— ¿Eh? No. ¿Por qué?

— ¿¡Eh!? Qué extraño, ¡pero es perfecto! — decía muy emocionado. — Hemos tenido una gran idea.

— ¿Qué cosa?

— Ugh, ¡eres igual que los otros! ¿No se te ocurre nada?

— Bueno...

— ¡En una semana será nuestro cumpleaños!

Todomatsu sonrió. Estaba sentando en el sofá frente al televisor cómodamente; era su día libre. Atsushi no estaba con él.

— Ya veo. ¿Qué fue lo que pensaron? — tenía curiosidad, y escuchar a su hermano mayor lo emocionaba.

— ¡Una fiesta de cumpleaños!

Todos se quedaron escuchando cuidadosamente. Todomatsu suspiró.

— Osomatsu nii-san, no puedo volver a casa todavía.

— Lo sé, lo sé. Pero ese no es un problema ahora, porque nosotros iremos a la que ahora es tu casa — sonrió.

Todomatsu quedó en shock ante aquel comentario y los demás hermanos también. De hecho ni siquiera ellos sabían qué iban a hacer y mucho menos pensaron en que Osomatsu decidiría todo.

— ¿Eh? — balbuceó Todomatsu, todavía con una sonrisa incómoda que no se borraba de su rostro.

— ¿Qué? — preguntó Osomatsu a la defensiva.

— ¿Ustedes? — hizo una pequeña pausa para después seguir. — ¿Vendrán a la casa de Atsushi-kun?

— ¿Por qué no podríamos? — Osomatsu se quedó pensando. — ¡Oh! ¿Acaso crees que no querrá dejarnos pasar?

— No, no es eso, pero...

— Olvídalo — dijo Choromatsu poniendo una mano sobre el brazo de Osomatsu.

— ¡No te metas! — Osomatsu empujó al tercero agresivamente. — Totty, ¿me escuchas? Creo que te parece un poco extraño. ¿Pero qué tiene de malo?

— No tiene nada de malo — se apresuró a decir Todomatsu —, pero Atsushi-kun no está acostumbrado a tener a tantas personas en casa, y yo no puedo hacer mucho, así que...

— ¡Deja que nosotros le preguntemos a él!

— ¿¡Eh!? — se sonrojó. — Osomatsu nii-san... ¿Por qué el alboroto con eso?

— ¡Fue idea mía! — Jyushimatsu se metió a la conversación, que estaba muy pegadito al teléfono.

— ¡Jyushimatsu nii-san! — se asombró Todomatsu. — ¿Todos están escuchándome?

— Así es, brother — contestó el segundo, con el océano que tenía por voz.

— Igual que siempre — se unió Ichimatsu.

Choromatsu permaneció callado.

— Bueno, yo... — Todomatsu no hallaba algunas palabras exactas para ofrecerle a sus hermanos. — Atsushi-kun no piensa nada malo de ustedes, pero creo que deberé confirmar si está libre ese día.

— ¿Eh? ¿¡De verdad!? — dijo Osomatsu.

— ¡Qué bien! ¡Fiesta! — se escuchaba decir a Jyushimatsu al fondo.

— Sí — Todomatsu asintió aunque no podían verle.

— Totty, sé que no hemos podido convivir tanto como se debe casi por un año entero, pero con esto podemos revivir algún recuerdo divertido como en aquel entonces — comentó el primero.

— No te preocupes, nii-san. Entiendo, es sólo que me parece extraño. ¿Ustedes ya no tienen ningún pensamiento extraño sobre Atsushi-kun?

— ¿Eh? Bueno, claro que no — aclaró. — Para ser sinceros, queremos conocerlo mejor. Queremos saber más acerca de ti y tratar de comprender nuestro alrededor, y de porqué todo se volvió así.

Los demás hermanos guardaron silencio junto algunos asentimientos. Era instinto de sextillizos seguramente, porque todos pensaban lo mismo.

— Osomatsu nii-san...

— ¡No te preocupes, Totty! — habló Karamatsu al teléfono, siendo positivo como siempre.

— Confía en nosotros una vez más — dijo Ichimatsu con una tierna sonrisa, dejando que un suave color carmín pintara sus pálidas mejillas.

— Queremos volver a convivir un poco — dijo Osomatsu. — No me importa si te sientes avergonzado de mí, pero yo quiero conocer a tu pareja. ¿Está bien? Incuso si no eres capaz de venir aquí con él, presentarlo y comer en la mesa con papá, mamá y nosotros, ¡nosotros iremos allá y veremos qué tan buena persona es, tal y como tú dices! Y, lo siento por todo lo que dije antes. Totty, tú no eres desagradable — se sonrojó.

Todomatsu quedó perplejo.
¡Su hermano mayor era tan malditamente dulce a veces! Todomatsu meneó la cabeza bajando el volumen de la plasma y soltó una risita.

— Imagina que somos una segunda familia mucho más cálida — dijo Choromatsu, uniéndose tranquilamente a la conversación. — Por favor…

— ¡Danos una oportunidad de conocer mejor a Atsushi-san! Después de todo, se convertirá en nuestra familia — dijo Jyushimatsu, sonriendo como siempre.

Todomatsu rió de manera tierna sin ninguna intención de burlarse de sus hermanos y acercó más el teléfono a su oído.

— Está bien, está bien — sonreía. — No se preocupen, hermanos. Gracias por decirme de todo esto. Voy a comentarlo con Atsushi-kun.

— ¡Gracias, Totty! — dijeron todos al unísono.

— Ah, pero, ¿qué haremos exactamente y qué compráremos?

— Lo comprarás tú — dijo Osomatsu riendo.

— ¿¡Eh!? Oye, ¡no es justo!

— ¡Todomatsu! Atsushi tiene un montón de dinero, y nosotros ni un centavo. ¡Puedes encargarte de esto! — decía con una voz tierna, a pesar de ser el mayor. — Por favor.

Choromatsu se dio una palmada en la frente, avergonzado de la situación y de su hermano mayor. Los demás sólo escuchaban.

Todomatsu hizo un puchero.

— Pero, aprovecharme de Atsushi-kun sería...

— No lo estás haciendo, Todomatsu — decía el mayor. — Es una fiesta de cumpleaños. Nosotros no haremos mucho monetariamente, pero estaremos ahí para divertirnos y pasarla bien contigo.

"Nosotros no haremos nada", pensó Ichimatsu sin poder evitar esbozar una sonrisa juguetona.

Todomatsu infló los cachetes como señal de su enojo o berrinche, y asintió.

— Le diré a Atsushi-kun.

— ¡Gracias, Totty! — dijo Osomatsu muy risueño.

Todos agradecieron y se despidieron de Todomatsu.

Éste se preguntaba sinceramente si Atsushi se acordaba de su cumpleaños. Esperaba que si lo hacía, no tuviese algo planeado y tuviera que echarle a perder sus planes. Con algo de suerte y podría decirle con total calma.

Por otra parte, con lo de los gastos, de ninguna manera pensaba pedirle nada de dinero, porque no quería sentir realmente que se estuviera aprovechando de él. En cuanto habló con Osomatsu, pensó en que él mismo pagaría lo que pudiera con el sueldo de su nuevo trabajo, que no era mucho pero tampoco era poco. También, le daba algo de nervios tener que presentar a Atsushi con sus hermanos y viceversa.

¿Qué pasaría? ¿De qué hablarían?

Y sólo faltaba una semana para aquel día. Pero, no podía negar que la idea le emocionaba bastante. Una ligera sensación de cosquilleo le invadió el estómago.

Por otra parte, Atsushi sí se acordaba del cumpleaños del menor, por supuesto. Después de aquel juego de preguntas que habían jugado hace varios meses ya durante aquellos días libres, fue incapaz de olvidarlo.

Jamás lo olvidaría, y estaba esperando por esa fecha.
No sabía exactamente qué le regalaría, o qué haría, pero quería que fuera especial para él.

Aquella tarde salió más temprano de su oficina. El edificio comenzaba a recibir la luz amarillenta del sol que acostumbraba emanar por las tardes, reflejándola en la ciudad.

Condujo hasta su casa y cuando llegó saludó a Todomatsu con ternura, como siempre al llegar. Después de que éste tomara un baño y ambos cenaran juntos, Atsushi se sentó un rato en el sillón rojo de la sala a leer un poco.

Todomatsu lo miraba con dedicación. No sabía por qué ver a Atsushi le hacía sentir tan feliz.
Las personas eran simples, y podían ponerse felices tan sólo con ver a alguien.

Después de que caviló por un buen ratito, se aproximó a él y se paró a su lado. Debía decirle cuanto antes sobre la fiesta que sus hermanos llevaban organizando desde quién sabe cuándo.

Una sonrisa se dibujó en sus labios, porque sin darse cuenta, ya estaba esperando muy ansioso su cumpleaños.

El mayor lo volteó a ver, y él acercándose más con mucha emoción como un niño pequeño, le sonrió de nuevo, como quién está a punto de contarle una buena anécdota a un muy buen amigo.

— Oye, Atsushi-kun...