Capítulo 24- Veinticuatro de mayo.
Atsushi lo miró con serenidad.
— Dime, Todomatsu.
— Bueno, hoy mis hermanos me llamaron.
— ¿Ah, sí? — le pareció que Todomatsu se comportaba extraño. Tal vez era porque estaba emocionado por algo, o así parecía ser. — ¿Y qué te dijeron?
— Bueno, es que... Eh... No quiero tener que echar a perder algo. Digo, si es que tenías algo planeado — dijo aún parado a un lado del mayor.
— ¿Por qué luces nervioso? — Atsushi soltó una risita con ternura. — Dime lo que quieras.
Todomatsu asintió.
— Quizá no lo recuerdes, pero, en una semana será mi cumpleaños — dijo sonrojándose.
Atsushi sonrió y dio unas palmaditas al sofá justo al lado de él, indicándole a Todomatsu que se sentara junto a él. Y así lo hizo; Todomatsu se sentó.
Atsushi se acercó al rostro de Todomatsu, muy cerquita. Lo miró con cariño y con gracia.
— ¿Cómo crees que podría olvidarme de tu cumpleaños, Todomatsu?
Todomatsu al tener a Atsushi tan cerca suyo se encogió de hombros con nerviosismo. Por más que lo conociera, su imponente alma le hacía erizar su piel. Se encogió y sonrió; le causó gracia que aún lo intimidara un poco.
— Sólo era una posibilidad...
— Bueno, vamos, que no se me puede olvidar por nada — sonrió y se alejó lentamente. — ¿Y qué sucede? ¿Quieres algo especial ese día? — lo miró con ternura. — Puedo hacer lo que quieras por ti.
— Bueno — sonrió —, en realidad no es tanto como... pedir algo físico.
— ¿Y entonces? — frunció el ceño confundido.
— Bueno, en realidad es una petición — se corrigió —, o algo así. No lo sé.
Atsushi miró a Todomatsu y no pudo evitar reírse. Éste último sólo lo miró confundido, sin apartar la mirada.
— Lo siento — dijo Atsushi. — Es sólo que, te ves demasiado nervioso. ¿Sucedió algo malo? Incluso si es algo así, puedo ayudarte con lo que sea.
— No te rías — dijo colorado. — Tú me pones nervioso.
— ¿Yo? — miró al menor y éste asintió. Atsushi retomó su postura. — Bueno, dime qué es lo que quieres, o... lo que sea que sucede.
Todomatsu carraspeó.
— Pues lo que pasa es que Osomatsu, mi hermano mayor, me llamó hoy para decirme que — se lo pensó bien —, bueno...
Todomatsu se comenzó a retorcer los dedos. Sabía que Atsushi era muy social, pues asistía seguido a reuniones de trabajo, había salido a citas grupales, era popular entre las chicas, y caminaba por las calles con facilidad y confianza, pero algo le decía que quizá él podría sentirse incómodo con sus hermanos ahí.
— Oh, creo que sé lo que vas a decir — Atsushi sonrió delicadamente.
— ¿De verdad?
— Eso creo. ¿Irás ese día a pasarlo con tus hermanos, cierto? Está bien. Yo entiendo que tú quieras...
— No — Lo interrumpió. — No es eso. Si fuera eso te lo hubiera dicho sin rodeo, quizá.
— ¿Eh?
— ¡Ay! Es que me parece extraño pedírtelo, pero después de todo, después de tanto tiempo tendría que pasar — infló sus mejillas.
— ¿Qué podrá ser? — rió.
Todomatsu asintió decidido.
— Como mis hermanos y yo nacimos el mismo día, es más que normal para nosotros pasar ese día juntos, pero yo quiero estar también contigo, así que — tomó aire —, mis hermanos tuvieron la brillante idea de venir... aquí.
Atsushi abrió mucho los ojos.
— ¿Ellos? ¿Aquí?
— Sí — asintió con una sonrisa torcida. — Quieren hacer una fiesta de cumpleaños aquí en tu casa, Atsushi-kun. Quieren conocerte — se ruborizó. — Están muy emocionados por organizar todo y venir aquí. No será nada en grande, sólo son ellos, pero entiendo que quizá sea una molestia para ti porque seguro estarás muy ocupado. Ellos insistieron en que yo te lo dijera, aunque estuve dudando. Es extraño para ti, ¿verdad? No te preocupes, no tienen por qué venir si no quieres o no se puede. Así que...
Atsushi se quedó pensándolo unos segundos y después asintió tranquilamente con una sonrisa.
— Está bien. Creo que sería genial si vinieran — dijo.
— De... ¿De verdad?
— Sí. He hablado con ellos algunas veces, aunque no he podido conocerlos muy bien.
— Ah, sí. Bueno, ellos son... — se rascó la nuca. — Ya sabes, son muy extraños. Cuando los veas te vas a confundir y quizá hasta te desesperes.
— No te preocupes — rió. — Seguramente será divertido conocerlos.
Todomatsu asintió rápidamente, satisfecho y ya tranquilo.
— Gracias, les diré mañana que hablé contigo.
— De acuerdo — Atsushi asintió. — Seguramente será una velada interesante — sonrió de lado.
— Eso espero — dijo aún con sus mejillas pintadas de color rosa.
Atsushi dejó a un lado el libro que tenía entre las manos, bostezó y se estiró.
— ¿No tienes problemas con eso, verdad? Ya que, eres tú quien lo pide.
— No — meneó la cabeza. — Quiero que conozcas más a mis hermanos y que ellos te conozcan mucho más a ti...
— Entiendo — suspiró.
Hubo un ratito de silencio.
— Atsushi-kun, ¿el trabajo está siendo muy pesado?
— Así suele ser — dijo. Volteó a ver a Todomatsu y notó que éste estaba con un rostro ahora un poco preocupado. Sonrió con amabilidad y puso una de sus manos sobre la cabeza de Todomatsu acariciando su cabello. — Pero tranquilo. No es nada que no pueda sobrellevar — lo tranquilizó. — Más importante, ¿cómo te va con tu nuevo trabajo?
— Bastante bien. No es molesto y el horario me agrada.
Como de costumbre hablaron un rato más hasta que cayó la noche. Estaban en el sofá viendo la televisión y después de ello terminaron adormilados, y fueron a la cama. Ya que, minutos antes Todomatsu se encontraba dormido sobre el regazo de Atsushi, tenía la cara de un bonito tono rojizo estando adormilado. Durmieron.
Por la madrugada el sol ni siquiera había alcanzado a salir y Atsushi ya se encaminaba a su trabajo. Todomatsu trabajaría casi hasta la noche, así que se levantó más tarde. Atsushi llegó al edificio de oficinas y una vez más comenzó su jornada habitual.
9:00 am.
Todomatsu decidió llamar a sus hermanos. Estaba muy emocionado por la respuesta de Atsushi hacia su petición y la de sus hermanos, sobre todo.
Tomó su celular y marcó. Nadie contestaba.
Marcó una vez más y la línea se perdía en el silencio incómodamente. Una vez más marcó y la voz ronca de uno de sus hermanos finalmente le contestó.
— ¿Quién es? — preguntó soñoliento. — Todavía es temprano. ¿No le importaría llamar más tarde?
— Son poco ya más de las nueve, Karamatsu nii-san. No es tan temprano — Todomatsu rió ante la voz adormilada y neutra de su hermano.
— To... ¿Totty? Vaya, qué sorpresa. ¿Qué sucede? — dijo, endulzando su voz de manera natural.
— ¿Siguen todos dormidos?
— Bueno, todos menos Jyushimatsu...
— Oh, bueno. Supongo que después de todo deberé llamar más tarde — rió.
— ¡Para nada! Ahora mismo vienen — dijo. — ¿Hay algo importante que quieras decirnos?
— Mhm — hizo un sonido afirmativo. — Son buenas noticias, pronto lo sabrán.
Karamatsu fue a la habitación donde estaban el resto de sus hermanos, cuidadosamente, y les dijo que Todomatsu estaba en la línea esperando. Ellos se abalanzaron contra él y le quitaron el teléfono enseguida. Solamente se quedó mirando un poco distante, con sus gruesas cejas fruncidas.
— ¿Totty? ¿Hola? — hablaba Osomatsu con su carismática voz, aunque aún un poco ronca.
— ¿Todomatsu? — se pegó ahora Choromatsu al teléfono junto al mayor. — ¿Por qué llamas tan temprano? ¿Sucedió algo?
Todomatsu rió al escucharlos.
— ¿Totty? — se unió Jyushimatsu.
Ichimatsu como siempre, se mantuvo alejado; confiaba en Todomatsu. No estaba en el mismo rincón que Karamatsu.
— En primer lugar, nii-san — aclaró Todomatsu desde el otro lado de la línea —, no es tan temprano. Y en segundo, no ha pasado nada malo, así que despreocúpate.
— ¿Entonces? — preguntó Choromatsu.
— ¡Todomatsu! — exclamó Osomatsu. — ¿Vas a decirnos qué pasó sobre...?
— Sé a qué vas — lo interrumpió Todomatsu con gracia. — Sobre la propuesta del cumpleaños, ¿verdad? — al percibir el silencio supo que sus hermanos esperaban por una respuesta y continuó. — Atsushi-kun aceptó — dijo sonriendo.
— ¿¡De verdad!? — Osomatsu y Choromatsu exclamaron al unísono.
— ¡Qué emoción! — canturreaba Jyushimatsu.
— Así que, este fin de semana será... interesante — dijo el sexto.
— ¡Hm! No puedo esperar. Esa tarde será única, ¿no es así, brothers? — preguntó Karamatsu con una sonrisa seductora. Nadie le contestó.
Ichimatsu se acercó al teléfono.
— Totty, está bien, ¿verdad? — trató de reafirmar el cuarto.
— Sí, Ichimatsu nii-san. Atsushi-kun se veía bien anoche cuando hablamos de ello. Creo que también quiere hablar con ustedes — dijo Todomatsu.
— Ay, qué pena... — susurró Choromatsu, nervioso. — Hablar con... ya sabes, Atsushi-san... ¿Después de tantas cosas que han sucedido? — se puso colorado.
— Confío en ustedes — Todomatsu sonrió. — ¡Ah! ¿Y qué sigue? ¿Se comprará algo en especial?
— Bueno... Tenemos en mente unas cosas — le dijo Osomatsu, riendo. — Pero, será mejor que tú también compres varias cosas.
Todomatsu infló las mejillas.
— Osomatsu nii-san, no vayas a hacer algo raro.
— ¿Eh? ¿No confías en tu onii-chan? — rió burlonamente.
— No es eso. Es que... Bueno, no lo sé. Nunca he sabido realmente si alguien además de mí ha entrado en la casa de Atsushi-kun, así que...
— ¡Entendido! Habláremos más tarde, Totty. Concentrémonos en lo demás por ahora.
Todomatsu asintió. Estaba a punto de colgar y despedirse, cuando de repente tuvo una idea.
— Osomatsu nii-san, haré una llamada a un amigo — no estaba pidiéndole permiso necesariamente, pero sentía que debía decirle. — Es importante para mí, así que, si me lo permiten...
— Haz lo que quieras — dijo Osomatsu amistosamente.
Colgó. Todomatsu marcó a otro número y enseguida la persona que esperaba contestó:
— ¿Hola?
— Hola, Futsuumaru.
— Todomatsu, no ha pasado mucho tiempo que digamos — rió. — ¿Qué tal todo?
— Bien todo por acá. Bueno, llamé para pedirte algo. Sólo si quieres.
— ¿Qué sucede?
Todomatsu sonrió y respiró hondo.
— ¡Ven a casa de Atsushi-kun conmigo y con él, este fin de semana por favor!
— ¿Eh? ¿A qué se debe? Digo, no es que no pueda, pero...
— ¿Vendrás? — al no escuchar respuesta de su amigo, continuó. — Pronto será mi cumpleaños, y quiero que vengas para poder pasarlo todos juntos. Mis hermanos también estarán ahí. Será una pequeña reunión para celebrar seis cumpleaños a la vez.
— ¿Tus hermanos, Todomatsu? — se sorprendió.
— Ajá.
Futsuumaru asintió.
— De acuerdo, iré.
— ¡Wah, qué alegría! Te daré los detalles pronto — dijo muy contento.
— Esperaré.
Se despidieron y colgaron.
La semana suele pasarse más rápido de lo que uno realmente cree, y el fin de semana estaba a tan sólo tres días.
Todomatsu después de su trabajo por la noche se desvió a la plaza comercial para comprar algunas cosas. Por suerte aún tenía algo de su sueldo en el bolsillo.
Compró algunos dulces y, además fue a una pastelería, a la cual volvería muy pronto. No estuvo viendo muy a menudo a Atsushi ya que él estuvo doblando horas en su oficina, y bueno, él no estaba desde temprano en casa. Tampoco vio a Futsuumaru o a sus hermanos; esperarían hasta el día acordado.
Los hermanos Matsuno se aseguraron de no comentar nada con sus padres. No tenía nada de malo, pero nunca se sabría cómo algo, quizá malo, podría resultar de ello. Estuvieron estableciendo el horario una y otra vez. Osomatsu especialmente estaba muy emocionado, al igual que Karamatsu y Jyushimatsu, pero a Choromatsu y a Ichimatsu se les veía un poco preocupados, o apenados tal vez.
22 de mayo, 6:10 pm.
— Bien, muchachos — decía Osomatsu. — ¡Iremos a casa de Todomatsu y ese tipo y la pasaremos al máximo!
— Todomatsu y Atsushi-san — corrigió Ichimatsu tranquilamente.
— Además esa no es la casa de Todomatsu — comentó Choromatsu.
— ¡Por ahora lo es! — se apresuró a decir Osomatsu. — ¿Entonces qué? ¿Iremos con tranquilidad y nos presentaremos como es debido? — alentó.
— Así debe ser — dijo Karamatsu acomodándose sus gafas oscuras.
— ¡Nii-san! ¿No llevaremos nada? — preguntó Jyushimatsu.
Todos voltearon a ver al mayor, dudosos.
— Hmm... — pensaba Osomatsu. — Ya veremos eso mañana — sonrió.
Siguió pasando la tarde y al día siguiente siguieron con cuidado con todo. Era sólo una pequeña reunión después de todo, ¿no?
Todomatsu siguió yendo a su trabajo al igual que Atsushi. Cuando llegó por la tarde a casa, para su sorpresa se encontró con él.
23 de mayo, 7:40 pm.
Simplemente Todomatsu llegó a su casa, cargado con una enorme caja color blanco, subiendo las escaleras con mucho cuidado. Atsushi lo miró y rió al verlo caminar tan cautelosamente, pero no dijo nada. Todomatsu metió la caja al refrigerador y cuando caminó hacia la sala, encontró a Atsushi ahí sentado en el sofá, casi a oscuras.
— ¡Oh! At... Atsushi-kun — dijo sorprendido. — Qué sorpresa. No sabía que estabas aquí...
— Salí temprano de la oficina — sonrió.
Todomatsu dejó a un lado del sofá su mochila, de donde aún colgaba su llavero de conejo rosa. Se desplomó en el sofá a un lado de Atsushi y suspiró. Se sentía muy cansado.
— Estoy feliz de estar en casa finalmente — dijo acurrucándose entre los cojines.
— Sí, finalmente — dijo el mayor. Guardó silencio un ratito y después habló. — ¿Estás listo para mañana?
— ¿Hm? — lo miró. — Algo así. Me inquieta qué puedan hacer mis hermanos aquí — soltó una risita.
— ¿De qué son capaces? — rió y luego suspiró, aflojándose la corbata. — Se ven buenos chicos.
— ¿Sabes quién es quién?
— Eso creo. Me has hablado lo suficiente de ellos, más las pocas veces que los he visto. Creo que puedo saber quién es quién.
— Ya veo. Un peso menos — sonrió.
— ¿Crees que soy muy...?
— ¿Eh?
— No, nada. No sé qué es lo que digo.
— Dímelo, Atsushi-kun.
— No lo sé. Hace tanto que no hay tantas personas en casa. ¿Crees que se sientan cómodos aquí?
— Creo que...
— ¿O de qué querrán hablar? Quizá les parezca extraño hablar con alguien tan... ¿despampanante? No lo sé. Después de todas las ideas que se hicieron de mí aquel día en el hospital mientras esperábamos para verte, no sé qué puedan pensar de mí. No soy muy difícil de tratar, ¿verdad?
— ¿Qué cosas dices, Atsushi-kun?
— Bueno, constantemente trato a mucha gente en la oficina, empresas o cualquier parte, pero, me da una sensación de déjà vu cuando pienso en que estarán aquí junto a ti, conmigo, y Futsuumaru-kun. No es nada extraño para mí, pero no sé. He estado pensando sobre mañana desde hace días, ¿sabes? ¿Crees que me ven como alguien no confiable? ¿O acaso...?
— Atsushi-kun, hoy estás muy parlanchín — rió. — Todo estará bien.
Los ojos de Atsushi retomaron su brillo.
— Lo siento, no estaba siendo yo mismo. Es sólo que, bueno, yo ya te conté sobre mí, ¿verdad? Hace tanto que no siento esta sensación de calidez. Me lleno de melancolía, Todomatsu.
Todomatsu sonrió y sujetó las manos frías de Atsushi. Se acercó tiernamente con él y pegó su cabeza en su pecho, después de besar su frente.
— Mira, Atsushi-kun. Mis hermanos son tontos, no piensan bien las cosas. Perjudican la mayoría de las veces y necesitas repetirles las cosas para que logren entender, aunque sea lo más obvio del mundo. Se alteran muy fácil, son ruidosos, son nefelibatos y se ríen de cualquier cosa — hizo una pausa. — Pero, están ahí para mí siempre que los necesito. Atsushi-kun, estoy seguro de que lo harán contigo también...
Atsushi asintió.
— ¿Eso crees?
— Así es — afirmó Todomatsu. — No deberías esperar mucho en realidad — dijo separándose de él y torciendo la boca —, pero, así es como son. Ellos quieren verte más a ti que a mí, seguramente. Así que tú sigue como siempre… — sonrió.
Atsushi se sintió más ligero y terminó por quitarse la corbata por completo.
— De acuerdo. Así es como debe ser — dijo sin más.
Todomatsu rió.
— Ahora que lo pienso, me pregunto cómo se sentirá Futsuumaru. Nunca le he presentado a mis hermanos tampoco — rió. — Creo que apenas sabe que tengo hermanos — dijo de forma graciosa.
— Bueno, mejor preocupémonos por eso — rió.
Hablaron un rato más, y después fueron a la habitación.
— Atsushi-kun, ¿sigues terminando asuntos con el trabajo? — preguntó al ver al mayor escribiendo varias cosas en unos documentos por su pc.
— Son sólo cosas breves — dejó todo y se puso a leer un rato alguno de sus libros.
8:00 pm.
— ¿Estarás aquí mañana cuando mis hermanos lleguen?
— Claro que sí, aunque antes debo encargarme de otra cosa.
— ¿Te desviarás después de la oficina?
— No te preocupes, Todomatsu. Llegaré a tiempo — sonrió. — En serio, no te preocupes por mí. Recuerda lo más importante de todo: mañana es tu cumpleaños.
— Sí, es verdad — sonrió.
— Bueno, será mejor que descansemos. Aún mañana tenemos cosas que hacer — sonrió —, Totty.
— ¿¡To...!? ¡Atsushi-kun! — su rostro se puso rojo.
Atsushi rió. Apagó la luz y se acurrucó, dándole la espalda a Todomatsu.
— Descansa.
El menor se quedó sentado en la cama en medio de la oscuridad, sin nada que decir con la cara colorada y la vista perdida al frente. Miró la silueta de Atsushi y sólo sonrió.
— Tú también descansa, Atsushi-kun — se dejó caer contra el colchón.
Apagaron la luz y los dos durmieron.
24 de mayo, 8:00 am.
Todomatsu despertó y caminó despacio hacia la sala, bajando las escaleras lentamente. Atsushi no estaba.
Le pareció extraño, ya que se supone que él saldría de la casa más tarde. Se fue a fijar a la cochera, y efectivamente el auto no estaba. Suspiró y se encogió de hombros. Todomatsu no fue a trabajar como de costumbre, ya que de nuevo llegó su día libre. Se cepilló los dientes, desayunó, se acicaló y ya después salió a alguna otra parte. El día parecía pasarse rápido y él no sabía cómo sentirse. Estaba emocionado por ver a sus hermanos y a Futsuumaru, pero muy aparte le inquietaba un poco la preocupación de Atsushi.
Salió un momento a la estación a buscar algunos aperitivos, aunque nada le llamó la atención y volvió a casa rendido. Creyó que podría llamar a Futsuumaru pero lo descartó, ya que lo vería en unas horas después de todo.
El sol se metió, haciendo de aquel día hermoso también un día fugaz.
Atsushi estaba terminando su jornada. Se arregló el saco, se ajustó la corbata, fue al baño a mojarse la cara, se arregló un poco el cabello y se despidió para salir de su oficina. Se metió al auto y se dirigió a su casa.
6:25 pm.
Todos habían quedado de cuerdo en verse en casa de Atsushi a las siete, justo cuando se metiera el sol, y en la casa Matsuno los hermanos ya estaban más que emocionados, nerviosos y alterados.
Karamatsu se encontraba acomodando sus gafas obscuras viéndose en el espejo con una estética sonrisa.
— ¿Qué haces, Karamatsu nii-san? — decía un fastidiado Choromatsu al verlo ahí, así. — Ya casi no hay luz. No necesitas lentes de sol cuando no hay sol.
— Why not, brother? No hay necesidad de que el sunshine brille para que yo pueda brillar.
— Ugh...
Lo miró con una cara de desagrado. Choromatsu meneó la cabeza y se dirigió a la sala, donde estaba el resto de sus hermanos. Karamatsu también venía por detrás. Pensaron en ponerse sus trajes azules celeste que suelen usar cuando salen a buscar trabajo, pero mejor optaron por usar sus sudaderas de colores, ya que creyeron que sería más fácil para Atsushi reconocerlos de esa forma. Además, recordaron que Todomatsu llamaría a un amigo, así que afirmaron que era la mejor decisión.
Por la mañana de aquel día, Matsuyo les preparó su comida favorita y un postre debido a su cumpleaños. A la mujer le dio pena que su hijo más pequeño no estuviera en casa, pero simplemente no dijo nada. Ese vacío lo llevaba ella sola. Además, de nuevo consiguió ropa nueva (aunque fuera al por mayor) para ellos, y sobró un sexto cambio. Su padre también los felicitó y les dio algo de dinero. No era bastante, pero sí algo que no ganarían jamás con su posible esfuerzo. Eso bastó para animarlos bastante.
Los hermanos se encontraban cambiados y bien peinados (a excepción de Ichimatsu, que mantenía su cabello desordenado) ya en la sala de estar.
— ¿Entonces no llevaremos nada? — decía un sonrojado Choromatsu.
— ¡Toma las cosas con calma, Choropajerovski! Nadie dijo que no llevaremos nada — dijo Osomatsu rápidamente.
— Pues yo no veo que tengas algo entre las manos — espetó.
— Nos encargaremos de eso en un momento — dijo el mayor. Después volteó a ver al resto; Karamatsu, Ichimatsu y Jyushimatsu. — ¿Nos vamos entonces? — sonrió y frotó su nariz.
— Muy bien — dijo Ichimatsu.
— ¡Ya es hora! Seguro nos costará encontrar la casa — dijo Jyushimatsu.
— No hay problema, ya que Todomatsu nos dio las indicaciones — recordó Karamatsu.
— ¡Ustedes no saben seguir indicaciones! — exclamó Choromatsu.
— ¡Va, va! Sólo salgamos y vayamos a donde sea que el camino nos lleve — dijo Osomatsu tomando el picaporte de la puerta, aunque fue interrumpido.
Justo cuando todos se disponían a salir escucharon unos pasos que provenían del pasillo. Era Matsuyo, su madre. La miraron en silencio con un poco de pánico, aunque Osomatsu se veía más tranquilo sobre todos.
— ¿A dónde van? — dijo la mujer en un tono bajo.
— Mamá, creímos que estabas en la cama — dijo Choromatsu.
— Vamos a volver en un par de horas — avisó Ichimatsu.
— Este... Vamos a comer oden con Chibita — se apresuró a decir Karamatsu.
— Sí, iremos a beber un rato — afirmó Osomatsu. — Lo de siempre, mamá. Tú estate tranquila — sonrió.
— ¿Es así? — su madre preguntó.
— ¡Sí! Quizá hasta nos regale la comida esta vez — dijo Jyushimatsu sonriendo. — Es nuestro cumpleaños número veintiuno después de todo.
La mujer asintió y sonrió rápidamente con gentileza.
— De acuerdo, los estaré esperando. Que les vaya bien, cuídense mucho — se despidió.
Todos asintieron y salieron al patio, rumbo a la casa de Atsushi. Estando ya a dos o tres cuadras de distancia, Osomatsu se metió a una tienda y salió con varias bolsas sonriendo.
— ¿Qué compraste, Osomatsu? — preguntó Ichimatsu.
— ¡Cerveza! — dijo mostrando las bolsas.
— ¿Que...? ¡Oye! Esto es muy poco — dijo Karamatsu metiéndose.
— ¡Cállate, doloroso! ¡Es para lo que me alcanza! — el primero se defendió.
— Osomatsu, ¿no te da pena llegar así? — decía Choromatsu muy bajito.
— ¡Si tú no quieres ir, entonces no vayas! Además a todos los hombres les gusta beber, ¿no?
— No creo que Atsushi-san sea de ese tipo — Choromatsu rió.
Jyushimatsu sólo se reía de sus hermanos.
Siguieron caminando sin hacer mucho caso de todo aquello.
— ¿A Totty le gustará su regalo? — preguntó Karamatsu.
— Eso no lo sé. Debería conformarse con eso, que es todo lo que pudimos conseguir — dijo Ichimatsu viendo la bolsa de cumpleaños que Choromatsu llevaba. Siguieron caminando.
6:40 pm.
Atsushi había llegado a la casa. Entró y sonrió al ver a Todomatsu.
— Ah, ¡Atsushi-kun! Finalmente en casa. Hoy se me hizo eterno no verte aquí — rió.
— Sí, igual a mí. Perdón por tardar tanto — hizo una reverencia leve sin borrar su sonrisa. Después se acercó a Todomatsu y le dio un fuerte abrazo, y un beso en la frente. — Feliz cumpleaños, Todomatsu.
Todomatsu sonrió ampliamente y correspondió al abrazo.
— Gracias, Atsushi-kun...
— Veintiuno, ¿verdad? — sonrió. — Te ves bastante bien.
— Gracias — se sonrojó. — Tú también.
Ambos rieron.
— Espera aquí — dijo el mayor. — Te tengo un regalo, pero lo dejé en la sala.
— ¿De verdad? ¿Para mí?
Atsushi asintió con una sonrisa y se dirigió a la sala. Enseguida volvió con una caja en las manos, decorada con un bonito y fino papel dorado y un enorme y atractivo moño rojo. La verdad es que la cinta era muy bonita.
— Feliz cumpleaños — volvió a decir. — Aquí tienes, ábrelo — le extendió el regalo sonriendo.
— ¿Eh? Atsushi-kun, ¿fuiste a buscar un regalo sólo para mí? — sus ojos brillaron. — ¡Muchas gracias! — hizo una rápida reverencia antes de abrir el regalo y después comenzó a romper el papel.
Se deshizo cuidadosamente de la cinta roja y comenzó a abrir la caja. Sonrió al ver lo que era. Se encontró con unos bonitos zapatos nuevos de un precioso color marrón, algo suntuosos y bastante caros podía decir.
— ¡Atsushi-kun, gracias por pensar en mí! Muchas gracias — lo abrazó una vez más.
— No es nada, Todomatsu. Por ti pueda hacer lo que sea — lo abrazó también, y después se separaron. Fue entonces cuando sonó el celular de Todomatsu.
— ¿Mh? ¿Será Futsuumaru? — se preguntó. Fue corriendo por su celular, lo tomó y contestó — ¿Hola?
— ¡Todomatsu, feliz cumpleaños! — saludaron todos sus hermanos al unísono.
— ¡Feliz cumpleaños a ustedes también! — rió.
— Oye, Totty, ya sé que seguro renegarás, pero, sabemos que estamos por la calle que nos indicaste, aunque Choromatsu insiste en que ya estamos perdidos — dijo Osomatsu. — ¿Será que puedes salir a buscarnos?
— ¡Ustedes vengan!
— ¡Imposible! — dijo Osomatsu.
— Claro que no es imposible. ¡Tú eres el que trae el celular! ¿No? Entonces fíjate muy bien en el GPS. La casa de Atsushi-kun debería poder verse desde ahí. Así que, sólo tengo eso que decir.
— Oh, creo que estamos cerca — dijo Osomatsu viendo el celular y manteniendo la llamada.
— ¿Lo ves? Bueno, aquí los esperamos.
— ¡Ya vamos, estamos cerca!
Cortaron la llamada. Todomatsu puso el celular en la mesa.
— Mis hermanos ya casi llegan — informó a Atsushi.
— Ya veo. Será una velada emocionante — sonrió. Se levantó y se ajustó la corbata.
Todomatsu quería cambiarse de ropa y Atsushi le ayudó a escoger algo.
Después, él también decidió cambiarse a algo que no fuese tan formal y que luciera más coloquial o confiable. Era muy importante lucir amigable, accesible. Una vez listos, se sentaron en el sofá de la sala a hablar un momento. En realidad también esperaban una llamada de Futsuumaru, pero ésta permaneció sin llegar por un largo tiempo.
Finalmente, escucharon el sonido de un auto estacionándose frente a la casa, aunque en realidad creyeron que obviamente no se trataba de los hermanos Matsuno, ya que, bueno, ¡ellos no tienen auto!
Seguramente sería Futsuumaru llegando con alguien, o cualquier otra opción estaba bien ahí. Ya no había que arreglar nada. La casa estaba más que limpia y ordenada.
7:00 pm.
— ¿Por qué tardarán tanto? Ya son las siete. Tendrían que haber llegado un poco antes, ¿no? — dijo Todomatsu chocando los pies contra el suelo, mirando la puerta.
— Se estaban equivocando de camino. Es normal que lleguen un poco tarde, Todomatsu — le dijo.
— Bueno, eso es verdad.
Pasó sólo un poco más de rato y de repente escucharon un leve sonido en la entrada. Después se hizo más fuerte y más repetitivo. Estaban tocando la puerta con tranquilidad, y después más desesperadamente.
— Alguien llegó — dijo Atsushi, burlándose de su propia frase que era más obvia que nada.
— Lo sé. Iré a abrir — dijo Todomatsu levantándose. — ¿Está bien, verdad?
— Sí, ve.
Todomatsu se dirigió a la puerta de la entrada para dejar pasar a quien sea que estuviese tocando la puerta. Menos mal que no había llegado tan tarde.
— ¡Ya voy! — dijo Todomatsu.
Atsushi se puso de pie y a pasos lentos se acercó un poco a la entrada, no estando exactamente en el recibidor.
Todomatsu tomó el picaporte de la puerta y la abrió.
