Capítulo 26- Propuesta.

— Con permiso — dijo Ichimatsu entrando a la casa.

Todomatsu cerró la puerta detrás de su hermano y lo acompañó hasta la sala, con Atsushi y Futsuumaru.

— ¿Quién era, Todomatsu? — preguntó Atsushi al escuchar la puerta cerrándose. Al ver a Ichimatsu entrar por el marco de la puerta se dio cuenta, tardándose un poco, de que no era Todomatsu. — Ah, ¿Ichimatsu-san?

— Sólo Ichimatsu — dijo el mencionado.

Todomatsu entró a la habitación.

— Atsushi-kun, Ichimatsu nii-san se quedará con nosotros hoy. ¿Te parece bien? — decía Todomatsu. — Ahora sí parecerá una pijamada — rió.

— No hay ningún problema — se apresuró a decir Atsushi.

— ¿Ichimatsu? — dijo Futsuumaru mirándolo detenidamente. — Creo que ya sé diferenciarte — dijo casi seguro.

— Bien por mí — dijo Ichimatsu haciendo un ademán con su puño, a modo de victoria.

12:50 am.

— Ya es algo tarde — dijo Atsushi al ver bostezar a Futsuumaru, tallándose los ojos después. — ¿Les parece si vamos a la habitación para arreglar las cosas de una vez?

— Vamos — dijo Futsuumaru. Hizo una pequeña pausa y después añadió algo más mientras subía las escaleras que lo llevarían a la habitación en el segundo piso. — Lo siento, Atsushi. No acostumbro a quedarme así de repente en casas ajenas pero mi casa queda algo lejos y...

— No — lo interrumpió el mayor. — No es ninguna molestia tenerte a ti, ni a nadie aquí. Tampoco a Ichimatsu — dijo mirando a éste último, quitando el honorífico que complementaba (o sobraba) de su nombre. — De verdad, estén a gusto, por favor.

Futsuumaru asintió y agradeció, encaminándose. Ichimatsu lo siguió.

— Iré por más mantas — dijo Todomatsu yendo hacia un clóset que estaba en una habitación cercana.

Atsushi fue con Todomatsu para ayudarle y después subieron a la segunda planta. Entraron a la habitación.

— ¿Y bien? — dijo Futsuumaru que los esperaba de pie junto a la cama con los brazos cruzados.

— Si quieren — dijo Ichimatsu en tono neutro —, podría dormir en el sofá. Incluso con una simple bolsa para dormir me basta.

Ichimatsu no mentía, pues después de todo él sólo quería estar con Todomatsu (aunque no sea literalmente). Le bastaba con haberse quedado en aquella casa, y dormir en el sofá no sería un problema. Ya estaba acostumbrado; estaba acostumbrado a estar solo.

— No, nada de eso — dijo Atsushi. — Si Ichimatsu se queda solo — decía —, esto ya no será una pijamada — rió al decir lo último, sonrojándose un poquito y viendo de reojo a Todomatsu.

Todomatsu infló sus rosadas mejillas fingiendo estar molesto ante el comentario.

— Tiene razón — opinó Futsuumaru con una sonrisa. — Le quitaría lo divertido.

Ichimatsu asintió pensándolo y apenas esbozó una sonrisa simple pero sincera.

— De acuerdo — dijo Ichimatsu —, me quedo aquí.

— Y... ¿cómo nos acomodaremos? — preguntó Todomatsu.

Atsushi se cruzó de brazos pensándolo y Futsuumaru lo observaba, al igual que Todomatsu. Ichimatsu sólo esperaba la respuesta para aceptarla, aunque...

— Podría dormir junto a Futsuumaru-kun — empezó a decir Atsushi —, y dejar que tú, Todomatsu, duermas junto a Ichimatsu en la cama.

— ¡Ni hablar! — exclamó Ichimatsu. — No pienso dormir en la cama.

— Ichimatsu nii-san, será como cuando éramos niños — dijo Todomatsu. — O incluso de adultos, durmiendo en el futón los seis juntos, ¿no crees? Así que...

— No — aclaró de una vez el mayor de los hermanos. — No dormiré en la cama, no está bien.

— Pero, hermano...

Atsushi ladeó la cabeza, pensativo.

— O yo podría dormir junto a Ichimatsu en el futón — opinó Futsuumaru. — Claro, sólo si quieres. Y le dejamos la cama a Todomatsu y Atsushi y todo seguirá normal.

Futsuumaru y Atsushi habían sido amigos demasiado tiempo; incluso mucho tiempo antes de que éste último haya podido conocer a Todomatsu.
De vez en cuando Futsuumaru iba y se quedaba en casa del mayor para pasar el rato, tanto así que hasta Atsushi consiguió un futón para su amigo y de ahí que éste recordara que había algo en qué poder dormir.

Atsushi había traído el futón, no una bolsa de dormir como Ichimatsu pensaba.

— Bueno — dijo Ichimatsu. — Me parece bien — aceptó.

— ¡Bueno, durmamos juntos! — exclamó un entusiasmado Futsuumaru, arrojándose al futón que estaba ya tendido, mientras acomodaba las esponjosas almohadas a como podía, dándole la mejor a Ichimatsu. — Estoy muy cansado y creo que algo ebrio — rió.

— No se te nota — afirmó Ichimatsu.

Futsuumaru sintió alivio ante ese comentario.

— Entonces así quedamos — Atsushi confirmó, satisfecho.

[ ... ]

Osomatsu, Karamatsu, Choromatsu y Jyushimatsu iban llegando a la casa bastante cansados y muy tarde ya.
Entraron con cuidado tratando de no hacer ruido y se metieron a su habitación, todos dispuestos a meterse en el futón para de una vez dormir. Sin embargo, algo los detuvo. Había una silueta que parecía observarlos por detrás de la oscuridad, desde el pasillo llegando a las escaleras. Era su madre.

— Cuatro — dijo la mujer.

— Mamá... — balbuceó Choromatsu. — ¿Qué haces despierta?

— Sólo son cuatro — dijo Matsuyo, ignorando la pregunta de su hijo. Parecía que los inspeccionaba, uno por uno. — ¿Dónde está Ichimatsu?

— Bueno, él... — intentó explicar Karamatsu.

Osomatsu se desesperó.

— Está con Todomatsu. Pasará la noche ahí — dijo Osomatsu sin más.

Jyushimatsu se acercó a la pequeña mujer.

— Mamá, deja que Ichimatsu nii-san haga lo que... — Jyushimatsu intentó dar una explicación también pero la mujer lo interrumpió.

— No les estoy pidiendo explicaciones — exclamó su madre.

— ¿Eh? — musitó Choromatsu.

— Sólo quería saber en dónde está Ichimatsu, y Osomatsu ya me respondió. Eso es todo — aclaró Matsuyo. — Y estaba despierta porque tardaron demasiado, se hizo tarde y quería esperar a que llegaran. Me preocuparon.

Los chicos se miraron entre ellos, algo angustiados y un poco aliviados también.

— Lo siento, mommy. Debimos haberte llamado — se disculpó Karamatsu.

— En realidad sabes que Ichimatsu está con Todomatsu — decía Choromatsu —, pero, ¿te tranquiliza aunque no sabes cómo ubicarlos?

— ¿Choromatsu? — cuestionó Osomatsu.

— Me tranquiliza — afirmó la mujer. — No sé ubicarlos, pero sé que Todomatsu no está solo. Está con ese chico, ¿no? Pero tu padre no puede saberlo. Él tiene que pensar que esta noche volvieron cinco de ustedes.

— ¿Por qué, mamá? — preguntó Jyushimatsu.

— Así es como lo decidió tu padre, cielo. Sabes que para él es difícil aceptar lo que pasó con Todomatsu, ¿verdad? Lo saben. Le duele que haya elegido a un desconocido por encima de su familia, quienes siempre lo cuidaron. Y no quiere perderlos también a ustedes — explicó su madre.

— ¿Perdernos? — susurró Karamatsu.

—O sea que, si consigo trabajo y me caso con una chica linda — decía Choromatsu —, ¿eso sería perderme también?

— Baja de esa nube, Choropajerovski — gruñó Osomatsu.

Choromatsu le dirigió una mirada nada agradable. Jyushimatsu apenas pudo sonreír.

La mujer guardó silencio.

— Choromatsu — siguió diciendo Matsuyo —, tu papá está preocupado. Todomatsu comenzó a desaparecer de la nada e incluso ahora no sabemos nada — dijo y después tomó aire. — Pero, no discutamos eso. Sé que ustedes lo miran de vez en cuando y me alegro de que lo admitan. Mientras ustedes me digan que él está bien, estaré tranquila, ¿bien? — sonrió.

— Mamá — la llamó Osomatsu.

— Ya es muy tarde, váyanse a dormir — dijo su madre con una sonrisa.

— No, yo quiero... — insistió en vano.

— Ahora no, Osomatsu — la mujer tomó la mano de su hijo, a modo de súplica tal vez. — Ahora es tarde y todos deben dormir.

Osomatsu apretó los labios.

— Buenas noches — dijeron los chicos con un tono muy bajito y al unísono.

Matsuyo volvió a su habitació cuatro chicos se metieron en el futón, donde había más espacio de lo acostumbrado y se durmieron.

[ ... ]

— ¿No te aprieto? — preguntó un apenado Ichimatsu, estando a un lado de Futsuumaru bajo las cobijas.

— Para nada — respondió.

— ¿Está bien si apago la luz? — cuestionó Atsushi.

— Adelante — dijeron Todomatsu, Ichimatsu y Futsuumaru.

Se dieron las buenas noches y se dispusieron a dormir.

Para Atsushi, dormir con Todomatsu era de lo más normal, pero le parecía extraño que ahora Ichimatsu y Futsuumaru tuviesen que estar juntos de alguna manera, y también le parecía gracioso.

Durmieron lo suficiente.

Cuando era de madrugada, Atsushi se levantó cuidadosamente y se alistó para irse a trabajar. Debía estar temprano en su oficina, sin falta.
Era una pena que no pudiese despedirse de los chicos. No los despertó.

Salió de la casa tras echar un último vistazo hacia la habitación.
Ichimatsu apenas despegó los ojos al escuchar el automóvil irse seguido del sonido de la puerta al cerrarse; podría decirse que era de sentidos agudos.

5:20 am.

Parpadeó un par de veces y en seguida volvió a intentar dormir.

"Debe estar realmente loco para levantarse temprano y volver extremadamente tarde casi todos los días", pensó Ichimatsu antes de caer en la inconsciencia y volver a su mundo de sueños.

Pronto comenzó a iluminarse el cielo, el sol estaba saliendo ya.

8:45 am.

Ichimatsu talló sus ojos con cuidado y parpadeó varias veces para despabilarse. Se enderezó y miró a Todomatsu, que estaba en la orilla de la cama junto a Futsuumaru, éste último cruzado de piernas hablando con el otro.
Al darse cuenta de que ya había despertado, rieron un poco.

— Buenos días, dormilón — dijo Todomatsu viendo a su hermano.

— Buenos días — contestó Ichimatsu con su voz ronca.

— ¿Sabes? Me pateaste varias veces — dijo Futsuumaru viendo hacia la ventana, pero dirigiendo sus palabras a Ichimatsu. — Y hablas dormido.

— ¿¡Eh!? — Ichimatsu se puso rojo. — ¡Lo siento! No es que... Yo no quería...

Futsuumaru comenzó a reírse y Todomatsu meneó la cabeza.

— ¡Es broma! Tranquilo — dijo Futsuumaru. — No causas molestias — sonrió.

— Ya veo... — balbuceó todavía colorado.

— ¡No seas así, Futsuumaru! — exclamó Todomatsu sonriendo. Se levantó y se estiró. Se arregló un poco el cabello y salió de la habitación. — Prepararé algo para desayunar.

— ¡Espera! ¿No es muy temprano? — dijo Ichimatsu.

— Sí, espera un rato más Todomatsu — dijo Futsuumaru.

Todomatsu asintió.

— De acuerdo — dijo finalmente.

Futsuumaru y Todomatsu debían ir a trabajar, e Ichimatsu debería volver a su casa. Esperaron un poco más en la habitación; recogieron todo, dejaron todo en orden y Futsuumaru e Ichimatsu se fueron a cambiar las prendas que Atsushi y Todomatsu les prestaron para dormir.
No podían lavarse los dientes, pues no llevaban cepillo lastimosamente.

9:20 am.

Todomatsu comenzó a preparar algo para el desayuno y Futsuumaru e Ichimatsu se dirigieron a la cocina con él para ayudarle, aunque Todomatsu insistió en que no necesitaba ayuda; que podía él solo.
Los chicos desistieron y lo esperaron en la barra de la cocina mientras él seguía cocinando los omelettes.

— Todomatsu — decía Futsuumaru —, saldré primero que tú de la casa. Debo ir a trabajar un poco más temprano y el tren sale antes de tiempo.

— ¿Oh? Está bien — dijo Todomatsu mientras acomodada un omelette cuidadosamente con la espátula en uno de los platos.

— Por favor dale las gracias a Atsushi cuando lo veas — le pidió Futsuumaru —, aunque de todas formas le enviaré un mensaje más tarde. Fue divertido quedarme aquí con ustedes...

— Me alegra — comentó Todomatsu.

— Iré arriba por mi sudadera — dijo Ichimatsu. — La olvidé en la habitación.

Se levantó y fue por ella. Una vez que vio que no estaba, Todomatsu se acercó un poco más a Futsuumaru recargándose en la barra para preguntarle:

— ¿Te agradó mi hermano?

— Por supuesto — contestó el chico con una sonrisa. — Es calladito pero amigable... Creo que ya puedo diferenciarlo de tus otros hermanos.

— ¿En serio? — se sorprendió.

— Sí, aunque creo que a los demás no les hallo diferencias — se estremeció al recordarlos, todos iguales.

— Ya — soltó una risita y siguió sirviendo los otros omelettes.

— Además...

— ¿Qué más?

— La ropa de tu hermano Ichimatsu está llena de pelos de gato — rió.

— ¿Sí? — se rió. — Creo que eso lo caracteriza mucho.

— Ahora veo el porqué le tienes mucha confianza. Es agradable...

En ese momento Ichimatsu volvió de la habitación con la sudadera en el brazo tranquilamente.

— Ah, Ichimatsu nii-san — habló Todomatsu —, aquí está tu desayuno.

Todomatsu acomodó los platos enfrente de cada uno de los chicos y les sirvió un vaso de jugo de naranja. Él comería de pie al otro lado de la barra, no habría problema con eso.

— Así que ya hasta cocinas tú — comentó Ichimatsu.

— Claro, Ichimatsu nii-san, después de todo no puedo esperar hasta que Atsushi-kun lo haga por mí — dijo Todomatsu.

— Y está rico — dijo Futsuumaru.

— Creo que en casa mamá sigue cocinando para todos nosotros — admitió Ichimatsu.

Futsuumaru se rió, no de mala gana. Comieron un rato más hasta que terminaron.

9:40 am.

Futsuumaru finalmente se despidió de Todomatsu e Ichimatsu, dándole un abrazo al menor y un apretón de manos al mayor. Salió de la casa con cuidado y se dirigió a su propia casa; se daría un baño, tomaría el tren y volvería al trabajo.

— Tu amigo me cayó bien — le dijo Ichimatsu a Todomatsu con una ligera sonrisa.

— ¿Sí? Él es un chico simple y agradable. Creo que encaja donde sea...

— No es como Jyushimatsu, pero siempre está sonriendo.

— Me sorprende — dijo. — Es agradable, en las buenas y en las malas — esbozó una sonrisa nostálgica al terminar de hablar.

Ichimatsu lo miró pensativo.

— Todomatsu, ¿él fue quien te ayudó cuando...?

— Sí — interrumpió.

Ichimatsu asintió varias veces viendo su plato, todavía con un poco de comida.
Siguió comiendo sin decir nada más. Todomatsu ya había terminado su desayuno, se encontraba terminando de beber el jugo. Hubo un momento de silencio. Todomatsu bajó el vaso chocándolo levemente contra la barra y se humedeció los labios para articular algo.

— Ichimat...

— Todoma...

Ambos hablaron al mismo tiempo interrumpiéndose a la par.
De nuevo guardaron silencio.

— Dime, Todomatsu — le dijo.

— Bueno — diguió diciendo —, no soy quién para decírtelo, pero, ¿no te gustaría intentar vivir así?

— "¿Así?"

— Digo, aparte. O sea, lejos de los demás, de nuestros padres y hermanos.

— No sé si podría.

— ¿Por qué no? Mira, yo podría ayudarte a conseguir lugar en un departamento con el dinero que gano — explicaba — y te puedo ayudar a conseguir trabajo. Quizá conmigo o cerca de ahí.

— Pero...

— Podrías tener a los gatos contigo si conseguimos alquilar un departamento donde lo permitan, y podrías hacer o comprar cualquier cosa que tú quieras. Yo te ayudo — dijo.

— Todomatsu, suena bien, pero no creo que yo sea capaz de vivir así.

— ¿Por qué?

— No sé, yo...

— Ichimatsu nii-san, creo que tú puedes prosperar más que los otros. Tienes el corazón abierto para esa clase de cosas, y no mereces vivir como lo haces siempre. Yo me separé porque quería estar con Atsushi-kun, pero seguro habría alquilado un apartamento tarde o temprano para comenzar por mí mismo. Así que...

— Todomatsu, no puedo. No podría vivir solo, no soy capaz. Seguramente no aguantaría mucho tiempo así y volvería con los demás.

— No digas eso, tú eres más capaz de lo que crees. Eres muy fuerte, Ichimatsu nii-san. Si realmente lo quieres, puedes hacerlo.

— Gracias.

— Bueno, considéralo por favor.

— Está bien, gracias — dijo con sinceridad.

Todomatsu asintió satisfecho tras lo dicho. Ichimatsu se quedó un poco pensativo, viendo su plato vacío mientras terminaba con el último bocado que quedaba en el. Todomatsu se dirigió al otro lado de la barra y se sentó a un lado de su hermano.

— Y, ¿decías?

— ¿Eh? — preguntó Ichimatsu.

— ¿Tenías algo que decirme antes?

Ichimatsu abrió los ojos un poco ante la pregunta.

— Ah.

— ¿Qué pasa?

— No es nada importante, sólo una duda mía muy rara — dijo con voz entrecortada.

— Ajá — asintió.

— Si no quieres contestarme no tienes que hacerlo a la fuerza.

—Dime.

— Pues... — Ichimatsu enroscaba nervioso uno de sus oscuros y desordenados mechones desviando la mirada. — ¿Atsushi-san y tú ya...?

— ¿Ya qué?

Ichimatsu se sonrojó.

— Tú ya sabes...

— Dilo por favor, no estoy entendiéndote.

— Todomatsu, no me hagas decirlo — dijo apenado.

— ¿Entonces qué? — rió.

— Pues, ¿ya has dormido con Atsushi-san, o sea, acostarse juntos?

— Sí — dijo de lo más normal.

— Quiero decir, de la otra manera — se sonrojó.

Al parecer, Todomatsu logró captar el mensaje y se ruborizó también.

— ¿Q-Qué...? Ichimatsu nii-san...

— ¡Ya te dije que si no quieres no respondas! — desvió la mirada todo rojo.

— Eh... Pues no, todavía no...

— Ya veo — asintió todavía apenado.

— De hecho... él no ha mencionado nada de eso...

— Ya veo — repitió. — Sólo quería saber si seguías siendo como nosotros...

— ¿Vírgenes? — rió.

— Sí... — susurró muy nervioso rascando su cabeza.

— Ya ves que sí — se rió y se sonrojó. — Es que... no hablamos de eso, y no sabría cómo es que... Ya sabes, no sé cómo... hacerlo...

Ichimatsu asintió.

— De acuerdo. Sólo era una... duda, no hablo de esto con nadie. Así que... no te preocupes.

Todomatsu sonrió y no agregó nada más.

10:00 am.

Pasó un pequeño momento en el que no dijeron nada más. Ichimatsu terminó su jugo de naranja.

— Ichimatsu nii-san — decía Todomatsu —, iré a darme una ducha. ¿Puedes esperarme para irnos juntos? Debo ir a la cafetería.

— Está bien — aceptó.

— ¿Tú no tomas una ducha?

— ¿Cómo crees? Claro que no. La tomaré cuando llegue a casa.

Todomatsu se encogió de hombros.

— De acuerdo, no me tardaré mucho.

Ichimatsu asintió y esperó.
Se quedó viendo por mientras los adornos de la sala, los cuadros, ventanas, tapiz, etc. Como si no hubiera pasado mucho tiempo (que realmente no lo pasó), Todomatsu salió del baño ya acicalado.
Estaba con el cabello todavía húmedo pero ya bien peinado, oliendo muy bien. Llevaba en una de sus muñecas el reloj que su amigo Futsuumaru le regaló. Además llevaba puestos los zapatos bien lustrados que le obsequió Atsushi y el sombrero que recibió por parte de sus hermanos. Se miraba muy bien.

— Oh, luces muy bien — reconoció Ichimatsu. — ¿Harás algo importante?

— ¿Mm? Para nada. No hace falta para vestir ropa bonita — sonrió.

— Claro — bufó.

Salieron de la casa tranquilamente. Ya estaba comenzando a hacer calor, así que de vez en cuando Ichimatsu agitaba su sudadera desde la parte de su pecho para hacerse algo de aire. Caminaron tranquilamente dirigiéndose hacia la estación de trenes y tomaron el metro. Estuvieron ahí quizá diez o quince minutos hasta que se bajaron.

— Y llegando a casa, Ichimatsu nii-san — preguntaba Todomatsu —, ¿qué haces o qué harás?

— Nada importante. Cepillar a los gatos, creo.

— ¿Y luego?

— No hay un "luego".

— Debes de hacer algo...

— Creo que ando deambulando por ahí, viendo qué hacen los otros.

— Mmm. Deberíamos salir más.

— ¿Eh?

— Tú y yo. Los otros a como sea aguantan. ¿Qué te parece?

Ichimatsu lo pensó y sonrió.

— Se oye bien.

Llegaron a una esquina de la calle, donde Todomatsu debería girarse e Ichimatsu seguir caminando derecho hasta llegar a su casa. Se quedaron estáticos frente la calle, viendo el semáforo en rojo para ellos.

— Bueno, Ichimatsu nii-san, me dio mucho gusto verte, y verlos a todos. Espero que se dé la ocasión de nuevo...

— Digo lo mismo. Esa especie de pijamada fue muy acogedora.

— ¿Verdad que sí? — sonrió.

— Creo que iré a la cafetería de vez en cuando — comentó como si pensara en voz alta.

— Te espero — aceptó. Después pensó en otra cosa y formuló otra pregunta. — ¿Estarás bien? Quizá papá y mamá se molesten contigo.

— Sí, quizá. Pero no te preocupes, estoy bien. Llegaré pronto y todo será como siempre. Igual, ya somos adultos — se encogió de hombros.

— Entiendo. En ese caso está bien, tienes razón...

— Cuídate mucho, por favor.

— Igual tú, nii-san.

Se despidieron con un abrazo muy fuerte. Quizá ni una persona de en medio del gentío les prestaba atención por las calles. El semáforo cambió a verde.

Todomatsu se retiró yendo a la otra esquina de la banqueta mientras Ichimatsu cruzaba la calle. El menor se giró para ver a su hermano irse, sonriendo y quedando tranquilo, y volvió la vista al frente. También Ichimatsu se giró para ver a Todomatsu una última vez; observó su frágil espalda, alejándose cada vez más, poco a poco... Después siguió su camino. Ya no cruzaron miradas.

[ ... ]

10:45 am.

El tintinear de la campanita de la puerta avisó que Todomatsu había llegado a la cafetería. Había algunas personas dispersadas en varias mesas. Al parecer sería un día lleno de trabajo.

— ¡Bienvenido! — exclamaron Sacchi y Aida al unísono, pero al ver que se trataba de Todomatsu sus rostros cambiaron.

— Hola — Todomatsu saludó gentilmente a las chicas, aproximándose a la caja. Sonrió con naturalidad. Todomatsu pasó para el otro lado de la barra, dejando su bolso encima de una mesa.

— ¡Feliz cumpleaños, Totty! — exclamó Aida, abrazándolo.

— ¿Qué tal estuvo tu día? Desearíamos haber podido estar contigo, pero ayer hubo mucho trabajo — dijo Sacchi con una sonrisa y abrazándolo también. — Feliz cumpleaños, Totty.

— Muchas gracias — agradeció el muchacho con las mejillas rositas.

Después, ambas se dirigieron a la parte de atrás donde solían guardar sus cosas y agarraron una bolsa decorada. La llevaron a con Todomatsu y se la entregaron. Era su regalo de cumpleaños por parte de ellas.

Con una sonrisa le pidieron que lo abriera y él gustoso lo hizo.

Lo sacó cuidadosamente. Eran unas gafas de sol muy bonitas y a la moda (para nada como las de Karamatsu), y unos guantes tejidos para el frío.

Él agradeció muy complacido.

— Es pleno verano — explicó Sacchi —, pero quería darte algo hecho por mí. Tienen todo mi cariño. Durante el invierno te mantendrán cálido — dijo refiriéndose a los guantes, sonriendo.

— Creo que a ti te gustan las cosas simples pero bonitas, ¿no? — dijo Aida. — Feliz cumpleaños de nuevo...

Los tres sonrieron.

— Gracias, chicas.

— Por cierto, hoy te ves muy bien — dijo una de ellas.

Agradeció de nuevo.

Todomatsu se puso la ropa del trabajo y comenzó con la jornada una vez que terminó de amarrarse el mandil. Empezó por atender la caja mientras las muchachas se encargaban de atender a los clientes, mesa por mesa. Hacía tiempo había arreglado sus problemas y volvió a aquel sitio, dejando de lado su otro trabajo. Después de todo, la cafetería seguía siendo un buen lugar. Por supuesto, aquello había llevado algunos días de arreglar después de que aclarara algunos asuntos con el jefe. Comenzó a tratar de arreglar las cosas casi cuando consiguió su otro trabajo después de que sus amigas lo convencieran de volver. Su relación con Sacchi y Aida volvió a ser demasiado natural. El día terminó y comenzó uno nuevo. Y otro, y otro.

Pasaron casi catorce días desde que los hermanos Matsuno estuvieron todos en la casa de Atsushi, y de la cual ahora Todomatsu formaba parte.

Todo siguió igual que siempre. A veces los horarios de Todomatsu y Atsushi como era de costumbre, chocaban. Por ello, constantemente se evitaban sin querer hacerlo. Por las mañanas como lo hacían según su acuerdo, preparaban las comidas para el otro dependiendo del horario. Quien se levantara temprano haría el desayuno, y quien vuelva en la tarde hace la merienda. Y la cena... era opcional.

De vez en cuando podían tener un leve momento para comer juntos, pero uno muy cortito. Quizá los días libres del menor hacían una leve mejoría, sin embargo, ¿al menos Atsushi tenía días de descanso? Era difícil decirlo; todo el tiempo estaba en la oficina.

Todomatsu se aburría cuando volvía temprano a casa. Pasaba tiempo en las redes sociales, aunque le aburrían rápidamente. Salía con Futsuumaru, con Sacchi y Aida, Ichimatsu, rara vez con Choromatsu, o pasaba el rato realizando la limpieza del hogar. Después de todo la casa de Atsushi era muy grande. Tanto que Todomatsu se preguntaba cómo hacía Atsushi para mantenerla tan limpia, ya que, según él, necesitaría por lo menos una mucama. A diferencia de su pobre casa que tan sólo tenía cuando mucho cinco o seis pequeñas habitaciones. Meneó la cabeza al pensarlo.
Como sea, pasaba días enteros limpiando hasta que todo quedaba reluciente, en orden, y poco después volvía a aburrirse.

Comenzó a extrañar a Pichi.

Un día común se encontraba en la sala viendo la televisión mientras almorzaba al mismo tiempo. Era la tarde.
Todomatsu escuchó el sonido de un automóvil aproximarse. Al principio creyó que podría ser un auto cualquiera cerca de la autopista a la privada, pero, efectivamente se trataba de Atsushi. Esperó tranquilamente, siguió comiendo. Cuando terminó dejó el plato en la mesa de cristal que estaba en medio de la sala, frente a la televisión y en el centro de los sillones.

Escuchó la puerta abrirse. El sonido de los pesados zapatos del mayor hicieron eco conforme daba paso tras paso.

— Ya estoy en casa — dijo Atsushi como de costumbre.

Todomatsu se sorprendió. Caminó hasta la cocina con el plato vacío en manos y lo dejó ahí. Después se dirigió al recibidor. Se asomó desde la esquina de una pared tímidamente y con ternura. Le sonrió.

— Bienvenido — contestó el más pequeño.

— Creí que quizás estarías en la cafetería todavía — le dijo y sonrió.

— No, no fue así.

— Ya lo veo, y me alegro.

Todomatsu sonrió y cubrió su boca soltando una risita.

— Qué raro — dijo el menor —, y qué sorpresa. No esperaba que llegaras tan temprano. Avísame cuando vengas por favor, sólo preparé comida para mí — dijo con pena.

6:13 pm.

— No estaba planeado — explicó mientras se quitaba los zapatos —, pero me vino bien.

— Ven, siéntate — le dijo apuntando a la mesa de la cocina. — Te prepararé algo.

— No hace falta, gracias.

— ¿De verdad?

— Sí — Atsushi asintió. — Comí algo antes de venir aquí.

"Mentiroso", pensó Todomatsu.

Atsushi entró a la casa totalmente con unas pantuflas ya puestas. Dejó su portafolio en la mesa de la sala, se quitó el saco y se aflojó un poco la corbata. Se estiró y suspiró pesadamente mientras caminaba al segundo piso subiendo las escaleras con calma.

— ¿No continuarás con tu trabajo en tu oficina? — Todomatsu cuestionó extrañado al ver que no se quedaba en la primera planta, ya que era lo de costumbre.

— Hoy no — dijo Atsushi. — Digamos que tengo bastante tiempo libre.

— Ya veo. Me alegra que puedas tomar un descanso — exclamó todavía desde abajo, viendo a Atsushi en las escaleras.

Atsushi asintió.

— Iré a darme un baño — dijo el mayor.

— Te espero.

Atsushi se quedó ahí de pie sin moverse, viendo al menor. Al ver que éste se extrañaba al no verle actuar, decidió dejar de callar.

— De hecho... — repuso Atsushi con una sonrisa pícara. — ¿Por qué no vienes conmigo?

Todomatsu abrió mucho sus ojos.

— ¿E-Eh? Atsu... Atsushi-kun, ¿qué dices? — se sonrojó bastante. — Eso sería...

— Bueno, si no quieres está bien — rió al verle en ese estado. — Puedo ducharme solo.

— Oye... P-Por... ¿Por qué de repente? — titubeó. Preguntaba con su cara todavía colorada. Al no recibir respuesta del mayor se desesperó todavía más al verle subir las escaleras sin hacerle caso. — ¡Oye, Atsushi-kun! ¡No juegues! — gritaba apenado.

— ¡No estoy jugando! — le contestó riendo desde el pasillo mientras seguía caminando; desde arriba. Ya no lo veía.

Todomatsu no dijo nada más. Al escuchar el sonido de la puerta del baño cerrarse suspiró y se dejó caer en el sillón.
Sin interés volteó a ver la televisión que había permanecido encendida.

No pudo evitar menear la cabeza y con ambas manos cubrió su todavía rojo rostro. Una retorcida sonrisa nerviosa se dibujó en su cara.

— ¿Qué estoy haciendo? — apenas balbuceó para sí mismo.

Atsushi salió del baño, oliendo bastante rico y con ropa cómoda. Bajó las escaleras cuidadosamente. Todomatsu seguía viendo televisión; una ridícula novela mega dramática. Atsushi llegó sin previo aviso y se sentó a un lado de Todomatsu. Éste último se sorprendió.

— ¿Qué sucede? — preguntó el mayor al ver la mirada del más pequeño.

— Nada en especial — se sonrojó. — Sólo pensaba que últimamente no hemos... estado mucho tiempo juntos. A veces no te veo.

— Es verdad — dijo con tristeza. — ¿Cómo te fue hoy? — preguntó en un tono grave pero amable.

— Bastante bien, fue un día relajado...

— Mhm.

— ¿Y a ti?

— Agotador. Pero es lo normal. El horario comienza a fastidiarme un poco...

— Sería bueno que pudieses descansar. Pero a veces llegas y sigues con tu trabajo aquí... No está bien.

— Lo sé, pero no hay opción — terminó diciendo. Después dijo otra cosa, dando un giro a la conversación. — Todomatsu, tengo algo que hacer.

— ¿Eh? ¿Qué es?

— Tiene que ver con el trabajo. Debo salir por un tiempo, y...

— ¿De nuevo? — se entristeció.

Ya se habían presentado otras ocasiones en las que Atsushi salía por un tiempo a causa de negocios, y eso separaba a ambos. Todomatsu cuidaba de la casa, pues nada más podía hacer.

— Todomatsu, escucha. Yo...

— ¡No! — interrumpió. — No quiero que te vayas. Me aburro, no quiero quedarme aquí solo otra vez — lo sujetó de la muñeca.

Atsushi suspiró.

— Todomatsu...

— ¿Sí?

— Ya hemos cumplido poquito más de un año de habernos conocido, y poco también de estar juntos. Un año, ¿lo entiendes? Y me hace feliz estar contigo. Todo este tiempo he estado muy agradecido contigo, profundamente.

— Atsushi-kun, ¿por qué me dices esto?

— No solamente debo salir debido a mi trabajo.

— No entiendo — negó con la cabeza.

— Tomemos estos días como reemplazo de unas vacaciones de verano. El trabajo es muy importante, pero yo me ofrecí a realizarlo. Lo hice para tomarlo como una excusa para salir contigo.

— ¿Conmigo?

— Quiero que tú me acompañes.

— ¿Cuándo?

— En dos semanas, más o menos. Tal vez más poquito. Pero no sólo es el trabajo; no es lo que más me importa. Quiero pasar más tiempo contigo, Todomatsu. Vamos a hospedar un hotel cerca de la playa, ¿qué te parece? Haremos lo que tú quieras y visitaremos varios lugares.

Todomatsu se sorprendió.

— ¿En serio? ¿Iremos los dos? ¿Solos? — sonrió. Un brillo peculiar invadió sus ojos.

— Claro que sí — Atsushi tomó las manos de Todomatsu gentilmente entre las suyas. — Será algo así como un regalo de... aniversario.

— Gracias, Atsushi-kun. Estoy... Estoy muy feliz.

— No hay de qué, no agradezcas — le dio un beso al menor en la frente. — Quiero mostrarte un poco más de este mundo, no sólo esta fría habitación de esta casa bastante solitaria. Este apenas es el rincón de un rincón.
Todomatsu sonrió.

— Quizá es lo que más necesitamos ahora — rió.

— ¿Verdad que sí? — también rió. — También estoy cansado y estresado de la vida monótona. He estado pensando en ti.

— Yo también pienso en ti. Pienso en una manera de sacarte de la oficina — bromeó.

— ¿Ah, sí? — Atsushi lo miró de manera seductora.

— Claro. Como ya no vas a verme a la cafetería...

Atsushi rió ante la personalidad tan juguetona de Todomatsu.

— Cierto, quizá debería volver — dijo.

— Así es — Todomatsu se recargó en el sillón, acomodándose mejor en él.

Atsushi se levantó y se dirigió a la cocina. Según dijo, prepararía algo para cenar. Todomatsu torció el labio al darse cuenta de la mentira de Atsushi: "Comí algo antes de venir aquí".

No estaba comiendo. Trabajaba largas horas y hacer eso, saltarse las horas de comida, no estaba bien.

— Por cierto — hablaba Atsushi desde la cocina —, ¿quieres hacer algo en especial?

— Creo que no — contestó Todomatsu desde la sala, llevándose la mano al mentón. — Creo que lo sabré estando allá; no planeo nada.

— Ya está entonces — aceptó.

Todomatsu hizo una pausa.

— Pero haremos primero lo de tu trabajo, ¿no? Porque después de todo sí es importante.

— Para quitar pendientes, sí.

Todomatsu asintió.

10:00 pm.

Fueron a la cama y se abrazaron.

Atsushi acostumbraba a dormir demasiado temprano, o demasiado tarde. Pero por Todomatsu podía hacer excepciones y dormir a la hora que sea de vez en cuando. Estuvieron en silencio en la cama los dos juntos, con las luces apagadas. Compartían bastante con su silencio, más que con sus palabras en aquellas situaciones. A pesar de que llevaban mucho tiempo sin decir nada en medio de la oscuridad, cuando Todomatsu creía que por fin Atsushi se había dormido y menos se lo esperó, apenas y oyó al mayor decir algo muy bajito.

— Pero, ¿sabes qué, Todomatsu? — susurró.

El pequeño se extrañó.

— ¿Mhm?

Atsushi siguió:

— Esta será como nuestra luna de miel.