Capítulo 28- Día de playa.

Atsushi se recostó para una vez más tratar de conciliar el sueño, y hundiendo la cabeza en las suaves almohadas, lo consiguió. Aquella noche Todomatsu fue testigo de los gemidos de malestar y dolor que Atsushi soltaba con secuencia mientras estaba en el segundo sueño. Prefirió observarlo y atenderlo gran parte de la noche, por lo que no pudo dormir adecuadamente.

Cambió el paño de su frente quizá seis veces durante una hora y siguió con lo mismo gran parte de la noche. De verdad deseaba que pudiese curarse lo antes posible.
Una vez que consideró que el mayor ya podría estar unas cuantas horas nocturnas sin cuidado, se tumbó en la cama y cerró sus ojos que no podía mantener ya más tiempo abiertos. Se durmió casi en cuanto cerró éstos.

9:00 am.

Atsushi abrió sus ojos lentamente. Una de las claras cortinas del ventanal estaba recorrida, por lo que un hilo de luz se abría paso hasta la cama, pasando por en medio de la suntuosa habitación.

Al fruncir el ceño le dolía muchísimo la frente y sus ojos todavía estaban cansados. Subió débilmente una mano hacia su frente y retiró el paño que yacía sobre ésta, seco.
Con un gruñido se intentó reincorporar con cuidado sobre la cama para no marearse, poco a poco.
Al estar completamente enderezado parpadeó algunas veces... Se dio cuenta de que su malestar había mejorado bastante. Si bien era cierto que todavía tenía fatiga, su cuerpo ya no temblaba y su cabeza ya no daba vueltas.

Al haberse despabilado buscó por la habitación, no había ningún ruido.

— ¿Todomatsu? — exclamó débilmente.

No obtuvo respuesta.
Ante ésto decidió levantarse completamente de la cama... Le costó trabajo, parecía que las sábanas se le pegaban al cuerpo. Sus huesos aún dolían pero lo consiguió.

Inspeccionó el lugar de nuevo; no había nadie.

Seguía de pie frente al ventanal.
Atsushi oyó el sonido del picaporte de la puerta abriéndose. Era Todomatsu que llegaba junto a una señorita a la habitación.
La chica se quedó del otro lado del margen de la puerta una vez que el muchacho entró y cerró la puerta a espaldas de éste, no sin antes hacer una leve reverencia.

Una vez solos Atsushi observó confundido a Todomatsu.
Había llegado cargando con unas bolsas de papel y otras de plástico colgando de sus muñecas.

Todomatsu le devolvió la mirada inconscientemente, y al ver al mayor ahí de pie abrió mucho los ojos y luego una sonrisa se dibujó en su rostro.

— ¡Atsushi-kun! ¿Ya te encuentras bien? ¿Ya no te duele nada?

— Buenos días, Todomatsu.

— ¡Buenos días! — dijo rápidamente.

— Estoy mareado pero la temperatura bajó.

— Ah, ¿sí?

Atsushi asintió.

— ¿Qué traes ahí? — apuntó hacia las bolsas.

— Medicina — dijo. — Medicina para ti, ya sabes... Jarabes y eso — aclaró.

— Ya — asintió.

— Pero veo que ya no te sientes tan mal como ayer, y tampoco te ves mal. ¡Qué alivio! — sonrió. — De todos modos creo que deberías ingerir parte del medicamento, por si acaso.

— Gracias — esbozó una sonrisa.

— ¡Ah! Por cierto, ¿te desperté? Salí temprano a buscar una farmacia pero me olvidé de las llaves de la habitación y tuve que regresar a la primera planta para pedirle a una de las chicas del servicio del hotel que me abriera la puerta — dijo rascándose la nuca con una sonrisa nerviosa.

— Pues no — declaró —, me desperté por mi cuenta en realidad...

— ¡Fuh! Menos mal — decía mientras se quitaba los zapatos.

Atsushi se sobó en la sien.
Tomó parte del medicamento que Todomatsu le conseguió y se sentó en una silla frente al ventanal. Ambos observaron el azul del cielo y el océano combinándose en un punto del paisaje ante ellos.
Ya que pasó algo más de rato tomaron el desayuno nuevamente al igual que los días anteriores, con calma.

Todomatsu pasó su mano por la frente de Atsushi para verificar que la fiebre realmente haya bajado, y sí. En efecto la temperatura había bajado.

10:45 am.

Durante los días anteriores Atsushi había estado sufriendo en silencio mientras estaba en sus horas laborales. Temprano en el trabajo y tarde en el mismo, e incluso al llegar con Todomatsu.
Su mente divagaba y daba vueltas a situaciones o temas que en realidad sabía que no importaban pero que no podía simplemente abandonar. Problemas de cualquier empresario...
Incluso durante el día anterior intentó pasarlo bien con Todomatsu pero el malestar reprimido de todo ese tiempo finalmente cayó directamente a sus hombros y enfermó.
Todomatsu estaba consciente del esfuerzo de Atsushi, sin embargo, se sintió mal al darse cuenta de que éste trataba de disimularlo. ¿Por qué?

En realidad le extrañaba que después de arduo trabajo y dedicación diaria a su vocación, ésta no lo hubiese hecho enfermar. Es decir, no paseaba ni hablaba ni se divertía ni dormía y algunas veces no comía. Utilizaba el único tiempo libre que tenía para asearse.
Era de esperar que pasara algo así, terriblemente.

Y ya que lo recordaba, era eso; Atsushi se culpaba a si mismo por no poder pasar tiempo con Todomatsu. Lo había mencionado la noche anterior. Aunque sólo dijo un poquito de eso.

Todomatsu le tendió al mayor una cuchara que llenó con jarabe y le pidió que se lo tomara. Atsushi hizo una mueca y lo hizo.

— Bueno — siguió diciendo Todomatsu —, salgamos un momento. ¿Te parece? Ahora que te sientes mejor podrás ir a que te dé el aire un poco y... ya sabes. Sólo por tu bien — sonrió.

Todomatsu dejó todo a un lado y se disponía a caminar hacia la puerta de entrada, pero la mano de Atsushi sosteniéndolo de la manga lo detuvo.

— Quédate aquí — dijo en un tono bajito.

— Atsushi-kun...

— Sólo un ratito, ¿sí?

Todomatsu se acercó a Atsushi y lo abrazó. Se quedaron así un momento dejando que el tiempo pasara lentamente, de nuevo sin hablar.

Todomatsu pegó el rostro al pecho de Atsushi, y Atsushi acacarició el cabello de Todomatsu.

— Bueno, si tú quieres — decía Todomatsu — podemos salir hasta mañana, ya que mejores un poquito más. Nos quedan todavía un montón de días de vacaciones aquí — sonrió.

Atsushi lo miró con sus ojos entrecerrados.

— De acuerdo — dijo con voz ronca. — Quedémonos aquí — sonrió también.

Y entonces, durante aquel día no salieron del hotel. Estuvieron en su habitación dando vueltas, charlando, descansando, estando juntos... Disfrutando de no hacer nada.

Después de algunas horas en las que estuvieron sólo abrazados, descansando el uno al lado del otro, despertaron. La alegría por poder compartir un momento así ellos dos no se disipaba, y a su vez, Todomatsu estaba ligeramente preocupado.

— Atsushi-kun, ¿ya te sientes un poco mejor?

— Sólo algo mareado. Quizá se me quite pronto. Bueno, en cualquier caso me alegra que estés conmigo.

— Es inusual verte así — dijo. — Bueno, me has ayudado las veces que he enfermado también. Yo debería de poder hacer algo por ti ahora.

Atsushi se enderezó y estiró sus brazos hacia arriba para poder relajar su cuerpo.

— Mañana por la mañana hagámos algo divertido, ¿bien? — sonrió.

— Si dices eso supongo que ya te sientes bien.

— Mejor que nadie.

Después de que la noche transcurrió y Todomatsu siguió estando a cargo del mayor, el nuevo día llegó. Las gaviotas estaban revoloteando a los alrededores, el sonido de las olas rompiendo contra el muelle estaba presente y las voces de las personas pululando cerca se hacían oír de igual manera.

— Todomatsu, vamos — dijo con una voz bajita mientras se colocaba sus lentes de sol.

— Enseguida voy, espera. ¿Ya te pusiste bloqueador solar? Te hará mal si no lo usas.

— Puede esperar para cuando ya esté allá — sonrió.

Tomaron el ascensor del hotel y se adentraron a la playa; la caliente arena comenzó a tocar sus pies.

— ¿Y bien? — comentó el menor con una sonrisa.

— ¿Qué? ¿Acaso te parece muy temprano como para adentrarte al agua?

— Ja... Para nadar en el mar no hay hora — decía con una sonrisa mientras miraba su propio reflejo en las oscuras gafas de Atsushi.

— ¡Tú lo has dicho! — tomó la mano de Todomatsu y lo jaló hacia él para comenzar a correr hacia las olas.

— ¡No, no, no! Espérate, ¡el agua está helada! — reía sin poder detener sus pasos.

— ¡No lo sabrás si no vas a nadar! — en ese instante Atsushi tomó al menor con ambas de sus manos y lo jaló hacia él, haciendo que ambos entraran al agua.

— ¡Ah! — Todomatsu dio una bocanada de aire mientras se encogía de hombros y su espalda se erguía. — ¡Está fría!

— Sólo está poquito fría pero no está helada — comentó.

— Ah... — temblaba. Poco a poco fue acostumbrándose a la temperatura. De inmediato llevó una de sus manos al bolsillo de su short, deshaciéndose del agarre de Atsushi, y sacó algo: protector solar. Antes de seguir mojándose en el agua salada exprimió un poco el envase y sus manos se llenaron de la crema. Enseguida se dirigió a Atsushi y le huntó ésta por todo el cuerpo, sin embargo fue rudo al hacerlo en la cara. Apachurró sus mejillas y levantó un poco su flequillo para poder embarrarle la crema en la frente también.

— ¡Ah! ¿Qué haces?

— Antes de que se te olvide — dijo. — Agh, ya no queda mucho — tomó el envase del bloqueador solar y lo arrojó lejos hacia la arena que estaba seca para poder seguir en el agua.

— Tienes buen brazo — admitió riendo.

Ambos comenzaron a mojarse con el agua que ahora estaba hasta el nivel de su cintura.
Al cabo de media hora salieron del agua. Atsushi traía una gran cantidad de conchitas en sus manos, las cuales Todomatsu había juntado y le había pedido que le ayudara a llevarlas.
Las metieron en una pequeña mochila color rosa que Todomatsu había llevado con él y que abandonó por treinta minutos en la arena.

Todomatsu juntó el envase vacío del protector solar y lo guardó también.

— Debí haber traído más — se quejaba con media sonrisa.

— Todomatsu, ¿para qué vas a usar todo esto? — dijo refiriéndose a las conchitas de mar.

— No es como si las fuera a usar para algo. Es que... ¿acaso no te gustan? — dijo extrañándole que Atsushi no las viera tan especialmente bonitas como para juntarlas.

Atsushi sólo las vio por un momento más con detenimiento. Todomatsu resopló mientras veía la serena mirada del contrario, y sonrió sin querer.
"Así que él no hace estas cosas, ¿eh?", pensó.

Esperaron un rato sentados cerca del muelle hasta que se secaron casi por completo, ya casi no había arena en sus cuerpos. Disfrutaban de ver cómo brillaba el mar al reflejarse la luz del sol en el.

El menor volteó a ver a Atsushi de reojo mientras éste observaba el mar. Le gustaba el contraste que hacía la luz del sol con sus claros cabellos castaños y el avellana de sus ojos.

— Tienes la nariz un poco roja — comentó Todomatsu —, y las mejillas también.

— Ah... ¿No se me ve bien?

— No quería decir que no iba contigo — soltó una risilla.

En un instante, un balón que venía desde arriba chocó contra la arena, causando un rebote y haciendo que éste terminara entre las piernas de Todomatsu.
El chico lo miró con sorpresa puesto que había interrumpido la tranquilidad de manera indeliberada. Atsushi también lo miró y ambos chicos dirigieron su vista hacia atrás para poder divisar al dueño del objeto que parecía no estar muy cerca.

Atsushi se levantó y tomó el balón en sus manos para intentar entregarlo.

— Vamos, vino de aquella dirección — dijo apuntando hacia un lugar de la playa un poco más alejado del muelle mientras seguía caminando.

Casi de inmediato pudo divisar la silueta esbelta de dos chicas que se aproximaban hacia ellos rápidamente. Una era más alta que la otra; una usaba traje de baño y la otra una camisa delgada con una falda bastante corta pero sin verse vulgar.

— ¡Lo siento! — exclamó una de las muchachas. — ¿Se lastimaron?

— ¡Uh! Por poco... — decía la otra con alivio al ver el balón en manos del mayor de los chicos.

Todomatsu se acercó hasta llegar al mismo lugar que Atsushi.

— No, no se preocupen — dijo Atsushi con serenidad. — Es un bonito día para jugar, después de todo — se quitó las gafas obscuras para verla fijamente sin parecer grosero y removió un poco su cabello. Le tendió la pelota con delicadeza y ella la tomó con calma.

— Uh... Gracias — sonrió la más alta, estando un poco embobada al ver el fino rostro del chico.

— No fue nada — asintió el muchacho.

— Eh... ¿Les gustaría jugar con nosotras? — cuestionó la más pequeña con un leve sonrojo viendo también a Todomatsu.

— ¿No hay problema? — preguntó Todomatsu.

— Oh, por supuesto que no... Si somos más es más divertido — exclamó de manera amigable.

Atsushi sonrió y miró a Todomatsu se reojo para saber qué era lo que él quería. Al no ver alguna respuesta negativa asintió y aceptó la petición de la joven.

Se presentaron antes de empezar a interactuar más.
Los cuatro caminaron al lugar donde estaba la red para poder jugar voleibol.

Las chicas miraban a Atsushi detenidamente. Era inusual ver a un muchacho tan guapo... Y aunque Todomatsu también resultaba ser bastante lindo, en contraste con Atsushi no destacaba lo suficiente.

— Saquen ustedes primero — cedió Atsushi.

Una de las muchachas golpeó y lanzó el balón hacia el otro lado. Instintivamente Todomatsu lo golpeó primero, que fue quien corrió rápidamente hacia el.
De nuevo la chica más bajita lo lanzó y esta vez contraatacó Atsushi, intentado controlar su fuerza brusca.

De esta manera comenzaron a jugar. Primero de forma lenta y después fueron emocionándose. El sol estaba en un punto bueno, pues no les molestaba en absoluto sobre la piel.

El balón seguía cayendo, lo levantaban y lo volvían a lanzar.
A pesar de que Atsushi desde el principio había pensado en dejar ganar a las chicas, Todomatsu no lo hacía y jugaba con todas sus fuerzas.

— ¡Oh! ¡Todomatsu, eres bueno jugando! — dijo la pequeña.

— ¡Ja, ja! Al parecer todavía se me dan estas cosas — Todomatsu rió.

— Vamos, Todomatsu... — Atsushi suspiró con una sonrisa — No te lo tomes tan a pecho.

— ¡No, no! De esta manera es más divertido — se unió a la conversación la otra muchacha mientras reía.

Todos tenían la cara colorada después de haber estado jugando gran parte de la mañana y tarde bajo el sol.

— Hasta ahora tenemos un empate, así que... ¡oh! ¡Quienes pierdan le deben una comida a los ganadores! — propuso Todomatsu con mucha energía.

— ¡Claro, claro!

— ¡Así queda entonces!

Las chicas aceptaron.
Atsushi suspiró meneando la cabeza con una sonrisa al ver a Todomatsu actuar tan natural frente a las mujeres.

Siguieron jugando.
Un punto, luego dos, después tres y cuatro, y cinco, seis, siete...
Al final Atsushi y Todomatsu rebasaron el puntaje de las jóvenes y ganaron sin mucho esfuerzo.

— ¡Ugh! ¡Cielos! ¡Son realmente buenos! — exclamó la muchacha más alta mientras recuperaba el aliento.

— Qué se le va a hacer... — la otra se rió.

El menor de los chicos aplaudió varias veces.

— Fue divertido — dijo Todomatsu mientras asentía varias veces con la cabeza.

— Así que...

— Yo invito — Atsushi interrumpió de inmediato para acabar con el silencio.

— ¿Es...? ¿Está bien? — la muchacha preguntó.

— ¡Perdimos! Así que lo mejor será que hagamos lo que acordamos — comentó la otra.

— No, no se preocupen por eso. Aunque fue una buena motivación para querer ganar — rió. — Pero yo me haré cargo de eso ahora, no es ningún problema — dijo con naturalidad. — ¿Y a donde quieren ir?

— Pero, nosotras...

— ¡Vamos, déjenlo! — exclamó Todomatsu, todavía sonriendo. — Una vez que se le mete una idea, no la deja ya.

Las jóvenes se miraron entre sí y aceptaron.

— ¿A dónde quieren ir? — repitió Atsushi.

— Hay un lugar muy bueno cerca de aquí. Venden todo tipo de cortes de carne y las bebidas son buenas también — dijo la muchacha. — Este... Sólo si quieren beber. Puedo invitar eso, y tu amigo — dijo mirando a Todomatsu pero refiriéndose a Atsushi — puede pagar la comida de los cuatro.

— No suena mal — opinó el mayor.

— Está bien, ¿no, Atsushi-kun? — Todomatsu sonrió.

Atsushi dijo que sí y los cuatro se dirigieron al restaurante con calma.

Todos tenían las mejillas de un vivo color rosa debido al sol que les estuvo pegando desde hace horas y momentos atrás.
Finalmente llegaron al sitio, el cual era de muy buena vista pero no exageradamente suntuoso; era bastante agradable y fresco. Se podía ver el mar todavía desde ahí, lo cual era relajante y se daba el aire de estar cerca de casa.

Ordenaron la comida.
La mesera cortó y cocinó la carne frente a ellos como era costumbre en aquel lugar, y también pidieron y les trajeron las bebidas. Nada de sake, pero sí tarros de cerveza.

La mesera se retiró y comenzaron a comer, al mismo tiempo que comenzaron a charlar.

Entre plática y plática, Atsushi se dio cuenta de cuán habilidoso era Todomatsu para sostener una conversación, aunque sus ademanes, gestos y palabras eran diferentes a los que usaba cuando se encontraba con sus hermanos o sólo con él. Parecía que tenía un trato especial con las chicas... y eso le pareció tierno. No pudo evitar sonreír en sus adentros al pensar en ello.

— ¡Ya veo! Así que ustedes también están de vacaciones, ¿uh? — preguntó una de las chicas.

— Es un buen lugar para visitar y divertirse después de todo. Por eso lo elegimos también — sonreía la otra.

A pesar de que parecía que las palabras iban dirigidas a Todomatsu, miraban más a Atsushi. Al parecer tenían un cierto interés en él; lucía misterioso y bastante agraciado, sobre todo. Además no había hablado tanto como Todomatsu, pues mantenía su sonrisa y asentía a cualquier cosa con la que estuviera de acuerdo o le gustara.

Todomatsu sonrió y asintió al comentario de ambas como si lo afirmara, sin embargo sabía que una de las mayores razones por las que se encontraban ahí era por el trabajo de Atsushi.

— Es cierto en gran parte, es un buen lugar. Pasa que tenía que hacer algo por aquí y quedó bastante cerca del sitio. Nos ha convenido — dijo Atsushi con total calma mientras bebía de su cerveza después de hablar.

— Nosotras también vinimos para hacer algo por aquí acerca del trabajo. Bueno, ¡yo vengo a acompañar a mi amiga! Ja, ja...

— ¿Cerca de aquí? — preguntó la muchacha. — Ah, ¿no será en las oficinas de la empresa...?

— Sí, esas mismas — afirmó el mayor.

— ¿¡Eh!? Entonces... "Atsushi"... — la chica murmuró su nombre. — ¿¡Ese Atsushi!? ¡Ja, ja! Quien lo hubiera sabido... Mucho gusto de nuevo — sonrió. — Seguro conoces a mi hermana.

Todomatsu miró a todos con mucha curiosidad.

— ¿Tu hermana? — expresó Atsushi con curiosidad, haciendo memoria mientras observaba mejor la fisonomía de la chica como si eso lo pudiera ayudar de algo.

— Vamos, lo estás confundiendo — rió la otra.

— Oh, mi hermana es Miwa. Si no mal recuerdo ella trabaja contigo en la misma empresa... Me ha platicado algo sobre eso — decía con las mejillas rojas. — Kumi es su mejor amiga y amiga de nosotras también. Trabaja con ella en la oficina.

— ¡Oh! Kumi y Miwa... Sí, sé de quienes hablas. ¿En serio? — exclamó Atsushi con amabilidad. — Qué coincidencia...

— Vine a recoger unas de sus cosas porque el trabajo se le juntó — rió.

— Hey, pero pensar que es el mismo Atsushi...

— ¡Sí, lo sé!

Las dos reían con sus mejillas color rosa y Atsushi solamente sonreía. Todomatsu quedó un poco de lado.

Siguieron la plática. Ellas hacían preguntas (mayormente para Atsushi) y él las contestaba con mucha calma. Mantenía sus ojos entrecerrados y su sonrisa neutra.

— O sea que no sólo mi hermana te conoce — seguía diciendo la chica más alta —, sino que también nos estamos hospedando en el mismo hotel. ¡Quién lo diría! — reía muy quedito.

— No las vimos antes — comentó Todomatsu.

Ellas siguieron hablando entre risas, más que nada entre ellas. Al parecer estaban tan emocionadas de haberse encontrado a dos buenos hombres con los cuales podían convivir y charlar en sus días de ocio. Comentaban entre ellas lo agradable que había sido Todomatsu todo el tiempo y el buen comportamiento que Atsushi tenía por naturaleza. Todo aquello agregando que eran muy guapos.

Todomatsu seguía bebiendo mientras no estaba hablando y su cara comenzó a tornarse de un suave color carmín. Esto rápidamente lo notó Atsushi; sabía que no soportaría demasiado el alcohol.

— Hey, Todomatsu... — Atsushi se acercó al mencionado. — No bebas demasiado o tendré que regañarte — susurró a su oído con una sonrisa traviesa.

A Todomatsu le dio un escalofrío sentir el caliente aliento de Atsushi tan cerca de él. Su voz grave hizo que se estremeciera, lo cual supo disimular.

Las jóvenes ni se inmutaron, seguían hablando de cosas triviales entre ellas y además entre risas. Estaban disfrutando demasiado...
Ya estaban borrachas y ni siquiera se habían terminado la comida.

Al final Atsushi no dejó que las chicas gastaran en absolutamente nada. Pagó todo, tanto las bebidas como la comida.

Ellas dijeron que se quedarían un momento más allí solas, pero Atsushi se ofreció a acompañarlas junto a Todomatsu al hotel. Aunque estaba bastante cerca.

Se despidieron y ellos se metieron a su habitación, casi al final del altísimo edificio.

Todomatsu se desplomó en la cama.

— Ah... Ya estoy borracho — balbuceó Todomatsu.

— Me di cuenta — el mayor rió mientas se desvestía para ponerse algo cómodo.

— Les agradaste... ¿no?

— Eso creo. Pero, ¿y tú? Tienes muy buenos dotes para este tipo de reuniones — admitió con una sonrisa.

Todomatsu guardó silencio, tenía los ojos cerrados y estaba boca abajo.

— Pero... a ti te veían con otros ojos, Atsushi-kun...

— ¿Y tú crees que a ti no?

— ¡Pero tú actúas totalmente natural! No te esfuerzas en seguir un buen ritmo en la conversación... Tus gestos son tan bonitos, y tu voz también. Sabes cómo hablar con tranquilidad. Eso hace que les gustes mucho...

— ¿Y a ti? — sonrió. — ¿A ti te gusta eso?

Todomatsu guardó silencio y hundió su rostro en las almohadas sin hacer caso a Atsushi. Estaba ebrio y no quería decir o hacer nada que lo apenara después. Atsushi se rió al ver el infantil gesto de Todomatsu.

— Bueno — siguió hablando el mayor —, creo que ya me sé tu respuesta. Ahora cámbiate la ropa para que ya puedas dormir, ten — le tendió las prendas.

Todomatsu se las puso y ambos se acostaron en la cama con las luces apagadas. Únicamente oían el sonido del mar.

Después de mucho tiempo en silencio, Atsushi se acercó a Todomatsu y lo abrazó.
Poco a poco comenzó a acariciarlo. Hacía tiempo que estaba pensando que él y Todomatsu no habían estado una noche solos estando tan relajados.

Quería demasiado a Todomatsu, pero todavía temía a ir más allá de solamente un beso o una simple caricia. Pero lo deseaba...

Acarició el abdomen de Todomatsu por debajo de la ropa con lentitud, se tomaba su tiempo.

— Todomatsu... ¿cómo quieres que sea tu luna de miel? — le susurró al oído.

El menor sonrió, todavía estando medio dormido.

Atsushi siguió acariciando su abdomen y su pecho con cariño. Se acercó a él y comenzó a besarlo lentamente; su cuello, sus labios, sus mejillas...
Su respiración comenzó a agitarse un poco. Las mejillas de ambos comenzaron a ponerse rojas. Atsushi siguió con las caricias pero...

— ¡Mhm! Ja... ¡Ja, ja, ja! Atsushi-kun, ¡me estás haciendo cosquillas! — comenzó a reírse Todomatsu.

Atsushi se detuvo en seco.

Al parecer Todomatsu todavía estaba pasado de copas y medio dormido. Apenas y podía sentir a Atsushi cerca suyo...

— Todomatsu...

— ¿Mhm? Dime — sonreía estando con los ojos cerrados.

Atsushi estuvo a punto de darle un beso pero se detuvo y se alejó de él. Se resignó con una sonrisa.

— Debe haber otra forma — Atsushi se rió. — Buenas noches...

Todomatsu sonrió y asintió para después abrazarse al mayor y dormir profundamente.

Atsushi estaba feliz de poder estar con Todomatsu, había cosas que todavía debían hacer los dos. Aquella noche se limitaron a escuchar sólo ellos dos el sonido de la naturaleza, de disfrutar de la calidez del otro y de pensar en únicamente sus sueños. Al final, se tenían el uno al otro.

Pronto volverían a la vida cotidiana, y había todavía cosas que afrontar...