Capítulo 29- El encanto del muchacho.

Estuvieron unos días más en el lugar después de aquella noche. Las muchachas regresaron a Tokio antes que ellos y Atsushi estuvo libre de trabajo, al menos en aquel plazo.

Se divirtieron como lo merecían ambos. Poco a poco la estadía en el lugar se fue reduciendo y sería hora de volver a casa.

La cercanía entre ambos incrementó; el tiempo distanciados sirvió como terapia para unirse un poco más. De nuevo se sentían completos, aunque sea sólo mientras estaban literalmente juntos, precisamente.

El día final de aquellas pequeñas vacaciones llegó y todo volvió a la normalidad de repente, una vez de vuelta en casa. Pronto faltaría tan sólo una semana para que Todomatsu volviera a la cafetería, ya que ésta estaba casi terminada con sus nuevas modificaciones.

Todomatsu estaba arrellanado en el sofá, con una sonrisa en el rostro y los ojos cerrados. Y Atsushi estaba de pie mientras se desabotonaba la parte superior del terno.

Pasó solamente un día desde que habían llegado de su viaje, sin embargo parecía que tenían mucho menos.
Atsushi por suerte tuvo un tiempo de descanso pero debía volver pronto a su oficina junto a sus compañeros. Para su suerte o infortunio, todos dependían de él. Era muy importante, después de todo.

Una semana más pasó y todo siguió su transcurso como de costumbre.
Atsushi siguió cumpliendo con sus estrictos horarios laborales y continuó compartiendo momentos con Todomatsu sólo dentro del tiempo que le quedaba. Por otro lado, la cafetería abrió y Todomatsu retomó su empleo.

A pesar de que habían pasado los días, Atsushi estaba algo insatisfecho ya que no pudo llegar a tener la luna de miel que él deseaba, sin embargo no vio ninguna molestia en el rostro o comportamiento de Todomatsu y eso lo dejó un poco tranquilo. No obstante... él quería algo más.

Una tarde mientras rebuscaba en sus papeles antes de irse a trabajar en el turno nocturno, revisó una de sus tarjetas. Resultó que debería renovarla ya que no era apropiada para un uso adecuado. Trató de seguir revisando otras cosas importantes para la reunión que esa noche dirigiría, ya que debía hacer algunos papeleos después de ello. Estaba siendo cauteloso, sin embargo notó que su billetera no estaba con él, sino en el piso de arriba. No necesitaría más que la tarjeta y ya se le estaba haciendo un poco tarde; acostumbraba a llegar unos minutos antes.

— ¡Todomatsu! — gritó desde abajo para hacerse oír. El mencionado estaba en el piso de arriba. — ¿Podrías darme la credencial que está arriba? ¡La olvidé!

— ¿Eh? — contestó Todomatsu desde arriba estando en pijama ya que él ya había llegado del trabajo. — ¿En qué parte?

— Sobre la mesita de la habitación, en mi billetera. Es la única que hay — aclaró. — Por favor.

— ¡Ahora la traigo! — exclamó para después dirigirse a la recámara rápidamente.

Mientras se metió a la habitación buscó la cartera y la halló sobre el buró, cerca del lugar de Atsushi. Al apresurarse a abrirla intentó buscar por la cartera ignorando totalmente el dinero en ésta, y la encontró. Tomó la tarjeta en sus manos listo para llevársela a Atsushi, cuando de repente algo llamó su atención. En la billetera había algo que le pareció ya conocer. Estaba por fijarse en ello para ver qué era con exactitud pero la voz grave de Atsushi lo interrumpió.

— ¡Todomatsu!

— ¡Ah! ¡Ya voy! — exclamó desde arriba. Se apresuró y se la llevó al mayor. Bajó las escaleras con prisa pero con cuidado. — Lo siento, estaba algo escondida — sonrió con una mueca torcida mientras se la entregaba, algo nervioso.

— No te preocupes. Muchas gracias — sonrió. — Volveré por la mañana, descansa y cuídate — dijo mientras cerraba la puerta para después dirigirse al automóvil y marcharse con algo de prisa.

7:50 pm.

Todomatsu en cuanto confirmó que Atsushi se había ido regresó a la habitación superior para echarle un vistazo de nuevo a la billetera. Estaba seguro de que había visto algo ahí...
La abrió poco a poco y vio finalmente aquello que estaba guardado ahí.
No reaccionó por un momento, pero después sus mejillas se pusieron de un ligero color rosa.

— Esto es...

Recordó en seguida que Atsushi antes de llegar al destino de su viaje se había bajado durante una parada para llegar a una tienda de conveniencia y comprar algo. No estaba seguro realmente de si lo que allí había lo había conseguido en aquella situación, pero prontamente lo dedujo.
Mientras seguía haciendo memoria de eso y se imaginaba cosas se ponía cada vez más colorado.

Meneó la cabeza para sacarse de sus propios pensamientos y dejar de hacerse ideas erróneas. Puede que incluso hubiese otra explicación.

Cerró la cartera con cuidado y después la arrojó a su lugar.
Se quedó pensativo mirando al techo cuando se había tumbado a la cama; podía sentir cómo la temperatura de su cuerpo aumentó ligeramente.

— ¡Ugh! Qué tonterías — se rió mientras se levantaba para dirigirse lentamente a la cocina. —Yo preocupándome por una fantasía... — susurró para él mismo.

Caminó cuidadosamente a la cocina mientras temblaba un poco. Seguía sin superar su miedo a la oscuridad, y el hecho de tener que bajar él solo las escaleras hasta poder alcanzar el interruptor para encender la luz era un gran logro para él. Por supuesto, ese miedo era algo que disimulaba frente a Atsushi.

Se sirvió algo de fresas con crema y caminó dispuesto a llevárselas a la habitación. Una vez que apagó las luces regresó corriendo por las escaleras a toda prisa, justo como un pequeño animal asustado.

Una vez que terminó decidió dormir.

A la mañana siguiente se levantó temprano para poder llegar puntualmente a su trabajo.
No se dio cuenta en cuanto despertó pero sí una vez que ya se estaba poniendo los zapatos: Atsushi estaba ahí.

Todomatsu lo miró detenidamente por un momento y suspiró con resignación al verlo allí acostado sobre la cama, profundamente dormido; todavía tenía el traje, la corbata y los zapatos puestos.

Resopló y se acercó a él con sigilo mientas terminaba de abotonarse la camisa.

— Atsuhi-kun...

Lo llamó mientras pasaba su mano por el rostro del mencionado haciendo a un lado el flequillo, pero no hubo respuesta.
Estaba profundamente dormido, no hubo ni el menor movimiento.

Todomatsu no quería despertarlo, así que sólo atinó a quitarle el reloj de la muñeca para ponerlo después en el buró, y aflojó su corbata un poco antes de deshacerla por completo.

Lo cobijó delicadamente aún sintiendo pena de que tuviese el traje y los zapatos puestos y salió de la habitación.
Se dio un último vistazo en el espejo arreglando un poco su cabello y bajó para irse. Aún estaba a tiempo, pues no perdió el metro.

Pronto llegó a la cafetería y saludó a sus amigas. El día pesado comenzó...

El tiempo pasó poco a poco y atardeció.

— Estás muy relajado desde ayer, Totty — comentó Sacchi. — ¿Acaso es por el tiempo que pasaste?

— Ah, ¿de vacaciones...? ¡Sí! — aclaró de inmediato. — Acompañé a un amigo.

— ¡Wah! En el pasado ya hemos ido a la playa nosotros tres, ¿no? Deberíamos repetirlo — propuso Aida.

— Algún día iremos de nuevo — el chico sonrió. Una persona entró y se dirigió a la caja, por lo que interrumpió la conversación. Todomatsu lo atendió y las chicas hicieron parte del trabajo por separado. Una vez que la persona se retiró a la mesa, comentó: — ¡Ah! Que alguien tome mi lugar. Ya he tenido suficiente de este puesto.

— Uh, es verdad, ya llevas un buen rato ahí — Aida se rió. — Vuelve atrás y descansa un poco, yo me encargaré de la caja.

— Wah... Gracias — sonrió y se retiró.

4:34 pm.

Todomatsu llevaba ya quizá treinta minutos desde que abandonó la caja. Se alejó un poco por un momento hacia la habitación del lado trasero para ir por nuevas cosas y poder seguir preparando café.

De rato escuchó a la distancia las voces de sus compañeras, al parecer algo emocionadas.

— ¡Bienvenido! ¿Puedo tomar su orden? — exclamaba Sacchi. Una vez que el cliente respondió ella contestó de nuevo. — Adelante, pase a esta mesa por favor.

— Por favor no me hables de usted, todavía soy joven — el muchacho rió.

— Oh, perdóname... — sonrió apenada.

— No, no. Una chica no tendría que disculparse por algo así.

Sacchi se sonrojó con sólo verlo y Aida se acercó a él por un minuto con una sonrisa de niña traviesa.

— ¿No será que vienes a buscar a...? — preguntó la segunda sin terminar la frase.

— Así es. Me preocupé un poco al no verlo de inmediato. ¿Puedes decirle que estoy aquí? — dijo de forma amable.

— Se lo diré — Aida asintió varias veces.

Las muchachas lo atendieron y le asignaron una mesa.
Cuando el chico se retiró, Aida corrió hacia la habitación trasera buscado a Todomatsu. Tocó la puerta un momento y entró como si tuviera prisa.

— Totty — lo llamó.

— ¿Hm? ¿Qué sucede? ¿Se les juntó el trabajo? — soltó una risilla.

— No exactamente — negó con la cabeza mientras sonreía —, pero sí hay algo que debes ver.

— ¿Algo que debo ver? ¿Qué será?

— ¡Aida! — en ese momento entró también Sacchi a la pequeña habitación, apenas asomándose por el marco de la puerta. — ¿Ya le dijiste?

Todomatsu abrió más los ojos.

— ¿Decirme qué cosa?

Sacchi miró al chico con curiosidad.

— Acompáñame — le indicó Aida.

Todomatsu fue detrás de las chicas con curiosidad, temiendo encontrarse con alguien o algo que no deseaba ver.

Se estiró un poco tratando de encontrar algo que destacara; algo fuera de lo normal. Meneó la cabeza al no dar en el clavo, comenzó a confundirse un poco.

— ¿Qué es lo que sucede? — preguntó finalmente, resignado.

— Será mejor que atiendas una de las mesas — dijo Aida riéndose mientras específicaba un sitio.

— Allí — apuntó Sacchi entre la gente con su dedo índice —, mira.

Todomatsu dirigió la vista hacia el sitio y levantó las cejas al divisar lo que sus amigas le indicaban.

— At... ¿¡Atsushi-kun!?

Atsushi levantó su mano moviéndola de un lado a otro para saludar a Todomatsu.
Las muchachas sonrieron al ver el rostro amable del mayor; les parecía bastante guapo, por lo que se habían emocionado tanto de verlo ahí. Afortunadamente el menor lo conocía, por lo que podían pedirle que se los presentara. O eso era lo que pensaban.

— Tómate tu tiempo, Totty. Tu turno ya casi acaba — comentó una de las muchachas.

El mencionado asintió y se dirigió a la mesa de Atsushi, cerca de la ventana.

Una vez que estuvo muy cerca se quedó de pie frente a él sin decir nada. Sonrió.

— Hola, Totty — saludó con una sonrisa, haciendo énfasis en el sobrenombre.

— Atsushi-kun, ¿no deberías estar en el trabajo? — rascó su nuca.

— Se supone, pero... — guardó silencio un momento. Miró a Todomatsu a los ojos por unos segundos sin decir nada y volvió a sonreír. — No es nada — meneó la cabeza —, sólo quise venir a verte. Aquí fue donde nos conocimos, ¿recuerdas?

— No lo he olvidado — rió.

— Bien. Según a lo que sé sobre tu horario, saldrás en una hora hoy, ¿no es así? Esperaré aquí y te llevaré a casa.

— ¿Me "llevarás" a casa?

— Hay algo que debo hacer por la noche.

Todomatsu suspiró.

— Entiendo.

Atsushi se dio cuenta de que el rostro de Todomatsu había cambiado a uno más triste, por lo que se estiró para alcanzar a tomar una de sus manos.

— Lo recompensaré luego.

Todomatsu abrió mucho los ojos.

— Sobre eso...

— ¿Hm? ¿Qué sucede? — preguntó amablemente.

— No, nada — dijo tras una pausa. — Te traeré lo que pediste. Acaban de llegar más personas...

— No hay prisa conmigo.

Todomatsu se retiró y atendió las demás mesas. Pronto le llevó a Atsushi lo que le pidió.

La hora de la salida se aproximaba y aún quedaban varias personas.
Cuando Todomatsu se acercó a sus compañeras notó que llevaban ya un buen rato estando algo calladas, pero no se atrevió a preguntar nada al respecto.

Cuando ya estaba a veinte minutos de retirarse del sitio, Aida jaló a Todomatsu delicadamente de una de sus mangas. Por instinto Todomatsu volteó y vio que su amiga estaba algo sonrojada.

— Totty...

— ¿Eh? ¿Qué sucede, Aida?

— Bueno, me preguntaba... — volteó a ver a Sacchi. — Nos preguntábamos — se corrigió — si podrías presentarnos a... tu amigo.

Todomatsu volteó a ver a Sacchi. Estaba igual de sonrojada que Aida.

— Sólo queríamos hablar con él... un momento. Claro, si es que él quiere — completó Sacchi.

Todomatsu parpadeó varias veces seguidas y después de pensarlo un momento asintió esbozando una sonrisa un poco torcida.

— Yo le diré.

— En... ¿En serio? — titubeó Sacchi.

— ¡Gracias, Totty! — Aida le dio un apretón a su mano con ambas de las de ella.

Quedaba poco tiempo para que la tienda cerrara y entraran empleados del turno nocturno de aquel día.

Todomatsu se enderezó y caminó hasta Atsushi. Se acercó a él poco a poco mientas le daba la espalda a las chicas, para que no pudieran leerle los labios.

— ¿Y bien? ¿Ya nos vamos? — preguntó Atsushi con amabilidad.

— Dicen que quieren hablar contigo — respondió el menor en seco.

— ¿Eh? ¿Quiénes? ¿Tus compañeras?

— Sí — asintió —, creo que quieren conocerte. En realidad... les gustaste.

— Oh, ¿no me habían visto antes? — rió.

— Es la primera vez que te atienden — dijo. — Además saben que nos conocemos ya que hace mucho viniste por mí en tu auto. Casi cuando nos conocimos, ¿te acuerdas?

— ¿Entonces? ¿Qué quieres que haga?

— ¿Que qué quiero que hagas? Eso no lo decido yo, lo sabes.

Atsushi resopló y miró a las muchachas por detrás de Todomatsu. Ellas sonrieron sonrojadas y avergonzadas.

— Todomatsu.

— ¿Qué?

— Pff... — se rió mientras se tapaba la boca con la mano. — ¿Estás celoso?

Todomatsu se puso colorado.

— ¿Qué? No, ¿por qué dices eso? Y justo ahora...

— Calma, no haré nada que te disguste — sonrió. — Además ellas no saben de nosotros, no las culpes.

— No es eso. Es sólo que... Bueno, es sólo...

— Iré a hablar con ellas, no pasa nada. Preséntanos y yo me encargo de lo demás, ¿bien?

Entonces Todomatsu se dio media vuelta y caminó hasta sus compañeras. En seguida los presentó y él se hizo a un lado para seguir limpiando las mesas. A partir de ese momento ignoró todo lo que Atsushi hacía.

Después de veinte minutos Atsushi se despidió de ambas chicas con un suave apretón de manos e hizo una última reverencia antes de retirarse.

— Hora de irnos, Todomatsu. Ya terminamos.

— De acuerdo. Espera un momento, me quitaré el uniforme — dijo para después regresarse también por sus cosas, saliendo con una simple camisa color rosa.

Ambos subieron al auto. El clima comenzaba a ser un poco templado.

— ¡Vaya! — exclamó Todomatsu. — ¡Y no dejas de ser popular en ningún lado!

— ¡Ja! No tienes nada que envidiarme.

— Pero, me parece extraño. El tipo de atención que te prestan es un poco... diferente.

— ¿Qué quieres decir con "diferente"?

— Otras intenciones.

— Oh — se rió. — Entiendo.

Estuvieron en silencio un momento.

— Atsushi-kun, ¿tú serías capaz de...?

— ¿Con ellas? — interrumpió. — No, ja, ja. Ya no.

— ¿Qué quieres decir con eso? ¡Ni siquiera sabes lo que iba a decir!

— Sé a lo que te refieres. A ese paso más allá, ¿no?

— Hm... — asintió.

Atsushi suspiró mientras esperaba a que la luz del semáforo dejara de ser roja. Tomó el volante y continuó por la calle, la cual ya estaba tornándose oscura.

— Ya habrá tiempo para decírtelo...

— Bueno... — Todomatsu siguió hablando con pena. — Y entonces, ¿qué...? ¿Qué te dijeron?

— Nada fuera de lo normal. Hicieron preguntas, ya sabes. En dónde estudiaba, en dónde trabajaba, sobre mi relación amorosa, y muchas otras cosas.

— Ya veo...

— ¿Algo sobre eso te molesta?

— Mm... Estuve pensando que es muy fácil enamorarse de alguien como tú.

— ¿Sí?

— ¡Pero eso no quiere decir que alguien pueda amarte más de lo que yo lo hago! — se apresuró a decir.

Atsushi lo miró por un momento mientras conducía un poco más lento.

— ¡Qué cosas dices! — Atsushi esbozó una enorme sonrisa, mostrando casi por completo su blanca dentadura.

— Eh... Como en nuestra última salida también había chicas interesadas en ti pues lo sentí un poco extraño. La primera vez que te vi también pensé que eras especial, así que no puedo culparlas...

— Puedo lidiar con las chicas. Como puedes ver no sucedió nada aquella vez, ni tampoco en esta ocasión. Además después de eso tuve que lidiar también con Kumi y Miwa en la oficina — bufó al recordarlo. — Estoy acostumbrado.

Todomatsu asintió y no comentó nada más acerca de ello.

Durante la conversación con Sacchi y Aida ellas habían quedado fascinadas. Ante la pena de éstas fue Atsushi quien agilizó la conversación con hábiles palabras, gestos relajados y movimientos naturales.
Fue encantador frente a ellas.

Llegaron a la casa y entonces Atsushi se dirigió al recibidor de nuevo, dispuesto a irse. Se había despedido de Todomatsu otra vez.

— ¿Qué harás? — preguntó el mayor.

— Me daré una ducha, y quizá después lea un libro o algo así.

— Bien. Duerme temprano, por favor — pidió. — Volveré en unas horas, ya lo sabes.

— Atsushi, no estuviste en el trabajo durante la tarde. ¿Cambiaste de turno? Me preocupa que no descanses como deberías...

— Pues, fue una decisión que tomé. ¡Además dormí hasta tarde hoy! Gracias por no despertarme.

— Disculpa por no quitarte los zapatos.

— ¡Ja, ja! Está bien, no soy una criatura — rió mientras sostenía el picaporte de la puerta para abrirla. — Bueno, me voy. Ya lo sabes, duerme tranquilo.

— Que te vaya bien.

Cuando Atsushi se fue, Todomatsu de nuevo se quedó completamente solo.
Atsushi no tenía vecinos, pues era un sitio donde costaba un poco vivir; ello le traía un poco de ansiedad al menor. No poder escuchar ningún ruido ni ninguna voz era algo desesperante.

Se dio una ducha tomándose su tiempo.
No era como si le molestara pero no dejaba de pensar en cómo las chicas miraban a Atsushi. En el fondo deseaba ser igual de encantador que él.

Cuando salió y se puso su pijama comenzó a cepillar su cabello para finalmente poder dormir.
Pensaba que quizá debía llamar a sus hermanos, sin embargo no lo hizo. Prefirió solamente revisar notificaciones de sus redes sociales y mirar cosas que realmente no le importaban. Al final no le dieron ganas de leer ningún libro.

Se dirigió al piso de abajo y encendió la televisión para no sentirse muy solo. El silencio lo estaba torturando sin que él se diera cuenta.

Mientras fue a la cocina y se preparó algo para comer. Fue entonces cuando se preguntó si Atsushi ya había comido algo, por lo que se preocupó un poco. No obstante, meneó la cabeza a ambos lados tratando de deshacerse de los pensamientos desagradables. Atsushi tenía razón: él ya no era un niño.

Mientras comía miraba la televisión. Después de todo, desde el comedor en la cocina se alcanzaba a ver un poco el televisor que estaba en la sala.

Comió tranquilamente, viendo la televisión pero sin ponerle atención realmente.
Una vez que terminó se dirigió hacia la oficina de Atsushi. Recordó que el libro que éste había comprado para él con anterioridad estaba ahí y decidió ir a buscarlo.
Bostezó y caminó con lentitud.

Una vez que llegó, abrió la puerta con cuidado y buscó entre las cosas del mayor con cuidado, pero no había nada.
Creyó que a lo mejor después de todo estaba en el buró, o quizá en la estantería de la sala. Ya no estaba seguro, por lo que decidió ver.

Recordó que mientras buscaba cosas para el viaje arrojó varias de éstas hacia el sótano sin mucho interés, por lo que pensó que quizá el libro estaba ahí. Bajó con tranquilidad y siguió buscando.
Se asombraba de él mismo por hacer esa clase de cosas siendo ya algo tarde, pero estaba aburrido y nadie se daba cuenta de lo que hacía; no pasaba nada.
Estaba sufriendo un poco por el hecho de que todo estaba realmente oscuro, pero ignoró el miedo (que ya estaba aprendiendo a controlar) y usó la linterna de su móvil.

Ya abajo comenzó a sacudir todo con cuidado. Encendió la luz una vez que encontró el interruptor y se abrió paso entre las bolsas, cajas y muebles.

— ¡Ugh! Hay un montón de cosas y polvo aquí — dijo para sí mismo. — Debería de limpiar esto en cuanto tenga oportunidad.

Siguió moviendo las cosas y se fue metiendo cada vez más al fondo de aquella habitación. Identificó enseguida las maletas que habían llevado al sitio y buscó haciéndolas a un lado. La luz no llegaba al final del cuarto, pero siguió.

Pronto vio el libro. Estaba justo en una repisa cerca de las maletas.

¿Por qué lo había puesto ahí? No lo recordaba y se arrepentía. Un poco más y tendría una fina capa de polvo.

Cuando se estiró para alcanzarlo, accidentalmente empujó un mueble que terminó golpeando otras cosas y tiró más libros de algunos estantes.

Uno de los libros chocó contra un objeto grande que estaba al fondo cubierto por una gran manta obscura llena de polvo. Al caer, éste produjo un sonido melifluo; una nota musical.

Todomatsu se detuvo cuando ya estaba por retirarse y volteó hacia el lugar de donde vino el sonido. Se quedó estático un momento y abriéndose paso entre todos los objetos se acercó a ello y lo alcanzó.

Una vez que lo destapó se dio cuenta de lo que era: un piano.

Y en realidad, era un piano negro de cola en un muy buen estado.

Se sorprendió mucho por el hallazgo; era cierto que se sorprendía e interesaba por la cantidad de cosas que Atsushi tenía allí, sin embargo aquello era súper encantador. Después de todo había algo más que ropa, paraguas, libros, montones de documentos, maletas, zapatos, percheros sosteniendo impermeables, herramientas, cortinas, varios pares de botas, muebles y cajas llenas de quién sabe qué.

Tocó una tecla del piano y al oír el sonido que ésta produjo, sonrió.
Se preguntaba qué hacía eso ahí y por qué Atsushi no le había dicho nada al respecto. Ahora tenía algo que preguntarle al día siguiente.

De inmediato volvió a la realidad tras un parpadeo. Al escuchar el sonido de las voces provenientes de la televisión que estaba en la sala, subió.
Cerró cuidadosamente la puerta del sótano y se dirigió a la habitación dispuesto a dormir. Ya después leería su libro; estaba agotado.

A la mañana siguiente vio a Atsushi junto a él. Había llegado a casa algo tarde.

Preparó el desayuno para ambos y lo esperó en la cocina.

— Buenos días — dijo Atsushi mientras se tallaba un ojo con cansancio.

— ¡Buenos días! — sonrió.

— Uh, ¿por qué tan animado? — sonrió. Todomatsu le había contagiado la sonrisa.

— Hoy es mi día libre así que me alegra poder verte un poco más por la mañana.

— Digo lo mismo — se hizo el flequillo a un lado con delicadeza.

— ¿Ayer todo salió bien?

— "¿Todo?"

— Es que dijiste que tenías que hacer algo, así que...

— Oh — interrumpió, de inmediato despabilándose. — Así es, todo bien.

— Últimamente me preocupas.

— ¿Eh? ¡Pero si estoy bien! Y me siento bien. Mírame — hizo una sonrisa exagerada.

Todomatsu no pudo evitar reír al verlo con el cabello todo revuelto, no siendo exactamente su sonrisa la razón de que le diera tanta gracia.

— Si tú dices que estás bien, estás bien entonces.

Atsushi asintió y sonrió. Todomatsu sirvió los platos y comieron.

— Iré al trabajo durante el turno nocturno — comentó Atsushi después de un rato en silencio.

— ¿¡Eh!? ¿También hoy?

— Lo siento, es algo que debo hacer.

— Mm... ¿Quieres comer algo hoy en especial?

— No, está bien. Comeré algo allá. La comida de la cafetería es buena también.

— Sobrevives con pura cafeína, ¿no? No me engañes.

— ¡Ja, ja! Eres muy persuasivo.

— No quiero molestarte. Perdón, creo que te estoy invadiendo.

— Eso no es cierto — sonrió.

— Y bueno... ¿puedo preguntar qué es lo que estás haciendo? Eso tan "importante".

— Eh... — se lo pensó. — Te lo diré ya que esté hecho.

Todomatsu ya no dijo nada después de aquella frase y se dedicó a comer lo último que quedaba en su plato.

Tras una larga pausa dejó el plato vacío a un lado.

Se quedó viendo al mayor un rato y sin dudarlo se dispuso a preguntarle algo.

— Atsushi-kun, el piano que está en el sótano... ¿Sabes tocarlo?

Atsushi se quedó quieto terminando el último bocado de su comida y miró a Todomatsu fijamente. Estaba desconcertado.

— ¿Qué? — dijo con una voz tan baja que pareció ser un susurro.

— Estuve moviendo las cosas del sótano porque había perdido algo. Entonces en el fondo miré ese piano negro que tienes. Me sorprende que esté en un muy estado.

— Oh, ya. Supongo que debí haberme deshecho de él, ya no hace falta — sonrió.

— ¿Y sabes tocarlo?

— Alguna vez lo hice, pero ese talento ya no está en mí.

— Mm... Pues, hoy vas al trabajo hasta la noche, ¿no? — dijo el menor. — ¿Podrías tocar algo para mí ahora?

— ¿Eh? Pero, Todomatsu...

— ¡Por favor! Sólo un poco.

— No... — negó varias veces con la cabeza. — Está empolvado, será una molestia.

— Atsushi-kun — lo llamó casi como suplica.

— No. No quiero, Todomatsu.

— Yo creo... que tal vez no has olvidado cómo tocar.

— Hace años que no lo hago.

— Sé que puedes. Por favor — hizo una cara de súplica. Parecía un gatito. — Toca algo que tú quieras o que recuerdes...

Atsushi arrugó la nariz y se levantó de la mesa sin decir nada.

Una vez estando en el marco de la puerta dirigió su mirada a Todomatsu y apenas sonrió.

— Ven, Todomatsu. Ya que tanto insistes, te mostraré. Aunque creo que... mis manos ya no son tan hábiles como antes — suspiró y sonrió —, para ciertas cosas — agregó.