Capítulo 30- Ese día.
Todomatsu abrió mucho sus ojos y éstos brillaron, como solían hacerlo cuando estaba cerca de Atsushi.
Caminó siguiendo al mayor y llegaron al sótano en donde se encontraba el instrumento. Cuando Atsushi se sentó frente al piano lo miró atentamente y después levantó sus manos con lentitud para posarlas sobre las teclas. Sus manos temblaban un poco... Temía haber olvidado cómo hacerlo.
—Atsushi-kun— habló Todomatsu en un tono bajo —, si es que te sientes un poco mal ahora puedes parar... La verdad no te pregunté cómo te sentías justo ahora, así que...
—Presta atención, por favor.
El tono que Atsushi usó fue suave y sin intención de herir, pero fue casi una orden, pues Todomatsu obedeció y se sentó sobre una caja para observar mejor. No quería que el contrario se sintiera más nervioso.
El tiempo se extendió un poco.
Atsushi presionó una tecla y al escuchar el sonido de ésta, Todomatsu prestó más atención mientras entornaba los ojos. El mayor frunció el ceño y siguió presionando las teclas con sus dedos, dando nacimiento a una dulce melodía. Las notas siguieron flotando en el aire, pintando el aura de un cálido color.
Todomatsu no cerró sus ojos en ningún momento, pues disfrutaba de ver a Atsushi hacer cualquier tipo de cosa, y esta situación era especial... Por otro lado, el contrario se dejó llevar y poco a poco sus movimientos se fueron volviendo más ágiles; cerró sus ojos y continuó.
Mientras el muchacho tocaba, el menor pudo notar su antiguo arduo trabajo al ver el movimiento de sus manos. Tocaba como si fuese un robot, al menos al principio, pero una vez que comenzó a desenvolverse, pudo presenciar cómo su corazón era liberado. No tardó en presenciar ahora a un vehemente Atsushi tocando un antiguo piano algo empolvado.
La melodía era lenta, algo triste pero hermosa. Capaz de tocar hasta el más frío de los corazones en una noche de desamparo.
Chopin- Nocturne op. 9 no. 2
La pieza siguió siendo tocada y escuchada.
Poco a poco fue terminando... Habían sido casi cinco minutos sin palabras. Sólo ellos y el sonido de la música en aquella fría y oscura habitación.
Una vez que Atsushi tocó la última tecla para por fin terminar, Todomatsu aplaudió. Apenas fueron unos tenues golpecitos que interrumpieron el silencio.
El mayor no hizo más que abrir los ojos de nuevo. No se lo esperó, pero las teclas estaban grabadas ya en su mente. En ningún momento tuvo que verlas, y no tuvo ni un solo error.
Con su rostro inmóvil y su ahora endeble corazón, apenas hizo una leve reverencia. Las palabras no salían de su boca.
—¡Atsushi-kun! ¡Fue genial! ¿Desde cuando no tocabas el piano? No parece que lo hayas olvidado... Eres sorprendente.
—Gracias, yo...— se relamió los labios. —No lo sé. Bastante tiempo, eso es seguro. Gracias, Todomatsu...
—¿Eh? ¿Te sientes malito? Te ves algo cansado justo ahora. ¡Creo que debiste dormir más!
—No, no es eso. Me siento bien, es sólo que hace bastante tiempo que no hacía esto y el no haberlo olvidado... me sorprende. Tú sabes— terminó la frase con una risita.
—¿No te sientes mejor ahora que lo has vuelto a hacer? La melodía que tocaste es muy bonita... Tal vez deberías hacerlo más seguido para mí— sonrió.
—Todomatsu...
—¡Es broma! ¡Es broma!— exclamó de inmediato mientras movía sus manos rápidamente.
—¡Ah! No iba a decirte nada malo.
—Lo sé, pero sentí que no debía forzarte a contestarme. Como sea, eres muy bueno con el piano. ¿Era tu hobby? ¿Ibas a clases de piano?— sonreía.
—A papá le gustaba el piano, así que...
—Ya veo, quería que lo tocaras para él, ¿no?— acarició su mentón mientras hablaba. —¡Me hubiera gustado haber practicado alguna actividad así!
—No es divertido si no es algo que te guste. Se vuelve tedioso, muy aburrido.
—Pero el piano me gusta... Verte tocar el piano me gusta— sonreía. —Cuando iba en preparatoria alguien siempre tocaba el piano durante los recesos, en la sala que estaba a un lado de la dirección. Las notas sonaban tan bonito que me daban ganas de intentarlo también, pero nunca pasó.
—¿Alguien tocaba el piano en la escuela?
—Sí, era durante las horas extracurriculares cuando podía oír mejor ya que no interferían las voces de los demás, pero siempre debía irme a casa junto con mis hermanos. Ni siquiera sabía que había un piano en la planta alta del instituto, quizá era un profesor.
Atsushi lo miró un momento mientras cavilaba sobre sus palabras. Algunos recuerdos cruzaron por su cabeza.
—¿No será que...?
—Ahora que lo pienso— interrumpió. La voz de Atsushi había sido apenas un susurro —, ¿qué harás con el piano? Es un desperdicio dejarlo aquí, pero será un problema moverlo de lugar.
—Primero debería arreglar el sótano. Está todo lleno de polvo y hay muchas cosas que ya no necesito.
—¡Te ayudo! Ah, pero hoy te vas por la noche, así que debes descansar...— se quedó pensando un momento. —¡Entonces lo haré yo!
—Pero es demasiado... Deja que yo lo haga.
—Entonces, ¿qué tal esto? Yo limpiaré los días que vuelva temprano, y cuando tú puedas limpiarás lo que falte.
—De acuerdo— suspiró sin poder negarse, con una sonrisa.
Todomatsu también sonrió.
—Y... ¿quieres hacer algo hoy?
—No pensé nada sobre eso.
El menor se quedó pensando y algo se cruzó por su mente. Sus mejillas se pusieron de un suave color carmín y rascó su nuca.
—Atsushi-kun, sobre eso... El otro día tomé tu billetera y... pues... vi algo.
—¿Qué cosa?— sonrió sin pena, sabiendo a dónde iba Todomatsu. Al ver que el otro estaba batallando para decirlo no pudo evitar reír e insistir. —¿Qué viste?
—Si ya lo sabes...— dijo entre dientes con las mejillas infladas. — Pe... Pero, ¡como sea!
Atsushi se rió y Todomatsu meneó la cabeza varias veces fingiendo no saber nada y olvidar todo.
Al llegar la noche, Atsushi salió de casa y se dirigió al edificio de oficinas en el centro de Tokio para continuar con su trabajo. Gracias a que era un individuo muy requerido en la empresa, no podía faltar por nada del mundo. Había demasiadas cosas que debía hacer. Se mantuvo así por bastante tiempo, como era costumbre.
Los días pasaron y Todomatsu siguió yendo a trabajar por las mañanas o en los turnos intermedios. De vez en cuando Atsushi se pasaba por la cafetería para saludar al chico y beber un café durante sus ratos libres. Según Todomatsu, pese a que estuviese contento de verle, no estaba bien que se escapara de la oficina, lo cual a Atsushi le dio gracia e hizo caso omiso. Continuó yendo, lo que emocionaba a Sacchi y a Aida.
Con el tiempo libre Todomatsu hizo lo que le había comentado a Atsushi y empezó a ordenar poco a poco el sótano. Pasaron los días y entre los dos pusieron todo en orden más rápido de lo que esperaban. Con los días Todomatsu logró convencer a Atsushi de acomodar el piano en la sala como un simple adorno más, y aunque el mayor había mencionado que esa parte de su pasado prefería olvidarla logró suavizar sus memorias al imaginar la cara alegre de Todomatsu al escucharlo tocar.
Atsushi no volvió a tocar el piano para Todomatsu después de aquella vez ya que realmente no le gustaba hacerlo, y éste último no volvió a pedírselo.
Debido a que era inútil siquiera intentarlo sólo ellos dos, Todomatsu decidió llamar a sus hermanos e invitar también a Futsuumaru para que los ayudaran a mover el piano, y de paso saldrían todos juntos a comer.
Hubo incluso días en los que todos, a excepción de Atsushi porque estaba muy ocupado, fueron a la casa de Futsuumaru a pasar el rato. Bebían, jugaban vídeo juegos, hablaban, reían y comían.
Habían pasado buenos días. Algunos eran peores que otros, pero de vez en cuando se sentía cómo se aligeraba el aire de sus vidas.
Como si sólo se tratase de dar vuelta a la página de un libro, el tiempo pasó rápidamente. Los días iban y venían, formaban semanas e incluso meses... El pasar del tiempo simplemente no se sentía.
El invierno llegó de nuevo sin que se dieran cuenta.
Algunas cosas cambiaron... Sin saber exactamente por qué, Todomatsu notó que Atsushi estaba más tiempo de lo que acostumbraba en casa. De vez en cuando salían juntos a hacer las compras o a comer a alguna parte.
Inlcuso hubo veces en las que Todomatsu acostumbraba ir al edificio de oficinas y esperar a que Atsushi saliera para poder ir juntos a casa. Claro, aquellas veces en las que no era torturador tener que esperar, siempre y cuando fuera un horario decente.
Una tarde de noviembre, Todomatsu decidió hablar con Atsushi y pedirle algo que consideraba él de suma importancia. Además, después de aquella petición, tenía muchas preguntas que hacerle...
Atsushi se encontraba en la sala leyendo el periódico. No traía corbata ni saco, pero sí una camisa blanca con su pantalón de vestir y unas pantuflas grises puestas. El menor vestía un suéter de lana color rosa con un pants marrón; no traía calzado, prefería andar por la casa únicamente usando calcetines.
—Oye, Atsushi-kun...— dijo apareciendo por detrás del mencionado. Traía entre sus manos su celular. —He tratado muchas veces de hacer esta llamada, pero simplemente no puedo... Es decir, quiero hacerlo como se debe— dejó de darle más rodeos al asunto y continuó con su propósito. —¿Podrías acompañarme a casa de mis padres?
Atsushi entornó los ojos y desvío su mirada del periódico, ahora dirigiéndola únicamente a Todomatsu.
—¿Qué?
—Lo que escuchaste, por favor... Es sólo para poder quedarme quieto. Hay algo en mí que me dice que debo ir. Ha pasado un tiempo, ¿sabes?
—Sí, lo sé. Casi dos años... ¿Estás seguro que quieres ir? ¿Conmigo?
—¿Con quién más si no es contigo?— hizo una breve pausa. —¿Me llevarías?
—¿Cuándo?
—Cuando tengas oportunidad.
—Vamos en dos días, ¿te parece? Arreglaré mi agenda.
Y así pasó. Atsushi acomodó su horario y dedicó su tiempo a Todomatsu. Estaba realmente feliz por él... Después de todo, había cambiado mucho desde que se habían conocido. Ahora se veía capaz de muchas cosas, más fuerte, más libre, más alegre y más decidido...
El hecho de que el menor le haya pedido ir a casa de sus padres denotaba su actual valentía.
El día llegó y Atsushi condujo a casa de Todomatsu, junto a él, por supuesto.
Sin miedo y sin trastabillar Todomatsu bajó del auto. Antes de retirarse Todomatsu dirigió su mirada a Atsushi por última vez, despidiéndose con un gesto e indicando que volvería pronto. El mayor asintió y esperó.
A pesar de tener mucho tiempo de no entrar a su casa, no lo sentía como un lugar extraño ni mucho menos. Sentía la confianza necesaria como para entrar sin tener que dar alguna explicación.
Estando frente a la casa tocó la puerta. Para su sorpresa la persona que la abrió fue Osomatsu, con sus grandes ojos muy abiertos y su gran sonrisa traviesa.
—¡Totty! ¡Hermanito!— se lanzó hacia él para abrazarlo. —¿Por qué no avisaste que vendrías, hombre? ¡Qué coraje! Nunca eres tú el que viene... ¡Estoy tan sorprendido!— le dio unos golpecitos en la espalda. —¡Pasa! ¡Pasa! ¡Sin miedo que es tu casa!
—Gracias, Osomatsu nii-san— pasó poco a poco, dejando los zapatos en el recibidor y eligiendo unas pantuflas para ponerse. Le dio gracia que su hermano siguiera tan carismático como siempre, además de que aquel día usaba un tono de voz más alto de lo normal. —¿Están papá y mamá?
—¿¡Eh!? ¡Qué aburrido! ¿Viniste sólo por ellos dos? Creí que quizá podríamos pasar algo de tiempo juntos...
—Lo siento, será para después— sonrió con pena mientras rascaba su mejilla. —No vine sólo por nuestros padres. También quería verlos a ustedes, ha pasado un tiempo... Ya sabes. Además, hay algo de lo que quiero hablar.
—Oh...— asintió mientras abría mucho sus ojos brillantes.
—¡Pero no es nada que tenga que ver directamente contigo, así que...— empujó bruscamente a Osomatsu como él también solía tratarlo —...quítate!
—¡Ouch!— se quejó mientras reía de forma burlesca. —¡Qué fuerte te has puesto, Totty!
Todomatsu le dirigió una mirada de enojo, la cual estaba fingiendo. Después se adentró a la casa de manera juguetona, no haciendo demasiado ruido. Al entrar puedo oír a sus hermanos dentro de su habitación hablando unos con los otros, sin embargo, notó que alguien más estaba ahí: Matsuyo, su madre.
Una vez que recorrió la puerta saludó con un tono de lo más normal, quedándose en la entrada de la habitación. No sonaba enojado, ni triste ni asustado ni tampoco contento. Sin embargo, pese a que sus palabras y su tono no denotaban alguna emoción, había algo en su voz y en su comportamiento que podía sentirse muy bien...
Había seguridad en sí mismo.
—Hola, Todomatsu...— saludó un sorprendido Choromatsu. —Así que regresaste...
—Como podrás ver— asintió Todomatsu con una sonrisa. —Hola, mamá— agregó mientras le dirigía la mirada a la mencionada.
—¡Mamá! ¡Mira quién es! ¿Acaso no te dije que vendría en cualquier momento?— dijo Osomatsu asomándose por detrás del recién llegado mientras frotaba su nariz con su dedo índice. —Aunque tomó casi dos años— rió.
La mujer que se encontraba junto a sus hijos no dijo nada instintivamente, sólo le clavó la mirada unos milisegundos. Se puso de pie y se dirigió a Todomatsu acelerando el paso conforme se iba acercando. En seguida lo envolvió en un cálido abrazo mientras lo apretujaba con mucha fuerza, sin lastimarlo. Apoyó su cabeza en el hombro de éste, hundiendo su rostro en el pecho de su hijo más pequeño.
—Te extrañé...— dijo la mujer en un susurro. Después se separó un poco del menor. —¡Realmente te extrañé! Estaba tan preocupada todo este tiempo... Aún sabiendo que te veías con tus hermanos, no pude dejar de pensar en ti, Todomatsu— lo abrazó de nuevo.
Todomatsu siguió de pie bajo el marco, totalmente inmóvil envuelto en los frágiles brazos de su madre. No sabía cómo reaccionar, por lo que poco a poco posó sus manos en la espalda de ella para devolverle el abrazo.
—Yo también te extrañé, mamá...— la abrazó con fuerza. —Por favor, no llores. No vine para envolverte en tristeza— sobó su espalda con cariño.
Su madre sonrió y asintió ante las palabras de su hijo, dejando ver únicamente unos marrones ojos cristalinos a través de sus anteojos.
—¡Todomatsu! ¡Y como siempre, sigues sin avisar cuándo vendrás! Podríamos haber preparado hoy una cena especial o algo— se quejó Choromatsu, cruzado de brazos.
—"¿Podríamos?"— exclamó Jyushimatsu. —Si la idea es tuya, ¡hazlo tú, hermano!— se carcajeó.
—Discúlpenme— hizo un ademán. —No pensé que quisieran saberlo...— Todomatsu se rió.
—Totty, my dear, ¿por qué tan de repente?— cuestionó Karamatsu acercándose al muchacho. —Solías pedir que fuéramos a algún lugar lejos de casa para distraerte, y ahora apareces así de repente...
—Me alegra verte aquí otra vez— balbuceó Ichimatsu. —Se sintió como cien años de no verte en esta habitación.
—Sí— sonrió Todomatsu —, en realidad nada ha cambiado mucho— decía mientras inspeccionaba la casa con un poco de nostalgia. Acarició un poco la mano de su madre, que no lo había soltado desde hace un rato.
—En realidad Choromatsu no quiso deshacerse de tus cosas o moverlas de lugar, así que dejamos todo como estaba— le dijo Osomatsu a Todomatsu haciendo pucheros. —¡Por eso es tremendo chiquero!— alzó las manos.
—¡Cállate!— riñó el tercero, completamente sonrojado.
Los presentes rieron. Después de un momento de pausa, Todomatsu hizo una pregunta que rompió con la tranquilidad del aura en aquella habitación:
—¿Dónde está papá?
—¿Eh?— musitó Ichimatsu.
—Espera a que llegue— dijo Osomatsu en seco, viéndole fijamente. —Está en el trabajo todavía, pero pronto estará aquí; hoy se fue temprano y también llegará temprano. Te irás una vez que hables con él, ¿no? Quédate a comer con nosotros, es un poquito tarde— dijo sin agregar más. Por el tono que usaba se podía notar que estaba un poco molesto o quizá decaído.
—Vine por eso, porque es algo importante. Pero también quería verlos a ustedes... Vine por ti, mamá— aclaró Todomatsu.
—¿Entonces? ¡Quédate mientras lo esperas!— alentó Choromatsu.
—Aunque Karamatsu hizo la cena, es una pena. Qué mala suerte tienes, Totty— dijo Ichimatsu negando con la cabeza.
—Oh, brother...— musitó muy dolido.
—Me quedaré, pero...
—¿Qué sucede, hermanito? No me digas que te sientes mal— preguntó Jyushimatsu con preocupación sin borrar su sonrisa.
—Ay, Todomatsu— Matsuyo se acercó al mencionado. —No te preocupes, ¿sí?— tomó a su hijo de los hombros cariñosamente. —Quédate. Sea lo que sea, esta vez nada saldrá mal.
—¡Eso es! ¡No lo permitiremos!— exclamó Jyushimatsu.
—Es que... Atsushi-kun está afuera— hizo saber Todomatsu.
—¿Eh?— musitó su madre.
—Ah, este... Ya sabías que "Atsushi" es el nombre del chico con el que vive Todomatsu, ¿no, mamá? ¿Ya te lo habíamos dicho? No lo recuerdo...— dijo Choromatsu.
—¡¿Atsushi-san está aquí?! ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos!— Jyushimatsu se fue corriendo rápidamente a la entrada de la habitación para después bajar por las escaleras. Sin embargo, no logró ir más allá, pues Osomatsu lo detuvo de un brazo con brusquedad.
—¡Quédate quieto, diablos!— gruñó el primogénito.
—Todomatsu...— habló Ichimatsu apenas en un susurro. —¿Estás seguro de esto?
—¿Eh? Ah, miren en qué me han puesto...— suspiró el menor de los seis. —Sólo vine a hablar con papá y ustedes un rato. No tenía intención de involucrar a Atsushi-kun en esto... Pero después de todo no puede quedarse afuera esperando mientras yo estoy aquí.
—Dile que pase— dijo Choromatsu casi como si se lo estuviera ordenando.
—Ay, Todomatsu... Sólo hazlo de una vez— sugirió Karamatsu. —Please...
Todomatsu juntó ambas manos mientras se sobaba las palmas muy nervioso. Creyó que podría mantenerse quieto, pero le daba miedo y algo de vergüenza (la cual no quería admitir) presentar a Atsushi a su madre. Le daba mala espina pensar en cuán herido podría resultar Atsushi con las palabras de su padre y ello comenzó a carcomerlo.
—Hijo— Matsuyo llamó a su hijo y éste captó su atención. De inmediato sostuvo una de sus manos entre las suyas para tranquilizarlo. —Tráelo con nosotros; a ese Atsushi-san. ¿Sí? Será un placer para mí conocerlo... Quiero conocerlo— hizo una pausa. —Tus hermanos me han contado de él, ¿lo sabías? Quiero conocerlo— repitió.
Todomatsu tomó aire y exhaló. Asintió repetidas veces tras echar un vistazo a todos y se dio la vuelta mientras hizo un ademán que indicaba que lo esperaran.
Salió la de habitación y bajó las escaleras rápidamente. Una vez que salió de la casa se quedó pegado en la puerta de la entrada de ésta, recargando su espalda mientras dejaba la mirada perdida en la nada. Suspiró al ver a Atsushi desde lejos, dentro del auto.
De inmediato se dirigió hacia él. Caminaba muy rápido pero de alguna forma su andar llevaba un ritmo casi robótico.
Al verlo Atsushi dirigirse hacia él se preocupó; creyó que quizás había ocurrido algo muy malo. En seguida bajó el vidrio y se dirigió a él mientras abría la puerta del coche.
—Todomatsu, ¿qué suced...?
—No es nada— lo interrumpió. —Es sólo que... papá todavía no está en casa— hizo saber. Al ver que las facciones de Atsushi se habían relajado, agregó: —Atsushi-kun, por favor, ven conmigo.
—¿Cómo dices?
—Papá llegará en poco tiempo. Por lo pronto, podemos estar en casa con mis hermanos y mi madre... Quieren que nos quedemos a cenar con ellos. Además, mi mamá quiere conocerte. Creo que, había un brillo en sus ojos cuando te mencionó. Por primera vez, Atsushi-kun, siento que todo va a estar bien...
—¿Qué quieres decir? ¿No estaba todo bien antes?
—No es eso lo que quiero decir. Es que...
—¡Totty! ¡Atsushi-san! —interrumpió gritando un emocionado Jyushimatsu mientras salía corriendo de la casa. Al ver a Atsushi agitó demasiado su mano para saludarlo, sin dejar ver sus dedos por la manga larga de su sudadera.
—Oh, Jyushimatsu... Hola —Atsushi estrechó gustoso la mano del mencionado.
—¿No van a entrar? ¡Las cosas se ponen tensas si lo piensan mucho! Ah... ¡Qué emoción! —el recién llegado agitó mucho sus manos en el aire. —Lo siento, Atsushi-san, pero aunque la comida de hoy no es muy buena, nos gustaría tenerte con nosotros —esbozó una resplandeciente sonrisa.
Todomatsu se sonrojó.
—Ah, me alegra oír eso —Atsushi sonrió. —Vamos, Todomatsu. Es mejor hacer las cosas de esta manera, como debió ser desde un principio.
—Ay, Atsushi-kun, no sé cómo voy a... —se puso colorado sin poder acabar la frase.
—Déjamelo a mí. En realidad muero de ganas por conocer a tu madre.
—Totty, cuando papá llegue y vea a Atsushi-san dentro, tal vez enloquezca un poquito, ¿no? Pero esta vez nada malo va a pasar, tú lo has dicho —comentó Jyushimatsu. —Estamos siempre de tu lado; quiero decir, de ustedes —sonrió.
Todomatsu asintió y Atsushi posó una de sus manos en el hombro de éste.
—Vamos, Todomatsu.
Tenía rato que nadie entraba a la casa y los hermanos comenzaron a desesperarse.
—Ah... —Choromatsu suspiró. —¿Habrá pasado algo?
—Tranquilo, Choro. Totty se toma su tiempo para todo, you know —lo tranquilizó Karamatsu.
—Habrá que esperar un poquito más o... —comentó Osomatsu, aunque se quedó mudo de inmediato al ser interrumpido por el timbre de la casa.
—Ya está aquí; Atsushi-san —hizo saber Choromatsu.
—Estoy algo nerviosa... —dijo Matsuyo entre risitas. —Pero el momento ha llegado... Vamos, muchachos.
—Prefiero quedarme un poco apartado. Esto es entre tú y él, mamá —opinó un colorado Choromatsu.
De nuevo se hizo oír el timbre de la casa.
—¿Eh? Y... ¿Y por qué tocan el timbre todavía? Si ya saben que pueden entrar —bufó Osomatsu.
Ichimatsu no hacía más que morderse las uñas muy ansioso. Se privó de objetar alguna palabra que no fuera con la situación.
Por supuesto, todos se dirigieron al recibidor, quedándose los hermanos un poco más atrás de su madre para no estorbar.
Sin esperar a que de nuevo el timbre sonase la mujer abrió delicadamente la puerta. No sabía qué clase de hombre podría encontrar frente a ella; estaba asustada de su imaginación.
Al alzar la vista lo primero que vio fue a su hijo y al girarse un poco pudo observar completamente al otro joven.
—Mamá, quiero presentarte a Atsushi-kun —dijo Todomatsu con las mejillas exageradamente tornadas de un vivo color rosa. Se hizo a un lado para darle paso al mencionado.
—Buenas tardes, señora Matsuno. Mi nombre es Atsushi, un placer conocerla —sonrió y extendió su mano para tomar la de la mujer. Aquella expresión eran tan encantadora y tan típica de él; sus ojos relajados, su sonrisa tranquila y su porte firme que denotaba seguridad y confianza.
—El gusto es mío —la mujer quedó anonadada con tal belleza natural reflejada en aquel hombre. Parpadeó varias veces antes de tomar su mano y asintió mientras respondía al saludo. Atsushi apenas depositó un suave beso en la delicada piel de ésta. —Por favor, pasa —se hizo a un lado para abrir camino.
—Gracias, con permiso.
Atsushi pasó y Todomatsu entró tras él cuidadosamente. El muchacho miró a su madre con algo de pena pero con una sonrisa torcida en su rostro; estaba terriblemente emocionado. De rato llegó Jyushimatsu corriendo y entró a la casa antes de que su madre cerrara la puerta.
—¡Hey! ¡Atsu! ¿Qué tal? —saludó Osomatsu con total confianza, estrechando su mano. Esto hizo a Choromatsu preguntarse de dónde sacaba tanta familiaridad tan de repente.
—Ha pasado un tiempo ciertamente —Atsushi sonrió y correspondió al fuerte apretón. —Oh, hola, Ichimatsu, Karamatsu, Choromatsu... —estrechó las manos de todos conforme los iba mencionando. Finalmente había aprendido a distinguirlos, después de dos años.
Matsuyo se dirigió hacia Atsushi una vez que la puerta estuvo cerrada y lo miró a los ojos para hablarle.
—Entonces, Atsushi-kun, siéntate con nosotros por favor. La cena está lista —indicó mientras posó una de sus manos en su hombro. Le encantaba admirar su altura.
De nuevo con palabras y gestos educados la siguió. Una vez que los platos estuvieron servidos y todos ya estaban sentados, comenzaron a comer. Ninguno empezó a hablar, no sabían exactamente cómo iniciar un tema de conversación ahora que Matsuyo finalmente estaba frente a la pareja.
Choromatsu golpeó suavemente la mesa con sus dedos; estaba nervioso. Ichimatsu estaba aliviado de que su poder y su más destacada cualidad fuera ser silencioso, pues no tenía que esforzarse en aligerar la atmósfera y nadie se lo exigiría. Karamatsu sólo suspiró para llamar la atención pero nada surgió después de ello. Jyushimatsu se meneaba de un lado a otro mientras sujetaba los palillos y picaba su comida con una gran sonrisa. Inesperadamente Osomatsu estaba callado y con una expresión neutra, mientras que Todomatsu sólo se dedicaba a ver de reojo a Atsushi y a su madre con una sonrisa nerviosa, intentando con todas sus fuerzas empezar una conversación. Todo estaba tenso, aunque era aligerado por la resplandeciente sonrisa de Jyushimatsu, pues era él el único que estaba disfrutando al cien por ciento del momento por más incómodo y silencioso que fuera. El corazón del quinto latía a mil, al igual que el del sexto.
—De haber sido posible hubiera deseado venir antes, pero varias cosas pasaron. Una disculpa —Atsushi sonrió. —Creo que ya han platicado sobre nosotros, señora Matsuno.
Matsuyo se quedó en silencio por un efímero momento.
—Sobre eso, mamá... —Todomatsu intentó meterse en la plática tras el silencio. —Hablé muchas veces con Atsushi-kun, estaba deseoso de conocerte desde un principio. Pero, yo no podía venir sólo así como si nada...
—Ya no teman sobre eso. Al igual que los muchachos —dijo Matsuyo refiriéndose al resto de sus hijos— no pensamos juzgarlos ni nada de eso. Ahora veo que todo estuvo bien siempre... Pero el miedo ciega a las personas.
—Mamá, todo fue mi culpa —Todomatsu hizo una pausa. —Lo siento... Debí haberme comportado desde el principio, cuando supe lo que sentía.
Habían ido al grano de inmediato y eso estaba bien para todos, ya que era lo que querían.
—Eso no es verdad, Todomatsu. Hablamos de eso una vez... Lo que te provocó miedo fue pensar en nuestras reacciones y las consciencias. Nosotros te provocamos miedo —aclaró la mujer. Cuando terminó de hablar con Todomatsu dirigió su vista a Atsushi y le sonrió a éste.
—¿Está bien que todo esto sea así? Es decir, ha sido muy grosero de mi parte —dijo Atsushi. —No haber llamado o venido. Bueno, sabía de la preocupación de Todomatsu así que pensé que no debía acercarme aquí. Aún así, debí haber tratado y ver la situación por mi lado cuando comencé a tomármelo en serio.
—Pero, Atsushi-san, está todo bien así —dijo Jyushimatsu. —Totty es feliz ahora.
—Sí —asintió Todomatsu. —En aquel tiempo quería dejar de parecer yo, pero simplemente no podía fingir ser otra persona. Ahora... puedo sentirme más libre; feliz.
Atsushi no dijo nada tras escuchar aquello, tan sólo suspiró y lo miró con melancolía por un instante. Y esa mirada bastó para tocar un viejo y dulce corazón; al verlo Matsuyo entendió todo. El fijarse en cómo se veían con tanto cariño sin siquiera darse cuenta de cuánto sus miradas transmitían por ellos pudo darse cuenta del verdadero amor que afloraba entre ambos. No podía simplemente forzar la extinción de aquella llama, ni ella ni nadie.
A pesar de que no pudo tener aquella visión desde el principio, comenzaría a entrar en el mundo de aquellos muchachos que necesitaban tanto amor.
—Todomatsu, es tu vida. No puedo obligarte a hacer o no hacer algo que quieres —dijo Matsuyo. —Esto se lo digo a ambos, por supuesto. Ambos son jóvenes y apuestos, vivan como quieran...
—Eso significa... —balbuceó Karamatsu sin acabar su frase.
—¿Entonces quiere decir que está bien que estemos juntos? ¿Crees que somos... normales? —preguntó Todomatsu. —¿Está bien?
—Quiero decir que es tu vida —dijo Matsuyo con total calma. —Haz lo que te haga feliz, no importa si estás bien o estás mal.
Atsushi apretó un poco los puños y Todomatsu resopló.
—Mamá, puede que no te parezca normal, pero... me alegra haber podido venir. Que hayamos podido venir y entrar aquí a la casa sin problemas, juntos.
—Por favor, hijo, vive tranquilo. Es cierto que mi opinión no puede cambiar tan fácil... Puede que piense que haces cosas incorrectas, pero son cosas que te hacen feliz y yo quiero que seas feliz, ¿sí? De cualquier modo me alegra ver al verdadero tú —hizo saber la mujer para después ver a Atsushi con total tranquilidad. —Lo vuelvo a decir, esto va para ambos. Aunque, por supuesto necesito saber en dónde y cómo está viviendo exactamente mi hijo —dijo con una risilla aligerando un poco el ambiente.
—Gracias, señora Matsuno. Le haré saber de mis direcciones lo más pronto posible —contestó Atsushi. —Todomatsu no tiene ni tendrá ningún problema viviendo conmigo, se lo prometo.
Matsuyo asintió con tranquilidad, casi sin entusiasmo. Aquella sensación de serenidad era mejor que la del pánico que había sentido con anterioridad.
—Pero, por favor, querido, come —le decía Matsuyo a Atsushi. No se le podía quitar la costumbre de llamar cariñosamente a cualquier chico que conociese. —La comida se te va a enfriar.
—Sí, muchas gracias —dijo Atsushi mientras volvía a probar bocado. Al terminar, comentó: —Está muy bueno.
Karamatsu sonrió con un aire de grandeza.
—Of course, perfect boy! Porque yo lo hice. Me alegra que te guste.
—¡Ah! Qué desperdicio, Atsushi-san. Si tan sólo hubieras avisado que vendrías habrías tenido una mejor comida —Choromatsu resopló mientras recargaba la mejilla en su mano.
—¡¿Eh?! Es una pena —exclamó Osomatsu. —Hubiera sido mejor que Atsushi pudiera probar la comida de mamá. Llegaste en un mal día, amigo mío —dijo la última frase viendo a Atsushi con pesar.
—Ja, ja... Si ustedes lo dicen, tendré que creerles —rió Atsushi. —Pero eso no quita que la comida de su hermano esté buena también, ¿no es así, Ichimatsu-san? —dijo viendo al mencionado, para animarlo a hablar un poco.
Ichimatsu abrió mucho los ojos y se quedó mudo. Ni un solo sonido salió de su garganta. La verdad es que creía que la comida no era mala, pero jamás lo diría. Fue entonces cuando Jyushimatsu pudo ver la fingida mirada de repulsión de su hermano e interrumpió el momento con una escandalosa risa, la cual Osomatsu complementó.
Hablaron un momento más. Poco a poco los sextillizos completos fueron uniéndose a la conversación mientras hilaban sus palabras. Matsuyo no decía nada y Atsushi atinaba a sonreír tras cada comentario.
—Por cierto, Atsushi-san, ¿te apetece más comida? Tu plato ya está casi vacío —comentó Choromatsu amablemente.
—No, Choromatsu-kun, gracias —contestó Atsushi. No quería ser una molestia, pues le parecía demasiado que tuviesen que cocinar para siete. Además no habían contemplado su visita. —Yo...
—¡Sírvele! Un hombre como él jamás aceptaría algo así, Choro —interrumpió Osomatsu mientras tomaba los palillos para vaciar más curry en el plato de Atsushi, mientras rellenaba bruscamente el tazón con más sopa de miso.
—¡Osomatsu-kun! No es necesario... En serio —dijo Atsushi con sus ojos muy abiertos. —La verdad es que he estado cuidando la cantidad de alimentos que consumo, así que...
—Así que nada —Osomatsu palmeó con fuerza la espalda de Atsushi y sonrió como era típico de él.
Choromatsu e Ichimatsu soltaron una risita mientras compartían miradas.
—¡En fin! Brother, estoy feliz de que estés aquí —le dijo Karamatsu a Todomatsu cariñosamente.
—Yo también estoy feliz de... —Todomatsu había sonreído al comenzar a hablar, pero fue interrumpido por un sonido proveniente de afuera de aquella habitación. Su sonrisa se borró de su rostro y se quedó por un momento completamente estático.
Todos se quedaron en silencio. Una sonrisa leve se dibujó en el rostro de Atsushi, volviendo el aura de serenidad en éste. Le parecía un déjà vu.
Matsuyo se enderezó y se puso de pie casi por instinto, pero volvió a su lugar cuando sintió la mano de uno de sus hijos en su hombro para tranquilizarla; era Ichimatsu.
—¡Estoy en casa! —se hizo oír la ronca voz de un hombre desde el recibidor.
Todomatsu suspiró y Atsushi apretó su mano por debajo de la mesa.
—Vaya... Papá llegó —dijo Osomatsu.
El hombre caminó hasta llegar a su familia y ahí los encontró a todos, sentados en el suelo alrededor de la mesa.
—¡Oh! No me esperaron para cenar —bromeó Matsuzo. Una vez más volvió a saludar, sin embargo se quedó mudo y casi boquiabierto al darse cuenta de que Todomatsu estaba entre ellos. Y además, se sorprendió al ver a otra persona junto a él.
—Papá, bienvenido —dijo Choromatsu con voz débil.
—Todomatsu... —apenas dijo Matsuzo, sin hacer caso a las palabras de su tercer hijo. —Volviste. ¿Cuándo? ¿Por qué estás aquí?
—Papá, hola. Ha sido un largo tiempo sin verte... —respondió Todomatsu en un tono bajo. —Te extrañé.
—¿Por qué estás aquí? —repitió, ignorando la última frase de su hijo.
Al notar que aparentemente su padre quería ir al grano del porqué de su visita, se dispuso a hablar.
—Ah, entiendo. Sí, fue culpa mía por no haber avisado —rió con un poco de nerviosismo, el cuál creía ya haber controlado. Se puso de pie. —Está bien, me iré pronto. Pero déjame hablarte. En realidad, quiero presentarte a alguien...
Cuando Matsuzo dirigió su mirada al fondo y pudo divisar a Atsushi frente a la mesa, exhaló con pesar. Se hizo una pronta idea de lo que estaba pasando y lo que venía a continuación. Abrió mucho los ojos.
Ichimatsu apretaba los puños con fuerza sobre su regazo. Todos se mantenían al tanto de la situación, a excepción de Matsuyo que tenía la mirada clavada hacia abajo.
Atsushi se puso inmediatamente de pie, con una expresión relajada y llena de confianza. Caminó un poco hasta adelante, donde ya estaba Todomatsu muy cerca del hombre.
—Papá... Él es Atsushi-kun, con quien he estado viviendo todo este tiempo de ausencia —aclaró. —Es mi pareja.
El hombre se quedó completamente en blanco, sin saber qué decir o qué hacer.
—Mucho gusto, señor Matsuno. Soy Atsushi, realmente es un placer conocerlo —esbozó una leve sonrisa y extendió la mano para estrechar la mano del contrario.
Matsuzo no hizo ni un solo movimiento; tan sólo se limitó a hacer una expresión de profundo desagrado.
Y por supuesto, no estrechó la mano de Atsushi. Ni siquiera se atrevió a dirigirle la palabra, solamente se alejó más. De inmediato miró a su esposa en busca de alguna reacción pero no la hubo. Debido a ello, dirigió su mirada al mayor de sus hijos.
—Creí haberles dicho, muchachos, que Todomatsu podía volver solamente si regresaba él solo —alzó el tono de su voz. —Nadie más. —avanzó más adentrándose a su casa mientras arrojaba con molestia el maletín hacia el sofá. Le dio la espalda por completo a Atsushi y se acercó a Todomatsu. —¿Qué es lo que intentas ganar con esto, eh? Todomatsu.
La mano del recién llegado seguía extendida esperando ser estrechada, lo cual nunca pasó. Atsushi esbozó una sonrisa burlona, la cual nadie pudo ver debido a que se había quedado viendo hacia la pared, de espaldas hacia el hombre. Apretó su mano ligeramente volviéndola puño y se giró, con expresión neutra.
—No te entiendo, papá. No es como si quisiera decir algo. Es sólo que creí que... estarías mejor si conocías a Atsushi-kun —al ver la cara llena de molestia de su padre, continuó: —Es decir, ha pasado mucho desde la última vez que vine y me viste —rió un poco. —Debió preocuparte...
—Claro, todavía me preocupa que hayas tirado tu vida a la basura.
—¡Papá, no le...! —de inmediato Osomatsu interrumpió poniéndose de pie, sin embargo fue callado por Todomatsu, que había levantado una de sus manos indicándole con calma que se detuviera.
—No siento que haya tirado mi vida a la basura, papá.
Matsuzo se rió.
—¿No? No tienes un trabajo fijo, no puedes mantenerte por ti mismo, a duras penas acabaste la preparatoria... Y ahora sales con esto. Por lo menos debiste tener hijos y mejorar tu pequeño mundo un poco —suspiró. —La verdad es que... me siento triste por ti.
—Nunca vas a aceptarme por ser sólo yo, ¿verdad? Me esperaba eso —balbuceó Todomatsu. —Pero yo soy feliz así. Por favor, sólo te pido que me digas que ya no vas a vivir con un peso encima y me iré. Es lo que quieres, ¿no? Piensas: "¿qué es lo que hice mal para que mi hijo sea así?". Nada, papá. No hiciste nada mal porque nada está mal. Puedes estar tranquilo...
—Ay, Todomatsu... Esto no está bien.
Y por milésima vez Todomatsu preguntó:
—¿Por qué no?
—Porque lo que tú sientes no es amor ni nada de eso. ¿Quieres a este sujeto? —apuntó bruscamente a Atsushi. —No, no lo haces. Solamente eres muy egoísta y preferiste engancharte con la primera persona que viste que se forraba en dinero.
—Dis... Disculpa, pero, ¡no voy a dejar que digas eso porque no es cierto! —alzó la voz.
—¡Qué horror! ¿Nos tomas como tus títeres? Bien supiste que podías quedarte aquí a vivir cómodamente, pero... te fuiste con alguien que recién conociste. Ese tipo de "amor" no existe, ¿lo sabes? ¿Tanto miedo te da estar solo? ¿Solamente porque ninguna chica se fijó en ti desde la preparatoria? Bueno, da igual... Ahora que no tendrás hijos terminarás solo de todas maneras.
El rostro de Todomatsu se tornó rojo. De inmediato Jyushimatsu se puso de pie y tomó a su hermano por los hombros para tranquilizarlo un poco. Osomatsu apretaba sus dientes tragándose su coraje y los demás no hacían nada aunque querían interferir, pues todo era entre Matsuzo y Todomatsu.
—Disculpe, Matsuno-san, pero con todo el respeto que se merece, no creo que esa sea la mejor manera de hablarle a Todomatsu —exclamó Atsushi.
—¡Tú te callas! ¡Nadie me dice cómo hablar! —el hombre alzó la voz. —¿Qué le hiciste a Todomatsu para que dejara a todos de lado de tal forma, eh? ¿Le das dinero a cambio de que él te haga "esa clase de favores" para satisfacerte?
—No, señor —Atsushi por primera vez en todo el día abrió completamente sus ojos. —No es así.
—¿Lo hace bien? —insistió. Estaba burlándose.
—¡Ya basta! —exclamó Osomatsu. —¡No le digas esas cosas, viejo!
—Osomatsu, quédate quieto, por favor —Choromatsu lo apretó de la muñeca, aunque no era más fuerte que el mayor. —Ya sabíamos que esto pasaría, ¿no? Ya lo sabíamos —hablaba bajito.
—¡Pff! ¡Ahorrémonos este show! ¿Quieren? —exclamó Matsuzo. —Todomatsu puede irse a meter con cualquier desconocido si quiere.
—¿Qué? —balbuceó el mencionado.
—Ya déjalo, Totty —Jyushimatsu le susurró al oído.
—Aunque de sólo imaginarlo... —hablaba el hombre —me da asco —susurró la última frase.
—Es una pena que pienses eso —dijo Karamatsu seriamente. Poseía quizá la voz más grave de todos los presentes. —No es como si te fueras a vivir con ellos.
—Cállate —balbuceó Matsuzo.
Ante la cruel respuesta, Choromatsu le dirigió una mirada de preocupación a todos sus hermanos y a Atsushi. Por su parte, la mujer no hacía ni decía absolutamente nada.
—¡La respuesta no va a cambiar! Estoy preocupado y triste por mi hijo más pequeño... —decía Matsuzo mientras reía a modo de burla, sin poder evitar que algunas lágrimas de tristeza y orgullo se asomaran apenas por sus ojos. Era una mezcla de emociones. —Que mi sexto hijo haya usado así su vida... De manera no profesional e infantil, duele. Me duele mucho verte, ciertamente, Todomatsu.
—Sólo quiero que me digas que estás bien con mi decisión. Ya te dije, que aceptes que no tiene que ver contigo —continuó el menor de los sextillizos. —Es una pena que no puedas percibir lo feliz que soy ahora, al lado de Atsu...
—No lo digas —lo interrumpió; lo sentenció. —¿Sabes? Ahora que lo pienso, de verdad quiero ahorrarme algo tan repugnante como verles a la cara, a ustedes, par de... —Matsuzo miró fijamente a Atsushi y a Todomatsu. A pesar de que pensaba lo peor, no pudo decirlo y no acabó su frase. —Esto es tan antinatural... —suspiró pesadamente. —Desaparezcan.
Las manos de la mujer temblaban. Ichimatsu se dio cuenta de esto y puso una de las suyas en las de su madre para calmarla un poco.
—Vámonos, Todomatsu —accedió Atsushi con total calma.
—Espera, Atsushi-kun. Al menos quiero...
—¡Fuera! ¡Váyanse ahora mismo! —Matsuzo se alteró.
—¡Hey! ¡Esto es lo que es antinatural! —Osomatsu se dirigió hacia su padre. —¿No te parece esto demasiado? ¡Date cuenta de que...!
No pudo terminar de hablar, pues Matsuzo lo había empujado con brusquedad, apartándolo del camino. El hombre se dirigió de nueva cuenta a la puerta y la abrió sin cuidado. Osomatsu sólo pudo ver la escena.
—Fuera de aquí. No quiero volverlos a ver juntos en esta casa, jamás. ¿Me oyes? ¡Jamás! —le indicó el mayor.
—Papá, yo te... —Todomatsu habló, sin embargo no terminó su frase al ver la mirada llena de odio, impotencia y decepción de su padre. Se limitó a dirigirle una rápida mirada a Jyushimatsu, quien todavía lo sujetaba de los hombros con gentileza. Acarició una de sus manos por encima de las mangas largas de su sudadera amarilla y se alejó, yendo hacia la puerta del recibidor. Después tomó de la manga del saco a Atsushi y lo jaló hacia él. Atsushi por su parte antes de salir se limitó a hacer una rápida y leve (realmente leve) reverencia. Ambos salieron de la casa casi a prisas.
Matsuzo estaba enfadado, devastado, triste, decepcionado, indignado, asqueado.
—¡Mucho menos a ti! —el hombre apuntó a Atsushi, quien apenas le dirigió la mirada. No se atrevió a tocarlo ni a pronunciar su nombre.
Atsushi y Todomatsu salieron caminando rápidamente; el menor por delante.
Matsuzo dio un portazo con furia.
—Espera, papá... —Jyushimatsu trató de tranquilizar al hombre.
Sin embargo, Matsuzo lo apartó de manera violenta sin siquiera verlo.
—¡Oye! ¡No le hagas eso! —se enojó Osomatsu. —¡A él no!
—¡Tú otra vez! —gruñó Matsuzo. —¡Siempre metiéndote donde no debes! ¡Eres muy latoso!
—Por favor, calma. ¿Sí? —interfirió Karamatsu también estando de pie. Los separó un poco poniéndose en medio de los tres. —Calmen. Papá, hermanos...
Por primera vez Karamatsu no estaba hablando con aquel pésimo inglés que acostumbraba a usar sin necesidad.
Mientras Osomatsu, Karamatsu y Jyushimatsu intentaban apaciguar la furia de su padre, Choromatsu e Ichimatsu permanecieron junto a su madre.
—Mamá, ¿todo bien? —Choromatsu se agachó para poder verle a los ojos, tocando su hombro con delicadeza. —Te prepararé una taza de té, ¿sí?
—Tranquila —Ichimatsu acarició la mano de ella. —Fue un alivio para ellos venir y hablar contigo...
Matsuyo levantó la mirada un poco y se separó de sus hijos lentamente. Se puso de pie a como pudo.
—Tengo... que ir —balbuceó ella.
—¿Eh? —dijeron Choromatsu e Ichimatsu al unísono.
—¡Tengo que decirles algo antes de que se vayan! —habló casi para ella misma y salió corriendo de ahí. Salió de la casa.
—¿Eh? Espe... ¡Mamá! —Choromatsu la llamó, sin embargo al no recibir respuesta se sintió obligado a seguirla.
Ichimatsu se quedó quieto y muy sorprendido. No sabía cómo actuar.
Cuando Matsuzo miró la escena su enojo aumentó, no obstante, no dijo nada ni intentó detenerla. Osomatsu y Karamatsu lo guiaron a la habitación para que descansara un poco mientras Jyushimatsu llevaba su maletín, sin embargo no creían que su padre pudiera quedarse tranquilo aquella noche. Lo más probable es que más tarde saliera a beber con sus socios.
Matsuyo corrió hasta donde estaban Atsushi y Todomatsu, casi llegando al auto.
—¡Muchachos! ¡Esperen! —alzó una de sus manos mientras la agitaba, al igual que como hacía Jyushimatsu.
—¡Mamá! —Choromatsu la llamó. Venía corriendo detrás de ella y rápidamente la alcanzó. —¿Qué pasó?
—Escuchen... —le decía a los jóvenes frente al auto, al cual aún no subían. —No quiero que se vayan con un mal sabor de boca... Eso es todo.
—Mamá, está bien. Vine sabiendo que iba a pasar esto. Fue mejor así, ¿no? Hacerlo de una vez por todas —habló Todomatsu.
—Sí, pero... Lo siento —se disculpó la mujer. —Yo sigo amando a tu padre pese a todo, ¡pero no por eso pienses que tú me importas menos! ¿Bien? Yo estaré siempre aquí, aunque... ya no pueda abrirte las puertas de mi casa. Llámame, ¿sí? Es todo lo que puedo hacer...
—Entiendo —asintió su hijo menor.
—Y tú... —siguió hablando Matsuyo, viendo a Atsushi. —Lo mismo para ti. Lo siento... No puedo hacer mucho.
Pese a que Matsuyo quería que su hijo viviera feliz, accedería a las reglas de su esposo sin importar qué. Aunque le doliera admitirlo (y sus hijos ya lo sabían), dependía mucho de las decisiones y la presencia de su marido, incluso si eso significaba dejar ir lo que quería.
—Disculpe por no levantar el plato de la mesa —dijo Atsushi con un tono bajo y de pena. —Gracias por la cena.
—No, está bien. Es lo de menos... —negó Matsuyo con la cabeza. —Sólo... vivan como ustedes quieran, ¿bien? Eso es todo. Por favor, cuida bien a mi hijo...
—Mamá, no le dejes esa carga a Atsushi-kun. Puedo cuidarme solo —dijo Todomatsu.
—Está bien, señora Matsuno —asintió Atsushi sin hacer caso a las palabras de Todomatsu. —Ah, de hecho... ya lo traía conmigo —dijo mientras sacaba de su saco un pequeño pedazo de papel, parecido a una tarjeta. —Aquí está mi dirección. Sus hijos ya la conocen, pero quiero dársela personalmente a usted. Perdón por tanto misterio durante este tiempo.
Matsuyo tomó el papel. No dijo nada más; tan sólo asintió mientras juntaba ambas de sus manos.
—Bueno, entonces nos vamos. Me despido... Fue un placer conocerla —habló Atsushi. —Todomatsu, sube al auto —indicó con calma. —Hasta luego, Choromatsu-kun. Gracias por preocuparte.
Choromatsu asintió, pero no pudo sonreír.
—Cuídalos, Choromatsu nii-san. Osomatsu nii-san es el mayor, pero a veces es un poco... impulsivo. Eso genera un poquito de problemas. Tú siempre sabes lo que está bien hacer —Todomatsu soltó una risita. —¿Bien? Cuídate mucho. Te quiero, hermano —se despidió agitando su mano y subió al automóvil.
—Cuenta conmigo, Totty —dijo Choromatsu mientras tomaba de los hombros a su madre.
Atsushi encendió el auto y lo hecho a andar. Todomatsu se despidió y se fueron de ahí, adentrándose a la carretera camino a casa. Finalmente llegaron a la esquina más extravagante de Tokio, donde estaba la casa de Atsushi. Una vez adentro, Todomatsu suspiró y se dejó caer encima del sofá tras quitarse los zapatos, boca abajo. Atsushi se quitó el saco y se sentó a un lado de Todomatsu.
—No estuvo tan mal como creí que sería —dijo Atsushi. —Tu madre... me agradó.
—No tienes hermanos, ¿verdad? Debiste haber pasado por cosas peores... —dijo. Su voz era casi inaudible debido a que su rostro estaba hacia abajo.
Atsushi rió.
—Tomaré una ducha y me iré. Me toca cubrir el turno nocturno.
Todomatsu no respondió; quizá no lo escuchó.
Se quedó dormido. Lo último que recordó escuchar fue la puerta de la entrada cerrándose y el auto saliendo del garaje.
