Capítulo 34- Mejor tarde que nunca.

Todomatsu estaba ya fastidiado de estar en la plaza dando vueltas por todas partes sin poder encontrar un regalo adecuado. Entrase a la tienda que entrase no le parecía encontrar algo merecedor de ser comprado por él.

Suspiró pesadamente y siguió caminando. Miraba a los alrededores sujetando su bolso con cansancio.

—Otro día será —balbuceó para sí mismo. Después se dio la vuelta dispuesto a tomar el metro para volver a casa.

Una vez que llegó a su destino se dejó caer en el sofá después de haberse quitado los zapatos. Tenía la cara recargada contra un cojín. No duró mucho así pues casi enseguida se levantó y se fue a la cocina a buscar algo para comer. Como ya había comido en un restaurante cercano no tenía ganas de algo muy pesado, por lo que optó por comer unas papitas. Tomó una bolsa y se la llevó, quería comer en la habitación.
Después de comer todas las papas y ver un rato la televisión se quedó dormido.

Cuando despertó ya era más de media noche y no había señales de que Atsushi ya hubiese llegado a la casa.

Se removió un poco y encendió la luz. Aún estaba por encima de las cobijas y con la ropa de salir puestas. Se quitó la corbata de color rosa y la camisa blanca; se dio una ducha rápida de unos seis minutos además. Después se dio el tiempo de ponerse una mascarilla con colágeno y se recostó en el sofá.

Pasaron unos cinco minutos y se dio una vuelta que hizo que acabara en el suelo. Recostarse en la esponjosa alfombra de la sala era a veces una buena opción para relajarse, el sofá parecía cada vez más incómodo.
Se quitó la mascarilla.

No se oía nada. Quizá el sonido de uno que otro auto pasando cerca de la acera, el canto lejano de algún pájaro rebelde que seguía despierto fuera de su hogar o el ladrido de un perro, pero nada más. El silencio era el dueño de aquella noche.

A Todomatsu no le gustaba realmente desvelarse de aquella manera pero no sabía qué hacer y no podía dormir. Apagó la lámpara de la sala y también la televisión, pero dejó el ventanal abierto para dejar entrar la luz de la luna, la cual no era muy resplandeciente pues estaba medio nublado. Después se cruzó por su mente el pensamiento de que Atsushi se paralizaría del terror al verlo ahí tirado sin hacer nada en medio de la espesa oscuridad, si es que siquiera podría distinguir su silueta. Ante eso decidió beber un poco de licor de ciruelas mientras prendía una velita para sentirse más cómodo. Había aprendido a crearse ambientes que le gustaran para relajar su mente.
Al cabo de unos minutos Atsushi entró a la casa. El sonido que producían sus zapatos al chocar contra el suelo se aproximaba. Rezonaba.

—Todomatsu, ya lle... —Decir "ya llegué" no le resultó tan fácil. La curiosidad lo asaltó y decidió formular otra pregunta: —¿Qué haces?

Atsushi apenas ladeó un poco a la cabeza para poder ver mejor a Todomatsu. La velita lo inquietó un poco sin saber por qué. Se acercó hasta quedar a un lado del chico que yacía acostado en el suelo; sus zapatos estaban casi tocando su cabeza.

—Oh, hola, Atsushi-kun. Estaba esperándote —sonrió.

—¿Qué haces? —repitió.

—Estaba bebiendo. Bueno —tomó la botella y la removió un poco para comprobar que no estuviese del todo vacía—, estoy bebiendo aún. ¿Gustas?

—Será mejor para mí no hacerlo —esbozó una sonrisa. —Por Dios, enciende la luz por lo menos —se encogió de hombros y miró alrededor como si el ambiente le diera repelús.
—Enciéndela si quieres.

—No, olvidalo. Voy a bañarme. Después... No lo sé, deberíamos ir a dormir.

—¡Pero si acabas de llegar! —Se abrazó a los pies de Atsushi de una manera muy infantil. —¡Quédate despierto otro rato!

—¡Oh! No hagas eso. Te ensuciarás la cara. —Una vez que logró hacer que Todomatsu se deshiciera del agarre continuó hablando y se retiró lentamente. —Vengo en un momento. ¡Y deja de beber! —se rió. —Te hará daño tan tarde. —Subió por las escaleras mientras se quitaba el saco y se aflojaba la corbata.

"Todo es culpa tuya. ¿Por qué no te quitaste los zapatos en primer lugar? ¿Quieres parecer occidental?", pensó Todomatsu con un puchero en el rostro, el cual estaba ocultando entre sus brazos. Usaba éstos últimos como sustitutos de almohada.

—Atsushi-kuuuun —habló elevando el tono de su voz—, ¿está bien si entro contigo a la ducha?

—Claro.

Todomatsu se desconcertó ante la respuesta tan natural. El tono de voz del mayor no sonaba con ningún ápice de sarcasmo o algún tipo de broma o albur. Tampoco vino acompañada de ninguna mirada pícara o sonrisa seductora.

—¡Agh, olvídalo! No me apetece. —Hizo un mohín. Se puso colorado.

—Bien —suspiró Atsushi—, pues yo siempre estoy de humor. —Entonces se rió y se apuró a subir. Agregó—: Deja de beber o seguirás pidiendo cosas que realmente no quieres. Te propongo que lo dejemos para después.

Para cuando dijo la última frase ya podía oírse el eco de su voz perdiéndose en el pasillo del piso de arriba.

—Qué osado —susurró Todomatsu mientras cerró sus ojos apretándolos. Sintió cómo sus mejillas se habían puesto calientes. Meneó la cabeza para deshacerse de la sensación.

Después de que el mayor saliera de la ducha —no duró mucho realmente—, bajó por las escaleras hasta llegar de nuevo con el chico de la planta inferior. La luz ya estaba encendida. Apenas una luz ámbar.

Atsushi se sentó en la orilla del sofá con las piernas cruzadas, había adoptado una posición parecida a la que se adquiere cuando se medita, sin embargo, abrazaba un cojín contra su estómago. Se quedó mirado absorto a través de la ventana buscando algún detalle en el cielo que le gustara para comentarlo con su compañero, pero no encontró nada.
Entonces empezó a tararear: «Ue o muite arukou namida ga kobore naiyou ni, omoidasu haru no hi, hitoribochi no yoru»

Todomatsu lo miró de reojo y no dijo nada, tan sólo sonrió de lado. Escuchaba la voz de Atsushi, que perdía un poco su tono grave cuando cantaba bajito.

—Hoy escuché la canción en la radio. Y un compañero de trabajo dijo que un hombre la estaba cantando en el metro mientras tocaba su guitarra. Él la estuvo tarareando todo el día... —Siguió tarareando—: «Shiawase wa kumo no ue ni, shiawase wa sora no ue ni...»

«Hitoribochi no yoru» —complementó Todomatsu siguiendo el ritmo de la canción.

—¡Esa parte no va todavía! —Se desesperó. Se contuvo para no tener que cubrirle el rostro con el cojín. Su tono de voz decía: «¡Lo arruinaste!»

—Es que tardaste —se rió.
—¡Fuhh! —infló las mejillas. El menor le había ya pegado sus acostumbrados gestos.

Después de quedar en silencio con brevedad Todomatsu rompió el hielo:

—Atsushi-kun... El día de tu cumpleaños estarás aquí en casa, ¿verdad? Quiero decir, los otros años estuviste ocupado pero... ¿Puedes, verdad?

—Uh, no lo he solicitado. No estoy seguro.

—¡Vamos!

—¡Es que no estoy seguro! Ya sabes que últimamente mi trabajo exige mucho y...

—Eres demasiado joven todavía. No deberías de decir la palabra "trabajo" en todas tus excusas.

—No es ninguna excusa. Ya lo sabes. —Frunció el entrecejo.

Todomatsu no quería empezar ninguna discusión así que se quedó callado un rato.

—Los frappé de caramelo han sido muy populares últimamente en la cafetería. Hay un especial en donde te llevas uno de regalo —comentó Todomatsu. Seguía acostado en el suelo sobre la alfombra, mirando a Atsushi. —Aunque no es muy grande. Hoy hice muchos de ellos. No recuerdo cuántos... Tal vez más de treinta. —Todomatsu pasó saliva y continuó hablando. —El caramelo es un buen sabor para una bebida. Considera probarlo.

Atsushi desvió su mirada al televisor apagado.

—Prefiero el chocolate.

Todomatsu meneó la cabeza otra vez. Ya no comentó nada respecto al cumpleaños del mayor. Pronto sería 31 de julio y eso le hacía volverse ansioso un poco.

Después hablaron de lo horrible que había estado la comida de cada uno durante la mañana. «¡Tú tienes más suerte! Hay buenos lugares para comer cerca de las oficinas!», decía el menor. Y era cierto, pues Todomatsu debía tomarse el tiempo de comprar los ingredientes para después volverse a tomar el tiempo de preparar su comida de manera que le gustara. Si tenía suerte alguna de las chicas le ofrecía de su almuerzo.
Al cabo de cuatro días llamó a su madre. Era la tercera llamada que le hacía falta hacer.

—Hola, mamá. No sé exactamente qué haré, pero te invito para la celebración del cumpleaños de Atsushi-kun —dijo.

—Oh, hijo, gracias, pero... ¿Cuándo?

—Te enviaré los detalles con alguno de mis hermanos. Creí que ya te habían dicho algo al respecto. Qué raro que no hayan soltado algo aún —rió. —Bueno, te llamaré al cabo de unos días de nuevo, ¿sí? Necesito hacer unas cosas.

—Por supuesto —esbozó una sonrisa desde el otro lado de la línea.

Colgaron.

Cuando había transcurrido cerca de una semana, el tiempo había sido suficiente para que Todomatsu pudiera ordenar un bonito pastel de cumpleaños. Podría haber conseguido algo bonito y delicioso también en la cafetería, pero por lo que recordaba, las veces que Atsushi se había dado una vuelta por allí no había algo que realmente le llamara la atención. Quizá los panecillos de crema, tartas de limón o galletas con chismas de chocolate y frutas secas, pero algo en especial no realmente.
Las chicas le sugirieron una pastelería cercana que además gozaba de una muy buena reputación, por lo que fue allí. El pastel de Atsushi sería un pastel vintage de chocolate. Le gustaban los pasteles repletos de betún innecesario, llenos de decoraciones y frutas, y con algún escrito en letra cursiva felicitándolo junto a su nombre. No le gustaban los pasteles típicos japoneses desde hace un tiempo atrás.

Para cerciorarse de que todo iba según lo acordado, llamó a Futsuumaru para preguntarle de nuevo por la hora de encuentro. Las 3:00 de la tarde.
Le dijo que sí iría, y además que ansiaba ver a sus hermanos. También Todomatsu aprovechó para contarle a su amigo acerca de que había invitado a su madre al festejo, a lo cual reaccionó de manera positiva. Seguido de aquella llamada siguió con sus hermanos, no obstante, se comunicó con ellos mediante su chat grupal en alguna red social que por fin la mayoría de ellos había aprendido a usar. Después de preguntar a qué hora deberían asistir, en donde, con qué y cómo, procedieron a interrumpir los puntos principales con chistes sin sentido. Después empezaron a aparecer las notificaciones frente a las pantallas de todos, una seguida de la otra: "Ichimatsu ha abandonado el grupo". "Osomatsu a agregado a Ichimatsu al grupo". "Ichimatsu ha abandonado el grupo". "Karamatsu ha agregado a Ichimatsu al grupo". "Ichimatsu ha abandonado el grupo". "Osomatsu ha agregado a Ichimatsu al grupo". "Choromatsu ha abandonado el grupo…"

Al siguiente día mientras el menor de los seis se encontraba preparando unas bebidas les comentó a las chicas sobre el convivio, solo en caso de que no lo haya hecho antes. Lamentándose explicaron que habían quedado con unos chicos aquella misma tarde en una cita grupal; era una de las pocas veces que asistirían a una y a juzgar por sus perfiles de las redes sociales, lucían como buenos chicos. Incluso podría decirse que esperaban encontrar al muchacho indicado yendo ahí. Todomatsu soltó una risita ante la mención, y concordó en que no había problema y que no hacía falta preocupación alguna.

A tan solo un día del día esperado, Todomatsu estaba ansioso, además de algo decaído por el minúsculo detalle de no haber podido ver a Atsushi antes de irse al trabajo. De haber podido prever aquello, hubiese escrito una carta o algún mensaje de texto, pero no estaba seguro de cómo expresar correctamente su más sincera felicidad y buenos deseos. Y se temía —realmente sería así— que él y el mayor no pudieran verse el día exacto antes de que cada uno tomara su camino y se fuera a su trabajo.

Viernes, 31 de julio. 12:20 am.

El plan era simple: esperarían a que aquella tarde Atsushi se desocupara del trabajo y lo sorprenderían en casa junto a un pastel de cumpleaños, lleno de globos, su comida favorita, alcohol, además de las personas que más quería. Y los regalos, bueno… Consiguió comprar un pisacorbatas bastante bonito para él. Era elegante, tenía una cadena fina; tenia forma de flores pequeñas, tan pequeñas que se confundían con una parra de uvas.
Seguro que los chicos y su madre habían comprado algo mejor. Solo se fiaba de su madre, Futsuumaru y Choromatsu. Lamentaba no poder decir lo mismo de Ichimatsu aunque lo estimaba demasiado, pero con toda sinceridad le parecía un poco conformista. Bueno, quizá bastante. Lo suficiente.

Pero al fin y al cabo, Todomatsu desconocía realmente la hora de salida de Atsushi. Había estado pensando sobre ello. Después de todo nunca le afirmó su presencia para su tan anhelada tarde.

—¡Totty! —Aida lo sacó de sus insanas cavilaciones. —Hay un derrame en la mesa nueve y los platos ya se juntaron en la mesa siete.

—Enseguida voy. —Meneó su cabeza con la esperanza de lograr convencerse de que solamente estaba pensando demasiado. Se dirigió a las mesas mencionadas y después de limpiar y despejar adecuadamente las áreas, prosiguió a dar una rápida trapeada al piso. Se entregó de nuevo a sus meditaciones.
Después de que concluyó con lo que le correspondía, se ofreció a ocuparse de la caja registradora. Sacchi aceptó el intercambio.
Todomatsu mientras no había nadie a quien atender aprovechó el tiempo para escribir y mandar un rápido mensaje de texto a Atsushi, no podía quedarse sin hacer mínimamente eso. La felicitación se mandó exitosamente, sin embargo una respuesta demoraría unas horas. Casi lo aseguraba.
Las horas pasaban, fluían como el agua. Los minutos parecían apenas un suspiro. Era la una, las dos… Faltaría tan poquito para las tres, cuando decidió anunciar su abandono al lugar.

—Sacchi, Aida, —decía mientras se quitaba la parte superior del uniforme e iba a cambiarse— ya terminó mi turno. Iré a casa. Saben mi dirección actual, ¿verdad? Pueden ir incluso si es demasiado tarde. La fiesta durará.

Ambas contestaron con amabilidad ante la insistencia, porque era insistencia.
Todomatsu caminó hacia la estación. Afortunadamente alcanzó el tren bala. Antes de abandonar el local había avisado a sus hermanos que salieran y que se dirigieran a la casa de Atsushi. A veces no quería decir "mi casa" y ya. Sentía un poco de pena todavía ante la mención.
Cuando llegó por fin a su destino sus hermanos no estaban todavía ahí. Estaban en camino. Transcurridos unos minutos, un automóvil que no era el de Atsushi llegó con tres de ellos: Osomatsu, Karamatsu y Choromatsu.

—¡Totty! —Osomatsu gritó desde la calle. —¡Ábrenos la puerta, venimos cargados! —dijo mientras alzaba las manos para que pudiera ver que tenía bolsas y algunas cajas consigo. Y observándolo mejor, Todomatsu pudo ver que no solo el primogénito. También el segundo y el tercero cargaban algo.

—¡Ya voy!

Una vez que abrió la puerta y los invitó a pasar, soltó un largo suspiro. Miró minuciosamente a su alrededor.
Los muchachos pusieron las cosas sobre la mesa. Entonces el anfitrión preguntó:

—¿Y los otros? ¿Y Futsuumaru? ¿No se contactó con ustedes?

—¡Deben de estar cerca! Es que no había espacio para todos en el uber, así que tomaron el metro —explicó Osomatsu. —Fue un problema porque jugamos "piedra, papel y tijeras" para saber quién vendría en uber y quién en metro. Ichimatsu perdió junto con Choromatsu, pero enseguida Jyushimatsu se ofreció a ir con Ichimatsu en el metro...

—¿Por qué no lo acompañó Choromatsu? —preguntó de nuevo.

—Porque él perdió primero —contestó el mencionado de inmediato, de una manera medio agresiva.

—Y porque se ponen raros cuando están sólo ellos dos —agregó Karamatsu.

Choromatsu enseguida se giró para decir algo en su defensa pero cuando apenas iba a hablar, el timbre interrumpió. Ichimatsu y Jyushimatsu habían llegado.

Todomatsu abrió la puerta y los recibió abrazándolos a ambos a la vez.

—Qué diferencia... —balbucearon los mayores al unísono.
Después de platicar unos tres minutos, procedieron a esperar. Faltaba poco.

3:40 pm.

—Atsushi-kun debería estar aquí cerca de las 4:30, más o menos, así que... relajémonos y preparemos todo. Compré un montón de globos y una velita de cumpleaños —dijo mientras mostraba ésta última en el interior de su empaque.

—Nosotros trajimos cerveza. Muchísima. No hará falta, creéme —comentó Osomatsu sin preocupación.

—Bien, entonces, ayudénme a arreglar todo por aquí. Jyushimatsu nii-san, ayúdame con los globos por favor. Tienes buenos pulmones.

—¡Sí! ¡Sí! ¡Déjamelo a mí!

—Y... Bueno, el resto, no lo sé. Pueden ayudarme a acomodar todo en la mesa.

Dicho aquello, Todomatsu se dirigió a la cocina. Estaba justo después de la sala de estar. Estaban todos en la planta de abajo.

Comenzó a preparar la comida. Sería realmente una fiesta de sushi, pues estaba preparando sushi y además se había pasado comprado varios ingredientes para ello la semana pasada.

Seguido de ello, se dispuso a preparar yakisoba. Muchísimo yakisoba, ya que a Atsushi le encantaba. Al igual que Osomatsu, Karamatsu y Jyushimatsu, Atsushi era un hombre de buen apetito.

Cuando pasó media hora, gran parte de la comida estaba hecha.

—¿No hay ramen? ¡Quiero ramen! —se quejó Osomatsu.

—Bueno, Atsushi-kun suele comer muy seguido en pequeños restaurantes cerca de su trabajo así que... Seguro que come ramen varias veces a la semana. No estoy seguro. —Todomatsu le explicó de una manera muy ordinaria mientras seguía friendo los tallarines.

—Compré taiyaki, lo olvidé. Uno para cada uno —avisó Choromatsu mientras rebuscaba en su bolsa. —¿Dónde los pongo?

—En el microondas, ya después lo calentaremos. Mételos con todo y bolsa.

Al cabo de diez minutos más, Todomatsu recibió un mensaje de Futsuumaru. Escribía:

"Siento el retraso, me esforzaré en llegar pronto en cuanto logre desocuparme. La clase de hoy se alargó un poco más de lo previsto. ¡Qué emoción! Espérame".

Entonces, Futsuumaru tardaría un poco. Sólo era cuestión de que Atsushi llegara y todo empezara. Incluso Jyushimatsu tenía preparadas las serpentinas para sorprenderlo.

—Ya casi tendría que estar aquí... —comentó Karamatsu.

—Bueno, no hace falta que se apure —se cruzó de brazos. —Eso nos da más tiempo para que mamá llegue.

Entonces todos sus hermanos guardaron silencio. Únicamente compartieron miradas. Naturalmente al ser excluido de aquella acción entre sextillizos, no pudo evitar sentir curiosidad y algo de temor.

—¿Qué sucede? —preguntó Todomatsu.

—¿Mamá no te lo dijo? —cuestionó Choromatsu con sus cejas fruncidas. Usó un tono un poco bajo.

—¿Decirme qué?

—No vendrá —dijo Ichimatsu sin verlo a los ojos. No miraba a ningún punto en especial. Quizá algo más allá de la mañana.

—¿Qué? —apenas balbuceó Todomatsu. —P-Por... ¿Por qué? ¿Pasó algo o qué?

—Papá. —Al decir aquella palabra, Todomatsu no necesitó más explicaciones. Osomatsu siguió—: Al parecer sigue dependiendo de él. Después de todo lo que ha sucedido... No la entiendo.

—De alguna manera papá se entera de todo —dijo Choromatsu. —O quizá no lo sabe ciertamente, pero presiente. Sabe que algo pasa cuando todos nos ausentamos.

—Déjala, brother. —Karamatsu se acercó al menor para acariciar su hombro. El tacto fue un poco brusco. —Hiciste lo que estaba en tus manos. La mente humana es muy difícil de comprender. Todos somos muy diferentes.

—¿Quizá teme ser rechazada por papá? —dedujo Todomatsu.

—No lo sé, brother.

—¡Karamatsu nii-san tiene razón! No sientas culpa, hermanito. Mamá es adulta. Debería de saber por qué lo hace si ya tomó su decisión —opinó Todomatsu.

—Y quizá... no te dijo nada porque confiaba en que nosotros lo haríamos —dijo Ichimatsu. —Pero no fue así. No podemos leer mentes.

—Tal vez sí podemos —se rió Osomatsu.

Entonces todos rieron juntos, excepto Todomatsu.

Faltaban quince para las cinco. Y después de un rato más de espera y un momento de televisión, se volvieron las cinco.

5:10 pm.

—¡No puede ser! ¿No vendrá? Es demasiado tarde... —Todomatsu se impacientó. Revisó los mensajes. Futsuumaru ya había salido de la universidad. Había llegado a su casa a darse un baño y ya estaba en camino.

—Bueno, todo sea por el pastel. Por la espera merezco doble rebanada de pastel y... —Osomatsu fue interrumpido por Todomatsu con un "¡No puede ser!"

—¡No puede ser! —repitió el menor. —¡El pastel! —Los demás ladearon la cabeza con intriga en la espera de una explicación para semejante teatro. —Lo olvidé... No lo recogí. Los de la pastelería no me llamaron y... yo... lo olvidé. —En seguida tomó su celular para estar seguro de que no le habían avisado, y ahí estaba: una notificación de email. —¡Dios! Hace dos horas que está listo. ¡Debo ir a recogerlo!

—Pero, si Atsushi-san llega... —dijo Karamatsu.

—¡Lo sé! —Todomatsu comenzó a dar vueltas.

—¿Que no acaso vendrá también Futsuumaru-kun? —preguntó Choromatsu. —Que él llegue por el y venga hacia acá.

—Será molestarlo...

—¡Es la única opción! —exclamó Ichimatsu.

—P-Pero... No es lo único. Realmente ahora, no sé si Atsushi-kun realmente vendrá. Le pregunté pero me evadió y, no me ha respondido mi mensaje desde la mañana. Debería llamar a la oficina tal vez... Es preocupante. Podría volver hasta la media noche —explicó Todomatsu.

—¿Entonces? —preguntó Jyushimatsu.

—Tengo que ir yo. Si es así, llevaré el pastel a la oficina. Basta de todo esto —meneó la cabeza. Estaba harto de que todos los cumpleaños fueran iguales.

—Pero... —Choromatsu estaba a punto de proponer una solución improvisada.

—¡Iremos todos! Es mejor si nos ve a todos de repente —exclamó Jyushimatsu mientras alzaba las manos medio cubiertas por sus mangas largas, sujetando las serpentinas como si las fuese a explotar ya.

—No estoy seguro...

—Vamos, Todomatsu. Sería raro si Atsushi-san llegara y nos viera sólo a nosotros aquí —opinó Choromatsu.

Todos estuvieron de acuerdo. Solamente faltaba la aprobación de Todomatsu.

Entonces el celular del menor vibró de repente.

—¿¡Atsushi-kun?! —Todomatsu contestó enseguida.

Se escuchó una risita desde el otro lado de la línea.

—¿Desde cuándo contestas el teléfono sin saber quién es? No, Todomatsu. Te habla Futsuumaru.

El brillo en los ojos de Todomatsu se apagó al escuchar la voz de su amigo.

—Ah, Fu... Futsuumaru —al escuchar el mencionado la atención de sus hermanos se disipó. Estaban atentos a la llamada aun así. —Hola... ¿Ya estás cerca?

—Sobre eso...

—¿Qué?

Todomatsu pudo ver a Osomatsu decir con señales y casi vocalizando: "ponlo en altavoz".

—Estoy con Kusosuke-kun.

Las muecas de los cinco hermanos atentos a la llamada cambiaron a otra de total chisme.

—¿Qué? ¿Eso significa que...?

—Tranquilo, iré. Pero pasa que también tiene un regalo que entregarle a Atsushi-kun... y casualmente me escuchó hablar de la fiesta y...

—¿Vendrá?

—Quería preguntártelo y está más que dispuesto, pero, ¿puede?

—Sí, claro... Pero, Atsushi-kun...

—¿Crees que le dé algo de pena verlo después de tanto?

—No, no es eso... Sabes que él no tiene problemas. Pero todavía no ha llegado y no estoy seguro de que lo haga... Planeaba ir a buscarlo porque, ya son dos problemas: olvidé el pastel y debo ir a recogerlo.

—¡Oh! Deja que te ayudemos. Espera, te pasaré a Kusosuke-kun. Te está escuchado. —Después de decirlo se escuchó la voz ronca de su otro amigo—: ¡Hey, Todomatsu! ¡Cuánto tiempo! Escucha, tengo un auto desde hace tiempo. Primero, gracias por tu invitación. Segundo: iré con Futsuumaru a la casa de Atsushi, pero podemos pasar por el pastel y después ir a buscar al cumpleañero. ¿Qué te parece? Este muchacho de mi lado me dijo que estás con tus hermanos. Mi auto no es tan pequeño, ¡si logramos tomar una buena postura seguro que todos caben perfectamente! —Soltó una carcajada. —¿Qué te parece? —repitió.

Los cinco hermanos aun guardando silencio se miraron entre ellos y después voltearon su vista a Todomatsu junto con un asentimiento de cabeza. El destino estaba de su lado aquel día quizá.

—Me parece bien. Sí, está bien. Entonces... los esperamos afuera.

Entonces se despidieron y colgaron.
El plan B estaba a punto de llevarse a cabo.
Una vez que fueron afuera, del lado exterior del portón, vieron llegar enseguida una camioneta blanca. En efecto, no era demasiado grande pero cabrían con seguridad. Al verse, todos se saludaron. Futsuumaru lucía igual de animado que siempre y Kusosuke hizo comentarios de todo tipo para expresar su asombro al ver a los sextillizos juntos por primera vez. Seguido de eso procedieron a armar de nuevo el plan, cada detalle; mientras salían de aquel vecindario además hubo comentarios por parte de Osomatsu y Kusosuke diciendo que debía ser un sitio muy aburrido. «Hace mucho Atsushi dijo que quería salir de aquí, pero dejar la casa que era de su padre… Debe ser algo difícil», decía Kusosuke girando el volante. «Seguro que a duras penas se escucha un alma por aquí», añadió Osomatsu después de un bostezo.
Al entrar poco a poco más a la ciudad, fue Todomatsu quien se bajó por el pastel. Cuando volvió con el, todos le echaron los ojos encima. Se peleaban por verlo. Todomatsu no podía sentir otra cosa que no fuera vergüenza ante tal comportamiento por parte de sus iguales. Ya eran adultos, o eso se suponía.

Un par de cuadras más allá llegaron al edificio de oficinas internacionales; el sitio donde Atsushi estaba. Antes de bajarse, quería asegurarse de que pudiera pasar sin ningún inconveniente, por lo que marcó a las oficinas de recursos humanos o a algún tipo de dirección del lugar, pero su llamada jamás fue respondida. Lo seguía intentando, pero nada. Todomatsu suspiró con pesadez y mientras abría la puerta del auto, dijo:

—Tendré que ir a buscarlo. No creo que pueda llevar el pastel, pero… ¿Hay algun regalo que quieran que le lleve mientras tanto?

—Espera, si no ha respondido él ni nadie es porque quizá ya volverá a casa. Esperemos un poco más aquí afuera, creo que es lo mejor —Opinó Choromatsu. Entonces Todomatsu giró su vista hacia el resto y al no percibir indicios de posibles comentarios sugestivos en su propia idea, aceptó.

—Quince minutos. Quince minutos cuando mucho.

Pasados los quince minutos Todomatsu entró al lugar, decidido. Muriéndose de pena, pero decidido. Llevaba cuatro pequeñas cajas de regalo. Eligió solamente aquellos regalos que pudieran pasar desapercibidos, tampoco quería llamar demasiado la atención. Al pasar y tomar el ascensor dio una bocanada de aire mientras se elevaba hasta el piso 32. El olor de sitio no le gustaba mucho; demasiado suntuoso y discreto.
Y, una vez llegado a su destino, ahí estaba su sorpresa.

—¿Atsushi-san? —decía la secretaria mientras revisaba algo en un ordenador. —Sí, aquí está su registro. Según el informe de hoy, llegó a su oficina, pero después salió, más o menos a las 2:00 de la tarde. No ha regresado desde entonces.

—¿Sabría decir a dónde fue? —dijo con un leve tono de impaciencia. No sabía qué pretendía el mayor y desconocía sus movimientos.

—Lo siento, lo desconozco. No llevamos aquí ningún registro de eso.

—Ya veo… Muchas gracias. Entonces yo… —agradecía el dato, sin embargo, se interrumpió al ver a una chica que entraba a esa oficina en particular. La vio pasar a través de las paredes de vidrio. Si recordaba bien, debía ser Kumi. Entonces dijo—: Gracias, adiós. Después de hablar con la señorita secretaria creyó que era buena idea que esperara a la chica afuera para poder preguntar algo sobre Atsushi. Mientras hacía tiempo viendo su celular con la esperanza de recibir algún mensaje del mayor, otra chica lo interrumpió. Era Miwa.

—Ah… Tú eres Todomatsu-kun —dijo de repente como si pensara en voz alta. Entonces sonrió y le extendió la mano para darle un ligero apretón. —¿Qué tal? Nunca te había visto por aquí.

—Hola, yo… Este… Estoy aquí por Atsushi-kun pero…

—Llegaste tarde, ¿eh? Sí, él se veía muy apurado. —Acompañó su comentario con una sonrisa.

—Y, ¿sabes a donde ha ido? Creí que podría encontrarlo aquí.

—Nadie es capaz de comprender a ese hombre. Anda de aquí para allá todo el tiempo, como un ave que construye un nido en cada árbol que se topa. Hoy es su cumpleaños, y por eso te urge encontrarlo, ¿no? Lamento decírtelo pero tengo que desahogarme: ¡qué desconsiderado! A duras penas pudimos verlo hoy y no nos dio tiempo de siquiera invitarle una comida. Bueno, disculpa por toda esta plática sin sentido. Creo que, si fue a algún otro lugar, tuvo que haber sido en el edificio que está cerca de la plaza central de Tokio. Sí, creo que aquí mismo… Es difícil decirlo.

—Tendré que buscarlo ahí. —Estaba dispuesto a darse la vuelta ahí mismo, no obstante, la chica agregó algo más.

—Mira, Todomatsu-kun, tal vez ni siquiera esté allí tampoco. Son suposiciones mías solamente. Si es que está en asuntos importantes con los jefes del proyecto es probable que llegue tarde a casa. Mejor espéralo en casa. —En ese momento Kumi salió de la oficina. Traía una computadora portátil cargando. En cuando Miwa la vio aprovechó para despedirse de Todomatsu. —Me disculpas, tengo que acabar de hacer unas cosas, —dijo mientras mostraba el montón de hojas engrapadas que llevaba en la mano izquierda— espero que lo encuentres.

Todomatsu no dijo nada. Se limitó a hacer una reverencia rápida e irse sin saludar a Kumi. No quería seguir creando inconvenientes para ninguno. Además su estado de ánimo había cambiado de repente para mal.

Al salir y llegar al auto con los chicos les dio la noticia. Los demás sugirieron que en efecto deberían esperar en la casa. Pero el menor de los ocho no podía quedarse así sin más. Se decidió por irse a buscarlo a donde según Miwa creía que se encontraba. No obstante, aquella búsqueda fue también un fracaso total.

6:40 pm.

—No había ninguna señal de él… —decía Todomatsu otra vez en el auto.

—Olvídalo, hay que regresar —dijo Osomatsu mientras se abrazaba a la caja del pastel. —Kusosuke-kuuuuun, dale pa' atrás.

Choromatsu e Ichimatsu compartieron miradas de desagrado por el tonito de voz del mayor.

—Es mejor tarde que nunca. Atsushi-san volverá y podremos dar por iniciado el festejo. —Jyushimatsu dio varios aplausos mientras hablaba. Era demasiado raro. "Anormal", dirían sus hermanos.

—Hay que volver, brother.

—Sí, ya hasta Karamatsu lo dice. Volvamos —declaró Choromatsu.

Todomatsu accedió al final de todo. Aquel día era realmente extraño, y además, pese al horario de verano, parecía que el cielo estaba oscureciéndose antes de lo normal. En el horizonte se percibía aquel color entre púrpura y rosa, para después ser aplacado por el resto de azul.

Después de pasar el tráfico fueron entrando de nuevo a las calles que los dirigían al vecindario, sin embargo la calle estaba algo llena de baches bastante inusuales. Tomaron un atajo. Al parecer había habido un accidente o algo similar. Pasaron a como se pudo, aunque Kusosuke tenía algo de problemas para conducir correctamente.
Al pasar por la gravilla empeoró todavía. Entre tanto temblor y zangoloteo, los hermanos (a excepción de Todomatsu, de nuevo) comenzaron a jugar. Las risas inundaron de repente la parte de atrás de la camioneta. Futsuumaru desde el asiento del copiloto les iba siguiendo el juego. Y entonces en un descuido ocurrió algo que dejó perplejos a todos menos a Kusosuke, ya que él se encontraba concentrado al volante. Fue solamente un pequeño descuido, pero fue suficiente para arruinarlo.

Después de haber visto cómo el pastel salía volando por la ventana, sólo quedaba esperar a escuchar las quejas y lamentos de Todomatsu.