Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. Este fanfic no tiene ánimo de lucro.Beta: Usura-tialmant y Scaring

Beta: Usura-tialmant y Scaring

Advertencias: Shonen ai, POV Naruto


Domingo, 10 de agosto

10:00 h

Aún faltaba bastante para que el moreno llegase… Pero no podía dejar de dar vueltas por la casa como un histérico. Era la tercera vez que se cercioraba de que había dejado un par de pantuflas perfectamente colocadas junto a la puerta del baño*, y otro par en la entrada para cuando llegara, y que el salón estaba perfectamente ordenado, sin una mota de polvo en el mueble. Se había cerciorado de que así fuera sacando todo lo que tenía ahí para poder limpiar bien.

Había colocado su televisor en el hueco que le correspondía, y que hasta el día anterior había estado vacío: como solía ver las series online, y jugaba a los videojuegos en el ordenador, hasta ahora no le había hecho falta; pero aprovechó el viaje a casa de sus padres para traérsela, y su consola también, por si se daba el caso de que se aburrieran.

Así podrían jugar los dos a la vez.

Con la sensación de burbujeo en el estómago, fue cerrando las puertas y tras echar un vistazo al exterior, cerró el ventanal de su pequeña terraza. Puso el aire acondicionado a la temperatura más baja que le permitía el aparato y se fue a la cocina. Aún no hacía demasiado calor, pero estaba seguro de que para cuando llegara Sasuke sería un poco molesto ya. Más llevando manga larga.

De nuevo repasó todo lo que había comprado. Seguía sin estar seguro, a pesar de que siempre pedía lo mismo, de que pudiera ofrecerle para beber lo que le pudiera apetecer realmente. Y eso que había comprado un poco de todo: coca-cola zero, zumo de piña… y apostaba a que le gustaba también el té, aunque pidiera café por las mañanas. Incluso había comprado algo de cerveza sin alcohol. Aún y aunque se diera el caso de que no le gustara, se la bebería él.

Tomó aire profundamente sintiendo que le hormigueaban los dedos y que se le empezaban a calentar las mejillas. Sólo de pensar que iba a tener en el salón de su casa al chico que llevaba observando desde hacía ya prácticamente un mes, hacía que se le acelerase el pulso. Esperaba por los dioses que todo marchara bien y no hacer ninguna tontería. No ahora que había conseguido poder tener con él algo parecido a una cita…

"¡Como amigo!", se recordó a sí mismo antes de que su imaginación comenzara a traicionarle.

De nuevo, suspiró profundamente, y sacó los ingredientes que iba a necesitar. Tenía que ponerse a cocinar ya si quería que la comida estuviera lista a tiempo.

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Domingo, 10 de agosto

12:20 h

El corazón se le iba a salir por la boca. Estaba seguro de ello. Tendría que haber cogido valor el día anterior y haberle pedido al menos su email, en lugar de apuntarle tan sólo su dirección en una servilleta. ¿Y si se arrepentía en el último momento y no acudía? Todo había sido tan repentino que no le extrañaría nada que no apareciese al final… Pero tenía la sensación de que Sasuke no era ese tipo de personas: si había dado su palabra, la cumpliría.

Al menos eso era lo que le transmitía, esperaba no estar equivocándose. Por eso no podía dejar de sentir su propio pulso acelerado. Apenas quedaban diez minutos para que llegase, y aún no sabía que camiseta ponerse. ¿O se ponía la camisa negra de botones?

"No, no, no… Demasiado formal…", se corrigió después de mirarla durante unos segundos.

Dejó la percha de nuevo colgada en la barra, y paseó la mirada entre las otras dos camisetas que tenía sobre la cama. Se las había puesto, y se ha había mirado en el espejo, lo menos dos veces con cada una. Pero no se podía decantar por ninguna de las dos. Finalmente decidió coger la naranja, con un estampado en blanco en el costado con forma de espiral. Quedaba mejor con los jeans y estaba más en sintonía con su personalidad que la azul oscura. Y su madre siempre le decía que tenía que ser él mismo. Y si no le gustaba a los demás… es que no estaban hechos para ser amigos suyos. Y en eso estaba de acuerdo con ella: si no le soportaban tal y como era, no los quería a su lado. Prefería estar solo que mal acompañado.

A prisa, se puso la camiseta naranja, y metió la otra en el cajón del armario con poco cuidado. De nuevo se fue al baño para mirarse en el espejo, y cerciorarse de que se había afeitado bien. Sí. Todo en orden. Salió a la salita para regular el climatizador a veinticuatro grados. La sala ya tenía una temperatura bastante agradable y no quería convertirla en un congelador. Se acercó a la cocina a comprobar que el caldo no se había salido de la sartén con el burbujeo, bajó un poco el fuego y cogió una cuchara para probarlo.

"¿No le he echado sal…?".

No estaba seguro. Había seguido la receta paso por paso, comprobándola una y otra vez para que saliera perfecto. Pero le faltaba algo. Y no quería pasarse con la sal. A él le gustaban las cosas bastante saladas, demasiado tal vez, pero sabía que era una cosa personal.

Se quedó congelado en el sitio cuando escuchó el timbre sonar, con la cuchara a medio camino de la sartén para volver a probarlo.

Definitivamente, se le iba a salir el corazón por la boca.

Dejó la cuchara a un lado, y tomó una buena bocanada de aire. Ya había llegado el momento. Bien. Con fingida calma, caminó hasta la puerta, puso la mano en el pomo, y volvió a respirar profundamente antes de abrir.

- ¡Hey! ¿Cómo va eso? -sonrió-.

- Va -se encogió de hombros-.

- Pasa, pasa -se puso a un lado para dejarle entrar-.

- Con permiso… -hizo una leve reverencia-.

Tal y como lo había imaginado, se sentó con calma en el escalón del recibidor para quitarse las zapatillas. Como siempre, vestía con una camiseta blanca. Aunque ésta era un poco diferente a las que solía llevar, más simples y de un sólo color: tenía los dobladillos morados; y en el pecho, un cordel cruzaba de lado a lado. No es que fuera la gran cosa, pero dentro de la sencillez, le hacía ver incluso más atractivo.

Naruto cerró la puerta tras de sí, y volvió a subirse a la tarima, a la espera de que terminase y anticipando lo que iba a ocurrir, según lo que sabía de él. Pero contra todo pronóstico, no hizo ni el amago de ir a encaminarse hacia el interior de la casa, quedándose en pie junto él, mirándole fijamente.

- Ah, puedes quedarte en la salita mientras termino -le hizo un ademán con la mano-, aún le falta un poco.

- Huele bien… -comentó dando unos pasos, cerrando los ojos y aspirando el aroma-.

- ¿Quieres algo de beber? Tengo coca-cola y zumo...

- Humm…

- Hay cerveza sin alcohol, si quieres.

- Unn -asintió-.

Sentía el sudor acumulándose en cada pliegue de sus manos, pero se obligó a no restregarlas por los pantalones. Estaba tenso y empezaba a notarse la boca seca por los nervios. Había imaginado que el moreno comenzaría a divagar por el salón, echándole una ojeada a todo lo que quedara a la vista, pero nada de lo que había pensado ocurrió. Bueno, no desde que puso un pie dentro de su casa.

- Este… Ummm… Naruto... -le llamó el moreno plantado en mitad del pasillo cuando se iba a marchar a la cocina-. Es una tontería… Pero… -abrió la bandolera para sacar una bolsa un poco abultada de papel, y se la tendió con ambas manos-. Bueno…

- ¿Eh...? -se quedó estupefacto-.

Desde luego… El chico era una caja de sorpresas.

Naruto no podía creerse que realmente le estuviera haciendo un regalo. Estaba casi cien por cien seguro que era ese tipo de tradiciones a las que el moreno no estaba para nada aferrado… Y ahí estaba, esperando que lo cogiera.

- ¡No, no tenías que haberte molestado!

- Insisto.

Aceptó sin más remedio: lo último que quería era ofenderle, haciéndole creer que despreciaba el gesto, rechazándole la ofrenda.

- Gracias…

- Unn…

Y de nuevo, un incómodo silencio que no sabía cómo llenar.

- ¿Puedo ver lo que haces? -se metió las manos en los bolsillos-.

- Claro.

Empezaba a tener la sensación de que había sido muy mala idea invitarle a casa. Con todas las ganas que tenía de conocerle, y hablar con él, y ahora no sabía qué decir. Siendo un borde, o siendo amable… Sasuke siempre conseguía dejarle mudo.

Y no tenía claro de si eso era bueno o no.

Igualmente no podía evitar sentirse acalorado: sabía que el chico estaba ahí más por curiosidad que por otra cosa; o quizá pudiera aventurarse a pensar que tal vez sí quisiera tener una amistad con él, pero no estaba acostumbrado a ser el centro de atención de nadie y ser el del moreno que tenía ahí le aceleraba el pulso.

Tenía que hacer un esfuerzo horrible para que no le saliera la risa tonta, ni se le quedara cara de bobo mirándole.

Sasuke tomó asiento, dejando su bandolera colgada en la silla. Pudo ver cómo cerraba los ojos y se le hinchaba el pecho. Seguro que estaba aspirando el aroma del caldo.

- ¡Ah! -cayó en la cuenta, cuando le daba la cerveza-. ¿Quieres probarlo? Aunque creo que le falta sal… -se rascó la nuca nervioso-.

Tras asentir aquel, cogió una tacita y le puso un poco. Aguardó ansioso para saber su opinión. No supo muy bien cómo interpretar la expresión de su cara, y el suspiro que dio, al tenerla en parte oculta bajo el flequillo, pero quiso creer que simplemente no quería dejarle entrever el escalofrío que le tenía que haber dado al probar aquello.

- Está bueno, ¿eh? -sonrió socarrón-.

- Sí… -levantó la vista y le devolvió la sonrisa-.

Pero no una sonrisa torcida como las que solía dedicarle. Una sonrisa de verdad. De esas que te hacen derretirte por dentro.

- ¿Le f-...? ¿Le falta sal? -tartamudeó, dándose la vuelta-.

- No, está bien.

"Dios…", se abofeteó internamente.

Un tanto ausente, cogió el arroz que tenía ya preparado y lo fue echando en la sartén, haciendo que quedara bien sumergido en el caldo luego, dándole vueltas con la espátula.

"Espero que no se me haya quedado cara de gilipollas…".

Y de nuevo, se hizo el silencio.

Le resultaba increíble que estuviese tan callado. Siempre tenía algo con lo que molestarle, pero hasta ahora no le había soltado ni una grosería.

Le daba vueltas al arroz de forma inconsciente, intentando encontrar cualquier cosa de la que hablar con él. Pero ahora que no había nada que interfiriese en la conversación, estaba totalmente en blanco.

Suspiró en sus adentros incómodo por la situación, y decidió actuar casi como si estuviera en el trabajo. Tal vez así conseguía llegar a algún tema del que hablar.

Aunque volvió a quedarse en blanco cuando se giró hacia él, y le miró a los ojos. No estaba acostumbrado a ser el centro de atención de nadie y Sasuke no le quitaba los ojos de encima.

- Y bueno… -comenzó a hablar un tanto nervioso. Se cruzó de brazos apoyándose en la encimera para intentar relajarse-, … ¿Cómo ve su majestad las cosas fuera de palacio? ¿No le da miedo mezclarse con la plebe sin su escolta real? Podrían secuestrarle para pedir un rescate, ¿sabe? -sonrió burlón-.

Luchó con toda su fuerza de voluntad para que su sonrisa no flaqueara y le dejara ver al otro que, realmente, estaba a punto de empezar a arrancarse los pelos por no soportar más aquel silencio. En la cafetería no le importaba porque siempre tenía algo que hacer y, sino, se volvía a su sitio junto a la puerta y se limitaba a observarle desde la distancia, cuando se ponía a leer o a mirar el móvil.

Y el hecho de que le mirase fijamente no le ayudaba nada. Se mantuvo así durante unos segundos, mirándole serio directamente a los ojos hasta que, al parecer, no pudo aguantar más e hizo una mueca, tapándose la boca y agachando un poco la cabeza.

- Pfff… -rio por lo bajo-.

Bueno, al menos había conseguido romper el silencio. Y quitarse de encima un poco de tensión.

- Verás… -volvió a mirarle de nuevo, serio-. Quien quiera que fuese que quisiera secuestrarme… Tan sólo podría ser un enajenado mental. Mis centinelas siempre están lo suficientemente cerca para protegerme, y hay un escuadrón de refuerzo a un par de manzanas de aquí -el rubio arqueó una ceja, sonriendo-, por si acaso. Así que no tengo de qué preocuparme. ¿O tal vez… -apoyó el codo en el respaldo de la silla y se cruzó de piernas sonriendo burlón-, ... eres vos ese enajenado mental?

- ¡Oh, no, no! ¿Cómo piensa eso de mí? -negó con la cabeza y las manos efusivamente, siguiéndole la corriente-. Yo estoy aquí para servirle, alteza -hizo una reverencia exagerada-.

- Jmmmm… -levantó el mentón, dándole un trago a su bebida, algo más relajado-. Bien… Entonces... -titubeó un poco antes de seguir-, ...creo que puedes decirle a mi madre que se marche ya a casa...

- ¿Cómo?

De un respingo se irguió a mirarle directamente a los ojos.

- Está abajo esperando, junto a la puerta del bloque… -indicó con el pulgar-. No se terminaba de fiar, ya sabes -se encogió levemente de hombros-. Dice que no te puedes fiar de nadie hoy en día, y siendo menor de edad… -suspiró-.

"¿Está… hablando en serio…?".

Con la tontería de conversación que acababan de tener, Naruto no podía terminar de creer en sus palabras. Pero el chico estaba completamente serio, incluso resignado podría decirse por la expresión de su cara. Aquel volvió a suspirar y apartó levemente la mirada. Y al rubio tan sólo le vino una pregunta a la cabeza.

- ¿Cuántos... años tienes…?

El moreno se quedó en silencio y agachó la cabeza un tanto más, hasta que el flequillo le cubrió la cara casi por completo. Parecía verdaderamente abochornado.

- Diecisiete… -murmuró el otro fijando la vista en su lata de cerveza, y dándole vueltas-.

Naruto se quedó pálido. Pudo sentir cómo en apenas un segundo la sangre le abandonó el rostro. Ahora entendía el porqué de aquellas facciones tan finas… ¡Era más joven de lo que había imaginado!

Casi como si la vida le fuera en ello, salió disparado de la cocina. Lo último que necesitaba era que le acusaran de intento de abuso a menores. Las noticias estaban llenas de casos de esos y la gente siempre sacaba conclusiones precipitadas. Y en todo caso... ¡de ninguna manera se le había ocurrido que el chico pudiera ser menor de edad! ¡Si lo hubiese sabido antes ni se le habría pasado por la cabeza quedar con él para verle fuera de sus horas de trabajo!

"Eres un idiota, Naruto… ¡Tenías que haberle preguntado! ¡Imbécil!".

Llegó al recibidor, aterrado, con la imagen mental de la persona que pudiera encontrarse ahí abajo. Ya se imaginaba a la mujer llamando a la policía si tardaban demasiado en darle alguna señal de vida, y de cómo se lo llevarían esposado a comisaría. Casi podía sentir el frío del metal en sus muñecas.

Aún no sabía de qué manera se iba a disculpar ni de qué excusa poner por haber invitado a su hijo a casa, pero aún así abrió la puerta, y se asomó por la barandilla, resuelto a disculparse…

Pero allí no había nadie esperando.

Miró a los lados, por si acaso veía algún coche aparcado… Pero no… Tan sólo transeuntes caminando de vuelta a casa, seguramente, para ir a comer.

"Será…".

Muy… Lentamente… Entró de nuevo en casa… Y fue cerrando la puerta… Rojo de la vergüenza.

Había picado.

Como un gilipollas.

¿¡Qué cara tenía que poner ahora!? ¡Le había tomado el pelo descaradamente, y él se lo había tragado a pies juntillas!

Ahora tenía clara una cosa: no sería actor… ¡Pero actuaba a las mil maravillas, el muy…!

- ¡Cretino! -gritó nada más llegar al marco de la cocina-.

Aquel fue incapaz de contestarle. Estaba demasiado ocupado, temblando por contener una carcajada. Cosa que le hizo sentir aún más abochornado al rubio.

- En serio… -le tembló la voz al chico-, no creía que te lo fueras a tragar… Pero… Tenía que intentarlo…

Y no pudo más. El moreno estalló en una carcajada.

- Eres un capullo… -murmuró entre dientes-.

- Y tú un crédulo, usuratonkachi… -siguió riendo-.

Vale. Tal vez sí que era un capullo… Pero un capullo bastante atractivo.

Según iban pasando los segundos el sentimiento de bochorno se iba pasando para dejar paso al rubor. Realmente le sentaba bien sonreír, y ahora que se le veía más relajado que al principio se sentía más a gusto con su presencia.

Pero seguía siendo un capullo.

- Ahora en serio -le dijo mientras cogía la vajilla para sacarla al salón; necesitaba hacer algo para evitar morir de la vergüenza-, ¿cuántos años tienes?

- Veintidos. ¿Tú?

- Cumplo veintidos también, en unos meses.

- Jmmm…

"Dos, para ser exactos…", se dio cuenta de lo cerca que quedaba ya.

Puso todo lo que le hacía falta en una bandeja, y se fue directo a la salita. El moreno le siguió sin decir nada más y, esta vez sí, como había imaginado, se quedó un momento junto a la puerta, echando un vistazo a todo lo que quedaba a la vista.

Aunque no tenía muchas cosas en el piso: en un lado tenía el mueble, de madera gruesa y oscura, con sus libros, sus cómics, y las revistas de fotografía que se había ido comprando desde que llegó a la ciudad, a parte de la televisión y la video consola que se había traído; al fondo, junto a la cristalera del balcón, tenía un pequeño escritorio con ruedas donde dejaba el portátil para que no estorbara; justo enfrente del mueble estaba el sofá cama y, entremedias, una mesa de estilo tradicional; y tenía un par de fotos colgadas, las que más le habían gustado de las que había hecho hasta ahora.

Suspiró aliviado mientras colocaba todo en la mesa cuando el moreno cerró la puerta de nuevo, y se dirigió con calma hacia el interior de la sala, echando un vistazo por encima. Bien, otra cosa de él que había podido adivinar. Si le veía los libros que tenía ahí, seguro que encontrarían algo de lo que conversar.

"Pero… ¿Y si no se para a mirar…?", recapacitó cuando aquel aún estaba a medio camino.

Bien podría sentarse a la mesa y no toquetear nada, como había pensado en principio que haría. Si ocurría como cuando llegó y volvía a quedarse callado… Esta vez sí le darían ganas de saltar por la ventana.

- Tengo ahí los libros -hizo un ademán con la cabeza-, puedes echarles un vistazo si quieres.

Ahora que había levantado la cabeza, veía las claras intenciones que tenía el otro de, efectivamente, sentarse sin toquetear nada.

"Uff… A tiempo…", pensó para sus adentros.

- Si te gusta alguno, puedes llevártelo…

Y, ahora sí, empezó a deambular mirando todo lo que tenía por ahí a la vista. De nuevo volvió a suspirar aliviado. Desde que le vio la primera vez por la cafetería había pensado que era un descarado… Pero resultaba ser más educado que el silencio.

"¿Y si…? ¿Y si es tan educado porque realmente es el heredero de una gran empresa…?", empezó a divagar en su mente, observándole.

Siempre se movía con gracilidad, muy lentamente, como si tuviera estudiado cada movimiento que hacía. No tenía ningún tipo de prisa nunca tampoco, como si tuvieran que esperarle a él, en lugar de ser él quien tuviera que darse prisa para no hacer esperar a los demás. Siempre iba bien vestido. Aunque sencillo, y obviando la manga larga, siempre estaba a la moda. Su piel parecía fina, pálida como la porcelana. Y en más de una ocasión había podido sentir una fragancia suave, algo así como la leche de almendras. Si no fuera porque había 'bodymilks' con ese olor, pensaría que realmente se bañaba en leche, como Cleopatra.

"Espera, espera, espera… ¿¡Y si realmente pertenece a alguna rama de la casa real!? Tal vez por eso siempre le hace gracia que le trate como si fuera un príncipe o algo así…", se quedó pálido. "¿Y si no era de coña eso de los centinelas…?".

- ¿Qué?

No sabía en qué momento fue, pero Sasuke se había girado a mirarle, alzando una ceja en ese preciso momento, seguramente por la cara que debía estar haciendo. Aunque ahora mismo le daba igual, tal vez su cabeza estuviera en juego.

- Dime que lo de los centinelas era coña…

- ¿A qué viene eso ahora? -frunció levemente el ceño-.

- Sasuke -se levantó y fue hasta él, cogiéndole por los hombros para que le mirase directamente a los ojos-, dime que realmente no eres de la casa real y que no hay ningún guardaespaldas esperando tu señal para pegarme un tiro.

Vale. Por la cara de confusión del moreno… Acababa de decir una gilipollez. Y ya podía sentir el rubor subirle a las mejillas.

- ¿¡P-pero qué tonterías estás diciendo!? -le apartó poniéndole una mano en la cara-. ¡Deja de imaginarte cosas, dobe!

- ¡Deja de llamarme dobe, ostras!

- ¡Pues deja de decir tonterías!

- ¡Yo no digo tonterías!

- ¿¡Ah, no!?

- ¡No!

- ¿¡Y entonces por qué piensas que hay alguien esperando para pegarte un tiro!?

- ¡Pues porque...! -apretó los labios, para no hablar sin pensar. Y es que, dándole un pensamiento… Sí, había sido una tontería cómo había llegado a esa conclusión. Se rascó la sien, desviando la mirada, intentando pensar en una buena excusa… En vano.

- Usuratonkachi…

- Argh…

"Estupendo…", volvió a sentarse a la mesa, dejándose caer con las piernas y los brazos cruzados. "Ya la has cagado… Gilipollas…".

Suspiró profundamente, observando al otro de reojo. Acababa de quedar como un idiota… Y le había cabreado.

No entraba en sus planes, pero decidió encender la televisión, y le bajó el volumen al ver que el otro se giraba un tanto, como si le hubiera desconcentrado de la lectura. Pero no dijo nada, y volvió a centrarse. Pasaron algunos minutos hasta que se sentó a la mesa con él, con el libro entre las manos. Parecía totalmente enfrascado en la lectura.

- ¿Has estado aquí?

- 'Aquí', ¿dónde?

Pero en lugar de contestar, cerró el libro y le enseñó la portada. Había un castillo.

- ¡Ah, sí! Está en un pueblo pequeño, cerca de la capital del país.

- ¿Y cómo es?

Aún abochornado, comenzó a describirle el castillo, que realmente no era tan grande como parecía, pero que igualmente era abrumador. Y a contarle cómo eran las casas de aquel pueblo, todas hechas de piedra. Las calles eran muy estrechas y frías, pero de algún modo acogedoras. Todo estaba lleno de pequeñas construcciones históricas, bien conservadas.

Y bueno… Hablando y hablando, comenzaron a comer. Naruto se sintió victorioso al escuchar el suspiro del otro, después de que diera el primer bocado, y continuó contándole sobre sus andanzas por aquel país.

- Pero si no llega a ser porque mamá sabe algo de español… Creo que nos hubiéramos muerto de hambre en aquellos pueblos -no pudo evitar reír-.

- ¿Y eso?

- No tienen ni idea de inglés -rio por lo bajo-. Y nos miraban como si fuéramos bichos raros.

- Me gustaría escucharte hablar a ti en inglés… -rio burlón-.

- Excuse me? You are talking to Uzumaki Naruto, 'The Great' -alzó el mentón fingiendo petulancia, llevándose el puño al pecho-, first in line for the Uzumaki throne.

- Ya, claro… -sonrió socarrón-, eso es sólo porque eres hijo único…

- ¿Cómo lo sabes?

Ambos se quedaron mirándose en silencio por un momento, hasta que Sasuke desvió la mirada al plato para seguir comiendo.

- Porque sólo hablas de tus padres. Si tuvieras un hermano, seguro que hablarías de él también.

- Supongo… -se quedó meditando. En verdad, hablaba un montón de sus padres. Especialmente de su madre-. ¿Y tú? ¿Tienes hermanos?

- Unn… -asintió con la cabeza-. Uno. Aunque a veces es desesperante -añadió-.

- Es mayor que tú entonces, ¿verdad?

- ¿Por qué lo supones?

- No sé… Mis primos son así -se encogió de hombros-. Mi prima es la pequeña, y está hasta las narices de su hermano. Es un mandón y se burla mucho de ella.

- Fu… -resopló-. Algo así…

Aquel comentario debió de recordarle algo que pareció hacerle sentir incómodo porque ahora no hacía más que darle vueltas a la comida con los palillos. Tal vez fuera por entrar en el terreno personal… No paraba de hablar de los viajes con sus padres y Sasuke apenas hablaba de sí mismo. Quizás era más tímido de lo que había pensado en principio…

- ¿Me traes un vaso de agua, por favor?

- Unn…

No estaba seguro… Pero de alguna manera sabía que había metido la pata en terreno resbaladizo.

"Mejor será no preguntarle sobre su familia…", llegó a la conclusión.

Le dejó el vaso frente a él cuando regresó, y siguió comiendo en silencio, sumido en sus pensamientos.

"Tal vez tenga problemas en casa… Quizá no se lleve bien con su familia y por eso siempre está por ahí, o con algún amigo…".

Dándole un pensamiento, a no ser que tuviera un trabajo de tiempo parcial, y que fuera donde iba todas las mañanas, siempre le veía en la calle, a veces con sus amigos, hasta bien pasado el medio día…

Un sonido llamó su atención y le sacó de sus cavilaciones. Se giró un tanto y no pudo evitar quedarse mirando una especie de cajita de plástico que ahora dejaba el moreno sobre la mesa.

- ¿Estás enfermo…? -se le escapó la pregunta al verle tomar una pastilla-.

- Unn… Anemia crónica…

"Claro… Por eso siempre parece que vaya a desmayarse…".

- Vaya… Tiene que ser una mierda…

- No te haces ni la más mínima idea -contestó antes de llevarse una segunda pastilla a la boca y dar un trago de agua-.

- ¿De alguna vitamina, o hierro? -preguntó curioso-.

- Ambas.

- Ostras…

Aquel no dijo nada más. Siguió comiendo en silencio, y Naruto le imitó al entender que ya había llenado su cupo sobre temas personales. Aunque había uno del que aún no había dicho ni 'mú', y había dado su palabra.

- ¡Ne, Sasuke! -le llamó con tanto énfasis que hasta le fue visible el respingo que le dio al otro-. Tienes que enseñarme alguna de tus pinturas. ¡Me lo prometiste!

- Unn…

Bueno, al menos había aprendido algo más sobre él: era más tímido de lo que nunca se hubiera imaginado, y más formal también; le gustaba leer, y también le gustaba todo lo relacionado con la historia aparentemente, al coger prestados un par de libros históricos que tenía sobre los pueblos de España; no parecía cómodo hablando sobre temas personales, pero le escuchaba atento cuando hablaba sobre los viajes que había hecho con sus padres. Bien. Al menos por ahí tenía conversación para rato.

Y así fue como se les pasó la tarde: hablando sobre sus viajes y enseñándole algunas de las fotos que tenía en el portátil.

Y al contrario de lo que pensó al principio, cuando llegó, se sorprendió de lo rápido que se le pasó el tiempo hablando con él. Según iba pasando las horas, se sentía más relajado. Acabaron sentados en el sofá, con el portátil sobre la mesa frente a ellos, cuando al fin Sasuke accedió a enseñarle algunas de sus pinturas del portofolio online que tenía.

- Buah, qué pasada… -se quedó con la boca abierta-.

Era mucho más bueno de lo que había pensado. Era el tipo de cuadros que uno podría encontrarse en una galería de arte. Si bien sentía que le faltaba algo… Tendría que observarlo en más detalle para averiguar qué. Pero sería en otro momento. No quería abordarle con preguntas y comentarios tontos sin pensar.

Fue ya pasadas las seis, que el teléfono de Sasuke sonó al recibir un mensaje. Y después de contestar, se disculpó por tener que darse prisa para marcharse.

Descubrió también que, seguramente, le gustaba el manga al añadir a los libros que se llevaba prestados el primer tomo de una sus colecciones, de camino a la salida. Si realmente le gustaba… Ya tendrían algo más en común de lo que hablar, evitando así los temas personales.

Y sintió como si se le fuera a parar la respiración cuando ya se encontró en el recibidor, viéndole calzarse para irse.

- Bueno… -se rascó la nuca nervioso. Por dentro estaba rabiando de que tuviera que marcharse ya, tan pronto, pero para ser la primera vez que quedaban… Tal vez había sido suficiente. Aunque no para él-. Supongo que ya nos veremos por la cafetería… Pero si algún día quieres volver, eres bienvenido…

"¿Qué forma es esa de pedirle una cita…?".

"...".

"¿¡Cómo que una cita!? ¡Amigo, Naruto, amigo! ¡De ahí no vas a pasar!".

- Unn… -asintió con una leve reverencia-. Nos vemos…

Naruto se quedó ahí, plantado junto a la puerta, despidiéndole con la mano, mientras le veía caminar a paso calmo hacia el ascensor. Se le escapó un suspiro observándole, mientras aquel esperaba, y seguramente centrado en el móvil por el movimiento de sus brazos. Dio un respingo al ver que se giraba y le miraba al entrar en la cabina, y volvieron a despedirse con las manos, y una sonrisa. Quería pensar que Sasuke se había sentido cómodo… No estaba seguro… Pero él estaba flotando en una nube.

Aún seguía sin creer que realmente hubiera estado ahí. El chico que había estado observando tanto tiempo, el que no podía expulsar de su mente por mucho que quisiera y el que le hacía suspirar… Había estado en su casa. Y no sería la última vez si realmente todo había marchado bien, como él creía.

Volvió a suspirar, cerrando la puerta, y encaminándose de nuevo al salón. Se dejó caer boca abajo en el sofá y se abrazó a uno de los cojines, sonriendo como el bobo que se sentía. Tal vez no pudiera llegar a ser más que un amigo para él… Pero con eso le bastaba.

Tumbado desde ahí, alzó la mano hasta su portátil y volvió a abrir la pestaña del portofolio de Sasuke. Aún era pronto, y quería ver todo lo que tenía en su galería.

.

.

.

CONTINUARÁ...


Tener pantuflas en la puerta del baño*: ya sabéis que los japoneses son un poco "raritos". Aunque tiene su explicación, y muy lógica. Por el mismo motivo que no entran en casa con los zapatos que usan para salir a la calle, no utilizan las mismas pantuflas para el baño que para el resto de la casa. Cosas de los gérmenes, no sé si me entendéis =P


29/08/15

Buenas!

Pues hasta aquí el capitulo de hoy. Tenía intenciones de haber "arreglado" algunas partes… Pero como algunas sabréis, esta semana ha sido bastante movidita y deprimente para mí… Odio con toda mi alma el "repost", y muchos clubs de Facebook se han empeñado en repostear un minicomic que Usu y yo hicimos… sin créditos claro. Y mirando por los clubs para asegurarme de que no había más reposteos… ¡Boom! Imágenes nuestras recortadas, o con las firmas borradas… En fin…

Más tarde revisaré de nuevo vuestros reviews para ir contestando, ahora mismo no me siento muy bien… Pero siento como que no puedo retrasar más la publicación de este capítulo.

Así que nada más. Muchas gracias por vuestro apoyo. De verdad. Últimamente parece como que el fandom está desapareciendo más deprisa de lo esperado… Y baja bastantes los ánimos u.u

No olvideis nunca de dar apoyo a los artistas que os traen material nuevo, ya sean fics o cómics o ilustraciones… Lo estamos pasando todos un poquito mal.