Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. Este fanfic no tiene ánimo de lucro.
Beta: Usura-tialmant y Scaring
Advertencias: Shonen ai, POV Sasuke
Lunes, 11 de agosto
13:45
Antes de salir a la calle, se puso la gafas de sol y tomó una buena bocanada de aire anticipando el golpe de calor que le iba a dar en la cara en cuanto pusiera un pie fuera. Instintivamente se agarró con la mano izquierda a la correa de la bandolera y empujó con la otra la puerta, aunque hubo de hacer uso del peso de su cuerpo pues era un poco pesada y se encontraba bastante fatigado. Aún así, en cuanto estuvo fuera y recuperó el aliento que había perdido por un momento por la humedad del ambiente, sacó su pai-pai y empezó a abanicarse poniendo rumbo calle abajo, a paso calmo, dirección a la avenida.
Quería verle.
Cada día que pasaba sentía más fuerte la necesidad de pasar más tiempo con él, y después del día anterior, ese sentimiento quedó más que confirmado. A pesar de que en un primer momento se había sentido un poco violento invadiendo el espacio personal del rubio, enseguida le hizo sentir casi como si se conocieran de toda la vida. Algo que le encantaba de él. De hecho, se sentía más cómodo los ratos que pasaba con él que con cualquiera de sus amigos. Claro que tenía mucho que ver el hecho de que nunca le contara nada de sí mismo. Odiaba ser el tema de conversación, cualquiera que fuese el lugar y la situación. Y se sintió aliviado de que Naruto no quisiera curiosear más en su vida personal y entendiera el silencioso mensaje que le dio para que no siguiera por ahí cuando no tuvo más remedio que tomarse las dichosas pastillas delante de él. Cosa que le sorprendió en cierta manera. Por cómo se veía de despistado por fuera, hubiera apostado a que era más torpe a la hora de leer entrelíneas. Pero tanto que mejor para él; le hacía sentir más cómodo a su lado sin tener que vocalizar sus pensamientos, ahorrándose así, tal vez, tener que contarle alguna otra verdad a medias o quien sabe si discutir con él. En lo único que ponía la mano en el fuego, y estaba seguro de no quemarse, es que era un cabezón de cuidado, y que si se le metía entre ceja y ceja querer saber algo, y no estaba dispuesto a contarle ese algo… Muy seguramente acabarían peleando. Tenía el firme presentimiento de eso.
Detuvo sus pasos para recuperar el aliento. Por un instante todo a su alrededor se tornó completamente borroso, y tenía la sensación de que el mundo a sus pies se movía. Se sostuvo poniendo la mano en la pared para no perder el equilibrio, forzándose a sí mismo a respirar con calma hasta que se le pasó un poco el mareo.
Fue en el momento que levantó la mirada y fijó la vista en el final de la calle que supo que hoy no sería un buen día para ir a la cafetería. Se sentía completamente exhausto. Y aunque se moría de ganas por verle, aunque fueran sólo unos minutos…
"Hoy no…", se obligó a pensar él mismo.
Sabía que no era buena idea. Su cuerpo le estaba pidiendo a gritos llegar cuanto antes a casa para dormir un rato y descansar.
Apretó los dientes, fruto de la frustración y suspiró profundamente.
Por más que su mente quisiera, el cuerpo no le seguía. Así que, sin más remedio, redirigió sus pasos hasta el paso de peatones más cercano para cruzar la calle y esperar en la parada del tranvía para irse directamente a casa.
Con pesadez se sentó en uno de los asientos libres. Por suerte para él, a estas horas la mayoría de la gente ya se había marchado a casa, o había vuelto al trabajo después de la pausa de medio día. Sería una agonía tener que estar esperando de pie, y tampoco le hacía ninguna gracia las miradas de compasión que le dedicaban a veces cuando estaba todo lleno y alguien se levantaba para cederle su asiento tras verle la cara. Odiaba que se compadecieran de él.
El monitor de la parada indicaba que el tranvía aún tardaría unos minutos en llegar por lo que sacó el móvil de su bolsillo para revisar los mensajes. No hacía falta ser adivino para saber que si no uno, otro de sus amigos le habría quemado ya media batería con los mensajes del chat. Y seguramente su madre también querría saber si iba a ir a casa ya, o tardaría un poco más, como empezaba a ser habitual últimamente, para prepararle algo de comer. Quería a su madre, mucho, pero en ese aspecto a menudo era agobiante.
Tras confirmar sus sospechas, y avisarla de que iba de camino a casa, siguió con los siguientes mensajes. Aún seguía molesto con la pelirroja por el trato que tuvo con Naruto, pero aquel día se encontraba tan mal que no tenía fuerzas ni para discutir. Aún así, abrió el chat para ver qué quería, aunque ya se lo podía imaginar. Cada día que pasaba se sentía más asfixiado, a pesar de las buenas intenciones de sus amigos.
"Oye, Sasuke, perdona por lo del otro día…", suspiró al leer. Sí, hasta ella misma se dio cuenta. "... pero es que estaba preocupada".
"Ya lo sé…", resopló por lo bajo.
"Sakura vuelve esta tarde, ¿te parece si vamos con ella mañana a la cafetería esa?".
Vale, eso sí le había pillado completamente por sorpresa. Inmediatamente cerró el chat de la pelirroja y abrió el de la otra chica. Hablaban bastante a menudo desde que se fue a estudiar fuera, pero a él no le había dicho nada.
"Hola, Sasuke-kun! Voy a estar esta semana por la ciudad para visitar a mis padres, ¿te apetece quedar un rato? Así me cuentas un poco más del rubio ese… ;) ".
Apretó los labios levemente en un intento de controlar el calor que sentía en las mejillas. Sin duda aquellas dos habían estado hablando entre ellas y querían hacerle una encerrona… Pero bueno, al menos el tema de conversación sería diferente al habitual, y de paso podría aprovechar para pedirles algún consejo. Aún no tenía claro cuál era el interés que tenía Naruto por él… Hasta ahora no le había dado ninguna muestra más allá de la pura curiosidad por conocerle. No sentía que el trato que le diera fuera muy diferente al que Suigetsu le daba a él, así que no debía precipitarse a sacar conclusiones.
"Aunque si no llega a ser por él…", frunció un poco el entrecejo. "Podría haberme pasado la tarde entera en el baño y esos dos seguirían dándose besitos…".
De cualquier forma, no era mala idea. Así mataba cuatro pájaros de un tiro: podría quedar con la pelirosa, pedirle consejo a las chicas, salir de casa… y verle a él.
Iba a contestar a los mensajes cuando escuchó que se acercaba el tranvía.
Con cuidado, se guardó el móvil en el bolsillo, sacó su cartera y esperó pacientemente a que se detuviera y abriera las puertas. Nada más entrar, y pasar la tarjeta por el lector, buscó un asiento libre junto a la ventana. Suspiró aliviado al sentir que el fresco del interior calmaba un poco el calor que tenía, y apoyó la frente en el cristal para sentir mejor el frío. Cerró los ojos un momento para relajarse, respirando profundamente, y el tranvía se puso en marcha de nuevo. Sabía que no tenía que preocuparse hasta que volviera a parar, por lo que se permitió permanecer así los dos o tres minutos que tardaría en llegar. Y en cuanto notó que la velocidad disminuía, los abrió y se giró un tanto hacia el exterior. No tardó en localizarle. Como siempre, estaba de pie junto a la puerta, con la bandeja en la mano, esperando que algún transeúnte decidiera sentarse en la terraza. Vio cómo alzaba el brazo un tanto. Seguro que estaba mirando la hora.
"¿Me estará esperando…?".
Quería creer que así era. Quería creer que Naruto tenía la misma necesidad de verle como la que él sentía; que ese magnetismo que le empujaba a ir a esa cafetería con el único motivo de pasar unos minutos hablando con él, lo sentía el otro por igual.
¿Pero cómo saberlo sin preguntarle directamente?
Se le veía muy cercano a esa compañera rubia que tenía y daba igual quien fuera que se sentara ahí en la terraza que le sonreía a todo el mundo por igual y, si le daban conversación, hablaba alegremente con cualquiera. Pedazo de…
"¡Dobe!", apretó los labios.
Vale, empezaba a darse cuenta él mismo que se estaba obsesionando un poco. No había ninguna razón por la que sentirse celoso. A fin de cuentas no eran nada. Ni tan siquiera podía decir aún que fueran amigos. Y aunque llegaran a serlo… No quería ser el culpable de borrar esa sonrisa que tanto le ensimismaba por el estúpido sentimiento de posesión que tenía.
Sin duda necesitaba la ayuda de ese sexto sentido femenino de sus amigas. Si no se volvería loco y acabaría haciendo algo de lo que tal vez se pudiera arrepentir.
Suspiró resignado de nuevo mirando a través del cristal y sintió que el corazón le latió con más fuerza por un momento cuando se puso el tranvía de nuevo en marcha. Se moría de ganas de poder hablar con él un rato, pero necesitaba con todo su ser llegar a casa y echarse una buena siesta.
Según pasaba por delante de la terraza, vio a Naruto atender a unos chicos que se habían sentado. Como siempre, les dedicó una amplia sonrisa antes de volver a entrar al local para llevarles su pedido.
Volvió a cerrar los ojos, visualizándose sentado junto a él la tarde anterior, en salón de su casa. Le pilló por sorpresa que de repente, y aparentemente de la nada, se acercara tanto a él. Y aún podía sentir el hormigueo que le recorrió todo el cuerpo de tenerle a tan sólo un par de palmos de su cara cuando se levantó de sopetón y le cogió por los hombros. Se sentía estúpido de darle importancia a un gesto tan trivial y casi sin querer se le dibujó una sonrisa en la cara.
Últimamente se encontraba a sí mismo sonriendo más de lo que era habitual en él, pero es que se sentía contagiado del aura que irradiaba el rubio. Algo tenía su sonrisa que hacía que él también quisiera sonreír.
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Lunes, 11 de agosto
17:10 h
Abrió los ojos con el sonido de la televisión de fondo. Se sentía cómodo, ahí tumbado en el sofá, con el fresco de la sala. Seguro que su madre había puesto el aire acondicionado después de que se quedara dormido nada más llegar. Intentó reprimir un bostezo, pero finalmente optó por cubrirse la boca con la mano al fallar en el intento y parpadeó un par de veces más antes de volver a cerrar los ojos, removiéndose un tanto para acomodarse mejor. Se sentía realmente perezoso.
- ¿Estás despierto? -susurró su madre, acercándose con sigilo-.
- Unn…
- Ve a comer algo, hijo, se está haciendo tarde…
Suspiró con resignación. Sabía que tenía que levantarse, pero ahora no le apetecía nada. Aún así, se incorporó con cuidado, y se sentó derecho, apoyándose en el espaldar. Vio de reojo a su madre salir con calma del salón. Apostaba lo que fuera a que no se esperaría a que él se levantara para ir a la cocina, y le traería la comida hasta ahí. Ella sabía de sobra que necesitaba unos minutos para despejarse la mente cuando se levantaba de sus siestas, pero aún así, seguía tratándole como si no fuera más que un inválido.
Estaba enfermo, sí, pero podía valerse por sí mismo. Era en momentos como éste en los que se sentía asfixiado y daría lo que fuera por vivir solo. Como Naruto.
"Naruto…", cerró los ojos echando la cabeza hacia atrás.
No podía parar de preguntarse cómo sería su vida fuera de la cafetería. Parecía un nervio con patas así que estaba seguro que andaba quemando energía de alguna manera. ¿Habría salido con la bici por la montaña como aquella vez? ¿Estaría haciendo fotos? ¿Estaría ahora con aquel chico con el que le vio...?
Se masajeó el puente de la nariz en un intento de disolver sus pensamientos. Empezaban a desviarse de nuevo hacia un punto al que no le gustaba darle vueltas. Claro que tenía que tener amigos. Más que él, seguro, por la forma de ser que tenía. Si no fuera porque sabía que no era de la ciudad, apostaría que conocía a todos y cada uno de los chavales de su edad. No ponía en duda, sin embargo, que hubiera hecho amigos por allí por donde había pasado de viaje. Había visitado tantos lugares que fijo que conocía medio mundo ya.
Y en eso le envidiaba.
No en la parte de conocer a mucha gente… Realmente, Sasuke tenía pocos amigos. Pero los justos y necesarios para él. Y aunque a veces le hicieran sentir asfixiado… Sabía que era porque se preocupaban por él, nada más.
Lo que envidiaba de Naruto era la libertad que tenía para ir donde quisiera… Y cuando quisiera. Ojalá algún día, si llegaban a forjar una amistad, pudiera acompañarle en sus aventuras. Sólo de escucharle hablar ya se sentía como si viajara él mismo a otro lugar. Incluso a otra época por lo que le contaba. Había estado en sitios donde se celebraban justas durante las fiestas locales, como las que veía en las películas de la Europa medieval. Seguro que debió emocionarse cuando lo vio por primera vez y se le quedó cara de bobo.
Sonrió para sí recordando esa risa floja que le daba a veces, que hacía incluso que se le cayeran las lágrimas. Era verdaderamente refrescante.
- Te dejo aquí la comida, hijo.
La voz de su madre le hizo despertar de su ensoñación. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que apoyó la cabeza, pero su madre ya estaba de vuelta, con la bandeja sobre la mesa delante suya, dedicándole una suave sonrisa.
- ¿Has descansado?
- Sí… -se sentó a su lado-.
Suspiró profundamente al ver lo que le había preparado. Aquellas verduras hervidas no tenían nada que ver con el arroz que le preparó el rubio el día anterior, fue casi como redescubrir el sabor de nuevo. Sin embargo esto…
Con otro suspiro de resignación cogió los palillos y empezó a comer. No tenía caso intentar pedirle que le diera algo de soja, o teriyaki. Sabía que esa discusión no llevaría a ninguna parte. Y de todas maneras, hacía ya tiempo que intentaba no quejarse de lo insulso que le resultaba todo, especialmente la comida. Su madre ya se mortificaba suficiente ella sola.
- Y dime, hijo, ¿qué tal con tu nuevo amigo? ¿Has ido a verle hoy?
- No… No he tenido tiempo.
- Bueno… Mañana entonces -le sonrió-. Me alegra que salgas con gente nueva, se te ve más animado.
- Unn…
Siguió comiendo en silencio. Al parecer, su madre interpretó aquello como que no quería hablar sobre el tema porque no tardó en levantarse para ir a buscar la caja donde guardaba su material de ganchillo, para luego volver a sentarse a su lado.
Aunque realmente se moría de ganas de contarle todo lo que venía pasando por su mente últimamente. Por una vez, sintió verdaderos deseos de estar al lado de alguien, sin agobiarse. A pesar de las tonterías que se le ocurrían a veces.
"Y las tonterías que llega a tragarse, el muy… dobe", sonrió para sí mientras seguía comiendo. Llevaba ya casi medio plato cuando decidió tomarse las pastillas que, muy diligentemente, para variar, su madre había colocado junto a su plato en el pastillero. "Mira que creerse que tengo diecisiete…".
Se giró a mirar a su madre al percatarse que se había quedado inmóvil y se la quedó mirando fijamente a los ojos. Pareciera que quisiera decirle algo pero las palabras no salían de su boca.
- ¿Qué pasa? -le preguntó curioso-.
- No, nada… -volvió a su labor tras dedicarle de nuevo una suave sonrisa-. Me alegro de que hayas encontrado un buen amigo.
Se quedó parado durante un instante, con las pastillas en una mano y el vaso de agua en la otra, intentando adivinar qué quería decir. Observó unos segundos más cómo tejía cuidadosamente la que, seguramente, sería una nueva pieza para regalar a alguna de sus amigas. Ella también parecía más animada que de costumbre, sonriendo mientras hacía su labor. Y entonces cayó en la cuenta.
"Debo tener cara de gilipollas…", se abofeteó mentalmente.
Se tomó las pastillas con un buen trago de agua y siguió comiendo, ocultando la cara bajo el flequillo. Ya sentía que el rubor empezaba a subirle y si su madre se daba cuenta… No estaba seguro de estar preparado para contarle nada. Aún.
- Gracias por la comida… -junto las manos e hizo una leve reverencia-.
Con calma, cogió la bandeja para llevarla a la cocina. Sabía que si no lo hacía en ese mismo momento, su madre no tardaría ni un minuto en hacerlo ella. Con cuidado, fue colocándolo todo en el lavaplatos, preguntándose qué podría hacer en lo que restaba de día. Empezaba a estar un poco cansado de leer, a pesar de que los libros que le había dejado prestado el rubio tenían toda la pinta de ser interesantes. Desde luego que ese chico era una caja de sorpresas…
Cuando le vio la primera vez, no podía hacerse ni la más mínima idea de todo lo que había detrás de aquellos ojos azules. Intuía que era algo intenso… Pero el empeño que ponía en todo lo que hacía era abrumador. Algo tenían aquellos ojos que le arrastraban a seguir adelante con otra visión del mundo. Una visión llena de vida y color.
Decidido, cerró el lavavajillas y regresó de vuelta al salón. Tenía que hacer algo con respecto a ese color azul.
- Mamá -la llamó desde la puerta. Ella se giró para mirarle directamente a los ojos, a la espera de que continuara. Cosa que le incomodó por un momento, haciéndole sentir un leve rubor las mejillas. Hacía mucho desde la última vez que le pedía el favor-. Necesito que me hagas de modelo un rato…
- Claro, hijo -sonrió-.
Aprisa, marchó a su cuarto para cambiarse de ropa e inmediatamente después fue hasta la habitación que tenía sólo para pintar. Quitó del caballete el lienzo de la última pintura que había estado intentando terminar, y lo dejó a un lado apoyado en la pared, colocando otro en blanco en su lugar. Preparó un taburete en medio de la sala para cuando llegara su madre, y los botes con los pinceles. Hizo también acopio de todos los colores que pudo encontrar y, cuando lo tuvo todo organizado, comenzó a visualizar de nuevo aquellos ojos celestes.
Para cuando su madre llegó, ya había comenzado a abocetar con el grafito, a groso modo, el paisaje que le había enseñado Naruto de la ciudad, desde lo alto de la montaña. Podía recordar con bastante detalle todos los colores vivos de aquella vista.
Pero sin duda, el color del cielo aquel día era extraordinario.
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CONTINUARÁ…
12/09/15
Bueno… ¡Hasta aquí el capítulo de hoy!
Creo que hasta ahora ha sido el capítulo más difícil de escribir de todos xD Sasuke no se me da nada bien… n_nUu
He estado dudando hasta el último momento de si publicar este capítulo, o saltármelo por completo ya que realmente no aporta nada a la historia… Pero supuse que no estaría mal dejaros ver un poco de lo que pasa por la mente del Uchiha ya que había cierta curiosidad =P
De todas maneras, tranquilas, que ya falta menos para que esto empiece a "rodar" Cx
Y pues, de nuevo, y como siempre, muchas gracias por seguir ahí leyendo mis tonterías. No me cansaré nunca de agradeceros todo el apoyo que me dais. De verdad.
Así que nada… Eso, ¡un abrazo muy fuerte a todas y nos seguimos leyendo! x3
