Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. Este fanfic no tiene ánimo de lucro.

Beta: Usura-tialmant y Scaring

Advertencias: Shonen ai, POV Naruto


Miércoles, 13 de agosto

11:45 h

Naruto estaba hambriento. Cosa rara en estos días tan calurosos, a estas horas: con el calor, se le cerraba el estómago y era imposible hacerle tragar nada sólido y consistente.

Pero es que la noche anterior se había ido a dormir sin cenar en un intento de alejar las tonterías que volvían a formarse en su mente, después de hablar con su amigo, y desde que se levantó sentía como si tuviera un agujero en el estómago que tenía que llenar con lo que fuera.

Después de desayunar su buen plato de arroz con curry, se había apresurado para ir a buscar al castaño e ir al centro con el coche. Sabía que se iba a estresar con el tráfico, pero de esa forma podrían ir a cualquier parte más tarde si les apetecía, y también sería más rápido si querían volver al piso para salir con las bicis.

Habían estado dando vueltas por las tiendas de música y de ropa después de que Kiba hiciera la reserva del juego que quería, aunque realmente no había nada que le llamara la atención. El único sitio al que tal vez tuviera ganas de ir, era una galería de fotografía que había en la ciudad. Pero quedaba algo apartada, así que estaba totalmente descartada por el momento: si había decidido levantarse temprano ese día para ir al centro, era con el único objetivo de no alejarse de la avenida, para ver si por "casualidad" podía encontrarse con Sasuke y hablar un rato con él.

Aunque según pasaban los minutos se sentía más inquieto.

"No sé si será buena idea después de lo de ayer…", suspiró con algo de amargura.

Un gruñido procedente de su estómago le devolvió de nuevo a la realidad, haciendo que se disolviera toda esa negatividad que volvía a susurrarle desde un rincón de su mente. Realmente estaba hambriento.

- Va, Kiba… -le zarandeó un poco del brazo-. Tengo hambre…

- Joder, tío, pareces una preñada. Llevas todas la mañana comiendo porquerías.

- ¿Y qué quieres que le haga? -se cruzó de brazos molesto-.

Llevaba al menos un cuarto de hora ahí de pie, junto a los estantes de la tienda, esperando a que el castaño decidiera qué pantalón comprarse.

- Bah, demasiado simples… -los volvió a colocar en su sitio-. Vamos a comer algo, yo también tengo hambre ya…

- ¡Gracias! -exclamó llevando las manos al cielo, siguiendo los pasos de su amigo-.

Casi por instinto, echó un vistazo a la hora en su reloj de pulsera. De buena mañana, cuando pasaron por delante de la cafetería, Ino ya le había dicho que Sasuke no había aparecido aún… Y se habían quedado por las tiendas cercanas sólo por si acaso, pero sabía de sobras que, si no había ido temprano, no le vería hasta algo más tarde. Si es que realmente iba.

"Aunque ayer vino más tarde de lo normal…", frunció levemente el ceño.

Era en momentos como éste en los que se sentía un completo acosador. Casi sin querer, se había aprendido los horarios en los que solía pasar por ahí… Y se extrañaba si algún día se salía de la norma.

Sacudió la cabeza y metió las manos en los bolsillos, mientras caminaba junto a Kiba mirando los escaparates. Tenía que comer algo y darle un poco de azúcar a su cerebro para que empezara a carburar.

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Miércoles, 13 de agosto

14:35 h

- Vámonos ya, Naruto. No va a venir.

- Cinco minutos más.

Tenía la horrible sensación de que no le iba a ver más.

No tenía ni idea de qué fue lo que pudo hacer mal cuando Sasuke estuvo en su casa… Pero pareciera que el moreno ya no quisiera saber nada más de él.

¿O estaba imaginando cosas?

El día anterior apenas pudieron cruzar los 'buenos días', casi pareciera que le hubiera ignorado completamente a propósito, y la inquietud se estaba haciendo más grande hoy. Seguía sin creerse que, después de tanto tiempo viniendo y quedándose fuera, decidiera irse directamente dentro del local el día de antes. Y no podía quitarse de la cabeza a esa chica nueva con la que vino: al contrario que la pelirroja, con esta parecía tener más confianza.

"Tal vez que ella sí que era su novia…", suspiró resignado.

Empezaba a tener ganas de llorar de nuevo. Y no podía sino enfadarse consigo mismo por haber permitido, y alimentado, las ganas de querer pasar más tiempo con él.

- Vámonos… -suspiró resignado al tiempo que se levantaba-.

- Va, no te pongas así… -le pasó el brazo por los hombros y le dio un leve apretón-. Seguro que está ocupado con sus cosas y por eso no ha venido.

- Ocupado con su novia… -suspiró de nuevo-.

No veía a Kiba porque estaba más ocupado mirando las baldosas por las que caminaban, de vuelta al coche, pero estaba seguro de que le estaba mirando con cara de pena, caminando a su lado. Y odiaba sentirse así. Daría lo que fuera ahora mismo por tener al alcance una piedra para poder darle una buena patada y poder descargar algo de su rabia.

- Va, Naruto -le dio un leve empujón con el hombro-, seguro que mañana le ves.

- Ya, claro…

- Por lo que me has dicho, siempre va ahí porque seguramente le viene bien para ir a donde sea que va, ¿no? Si de verdad has hecho algo que le haya enfadado, ya volverá cuando se le pase el cabreo. O seguro que le ves pasar alguna mañana por ahí…

- Si no quiere hablar más conmigo dudo que le haga mucha ilusión si le paro en mitad de la calle…

- Jmmm… Pero te tiene que devolver tus libros, ¿no? ¿No me dijiste que se llevó unos cuantos?

- Sí… -se encogió de hombros-.

Pero en este momento lo que menos le importaban eran los libros. Sentía que había fracasado de una forma colosal con el moreno.

"Eso me pasa por esperar nada de él…", se afligió.

Aunque no había parado de recordarse que no podía pasar de ser más que un amigo, si es que hubieran llegado a ser algo parecido a eso, en el fondo tenía que admitir que estaba deseando ser algo más. No podía quitárselo de la mente, y el corazón siempre le daba brincos cuando estaba cerca de él. Se le encogía el pecho simplemente de pensar que no iban a hablar más.

- Oye, Naruto… -le llamó la atención el castaño. Levantó levemente la cabeza al ver que aquel se quedaba parado-. ¿No es ése…?

Durante unos segundos se le quedó observando sin entender. Pero al ver que no decía nada más siguió con la mirada la línea hacia la dirección donde miraba el otro. Hubiera apostado lo que fuera a que le estaba gastando una broma pesada sino fuera porque no se estaba riendo. Y sí, era él.

Estaba sentado en la parada del tranvía, con los codos apoyados en las rodillas, mirando el suelo. Quería acercarse a preguntarle algo. Lo que fuera con tal de poder averiguar si es que se había enfadado con él, y por qué. Aunque enseguida se desvaneció ese deseo. No era nadie para pedirle explicaciones, no era más que un simple conocido: el camarero de la cafetería.

Y estuvo a punto de seguir su camino, resignado, hasta que vio cómo se quitaba las gafas de sol y se llevaba una mano a la cara. Debía de estar a más de quince metros de él, pero por la forma en la que se pasó el dorso de la mano por la mejilla, aunque tuviera la cabeza gacha, no le quedaba duda.

"¿Está llorando…?".

- Espérame un momento, Kiba… -le dijo casi en un murmullo-.

Algo dentro de su ser agitó de forma violenta, empujándole a redirigir sus pasos hacia donde estaba aquel. Llegó hasta el paso de peatones y esperó impaciente su turno para cruzar. No quería salir corriendo, pero su paso se fue acelerando hasta que estuvo a un par de metros del moreno.

- Hey, Sasuke… -le saludó algo inseguro-.

Aquel se quedó inmóvil durante un momento. Era evidente que no esperaba que nadie conocido le viera ahí. Mucho menos le esperaba a él. Lentamente, y seguramente queriendo mantener su orgullo, se pasó la manga de la camiseta por la mejilla para secarse las lágrimas para acto seguido ponerse las gafas de sol. Sólo una vez se vio resguardado por las lentes fue que levantó la cabeza y apoyó la espalda en el asiento.

- Hola.

Naruto no sabía exactamente qué hacer. Hasta ahora ya sabía lo reservado que era con sus asuntos personales, pero algo se le removía en el interior de verle así.

- ¿Estás bien? -le preguntó sentándose a su lado-.

- Sí…

El moreno giró la cara hacia el otro lado, haciéndole sentir como un idiota por haberle preguntado algo tan evidente. Claro que no estaba bien. Y fuese cual fuese la causa, no se la iba a contar sin más a él, un completo desconocido. Pero aún así quería serle de ayuda, como fuera. No soportaba verle así. Sentía como si le estrujaran las entrañas.

Y algo le daba en la nariz que cual fuese el problema, tenía que ver con su familia. O por lo menos así lo entendió él, pues el moreno era muy reacio a hablar de ello. ¿O tal vez tenía que ver con la pelirosa del día anterior?

Se pasó largos segundos observándole, sentado junto a él. Y se percató del suspiro que dio en silencio, por el movimiento de su pecho.

No podía evitar sentirse impotente, sin saber qué hacer por él. Desvió la mirada al suelo, como si fuese a encontrar alguna respuesta ahí. Obviamente no encontró ninguna y se quedó mirando al frente, ausente por un momento, hasta que su vista enfocó a su amigo en el otro lado de la calle.

Entonces se le ocurrió.

Si estaba enfadado por algo que hubiera hecho, tenía que ponerle remedio de alguna manera. Pero primero tenía que empezar a tratarle igual que a Kiba si quería llegar a tener algo parecido a una amistad con él para hacerle sentir cómodo. Empezaba a estar seguro de que había sido su deseo inconsciente de poder acercarse más a él lo que le había llevado a hacer alguna gilipollez sin darse cuenta.

- ¿Quieres venirte a mi casa? -le ofreció. Continuó cuando tras unos segundos esperando no recibió respuesta-. Viene un amigo conmigo, vamos a jugar a la consola para pasar la tarde…

El pecho le dio un brinco al girarse el otro levemente, como prestándole algo más de atención.

- Puedes quedarte a descansar en mi cuarto si estás cansado… -dijo sin pensar-. Y bueno... -rio algo avergonzado-, no tengo mucho de comer en casa, pero hay un combini* cerca de mi piso…

El moreno se tomó su tiempo meditando. Aunque Naruto no tenía claro si realmente le estaba escuchando o no. Parecía estar ausente, con la mente en algún otro lugar. Volvió a ver cómo suspiraba en silencio y con cuidado se llevó de nuevo el dorso de la mano a la cara, levantando levemente las gafas. Seguramente se le había vuelto a escapar una lágrima, de esas traicioneras.

- Unn… -asintió finalmente-.

El rubio sonrió levemente, con algo de amargura. Se sentía aliviado por el hecho de que quisiera ir con ellos, eso le demostraba que realmente no debía de estar enfadado con él, o no tanto al menos; pero por otro lado no podía evitar preocuparse: ya le había visto desganado antes, e intuía que debía tener algún problema en casa con su familia… Pero no se le había pasado por la cabeza en ningún momento que estuvieran tan mal como para llegar a verle así.

- Va… -le animó a seguirle poniéndose en pie-.

Caminó con contenida calma, ajustando sus pasos a los del moreno. Y le presentó a Kiba cuando llegaron al otro lado de la calle. Ya se había hecho a una idea de que Sasuke no mostraría mucho entusiasmo, pero al menos no parecía demasiado incómodo con la situación, y caminaron en silencio hasta llegar al coche, que no quedaba ya lejos, poniendo rumbo al piso de Naruto.

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Miércoles, 13 de agosto

15:10 h

Nada más entrar en el recibidor, dejó las llaves de casa en un platillo que tenía sobre el zapatero, junto a la puerta, y se hizo a un lado para dejar entrar a los otros dos.

El viaje había transcurrido casi completamente en silencio, menos algún momento en el que Kiba intentaba sacar tema de conversación hablando sobre los animales de la veterinaria o del juego que había reservado. Pero por el espejo retrovisor había estado viendo cómo el moreno miraba de forma ausente por la ventanilla, e incluso le había visto cabecear una vez. Así que, mayormente, reinó el silencio.

Y ahora sentía un revoltijo de emociones por dentro: no sabía si alegrarse de tenerle de nuevo ahí, en su casa, o preocuparse por la mala cara que tenía…

Pero al menos estaba algo más tranquilo. Empezaba a dar por hecho que realmente había estado exagerando y que Sasuke no parecía estar molesto con él. Si no, no habría querido ir con ellos de propia voluntad... ¿No?

Tras quitarse las zapatillas, las roció con un spray quita olores y las metió en su sitio, dentro del mueble, y le dejó al moreno sus pantuflas. Tendría que comprar otro par, sólo por si acaso. Si conseguía hacerse su amigo, y volvía alguna otra vez…

- Aquí está la habitación… -le guió hasta el final del pasillo-.

A pesar de todo, y aunque luchara en contra de ello, sentía un hormigueo recorrerle el estómago. Y el sólo hecho de que fuese a estar en su cuarto ya hacía que le subiera el calorcillo a las mejillas.

"Amigos, Naruto…".

Disimuladamente, y de camino hacia la ventana, echó un vistazo rápido por encima de la cama para cerciorarse de que no se había dejado nada de ropa encima por la mañana, bajó la persiana y cerró la ventana.

- Voy a poner el aire acondicionado ahora pero tardará un rato en llegar el fresco aquí… -rio nervioso por lo bajo-. Pero mejor que la flama de la calle…

- Unn…

Se le quedó observando durante un instante mientras tomaba asiento en la cama. Verdaderamente parecía agotado.

- Bueno… -comenzó a decir saliendo del cuarto-. Si tienes hambre luego, sólo dilo.

- Unn… -asintió levemente-.

En cuanto quedó fuera del campo de visión del otro, aceleró el paso para ir hasta la cocina y cerrar la puerta. E iba a hacer lo mismo con el ventanal del balcón para encender el aire acondicionado, pero Kiba se le había adelantado y ya estaba con el portátil encendido, sentado en el sofá.

- ¿Qué? ¿Ya está descansando tu bello durmiente? -rio socarrón por lo bajo-.

- ¡Shhh! A ver si te va a escuchar… -murmuró acercándose hasta él-. Y no te burles -frunció el ceño molesto-, parece echo mierda…

- Ya me he dado cuenta…

Naruto se dejó caer sentado junto a su amigo, reposando las manos sobre el vientre tras acomodarse. Quería parecer calmado pero realmente, por dentro, los nervios se lo iban a comer: a pesar de que Sasuke estaba de nuevo en su casa, seguía escuchando una vocecita en el fondo de su mente repitiéndole una y otra vez que el moreno estaba molesto; que tal vez había aceptado a ir con ellos por conveniencia, por el motivo que fuera, y que sí había hecho algo para cabrearle.

- Pero, ¿qué le pasa? -le sacó de sus pensamientos Kiba-. Si se puede saber…

- Anemia crónica.

- Hmmm…

Ambos se quedaron en silencio. El castaño no apartó la mirada de la pantalla, buscando algo en internet, y Naruto aprovechó el momento para intentar serenarse. Estaba empezando de nuevo a sacar las cosas de quicio.

- Entonces, ¿quieres que te de mi opinión?

- No.

Kiba dejó salir un suspiro de resignación, y se recostó en el sofá después de darle al play a un vídeo. Naruto no había prestado atención a qué era lo que había buscado, pero debía ser algún animé. Reconocía la web aún viéndola de reojo.

- Pues deja de comportarte como un estreñido, en serio.

- ¿Qué quieres decir con eso? -se giró lentamente a mirarle-.

Si no fuera porque el moreno estaba en la habitación, del otro lado de la pared, hubiera saltado a decirle de todo por ese comentario.

- Que te relajes, tío. No se a él, pero a mí me estás poniendo tenso sólo de verte.

Naruto cogió aire y abrió la boca para contestarle, pero inmediatamente la volvió a cerrar.

¿Le ponía tenso?

- Lo que me mola de ti, Naruto, es que transmites ese aura de buen rollo. Pero ahora lo único que me transmites es tensión, tío, y si lo que quieres es ayudarle, así no lo vas a conseguir.

De nuevo volvió a centrarse en la pantalla de su ordenador, aunque no veía nada realmente. ¿Tan nervioso estaba? ¿Y si realmente hacía sentir igual al moreno? ¿Era tan contagioso su estado de ánimo…?

Se terminó de recostar en el sofá, sujetándose la cabeza en la mano, reconociendo ahora el personaje protagonista de la serie y decidió concentrarse en los dibujos durante ese capítulo… Aunque tendría que darle unos cuantos pensamientos a lo que le dijo su amigo.

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Miércoles, 13 de agosto

18:30 h

Naruto y Kiba estaban tirados en el sofá viendo vídeos de animales en youtube en el portátil, intentando reprimir las ganas de reír a carcajada limpia. La forma en la que 'hablaban' algunos perros era simplemente hilarante.

- ¡Noooo! -hubo de taparse la boca el rubio para tragarse la risa-. ¿¡Le ha dicho 'fuck you'!?

- ¡Siii!

Trataban de no armar mucho escándalo, dentro de lo posible, para no despertar al moreno. Naruto había dejado las puertas abiertas para que llegara el fresco del aire acondicionado hasta la habitación, por lo que no podían levantar mucho la voz.

La tarde terminó por pasar bastante rápido, no sin antes haberse pasado un buen rato dándole vueltas a lo que le dijo Kiba, pero había conseguido distraerse finalmente.

En el fondo, sabía que su amigo tenía razón: necesitaba desconectar de sus comeduras de cabeza y volver a ser él mismo: inconscientemente se había estado tensando cada vez más, por unas cosas u otras.

Necesitaba relajarse.

Sin darse cuenta se había estado comportando de una manera que distaba mucho de su forma de ser habitual. Pero aún así… ¿Tanto se le notaba? ¿Tanto afectaba a la gente de su alrededor...? Si así era, necesitaba ponerle remedio: a él no le gustaría nada que sin razón aparente, Sasuke dejara de ser como era con él; no le gustaría encontrarse con una persona diferente a la que había conocido.

Y si hasta ahora había estado ayudando al moreno a olvidarse de sus problemas, como parecía ser el caso, debía mantenerse fiel a sí mismo si quería llegar a ser su amigo.

- ¡Espera, espera! -dio un brinco el rubio, tecleando en el buscador-. ¡Yo he visto uno de gatos que te partes el culo!

- ¿¡Qué dices!? -quiso quitarle las manos del teclado para ponerse a tipear él-. ¡No, no, no! Espera que te enseño uno de un husky que lo rompe. Se llama Mishka y mola un w-

- Oe, dobe…

Ambos se quedaron en congelados en el acto, sin poder apartar la vista de la pantalla, al escuchar la voz de Sasuke resonar en el salón. Aunque, lentamente, Naruto se giró para mirar hacia la puerta con el ceño un tanto fruncido: estaba a punto, a puntito, de dejar que su linda boquita le mandara a tomar por culo por ese ridículo mote que le había puesto… hasta que le vio la cara.

- Tengo hambre… -dijo casi en un murmullo-.

Habría estado durmiendo durante horas, pero aún así se le notaba aún agotado. Y algo avergonzado también parecía por la forma en la que se llevó la mano al cuello, mirándole fijamente.

Con un suspiro se tragó las maldiciones que estaba por decir en voz alta y se levantó para encaminarse a la cocina. No sabía por qué, pero era incapaz de enfadarse con él, dijera lo que le dijera.

- ¿Dobe…? -se rio burlón por lo bajo Kiba-.

- Cierra el pico -murmuró malhumorado-.

Sabía con certeza que, desde ese momento, tendría que aguantar las burlas de su amigo más adelante. Ya podía visualizarlo partiéndose el culo de risa a su costa en cuanto Sasuke no estuviera presente. Era así de capullo a veces.

- Tengo algo de sushi… -informó al moreno, echando un vistazo dentro del frigorífico-. Sopa de miso instantánea... Me queda un poco de curry... Puedo hacerte tamagoyaki* -se giró a mirarle, esperando una respuesta-, ¿o quieres una ensalada?

- Hmmm...

Ambos se quedaron mirándose directamente a los ojos durantes unos segundos, hasta que Sasuke desvió la mirada, ocultando la cara tras su flequillo. Parecía realmente abochornado.

- Una ensalada… -murmuró-.

- ¿Sólo?

- Unn… -asintió levemente. Si no fuera porque Naruto no le quitaba los ojos de encima, ni le habría escuchado-. Y…

"¿Y…?", aguzó el oído. En serio que cada vez le sorprendía más lo tímido que llegaba a ser en territorio ajeno.

- Curry…

"Vale...".

Enseguida se puso manos a la obra. El curry simplemente tenía que calentarlo un poco, así que lo dejó en una cazuela en el fuego mientras se ponía con la ensalada.

"Y ya que estoy…".

Aprovechó para ir preparando ya su cena. Echó un vistazo al reloj de pared que tenía en la cocina. No faltaba mucho para la hora de cenar*, así que decidió preparar de más.

- ¡Kiba! ¡Si te vas a quedar a cenar ve a comprar al combini! -alzó la voz para que le escuchara-. ¡O pide algo para llevar!

- ¡Vale!

No es que no quisiera cocinar para su amigo también. Pero sabía de sobra que no le hacían mucha gracia las ensaladas… Y tampoco tenía mucho que ofrecerle. Debería de haber ido a comprar esa tarde, pero al ver lo cansado que parecía Sasuke mientras iban en el coche no quiso tardar en llegar a casa.

- Naruto... -le llamó el moreno-. Si es molestia no tenías q-

- ¿¡Eh!? -se quedó congelado un instante-. ¡No, no, no! Es que a él no le gustan las ensaladas y ese tipo de cosas… -rio nervioso-. Aprovecha siempre que viene aquí para comer porquerías, su madre le tiene a dieta…

- Hhmm…

El rubio siguió con su faena en silencio, distrayéndose pensando con qué más podía acompañar las algas y el arroz. De vez en cuando miraba de reojo al otro. Parecía completamente sumido en sus pensamientos, medio recostado en la silla, y con las manos entrelazadas entre las piernas.

"Se va a quedar dormido otra vez…", rio medio burlón en sus adentros.

- ¿Qué estás haciendo? -entró en la cocina Kiba a husmear-. ¿Estás cocinando y no haces nada para mí?

Naruto puso los ojos en blanco y siguió cortando la zanahoria que tenía en la tablilla, a pesar de que el puñetero se acercó para utilizarle de reposabrazos mientras miraba lo que hacía por encima del hombro.

- ¡Argh! Tío, empiezas a parecerte a mi madre…

- Nadie ha dicho que te vaya a dar, capullo -se sacudió para quitárselo de encima-.

- Bah… Hey, Sasuke, ¿no quieres tomar nada?

Como Pedro por su casa, el castaño se fue hasta la nevera a echar un vistazo. Naruto le ignoró por completo y siguió a lo suyo, aunque no podía evitar estar pendiente del moreno. Aquel no contestó. Simplemente siguió con la mirada a Kiba, aunque parecía no haberle escuchado.

- ¿Cerveza sin alcohol, en serio?

"Cállate la boca…", sintió que le subían los calores a la cara.

- Te estás volviendo un calzonazos, Naruto… -rio entredientes-.

- ¡Cierra el pico, mamón!

Y más abochornado que se sintió al reírse el otro más abiertamente, y al notar por el rabillo del ojo que Sasuke le estaba mirando.

Y es que… Siempre que había comprado cerveza, la compraba normal. Kiba lo sabía perfectamente. Igual que sabía perfectamente que su amigo se había dado cuenta de que la 'sin alcohol' la había comprado exclusivamente para el chico que estaba ahí presente con ellos. Pero claro, eso no podía decirlo ahora. Por lo que intentó concentrar todos sus pensamientos en terminar la ensalada.

- ¿Quieres una? -alzó una lata para que la viera el moreno-.

- Unn…

Sin más, Kiba le tendió la cerveza, cogió un refresco para él y regresó al salón como quien no quiere la cosa.

Y de nuevo el silencio.

Aunque esta vez no era de esos incómodos, a pesar del bochorno de hacía un momento. Era hasta casi relajante estar dando vueltas por la cocina, con el castaño riendo de fondo en el salón con lo que fuera que estuviera viendo, y Sasuke ahí sentado tranquilamente.

- Ah, ¿has empezado algún libro?

- Un poco por encima… -contestó tras un breve silencio-, he estado pintando.

- ¿Sí? -se giró a mirarle-. ¡Ya me lo enseñarás cuando termines! -le sonrió-.

- Unn… -sonrió también levemente-.

Por momentos se sentía más animado. A cada segundo que pasaba, sentía que había sido una tontería pensar que se había enfadado con él. Sino, no estaría ahí. Eso seguro. Y se le veía más relajado que cuando vino a su casa unos días atrás.

Entre los dos, y mientras Kiba salió para comprarse su cena, recogieron lo que había sobre la mesa del salón y colocaron los cubiertos. Era un poco más pronto de lo que acostumbraba a cenar, pero igualmente no podía dejar que hoy se le hiciera demasiado tarde. Y así, de paso, el moreno no comía solo.

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Miércoles, 13 de agosto

21:40 h

Naruto estaba junto a la puerta abierta de su piso cerciorándose por segunda vez de que no se olvidaba de nada. Revolvió en su bandolera para fijarse bien y contó. Eran cuatro las cosas indispensables antes de irse: uno, las llaves de casa; dos, las llaves del coche; tres, la cartera; y cuatro, el móvil. Sí, estaba todo.

Los tres se encaminaron hasta el subterráneo, con Naruto a la cabeza. Al llegar, Kiba tuvo un gesto que no se hubiera esperado, y que hizo que volviera a reprenderse a sí mismo por alegrarse internamente: sin decirle nada, se metió en la parte de atrás y le dejó el asiento del copiloto al moreno.

"Amigos, Naruto… Amigos…", se recordó de nuevo mientras se ponía el cinturón.

Se tomó su tiempo comprobando que los retrovisores estaban en su sitio, y colocó el GPS en el salpicadero después de que Sasuke introdujera su dirección. Y se sorprendió de lo relativamente cerca que quedaba su casa de su trabajo. Aunque era en sentido opuesto a la casa del castaño.

- Déjame a mí primero que como llegue tarde otra vez mi madre me va a dejar en la calle -suspiró Kiba-. Y entre que vas y vuelves, con el paso de tortuga que llevas, nos darán las mil...

- De nada por llevarte a casa de una pieza… -refunfuñó con sarcasmo-. Yo no sé tú, pero yo no tengo ganas de pasar la noche en un hospital…

- Va, no te piques -rio burlón-. Pero en serio, mi madre me va a cortar el cuello cualquier día de estos…

- ¿Te molesta? -se giró a preguntarle al moreno-.

- No… No tengo prisa.

Bueno, al menos ahora ya estaba tranquilo al cien por cien. Si no estaba deseando de escaparse de ahí, era que definitivamente no estaba enfadado. Incluso juraría que no le desagradaba su compañía. Al menos, después de cenar, se quedó sentado con ellos en el sofá aunque no participara de sus conversaciones. Se mantuvo al margen todo el rato mirando cosas en su móvil. Pero parecía tranquilo.

Más animado si cabe, encendió el reproductor de música, y dejó el volumen lo suficientemente alto para poder escucharla, pero no tanto como para no oír a los otros si le decían algo.

Así pues, puso rumbo a casa del castaño. No tardarían mucho, a lo sumo diez minutos. A estas horas ya no había tanto tráfico y como vivía cerca de una de las salidas de la circunvalación, era bastante rápido de llegar.

- ¿Quedamos mañana? -le preguntó al rubio antes de salir-.

- Vale.

- Dame un toque cuando vuelvas del curro.

- Siii.

Naruto se extrañó un poco al no escuchar el sonido de la puerta trasera abrirse y miró por el retrovisor a su amigo. Estaba girado para abrir la puerta pero justo en ese momento volvió a mirar al frente con una sonrisa burlona.

- ¿Necesitas que te llame mañana para despertarte? -le preguntó revolviéndole el pelo por encima del cabezal-.

- ¡Kiba! -se removió en el asiento, intentando escapar-. ¡Déjame en paz, cabrón!

¡Se estaba burlando de él! ¡Lo sabía! Le conocía lo suficiente para saber que estaba tirando una indirecta con esa pregunta. ¿Es que quería volver a ponerle nervioso o qué? ¡Había sido él el que le había dicho que se relajara! ¿¡Por qué se metía con él ahora!?

Justo cuando estaba a punto de cogerle las manos, aquel se apartó y salió riéndose por lo bajo entre dientes. Y Naruto no pudo evitar fruncir el ceño y apretar los labios cuando aquel le sacó la lengua antes de entrar en su casa.

- Parece que os lleváis bien... -comentó el moreno al aire-.

Naruto le miró de reojo. Aquel apoyó la cabeza en la mano, con el codo en la puerta, y pudo percibir un leve suspiro.

No sabía si estaba intentando iniciar una conversación, incómodo ahora por haberse quedado a solas… Pero trató de no darle más importancia y tomó aire profundamente para relajarse antes de contestar.

- Es un capullo... -suspiró resignado también, antes de volver a poner el motor en marcha-. … pero es un buen amigo. Siempre está ahí si tengo algún problema…

- Hmm…

- De hecho, si no llega a ser por él, creo que me hubiera dado por vencido con la bici -rio algo avergonzado-. El segundo día que salí por la montaña me quedé tirado. Se me pinchó una rueda y estaba a más de cinco kilómetros de la ciudad…

- Dobe… -rio por lo bajo-.

- ¡Deja de llamarme dobe, ostras! ¡Por tu culpa Kiba va a estar burlándose de mí durante semanas! ¿¡De dónde te has sacado ese mote!? -apartó un momento la vista de la carretera para mirarle, pero aquel simplemente se encogió de hombros-. Argh…

De nuevo, dirigió toda su atención a la carretera. Volvía a incorporarse a la circunvalación, y debía estar atento a los coches que pudieran venir. Pisó el acelerador hasta el fondo, subiendo de marchas, hasta que alcanzó una velocidad adecuada a la vía, y se relajó en su asiento.

- Pues eso… -le siguió contando tras un largo silencio-, me vio arrastrando la bicicleta carretera abajo y se paró para arreglarme el pinchazo. Estaba tan cabreado que si no llega a ser por él hubiera tirado la bici a la basura…

- ¿Por un pinchazo? Eres un exagerado.

- …

Naruto suspiró profundamente. Sabía que tenía razón, pero es que en aquellos días todo se le hizo cuesta arriba.

- Apenas llevaba un par de meses aquí… No conseguía ningún trabajo, y la gente en la ciudad es demasiado reservada. No es fácil conocer a nadie si vienes de fuera…

- Unn…

- Además -arrugó el entrecejo, molesto-, siempre que me llamaba mi madre era para pedirme que volviera a casa. Estuvo súper pesada durante semanas -suspiró-. Era insoportable…

- ¿Tú madre...?

- Unn…

Entendía que le sorprendiera al moreno que le dijera aquello después de todas las historias que le había contado sobre los viajes con sus padres. Incluso para él era casi irreal lo mucho que llegó a odiar vivir en casa con sus padres, hasta el punto de tener que marcharse.

- De pequeño tenía problemas en el colegio… Siempre se metían conmigo y acababa peleándome con todos. Ya sabes, por eso de ser tan diferente al resto* y eso… Parecía que el hecho de ser rubio de nacimiento y tener los ojos azules fuese un pecado por el que tuviera que pagar. Y en el instituto… -suspiró-, llegaron a expulsarme una vez. Así que… Pues… No tenía lo que se pudiera decir amigos… Y mi madre empezó a pasar más tiempo conmigo…

Se quedaron en silencio, sin más sonidos que los del motor y la música que sonaba de fondo. No tenía ni idea de por qué había empezado a contarle su vida, y ahora tenía que luchar por concentrarse en lo que tenía delante y evitar que el escozor en los ojos le nublara la vista. Eran ya recuerdos un tanto lejanos pero aún así recordar aquellos momentos aún se le hacía algo difícil.

- Y bueno… Con el tiempo se volvió bastante asfixiante. Hice un amigo en preparatoria y empecé a cambiar mis rutinas… Y claro, je -rio con sarcasmo-, aquello no era normal. Y mi madre decía que tuviera cuidado, que seguro que quería meterme en algún lío. O que terminaría por meterme en alguna pandilla callejera. A saber qué se pensaba ella…

- Fu…

- Pero bueno… Al final fue mejor para todos que me fuera de casa. Sé que ella hacía todo eso porque me quiere y tal… Pero era agobiante…

- ¿Y tu padre no decía nada?

- Supongo… Discutían a veces. Pero como siempre se quedaban abajo en la cocina cuando yo me iba a dormir… -se encogió de hombros-. Las peores discusiones que tienen es cuando discuten en susurros. Cada vez que se encerraban en la cocina a discutir, luego estaban semanas casi sin hablarse… -suspiró resignado-. Mi padre no suele decirle nada a mamá… Pero cuando se trata de mí… -dejó la frase por terminar-. Por eso me fui. No quiero que por mi culpa se terminen odiando.

- Bueno… Por lo menos ahora te va mejor, ¿no?

- Unn… -asintió levemente-. Fue un poco drástico, pero parece que ya se ha hecho a la idea…

Y de nuevo el silencio.

Naruto no paraba de preguntarse ahora por qué le había contado todo aquello. Ni tan siquiera se lo había hablado con Kiba, y eso que ya le conocía desde hacía bastantes meses e incluso se iba con él a casa de sus padres de vez en cuando. Tan sólo esperaba que ahora el moreno no anduviera compadeciéndose de él, odiaría con toda su alma que ahora, por lástima o pena, cambiara su forma de ser con él.

De cualquier forma, tampoco era un silencio que ahora se le hiciera molesto. Aunque en parte se arrepentía de haberle contado su vida a groso modo, por otro lado se sentía algo más liviano: no era algo de lo que se viera capaz de compartir todos los días, y agradeció que no le hiciera ningún comentario al respecto.

Le miró de reojo fugazmente al notar que se removía en su asiento para acomodarse mejor, y se centró de nuevo en la carretera. Aún faltaba un rato para llegar pero el desvío ya estaba cerca y a partir de ahora tendría que poner todos los sentidos en el tráfico. Ya se sabe: muchos semáforos, gente que a estas horas tenía prisas por llegar a casa, algún que otro borracho suelto… Mejor estar atento.

De vez en cuando se quedaba mirando por la ventanilla a la gente que había fuera paseando cuando le tocaba esperar en un semáforo en rojo. Aún seguía sorprendiéndole que a estas horas hubiera tanta gente en la calle. No es que la ciudad donde él vivía con sus padres fuera extremadamente pequeña… Pero en comparación con esta, parecía un pueblo grande más bien. Con costumbres de pueblo. Y gente de pueblo. Siendo casi las diez y media de la noche, estaba seguro que donde vivían sus padres, si fuese ahora en este momento, andaría él solo con el coche por la calle.

Aminoró la marcha cuando estaba llegando al punto final que le marcaba el GPS, y buscó el sitio más cercano para aparcar, por donde le señaló el moreno. Era una plaza amplia, rodeada entera con chalets adosados y casi pareciera que el lugar fuera exclusivo para los residentes. Tanto que mejor para él, así no tendría que estar dando vueltas, ni tendría que parar en un lado de la calle molestando al tráfico.

- Bueno… -comenzó a hablar cuando apagó el motor. Empezaba a odiar tener que despedirse de él-. Ya hemos llegado…

- Unn…

Se giró a mirarle al no escuchar ni tan siquiera que se desabrochara el cinturón y se encontró con que estaba con las manos entrelazadas sobre las piernas, sin indicio alguno de querer salir del coche. No tenía ni idea de qué decirle sin presionarle para que le contara qué era lo que le tenía así ese día, y tampoco tenía ganas de que se marchara. Así que decidió seguir el consejo de su amigo y relajarse un rato hasta que quisiera hablar o quisiera irse.

Se desabrochó el cinturón y buscó a tientas la palanca para bajar el respaldo del asiento, removiéndose un tanto hasta que se encontró cómodo, y cerró los ojos dejándose llevar por la música. Idea que pareció gustarle también al otro que le imitó tras unos cuantos minutos. Había sido sincero cuando dijo que no tenía prisa.

Y así se quedaron un buen rato.

No tenía ni la más mínima idea de cuánto tiempo había pasado desde que cerró los ojos, pero cuando escuchó que sonaba el móvil del moreno fue como si acabara de despertar de una larga siesta.

- Ahora entro, mamá… -contestó medio adormilado-. Estoy enfrente de casa… Unn…

Naruto se llevó las manos a la cara para frotarse con fuerza los ojos, y respiró profundamente para intentar despejarse un poco. Fue cuando miró el reloj que se incorporó de un brinco.

- Ostia, tío… Que son casi las doce…

- Unn…

- Espero que no te echen la bronca… -suspiró apoyando la frente en el volante-.

- Que bah… Lo que pasa es que se me había olvidado decirle que estaba aquí… -se frotó un poco los ojos-.

Con algo de torpeza, volvieron a colocar los asientos en su posición vertical. Naruto hubo de llevarse la mano a la boca para ocultar un bostezo que no pudo reprimir. Y como si fuera una ley universal, el otro bostezó también.

- Hey, Sasuke… -se giró a mirarle, apoyando la cabeza en el asiento-.

Pero lo que fuera que quisiera decirle se le olvidó.

Aquel estaba esperando que continuara y, como no le contestaba, le imitó recostándose de nuevo, mirándole fijamente a los ojos. Dio un respingo, respirando profundamente, al sentir que estaba a punto de volver a quedarse dormido perdiéndose en la mirada negra de Sasuke. Algo tenían sus ojos que se le hacía cada vez más difícil de apartarle la mirada.

- Si necesitas cualquier cosa, lo que sea... Ya sabes dónde vivo.

- Unn -asintió levemente el otro-.

Los segundos pasaban sin que ninguno de los dos dijera nada más, simplemente sin poder apartar la mirada y, sin motivo aparente, Naruto sintió que se le aceleraba el pulso. De nuevo se reprendió interiormente por ser incapaz de controlarse. No paraba de repetirse que debía mantenerse a raya, y no aspirar a ser nada más que un simple amigo, pero ahí estaba ahora: sintiendo una horrible presión en el pecho con unas ganas casi irrefrenables de querer inclinarse y darle un beso en los labios.

Tal vez era la forma en la que le miraba, o quizá el hecho de estar en un espacio medio en penumbra, y tan reducido, a solas con él… Pero fuese lo que fuese, tenía que empezar a controlarse seriamente si no quería cagarla.

- Bueno… -se giró para coger el cinturón y abrochárselo-. Ya nos vemos mañana si pasas por allí…

- Unn…

Puso una mano sobre la palanca de las marchas y otra en el volante para asegurarse de no hacer ninguna tontería por impulso, y apretó los labios, mientras el moreno abría la puerta para marcharse. Empezaba a escuchar sus propias pulsaciones resonar en los oídos, y estaba casi seguro de que en cualquier momento se le fuera a parar la respiración.

- Naruto…

- Dime.

Se giró a mirarle a los ojos simplemente por disimular. Empezaba a sentirse tenso. No estaba seguro de poder aguantar un minuto más sin hacer ninguna estupidez.

- Gracias.

Y la hubiera hecho, muy seguramente, si no fuera porque le pilló tan de sorpresa aquella palabra que le dejó completamente mudo. Sasuke le estuvo mirando fijamente unos segundos más, para luego bajarse del vehículo en silencio.

Se le quedó observando mientras rebuscaba en su bandolera las llaves de casa, y hasta que entró y cerró la puerta.

Y cuando ya se vio a salvo, apoyó la cabeza en el respaldo, con la mirada perdida al frente, sintiendo cómo se le aceleraban las pusalciones.

"Estoy jodido…".

.

.

.

CONTINUARÁ…


Combini*: algo así como una tienda de 24 horas donde venden un poco de todo lo más necesario en el día a día (en España lo más parecido es la cadena de supermercados de 'Opencor'.

Tamagoyaki*: 'tortilla francesa', como le decimos en España. 'Omelet' en inglés. Sinceramente, no tengo ni idea de cómo le dicen en los países latinos ^^Uu Gomen (lo digo porque sé que allá le dicen tortilla a la torta de maíz que usan para las fajitas, por ejemplo).

La hora de cenar*: en Japón, la hora estándar para la cena es entre las siete y las nueve de la noche.

Ser diferente al resto*: bueno… sobre este tema… Es un poco duro la verdad, la sociedad japonesa en este aspecto es muy cruel y castigan bastante el hecho de destacar sobre los demás. Por ejemplo, no está bien visto que una persona sobresalga del resto por habilidades individuales, mucho menos que haga alarde de sus conocimientos más elevados. Y como todos sabemos, los niños pequeños son los seres más crueles en este aspecto. Si les han enseñado desde pequeños que sobresalir está mal, cualquiera que lo haga será el objetivo de sus burlas. Y según van creciendo, si le cogen manía a alguien en concreto, harán de su vida un infierno (parte de los motivos por los que hay un índice tan elevado de suicidios entre los estudiantes en Japón).


27/09/15

¡Uolas! =)

¡Hasta aquí el capi de hoy! x3

Espero que os haya gustado C= Creo que es el capítulo más largo que he escrito yo sola hasta ahora xDD Y lo cierto es que sin la ayuda de Usu hubiera sido aún más complicado de lo que ya es ^^Uu Creo que es el POV de Naruto más difícil que he escrito nunca xDUu

Y bueno… Ya sabéis que Naruto es un poquito lento… Hay cosas de las que no se da cuenta, o que no se va a admitir ni a sí mismo aunque estén más claras que el agua XD (como ese retortijón en la boca del estómago del capi anterior… ¿qué sería…?) Cx

Y sólo por si acaso hay alguien por aquí que me siga en el tumblr, aclarar una cosa: no voy a dejar de escribir, sólo hago un parón con los dibujos porque estoy hasta la coronilla.

Aunque sé de buena tinta que es súper sencillo copiar y pegar los fics de fanfiction (el sistema de seguridad de no poder seleccionar nada con el ratón… firefox se ha encargado de cargárselo =/ ). Pero bueno, ciertamente tengo ganas de terminar esta historia, así que no entra en mis planes dejarla de lado =)

De nuevo agradeceros la paciencia que estáis teniendo con la historia xD Sé que va lenta… Pero ya nos estamos acercando al ecuador x3

Y bueno, no tengo mucho más que contaros (a parte de que las clases están siendo completamente agotadoras… *suspira* )

Así que nada, como siempre, ¡muchas gracias por continuar conmigo en esta historia!

¡Nos seguimos leyendo! x3