Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. Este fanfic no tiene ánimo de lucro.
Beta: Usura-tialmant
Advertencias: Shonen ai, POV Naruto
Sábado, 23 de agosto
06:10
Empezó a recuperar la conciencia sintiendo una calidez sobre sus labios. Aún no había abierto los ojos y por un momento no supo a qué se debía, pero en cuanto sintió de nuevo el tibio tacto, comenzó a devolver el beso con calma, alzando la mano y buscando a tientas el hombro de aquel, atrayéndole hacia sí para abrazarle.
- Buenos días.
- Buenos días…
No pudo reprimir un bostezo para luego frotarse los ojos con una mano, mientras con la otra acariciaba de forma un poco ausente la espalda de Sasuke, que se había dejado reposar sobre su pecho. Tenía la sensación de estar soñando todavía.
- ¿Siempre te levantas tan temprano? -le preguntó el moreno medio dormido también-.
- Unn…
- Qué horror… -suspiró-.
Se le escapó una risilla al ver cómo se acurrucaba bajo su brazo, escondiendo la cara de la luz que entraba por el ventanal de la terraza. Otro dato más para sus notas mentales: no le gustaba madrugar.
Volvió a cerrar los ojos para relajarse un poco. Aún sentía que le pesaban los párpados y estaba un poco mareado por el cansancio. Y volvió a sus sentidos cuando escuchó suspirar a Sasuke. Inconscientemente había estado paseando los dedos por su cabeza.
Pero no importaba. Ya le había dicho todo lo que tenía que decir. Y aún así no parecía tener intenciones de querer marcharse en breve.
- ¿Has apagado tú el despertador?
- Unn… -asintió sobre su costado-. Hace un rato que sonó…
- Puedes quedarte durmiendo si quieres, no me importa.
- Hmmm…
Pareció pensárselo mientras se abrazaba más fuerte a él. Pero finalmente suspiró, irguiéndose hasta quedar sentado a su lado, frotándose un ojo.
- ¿Cómo has dormido?
- Hmm…
Por un momento, Sasuke pareció quedarse ausente, casi como si se hubiera vuelto a dormir pero con los ojos abiertos, hasta que pareció enfocar de nuevo la vista en él.
- Tumbado.
- ¿Eh...?
- Que he dormido tumbado.
Asintió tan solemnemente así como estaba, cruzado de piernas, con los codos en las rodillas, reposando una mano sobre otra y… mirándole totalmente serio, que por un momento creyó que no había entendido su pregunta. Hasta que empezó a reír entre dientes y le estampó un cojín en la cara.
- Arghh…
"Otra vez…", suspiró con resignación al tiempo que lanzaba el cojín a otro lado.
- Eres un cretino… -murmuró rodando sobre sí mismo, para bajar del sofá, apoyando la barbilla en el filo-.
- Y tú un dobe -rio por lo bajo-.
Con calma, Sasuke volvió a recostarse, apoyando la cara sobre las manos, quedándose frente a frente con él con media sonrisa.
- Hmmm… -frunció el ceño-. Eres un borde hasta recién levantado…
- Hay cosas que no se pueden cambiar -se encogió levemente de hombros-.
- Cretino -murmuró de nuevo-.
Aunque realmente no se sentía molesto con él. ¿Cómo podría? Bueno, un poco sí, porque ahora sabía que le miraba y le sonreía de esa manera en la que no podía apartar los ojos de él a propósito. De esa manera en la que le atraía tanto que casi sin darse cuenta se levantó, apoyándose con los codos en el sofá, para acudir a sus labios y besarle. Y es que no encontraba manera de resistir la tentación teniéndole tan cerca.
Y le sonrió cuando se separó un tanto para mirarle a los ojos. Aún le costaba creer que todo lo que estaba pasando fuera real.
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Sábado, 23 de agosto
15:50
Naruto permanecía sentado en su coche, relajándose un poco, silbando la canción que estaba sonando en ese momento, una de sus favoritas de los 'opening' del animé que seguía, mientras esperaba que Sasuke saliera de su casa.
Por un lado estaba emocionado de poder pasar lo que restaba de fin de semana con él, pero por el otro… No podía evitar sentirse nervioso. No sólo es que fuera a conocer a su madre, y que fuera a ver su habitación… Que pensándolo ahora, debería haber ido a casa de sus padres durante la semana para guardar algunas cosas. Como los peluches que tenía sobre la cama y…
"Oh, mierda… Las fotos…", arrugó el entrecejo, dando un profundo suspiro.
Desde pequeño había tenido la costumbre de pegar en la pared todo lo que le gustaba, y ahora tenía en un tablón colgadas unas cuantas fotos. No es que fueran realmente comprometidas, pero había una en especial con la que no se sentía cómodo de que el moreno la viera: la que se había hecho en un fotomatón con su ex.
No es que significara nada especial ya, cuando se habían hecho esa foto no eran nada aún y simplemente estaban haciendo el idiota… Pero por alguna razón, no quería que la viera.
Y por otro lado…
Estaba su padre.
Hasta hacía un par de años siempre le picaba cuando tenía oportunidad diciéndole lo bien que se vería junto a su vecina, que la chica era guapa y que le hacía ojitos… Pero aún no había encontrado las palabras para decirle que, realmente, más allá de lo que era 'belleza objetiva', no le atraía nada. Era bonita, sí. Pero, ¿cómo decirle a su padre que él lo que le gustaba eran…?
"Sasuke…".
No pudo evitar que se le escapara la sonrisa en cuanto le vio salir por la puerta del chalet, con una mochila a la espalda y sosteniendo un lienzo en la mano, mientras cerraba tras de sí.
Apresurado, desbloqueó las puertas, pulsó el botón para que se abriera el maletero, y salió del coche para echarle una mano.
- Hey.
- Buenas -le sonrió-.
- ¿Puedo ver? -se inclinó un poco hacia un lado para echar un vistazo-.
- Aún no -escondió el lienzo tras las piernas-.
Se le escapó poner un puchero al tiempo que suspiraba. Hasta ahora lo único que había podido ver era la parte trasera de madera… Y lo había hecho a propósito. ¿Qué había pintado para no querer enseñárselo?
- Va, enséñamelo…
- No seas crío -rio entre dientes, poniéndole una mano en la cara para que no mirase-.
Con un gruñido se dio media vuelta, para levantar la puerta del maletero, sin poder dejar de mirar de soslayo mientras aquel metía la mochila, intentando alcanzar a ver algo. Sin éxito. Y para más inri, Sasuke se sentó en la parte trasera, dejando el cuadro justo detrás de su asiento, donde no llegaba a ver.
- ¿En serio vas a quedarte atrás? -le miró por el retrovisor.
- La pintura todavía está fresca. Y no me malinterpretes, pero no me fio de que tu amigo lo cuide como es debido.
- Hmmm… -arrugó el entrecejo-.
Quería replicarle, pero él mismo no estaba seguro de que Kiba fuera a tener el suficiente cuidado como para no estropearlo. Así que mejor morderse la lengua. Y tras un suspiro de resignación, puso el motor en marcha, poniendo rumbo a casa del castaño.
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Sábado, 23 de agosto
17:35
- Kiba, saca el mando de la guantera.
Aún faltaba un poco para llegar, unos cinco minutos si no pillaba el último semáforo en rojo.
Sus padres vivían en una urbanización un tanto alejada del centro de la ciudad, en un chalet rodeado de un muro de piedra bastante alto, al que se entraba con el coche por una puerta automática. Si tenía suerte, conseguiría aparcar dentro antes de que su madre saliera a hacerles un placaje al más puro estilo de fútbol americano. Y es que cuando se emocionaba… Parecía un huracán.
Cuanto más se iban acercando, más intranquilo se sentía por el recibimiento que les pudiera dar. Pero más que por Kiba y él, por el que iba en el asiento de atrás. Si bien Sasuke parecía tranquilo con todo aquello: se había pasado todo el camino apoyado con el codo en la puerta, con la mano en la barbilla, escudriñando por la ventana. Naruto pensó que quizá era la primera vez que iba por ese camino, ya que cuando cruzaron el puente que había sobre el pantano, a medio camino, el moreno incluso se giró más hacia el exterior. Y si no hubiese sido porque Kiba no callaba ni bajo el agua con lo emocionado que estaba con el juego que se iba a comprar... presentía que seguramente se hubieran pasado todo el viaje en silencio.
Y no sabía qué era peor: si el silencio o que el castaño no callara; sólo de pensar que su madre iba a conocer a Sasuke… Sentía que se le fuera a salir el corazón del pecho.
Hasta ahora había podido disimular cuando le había llamado por teléfono, pero en cuanto le viera la cara estaba seguro de que iba a darse cuenta de que algo había cambiado. Y ya se sentía lo suficientemente nervioso como para que le dijera nada. Si se enteraba su padre…
"No sé cómo se lo voy a decir…", suspiró.
E hizo un acto consciente y dejó de morderse el labio, porque ahora se daba cuenta de que lo estaba haciendo sin querer. Por suerte los otros dos se habían puesto a hablar y no se habían dado cuenta…
- ...flipar cuando veas su sala de videojuegos! -le contaba emocionado el castaño-. ¡Tiene una habitación solo para las consolas!
- Kiba…
- ¿¡Qué!? ¡Es verdad!
Vio por el rabillo del ojo cómo aquel se giraba en su asiento, mirando de frente a Sasuke. En verdad, ahora que lo pensaba, tal vez debería haberle hablado de la casa de sus padres…
- ¡Su casa es enorme, tío! Su padre es no sé qué jurídico y de cuentas, ¡gana una pasta!
- ¡Kiba! -le dio un manotazo en el brazo-.
¿¡Es que no tenía educación o qué*!?
- ¿No sé qué jurídico…? -preguntó Sasuke-.
Echó un vistazo por el retrovisor para ver qué cara ponía. Le había hablado de todos sus viajes, pero no había considerado que fuera necesario contarle sobre la profesión de su padre. Al fin y al cabo, no estaba bien alardear del trabajo de otros. Y ahora que lo pensaba, tampoco sabía cuál era exactamente la situación del moreno. Su casa parecía algo menos asequible de lo que un trabajador común y corriente se podía permitir… Pero tampoco podía dar nada por hecho.
- Asesor jurídico y auditor de cuentas -le respondió en un murmullo-.
- Hmmm…
Por eso no le gustaba hablar de ello. Por el silencio que acaba de crear. Sabía de sobras que se podía considerar afortunado de que jamás le hubiera faltado de nada… Pero quería ser alguien en la vida por su esfuerzo propio, no por el nombre de su padre.
- ¿Qué pasa? -se revolvió el castaño en su asiento mirando de uno al otro-. Tu padre mola, tío, no sé por qué te cortas.
- Unn…
Por suerte, estaban ya entrando al camino de adoquines, y el silencio duró tan sólo un par de minutos. Y en cuanto Kiba pulsó el botón del mando para abrir la puerta grande…
- Sasuke -se giró hacia él, aunque se veía incapaz de separar las manos del volante por los nervios-, si mi madre se pone pesada, di que quieres ir al baño, ¿vale?
- Unn… -asintió un poco confuso-.
Y a cada segundo que pasaba para que la puerta se abriera lo suficiente para que pudiera entrar el coche, los nervios se le iban acumulando más en la boca del estómago. Ya le había dicho que no se pusiera pesada con él… Pero es que a veces era una histérica.
Según iba pasando los metros, desde la calle hasta la entrada del garaje, no hacía más que mirar intermitentemente desde donde tenía que aparcar hasta la entrada de la casa. Si su madre estaba en el salón, no le daría tiempo ni de apagar el motor; en cambio si estaba en el piso de arriba, tendrían un minuto, para poder salir del coche y prepararse…
Y aunque le dio tiempo de poner un pie fuera del coche, no pudo evitar dar un respingo en cuanto escuchó que se abría la puerta. Todo su cuerpo se tensó en anticipación de lo que pudiera ocurrir. Y tal y como había predicho… Su madre salió como un torbellino en cuanto le vio. Lo que no se esperaba es que se lanzara a él a abrazarle con tanto ímpetu.
- ¡Ay, Naruto! ¿¡Cómo estás hijo!? -le cogió de las mejillas y se puso a repartirle besos por donde encontraba-.
- ¡M-mamá! -quiso apartarla-.
Pero en lugar de separarse, le abrazó con tanta fuerza que por un momento casi pierde la respiración. Sentía que la vergüenza se lo fuera a comer.
- ¿¡Estás comiendo bien!? -le cogió del mentón, escrutando su cara-.
- ¡Que sí, mamá!
- No sé por qué no te creo…
Y de repente, giró la cara hacia la parte delantera del coche, por donde apareció Kiba.
- Espero que no andéis comiendo guarrerías…
- No, Kushina-san… -incluso le tembló la voz, en un intento de sonreír-.
- Ahh… -suspiró resignada-. Deja de llamarme así, me haces sentir vieja… ¡Oh! -se quedó en silencio por un instante. Y no le hizo falta mirar para saber que había puesto su atención en el último ocupante del coche-. Así que tú eres Sasuke…
Su pulso se aceleró en cuanto le soltó. Como si lo viera a cámara lenta, siguió con la mirada a su madre, y cómo se iba acercando a él. Y se le erizó el pelo de todo el cuerpo cuando, ni corta ni perezosa, le abrazó fuertemente para luego alzarse de puntillas y besarle en la mejilla.
- Me alegro de que hayas venido, cariño -le sonrió-.
- Unn… Gracias por invitarme, señora… -agachó un tanto la cabeza-.
¡Y es que su madre no le dejaba espacio ni siquiera para inclinarse un centímetro!
- ¡No me digas señora, que me haces sentir vieja! -se quejó de nuevo, dándole un pellizco en la mejilla-. Kushina está bien.
- Unn… -asintió levemente-.
Casi sentía que fuera a él a quien le estuviera invadiendo su espacio personal de ver lo cerca que estaba. Cada vez se inclinaba más hacia él, alzándose de puntillas para mirarle directamente a los ojos a la misma altura, al tiempo que el moreno se inclinaba un tanto más hacia atrás. Y sintió que se le acaloraban las mejillas al escucharla murmurar algo que hizo que Sasuke entreabriera los labios, aunque no respondió.
- ¡V-va, mamá! ¡Déjanos sacar las cosas!
- ¿Os echo una mano? -se giró entonces hacia él-.
- No hace falta… -murmuró pasando por su lado, para abrir el maletero-.
¡Si es que lo sabía! ¡Sabía que haría algo que terminaría por ponerle en un aprieto!
Sin poder dejar de mirar de reojo a su madre, empezó a coger las cosas. Aquella se quedó esperando a que terminasen, cogiéndose de las manos por detrás de la espalda, sin dejar de sonreír. Que fijándose un poco… La veía bastante guapa. Seguro que se había pasado la mañana entera revolviendo el armario para elegir el vestido verde que llevaba, por muy casual que pareciera.
- ¿Papá no está?
- No, tenía una reunión con un cliente un poco quisquilloso… -suspiró-. Espero que no tarde en llegar…
- ¿Con quién? -preguntó curioso-.
- Con éste… ¿Cómo era? -se quedó pensativa por un momento-. ¿Shinzo…? No, no… Shi… ¡Ah, Shimura!
Y con algo más de fuerza de lo que era realmente necesario, Sasuke cerró la puerta trasera del coche, quedándose estático ahí.
"¿Qué le pasa…?", arrugó un poco el ceño Naruto.
Y un clic sonó en su cabeza al venirle la imagen mental de a quién se refería su madre. El mencionado Shimura era un chaval, más o menos de su edad, que por alguna razón estaba teniendo bastante éxito con sus pinturas…
- Tú eres mejor que el pavo ése -le dijo sin pensar, bajando la puerta del maletero-. Es un subnormal. No sé qué le ven -comentó irritado-.
- Tiene talento… -murmuró el moreno-.
- Dame eso -le susurró el castaño, casi arrancándole de las manos las mochilas. Y con aparente calma le rodeó, yendo hacia la entrada-. Kushina-san, me muero de sed. Y estos dos seguro que también… ¿Nos saca algo de beber?
- Ah, sí, ya voy.
"Gracias, Kiba…", suspiró interiormente.
Esperó un poco hasta que se alejaron lo suficiente para que no les oyeran. Aunque vió que su madre se giró por un instante, con cara de preocupación para acto seguido decirle algo al castaño. No llegó a oírles a ellos tampoco y finalmente se perdieron de vista al cruzar la entrada.
- Hey… -se acercó más a Sasuke. Era incapaz de verle la cara, ya que se estaba ocupando de que el flequillo le tapara, y le cogió de la mano inclinándose un tanto para buscarle la mirada-. ¿Es por el pavo ése? ¿O…? -dejó la frase por terminar-.
Y es que no sabía con qué de todo podía estar sintiéndose incómodo: si por la reacción de su madre, o tal vez…
- No es nada… -suspiró finalmente-. Vamos.
"Es el gili ése…", suspiró también en sus adentros.
Sasuke quiso separarse de él para seguir los pasos del castaño. Sin el lienzo. Lo estaba dejando 'olvidado' en el asiento del coche a propósito.
- Oye, te lo digo en serio. Ese tío es un gilipollas, yo creo que tú tienes más talento que él -apretó su mano en un intento de que le mirase-. Estoy seguro que a mi madre le va a encantar. Sea lo que sea…
Iba a echar un vistazo por la ventanilla para ver qué era eso de lo que tanto se avergonzaba. Por lo que había visto hasta ahora en su portofolio no tenía nada por lo que abochornarse de esa manera… Pero no llegó ni a verlo de reojo, Sasuke le cogió del mentón para girarle la cara hacia el otro lado.
- No lo mires -frunció el ceño un poco-.
- Vale, vale -le dio la espalda, separándose un poco-. Pero no te lo dejes ahí…
"Empezamos bien…", se masajeó el cuello, sin saber qué hacer para remediar la situación.
Y es que de verdad no le entendía. Aquel tipo simplemente había tenido suerte. Podía poner la mano en el fuego de que si un cazatalentos viera los cuadros del moreno, le haría saltar a la fama en un visto y no visto.
Resignado pues, se guardó las manos en los bolsillos y se quedó esperando a que aquel se decidiera a coger el lienzo. No tenía intenciones de dejar que el esfuerzo y el trabajo que le había dedicado se fuera al traste por una tontería. Y Sasuke pareció pillar el mensaje silencioso, aunque le costó pensárselo un poco hasta que finalmente abrió de nuevo la puerta trasera para cogerlo, y le guió hacia el interior de la casa. Sólo esperaba que Kiba no le estuviera contando nada de lo que había pasado la última semana a su madre.
- ...que no se preocupe, está a salvo en mis manos -se irguió el castaño, llevándose el puño al pecho con una sonrisa confiada-.
- Ya -contestó con sarcasmo-, como la vez aquella que estábais haciendo el burro y le tuvieron que dar cinco puntos de sutura en la cabeza…
- Ahh… -rio nervioso recordando-. Pero aquello fue mala suerte… No nos dimos cuenta que había un tronco en el camino…
Naruto se quedó rígido bajo el marco de la puerta de la cocina, viendo como aquellos dos hablaban uno al lado del otro, sentados en los taburetes de la mesa que había en el centro. Y muy lentamente se fue girando hacia Sasuke, queriendo que se lo tragara la tierra. Podía imaginarse muy aproximadamente lo que debía de estar pensando cuando alzó una ceja. Aunque el gesto de su cara casi no hubiera cambiado. Si ya se burlaba de él… Ahora tendría una excusa más.
- ¡Ejem! -entró con paso firme-.
- ¡Oh, Naruto! -se giró enseguida Kiba-. Estábamos hablando del accidente que te provocó el retraso mental -sonrió burlón-.
- Fu… -bufó el moreno, quedándose atrás-.
- Vete a la mierda -le dijo al castaño resentido, caminando hacia su madre-.
- No empecéis si no queréis un poco más de retraso -amenazó su madre, alzando el puño cerrado-.
- Vale, vale…
- Mamá, date la vuelta.
- ¿Hmm?
- Ya verás, es una sorpresa -sonrió ampliamente, tapándole los ojos con las manos-.
- ¡Ah! ¿Qué me has traído? -juntó las manos por delante del pecho emocionada-. ¡No me digas que me has comprado un jamón!
- No, mamá… Es mejor que eso.
Y lo cierto era que él se sentía igual de entusiasmado. Sólo de pensar que Sasuke le iba a regalar uno de sus cuadros hacía que se le dibujara una boba sonrisa en la cara.
Le hizo un ademán con la cabeza para que entrara cuando pudo controlar a su madre, que no paraba de moverse inquieta intentando adivinar. Y en cuanto Sasuke giró el lienzo para que pudieran verlo… Se quedó sin palabras.
- ¡Ostia chaval! ¿¡Eso lo has hecho tú!? -preguntó incrédulo Kiba-.
- ¿¡Qué es!? ¿¡Qué es!?
Pero su madre hubo de apartarle las manos de los ojos ella misma. Se había quedado tan atónito que por un momento se le olvidó incluso pensar.
- Oh…
Lentamente, su madre se llevó las manos a la boca. Debía de haberse quedado tan impresionada como él.
"¿Pero cómo…?".
Lentamente, desvió la mirada del cuadro a él sin poder creerse que hubiera sido capaz de pintar de memoria a su madre a partir de las pocas fotos que había visto de ella. Y pondría la mano en el fuego, y estaba seguro de no quemarse, que el paisaje era la ciudad donde vivían, con el mar de fondo, que se veía desde lo alto del bosque de almendros donde solía ir con Kiba. Esa misma vista que una vez le enseñó en la pantalla de su móvil y con la que pensó que le había decepcionado.
- Tienes que estar de coña… -murmuró aún boquiabierto-.
- La pintura aún está fresca… -dijo el moreno llevándose una mano al cuello-. Hasta que se seque tiene que estar en un lugar ventilado y que no le dé el sol…
- Unn… Creo que sé dónde lo voy a colgar… -contestó ella, al tiempo que bajaba con calma de su asiento, para acercarse a recogerlo-.
Y en cuando lo tuvo entre sus manos, se fue caminando con la misma parsimonia mirándolo de cerca.
- ¡Joder, tío, eres un crack! -exclamó Kiba-. ¿Que no me harás uno para mi madre?
- Fu… Para ti son cien mil yenes -se acercó a ellos a paso calmo-.
- ¿No hay descuento especial de amigos?
Sin embargo, no llegó a sentarse: fue cuando le tuvo a penas a unos pasos que fue capaz de reaccionar y volver en sí, y se lanzó a cogerse de su cuello, abrazándole fuertemente.
- ¿¡Ves lo que te digo!? -le estampó un beso en la mejilla-. ¡Tú le pegas cien mil patadas a ese pavo!
- ¡Eh, eh! ¡Los arrumacos para cuando estéis solos, tío! -se quejó Kiba-.
- Si no te gusta, no mires -se giró Naruto a sacarle la lengua-.
- Naruto, a ver si va a venir tu madre… -le murmuró el moreno-.
- Ah… -se quedó estático por un momento. Pero antes de separarse, e ignorando las quejas del castaño, le besó en los labios fugazmente-. Gracias, Sasuke -le sonrió al tiempo que se guardaba las manos en los bolsillos-.
- Unn…
Y no pudo sino ampliar aún más su sonrisa, al ver cómo se la devolvía aquel levemente.
Se sentía auténticamente feliz. Feliz de que alguien como Sasuke estuviera a su lado. Aquella pintura debía de haberle costado muchísimo tiempo y esfuerzo de hacer, y se la había regalado sin pedir nada a cambio. Aunque lo que más le había llegado al alma era la viveza de los colores: nada tenía que ver con las pinturas que había visto en su portofolio.
Desprendía luz propia.
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Sábado, 23 de agosto
18:00
Sin poder evitar sonreír, abrió la puerta de su habitación para dejar los trastos en un rincón, seguido de su amigo.
Sasuke se había quedado totalmente absorto observando cada detalle de uno de los cuadros que tenía su madre colgado en el pasillo. Bueno realmente, desde que pusieron un pie en la planta superior no había parado de mirar a un lado y a otro con todo lo que había colgado: ese pasillo casi parecía un museo de cultura española, con abanicos, cuadros, pinturas sobre cerámica…
En ese aspecto era clavado a su madre: cualquier cosa que le gustara, acababa colgado en la pared.
Y la pintura en la que se había quedado atrapado el moreno era una que a él le gustaba especialmente de entre toda la obsesión de su madre: una bailaora de flamenco con las manos al aire, y la cola del vestido al vuelo.
No sabía que tenía ese cuadro, pero le gustaba. Por eso había dejado que su madre lo colgara cerca de la puerta de su habitación; los de los toros, a pesar de que no podía negar el talento de quien quisiera que los hubiese pintado, los prefería lejos. Esos bichos le daban escalofríos.
- Yo voy a ir poniendo la consola -le dijo Kiba-.
- Valep.
Echó un vistazo rápido por la habitación. Al parecer, los peluches debía de haberlos guardado su madre, pues no estaban sobre la cama, tal y como los había dejado. Normalmente estaría escupiendo fuego por la boca de que hubiera estado toqueteando sus cosas, pero por el momento lo dejaría pasar. Tal vez estarían con la colada, tampoco los veía en la estantería que tenía junto al escritorio, medio vacía por haberse llevado los libros a su piso.
Y antes de que se le olvidara, se fue directo al armario para buscar sus pijamas. Necesitaba al menos uno para esa noche, y aunque sabía que en menos de un mes ya tendría que guardarlos, quería llevarse un par a su piso. Pero es que por más que rebuscaba en los cajones…
- ¡Mamá! ¿¡Dónde me has guardado los pijamas!?
- Oe, no grites, dobe… -susurró Sasuke al entrar-.
- ¡En el cajón de arriba!
Naruto se quedó tieso por un instante, pero no pudo evitar que le saliera la risa floja al ver la cara de pasmado de Sasuke.
- Ahora todo tiene sentido… -murmuró el moreno, llevándose una mano a la cara-.
- Ya sabes lo que dicen… -río por lo bajo-, de tal palo…
- ¡Naruto! -entró su madre en el cuarto a toda prisa. No le dio tiempo ni de reaccionar cuando ya se vio arrastrado por el pasillo-. ¡A ver que te parece a ti!
- ¿Eh?
Se vio obligado casi a trotar. Iba tan acelerada que un poco más y se da un traspiés a mitad de pasillo, y hubo de hacer equilibrio con los brazos cuando le volteó al llegar a su dormitorio.
- ¿Y si lo cuelgo aquí?
Cogió el cuadro y, apresurada, se acercó a la pared para alzarlo en donde lo quería colgar: en un trozo de pared entre la ventana y la puerta de cristal que había a su terraza.
- Mamá… La pintura aún está fresca. Si lo pones ahí se van a manchar las cortinas si hace aire.
- Ah… Es verdad…
Quien la viera desde fuera, diría que estaba seria… Pero sabía que los ojos le hacían chiribitas con el regalo que le había hecho Sasuke.
Casi parecía como si estuviera poseída. De nuevo salió de la habitación, con aparente calma, con el cuadro entre las manos.
- Ten cuidado, Mamá. A ver si vas a poner los dedos sobre la pintura… -le advirtió al verla bajar por las escaleras como ausente-.
- ¡Hey, Naruto! -le llamó el castaño desde el fondo del pasillo, sacando la cabeza por la puerta de su cuarto de juego-. ¿Cuál pongo? ¿El de ninjas o el 'shooter'?
- Me da igual -se encogió de hombros-, el que más te apetezca.
Y es que en lo que menos estaba pensando era en los videojuegos. Quería poder sentarse un rato a descansar y estar con Sasuke…
"Oh, mierda…", dio un respingo al darse cuenta ahora de que le había dejado solo en su cuarto.
Aceleró el paso hasta llegar a la puerta… Y como no podía ser de otra manera… Estaba mirando su tablón. De cerca.
- Hey… -intentó que no le saliera muy forzada la sonrisa y se metió las manos en los bolsillos al acercarse a él, disimulando al secarse las palmas con la tela interior-. ¿Qué miras…?
- ¿Quiénes son? -preguntó sin apartar los ojos de las fotos-.
- Hmmm… Éste es mi primo Nagato… -le señaló en una de las fotos-. Y ésta es su hermana, mi prima Mito…
- No se parecen nada a ti.
- Unn… -asintió levemente. Menos su tío que era castaño, los otros tres eran de un pelirrojo intenso. No le extrañaba nada el comentario-. Son por parte de mi madre. Tiene una hermana gemela, Hoshino -bajó el dedo hasta otra foto donde salían-. Y mi tío Hayato.
- Hmmm…
- Éste es mi amigo Bee. Y estos son unos vecinos de por aquí -fue bajando el tono casi sin querer-. Hinata, su primo Neji, Konohamaru y… -arrugó el ceño intentando recordar el nombre del último. No sabía por qué pero siempre le costaba-. Hmmm… Shino… Creo...
Y bueno, de todas las fotos... Sólo le quedaba una por señalar…
- Y este es Gaara… Hmmm…
- ¿Tu ex? -se giró a mirarle-.
Pero no podía adivinar si era pura curiosidad, o si estaba molesto de verle ahí. Ciertamente se le hacía incómodo enseñarle esa foto, aunque volvió a asentir.
- Casi todas son de antes del instituto… -murmuró-.
- Unn… -asintió levemente-.
Claro que eran de antes.
Después de que le marcaran la cara, se pasó un par de años totalmente reacio a salir en ninguna foto, hasta que las cicatrices se hicieron menos visibles. Pero bueno, eso era algo que ya quedaba atrás, y de todas maneras durante esos años tampoco ocurrió nada extraordinario en lo que quisiera participar, así que…
- Perdona -se volteó a mirarle a los ojos de un respingo-.
- ¿Por?
Ambos se mantuvieron la mirada fijamente. Y casi podía ver la angustia reflejada en su cara. ¡Y es que otra vez! ¡Otra vez estaba leyéndole la mente! ¡Maldita sea!
- No pasa nada, en serio. Ya casi no se ven -se pasó la mano por una mejilla, ausente por un instante-.
Pero por la forma en que se llevó la mano al cuello, y ladeó la cara, estaba seguro de que aún seguía reprendiéndose a sí mismo internamente.
- ¡Además! -se cruzó de brazos, hinchando el pecho con fingida petulancia-. ¡Ahora son parte de mi atractivo natural!
- ¿Atractivo natural…? -sonrió burlón, alzando una ceja-.
- Uhum -asintió con determinación.
No es que se lo terminara de creer él mismo, pero si así conseguía desviar los pensamientos del otro…
- Atractivo natural… -murmuró, acercándose un poco más, con la sonrisa torcida-.
Y se lo vio venir. Pero aún así…
- ...es esto que tienes aquí.
…no pudo esquivar a tiempo la palmada en el culo que le dio.
- Cretino -dijo con la boca pequeña, sobándose donde le había dado-. Ésta te la devuelvo…
- Fu…
- ¡Naruto!
El rubio dio un respingo al escuchar los pasos acelerados de su madre venir por el pasillo. ¿¡Es que no le iba a dejar respirar!?
- ¡Ven! -le agarró del brazo para tirar de él. Y fue a hacer lo mismo con el otro-. ¡Tú también, Sasuke!
Pero Sasuke se apartó.
Y los tres se quedaron estáticos, ella y el moreno sin poder apartarse la mirada.
- Amm… Es que necesito ir al baño…
- Después del armario está la puerta, junto a la ventana -contestó al instante Naruto a su llamada de auxilio silenciosa-.
Y cuando el moreno se dio media vuelta, fue Naruto quien tiró de su madre para sacarla de ahí.
- Córtate un poco, mamá, ¿quieres? -murmuró-.
- ¿He hecho algo mal…? -preguntó preocupada-.
- ¿Te suena de algo 'espacio personal'? -bufó entre dientes-. Él no es como, Kiba, mamá.
- Oh… Vaya… -se cubrió la boca con la mano, con cara de circunstancia-.
- En fin… -suspiró resignado-. ¿Qué querías?
Habían llegado hasta mitad del pasillo, donde estaban las escaleras, y se habían quedado parados ahí sin ser realmente conscientes.
- ¡Ah, sí! ¡Ven!
Pero se arrepintió de recordárselo al cogerle aquella otra vez de la mano y verse arrastrado escaleras abajo. Y es que…
"Se emociona demasiado…", suspiró para sus adentros.
Aunque en parte podía entenderla. El cuadro que había hecho Sasuke era sencillamente espectacular.
Se quedó parado a mitad del pasillo viendo a su madre coger de nuevo el cuadro y alzarlo en un hueco que había, junto a otro grabado que tenía ahí, de geishas. Y se giró a mirarle, preguntándole con la mirada. Tan sólo pudo asentir, quedándose atrapado en los colores. Al contrario que en todas sus otras pinturas, eran colores vivos, muy saturados. Especialmente llamaba la atención el rojo que había elegido para el color del pelo, contrastando fuertemente con el verde de las plantas que había alrededor de la figura de su madre. Pero sin duda, el azul del cielo le daba a la pieza luz propia.
Con cuidado, su madre dejó reposar el cuadro en la cómoda que tenía ahí, haciendo a un lado un par de portaretratos con fotos de su familia, apoyándolo en la pared. Cuando se hubo cerciorado de que se mantenía bien ahí, dio unos cuantos pasos hacia atrás, situándose a su lado. Y le dio un toque con el codo en el costado.
- ¿Y qué? ¿No tienes nada que contarme…? -preguntó pícara-.
- Nop -se guardó las manos en los bolsillos, sin apartar la mirada del cuadro-.
- Venga ya, Naruto -susurró-, ¿no le has pedido salir aún?
- No, mamá…
Realmente no le estaba mintiendo. Estaban quedando más frecuentemente, sí, pero no es que ninguno de ellos le hubiera pedido salir al otro. Como pareja o algo así. Aunque de momento no era algo que le molestara. Se estaban conociendo y ya está. Estaban bien así. Si bien no podía negar que le gustaría poder pensar que era su novio y que las cosas fueran algo más formales. Verdaderamente quería ir en serio con él.
- Ahh… -suspiró ella-.
- ¿Qué le has dicho antes? -esta vez sí se giró a mirarle-.
- ¿Cuándo?
Pareciera que realmente no supiera de lo que le hablaba, pero estaba seguro de que simplemente se estaba haciendo la desentendida. Aún así se lo aclaró.
- Cuando hemos salido del coche, después de que te lanzaras a su cuello…
- Ohh… ¿Estás celoso…? -sonrió burlona, pinchándole con un dedo en el costado-.
- No, mamá -no pudo evitar que le subiera el rubor a las mejillas-. Ya te he dicho que él valora su espacio personal.
- Hmmmm… -se llevó las manos a la espalda sin dejar de sonreír, mirando de nuevo el cuadro-. Le he dicho que tiene unos ojos preciosos.
"..."
- ¿¡Qué!?
- Naruto -se giró de nuevo a él, completamente seria y le puso las manos sobre los hombros-, si necesitas ayuda sólo tienes que decírmelo -asintió solemnemente-.
- ¿¡De qué hablas, mamá!?
- Que no puedes dejarle escapar, ¿no te das cuenta? Es guapísimo, tiene talento, parece educado y desprende un aur-
- ¡Mamá! -le tapó la boca, echando un vistazo hacia arriba a la escalera, y bajó el tono de voz-. Ya lo sé, ¿vale? Precisamente porque no quiero que desaparezca es que no quiero apresurar las cosas…
¿¡Por qué tenía que hacerle decir esas cosas!? Ya sabía todo eso. Y no sólo era lo que decía su madre. Sasuke era mucho más que una simple cara bonita. Era bueno, paciente, divertido -aunque fuese un cretino-, inteligente… Pero a parte de todo eso, algo en sus adentros le hacía sentirse como magnetizado hacia él. Algo que le impedía apartar la mirada, y que hacía que todo su ser se removiera intranquilo cuando no estaban juntos.
- D-de todas maneras… -se rascó algo nervioso la nuca-, …¿Qué le dirías?
- Hmmm… Pues que eres divertido, curioso, que te encanta hacer deporte… Que eres un niño encantador…
- No soy un niño, mamá -sintió un tic en la ceja-.
- ¡Ay, venga ya, Naruto! -se lanzó a cogerse de su cuello-. ¡Para mí, siempre serás mi niño!
- Mamá…
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Sábado, 23 de agosto
19:10
Su padre estaba tardando en regresar a casa. Por eso su madre había decidido ponerse a hacer la cena en cuanto encontró el lugar 'perfecto' para su nuevo cuadro, gracias a lo cual habían podido relajarse un rato en el cuarto de juegos hasta que les llamó para bajar a la cocina.
Al principio, después de que Sasuke saliera del baño, donde estuvo un buen rato, le había notado algo tenso y se había mantenido callado, leyendo un cómic que, creyó, eligió al azar.
Aunque bueno, tal vez tan sólo le había impresionado la habitación: a ojo podía calcular que era algo más grande que la mitad de su piso… Y la pantalla que tenía para la videoconsola era nueva, de unas setenta u ochenta pulgadas; su padre debía de haberla comprado hacía muy poco porque no la recordaba de la última vez que fue. Tal vez se había estropeado la vieja.
En medio de la habitación estaba el sofá, algo más grande y cómodo que el que tenía en su piso, y tenía a un lado dos volantes con soporte y asiento para los juegos de la videoconsola. Eso era cosa de su padre, que le encantaban los juegos de carreras, y a veces echaban unas partidas juntos aunque a él no le entusiasmaran. Pero era divertido: por algún motivo, se le daba bien, y su padre se picaba siempre con él por no poder ganarle.
Lo que había libre de las paredes estaban cubiertas con pósters de sus animés favoritos, y también de los grupos de música que le gustaban. Además tenía un par de vitrinas con todas las figuritas que se había ido comprando a lo largo de los años, y una estantería que iba casi de pared a pared con todas sus colecciones de manga, y todo tipo de revistas de cómic.
Pero bueno, tanto que mejor, al menos si Sasuke se aburría o quería escaparse en algún momento del torbellino de su madre… Tendría un lugar donde refugiarse y mantener la mente ocupada.
Aunque en este momento pareciera que su mente estuviera un poco dispersa. Parecía un tanto ausente comiendo lo que su madre había preparado: una ensalada de arroz con un montón de cosas que apenas conseguía reconocer; unos tentempiés de foie de pato con mermelada de tomate sobre unas tostas, receta que había copiado de uno de los restaurantes que habían visitado en España; y un filete de pescado a la plancha para cada uno, con una especie de salsa verdosa semi transparente por encima.
- Ya podrías darle la receta a mi madre, Kushina, así da gusto comer ensalada.
- Lo siento, pero si te la digo pierde la gracia -rio burlona por lo bajo-, y quiero que vengáis de vez en cuando a verme, aunque sea sólo por la comida.
- Mamá… No digas eso… -no pudo evitar poner un puchero-, no venimos sólo por la comida…
- No, también por la piscina -suspiró-. A veces pienso que ya no me quieres…
- Eso no es verdad.
La observó cómo pinchaba la comida una y otra vez, sin comer nada, poniendo pucheros. Estaba exagerando y lo sabía. Y quería hacerle sentir culpable diciéndole eso delante de los otros dos, estaba seguro. Pero el sonido de la puerta automática hizo que ambos se mirasen. Había llegado su padre. Y el puchero que había estado fingiendo su madre se tornó rápidamente en una amplia sonrisa y se levantó a prisa para salir a recibirle.
- Jo, que envidia me dan -comentó Kiba al aire, comiendo por inercia sin apartar la vista por donde había desaparecido ella-.
- ¿De?
- De que después de tantos años juntos, parezcan adolescentes a veces.
- Ah, unn… Sí… -sonrió levemente-.
Y sí, eso era algo en lo que le daban envidia a él también: haber encontrado a alguien que les quisiera tanto como ellos se querían, y que ese sentimiento no hubiera mermado con el paso del tiempo.
No pudo evitar mirar de reojo a Sasuke e imaginar eso mismo para sí. No quería hacerse ilusiones tan pronto… Pero es que le reconfortaba tanto tenerle al lado que ya no podía imaginarse con nadie más.
Ese pensamiento hizo que agachara la cara y se concentrara en su plato. Empezaba a notar un hormigueo subirle del estómago a las mejillas y estaba seguro de que estaba empezando a ponerse como un tomate. En ocasiones como esta desearía tener el flequillo un poco más largo, como el moreno, y poder cubrirse la cara para que no le vieran.
- ¿Qué hacemos luego? -preguntó animado Kiba, por suerte para él parecía no haberse dado cuenta-.
- No sé, si queréis podemos ir a dar una vuelta por el centro, pero no sé de ningún lugar bueno…
- Podemos buscar por internet.
- ¿Tú que dices? ¿Te apetece? -se giró al otro lado y esperó a que el moreno terminara de tomarse sus pastillas-.
- Me da lo mismo -se encogió levemente de hombros y alargó la mano para coger un de los tentempiés-.
Y no pudo evitar seguir el movimiento al percatarse de que se sujetó la manga con la otra mano para no meterla en el plato y dejó a la vista hasta un poco más arriba de medio antebrazo. Y no tenía nada raro. Aunque igualmente el momento pasó rápido, y antes de que pudiera darse cuenta, no es sólo que el moreno hubiera vuelto a colocarse en su sitio la manga sino que le estampó la mano en la cara para que dejara de mirar.
- No lo hagas -le dijo con cara de póker, dándole un bocado a la tosta-.
- ¿Hacer el qué? -frunció el ceño-.
- Preguntar.
- ¿¡Por q-!?
- He visto antes que tiene el mini ninjas, ¿mola? -le preguntó al castaño, ignorándole por completo-.
- Hey, no me ignores...
- Sí, tío. Te partes el culo -rió para sí el otro-. Si quieres jugamos luego mientras éste decide qué es lo que quiere hacer -hizo un ademán con la cabeza, riendo con sorna-.
- Vale.
- Argh…
Si no fuera porque le gustaba la ensalada, dejaría caer la cabeza encima. ¡Lo estaban haciendo a propósito!
- O podemos bañarnos en la piscina -se rascó la mejilla Kiba, como si realmente tuviera que sopesar las opciones-.
Y es que, aunque el sol ya se estaba ocultando y no tardaría mucho en bajar la temperatura… el agua debía estar calentita.
Pero antes de que pudiera decir nada, escuchó a su madre nombrar a Sasuke, viniendo por el pasillo emocionada. De seguro que había estado entreteniendo a su padre con el cuadro hasta ahora.
- Hey, chicos. ¿Cómo va eso?
- Hola, papá -le sonrió-.
Aquel venía con paso calmo, con la mano sobre el hombro de su madre. Y a pesar de haber estado todo el día trabajando, parecía venir de buen humor. En cuanto se giraron los tres en dirección por donde ellos venían, le dio un leve apretón a su madre, un beso en la frente, y con gentileza se apartó de ella para acercarse y alzar el puño frente a él.
- ¿Qué tal, hijo?
- Bien -le chocó el puño-. Te estábamos esperando.
- Lo siento -se giró un tanto hacia el castaño, chocando con él también-, hoy tenía una reunión con los Shimura y se ha alargado más de la cuenta. Ya los conoces… -se llevó una mano a la nuca, y rio un tanto nervioso-.
Y es que aquellos dos ponían nervioso a cualquiera. Especialmente, el hijo. O bueno, quizás más el padre… De cualquier modo, eran un dolor de cabeza los dos.
- Y tú debes de ser Sasuke -se acercó un poco más al moreno, extendiéndole la mano-. Es un placer conocerte -le sonrió-. Namikaze Minato, puedes llamarme Minato a secas.
- Unn… -asintió levemente, aceptando el apretón-. El placer es mío.
Y por un instante todo le pareció abrumadoramente perfecto, viéndolos a los dos sonreír de esa forma tan tranquila y despreocupada tras darse la mano, y la calma con la que su padre se sentó a la mesa, junto al moreno, mientras su madre le servía los platos que había dejado apartados para cuando él llegara.
No supo qué fue lo que le preguntó su padre a Sasuke, ya que Kiba y su madre estaban hablando quizá demasiado alto sobre las recetas de cocina, pero por una vez en mucho tiempo se sintió verdaderamente feliz.
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Sábado, 23 de agosto
22:00
Desde que había vuelto su padre a casa, todo estaba más tranquilo. Bastaba que nombrara a su madre, aunque fuera sólo un susurro, o una simple caricia en la mano para que se tranquilizara un poco.
De alguna manera Sasuke y su padre habían terminado hablando sobre carreras de motos y a saber de qué campeonato, así que no le dio mayor importancia cuando decidió quedarse con él, hablando en el salón, mientras él y Kiba se daban un chapuzón en la piscina.
Y aunque le hubiera gustado que se uniera a ellos… Que se quedara dentro le permitió poder quemar un poco de nervio sin tener que estar pensando que le estuviera viendo en bañador. Sabía que era una tontería, ¿quién no había visto nunca a nadie en bañador? Pero el sólo hecho de pensar que le pudiera ver semi desnudo, y con la tela pegada a las piernas…
No.
No, no, no, no, no. Menos mal que se quedó allí.
Y se llevó un pelotazo en toda la frente.
- ¡Au! -dio un manotazo al agua para salpicar a Kiba-. ¿¡Por qué no avisas!?
- Lo he hecho, pero he pensado que quizá necesitabas ayuda para volver a La Tierra -río burlón-.
- Capullo… -gruñó frotándose la frente-.
- Aunque, bueno…
- ¿Qué? -preguntó al no seguir aquel-.
Kiba se impulsó para alzarse en el borde de la piscina por donde habían dejado las toallas, cogió una y se quedó ahí sentado, cubriéndose para no coger frío, perdiendo la mirada en el agua.
- ¿Qué pasa? -se sentó a su lado, y le imitó, tapándose también. Fuera del agua empezaba a hacer bastante frío-.
- No, nada, que… -se rascó la mejilla. ¿Estaba nervioso?-, … empiezo a entenderte un poco…
- ¿A qué te refieres?
- Ya sabes, que no te lo puedas quitar de la cabeza y eso… Creo que me has contagiado…
- Ah…
Kiba parecía bastante abochornado contándole eso, pero se alegraba de que por fin le dijera algo. Ya le había dicho Sasuke que muy seguramente sería cosa de ella el hecho de que su amigo no le hubiera contado nada más a parte de 'lo buena que estaba' la chica con la que se enrolló… Pero aún así, le agradaba que compartiera algo más con él.
- ¿No la has vuelto a ver? -le empujó con el hombro-.
- Sí, bueno… -rio un tanto avergonzado-. El jueves fuimos a dar una vuelta…
- Hmmm...
"Mira que lo sabía…", sonrió burlón, entrecerrando los ojos.
- ¡Eh, que no es lo que te piensas!
- ¿Ah, no? -arqueó una ceja, ampliando la sonrisa-.
Claro que Kiba no sabía que él sabía que había salido con Ino en su día libre, y por ende, que le había mentido descaradamente. Aunque con lo rojo que se estaba poniendo merecía la pena hacerle creer que había estado pensando en otras cosas.
- ¡Que no! -le puso la mano en la cara para obligarle a mirar a otro lado-.
No pudo evitar que le saliera una risilla burlona: por una vez, desde hacía ya bastante, conseguía devolver la pelota y no ser él a quien le sacaran los colores.
- Sólo fuimos a dar un paseo…
Y de repente dio una patada al agua y se giró a mirarle enfurruñado.
- No me dejó darle ni un pico -murmuró-.
- Bueno, tal vez a la siguiente si volvéis a quedar.
- No sé, tío… Cuando quise besarla, me giró la cara -suspiró-. Luego hizo como si nada, pero no me ha contestado al mail que le mandé…
- Hmmm…
- Pensaba que se lo había pasado bien la otra noche y que tal vez… Pues...
Por un momento le recordó aquella temporada en la que acudía a la asociación. Bien sabía a lo que iba, pero aún así, siempre iba con la esperanza de encontrar a alguien que no fuera sólo para un fin de semana, de usar y tirar, pero gracias a que aquello no fue bien…
- Tal vez no sea para ti -se giró a mirarle. Y a pesar de que estaba convencido de que así era, no pudo evitar sonreír con cierto pesar-.
- Tal vez… -suspiró-.
- En fin… -se levantó de ahí, cubriéndose mejor-. Va, vamos dentro que hace frío ya.
- Unn…
Entraron a la casa por la puerta que daba a la cocina y se ocuparon de secarse lo mejor que pudieron para no dejar un reguero de agua hasta el baño que había en la planta baja donde habían dejado preparada la ropa.
Estaba esperando que Kiba terminara de cambiarse cuando el inusual silencio hizo que le picara en la curiosidad, y se asomó por la puerta del salón para ver qué se traían entre manos Sasuke y su padre. Pero sólo encontró a su madre en el sofá, rodeada de libros y con una libreta en la mano. Debía estar enfrascada con alguna traducción.
- Mamá, ¿dónde está Sasuke?
- ¿Eh? -levantó la cabeza de un respingo-.
- Sasuke.
- ¡Ah! Se ha ido arriba con tu padre. Creo que están jugando a la consola -sonrió-.
Y fue una sonrisa de esas tiernas. De esas que le dedicaba cuando le quería transmitir calma o quería hablarle de algo importante y quería que se sintiera a gusto. Y entonces lo supo: o se había dado cuenta o quería interrogarle un poco más sobre el moreno.
Sin embargo, no le dijo nada más. Se concentró de nuevo en lo que fuera que estaba leyendo.
"Miedo me da…".
.
.
.
CONTINUARÁ…
Tener educación a la hora de hablar sobre oficios y/o dinero*: Creo que esto es algo bastante común independientemente de la cultura, pero en Japón digamos que es aún algo más que descortesía hablar sobre dinero. Según la situación, incluso se puede tomar como una ofensa. Si alguna vez viajáis a Japón, nunca de los jamases se os ocurra preguntarle a nadie cuánto cobra en su trabajo. Y tampoco se os ocurra dejar propina pues los japoneses no lo toman como una recompensa a su trabajo bien hecho, sino como una ofensa también. Como si te apiadaras de ellos porque no ganan lo suficiente y les dejaras una limosna =/
Tampoco está bien visto eso de alardear sobre los oficios que se ejercen. Menos si es un familiar. Se toma como algo bastante presuntuoso.
23/12/15
Buenas a todos.
Lo cierto es que no sé cómo disculparme con vosotros, de verdad. Estoy pasando una época bastante mala, y cada vez que me siento para contestar a los mensajes… simplemente no sé qué decir u.u Las palabras no me salen, e incluso este pequeño mensaje me está costando bastante…
No he podido tampoco pararme a mirar las faltas de ortografía…
Pero bueno, eso.
Realmente no sé lo que esperáis de esta visita a casa de los padres de Naruto… Lo que yo espero es no decepcionaros en exceso ^^Uu
