Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. Este fanfic no tiene ánimo de lucro.
Beta: Usura-tialmant, Funeral-Of-The Humanity & akasha-bennington
Advertencias: Shonen ai, POV Sasuke. Este fanfic tiene todos los derechos reservados © solochely (2016). La distribución del mismo, parcial o total, en cualquier otro medio -físico o digital- no autorizado será motivo de las acciones oportunas.
Martes, 14 de octubre
16:45
—¡Y una mierda todo irá bien! —gritó con rencor.
Y no le importó en ese momento que Kushina, muy seguramente, le escuchase desde el salón.
—¡Me mentiste!
Sentía que se le fuera a salir el corazón por la boca. Literalmente. De repente, se le había revuelto el estómago de tal manera que sentía que fuese a vomitar.
Se marchaba.
Naruto.
El mismo que le dijo que pasara lo que pasara iba a estar ahí para él, el mismo que le dijo que no iba a cambiar nada, el mismo que le dijo que no le iba a dejar solo…
Se marchaba.
"Si es que lo sabía…", se mordió el interior del labio para evitar que el temblor que sentía fuera evidente.
—Sólo va a ser una semana, Sasuke. Como mucho diez días.
"Ya… Claro… Y luego, ¿qué? Un mes o dos… Y luego si te he visto, no me acuerdo", resopló con amargura en su interior.
Sentía que todo su ser estuviera temblando ante aquella idea. Y le estaba costando horrores mantener el sollozo encerrado en su garganta.
«¿Quieres salir conmigo? Como pareja».
Je.
Qué falsas y vacías sonaban esas palabras ahora en el fondo de su mente.
—Sasuke… —murmuró al tiempo que ponía una mano sobre su rodilla.
Pero sentía tanta rabia y estaba tan cabreado consigo mismo por haberle creído a pies juntillas… Que no quiso evitar apartársela de un fuerte manotazo.
Le había mentido. En su propia cara.
Y él, como el gilipollas que era, se lo había creído sin cuestionarle. ¿Cómo había podido ser tan idiota? Sabía que en el momento en que Naruto se enterase de su enfermedad esto iba a suceder, más tarde o más temprano. Pero sus palabras habían sonado tan sinceras que no las puso en duda. Y ahora…
Ahora, ¿qué?
¿Tenía que olvidarse de lo feliz que se había sentido a su lado? ¿De la paz que le daba? ¿De lo bien que se sentía poder olvidarse de la penosa vida que llevaba aunque fuera por unas horas… y de haber fantaseado alguna vez incluso con vivir así lo que restaba de sus desdichados días?
Por eso había sentido como si las palabras de Naruto hubiesen sido un puñetazo en toda la boca del estómago, devolviéndole los pies a la tierra.
Claro que tendría que olvidarse de todo eso. Por más que quisiera, y por más que lo odiara, era su cruda realidad. Con o sin Naruto, no tenía otra elección.
Pero es que… Se había sentido tan bien…
Le había hecho sentir como una persona normal por primera vez desde que comenzó con aquel calvario. Ya se había olvidado de lo que se sentía al ir a salir a dar una vuelta y olvidarse del mundo entero y sus problemas, y de las escapadas improvisadas que hacían a veces, a la playa o a la montaña, sin ningún tipo de preocupación más que pasárselo bien.
E inconscientemente, Naruto le había devuelto a aquellos años en los que su vida no dependía de una maldita máquina para poder seguir viviendo. Y sentirse vivo.
"¿Por qué...?", respiró conscientemente para evitar que su respiración se agitara demasiado. "¿Por qué me lo arrebatas ahora...?".
Naruto se levantó del suelo y se irguió, de rodillas frente a él, poniendo ambas manos sobre sus mejillas. Y podía ver claramente la tristeza en sus ojos pero… ¿Qué le apenaba?
¿Verle así?
Claro que debía de darle pena verle así… De seguro ya se había dado cuenta de lo miserable que se sentía. Pero no tenía ni el más mínimo remordimiento al dejarle solo ahora. Ahora que había creído que verdaderamente podría dejar de esconderse de él.
—Deja de mirarme como si sintieras algo… —le siseó a la cara. —¡Te odio!
Y de repente, comenzó a sentirse asfixiado.
Necesitaba alejarse de él y de todo lo que provocaba en su ser. Por eso se levantó de golpe de la cama.
Tenía que irse de ahí.
Se odió a sí mismo por querer arrepentirse de haberse sentado en aquella maldita terraza… Y no poder hacerlo. Se había sentido tan bien a su lado que no quería tener que olvidarse de los buenos ratos que habían pasado juntos.
Le daban ganas de llorar de pura frustración por saberse tan débil en todo cuanto se refería a Naruto.
—¡Sasuke!
Motivo por el que no se giró cuando le llamó. No quería girarse y mirarle a la cara porque sabía, lo sabía, que si le miraba a los ojos se creería cualquier mentira que se le pudiera ocurrir y no sería capaz de alejarse de él.
Los dioses sabían que había sido un tremendo idiota al mostrarle su verdadera persona.
Por eso no se volteó y dirigió sus pasos a prisa hacia la puerta. Necesitaba escapar de ahí para protegerse a sí mismo.
Sin embargo, apenas rozó el manillar de la puerta con los dedos cuando aquél lo rodeó con fuerza de la cintura, haciéndole incluso levantar los pies del suelo por un instante.
—¡Suéltame! —forcejeó para que le soltase.
—¡Escúchame!
Pero el imbécil tenía más fuerza que él. Y era consciente de que Naruto lo sabía.
—¡Que me sueltes! —lanzó el puño atrás, golpeándole en el costado.
Apretó los dientes con fuerza a sabiendas de que se estaba descontrolando, exponiéndose completamente. No podía permitirse que, si Naruto aún no había terminado de darse cuenta, supiera de la verdadera necesidad que sentía de tener su sola presencia junto a él. Estaba totalmente seguro de que si le entregaba esa llave, abriría y cerraría sus puertas a placer, según su conveniencia.
Y no podía permitírselo.
No.
No pensaba dejar que nadie pisoteara lo único en su vida sobre lo que aún tenía el control.
—¡Sasuke, déjame explicártelo, ¿vale?! —lo oprimió más contra él.
—¡No tienes nada que explicarme, Naruto! ¡Ya está todo claro!
Y por un momento, le hizo perder el aliento al levantarlo del suelo de nuevo. Sabía que tenía todas las intenciones de retenerlo ahí y hacer que le escuchara a la fuerza, como la semana anterior.
Pero ya no le creía. Había picado una vez, como buen gilipollas. No ocurriría una segunda.
No quería quedarse a volver a escucharle sabiendo que cualquier cosa que fuera a salir de su boca no serían más que palabras bonitas para quedar bien. Para que creyera la excusa perfecta para dejarlo solo.
Y de repente, se abrió la puerta frente a él.
—¿¡Se puede saber q-!? —comenzó a decir Kushina.
Por un momento, los tres se quedaron ahí paralizados ante la incursión de la mujer.
Y no lo dudó.
Aprovechando el momento de confusión y de, que con su madre delante, Naruto no se atrevería a acercarse así de nuevo, se liberó de sus brazos y se fue a prisa al salón para recoger su bandolera, pasando por el lado de Kushina sin siquiera mirarla a la cara. Esa mujer tenía la misma mirada que Naruto, o incluso más aguda. Y como le diera la más mínima oportunidad, estaba seguro de que le destriparía hasta el último rincón de su alma.
Aunque sólo tuvo tiempo de llegar hasta la puerta de la salita. En seguida Naruto le cogió el paso.
—Por favor, Sasuke, no te vayas —le puso la mano en el hombro cuando se inclinó a recoger su mochila.
Algo se removió en sus adentros ante aquella súplica, haciendo que le quemara la piel ahí donde posó la mano.
Debía marcharse de ahí antes de que volviera a caer bajo el embrujo de Naruto.
—No me toques —siseó.
Y de nuevo, sintió como si algo le atravesara el pecho al girarse y darle un empujón para que se apartara y le dejara salir, cuando por un instante lo miró a la cara.
Debía de haber aprendido a actuar bastante bien durante las últimas semanas… O quizá le estuvo engañando desde buen principio. Pero debía reconocer que la cara de pánico que estaba poniendo merecía un óscar.
—Sasuke, por favor… —lo oyó a su espalda, caminando a prisa tras él.
Por un segundo, incluso contempló la idea de pararse a escuchar lo que le tuviera que decir. Algo en el fondo de su mente le estaba pidiendo que se detuviera un instante y se odiaba a sí mismo por saberse tan débil.
Pero aquel ruego debía de tenerlo más que ensayado.
Y ya había caído una vez.
No pensaba volver a cometer el mismo error.
—Naruto, hijo —notó cómo de golpe Naruto detuvo sus pasos al llamado de su madre, mientras él se sentaba a anudarse a prisa las zapatillas. —Deja que se marche. Ya hablaréis en otro momento.
—¡No! ¡Sasuke, escúch-!
—Ya has oído a tu madre —le cortó antes de que pudiera seguir.
No debía escucharle. Sabía que no debía. Y le dio las gracias a los dioses cuando, al levantarse de ahí, Naruto se quedó mudo al fin. Se le retorcía el alma con tan sólo escuchar su voz, pero ahora ya sabía de qué pie calzaba.
Y antes de que pudiera decir una sóla palabra más, salió de ahí cerrando la puerta tras de sí.
Se acabó.
El sonido de la cerradura marcaba un antes y un después.
Así lo interpretó Sasuke, sintiendo como si cada paso que daba para alejarse de ahí fuera una aguja más que se clavaba en su pecho.
No volvería a dejar que nadie pudiera ver a través de él y jugara con sus emociones de aquella manera. Había sido un completo idiota por permitir que alguien viera cómo era realmente.
Hubo de tragar con fuerza para impedir que se hiciera demasiado insoportable el nudo que tenía en la garganta, y se mordió el labio para que le dejara de temblar.
Naruto no había existido nunca.
Ese rayo de sol, que una vez le dio luz a su oscuro camino, no había sido más que una cruel fantasía.
Una fantasía en la que, por primera vez en años, se había sentido realmente vivo, con ganas de ver qué le depararía el mañana. Un mañana en el que no existía el dolor, ni la impotencia de vivir atado a una maldita máquina.
Sin embargo, y aunque se odió por ello, antes de que pudiera remediarlo se encontró a sí mismo llegando a la boca del metro, caminando cada vez más lento, con la esperanza en algún rincón de su mente rogando por que Naruto apareciera de nuevo y le rescatara de todo aquel vacío.
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Martes, 14 de octubre
18:15
"Naruto…", le llamó de nuevo por a saber qué vez en su mente. No encontraba ni tan siquiera las fuerzas de vocalizarlo.
Cualquier energía que le había regresado al cuerpo después de llegar a casa, la había empleado en estrellar contra el suelo o la pared cualquier objeto que estuviera a su alcance para aliviar de alguna manera el vacío que se estaba instalando en su pecho.
Se odiaba a sí mismo por haber reaccionado de aquella manera. Por dejar que aquellas palabras escaparan de su boca, y por haberle hecho lo que había hecho.
Pero ya no había vuelta atrás.
La había cagado.
Hasta el fondo.
Y ahora era bien consciente de ello.
Por eso no podía dejar de observar inmóvil, ahí tirado en el suelo, el resultado de su rabia y su frustración.
Frente a él, yacía el caballete. Y a un par de palmos, el lienzo rasgado del encargo que estaba por terminar.
Pero no se arrepentía ni lo más mínimo de haberlo destrozado… Había tardado tanto tiempo en hacerlo que se notaba por todas partes las idas y venidas de humor que había tenido en el último mes. Era una pintura totalmente incoherente y estaba seguro de que Minato iba a sentirse muy decepcionado después de ver lo que era capaz de hacer cuando estaba realmente inspirado.
Pero ya le daba igual.
Aunque se arrepintiera en unos días y hubiese querido terminarlo… Casi toda su pintura estaba esparcida por el suelo y por las paredes. No podía rescatar nada de ahí.
No había nada que rescatar.
Se sentía como un trapo, sucio y mugriento, estrujado y abandonado en mitad de la nada.
Pero no importaba.
Nada importaba ya.
Nada de su miserable vida merecía ser salvado después de que hubiese herido en lo más profundo de su ser a la única persona que, aparte de su hermano y su madre, le quería incondicionalmente a pesar del evidente sufrimiento por el que estaba pasando.
Por su causa.
"¿Cómo he podido…?".
Ya no sentía fuerzas ni para llorar. Tan sólo un par de lágrimas cayeron de sus ojos haciendo que se le desenfocara la vista, emborronando por un instante el caos que había provocado a su alrededor.
¿Por qué había puesto en duda las palabras de Naruto?
Sabía mejor que nadie todo lo que había sufrido para llegar a donde estaba. Y aunque lo quisiera negar, sabía del miedo por el que pasaba cada día a pesar de su fachada alegre y distraída. Sólo los dioses sabían cómo era capaz de llevar así su día a día porque lo que era él, aún no se lo explicaba.
Si él hubiera tenido que pasar por lo mismo que Naruto…
No estaba del todo seguro de que hubiera sido capaz de aguantar ese tipo de acoso durante tantos años por parte de sus compañeros. Una de dos: o hubiera terminado por cometer una locura y quitárselos de en medio… O quizá se hubiera quitado del medio él mismo.
No era la primera vez que lo pensaba. No era difícil. Menos teniendo aquellas marcas que debían de recordárselo cada día al mirarse en el espejo a pesar de que pasaran desapercibidas a primera vista.
¿Cómo era capaz de seguir adelante… habiendo estado solo?
Ni tan siquiera se había atrevido a hablar del por qué de aquello con su madre, a pesar de la evidente confianza que tenían.
Debió de ser totalmente aterrador.
¿Cómo había podido forzarle a afrontar una cosa así...?
Se sentía completamente miserable sólo de recordar el estado en el que le hizo sumirse aquel día en la playa para obligarle a afrontar su miedo. No quiso hacerle daño con ello… Pero sabía que lo había hecho. Y en cambio, lejos de enfadarse con él, Naruto se lo tomó con calma, dentro de las circunstancias.
Le resultaba increíble la voluntad que puso durante todo aquel día por pasárselo bien, y apartar de su mente algo que obviamente le aterraba.
Se odiaba a sí mismo.
Después de todo… Después de todo lo que Naruto había enfrentado en su mente… Aquel día incluso se atrevió a besarle por voluntad propia, en público. Con todo lo que le costaba y el miedo que debió sentir.
De nuevo, volvieron a escapársele las lágrimas pensando en ello. Había sido un completo egoísta. ¿Y cómo se lo pagaba? Diciéndole que le odiaba a la cara, con toda su rabia.
Se sentía totalmente miserable.
Y no sólo para con Naruto.
Ya ni tan siquiera escuchaba a su madre llamarle desde el otro lado de la puerta. Hacía un buen rato que había desistido. Aunque tampoco era como si se arrepintiera de no haberla dejado entrar. No quería que le viera así. No ella.
Su madre era quien más sufría de todos y lo sabía. Y a pesar de ello, aguantaba sus días de mal humor sin decirle una mala palabra.
Y sabía que estaba siendo indulgente con él.
Si no fuera por su desdichado infortunio, estaba seguro de que le echaría la bronca cada vez que cerraba de un portazo cuando se levantaba con el pie izquierdo. Ni le permitiría que le alzara la voz ni una octava sin ponerle en su sitio en el acto. Y cuando le dijeron que habrían de extirparle el primer riñón y comenzar con la diálisis… Y la culpó de su desgracia…
Aquel día se mereció el guantazo que le dio su hermano.
Su madre no tenía la culpa. Si hubiese estado en sus manos, incluso apostaría a que hubiera preferido que la empresa se hundiera con tal de salvarle de aquel infortunio. Pero en su momento, ni los médicos se percataron del alcance que había tenido aquella reacción alérgica…
Era un desgraciado. Así era como se sentía que era. Por culpa de dejarse llevar por la rabia y la impotencia aquel día, había condenado a su madre con él.
Y para más inri, escuchó un 'clic' en la cerradura.
"Itachi…"
Debía de haberlo supuesto… Debía de haber sabido que por eso había dejado de llamarle su madre.
En cuanto escuchó cómo se abría la puerta supo que sólo había dejado de insistir para avisar a su hermano. Él era el único que sabía cómo forzar el pestillo para que se abriera.
Sin embargo, y a pesar de que no quería que le encontrase en ese estado… Se maldijo en sus adentros por sentirse aliviado de que hubiera venido. Si bien seguía sin encontrar las fuerzas para moverse de ahí.
—Sasuke, ¿qué ha pasado? —le preguntó con tono sereno.
"Se va…", quiso vocalizar.
Pero todo lo que consiguió fue que un gemido estrangulado saliera de su garganta, sintiendo que se le retorciera el alma. ¿Cómo podía hacerle todo eso a las personas que más quería?
—Sasuke…
Vio de forma ausente cómo su hermano se arrodillaba junto a él, y le puso una mano en el hombro. Simplemente la dejó reposar ahí, pero en ese momento sintió como si le aplastara el cuerpo entero.
Y el nudo en la garganta se hizo tan insoportable que hubo de cerrar con fuerza los ojos, y apretar los dientes para impedir que se le escapara el llanto.
No quería volver a pasar por eso otra vez. Con una vez por ese día ya había tenido suficiente.
—Va —le instigó a levantarse, tirando levemente de su brazo—, vamos a darnos un baño.
Y por alguna estúpida razón, aquello le hizo reír de forma ahogada, sintiendo el sabor salado de sus propias lágrimas escurrirse por sus labios.
—¿Quieres recordar viejos tiempos?
—No está mal de vez en cuando —sintió que sonriera en su voz.
¿Cómo podía estar tan calmado? ¿Y por qué no se enfadaba con él? Debería, como mínimo, estar molesto con aquella situación después de haber hecho que su madre tuviera que acudir a él, a pesar de estar trabajando.
Oh, mierda.
—Deberías volver a la oficina…
La había cagado de nuevo.
Por tercera vez consecutiva en un único día.
—Podrán vivir sin mí, no te preocupes por eso.
Dando un profundo suspiro, hizo acopio de todas sus fuerzas para levantarse de ahí. Pero no se sentía capaz de mirarle a la cara, sintiéndose avergonzado de sí mismo. Entonces tomó conciencia de nuevo de que Itachi estaba arrodillado junto a él… sobre el suelo lleno de pintura.
—Tu traje… Te has manchado…
—Ahora le pido a madre que me deje el quitamanchas. Si lo lavo antes de que se seque no se notará.
Con afecto, su hermano le pasó la mano por la cabeza hasta llevarla a su nuca, y se inclinó lo suficiente para apoyar la frente con la suya, haciendo que levantara la vista para mirarle. Y la calma que sus ojos le transmitían hizo que parte de esa esa presión que sentía en el pecho se evaporase.
Y su hermano debió sentirlo así también pues le sonrió antes de apartarse de nuevo.
Y no pudo sino pensar en Naruto.
Esa sonrisa… Era igual a la que le dedicó Naruto, estando en el hospital. Tranquilizadora y relajada.
Pensándolo ahora, Naruto debió de haber hecho un esfuerzo dantesco para permanecer en calma ese día. Con lo nervioso que era, y todos los miedos a los que le había forzado a afrontar…
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Martes, 14 de octubre
18:50
Era la hora de cenar. Lo sabía. El olor del pescado a la plancha se lo había recordado cuando salió del desastre que había dejado por habitación. Así como también sabía que su hermano debía de tener hambre. Estaba seguro de que si había comido algo que no fuera un sandwich de una de esas máquinas expendedoras que había por los pasillos de la empresa donde trabajaba, era única y exclusivamente porque Konan le habría un llevado un bento y se habría sentado con él a comer.
Lo que le hacía sentir aún más culpable y egoísta pues ahí estaba, con él, dándose un baño y sin la más mínima intención de irse en breve al piso inferior a cenar.
Le había costado un poco a Itachi conseguir que la pintura no se agarrara a la tela de sus pantalones pero, aún así, Sasuke se sentía tan fatigado y se movía con tanta lentitud que incluso le había dado tiempo a su hermano de llegar a ayudarle a quitarse la pintura del pelo.
Bien por él.
Como si no hubiera ocasionado ya suficientes problemas ese día a cualquiera que le rodease.
"No soy más que un estorbo…".
Y como un harapo se sentía, apoyando la cabeza en el borde de la bañera con la mirada perdida en ninguna parte.
—Y entonces, ¿qué? —le preguntó su hermano.
—¿Qué de qué? —le devolvió la pregunta por costumbre.
—¿No me vas a contar qué ha ocurrido?
Sasuke le miró de reojo, viendo cómo se relajaba apoyando la nuca en el otro extremo de la bañera, con una pequeña toalla sobre los ojos. De verdad que a veces no entendía cómo podía tomarse con tantísima calma situaciones como las de hacía un rato. Ójala algo de esa tranquilidad la hubiera heredado él también, al menos así podría ser capaz de mantener el temple y no herir a todos y cada uno de los que le rodeaban.
—¿Y qué quieres que te cuente…?
—Lo único que tengo claro es que es algo relacionado con Naruto-kun.
Y sólo de escuchar su nombre, sintió una punzada en el pecho.
"Naruto…".
No pudo sino cerrar los ojos al tanto que tomaba una profunda bocanada de aire para impedir que de nuevo ese malestar le engullera. Había sido algo espantoso lo que le había hecho.
—¿Ha pasado algo? —siguió insistiendo.
Claro que había pasado algo… La había cagado. Hasta el fondo.
—Unn… —asintió sin mucho ánimo.
Y ahora fue su hermano quien suspiró. Y conociéndole como le conocía, estaba seguro de que Itachi ya podía deducir por dónde iban los tiros… Más después de tener que contemplar el destrozo que había hecho en su cuarto de pintura…
—¿Qué le has dicho?
De repente, y contra de su voluntad, el temblor que le dio en el labio se tornó tan intenso que sintió la necesidad de encogerse y abrazarse las piernas, escondiendo la cara entre los brazos. Y aunque amaba la calma que sentía estando con su hermano, también le odiaba por saber exactamente las preguntas que hacer para que le contestara cuando quería saber algo.
—Que le odio —respondió con la voz estrangulada.
Y, otra vez, reprodujo en su cabeza todo lo que había pasado desde que puso un pie en su casa.
Cuando llegó, se sentía algo nervioso por poder verle de nuevo después de que le dieran el alta. Se había estado preparando mentalmente para afrontar cualquier pregunta que Naruto le pudiera hacer pues el día anterior apenas habían hablado por email. Después de la diálisis hubo de permanecer un par de horas más en el hospital, esperando por los papeles para poder marcharse, y cuando llegó a casa se sentía terriblemente exhausto como para ir a hacerle una visita. Y aunque hubiera sido Naruto quien viniera a buscarle, dudaba que hubiera sido capaz de mantenerse despierto ni siquiera un par de horas.
Por eso, cuando esa tarde entró en su piso, y vio a su madre allí, la inquietud comenzó a recorrerle el cuerpo. Ella parecía tranquila, y no supo adivinar si Naruto le habría contado algo o no con lo que a él respectaba.
Pero desde que conocía a Naruto, ella nunca había ido a visitarle a su piso.
Desconcierto que creció cuando le pidió ir a su cuarto para hablar después de que dejara su mochila en el salón, y fue aún mayor cuando, completamente serio, se sentó frente a él en el suelo.
Una seriedad tal, que hizo que algo dentro de él se removiera, terminando de hacerle sentir totalmente inseguro de haber ido a verle. Aunque ya le había visto esa cara antes. Cuando le pidió salir. Formalmente.
Era incapaz ahora de comprender cómo había podido dudar de su palabra. Naruto podría ser todo lo idiota que quisiera… Pero en cuanto a relaciones se refería, y de lo que le había contado, nunca había tenido una relación formal con nadie. Y conocía perfectamente el motivo. Fue él mismo quien tuvo que reconfortarle cuando a Naruto le dio aquel ataque de ansiedad por el miedo a que, tal vez, no fuese más que un 'pasatiempo' para él.
¿Cómo había podido ignorar eso…?
Naruto estaba aterrado, igual que él, de entregarse por completo a alguien que después le pudiera destrozar.
Y ese mismo terror que le había empujado a intentar impedir que se marchara de su casa, ese mismo pánico que había vislumbrado en sus ojos mientras le suplicaba que le escuchara… Hizo que se le cayera el alma a los pies.
¿¡En qué diablos había estado pensando!?
—¿Y por qué le has dicho eso?
—¡No lo sé, ¿vale?! —gritó desde lo más profundo de su ser. —¡No sé en qué estaba pensando! ¡No paraba de llamarme y pedirme que le escuchara y yo-! ¡Yo-!
Apretó los dientes y se abrazó con más fuerza las piernas para impedir que todo su cuerpo temblara. Sin embargo, fue incapaz de retener el sollozo que se le escapó entre dientes, sintiendo a cada segundo que pasaba más insoportable el nudo en la garganta.
Había tenido miedo de que Naruto fuese capaz de ver a través a de él y que, quizá, jugara con sus sentimientos a placer. Pero es que, sin querer… Eso era exactamente lo que él había hecho con Naruto.
No tenía excusa ni perdón lo que le había hecho.
Igual que no tenía excusa nada de lo que había hecho en su cuarto de pintura. Por mucha rabia y mucho miedo que hubiera podido sentir; debería haber podido ser capaz de controlarse.
Y sin embargo, una vez más, tenía a todo el mundo preocupándose por él. Y esta vez, por mucho que se sintiera ahogado, no podía reprocharles nada… Se lo había ganado con su actitud.
—Sasuke —le trajo de vuelta su hermano, posando una mano sobre su hombro—, créeme cuando te digo que me gustaría poder serte de apoyo…
"Pero…"
—...Pero me temo que no soy capaz de encontrar las palabras que alivien tu pesar. Sabes que madre y yo te queremos por encima de todo, pero ya no sabemos qué hacer para ayudarte —le dijo con calma. —Y nos duele verte así.
—Ya lo sé —logró decir con la voz rota. —Lo siento, nii-san…
Y es que no encontraba ninguna otra palabra que pudiera expresar lo verdaderamente arrepentido que se sentía por el daño que les causaba. Lo sabía. Claro que sabía todo el dolor que provocaba a su alrededor. Pero aún así, era incapaz de aliviarlo de ninguna otra manera. No sabía cómo quitarse ese peso de sus hombros. Y la única persona que le había dado algo de paz… Ya se había encargado él solito de tirarlo por la borda, como si no fuera más que un objeto sin valor.
"Naruto…"
—Lo siento… —volvió a decir entre dientes.
—Sasuke —volvió a llamarle.
Pero no añadió nada más, cogiéndole de ambos hombros y empujando levemente para que se irguiera.
Y no opuso resistencia.
Aunque hubiese querido, se sentía tan agotado que no le hubiera costado nada a su hermano hacerlo a la fuerza si hubiese sido preciso. Si bien se sentía tan avergonzado de sí mismo que se vio incapaz de mirarle a la cara.
—Confía en Naruto-kun —le dijo con voz suave, pero tono serio—, y escucha lo que tenga que decirte.
—No va a decirme nada, Itachi. Después de lo que le he hecho…
Y no quiso terminar la frase, sintiendo que de nuevo el nudo en la garganta le fuera a traicionar.
Naruto no le iba a perdonar. No después de haber hecho que sus miedos se volvieran realidad.
—Ten un poco de fé, hermano —le sonrió levemente. —Antes o después volverá a ti.
"Lo dudo…"
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Martes, 14 de octubre
21:20
[ Yo: ¿Estáis por ahí? ]
Hacía tan sólo tres minutos que había mandado el mensaje por el grupo de chat que tenía con Karin y con Sakura, pero ya se estaba empezando a impacientar.
Cuando salió del baño se fue directo a su habitación con las intenciones de conciliar el sueño y poder quitarse de encima ese peso que le oprimía el pecho y que, por momentos, le quitaba hasta el aire.
Pero a pesar de sentirse exhausto, no había podido dejar de dar vueltas en la cama.
No había más luz que la poca que entraba por las rendijas de su persiana; la había bajado precisamente para estar en casi total oscuridad y tal vez encontrar algo de calma.
Pero se estaba desesperando, consumiéndose él solo con sus propios pensamientos. Y no quería causar más problemas en casa, suficiente caos había provocado ya. Aún no sabía con qué cara iba a mirar a su madre y explicarle lo que había pasado en aquella habitación… Si es que no lo había visto aún.
Y ya le había provocado suficientes molestias a su hermano también. Sólo le rogaba a los dioses que no tuviera problemas en el trabajo por haber salido de imprevisto aquella tarde.
Y Naruto…
"Naruto…", se encogió abrazándose a la almohada.
Sentía que su cuerpo temblara ante la sóla mención de su nombre, incluso en sus pensamientos. Había sido completamente despiadado lo que había hecho. Tanto que había rogado por que esa estúpida sonrisa no desapareciera de su cara… Y él mismo se había encargado de eliminarla.
"¿Cómo he podido…?", se repitió por centésima vez, secándose la mejilla con la manga.
La vibración del móvil le hizo volver a sus sentidos, y se removió un poco, quedándose boca abajo, estirando el brazo para ver si le habían contestado.
[ Karin: Q pasa? Nos exas d mnos xq no as ido a vr a tu rubio? ]
Apretó los labios e hizo un esfuerzo consciente para respirar con calma.
No quería hablar de él.
Quería apartarle de sus pensamientos, aunque fuera sólo un rato.
Claro que desde hacía ya un tiempo que ése había sido casi el único tema de conversación… Hasta que poco a poco había ido dejando de hablar tanto con ellas.
Sólo pudo suspirar de resignación.
[ Yo: Sí que he ido a verle ]
[ Karin: Y? ]
[ Karin: Abeis ablado? ]
[ Karin: Ohhh… No m digas q abeis stado aciendo manitas… (づ¬‿¬)づ ]
Y no pudo sino suspirar de nuevo profundamente.
"Ojalá hubiese sido eso…", pensó con amargura.
[ Yo: No, Karin, no… No hemos estado haciendo nada ], tipeó con suma lentitud.
"Nada bueno…", especificó para sí.
Y estuvo a punto de no darle al botón para enviar el mensaje, aunque finalmente lo hizo. No tenía ni idea de cómo enfrentarse a esa situación. Pero tampoco sabía cómo empezar a contárselo a las chicas.
"No tenía que haber dicho nada…", bloqueó la pantalla del teléfono, hundiendo la cara en la almohada.
¿Cómo se suponía que tenía que explicarles lo que había hecho… cuando ni él mismo comprendía por qué había reaccionado así?
Había tenido miedo de perder a Naruto, sí… Pero eso no justificaba que se hubiese comportado como un completo déspota.
«Ese chico te quiere con locura. Lo sabes, ¿verdad?», rezumbó la voz de su amiga desde el fondo de su mente.
"Claro que lo sé…", suspiró.
De verdad… Todo lo que estaba pasando no debía ser más que una burla de los dioses. Lo que sentía cuando estaba con Naruto era algo tan intenso que jamás podría compararlo con nada más.
Sí, eso debía ser, una broma de mal gusto por parte de los dioses. Primero se lo ponían delante… Y le cegaban luego para que él mismo se deshiciera de él.
Totalmente irritado por no poder sacárselo de los pensamientos, se cubrió hasta la cabeza con el edredón, quedándose ahí unos minutos cogiendo aire. E intentó concentrarse en su propia respiración. Pero al final, la vibración continuada del móvil le hizo desbloquear la pantalla.
[ Karin: Toncs? ]
[ Karin: Q pasa? ]
[ Karin: T aburres? ]
[ Karin: Si kiers m concto un rato y examos 1 partida al AoC, xo no m puedo qdar asta muy tard ]
[ Sakura: ¿Alguien ha dicho AoC? 。◕‿◕。 ]
[ Sakura: Madre mía… Hace siglos que no jugamos]
[ Karin: X mi no sera (u¬д¬) ]
[ Sakura: Seguro que los chinos nos han destruido las defensas (ಥ﹏ಥ)]
[ Sakura: Vaaaa Sasuke-kun! (o^^)o ]
[ Sakura: Conéctate un rato! (^∇^) ]
[ Sakura: Y Karin, por el amor de Dios, haz el favor de escribir bien… ¬_¬Uu ]
"Eso", asintió algo desganado.
Aún le costaba creer que fuera capaz de entender los jeroglíficos en los que se convertían a veces los mensajes de Karin.
[ Karin: Yo scribo prfctamnt (u¬д¬) ]
"Cuando te da la gana", resopló para sus adentros.
[ Karin: Si no m ntndis s xq no qreis (u¬¬) ]
[ Sakura: Ya ]
[ Sakura: En fin... ]
[ Sakura: ¿Entonces qué? ]
[ Sakura: ¿Jugamos un rato? 。◕‿◕。 ]
[ Karin: Oooooeeeee! ]
[ Karin: Sasuke! ]
[ Sakura: ¿Sasuke-kun? ]
[ Karin: Sasuke temeee! ]
[ Karin: Nos invocas para ignorarnos ahora?]
[ Karin: Ahh? ? ヽ(o`皿′o)ノ ]
[ Sakura: ¿Ha pasado algo? ]
[ Karin: No, q yo sepa… ]
[ Karin: (´;д;`) ]
[ Sakura: ٩(×̯×)۶ ]
[ Karin: Sasuke contesta de una vez, maldita sea]
Y de nuevo, suspiró profundamente.
¿Por dónde tenía que empezar? ¿Por la parte en la que se marchó de su casa? ¿En que se había comportado como un anormal? ¿O por la parte en la que le dijo que le odiaba…?
"Eres un idiota", se maldijo.
Sólo de pensar en tener que tipearlo ya le estaba provocando un nudo en la garganta. Y le dio un vuelco al corazón cuando, de nuevo, su móvil comenzó a vibrar… Y vio que era una llamada de Sakura.
¿Sería capaz de hablar...?
"No", apretó los labios, con la mirada fija en la pantalla.
Y tras casi medio minuto, la llamada se cortó finalmente haciéndole dejar escapar otro suspiro. Pero ni cinco segundos después, volvió a insistir. Y aunque no dijo nada, descolgó.
—Sasuke-kun… —lo llamó tras un largo silencio. —¿Ha pasado algo?
Entonces sonó el timbre de casa desviando su atención por un momento. ¿Qué hora era? Tarde, eso seguro. Debía de ser aproximadamente cuando su hermano llegaba de trabajar. Lo que le hizo apartarse el teléfono de la oreja para comprobarlo y, sí. Diez menos cuarto. Pero Itachi nunca llamaba al timbre. Y aun así, estaba en casa…
"Konan…", suspiró.
Sólo le rogaba a los dioses que no vinieran a llamarlo para bajar y estar un rato en 'familia'. Esa mujer no le había hecho nada. Al contrario, siempre era muy educada, y era igual de tranquila que su hermano… Pero le repateaba en lo más profundo de su ser el saber que algún día, no muy lejano, terminarían por irse a vivir juntos…
—¿Sasuke-kun? ¿Sigues ahí?
—Sí… —contestó con un suspiro.
—¿Estás bien?
—Unn… —apretó los labios.
Si le había parecido todo lo que había ocurrido esa tarde una soberana estupidez, ahora lo encontraba todo incluso más absurdo pero… ¿Qué podía hacer ya? Lo hecho, hecho estaba… No había vuelta atrás.
—Sasuke-kun… —lo volvió a llamar. —¿Al final has ido a hablar con Naruto?
Cerró los ojos e inspiró profundamente, y se mordió el labio con fuerza para evitar que de nuevo la presión en el pecho le venciera. Sabía que hablarlo con alguien le desahogaría… Pero el pulso se le aceleró sólo de empezar a pensar las palabras.
—¿Os… habéis peleado?
—La he cagado… Sakura… —dejó escapar, encogiéndose sobre sí. —La he cagado…
Todo lo silencioso que pudo, tragó con fuerza para intentar aliviar el nudo en la garganta, tomando una buena bocanada de aire después. Y ya empezaba a notar de nuevo el escozor en los ojos...
—¿Qué ha pasado? —le preguntó preocupada.
Pero a pesar de todo, ahora le pareció una terrible idea haberle dicho nada. Empezaba a faltarle el aire y sabía que como no colgara, al final acabaría por contárselo y no quería que lo escuchara llorar. Simplemente de pensarlo se sentía patético.
—Mejor… Mejor hablamos mañana.
—¿Seguro?
—Unn…
—¿Por qué no te conectas un rato? Vamos a jugar un poco, anda. Así te despejas un rato.
Sin embargo, antes de que pudiera ni tan siquiera pensar en ello, unos toques en la puerta hicieron que le recorriera un escalofrío.
"Ahora no…", pidió en sus adentros.
Y se quedó inmóvil al escuchar que se abría la puerta. Si fingía estar dormido, y al estar cubierto hasta la cabeza, tal vez podría librarse por el momento de tener que bajar, y tener que estar en presencia de su madre…
Pero no tendría esa suerte.
Escuchó el sonido del interruptor de la luz y de cómo volvía a cerrarse la puerta. Y no pudo sino suspirar con resignación. Odiaba tener que mantener las formas cuando sabía que con la mirada podría adivinar todo el daño que le había hecho a su madre. Y ella tampoco diría nada con Konan delante…
—Va, Sasuke-kun…
—Creo que hoy no va a poder ser —dijo con un suspiro. —Ya hablamos mañana, Sakura.
—Como quieras —contestó con resignación. —Que descanses.
—Unn… Tú también.
Y colgó.
Con resignación, suspiró de nuevo antes de apartarse el edredón de encima. No sabía de dónde iba a sacar el aire y las fuerzas para permanecer en la misma habitación que su madre…
Y se quedó paralizado al ver que el que estaba plantado en medio de su habitación no era Itachi, sino Naruto.
Su mente quedó en blanco, y su cuerpo totalmente inmóvil, observándole ahí parado, completamente serio, esperando que le dijera algo.
Pero tan sólo pudo pestañear una vez, incapaz de creer lo que veían sus ojos.
"¿Qué…? ¿Por qué…?"
—No quería irme sin hablar contigo… —le dijo tras un tenso silencio.
«Ten un poco de fé, hermano. Antes o después volverá a ti».
—...Pero si he venido en mal momento…
—No.
Y sintió cómo se le helaba todo el cuerpo con tan sólo escuchar su voz, estrangulada. Le había hecho daño. Mucho. Toda esa energía que irradiaba siempre de él… Había desaparecido. Y ese brillo que siempre había en sus ojos… Ahora era pura agonía.
Y de nuevo, todo ese dolor que sentía en el pecho y que había estado intentando aliviar aquella tarde mientras destrozaba su cuarto de pintura, volvió a golpearle con fuerza.
"¿Qué he hecho…?", se mordió el labio intentando para el temblor.
Entonces Naruto salvó la poca distancia que les separaba y, como aquella tarde, se arrodilló frente a él junto a su cama.
—Sasuke, ¿entiendes por qué tengo que irme? —le preguntó con la voz temblorosa al tiempo que le ponía las manos sobre las piernas. —No te mentí cuando te dije que iba a estar ahí para ti, pero necesito unos días para poder pensar con calma.
—¿Para… pensar con calma?
—Unn… Siempre que estoy cerca de ti… —cerró los ojos dejando escapar un suspiro.
Y se mantuvo en silencio durante unos segundos al volver a fijar la mirada en sus ojos. Y cuanto más le miraba, más veía reflejado en ellos todo el dolor que le recorría por entero.
—No puedo pensar cuando estoy contigo, Sasuke —le dijo con la voz quebrada. —No cuando te veo sufrir —apretó los labios.
Naruto, con cuidado, le cogió su mano diestra y le hizo plantar la palma sobre su pecho. Y sintió la fuerza con la que su corazón golpeaba su pecho. Entonces lo comprendió.
—Duele… Duele mucho…
"¿Qué he hecho…?", pensó para sus adentros al ver cómo las lágrimas empezaban a escaparse de aquellos ojos celestes.
Todo su ser se agitó violentamente cuando Naruto fue incapaz ya de contener el llanto.
Y su respiración se tornó completamente desacompasada al tiempo que el frío comenzó a esparcirse por sus venas hasta cada rincón de su ser. Y podía sentir lo mismo en el otro, todo su cuerpo temblando en agonía.
—Lo siento, Naruto… Yo no…
—No me odies, por favor, Sasuke. No me odies…
Sin poder soportarlo más, atrajo a Naruto hacia sí, abrazándole con fuerza. ¿Cómo podría odiarle? En todo caso, y después de todo lo que había hecho, quien tendría que odiarle era Naruto a él. Pero comprendió la razón viendo su propio dolor reflejado en Naruto, que se aferraba a él con la misma fuerza.
Simplemente no podía. Aunque hubiese querido, no podía. Exactamente por la misma razón, o sin razón, por la que él era incapaz de dejar de pensar en él cada día.
Y las lágrimas comenzaron a escapársele ante el sólo pensamiento.
—No te odio, dobe —consiguió decir a pesar del nudo en la garganta, apoyando la frente en su hombro.
—Deja de llamarme dobe, idiota —rio en medio de su llanto.
¿Cómo era capaz de reír? ¿Cómo? ¿Cómo podía perdonarle, así, sin más? A pesar de que Naruto pudiera comprender cuánto sufrimiento llevaba consigo… Y que quizás quisiera justificar con ello el comportamiento que había tenido en la tarde… Debería estar enfadado al menos. Lo suficiente como para mandarle a la mierda por unos cuantos días. Aunque luego le perdonase.
—Naruto —le llamó al tiempo que se apartaba un tanto de él. —¿Por qué no te enfadas? ¿Por qué no me echas nada en cara?
Entonces aquel se pasó la manga de la sudadera por la cara para secarse las lágrimas y se quedó un momento en silencio, tratando de recuperar el aliento respirando por la boca y desviando la mirada hasta sus propias manos, apoyadas de nuevo en sus piernas. Y con suma lentitud, las alzó hasta ponerlas sobre su cuello, y suspiró profundamente antes de apoyar la frente con la suya.
—Porque este no eres tú, Sasuke.
"¿Cómo?"
—El verdadero Sasuke es un chico que quiere a su familia, con ganas de dirvertirse y salir. Es amable, paciente, cariñoso e inteligente. El Sasuke que yo conozco no se quedaría escondido bajo las mantas —rio burlón por un instante, aunque en seguida su gesto se tornó serio de nuevo. —El verdadero Sasuke quiere vivir, no ser un miserable.
Y un latido le golpeó con fuerza en el pecho, haciéndole perder el aire por un instante.
"¿Cómo…?"
¿Cómo había podido saber… exactamente la palabra de cómo se sentía por dentro? ¿Cómo?
Nunca le había mostrado ese lado suyo precisamente porque era una de las cosas que más le asqueaban de sí mismo. Siempre se comportó con él como lo hubiera hecho años atrás, antes de comenzar toda esa espiral de autodestrucción. ¿Cómo podía saber exactamente cómo era por dentro… y aún así aceptarle sin más?
¿Así era como Naruto le veía…?
¿Eso era lo que pensaba de él… después de todo...?
Claro que siempre que había estado con él… Era lo que había querido que viera. No quería dejarle ver lo que los años de impotencia y sufrimiento le habían hecho… No había querido involucrarle en el dolor de su día a día. Pero es que el idiota se lo ponía cada vez más difícil, perdonándole siempre, y viniendo a buscarle.
Y de repente, sintió como si esa presión que le había estado impidiendo respirar se liberase al sentir la calidez de los labios de Naruto sobre los suyos, y cerró los ojos concentrándose en esa sensación.
«Todo irá bien», recordó las palabras que le dedicó. «Todo irá bien...».
.
.
.
CONTINUARÁ…
26/09/20
Bueno... Bienvenidxs a la mente de Sasuke xD
Como bien me dijo una vez Funeral-Of-The Humanity, Sasuke está lleno de disyuntivas que un chico de su edad no debería tener… Por eso que me resulte tan difícil de escribir, y por eso es que en este fic resultaba ser un personaje tan contradictorio =/ Espero que a partir de ahora se pueda entender mejor qué era lo que estaba ocurriendo con él hasta ahora xD Y si no, ya sabéis, comentario al canto =P
Por otro lado... Tanto escribir de una enfermedad sin cura, ahora resulta que soy yo la que tiene una -_- De momento estoy a la espera de visitar un especialista de esta enfermedad, a ver qué me cuenta... Pero ahora muchas cosas empiezan a tener sentido para mí.
Así que por eso, entre otras cosas, he decidido publicar a un ritmo algo más rápido de lo que tenía pensado en principio (aquí en FF será una vez al mes, aprox., pero en Tapas será, semana a semana en lugar de cada dos semanas). Por lo que quizá para mayo terminaré de publicar todo lo que tengo escrito y revisado... Aunque no es el fin de la historia, y entonces entraré en hiatus =/ Pero por lo que me han comentado quienes lo han leído, se puede considerar un "fin de temporada", puesto que la mayor parte de los "problemas" se resuelven en ese punto... Pero bueno, de aquí a mayo pueden ocurrir muchas cosas, así que no quiero adelantar demasiado los acontecimientos xD
Así que nada. Eso. Que volvemos a la montaña rusa ^^Uu Pero ya queda menos.
genesis
Lamento mucho tu pérdida. Me gustaría poder darte alguna palabra de ánimo... Pero en casos así, nunca sé que decir. Sinceramente creo que cualquier palabra está mal dicha porque nadie mejor que tú sabe cómo te sientes v_v Si necesitas hablar, puedes encontrarme en cualquier parte como solochely. Estoy a un mensaje de distancia.
