Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. Este fanfic no tiene ánimo de lucro.

Beta: Usura-tialmant, Funeral-Of-The Humanity & akasha-bennington

Advertencias: Shonen ai, Pov Sasuke. Este fanfic tiene todos los derechos reservados © solochely (2016). La distribución del mismo, parcial o total, en cualquier otro medio -físico o digital- no autorizado será motivo de las acciones oportunas.


Martes, 14 de octubre

22:10

—Y… —apretó levemente los labios. —¿A dónde te vas?

Ninguno apartó la vista de sus manos entrelazadas entre sus cuerpos, tumbados de costado sobre la cama, desde que consiguieron recuperar el aliento tras haber estado llorando como bobos durante el último cuarto de hora. Pero era algo que habían necesitado desde hacía tiempo. Al menos habían conseguido desahogarse, y entenderse al fin de paso.

Aún así, Sasuke no se sentía mucho mejor. El hecho de haberle provocado tanto sufrimiento a Naruto sin ningún motivo… Sólo le hacía sentir punzadas en el pecho por la culpa. Si se hubiera atrevido a hablar con él antes…

—Con mi abuelo, a la montaña. Hace ya unos años que no voy a visitarlo.

—¿No os véis ni en año nuevo? —preguntó algo incrédulo.

—No. Según mi madre, prefiere quedarse con sus amantes en un onsen —rio ahogado por lo bajo. —No es que a ella le haga mucha gracia que me vaya con él… Pero creo que me vendrá bien respirar aire fresco.

—Ya. Espero que no te convierta en uno más de su secta y te quedes con él en el harem —dijo burlón.

Y es que, el ambiente era tan pesadamente serio que no pudo evitar burlarse.

—No seas cretino.

Por primera vez desde que se habían tumbado ahí, notó cómo Naruto se removía para mirarle. E inevitablemente le imitó, sólo para sentir el latigazo que le dio con el dedo en la frente.

—Sólo te quiero a ti, idiota —le dijo serio, resoplando por la nariz.

No es que no lo supiera. Mucho antes de que se lo dijera la primera vez, y aunque había querido ignorarlo hasta entonces, ya se había dado cuenta de que la relación que tenían era tan importante para Naruto como lo era para él.

"Al final el dobe va a tener razón y todo…", sonrió levemente ante la determinación que veía en los ojos de aquel. "Tengo que ser idiota…".

Y antes de que pudiera malinterpretar su silencio, le acarició suavemente la mejilla y se aupó un tanto para besarle en los labios.

Realmente aquello debía de haber sido algún tipo de castigo de los dioses, al mismo tiempo que una bendición. Seguía sin comprender cómo Naruto era capaz de perdonarle… Pero a partir de ahora haría el esfuerzo por sincerarse más con él. Se lo debía.

Sentimiento que se acrecentó al sentir cómo le envolvía con los brazos, y le estrechó fuertemente antes de dejar escapar un suspiro y volver a relajarse.

—Tengo que irme ya, Sasuke… —le dijo en un susurro al tiempo que le daba una leve palmada en la nalga. —Mi madre me está esperando en el coche.

—Unn… —asintió levemente.

Apretó los labios sintiendo que se le acelerase el pulso de tan sólo pensar que no le vería en una buena temporada.

—¿Me llamarás…?

—Claro —sonrió. —Y si necesitas hablar, puedes llamarme cuando quieras —alzó la cabeza para darle un pico.

Y de repente se formó en una sonrisa de autosuficiencia que no le había visto hasta ahora, y que le irritó un poco al saber lo que iba a decir a continuación.

—¿Ya me echas de menos?

—No te lo tengas tan creído —le puso la mano en la cara.

Naruto empezó a reír con sorna al tiempo que le sujetaba de la muñeca. La escena le resultaba tremendamente familiar, si bien solía ser él quien se mofaba del rubio. No al contrario. Por lo que no pudo sino sentirse abochornado de haber sonado tan desesperado. Pero en cierto modo… Se sentía liviano al poder expresarse. Aunque no lo iba a admitir en voz alta, y acabó dándole un mordisco en la nariz.

—¡Au!

—Por dobe —asintió satisfecho.

—Eres un borde… —se quejó con un puchero.

Ambos se quedaron mirando fijamente a los ojos durante unos segundos. Sabía de sobras que le había calado y que, muy seguramente, debía tenía las mejillas rojas como un tomate…

Pero aún así, y a pesar de la evidente irritación, la calma y la resolución en sus ojos le hizo respirar aliviado. Naruto no le guardaba rencor. Le quería sinceramente. Y tenía la firme impresión de que cuando regresara las cosas iban a estar bien de nuevo entre ambos.

Confianza que le quedó más que confirmada cuando el rubio comenzó a sonreír, y antes de que pudiera verlo venir le puso las manos en las mejillas, alzándose de nuevo para besarle. Pero no contento con ello, le cogió de la cintura, obligándole a erguirse junto con él.

Sabía que tenía que marcharse… Pero no quería. No quería que se fuera aún. Y se agarró fuerte a su cuello, dándole un suave mordisco por la mandíbula.

—Va, Sasuke… —se quejó riendo nervioso por lo bajo. —No me lo pongas más difícil…

—Yo no hago nada —le susurró al oído.

Pudo sentir el escalofrío que le dio, conteniendo incluso la respiración por un instante. Si es que el dobe era fácil de sugestionar…

—Repíteme eso cuando vuelva —le contestó en el mismo tono.

No supo bien si fue el leve mordisco que le dio en la oreja, su tono de voz, o la amenaza en sí, pero sintió aquello como una venganza al notar cómo se le ponía la carne de gallina en los brazos. Ya había sentido una buena parte de la fogosidad que se gastaba cuando se dejaba llevar…

Ciertamente, si las cosas no se hubieran complicado, estaba seguro que ya habrían terminado aquello que empezaron.

—Tranquilo, me aseguraré de recordártelo.

Supo que había hecho saltar esa chispa cuando se apartó un tanto para mirarle a los ojos, discerniendo el deseo en ellos. Y aunque fue casi imperceptible, notó cómo se mordía el interior del labio sin apartarle la mirada.

Pero no podía ser. No ahora, cuando Naruto tenía que marcharse; y no en su casa, con su madre y su hermano en el piso inferior…

Hilo de pensamiento que seguramente captó Naruto al instante, pues dejó escapar un suspiro de resignación al levantarse de ahí.

—Bueno, pues… —se rascó la nuca algo ausente. —Ya hablamos…

—Unn… —asintió.

Pero a pesar de que sabía que debía dejarlo estar, no pudo evitar darle una nalgada cuando salió de su cuarto, al pasar frente a él. Rio entre dientes al verle caminar de espaldas, empezando a notar el rubor en sus mejillas.

—¿Ahora huyes? —alzó una ceja.

—Eres muy valiente cuando sabes que no puedo hacer nada —murmuró.

—Hmmm… —alargó la sonrisa.

Y es que… No lo podía evitar. Verlo completamente ruborizado por las imágenes mentales que muy seguramente se estaban recreando en su cabeza… Era demasiado tentador como para ignorarlo.

Sin embargo, el humor le duró lo que tardaron en llegar hasta las escaleras y salir de la pequeña burbuja en la que se habían sumido. Escuchaba de fondo el televisor del salón y aún no había hablado con su madre sobre lo que había pasado esa tarde… Ni sobre Naruto…

Así que se mordió el labio e intentó contener las ganas de besarlo cuando, tras ponerse las zapatillas, se irguió frente a él antes de marcharse.

—Cuídate —le susurró.

—Unn… Tú también.

Y ambos se quedaron ahí, mirándose frente a frente.

Sentía la necesidad de asegurarse de alguna manera de que Naruto, aunque sólo se fuese por unos días, no le iba a dejar. Que iba a regresar. Sabía que no tenía que dudar de él, más claro que aquella visita no había nada, pero aún así…

Sin querer pensarlo de nuevo, echó un vistazo rápido por encima del hombro y, al cerciorarse de que no había movimiento por el salón, salvó los pocos pasos que los separaban y se abrazaron fuertemente. Aún no se había marchado y sentía que había pasado ya una eternidad.

—Volveré pronto —le susurró.

—Más te vale —suspiró.

Era en momentos como ése en los que más envidioso e impotente se sentía.

Aunque Naruto le hubiese permitido ir con él —cosa que no cabía preguntar si lo que necesitaba era estar solo—, tampoco era algo que se pudiera plantear. No cuando al día siguiente tendría que levantarse temprano para ir a la clínica a enchufarse a aquella máquina…

Y no pudo sino suspirar de nuevo, resignado, posando las manos sobre sus mejillas y dándole un último beso en los labios.

Todo su cuerpo se tensó por entero al escuchar un carraspeo a su espalda, y reconocer que había sido Itachi.

De un respingo, ambos se apartaron, incapaces de apartarse la mirada durante unos segundos. Y aguzó el oído, con las pulsaciones resonándole en los oídos, sintiendo cómo los pasos de su hermano se dirigían hacia el fondo del pasillo, hacia la cocina.

Naruto miró por encima de su hombro un instante antes de devolver su atención a él.

—Bu-bueno… —rio nerviosamente Naruto. —Nos vemos…

—Unn… —asintió.

Y en cuanto cerró con sigilo la puerta tras Naruto… Ladeó la cabeza, cubriéndose la cara con el flequillo, sintiendo el rubor golpearle la cara.

Los había pillado.

Aunque bueno… Dentro de lo malo… Itachi ya lo sabía… Suerte que no había sido su madre.

Aún así, sintió una llamada desesperada de su cuerpo para que saliera corriendo de ahí. Si bien se sentía incapaz de mover ni un sólo músculo, aún con la mano en el pomo.

"Actúa con normalidad…", inspiró profundamente.

Tampoco es que los hubiera pillado en medio de un beso apasionado, ni metiéndose mano.

Pero todas las tonterías se le apartaron de la cabeza cuando pasó por delante de la puerta del salón y vio a su madre acurrucada en un extremo del sofá, con una manta encima, mientras leía algunos documentos. Parecía totalmente concentrada en ello…

Y de nuevo la culpa de lo que había pasado en la tarde le absorbió.

Se quedó ahí parado en mitad del pasillo, debatiéndose con qué afrontar primero. Sin embargo, debió de tomarle más tiempo del que realmente fue consciente pues vio que su madre levantaba la vista en su dirección. Y aunque en un primer momento no pudo evitar apartar la mirada, llevándose la mano al cuello… Decidió que era lo más justo. Le debía una explicación.

—¿Qué pasa, hijo? —le preguntó con calma mientras se acercaba.

—¿Estás ocupada? —señaló los papeles que tenía en la mano.

Algo ausente bajó la vista de nuevo, y entonces supo que simplemente había estado intentando distraerse. Pareció que ni tan siquiera se había dado cuenta de lo que estaba leyendo hasta ese momento.

—Oh, no, que bah —apiló las hojas apresurada, guardándolas en una carpeta. —Estaba repasando los ratios de ventas, ya sabes… Últimamente la competencia no da tregua —sonrió levemente.

A lo que simplemente suspiró con amargura, y tragó con fuerza. Era obvio, y razonable, que su comportamiento la había perturbado, aunque ella no quisiera reconocerlo.

Con cuidado, se sentó a su lado cuando le hizo sitio. Tuvo la necesidad de tenerla lo más cerca posible, sin poder dejar de morderse el interior del labio mientras buscaba las palabras para empezar. Si bien, por más vueltas que le daba… Si no le contaba lo de Naruto no lo iba a entender. Y aún así, por mucho que quisiera justificarse, no tenía excusa.

—Mamá… Siento mucho lo de esta tarde —le dijo en un murmullo, sin atreverse a mirarla a la cara. —Yo… No sé… No sé qué me ha pasado.

Bueno, en parte sí lo sabía. Claro que sabía que había sido un ataque de rabia que había canalizado contra todo lo que había en aquella habitación, por no hacer ninguna otra estupidez… Rabia que le había sobrevenido al pensar que Naruto iba a dejarle cuando las cosas parecían empezar a marchar bien de nuevo entre ellos. Pero... ¿cómo explicárselo?

—Hijo, no sé qué decirte —contestó con voz apagada.

Y por un momento, perdió el aire al escucharla así. Más, cuando sintió que le acariciaba suavemente la mano, para agarrarla con algo más de firmeza después. Y de nuevo ese sentimiento de odio hacia sí mismo creció con rapidez en su pecho.

—No sé qué hacer para que te sientas mejor —le dijo ella con la voz entrecortada. —Si tan sólo tu padre estuviera vivo… Él podría… Él podría…

Y bajo su desesperación, comenzó a llorar.

Durante largos y tensos segundos no pudo sino observarla estupefacto.

Nunca lo había hecho delante de él. O al menos no si era consciente de que andaba cerca. Alguna vez la había visto apartándose las lágrimas en silencio, cuando se creía sola en la cocina. Pero nunca abiertamente.

Y entendía su sufrimiento, pues no era la primera vez que mentaba a su padre. Por su culpa, y por aquel maldito día en que la acusó de su desgracia. Si ella misma pudiera, sabía que le habría donado ya uno de sus riñones.

Era una de las primeras cosas que hicieron, pese a que se opuso totalmente, cuando les dieron la noticia de que tendría que empezar con la diálisis. Pero tanto ella como su hermano eran incompatibles con él. Él único que quizá podría haberlo hecho era su padre. Y de todas maneras era algo de lo que no le gustaba nada hablar con ellos.

Ya se sentía como un completo estorbo como para ni tan siquiera pensar en quitarles, literalmente, un pedazo de su cuerpo.

Y se maldijo una y otra vez por ser incapaz de controlar esos ataques de ira que le daban. Si aquel día hubiera conseguido mantener la boca cerrada… Si aquellas palabras no las hubiera pronunciado nunca… Quizás su madre pudiera dejar de culparse alguna vez.

—Mamá, lo siento —la abrazó fuertemente contra él. —Lo siento, de verdad —tragó con fuerza para quitarse el nudo de la garganta. —Tú no tienes la culpa.

—Mi niño… —murmuró al tiempo que se aferraba a su espalda.

Si ya se había sentido miserable al ver el estado en el que había aparecido Naruto… Ahora sentía como si se le rompiera el alma, con su madre entre sus brazos. Cualquier bocanada de aire que pudiera tomar era insuficiente al sentir la angustia de aquélla, estrechándole con fuerza como si fuese a desaparecer de un momento a otro.

Sabía lo mucho que se reprendía a sí misma… Por su culpa. Pero nunca se había replanteado el verdadero sufrimiento por el que pasaba.

Desolado, alzó el mentón buscando el aire que respirar. Fue entonces que entreabrió los ojos y se percató de que Itachi estaba inmóvil, apenas unos pasos más allá de la puerta.

Sabía que la había cagado hasta el fondo ese día… Y sabía que no tenía excusa ni perdón. Pero aún así no pudo evitar suplicarle con la mirada que le ayudara, incapaz de pensar en nada para consolar a su madre. Y por un momento creyó que le iba a castigar, abandonándolo a su suerte, cuando aquel suspiró apartando la mirada.

Pero al verlo acercarse con calma a ellos... No supo si sentirse aliviado, o aguardar a su castigo para más tarde. Lo que no se esperó fue que, en lugar de decir alguna palabra tranquilizadora, se pusiera de rodillas junto al sofá y se abrazó a ambos, apoyando la frente sobre su hombro.

Así se quedaron durante unos cuantos minutos en los que su mente quedó completamente dividida, sin saber cómo debía sentirse: si devastado por el obvio sufrimiento que había estado causándole a ambos, o aliviado de que tal vez las cosas fueran a ir mejor de ahora en adelante.

Y es que, por alguna extraña razón, las palabras de Naruto no paraban de resonar en su cabeza, repitiéndole una y otra vez que todo iría bien.

Lo que le recordó que ese era otro tema del que tenían que hablar para que así su madre pudiera comprender qué estaba pasando con él últimamente… Pero por el momento lo dejaría estar. Se sentía completamente agotado y ya les había dado suficientes disgustos ese día a todos.

—Va, mamá, Itachi —les llamó la atención, irguiéndose un poco. —Vámonos a dormir que es tarde ya.

—Unn… —asintió ella levemente.

Sin decir nada más, se quedó ahí observando cómo su hermano cogió el mando del televisor y lo apagó, y su madre se levantó con algo de torpeza y plegó la manta que había estado usando.

De alguna manera, aquélla parecía haberse calmado al menos un poco, pero igualmente no podía dejar de reprocharse el haber llegado hasta este punto. ¿Cuándo fue la última vez que se habían abrazado…?

Ya ni lo recordaba. Hacía tantos años que se le había olvidado.

Cosa que le hizo sentir aún más culpable e hipócrita. Había sido él quien le dijo a Naruto que debía dejar de guardarse las cosas para sí mismo… cuando él era el primero que se sentía incapaz de hablar abiertamente con nadie acerca de lo que le atormentaba.

Un leve toque en la frente le hizo salir de su ensimismamiento para encontrarse con el gesto calmado de su hermano, haciéndole fruncir el ceño levemente. Esperaba por los dioses de que no fuera capaz de leerle el pensamiento y hacerle sentir aún más lamentable.

—Va, no te quedes aquí solo.

—Unn…

Aunque, quizás, esta vez tendría suerte.

—Ahora cuando me ponga el pijama voy a tu cuarto —susurró con tono serio.

O quizás no.

¸,ø¤º°`°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸¸,ø¤º°`°º¤ø,¸

Martes, 14 de octubre

22:50

No podía evitar sentirse como cuando era un crío, ahí medio recostado en la cama, mientras esperaba a que viniera su hermano. Andaba echándole un vistazo a las notificaciones de su blog y las novedades de otros blogs que seguía, aunque realmente estaba pasando muy por encima. En verdad no le interesaba nada ya, no sabía por qué no dejaba de entrar en esa página que lo único que conseguía era hacerle perder el tiempo y ponerle de mal humor… Pero al menos así no parecería tan inquieto, como en efecto se sentía, cuando su hermano cruzara por el umbral de la puerta.

No sabía por qué de todo le iba a echar la bronca… Aunque bueno, fuera por lo que fuera, debería aceptar sus palabras sin rechistar. Se lo había ganado a pulso.

Por eso, en cuanto se abrió la puerta, simplemente le dirigió la mirada fugazmente para cerciorarse de que era él, y se echó a un lado contra la pared para dejarle sitio. Aquél no dudó ni un instante en aceptar la invitación silenciosa a que se sentara a su lado. Aunque más bien, seguramente por el cansancio del día, prefirió tumbarse.

Y así se quedó, tumbado boca arriba, con las manos entrelazadas sobre su vientre, y los ojos cerrados. Parecía tan tranquilo ahí, sin decir nada, muy seguramente siendo consciente de su tensión, que empezó a hacerle sentir aún más inquieto si cabía.

—¿No tienes nada que contarme? —soltó al aire tras unos minutos.

—¿Como qué?

—Como por qué estaba llorando madre.

Y sintió sus palabras como una bofetada.

Debería haberle sido obvio sobre qué quería hablar…

Debía empezar a seguir su propio consejo y empezar a abrirse si quería que las cosas mejorasen... Así que bloqueó la pantalla del móvil, dejándolo a un lado, y se cruzó de piernas, dejando reposar la espalda completamente sobre el cabezal.

—Porque soy un idiota, Itachi —suspiró. —Ya sabes lo que le dije a mamá hace años… —apretó los labios, no queriendo repetir aquellas palabras.

Sabía que no era necesario. Era algo que, de seguro, se había quedado grabado a fuego en sus memorias. Y durante lo que a él le pareció una eternidad, permaneció en silencio esperando algún tipo de reproche. Pero al ver que no llegaba, decidió seguir.

—Fui a decirle que lo siento… Por lo de esta tarde —le aclaró. —Y…

Su respiración estaba comenzando a agitarse con tan sólo recordar la desesperación de su madre.

—Y estaba intentando encontrar las palabras para explicarle lo que había pasado con Naruto… —comenzó a tirar algo inquieto del borde del pantalón del pijama, sintiendo cómo las lágrimas le resbalaban por las mejillas.

Sabía que iba a terminar explotando en un ataque de ansiedad con todo aquello. Exactamente el motivo por el que le dijo a Naruto que no se callara cuando algo le taladraba la mente. Por lo que se forzó a seguir hablando, a pesar del bochorno de llorar frente a su hermano después de todo lo que había pasado hoy.

—Me cogió de la mano y empezó a hablar de papá… Que si él estuviera vivo…

Y ya no pudo contener el sollozo, girándose contra la pared para apoyar la frente y que no le viera la cara.

Sabía que no tenía que explicarle nada de lo que había tras aquello. Eran muy pocas las veces que mentaban a su padre, al menos delante de él, y casi siempre relacionado con la mala suerte de haber heredado su grupo sanguíneo.

—Si tan sólo no le hubiera dicho aquello, Itachi… Si nunca me hubiese escuchado decirlo... —murmuró entre dientes. —Siento que no soy más que escoria.

—Sasuke —le llamó al tiempo que se removía a su lado. —Ven aquí, anda.

Aunque sintió que le diera una punzada en el pecho, tuvo el reflejo inconsciente de darle un manotazo cuando posó la mano sobre su hombro. Seguía sin poder entender cómo todo el mundo era capaz de perdonarle, fuese lo que fuese que hiciera, fuese lo que fuese que dijera.

Era un completo desconsiderado para con todos los que se atrevían a rodearle y, aún así, no eran capaces ni de enfadarse con él. Odiaba que le tuvieran lástima. Pero más odiaba que le perdonaran por esa razón.

—¿Por qué...? ¿Por qué no me dejáis en paz? —consiguió decir con la voz rota cuando su hermano logró abrazarle.

—Porque te queremos, Sasuke —contestó con calma. —Ya te lo he dicho antes, nos duele verte así.

Respiró conscientemente para intentar calmarse y oxigenarse un poco, y se aferró a su hermano, apretando la cara contra su hombro para impedir que de nuevo aquella espiral de pensamientos le engulleran.

Empezaba a dolerle la cabeza y se sentía totalmente exhausto y consumido por no poder dejar de pensar en ello ese día. Si bien sabía que necesitaba expulsarlo todo de su mente. No podía permitir que algo como lo que había ocurrido aquel día volviera a suceder. No si quería que las cosas cambiaran.

—Odio que todo el mundo se compadezca de mí —dijo con relativa calma. —Odio que me miréis con lástima y que mamá haga todo por mí. Me hace parecer aún más inútil de lo que ya me siento.

Ambos se quedaron en silencio. Sabía que no hacía falta explicarle a qué se refería. Desde que le diagnosticaron la insuficiencia renal, cada vez más su madre sentía la necesidad de hacer cualquier tarea que le tocara a él en casa. Vale que los vapores de los productos químicos eran especialmente perjudiciales para él, pero con una buena mascarilla se podría solucionar el problema. En cambio, su madre decidió unilateralmente liberarle de esa obligación. Y vale que se cansaba rápidamente con cualquier tarea que requiriese algo más de movimiento, pero a parte de sus encargos esporádicos, no tenía nada más que hacer, así que podía parar a descansar tranquilamente y continuar después.

Pero su hermano no le dijo nada.

Por un instante había pensado que, tal vez, le fuera a reprochar que hablara así de su madre. Más con todo lo que había pasado. Y no es que no la quisiera, pero era un aspecto de ella que cada vez le irritaba más por el sentimiento de inutilidad que le provocaba. Sin embargo Itachi se limitó a pasearle la mano por la espalda de forma reconfortante. Y estaba empezando a molestarle que no le echara en cara nada, pero se dio por vencido antes de que le enfadara lo suficiente como para no querer seguir hablando.

Ya había tenido bastante por ese día.

—A veces me dan ganas de mandarlo todo a la mierda y comer hasta reventar —dijo con la voz ahogada, dejando que se le escaparan las lágrimas. —No sé qué coño le echa Naruto al curry pero le sale muy bueno… —le contó en medio de su llanto. —Y me gustaría poder emborracharme con él y poder… Y poder hacer el imbécil… Sin miedo a... Sin miedo a…

Pero no se atrevía ni a terminar la frase. Menos aún al sentir que Itachi estrechó su abrazo, apoyando la cara sobre su cabeza.

Era algo que ya le habían dicho los psicólogos que era normal sentir, dada su situación, pero que no debía temer. Sabía que gracias a los avances científicos su esperanza de vida no era tan reducida como podría haberlo sido tan sólo diez años atrás… Pero aún así, le aterraba pensar en ello.

—No es justo que un padre tenga que enterrar a su hijo… —dijo con la voz entrecortada. —Y ahora que he conocido a Naruto… —cogió aire a grandes bocanadas. —No me quiero morir, niisan… No quiero morir…

—No vas a morir, Sasuke —le acarició con cuidado por el brazo, dándole un leve apretón. —Si te cuidas y esperas con paciencia, llegará alguna donación.

—Fu —resopló con sarcasmo. —Sí, claro… Como la última vez, ¿no?

Y hubo de morderse el labio para que su irritación no fuera a más. Sólo de recordarlo hacía que aquel vacío creciera.

Aquel día… Aquel día lo hubiera mandado todo a la mierda si no hubiese sido por Naruto.

Era la segunda vez que en el último momento, cuando ya todas las pruebas estaban hechas… ponían por delante a otra persona que lo necesitaba más urgentemente. Sabía que era egoísta de su parte sentirse traicionado por algo así cuando él mejor que nadie sabía el calvario que era aquéllo… Y que si la vida de la otra persona pendía de un hilo, era lógicamente justo que se lo dieran primero.

Pero su parte irracional no lo aceptaba.

Y aquel día de verano se encontraba al borde de un abismo cuando la realidad le abofeteó, después de haber visto cercana la esperanza de poder regresar a tener una vida normal. Si Naruto no le hubiese encontrado antes de coger el tranvía de vuelta a casa… Si no le hubiera invitado a entrar en su vida…

—No debes de perder la esperanza, Sasuke —le dijo en un susurro. —Más tarde o más temprano llegará. Sólo tienes que ser paciente.

Suspiró con amargura, sintiéndose derrotado, y dejando reposar todo su peso sobre el costado de su hermano al tanto que aquel no dejó de pasearle las manos por la espalda.

Paciencia era un término que ya no comprendía su entendimiento. Había habido momentos en los que se había sentido completamente superado por sus miedos; y, a causa de ello, había hecho sufrir a todo el mundo a su alrededor.

Nunca tuvo la intención de involucrar a Naruto en todo esto, pero el idiota era más perceptivo de lo que había podido imaginarse… Y aunque en buena parte siempre le había aliviado, ya que así atajaba el hecho de tener que explicarle nada… Sólo había conseguido, inconscientemente, absorberlo en su pesadilla personal.

Motivo por el que quiso apartarlo de él. No quería arrastrarle en toda aquella agonía. Pero el muy tonto parecía ser masoca… Y no hacía más que volver una y otra vez, poniendo a prueba su nula fuerza de voluntad.

Sabía que cuando hablaran a las claras cuando regresara iba a poner sobre sus hombros una carga demasiado pesada. Pero por alguna inexplicable razón, sentía que Naruto era el único que podría sobrellevarlo.

Si en esa mísera vida que le había tocado vivir había alguien capaz de entenderle realmente, ése era Naruto.

Sin embargo, siempre que le daba un pensamiento… No podía evitar sentirse dividido entre sus propios deseos y lo que deseaba para el bobo. A pesar de todos sus miedos, Naruto era un espíritu libre, sin ataduras, que hacía y deshacía a su antojo. Y aunque entendía el por qué de que quisiera atarse a él… No dejaba de parecerle estúpido.

Pero…

—Me gustaría poder viajar algún día a España y ver por mí mismo todo lo que me ha contado Naruto… —murmuró. —Y poder salir a correr sin quedarme atrás… Y quiero hincharme a mochis* y a helado hasta reventar.

No pudo sino poner un puchero al sentir la suave risa de su hermano. Sabía que no se estaba burlando de él… Y sabía que eran tonterías como las que diría un crío… Pero es que ese suma y sigue de pequeñas tonterías era lo que más lo terminaba frustrando.

—Quiero poder beber un té sin tener que estar pensando en cada sorbo que doy —dijo con voz temblorosa. —Y no es que me guste mucho, pero sólo por decir que puedo, quiero comerme una tableta de chocolate entera yo solo.

De nuevo, y a pesar de querer contenerlo apretando los dientes, el llanto se le escapó de la garganta.

—Es una mierda tener que fingir que no tengo sed cuando todo el mundo está bebiendo delante de mis narices.

—Ya lo sé, Sas-

—¡No! ¡No lo sabes! —estalló. —¡No tienes ni idea de lo que es eso cuando tú no tienes que pensarlo con cada sorbo que das! ¡No tienes que pensar en cuánto se te va a hinchar el cuerpo, ni en que te puede dar un infarto si te pasas! ¡Ni en que te va a subir la tensión si te tomas un café o un té! ¡Ni en que te vas a quedar enganchado si te comes un plátano porque te va a subir el potasio! ¡Ni en qu-!

—Shhh… —le cortó. —Ya está, Sasuke.

Fue entonces consciente de que estaba empezando a marearse por estar hiperventilando. Y su corazón palpitaba frenético contra su pecho. Por lo que se concentró todos sus esfuerzos en controlar su respiración. Lo que le llevó unos cuantos minutos, haciendo un esfuerzo consciente para no respirar por la boca.

Tragó con fuerza para deshacerse del molesto nudo en la garganta cuando finalmente fue capaz de volver a un ritmo normal, y así se quedó, aún con un leve temblor en los labios y los ojos cerrados.

Y en parte se sentía algo aliviado de haber soltado todo aquello… Pero por otro lado se arrepentía. Ese día pareciera que todo lo fuera a consumir, y estaba permitiendo arrastrar a su hermano con ello.

«No me odies, por favor, Sasuke. No me odies…»

Y a Naruto.

La punzada que le dio en el pecho al recordar su súplica hizo que se le arrugara profundamente el entrecejo y el temblor de los labios fuese casi incontrolable. Por lo que apretó con fuerza los ojos y se mordió el interior de la mejilla, intentando controlar su respiración para no pensar más en ello.

Se sentía absolutamente exhausto.

—No os odio, niisan… —murmuró cuando se sintió dueño de sí mismo. —Es sólo que…

—Ya lo sabemos, Sasuke —le dijo con calma sin abandonar su caricias. —Ya sabemos que este no eres tú. Es por eso que no duele verte así, no porque nos des lástima, bobo —le apretó levemente hacia sí.

Y aquella declaración le hizo sentir como en un déjà vu. Itachi nunca le había dicho algo así… Y era la segunda vez aquella noche que lo escuchaba.

Algo torpe se irguió lentamente, hasta quedar sentado, para poder mirarle a la cara, incrédulo de que le hubiese dicho lo mismo que Naruto. Claro que era simplemente lógico que Itachi llegara a esa conclusión, habiéndolo visto crecer…

Pero le chocó que utilizara las mismas palabras. Y que le sonriera de la misma forma que Naruto, serena y relajada.

¿Por qué hasta ahora no había podido ver más allá de lo que él había considerado lástima?

Claro que sabía que su madre y su hermano le querían… Pero en algún momento ese sentimiento que recibía de ellos se había ido transformando en algo completamente distorsionado de la realidad.

—Lo siento… —murmuró agachando la mirada.

—Está bien, Sasuke —susurró.

Y aunque vio cómo levantaba la mano, esta vez no quiso impedir que le golpeara levemente en la frente con los dedos, como solía hacer cuando era un crío y que durante los últimos años le había hecho sentir ridículo.

Se quedó ahí observando cómo volvía a entrelazar las manos sobre su vientre, con esa calma que siempre le acompañaba. No sabía si sentirse frustrado o alegrarse de que se tomara todo tan tranquilamente, pero en ese momento le dio exactamente igual. Ya no podía más. Apenas era capaz de mantener los ojos abiertos, y sentía todo su cuerpo terriblemente pesado.

—¿Te has tomado ya las pastillas?

—No…

Ambos suspiraron casi al unísono. Él por la irritación de haberse olvidado y su hermano por la resignación de que fuese tan dejado. Hacía algo más de una hora que debería habérselas tomado, pero con todo lo que había pasado en el día, se le había olvidado por completo.

Y aunque normalmente se hubiera levantado a prisa antes de que se le pudiera adelantar… Esta vez no hizo por mover ni un músculo, observando algo ausente a su hermano mientras se erguía para luego encaminarse hacia la puerta en silencio. No porque no quisiera, sino porque no podía más. Ese día había sido agotador en todos los sentidos.

¿Cómo había llegado hasta tal punto?

Lo que ahora empezaba a extrañarle era cómo habían podido sus amigos soportar sus cambios de humor y sus malas contestaciones durante tanto tiempo. Había dado por sentado que ellos siempre estarían ahí y nunca se había replanteado que, de verdad, fueran a dejarle en paz —como tanto pedía a veces— a pesar de que en el fondo rogaba por que no se marcharan.

"¿Ellos también me ven como Naruto…?", se preguntó jugueteando de forma distrída con el borde de su pantalón.

—Ten —le entregó su hermano un vaso de agua cuando regresó.

Y sin decirle nada, Itachi abrió el primer cajón de su mesita, donde sabía que guardaba su pastillero.

Por un momento quiso reprocharle que hurgara en sus cosas sin tan siquiera pedir permiso… Pero le importaba ya bien poco. Si veía los condones que tenía guardados al fondo, tampoco era como si se fuera a escandalizar.

Aún así, dejó escapar el aire por la nariz lentamente cuando, tras entregarle su medicina, cerró de nuevo el cajón. Con fingida calma se tomó las pastillas y de igual modo dejó el vaso sobre la mesita.

Pero no podía sentirse tranquilo.

El silencio con el que su hermano observaba cada uno de sus movimientos empezó a enervarle. Claro que muy seguramente necesitaría tiempo para digerir todo lo que le había soltado a bocajarro… Así que quiso restarle importancia por el momento y se tumbó de nuevo pegado a la pared, dado el caso de que Itachi quisiera hacerle compañía un rato más.

Hasta que abrió la boca.

—De todas maneras, me alegro de que al menos hayas solucionado las cosas con Naruto-kun —le dijo con una leve sonrisa, cruzándose de brazos.

—Unn…

Consiguió no hacer ninguna mueca, fijando su mirada en el techo. Cruzó las piernas por los tobillos y las manos sobre su vientre, fingiendo indiferencia. Después de todo lo que habían hablado se sentía tremendamente abochornado de que les hubiera pillado besándose en el recibidor…

—¿Cuándo nos lo vas a presentar?

A conciencia, tomó un par de profundas respiraciones sintiendo que le golpeara el calor en la cara.

Cierto que ya se habían conocido… Pero no…

—Como tu pareja, quiero decir.

—¡Itachi!

—¿Qué? —se le escapó una suave risa, al tiempo que tomaba asiento de nuevo a su lado.

Y sintió la necesidad de alejarse de él.

No sabía con qué le iba a saltar ahora, pero a pesar del cansancio, encontró las fuerzas para incorporarse y alejarse lo suficiente como para que no le llegase a poner una mano encima.

—¿Cómo quieres que le presente como mi… como mi… —quería decir novio, pero es que de repente el término le sonaba ridículo; todo le parecía ridículo cuando tenía que vocalizarlo—, … si mamá ni siquiera sabe que soy gay?

—¿No? —levantó una ceja, aparentemente divertido.

Gesto que le provocó un escalofrío que le recorrió el cuerpo ante la idea.

—¿Se lo has dicho…? —preguntó incrédulo de que le hubiera delatado.

—No, tonto, pero madre no es estúpida —rio por lo bajo de nuevo.

—¿Lo… Lo sabe?

—Es posible —asintió levemente.

De nuevo, aquel se cruzó de brazos y se dejó reposar contra el cabezal sin apartarle la mirada. Algo sabía que no le había contado…

—Suéltalo —le inquirió.

—Digamos que… No eres demasiado discreto —afiló su sonrisa.

¿Que no era demasiado discreto?

"Oh, mierda…", entreabrió los labios cogiendo un poco de aire.

¿Sería por aquella vez que besó a Naruto delante de casa? La verja estaba cerrada, estaba seguro de ello. Desde el interior no podrían haberlo visto… A menos que estuviera en la planta de arriba.

¿O es que los había visto alguna vez mientras paseaban por el centro…?

—Habla —urgió ante el silencio repentino de su hermano.

El cabrón lo debía estar disfrutando.

—Fue hace ya años… Cómo era que se llamaba… —cerró los ojos pensativo.

"¿Hace… años?", sintió que le palpitara el pecho.

Y por un momento cruzó por su mente que tal vez se hubiese enterado de lo de Yahiko. Aunque dudaba mucho que su hermano se lo tomara tan buenamente si lo supiera… Aquél era uno de sus mejores amigos, y si se enteraba de lo que estuvieron haciendo aquella noche en su cumpleaños, y alguna que otra vez cuando estaban solos en casa antes de que llegara Itachi del trabajo… No las tenía todas consigo de que no se fuera a cabrear. Y tampoco quería ser el culpable de romper la amistad que ambos tenían desde pequeños.

—¡Ah, sí! Ashura-kun.

—¿A… Ashura? —frunció el ceño confuso.

—Venga ya, Sasuke. ¿Me estás diciendo en serio que te has olvidado de él?

Sintiéndose totalmente estúpido, asintió en silencio sin apartar la mirada del repentino rostro incrédulo de su hermano. Aquel pestañeó unas cuantas veces más hasta que pareció convencerse de que no le estaba mintiendo.

—¿Castaño, que siempre llevaba una especie de bandana en la frente, medio hippie…?

Y de repente, como en un flash le vino la imagen a la cabeza. Aquel fue un compañero de clase durante su primer semestre en la universidad…

—¿¡Desde hace tanto!? —se quedó con la boca abierta, provocando que Itachi riera más abiertamente.

—Como te digo, no eres demasiado discreto. Un día, el primo Sishui y madre iban camino de una reunión en el coche, y os vieron paseando muy pegaditos el uno al otro —lanzó una mano para pellizcarle en la nalga.

Le apartó de un manotazo sintiéndose estúpidamente abochornado. ¿Había estado escondiéndose de su madre todos esos años… cuando ella lo sabía!?

—¿¡Por qué no me habíais dicho nada!?

—¿Qué querías que te dijéramos? Poco después de aquéllo fue cuando empezaste con la diálisis… Y, bueno…

Y dejó la frase en el aire.

No necesitaba agregar nada más, realmente. Con la depresión que le dio… Era un tema totalmente irrelevante en aquel entonces.

—También te vio un par de veces con Kimimaro-kun —dijo con sorna. —Y con… ¿Cómo era? ¿Utakata-kun?

—Vale, vale, ya lo pillo… —se cubrió la cara con la mano abochornado.

De nuevo, tomó una profunda bocanada de aire.

Si su madre lo sabía ya… Facilitaba un poco las cosas. Aunque no estaba del todo seguro que fuera un buen momento para contarle lo de Naruto. Aparte de la escena que había montado hoy… Y aunque tenía el firme presentimiento de que todo iba a ir bien con Naruto… Había dicho que necesitaba pensar. Sólo le rogaba a los dioses que ahora no cambiara de opinión y decidiera dejarle.

—Vale… Lo pensaré.

Suspiró otra vez resignado al sentir la mano de su hermano sobre su hombro y darle un leve apretón. Y no pudo evitar mirarlo con reproche cuando aquel se levantó. ¿Por qué diantres no le había contado eso antes?

—Cada cosa en su momento —le dijo al tiempo que le golpeaba en la frente, como leyéndole el pensamiento.

—Lo que tú digas —contestó con terquedad, apartándole la mano.

Y aunque se sintió algo malhumorado por enterarse ahora, después de tanto tiempo, que su madre conocía de su orientación sexual… Por otro lado pudo respirar aliviado de que por fin podía hablar con más sinceridad. Quizás le esperaban unos cuantos días un tanto duros por delante…

Pero, al igual que Naruto, los utilizaría para reflexionar y poner en orden sus ideas y sus prioridades.

Aunque por lo pronto…

En cuanto su hermano le dio las buenas noches y apagó la luz antes de salir de la habitación, se cubrió con las mantas. Y antes de que pudiera tan siquiera darle un sólo pensamiento, se quedó dormido de puro agotamiento.

.

.

.

CONTINUARÁ…


*mochi: pastel japonés hecho a base de harina de arroz, generalmente relleno con pasta de judía roja, o matcha (té verde japonés).


25/10/2020

¡Uolas!

Hasta aquí el capi de hoy Cx

No me cansaré de decir lo difícil que me resulta escribir a Sasuke x_x Aunque bueno, aquí ha tenido un respiro (más o menos xD), pero esto no ha terminado aún ^^Uu

Y pues, este capítulo no ha sido revisado en cuanto a faltas de ortografía y redundancias (mi beta está recuperándose de una operación, ¡mandadle buenas vibras!) así que es muy probable que hayáis encontrado cosas por ahí… sorry for that n_nUu Pero como dije en el cap anterior, quiero acelerar un poco la publicación... Así que las correciones que puedan haber, las actualizaré más adelante cuando las tenga (no sé cuándo será eso, pero bueno, no importa xD)

También recordaros que podéis encontrarme prácticamente en cualquier plataforma como "solochely", y que en Tapas (tapas punto io barra solochely) iré publicando el siguiente capítulo poco a poco de forma semanal, por si no podéis aguantar la espera tan larga hasta la próxima actualización aquí =P

Y nada más, espero que al menos haya sido amena la lectura.

¡Nos seguimos leyendo!

genesis

De momento lo mío no es para entrar en pánico (creo) ^^Uu Dentro de un par de semanas voy a ver a un especialista… Espero que me den algún tratamiento al menos x_x Aunque no tenga cura, he leído que hay formas de retrasar -bastante- lo inevitable (cáncer), así que espero que me digan alguna forma de mitigar los síntomas x_x