Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. Este fanfic no tiene ánimo de lucro.
Beta: Usura-tialmant, Funeral-Of-The Humanity & Noin no Nogitsune
Advertencias: Shonen ai, Pov Sasuke. Este fanfic tiene todos los derechos reservados © solochely (2019). La distribución del mismo, parcial o total, en cualquier otro medio -físico o digital- no autorizado será motivo de las acciones oportunas.
Miércoles, 15 de octubre
08:15 h
Con un gruñido de irritación, sacó la mano de debajo de las mantas para alcanzar el despertador y apagar la alarma. Se sentía agotado y acababa de despertarse… No quería ni pensar en lo que le pudiera deparar aquel día. Más, cuando comenzó a recobrar la lucidez mental y recordó que no podría ir a ver a Naruto.
"¿Habrá llegado ya…?", se preguntó al tiempo que dejó colgar el brazo por el lateral de la cama.
Entreabrió los ojos respirando con pesadez. No le apetecía nada tener que levantarse pero…
Con otro pesado suspiro, se tumbó sobre su espalda y se subió la manga de su brazo izquierdo, aguzando el oído cuando lo puso junto a su oreja. Y otro suspiro se le escapó al comprobar que, no, no escuchaba ningún sonido proveniente de aquellos horrorosos bultos.
Bien.
Así que dejó de nuevo caer el brazo a su costado y con pereza fue empujando las mantas con las piernas para quitárselas de encima. Y se quedó así unos minutos más. Hasta que sonó la segunda alarma. Dejó caer la mano sobre el tedioso aparato pero no atinó en el botón a la primera, e irritado se irguió un poco para apagarla de nuevo.
Aún se sentía algo mareado y le escocían los ojos.
Un par de tenues golpes en su puerta le hicieron poner los pies en la tierra de nuevo y aún no había podido pronunciarse cuando la puerta se abrió, iluminando parte de su habitación con la luz del pasillo.
—Sasuke, cielo, baja a desayunar ya que se hace tarde —le dijo con voz suave su madre.
—Ya voy…
No pudo sino suspirar resignado al mirar de nuevo la hora en el despertador y darse cuenta de que se había quedado en babia algo más de diez minutos, si es que no se había vuelto a dormir.
Tenía que darse prisa si no quería llegar tarde.
Sin embargo, el cansancio le impidió vestirse con la rapidez que hubiese querido y estaba empezando a estresarle que el tiempo pareciera correr más deprisa de lo que él era consciente. Y para cuando bajó al piso inferior después de pasar por el aseo, ya habían pasado otros quince minutos.
Le quedaba algo más de media hora para coger el tranvía. Tardaba sólo cinco en llegar hasta la parada, lo que le dejaba veinticinco minutos para desayunar.
En silencio, entró en la cocina al tanto que su madre fregaba la vajilla. Su bol de arroz y su ración de pescado a la plancha estaban perfectamente colocados en su sitio, como de costumbre. Junto a su pastillero.
Apretó los labios y respiró profundamente un par de veces antes de acercarse con fingida calma a sentarse a la mesa.
A pesar de todo… Su madre se estaba comportando como si no hubiese ocurrido nada el día anterior.
Y no sabía cómo sentirse.
—Acuérdate hijo que luego pasaré a buscarte —le dijo al tanto que cerró el grifo.
—¿Cómo?
—Después de la diálisis —le aclaró, como si fuera algo obvio.
Pero debía de estar olvidando algo importante porque no sabía a qué se refería. Y durante unos segundos se estuvieron mirando fijamente, como intentando mandarse algún tipo de mensaje silencioso.
Eran muy pocas las ocasiones en las que su madre iba a recogerlo: cuando se sentía verdaderamente mal o...
—Ah… Unn…
Finalmente se acordó.
Por completo se había olvidado que tenía cita con la nefrólogo, y que por eso hoy iría su madre a recogerlo. Tenían que llevarle los resultados que le habían dado en el hospital para que los revisara personalmente y los archivara en su historial.
Lo que le hizo pensar en el viaje en el coche y que se pasaría casi una hora ahí encerrado después de la paliza de estar enchufado a la máquina…
Y sintió como si le hubieran cargado con cincuenta kilos más.
Con un suspiro de resignación, se tomó la primera pastilla y cogió los palillos al tiempo que su madre se sentó a su lado. No pudo evitar mirarla de reojo un instante, expectante de que le dijera algo. Pero aquella no soltaba prenda, mirándolo fijamente mientras él intentaba fingir que no sentía su mirada clavada en él.
No tenía ni idea de si Itachi le habría contado algo de lo que hablaron por la noche antes de irse a trabajar… O si quería hablarle de algún otro tema. Pero lo cierto es que estaba consiguiendo que sintiera un sudor frío brotarle por la sien.
Hasta que se llevó un poco de arroz a la boca y masticó.
Por un momento sintió como si le faltara el aire, e incluso le dio un poco de tos. Aquello tenía un sabor completamente diferente a lo que había esperado y le pilló por sorpresa.
—¿Qué le has echado? —se quedó observando unas pequeñas pintitas oscuras en las que no había reparado antes.
—¿Te gusta? —preguntó impaciente.
Y lo cierto es que aquel sabor se le hacía familiar. No conseguía enlazar con qué, pero tras unos segundos degustándolo, decidió que sí. Estaba bueno. Mucho mejor que el simple arroz hervido.
—Unn… —asintió levemente, sintiéndose abrumado.
—Ahh… Menos mal… —suspiró con alivio. —No estaba del todo segura de haber puesto suficiente.
—¿Qué es?
—Tomillo.
—¿'To' qué? —preguntó confuso.
No es que su madre cocinara mal… Pero fuera de las recetas rápidas básicas, y de las específicas de su dieta, nunca había experimentado con nada nuevo. Y juraría que ese nombre no era japonés.
—Tomillo, son unas especias de importación —le explicó emocionada.
—¿De importación? ¿De dónde?
—De España.
Y como si hubiese sonado un 'gon' en su cabeza, que resonó en cada rincón de su mente, se le vino a la memoria la paella que cocinó la madre de Naruto.
"No… No puede ser..."
—¿Sabes? Mientras estabas ingresado en el hospital, uno de los días que vino a verte Naruto-kun me encontré con una mujer en la cafetería que me habló de esas hierbas.
"No…"
—Era muy simpática. Y tenía el pelo tan largo… —dejó escapar un suspiro. —Era pelirroja —se le quedó mirando a los ojos fijamente. —Tenía el pelo tan bien cuidado y brillante que pareciera que acababa de llegar de la peluquería… Qué envidia...
"No puede ser…"
—Me dio su tarjeta de visita por si quería preguntarle algo más… Pero creo que con todo el papeleo del hospital se me ha perdido… —se reclinó sobre la mesa apoyándose en la mano. —Y no me acuerdo de su nombre.
—Kushina —se le escapó decir.
Ambos se quedaron de nuevo mirándose fijamente. Hasta que su madre dio un bote para acercarse más a él, haciéndole dar un respingo interiormente.
—¿La conoces?
Quiso que se lo tragara la tierra.
Claro que la conocía. Era la madre de su… Emm…
—Unn —asintió notando cierto calorcillo en las mejillas. —Es...
—¿Es?
—Es la madre de… De Naruto.
—¡Ala! ¿¡En serio!?
—Unn…
—Pues ya le estás diciendo a tu amigo que te dé su teléfono. Qué vergüenza, señor mío… —se cubrió la cara con las manos. —Mira que perder la tarjeta…
—Y… ¿Para qué quieres hablar con ella?
No pudo evitar preguntarlo.
Tenía que cerciorarse de alguna manera. Ya había sido vergonzoso que su madre tuviera que enterarse de que era gay porque le había pillado in-fraganti con alguna de sus citas… Como para que se hubiera enterado de lo de Naruto por boca de otro…
—¡Pues para que me pase más recetas! ¿Para qué va a ser? —preguntó medio indignada.
Casi como si no hubiera habido ninguna otra posibilidad. Lo que le hizo poder volver a respirar con alivio.
Bien.
Al menos ahora sabía que no se había enterado. Aún.
Sin embargo, debía poner un pensamiento en ello y hablarle de Naruto antes de que terminara la semana. No sabía cuándo exactamente iba a volver pero, para cuando lo hiciera, quería que las cosas estuvieran más tranquilas. Al menos de su lado. Y para eso tenía que poner de sobreaviso a su madre.
Pero por el momento… Se centró en comerse el desayuno pues con la tontería le quedaba algo menos de un cuarto de hora. Y para su sorpresa, no sólo fue el arroz lo que llevaba un extra. También el pescado.
Se le escapó un suspiro de placer saboreando aquello. Le hubiera gustado poder comer con más calma pues por primera vez no le parecía completamente insulso lo que comía en casa.
No tenía ni idea qué demonios hacía Kushina en el hospital aquel día… Pero se alegró enormemente de que le hubiera hablado a su madre de esas especias.
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Miércoles, 15 de octubre
13:45 h
Cuando la alarma sonó, se giró un tanto para mirar el monitor de aquella maldita máquina.
Ya había terminado.
Pero como siempre, se esperó a que fuera la enfermera a apagarla. Con los auriculares puestos casi no la escuchaba y de todas maneras, a pesar de que le habían explicado mil veces cómo funcionaba aquel aparato, no se atrevía casi ni a mirarlo.
Por lo único que se preocupaba de girarse hacia la pantalla era para cerciorarse de que su presión arterial seguía en los límites de lo 'normal', si es que se le podía llamar normal a eso.
Sabía que estaba bien atendido, su hermano y su madre ya se preocuparon en su momento de encontrar una clínica con las mejores recomendaciones. Pero siempre le quedaba esa duda, en el fondo de su mente, cada vez que veía la tensión tan baja.
¿Pararía esta vez…?
Sabía que no, esa máquina tenía una precisión casi nanométrica, y una de las más avanzadas en tecnología de todo el país. Pero aun así.
De un leve tirón se quitó los auriculares cuando vio a la enfermera acercarse y dejó el libro que había estado leyendo a un lado. Por educación más que nada. No le había gustado nunca la idea de involucrarse con nadie de allí, pero al menos le debía contestar si le preguntaba algo. Le gustase o no, tenía en sus manos su vida.
—¿Cómo te sientes? —le preguntó animada. —¿Mejor hoy?
—Unn… —asintió levemente.
Aún seguía preguntándose por qué después de tanto tiempo se molestaban aquéllas en preguntarle. ¿Cómo creían que se sentía? ¿Cómo si hubiera salido de un balneario? No podía entender cómo el resto de compañeros de 'guerra' podían siquiera reír estando ahí dentro. Los había que se tomaban aquéllo como si fuera una salida al cine, viendo la televisión y comentando con los demás la película de turno, o simplemente de cotilleo con las enfermeras. Incluso los había algunos que intentaban ligar con ellas, como si realmente creyeran que lo fueran a conseguir.
Pero le tocaba especialmente la vena cuando intentaban ligar con él. Más cuando se sentía tan vulnerable. Las sesiones de diálisis eran peor que una paliza.
—¿Hoy tampoco vamos a dar una vuelta? —preguntó con fingida decepción Fuu.
Suspiró irritado sin siquiera mirarla. Todos los días de diálisis era igual.
Desde que Fuu empezó a acudir al centro hacía un par de meses, cuando llegaba por la mañana —y sin que nadie le preguntara—, después de dejar sus pertenencias en su casillero y tras que las enfermeras apuntaran sus datos, se ponía a contarle su vida y obra.
—No, Fuu, no voy a ir a dar ninguna vuelta contigo.
—¿Por qué? —preguntó testaruda.
¿Cómo que por qué? Porque no quería. Punto. Ya bastante atado a ese sitio se sentía como para encima salir con alguien de allí dentro y desperdiciar su valioso tiempo en seguir escuchando cosas que ya le deprimían bastante sin la necesidad de que nadie se lo recordara.
Pero aquélla pareció interpretar correctamente su silencio y no replicó más, mientras de reojo veía a la enfermera cómo se preparaba para retirarle las agujas.
No era doloroso, pero sí le incomodaba bastante la sensación. Así que apretó los labios en anticipación cuando le retiró la primera tira de esparadrapo, y apretó con medida fuerza la gasa que le había preparado para tapar la pequeña herida de la aguja.
Respiró profundamente cuando hubo terminado y cerró los ojos de nuevo después de que la enfermera le asegurarse las gasas del antebrazo. Quería marcharse de allí corriendo, pero se sentía especialmente agotado, y de todas maneras tenía que esperar a su madre. Ya había avisado a las enfermeras de que vendrían a recogerlo, así que no le dijeron nada, esperando a que él mismo se levantara de ahí.
—Me gusta el helado de fresa con menta, por si cambias de parecer —le dijo como si hablara del tiempo.
Y se habría levantado para marcharse si no fuese porque no sentía fuerzas ni para alzar los brazos.
—Y a mí el de caramelo con dulce de leche.
—¿¡En serio!? —preguntó emocionada.
—No.
No pudo remediar el girarse para mirarla a través de los tubos que colgaban de su máquina, tumbada en otro sillón a su lado, y la cara de cabreo que puso.
—Hmph…
Si es que era igual de crédula que el dobe…
—¿Por qué eres tan cruel?
—Porque eres una pesada.
Y sintió una punzada de culpa nada más se escaparon aquellas palabras de su boca. Más aún al ver cómo la otra apretó los labios, y giró la cara para concentrarse en la televisión que había frente a ellos. Le había dolido el comentario. Claro que le había dolido. Y no es que le importara la vida de nadie a parte de su familia y sus amigos… Pero por alguna razón le recordaba tanto a Naruto...
No pudo sino suspirar, irritado consigo mismo.
—Quizás mañana tenga un rato libre.
Pero lejos de mostrar el entusiasmo de hacía un momento, Fuu volvió a mirarle obviamente molesta.
—¿En serio quieres que te crea?
—En serio… —contestó en un suspiro.
Y es que aún no habían concretado nada y ya se estaba arrepintiendo.
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Miércoles, 15 de octubre
15:40 h
Se sentía como si no hubiese dormido en semanas. Su cuerpo le estaba gritando por que mandara el mundo entero al diablo y se tumbara en los sillones de aquella sala de espera. Si no lo había hecho ya era porque hacía cinco minutos que deberían de haberlo llamado, pero al parecer les estaba llevando más tiempo con el paciente que iba antes que él. No le sorprendía pues en ocasiones tenía que esperar hasta veinte minutos de más. Solían ser estrictos con los horarios, pero a veces ocurría.
De todas maneras no era algo que le importara demasiado en ese momento pues así tendría tiempo de leer el email que le acababa de mandar Naruto.
{[Hey, perdona que no te dijera nada antes! ;w; Al final mi padre nos ha acompañado y se han quedado los dos a comer con mi abuelo y conmigo.
Hace un frío que pela! Menos mal que mi madre me obligó a traerme más ropa de abrigo porque si no… xDD Pero eso no se lo digas, que si no luego se pone insoportable ¬¬ ]}
"Ah… Es verdad…", frunció el ceño.
¿Qué hacía Kushina aquel día en el hospital…? Y al parecer desde entonces no se había despegado de Naruto ni a sol ni a sombra…
Se mordió levemente el interior del labio. Naruto parecía muy apegado a ella, sí, pero al mismo tiempo sabía que se sentía asfixiado con su sola presencia. ¿Por qué estuvo con él desde…?
"Bien por mí…", suspiró de nuevo al caer en la cuenta.
Había estado con él desde que se enteró de su 'pequeño' secreto.
Con relativa calma, cerró los ojos echando la cabeza hacia atrás e inspiró profundamente. Lejos de lo calmado que le había parecido que estaba entonces, ahora se daba cuenta de que en realidad debía de haber estado conteniéndose. Por él.
"Soy idiota…"
—No falta nada, cielo —le susurró su madre dándole un leve apretón en el hombro.
—Unn…
Cogiendo aire de nuevo, volvió a centrar su atención en el móvil para terminar de leer.
{[ La casa de mi abuelo está en mitad de la nada, tío, no la recordaba tan lejos del pueblo… Ni tan pequeña -_-Uu Me va a tocar compartir la habitación con él. La habitación que tenía antes para los invitados la tiene llena de trastos. Pero bueno, no me voy a quejar. Parece que le ha hecho ilusión que venga a verle… La verdad que le tenía un poco abandonado, pobre ^^Uu
Lo que me mola un webo es que hay un onsen no muy lejos de aquí y va casi a diario owo Qué ganas tengo de pasar un rato allí en las termas! ^w^ ]}
"Fu", resopló interiormente. "Ganas de ver tíos en cueros".
Aunque pronto se le desvaneció el pensamiento.
Si realmente aquello estaba en mitad de la nada… Muy seguramente estaría todo lleno de viejos de las aldeas de alrededor. Y un escalofrío le recorrió el cuerpo.
No, definitivamente Naruto no iba para recrearse la vista…
{[ Y bueno… Eso… Ya luego si quieres me das un toque y hablamos un rato =)
Cuídate ]}
Apretó los labios para impedir que una tonta sonrisa se le escapara. Claro que quería hablar con él. No había pasado ni un día y ya le echaba de menos. Le hubiera gustado acompañarlo a un sitio así.
Naruto le había enviado unas cuantas fotos y parecía un lugar de lo más relajante. Todo estaba rodeado de árboles, incluso por el camino por el que al parecer se llegaba a la casa. Y como le había dicho, no parecía muy grande, pero en mitad de la arboleda para él hubiera sido de ensueño estar allí, lejos del estrés de la ciudad.
En otra foto pudo ver que también había lo que parecía un pequeño huerto junto a la entrada, tapado con unos plásticos a modo de invernadero. Desde luego, si algún día pudiera vivir por su cuenta… Le gustaría llevar una vida como esa.
Y al pasar a la siguiente foto, hubo de bloquear la pantalla casi al instante.
De reojo miró a su madre para cerciorarse de que no estaba mirando, y con fingida calma guardó el teléfono en su bandolera.
El muy… ¡Dobe! Le había mandado un 'selfie'… Con el torso desnudo…
Y no es que fuera realmente algo erótico. Portaba esa sonrisa que tanto le gustaba de él, guiñando un ojo y sacando un poco la lengua... Pero es que nunca había hecho algo así, y ya estaba empezando a sentir que le subía el rubor.
Más tarde tendría que echarle un vistazo con detenimiento…
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Miércoles, 15 de octubre
19:40 h
Cuando entreabrió los ojos, enseguida le vino el olor de lo que iba a ser la cena y aspiró más profundamente al tiempo que se subía un poco más la manta, estirando las piernas para desperezarse un poco.
Estaba cansado, pero no pudo sino suspirar aliviado y se le formó una leve sonrisa al empezar a recordar la conversación que tuvieron en la consulta.
«Es una medicación nueva pero los resultados que han tenido en Europa son muy positivos. La fatiga disminuye considerablemente desde la primera dosis en el noventa y cinco por ciento de los casos y en consecuencia, la energía que siente uno aumenta también. Claro que es decisión tuya si quieres empezar este tratamiento».
Y no lo dudó ni un instante. No sólo es que se sintiera ansioso de poder llevar una vida menos agotadora, sino que podría eliminar de su 'dieta' un par de medicamentos, y por ende, menos pastillas en las que pensar.
Aquella medicación consistía en una simple inyección de una hormona, eritropoyetina. Era la que se encargaba de estimular la médula ósea para la producción de glóbulos rojos y la que, por falta de ella, le provocaba la anemia y la pérdida de calcio, entre otras cosas.
Estaba deseando de empezar ya con el nuevo tratamiento para poder echar un partido de igual a igual con el resto de sus amigos. Y poder estar a la altura del ritmo de Naruto. Claro que él tenía bastante fondo… No en vano hacía ejercicio siempre que se le plantaba la oportunidad.
«Que por cierto», recordó la sonrisa pícara que le dedicó la doctora cuando estuvo lejos de los oídos de su madre, «también acrecienta la libido».
Y sintió que le subiera el rubor. No es que no le asaltara el deseo cuando estaba con Naruto… Pero… Es que era precisamente por esa falta de libido por la que la mayoría de veces, cuando se había acostado con alguien, lo había hecho simple y llanamente porque sabía que era algo que quería hacer, fríamente pensando. No porque sintiera esa necesidad realmente. Sabía que su mente quería, no así su cuerpo. Y era por ello por lo que demasiado a menudo se encontraba con falta de ganas y por lo que casi siempre terminaba por dejar que el otro hiciera lo que quisiera con él.
Y con Naruto… Quería que fuera diferente.
Quería poder disfrutar de verdad cada uno de los encuentros que pudieran tener. E intuía que esas ocasiones iban a ser frecuentes con él si la rapidez con la que se acaloraba le servía de alguna indicación; ya se había percatado más de una vez cuánto tenía que esforzarse por esconder sus erecciones… Por lo que deducía que, incluso en ese plano, Naruto debía de ser bastante activo también.
Y quería hacer que se retorciera de placer estando dentro de él y tener el control de cada gemido que se le escapara de la garganta; no limitarse a dejarse hacer, como hasta ahora.
Aunque por las pocas veces que le había tocado más 'cariñosamente'... Seguramente iban a tener que hablar antes de que algo así ocurriera.
Aquella tarde antes de que le ingresaran, ciertamente se dejó llevar. Pero estaba seguro de que fue solamente porque se sintió tranquilo ya que no llegaron a quitarse los pantalones y porque, por pura costumbre, había terminado colocándose bajo él.
Fue sincero cuando le dijo tiempo atrás que no haría nada que él no quisiera… Pero es que hasta ahora no había sentido ese deseo de querer poseer a nadie. Quería indagar por cada milímetro de su piel y por cada rincón que le permitiera. Deseo que se había potenciado al escuchar aquellas palabras por parte de su médico.
Con un profundo suspiro, volvió a estirar el cuerpo entero para desentumecerse y levantarse de ahí.
No valía la pena pensar en ello cuando Naruto no estaba ahí, y tampoco era algo que quisiera hablar con él por teléfono. Además de que cuando volviera tendrían que hablar de otros temas primero y, aunque confiaba en su palabra, no estaba del todo seguro que después de aquello le quedaran muchas ganas de seguir manteniendo esa relación seria que le había propuesto.
Claro que sabía que no le iba a dejar de la noche a la mañana para seguir siendo tan amigos… Pero empezaba a pensar que tal vez sería mejor mantener la relación que habían tenido hasta ahora.
Al fin y al cabo… Y por mucho que le doliera… Naruto se merecía algo mejor que estar atado a él. Debía de empezar a pensar en cómo mantener sus celos bajo control por si se daba el caso de que algún día decidiera buscar algún otro compañero de cama que fuera capaz de darle lo que muy seguramente él no podría.
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Miércoles, 15 de octubre
21:15 h
Con un profundo suspiro, dejó el estropajo en el cubo de agua, que ya estaba completamente sucia, y se irguió un poco, quedándose sentado sobre su talones, observando a su madre mientras ella seguía frotando el suelo a un par de metros de él.
Desde que se pusieron el delantal y entraron en el cuarto, después de cenar, no habían vuelto a hablar, concentrados en la tarea. De vez en cuando, ella dejaba escapar un suspiro de resignación tras el que se daba por vencida con la mancha que trataba de limpiar para ponerse con otra que estuviera al alcance.
Al parecer, mientras él estuvo durmiendo por la tarde su madre había empezado a limpiar el desastre que había causado el día anterior en su cuarto de pintura. No habían mencionado el tema desde la noche anterior —si es que se le podía llamar 'hablar' a eso— y no pudo sino quedarse observando a su madre mientras ella seguía intentando sacar las manchas del parquet.
Pero ya debería de estar dándose cuenta ella misma de que como no lijaran la madera… Iba a ser una tarea casi imposible. Tendrían que haberlo limpiado antes de que se agarrase la pintura, y aunque la madera estaba lacada, algo se había incrustado ya.
Y también tendrían que pintar las paredes…
Suspiró de nuevo con resignación. Tendría que ir al día siguiente por la mañana a comprar la pintura si no quería que se le adelantase su madre de nuevo.
Pero aunque no le gustase admitirlo… Su cuenta bancaria estaba empezando a temblar. En el último mes el único encargo que había recibido era el del padre de Naruto, y no había querido cobrarlo por adelantado. Cierto que le pagaría bien y le hubiese durado un par de meses, pero con la cantidad de material que tenía que comprar ahora el ingreso se iba a esfumar en un abrir y cerrar de ojos.
Ese mes iba a tener que agachar la cabeza y pedirle a su madre que pagara sus medicamentos…
Lo que le hizo sentir como un completo imbécil. Desde que había empezado a ganar algo de dinero había querido ocuparse de esos gastos él mismo. Y sabía que su madre le ayudaría si se lo pedía…
Si no le seguía dando la paga semanal como cuando iba al instituto era simple y llanamente porque un buen día decidió decirle que dejara de dársela.
—Mamá, déjalo —le dijo tras unos minutos al tiempo que se quitaba los guantes de limpieza. —Ya mañana sigo yo.
—Pero, hijo, si dejas pasar mucho tiempo…
Aquélla se quedó observando todo lo que quedaba a la vista del suelo. Por suerte, como siempre lo tenía mayormente cubierto con papel de periódico, no era tanta la superficie que había quedado expuesta a la pintura. Pero sin duda se iba a notar.
Aunque bueno… Le sabía más mal por ella, porque era su casa y porque seguramente el día que se fuera de allí para vivir solo —aunque no fuera algo en lo que se pudiera permitir pensar de momento—, seguramente querría darle algún buen uso, como habitación extra para invitados, quizá. Pero realmente a él le daba igual que el suelo de ese cuarto tuviera manchas.
Y por alguna extraña razón, le cruzó por la mente un pensamiento que hubiera preferido no tener.
Y es que… Desde que tenía uso de razón… Nunca había escuchado de su madre, ni de boca de su hermano, que hubiera tenido ninguna relación con otro hombre después de fallecer su padre.
Aún mantenía en un rincón del salón el pequeño altar con su retrato. Y aunque le guardaba cierto respeto por ser su padre, y por cómo le habían hablado de él, le asaltó de repente el sentimiento de culpa porque quizás por él, y por su enfermedad, su madre no había rehecho su vida.
De repente le pareció algo doloroso ponerse en su lugar, sin nada más que hacer que ocuparse principalmente de él, y de la empresa familiar. ¿Cómo no había pensado antes en eso?
—Mamá —la llamó antes de que saliera de la habitación. —¿Podemos hablar un rato?
—Claro, hijo —contestó algo extrañada. —¿Ocurre algo?
Ambos se quedaron observando durante unos segundos sin decir nada.
Claro que ocurrían cosas. Demasiadas últimamente. Muchas más de las que podía manejar él solo y, si ya antes se sentía un tanto sobrepasado, de repente todo lo que sucedía a su alrededor estaba empezando a abrumarlo en exceso.
—Unn… —asintió levemente, llevándose la mano al cuello.
Pero no tenía ni idea de por dónde empezar. Comenzaba a sentirse tenso, y que su madre no dijera nada más, esperando a que fuera él quien iniciara la conversación, tampoco le ayudaba mucho.
Dejó escapar el aire lentamente por la nariz al levantarse de ahí y cogió el cubo y los guantes para llevarlos a la cocina. Con fingida calma se dirigió hacia la puerta con su madre caminando delante de él, mirando por encima del hombro cada pocos pasos.
¿Por dónde tenía que empezar? ¿Por eso que acababa de rumiar? ¿Por que iba a necesitar que le diera algo de dinero para comprar las medicinas? ¿Por el ataque de ira que le había dado el día anterior? ¿O por Naruto? O quizás por que le permitiera hacer algo más en casa para que dejara de sentirse tan patético…
Algo ausente se dirigió hacia la galería, dejando sobre el grifo los guantes y arremagándose el brazo derecho.
—¿Estás bien, cielo? —preguntó preocupada.
—Unn —asintió mientras tiraba el agua en la pila.
De reojo la miró, apoyada en el marco de la puerta, con su atención fija en él. Y los nervios se le empezaron a coger en el estómago.
—Bueno…
—¿Quieres que haga un poco de té? —le sonrió.
—Unn…
No sabía por dónde empezar. Simplemente no lo sabía.
Quizá debería haber esperado a que llegara su hermano a casa para iniciar esta charla… Aunque seguramente le pondría en un aprieto, para variar. Pero de seguro que él podría encontrar las palabras adecuadas. Aparte de que ya sabía parte de lo que le rondaba la mente… Y quizá pudiera ahorrarse de vocalizar ciertas partes.
En silencio, se sentó en su sitio intentando buscar por dónde empezar a hablar al tiempo que no podía dejar de estrujarse las manos bajo la mesa, mientras su madre preparaba la infusión.
Y otro profundo suspiro se le escapó por lo bajo al ver la poca cantidad que le echó en la taza… Si bien era consciente de que era mejor así. Si no le ponía más, no bebería más de la cuenta.
Con fingida calma se quedó observándola al acercarse a la mesa y colocar los vasos. Sentía que el corazón se le fuese a salir por la boca y que, muy seguramente, lo que le tenía que decir a su madre iba a hacerle daño… Pero debía expulsarlo de una buena vez si no quería terminar autoconsumiéndose.
—Si es por lo de ayer, hijo, no t-
—Mamá, por favor —la cortó antes de que pudiera seguir—, no me digas que no pasa nada. Claro que pasa. Y me hace sentir aún peor que ni siquiera seas capaz de enfadarte conmigo. No entiendo cómo después de lo de ayer ni siquiera estás molesta conforme dejé la habitación.
Ya está. Ya lo había soltado. Pero aún así, tenía un montón de cosas más que decirle y no sabía por dónde seguir.
—Hijo, quiero que entiendas una cosa —le dijo con voz suave extendiendo las manos hacia él.
Y de repente se sintió completamente minúsculo ante aquel simple gesto, con miedo de lo que le pudiera decir.
Aún así, cogió aire para darse el valor que le faltaba y acercó su mano a las de ella, que no dudaron en envolverla con delicadez.
—No hay nada en este mundo que sea capaz de reemplazar lo que una madre siente por su hijo —le dijo con melancolía en la voz. —Lo que a mí me preocupa no es lo que vaya a costar limpiar el cuarto, sino cómo te sientes tú. No hay nada más doloroso para una madre que ver cómo su hijo sufre.
Y tal y como había presentido… Sus palabras fueron totalmente abrumadoras. Y no sólo por las palabras sino porque de verdad sentía el sufrimiento que había tras ellas por el tono de su voz y la forma tan suave con la que le acariciaba.
Hubo de respirar profundamente unas cuantas veces a conciencia para impedir que el nudo que se le había formado en el pecho le engullera, y suspiró finalmente, envolviendo las manos de su madre con la suya.
—Lo siento, mamá…
—Hijo —le llamó de nuevo—, si necesitas volver al psicólogo…
—No.
Y no es que quisiera huir de nada, de verdad. En el punto en el que se encontraba, si volver le fuera a ayudar en algo, iría. Por su familia y por Naruto. Era consciente de que no podía seguir así y que únicamente había conseguido herir a todos a su alrededor con sus miedos. Pero nada de lo que le pudieran decir ya los psicólogos le era de ayuda.
Alzó la vista al sentir el leve apretón que le dio su madre, y respiró profundamente al ver su gesto de preocupación. Le resultaba difícil pero debía de empezar a hablar si quería hacer alguna diferencia. Para mejor. A pesar de que sabía que seguramente, en principio, sus palabras iban a herir a su madre. Pero quizá a la larga la situación mejoraría.
—Mamá... Lo que necesito es que dejes de preocuparte tanto por mí. Me haces sentir inútil —dijo en un hilo de voz.
Tragó con fuerza al ver cómo por momentos el gesto de su madre se iba transformando de la sorpresa inicial a uno más afligido. Pero debía seguir. Si no vocalizaba lo que sentía no sería capaz de comprenderlo.
Cosa que le hizo pensar en Naruto y en lo fácil que era la mayoría de veces 'hablar' con él. Con decir unas cuantas palabras aquél le entendía casi en el acto.
—Ya sé que no debo exponerme a los productos químicos. Pero para eso están los guantes y las mascarillas… Y ya sé que no debo sobre esforzarme. Si me canso tendiendo la ropa o fregando el suelo, puedo parar a descansar. No es como si fuera a morirme por eso…
Obviamente desolada por sus palabras, su madre apretó levemente los labios, desviando la mirada hacia sus manos.
Verdaderamente se odiaba a sí mismo por decirle aquello… Sabía que su madre tan sólo quería liberarlo de cualquier carga extra. Pero no podía evitar sentirse como un inútil por ello. Hasta las cosas más sencillas, su madre las hacía por él como si no fuese capaz de hacer nada más que existir.
—Lo siento, hijo…
—Mamá, sé que no es tu intención —le apretó las manos, inclinándose un tanto hacia ella—, pero necesito que me dejes probarme a mí mismo de alguna manera que no soy un estorbo en esta casa. Si por las mañanas no hago la cama porque llego tarde a la diálisis, no la hagas tú. Ya la haré yo cuando vuelva. Y si no recojo la mesa nada más terminar de comer, no vayas corriendo a hacerlo tú. Sal más con tus amigas, ve al cine, o al trabajo si quieres. Pero no te quedes en casa pendiente de mí. Ni te quedes desvelada cuando llego tarde por las noches. Estoy con Naruto, y él me deja en la puerta de casa con el coche. No va a pasarme nada.
En silencio, aquélla asintió lentamente incapaz de devolverle la mirada. Sabía que se estaba reprendiendo interiormente pero es que realmente era algo que le frustraba y que debía dejarle saber si quería que las cosas cambiaran. Y tal vez se lo hubiera callado eternamente… Si no fuera porque ya había experimentado de primera mano todo el sufrimiento que le había provocado a Naruto en tan poco tiempo por ocultarse de él.
—Me alegro de que hayáis podido hacer las paces… —comentó al aire antes de alzar la vista. —Naruto-kun parece un buen chico —sonrió levemente.
—Hablando de él, mamá…
De repente, sintió la necesidad de cortar todo contacto con ella, cruzándose de brazos y desviando la mirada. Esta era la ocasión para contárselo pero no sabía cómo soltarlo, y sintió que el rubor le subiera hasta las orejas.
—¿Te molestó que le dejara pasar ayer? —preguntó inquieta.
—No es eso… —se mordió el interior del labio. —Naruto…
—¿Se ha enfadado contigo?
—No…
Ambos suspiraron a la vez con frustración, ella por no adivinar lo que quería decir y él por no encontrar las palabras.
—Sigo sin entender por qué no querías verlo. Parecía preocupado por ti cuando vino a verte al hospital. ¿Es que no le habías contado nada?
—No —clavó la mirada sobre la mesa, avergonzado. —Pero ahora ya lo sabe.
Y de nuevo se quedaron en silencio.
Sabía que no le iba a insistir más, y quizá en otro momento le hubiera reconfortado, pero debía desembucharlo todo de una vez. Ya no sólo era para que pudiera comprender todo lo que había estado ocurriendo últimamente… Es que quería que Naruto pudiera entrar en su casa sin tener que esconderse de ella. Y de paso, compartir también con ellos ese pedacito de felicidad que sentía estando junto al bobo de su rubio.
—Naruto y yo… Salimos juntos.
—¿Salís? —preguntó tras unos segundos.
—Unn…
—¿A dónde?
"¿Cómo que a dónde…?", la miró algo inseguro.
¿Es que no lo había entendido...?
Empezaba a dudar que hubiera sido buena idea decírselo, sintiendo que el corazón le palpitaba con fuerza contra el pecho. Aún así, tomó una profunda bocanada de aire, decidido a aclararlo.
Le debía a todos ser algo más sincero.
—Es mi novio.
Y otra vez el silencio.
Ambos se quedaron mirando fijamente, su madre con los labios entreabiertos como si acabara de darse cuenta de algo importante que le había pasado desapercibido…
—Oh…
Y por su mutismo comenzó a ponerse tenso.
Más aún cuando la vio cómo con lentitud se irguió en la silla, y casi sin parpadear se levantó de allí llevándose su taza hasta la encimera.
¿Por qué reaccionaba así, si ya sabía que era...?
"Itachi…", le maldijo en sus adentros, sintiendo que se le helara el cuerpo.
¿Le había mentido cuando le dijo que su madre lo sabía?
Debía de ser así… Porque de otro modo no entendía el shock en el que parecía estar aquella.
—Mamá —le llamó la atención.
Sin embargo, se sentía tan azorado que no le salían más palabras. Ni tan siquiera encontraba la forma de reaccionar para mover ni un músculo, siguiendo con la mirada cada movimiento de su madre.
Hasta que escuchó cómo se cerraba la puerta de la entrada de casa, e Itachi saludó al llegar.
Inmediatamente su madre salió de la cocina para recibirlo. Como hacía siempre. Pero en ese momento sintió como si simplemente huyera de él, haciéndole sentir desolado y al borde de las lágrimas.
¿¡Por qué diablos Itachi lo había traicionado de esa manera!?
Antes de que pudieran regresar, salió disparado hacia el fondo del pasillo para subir a su habitación. ¿Con qué cara se suponía que tenía que mirar ahora a su madre?
Aún no había puesto un pie en el primer peldaño cuando el firme agarre que sintió en su brazo diestro le hizo darse la vuelta para encontrarse con el gesto de confusión de su hermano.
"Me has mentido…", pensó con rencor.
Y si no lo vocalizó fue única y exclusivamente porque vio que su madre se encontraba tras él.
—¿Qué ha pasado, Sasuke?
—Nada —dio un tirón para que lo soltara.
Sentía que se le fuera a salir el corazón por la boca, eso era lo que pasaba. Y a cada segundo que pasaban en silencio, con los ojos de los otros dos clavados en él, la ansiedad iba en aumento.
—Sasuke, hij-
—Me voy a mi cuarto —quiso darse media vuelta.
Pero de nuevo el agarre de Itachi se lo impidió, manteniéndolo firme en el sitio.
—¿Qué ha ocurrido, Sasuke? —volvió a insistir, esta vez más serio. Pero tras unos segundos, y al ver que no respondía, se giró. —¿Madre?
—No es nada, Itachi —murmuró aquella. —Es sólo que… Bueno… —desvió la mirada, llevándose la mano al cuello.
A lo que su hermano suspiró profundamente ante el mutismo de ambos, aflojando el agarre sobre su brazo.
—¿Por qué no hablamos mientras ceno? —propuso con agotamiento en la voz.
Y antes siquiera de que pudiera contestar, su madre se adelantó a ellos dirigiendo sus pasos hacia la cocina.
Huyendo de nuevo de él.
—Me mentiste —siseó por lo bajo para que no lo escuchara ella.
—¿Sobre qué? —preguntó perplejo.
—¿Sobre que mamá lo sabía? —le ofreció con sarcasmo. —¿Con qué cara la tengo que mirar ahora?
—Sasuke, ¿de qué demonios estás hablando?
—¡De que soy gay! —intentó no alzar demasiado la voz.
—Ah… —le miró fijamente, pestañeando tan sólo una vez. —No pensaba que se lo fueras a contar tan pronto.
—¡Itachi!
—Venga ya, Sas-
—¡Eres un imbécil!
—Yo también te quiero —sonrió levemente. —Va, acompáñame mientras ceno y hablamos.
—No —contestó tajante, apretando los labios.
¿Qué pretendía ahora? ¿Dejarle aún más en ridículo? ¿Humillarle ante su madre?
Lo único que deseaba en ese momento era que se lo tragara la tierra, o poder volver atrás en el tiempo y eliminar esa confesión de la conversación con su madre, o poder irse de casa para no tener que enfrentarla, al menos en lo que restaba de noche.
—No seas tonto, madre no se enfadaría por algo así —quiso convencerlo.
Cosa que dudaba sobremanera. Itachi decía eso sólo porque no había visto la reacción que había tenido ella.
«Todo irá bien, Sasuke. Todo irá bien».
Con el escozor en los ojos y el nudo en la garganta, se dejó arrastrar por su hermano. No quería seguir huyendo, y a pesar de no poder refugiarse con Naruto… El eco de sus palabras le dieron el alivio suficiente para poder mantenerse en su sitio sin romper a llorar por la frustración y la rabia.
Así pues, volvió a sentarse con contenida calma frente a la intacta taza de té que había dejado sobre la mesa, mientras su madre colocaba la cena de su hermano, e Itachi se acomodaba en su silla, aflojándose la corbata. Todo con el único sonido de fondo de la vajilla, poniéndolo aún más tenso.
—¿Qué tal ha ido hoy, Sasuke? —le preguntó tras unos minutos su hermano. —Tenías cita con la nefrólogo, ¿no?
—Unn… —asintió levemente, con la vista fija en su taza. —Me van a cambiar parte de la medicación.
—Oh, ¿y eso?
Sasuke respiró conscientemente para evitar que se le acelerase por los nervios. No entendía por qué cambiaba el tema, pero hablar de su medicación no era algo que le apeteciera hacer tampoco.
—Es una medicación nueva —contestó su madre por él, sentándose nuevamente en su sitio con su té entre las manos. —La doctora dice que disminuirá la fatiga y que podrá retirarle algunas de las pastillas. Es una inyección mensual de una hormona. ¿Eripotina…? —dijo dubitativa.
—Eritropoyetina —la corrigió monótono.
—Oh, suena a buenas noticias —comentó optimista. —¿Cuándo empezarás?
Y no es que quisiera hacerlo a propósito, pero permaneció en silencio durante unos segundos, intentando encontrar las palabras para seguir con aquella farsa. Sin embargo, antes de que pudiera terminar de procesar la pregunta para contestar, su madre se le adelantó de nuevo.
—El día veintiocho.
—Hmmm…
Y otra vez el silencio.
Quería llorar.
Pero antes que eso, quería levantarse de ahí para encerrarse en su cuarto.
¿Por qué lo obligaba Itachi a permanecer ahí? No lo necesitaban en absoluto para mantener aquella conversación. Y, de todas maneras, tampoco quería participar en ella.
Y su madre estaba actuando de nuevo como si no ocurriese nada, aunque igualmente no sabía cómo enfrentarla.
Por lo que únicamente pudo levantar un tanto la vista, observando de soslayo a su hermano mientras se llevaba un trozo de pescado a la boca.
"¿Qué es lo que quieres…?", le preguntó resentido con la mirada cuando aquél se la devolvió.
A lo que Itachi suspiró profundamente, cogiendo la servilleta y limpiándose las comisuras antes de masajearse la frente.
Esta vez no podía echarle la culpa. Esta situación la había creado él, aunque hubiese sido sin querer. Así que, mínimo, que lo ayudase a enfrentarla.
—Madre —la llamó al tiempo que dejaba reposar la cabeza sobre el puño—, entiendo que Sasuke te ha comentado algo sobre su situación con Naruto-kun.
—Unn… —asintió ella, encogiéndose un tanto en su asiento con la mirada clavada en su taza.
E Itachi suspiró de nuevo.
—¿Por qué no le cuentas lo que piensas al respecto? —dijo con cierto reproche en la voz.
—Itachi —se quejó Sasuke.
¿Qué pretendía echándole la culpa a ella?
—No, Sasuke —lo cortó antes de que pudiera añadir nada más, apoyando ambos brazos sobre la mesa. —Los dos sois igualitos y necesitáis empezar a hablar un poco más. Siempre tengo que estar adivinando qué es lo que os pasa y no podemos seguir así. Créeme que me gustaría, pero no puedo estar todo el día haciéndoos de traductor.
Por un momento, se quedó boquiabierto sin saber qué replicar.
Y es que… tenía razón.
Realmente, conversaciones que se pudieran llamar como tales, no tenía con su madre. Ni ella con él, más allá de los temas médicos.
Y se sentía avergonzado por ello.
Vergüenza que pudo percibir por parte de ella también, al encontrarse sus miradas por un instante, antes de que nuevamente su madre la fijara en su taza, apartándose el flequillo tras la oreja.
—Me siento… —murmuró tras un breve silencio. — ...confundida.
—¿Te has enfadado? —preguntó con tono suave Itachi.
—No.
—Bien —asintió aquel.
Sasuke sintió la necesidad de huir de su mirada, dejando que le cubriera la cara el flequillo, cuando Itachi se giró hacia él. Se sentía agradecido de que le hubiera hecho aquella pregunta… Pero la situación le resultaba completamente embarazosa.
—¿Más tranquilo?
—Unn…
—Bien… —repitió con un suspiro.
Más relajado, su hermano continuó con su cena. Y su madre pareció ser capaz al fin de darle un sorbo a su té. Que dándole un pensamiento, debía de estar más bien templado ya…
Así que la imitó y le dio un corto sorbo. Si bien no pudo ignorar el sentirse observado, y alzó un momento la cabeza para encontrarse con la mirada de su madre. Pero volvió a fijarla sobre su taza, apretando los labios. Y podía distinguir un leve rubor en la pálida piel de sus mejillas...
—¿Qué? —preguntó, a pesar de la inquietud que le recorría el cuerpo.
—Madre… —la instigó Itachi tras unos segundos.
—Me preguntaba… ¿Desde cuándo…?
"¿Desde cuándo… qué?", sintió arder hasta las orejas, anticipando la pregunta.
—¿Desde cuándo…? ¿Desde cuándo es que te gustan los chicos? —preguntó en apenas un murmullo, irguiéndose en su asiento, sin levantar la mirada.
Era obvio que le avergonzaba tanto o más que a él hablar sobre ello, pero es que la situación era simplemente surrealista. Y si no era ya embarazosa de por sí… Se sintió totalmente abochornado cuando, al mirar de reojo a su hermano, vio que le observaba con media sonrisa, llevándose los palillos a la boca.
"¡Imbécil!", maldijo para sus adentros.
¡Se lo debía estar pasando bomba con todo aquello!
—S-supongo qu-... que desde siempre —dijo con la boca pequeña, hundiéndose un tanto en su silla.
"¡Te voy a cortar la coleta mientras duermes!", le amenazó con la mirada.
—Y… —siguió su madre, desviando su atención. —Entonces… ¿Sakura-chan…?
—Sakura… —apretó los labios, intentando encontrar las palabras para explicarse. —Empecé a salir con ella porque supuse que era lo normal. En aquel momento, yo… Yo mismo me sentía confundido.
—Hmmm… ¿Es por eso que no parabas de meterte en mi cuarto cuando venía Yahiko? —soltó a bocajarro Itachi.
Y sintió aquella declaración como si le echaran encima una balda de agua fría.
"¿Se dio cuenta…?", le palpitó el pecho con fuerza, mirando de soslayo a su madre.
Esperaba por los dioses que no dijera nada más. No tenía ni idea de hasta dónde podía saber su hermano de lo que había ocurrido con su amigo… ¡Pero, por favor, que no lo dijera delante de su madre!
—¿Te gustaba Yahiko? —preguntó perpleja.
—B-bu- bueno, un poco… —admitió lo evidente.
—¿Un poco? —alzó una ceja Itachi. —Tendrías que haberlo visto, madre. Siempre que sabía que estaba en casa, venía corriendo para contarle cualquier tontería.
—¡Eso no es verdad! —mintió.
—¿Ah, no? —rio entre dientes aquél.
—¡No!
—Hubo una vez cuando tenía diez años... —se giró hacia ella, ignorándolo por completo.
—¡Niisan!
—¿Qué? —le sonrió con burla.
"¡Basta!", gritó en su mente, sintiendo un tic en el ojo.
No tenía ni idea de qué era lo que le iba a contar, pero ya se sentía lo suficientemente abochornado como para que añadiera algo más a la lista.
Le iba a cortar la coleta… Vaya que sí se la iba a cortar…
—Era adorable —rio suavemente meneando la cabeza, dando otro bocado.
Risa que acompañó su madre, haciéndolo sentir más liviano durante un instante.
Pero sólo por un instante.
—De todas maneras —añadió Itachi tras una breve pausa—, ¿cuándo vas a traer a Naruto-kun a casa para presentárnoslo oficialmente?
"Te odio…"
¿Por qué…? ¿Por qué tenía que ponerle en un aprieto así…? ¿No había tenido bastante ya?
Con fingida calma, le dio el que iba a ser el último sorbo a su té, tras lo que lentamente se levantó de su sitio para emprender la huída.
Ya había tenido suficiente.
—Algún día —dijo al aire, vaciando el resto del vaso en el fregadero.
—No seas bobo, Sasuke, no pretendo robártelo —se mofó aquel.
—¡Más quisieras! —explotó.
Al instante, sintió de nuevo subirle el rubor hasta la orejas al ver las caras de sorpresa de aquellos dos, mirándolo fijamente. Su madre incluso con la boca abierta.
"Eres un idiota…", se reprochó a sí mismo, sintiéndose completamente expuesto.
Bochorno que terminó por devorarlo al ser su madre incapaz de retener una leve risa tras unos instantes.
Vale que gracias a su hermano habían podido aclarar parte de sus comeduras de cabeza…
"Pero esta se la guardo…", apretó los labios, saliendo escopeteado de la cocina.
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Miércoles, 15 de octubre
22:20 h
Después de tirarse en plancha sobre su cama y permanecer ahí un buen rato, tapándose la cabeza con la almohada, decidió coger el móvil y releer el mail que le había enviado Naruto a medio día.
Con todo lo que había pasado se le había olvidado… Pero en el momento que vio el icono de 'archivos adjuntos', recordó la foto que tenía por observar más en detalle.
Y no pudo sino morderse el labio, ampliando la parte de sus pectorales. No había tenido tiempo de fijarse las otras veces y ahora se percató del lunar que tenía bajo el pezón izquierdo. Y la 'pelusilla' de su pecho, haciendo camino hacia el abdomen… No se le marcaba excesivamente la musculatura, pero le estaban entrando unas ganas casi irrefrenables de dibujarlo.
¿Es que no se daba cuenta de la provocación que era eso…?
Claro que se daba cuenta el ¡pedazo de dobe! Al fin y al cabo… Se dejó completamente expuesto al no ser capaz de reaccionar aquella tarde en la que el idiota se puso a hacer malabarismos con sus pectorales, dejándole completamente embobado.
Y no sabía si avergonzarse o sentirse aliviado por dejarle ver cómo era realmente… Pero sintió la urgencia de buscarle en su listín telefónico y hacerle una perdida. Por lo general, sabía que aún no era tan tarde para él, pero al estar en casa de su abuelo… No quería molestar si es que ya se habían ido a dormir.
Necesitaba escucharle y, si encontraba el valor, contarle todo lo que había pasado aquel día.
Por eso le brincó el pecho cuando le devolvió la llamada ni un minuto después.
—Hey… —le saludó algo nervioso.
—Hey, ¿qué tal? —preguntó animado.
—Bien… Aquí… —apretó los labios por un segundo.
No sabía por dónde empezar a contarle nada, así que decidió empezar por preguntarle lo obvio.
—¿Y tú? ¿Qué tal el viaje?
—Bfff… Una paliza, tío. Hay tantas curvas para llegar que un poco más y poto —rio por lo bajo.
—Hmph, qué poco aguante —sonrió para sí con algo de amargura.
Ya le gustaría a él poder largarse así a cualquier parte, cuando le apeteciera.
—Repíteme eso cuando te traiga por aquí —bufó enrabietado.
"¿Cómo…?".
¿Que tenía intenciones de llevarle… ¡a casa de su abuelo!?
Debía de estar de coña… ¿verdad?
—Pero bueno… a parte de eso, bien. Al menos mi madre no se ha cabreado mucho —rio nervioso.
—Unn… —asintió.
De nuevo, volvió a apretar los labios sin saber qué decirle ahora que le tenía al otro lado de la línea. Y algo nervioso, se sentó de piernas cruzadas, rascando levemente la colcha.
—¿Estás bien?
—Sí… —dijo en un suspiro.
—Va, Sasuke, cuéntame —insistió. —¿Qué pasa?
—Pues… —se mordió el interior de la mejilla.
¿Por dónde debía empezar...?
—¿Te has peleado con tu hermano?
—No… exactamente —se rascó suavemente la mejilla. —Digamos que…
—Que…
—B-bueno —sintió que le subiera el rubor—, ayer me mintió y hoy le he dicho a mi madre q-. L-le he dicho a mi madre que estamos juntos —soltó de carrerilla.
—Ah…
Se quedaron ambos en silencio por un momento.
—Y… ¿Qué ha dicho? —preguntó con cautela.
—Nada… Bueno… —se mordió el labio.
¿Por qué era tan difícil hablar de algo tan estúpido cuando podía hablar de sexo con sus amigos como si nada?
—¿Se ha enfadado? —le preguntó preocupado.
—No, no… Es sólo que… Bueno —se llevó la mano al cuello, escapándosele una pequeña risa nerviosa—, ella no sabía que prefiero salir con hombres… y esas cosas...
—¿No me jodas que no se lo habías contado…?
—Unn…
—¿Y tu hermano lo sabía?
—Sí… El cabrón me hizo creer ayer que mi madre lo sabía también… Y cuando se lo he dicho hoy… —suspiró. —Supongo que le ha pillado desprevenida.
—Me imagino.
Y ambos suspiraron a la vez.
Sabía que al menos la madre de Naruto estaba al corriente de la condición sexual de su hijo, pero intuía que su padre no. O al menos así lo entendió aquel día, en casa de sus padres, cuando Kushina le abordó sin tapujos para preguntarle si le gustaba Naruto y si estaban saliendo juntos… No sabía en qué momento la había dejado entrever algo, pero aquella mujer era bastante aguda. Por suerte para él, no hubo de contestar a la pregunta pues Minato entró en la cocina en aquel momento, y ella se hizo la desentendida.
—¿Tu padre sabe algo? —quiso confirmar.
—No…
"Era de suponer…", suspiró por lo bajo.
—No sé cómo se lo voy a explicar, la verdad.
—No es necesario que le cuentes nada, Naruto.
—Ya lo sé, pero tampoco quiero estar escondiéndome cuando volvamos por allí.
"¿Cuando volvamos?"
No sabía si Naruto se estaba expresando así a propósito o no, pero lo cierto es que aquellas palabras sonaban alentadoras. Al menos le hacían tener la esperanza de que, verdaderamente, aquel dobe no le iba a dejar.
Aunque de cualquier forma...
—De todas maneras, primero tenemos que hablar, dobe —quiso ponerle los pies en la tierra.
Por muy confiado que sonara ahora, después de que le contara las cosas a las claras… no estaba tan seguro de que quisiera seguir con él.
—Lo que tenemos que hacer primero es terminar lo que empezamos el otro día —dijo tajante.
Lo que en un primer momento le dejó congelado sin saber a qué se refería.
Hasta que…
«Pensaba que podríamos terminar otro día lo que habíamos empezado hoy».
...Recordó sus propias palabras.
—Hmmm… —sonrió para sí. —Creía que no te fiabas de mí —quiso hacerle rabiar.
—He cambiado de opinión —murmuró.
Y aunque no podía verle, conocía perfectamente ese tono. De seguro que se estaba poniendo de morros, rojo como un tomate.
—Tendremos que renegociar los términos entonces —bajó un poco el tono de voz.
—¿A qué te refieres?
—Verás… No puedes ir mandando fotos como ésa a la gente y esperar que no haya consecuencias…
—A-a Aaahh…. —rio nervioso. —Eso… ja ja
—Fu…
De verdad… Qué fácil era desviarle los pensamientos en ocasiones. Especialmente con esos temas.
Lo que le hizo recordar de nuevo las palabras de su doctora. Quizá en ese momento no, pero si lo que le había dicho resultaba ser verdad…
—Naruto…
Antes de añadir nada más, sintió que le palpitara el pecho. ¿De verdad quería hablar de ello con él?
—Dime.
De repente sintió que le picara todo el cuerpo, especialmente su brazo izquierdo. Con cuidado, sujetó el móvil con el hombro y se rascó levemente, evitando acercarse demasiado a los bultos.
Realmente le resultaba incómodo hablar de su medicación, por no hablar de que Naruto no entendería nada…
—Naruto… Quizás deberíamos hablar ahora.
—¿Por qué? ¿Qué pasa? —preguntó con cautela.
—Creo que… Quizás es mejor que te lo explique bien todo antes de que vuelvas —dijo con falsa convicción.
Sí, sería lo mejor.
Quizá Naruto ya había buscado algo sobre el tema en internet… Y no quería que se montara ideas equivocadas en la cabeza. Por no hablar de que su caso en particular era algo más complicado de lo habitual, dadas las circunstancias…
Y a pesar de lo mucho que se odiaría después, si el idiota de Naruto seguía queriendo estar con él, aún y a pesar de todo…
—Así tendrás tiempo de pensar mejor las cosas.
—No seas idiota, Sasuke —le replicó con algo de enojo. —En lo que se refiere a ti, no tengo nada que pensar.
—¿Qué…?
—Lo que has oído.
¿Pero qué…? ¿¡De qué demonios estaba hablando!?
—¿No era por eso que necesitabas respirar viento fresco? —preguntó malhumorado.
—No, cretino. Lo que necesito es pensar sobre mí mismo. ¿No te das cuenta de que soy incapaz de razonar cuando te tengo al lado?
—¿Qué quieres decir?
—Argh… —resopló irritado.
¿Cómo que era incapaz de razonar?
De entre ellos dos, si tuviera que decir quién estaba más cuerdo, ése era Naruto. Al menos él sabía tomar las decisiones correctas en casi todas las situaciones. ¿De qué estaba hablando ahora?
—Que te quiero, idiota.
Y la rotundidad de aquella afirmación, le dejó la mente en blanco.
—Ah…
—No me digas "ah". ¿Cómo tengo que explicártelo para que me entiendas?
A lo que no supo qué contestar, quedándose con la vista perdida en ninguna parte.
Claro que entendía que Naruto le quería…
Pero entonces...
—Tengo que aprender a tomarme las cosas de otra manera, Sasuke —le explicó más calmado. —Y quiero pensar qué es lo que quiero hacer realmente con mi vida porque sinceramente, la fotografía me gusta, pero no sé hasta qué punto podré vivir de eso.
—Ah… Unn… —asintió levemente.
—Lo único que tengo claro es que quiero que tú estés ahí conmigo —murmuró.
Y tan sólo pudo suspirar.
Naruto realmente iba en serio con todo aquello.
Y él... ¿qué?
Hasta ahora no se había parado a pensar en lo que le podría deparar el futuro; en las cosas que realmente quería hacer, además de pintar, por mucho que fantaseara a veces con viajar aquí o allá. Ni tan siquiera se había replanteado hasta ese día que en algún momento debería marcharse de casa para así liberar de responsabilidades a su madre y a su hermano…
En cambio Naruto…
¿Quién le iba a decir que aquel bobo iba a ser más maduro que él…?
—Hey, Sasuke —le llamó la atención el otro. —No me gusta tener que repetirme, ¿vale?
—¿Sobre qué?
—Que te quiero, idiota.
—Fu… —bufó por lo bajo para sí, sujetándose la cabeza con la mano.
Ya lo sabía.
Pero es que de verdad le costaba creer que le siguiera queriendo como si nada después de todo el daño que le había hecho…
—Lo siento, Naruto —suspiró. —De verdad que lo siento…
—¿Por qué te disculpas?
—Por todo —cogió aire profundamente, cambiándose el aparato de oreja. —No sé qué he hecho para merecerte… Pero gracias.
—Gracias a ti, tonto —sintió que sonriera en la voz. —Gracias por dejarme entrar en tu vida.
—Eres un cursi —rio por lo bajo.
—¿Y? ¿Algún problema?
—No.
Pasados unos segundos de silencio, ninguno de ellos fue capaz de contener una suave risa.
Sin duda había sido una buena idea llamarle. Y sin duda había sido una buena idea empezar a hablar. Sabía que su hermano tenía razón al decir que necesitaba a alguien de traductor… No le resultaba fácil tener que expresarse, pero con Naruto era algo menos complicado, sobre todo ahora que ya sabía lo que había. A parte de que con lo receptivo que era, podía ahorrarse la mitad de las palabras.
Así que, a partir de ahora, haría más el esfuerzo de contarle las cosas. Aunque había algo que aún no le había dicho y que necesitaba vocalizar al menos una vez para que lo supiera.
Sí.
Con una vez sería suficiente.
—Naruto…
—Dime.
—Te quiero.
Y antes de que pudiera reaccionar aquel, cortó la llamada.
.
.
.
CONTINUARÁ…
29/11/20
¡Uolas!
¡Hasta aquí el capítulo!
Como le he dicho a alguien por privado… No os penséis que todo está ya solucionado xD Creo que el símil más acertado sería decir que estamos en el ojo del huracán: cuando todo parece que ha pasado ya… Llega la calma (e incluso se ve la luz del sol), y en un momento vuelve la tormenta con toda su fuerza.
Además, como he mencionado alguna vez, estoy tratando temas psicológicos aunque sea de forma indirecta. Aunque creo que es obvio el tema de la depresión. Y la depresión es un estado mental del que no se sale tan fácilmente, por desgracia =/ No es una recuperación en línea recta hacia arriba, y eso quiero que quede reflejado en la historia de una forma u otra, con el riesgo de caer en una espiral sin salida.
Pero no quiero adelantar acontecimientos xD
Así que nada, me despido de momento =)
¡Gracias por seguir leyéndome!
genesis
Bueno… como has podido ver, no, Mikoto no lo sabía xD No te olvides que la historia la escribo desde el punto de vista de sólo un personaje… Así que si le mienten (y no detecta la mentira) para el personaje será verdad, aunque realmente no lo sea (como la vida misma =P)
