Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. Este fanfic no tiene ánimo de lucro.
Beta: Usura-tialmant, Funeral-Of-The Humanity, Noin no Nogitsune & akasha-bennington
Advertencias: Shonen ai, Pov Sasuke. Este fanfic tiene todos los derechos reservados © solochely (2019). La distribución del mismo, parcial o total, en cualquier otro medio -físico o digital- no autorizado será motivo de las acciones oportunas.
Jueves, 16 de octubre
15:20
Con frustración, se quitó la camiseta y cogió el telefonillo de la ducha para lavarse de nuevo la cabeza. Esperaba no mojarse los pantalones pero es que ya no tenía tiempo de volver a desnudarse y secarse entero.
Tenía que ir a la peluquería. Sí. El pelo de la nuca le había crecido tanto que era imposible de engominar ya, por más que lo intentara.
A prisa se enjabonó la cabeza, y se la aclaró. ¿Cuánto había podido tardar? ¿Un minuto? ¿Dos? Como no se diera prisa Suigetsu iba a llegar y le iba a pillar aún secándoselo.
No es que le entusiasmara la idea de ir a dar una vuelta con Fuu… Pero quería aprovechar la tarde y buscar algo para regalarle a Naruto. No tenía idea de qué, pero esperaba poder encontrar algo que quizá le gustase. Claro está, desechando el ramen. De eso podría comprarle cualquier otro día, y tampoco era lo que él consideraba un regalo de cumpleaños. Aunque bien sabía que, sólo con eso, al dobe le harían chiribitas los ojos.
Pero la cuestión era que quería comprarle algo más significativo. Algo que pudiera llevar siempre encima para que cuando lo viera pensara en él y que fuera lo suficientemente discreto para que no llamara la atención. Algo común, pero a la vez no. Y que cuando él mismo lo viera pudiera pensar que Naruto le pertenecía a él, y a nadie más.
—Argh…
"Basta ya…", se reprochó a sí mismo.
Naruto no era de nadie, sino dueño de sí mismo. Debía de meterse eso en la cabeza, por muy celoso que se sintiera en ocasiones. Seguía sin entender cómo podía sentir celos del cabeza hueca de Kiba: tan sólo tenía que observarlo durante un par de minutos para darse cuenta de cómo se le perdía la mirada en cuanto pasaba alguna tía con las tetas bien puestas por su lado.
Además… Con todo lo que Naruto pensaba en él…
Y no sólo en él, sino en ambos.
No sabía exactamente desde cuándo, pero estaba empezando a utilizar el plural cada vez con más frecuencia.
Lenta y profundamente, dejó escapar un suspiro de melancolía al tiempo que cerraba el grifo, el agua chorreando de su cabeza al plato de la ducha.
¿Qué hacía él por Naruto… aparte de hacerle sufrir?
Cierto que al principio aquél parecía totalmente emocionado… E intentó hacer lo que estuvo en su mano para que afrontara esos fantasmas que le impedían estar tranquilo yendo por la calle.
Aunque eso también era parte de su propio egoísmo.
Pero cuanto más tiempo pasaban juntos, más se daba cuenta de lo intranquilo que le hacía sentir por ese instinto suyo que tenía y lo perceptivo que era...
Sasuke sabía que tenía razones para sentirse frustrado, lleno de rabia e impotencia, así como también era consciente de que siempre ventilaba toda su ira contra quien menos lo merecía, sin control alguno. Pero a pesar de ello, cuando le daban esos ataques…
Simplemente todo se le escapaba de las manos. Si bien sólo podía darse cuenta cuando ya era demasiado tarde, y el daño ya estaba hecho.
Bien.
Eso era algo que tenía que cambiar.
Debería empezar a trabajar en ello y poner en práctica algo de lo que le había dicho el psicólogo tiempo atrás.
«Da algo positivo para recibir algo positivo…», se recordó a sí mismo.
¿En qué momento había dejado de hacerlo? Era algo que no paraba de repetirse, especialmente desde que conoció a Naruto.
Y sabía que daba resultados.
Sólo tenía que ver a la pequeña Mirai y cómo le buscaba siempre para darle un abrazo en cuantito entraba por la puerta de casa, cuando venían de visita. Claro que con los niños le resultaba mucho más fácil pues no le iban a juzgar…
"Eres un hipócrita", se reprochó suspirando de nuevo. "Siempre hablando de vivir sin importar qué digan los demás…".
Sin duda, tenía cosas en las que trabajar de ahora en adelante.
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Jueves, 16 de octubre
16:35
—¿¡Me compras un helado!? —preguntó emocionada Fuu, apenas a un par de palmos de su cara y provocándole un tic en el ojo.
¿¡Es que no entendía lo que significaba el concepto de "espacio personal"!?
—Sabes que no debes —fue todo lo que se le ocurrió contestar por no ser un "cretino".
La toleraría durante esa tarde.
Por Naruto.
Sí.
Por algún lado tenía que empezar a aplicar eso de ser más positivo. Aunque no sabía cuándo llegaría a su límite. Pero estaba dispuesto a darle un intento, por mucho que le tocara las narices.
Por suerte no estaba solo: Suigetsu no le dio ni un pensamiento cuando le pidió que le acompañase y Juugo debía de estar al caer.
De momento, hubo de luchar contra la urgente necesidad que sintió de apretarle los mofletes con saña a esa enana malcriada que no ocultó un enorme puchero ante su negativa. Estaba más que seguro de que estaba fingiendo. Y por algún motivo no paraba de recordarle a Naruto.
—Eres un borde… —murmuró cruzándose de brazos.
"Y tú masoca", no pudo evitar pensar.
Si le caía tan mal, ¿por qué insistía cada día en querer salir con él?
—Venga ya, Sasuke, cómprale uno pequeñito —se unió el otro, cogiéndola del hombro.
Y por el carácter tan explosivo que tenía aquella enana, había anticipado que, una de dos, o habría aprovechado la oportunidad para engancharse del cuello de Suigetsu, o le hubiera apartado a empujones. Pero no ocurrió ni lo uno ni lo otro. Se quedó como paralizada, agarrando fuertemente la correa de su bolso y la mirada clavada en el suelo, obviamente avergonzada.
Y no pudo sino suspirar, llevándose la mano al cuello. Empezaba a sentirse un poco culpable de haber estado negándose a tan siquiera escucharla hasta ahora. Y es que… Esa actitud suya era igualita a la de Naruto, esperando algún tipo de gesto cariñoso por parte de alguien. Quién fuera, parecía darle igual.
Y él mejor que nadie debería de haberla entendido desde buen principio…
—Está bien… —suspiró de nuevo.
—¿¡En serio!? —exclamaron ambos a la vez.
Quiso que le tragase la tierra al ver la sorpresa estampada en sus caras, pero especialmente en la de su amigo… Aunque no tuvo mucho tiempo para quedarse en la parra: Fuu se separó de aquel, y venía directa a engancharse de él.
Suerte que sus reflejos estaban afinados y a tiempo le puso la mano en la frente para mantenerla alejada.
—No te pases.
—¿¡Compartes el helado conmigo!?
—No.
—¿¡Por qué no!?
—Porque no.
—¡Pero no me lo puedo comer todo yo sola!
—Ése es tu problema.
—¡Vaaaaaa!
—He dicho que no —intentó mantener la paciencia.
Vio que aquella comenzó a hinchar los mofletes en una falsa rabieta de nuevo… Pero ni dos segundos después se apartó de él para volver con Suigetsu y cogerle de la manga.
—¿¡Y tú!?
—Emmm… —se giró a mirarle aquel.
En serio… Si seguía permitiendo tenerla alrededor… Sentía que le iba a dar un tic crónico en el ojo. ¿¡Qué tenía!? ¿¡Cinco años!?
—Vale...
—¡Guay!
"Calma…", se aconsejó a sí mismo.
Esto era la prueba de fuego. Sí. Si conseguía terminar la tarde sin que le sobrevinieran las ganas de tirarla por un puente, podría soportar casi cualquier cosa.
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Jueves, 16 de octubre
17:30
Para alivio suyo, una vez le compraron el dichoso helado a la niña, se pasó un rato calladita y tranquila mientras comía, al tanto que esperaban a que llegara Juugo. Claro está, hasta que terminó con su parte y le pasó el resto a Suigetsu. Si bien no pudo dejar escapar una risa burlona ante la decepción de aquel, cuando vio que estaba todo prácticamente derretido. Aunque igualmente terminó por bebérselo.
Lo que ahora le sorprendía era que permaneciera en silencio mientras paseaban por las tiendas. O bueno, no tanto en realidad: cuando vio aparecer a Juugo pudo visualizar cómo se le escapaba el alma del cuerpo.
Ciertamente para alguien tan bajita como ella, Juugo debía parecer un gigante. Ya se lo parecía a él, y eso que sólo le sacaba un par de palmos. Aunque también era bastante fornido, lo que hacía que su presencia fuera —a pesar de su carácter afable—más bien temible.
Pero bueno, tanto que mejor para él. Así se podría concentrar en buscar algo que le llamara la atención. Aunque quizá estaba en el lugar equivocado… Todo lleno de ropa pija y zapaterías que estaba seguro que Naruto no había pisado en la vida. Al menos no por voluntad propia. Aquel parecía preferir un estilo más urbano e informal, si es que las pocas veces que se había puesto camisa le servían como alguna indicación: no usaba corbatas nunca, las pocas veces que se había puesto camisas se dejaba los últimos botones desabrochados, y parecía no conocer eso de "meterse la camisa por dentro del pantalón".
Y no es que le quedaran mal los pantalones anchos… Pero sí que le gustaría verlo de vez en cuando con algo más apretado para alegrarse un poco la vista. Pero bueno, para gustos los colores. De todas maneras Naruto se sentiría incómodo, seguramente, si no estaba acostumbrado. Ya podía imaginárselo intentando encontrar un lugar donde no le vieran para estirarse las arrugas del pantalón por estar apretándole el paquete…
No pudo evitar que se le escapara por lo bajo una risa burlona sólo de imaginarle, rojo como un tomate, buscando con la mirada algún lugar donde huir.
—¿Qué? —le preguntó Suigetsu curioso.
—Nada —se tragó la risa.
—Venga ya, Sasuke —le pasó un brazo por los hombros, sonriendo ahora él de forma retorcida. —¿No estarías pensando en lo mismo que yo? —alzó una ceja.
¿En lo mismo que él…?
Suigetsu y sus tonterías. A saber qué se le habría ocurrido ahora.
—¡Venga ya! —hizo un aspaviento, bajando el tono de voz. —¿No me digas que no sería divertido verlo?
—Suigetsu… —tomó una profunda bocanada de aire, quitándoselo de encima. —¿De qué coño estás hablando?
—De éstos —hizo un ademán con la cabeza.
Sasuke siguió con la mirada hacia donde le señalaba, sólo para encontrar a Juugo y a Fuu a unos cuantos metros por delante de ellos, caminando al tiempo que miraban los escaparates, Fuu ligeramente por detrás del otro.
Y no vio nada extraño. Iban paseando tranquilamente, procurando no chocar con la gente que salía de las tiendas. Tampoco podía ver si estaban hablando, aunque dudaba bastante que pudieran mantener una conversación si él le daba la espalda.
Y sonó un clic en su cabeza tras unos cuantos segundos observándoles.
Sí que era extraño.
Fuu no decía ni mú. Y si realmente Juugo la asustara, estaba seguro de que no iría justo un par de pasos por detrás él sin más. Seguramente hubiera preferido esconderse tras Suigetsu y él.
Bien. Y ahora…
¿En qué estaba pensando su amigo? ¿Quería emparejarlos o qué?
—Hmmm…
Lo cierto es que no le parecía tan mala idea...
—¿Verdad que sí? —preguntó aquel, leyéndole el pensamiento.
—Déjalos en paz, anda.
...Pero tampoco quería meterse donde no le llamaban.
Aunque ahora hubo de darle un pensamiento.
Juugo nunca había parecido interesarse por nadie. Si bien era cierto que todo el mundo huía despavorido en cuanto lo veían acercarse. Cosa que le sorprendió de Naruto, por cierto. Era igual de alto que él mismo, así que la por altura no le intimidó, pero Juugo tenía ese algo que repelía a la mayoría. Qué, ni él mismo se lo explicaba. Pero pareció que a Naruto tampoco le afectó, pudiendo ver más allá. No sabía explicarse eso tampoco… El dobe parecía tener un sexto sentido, bien afinado, para interpretar la energía de las personas de su alrededor.
Pero el caso era que nunca había visto a Juugo salir con nadie: ni chicas, ni chicos.
Y aquel tampoco era mucho de hablar, así que no tenía ni idea de qué pasaba por su cabeza a ese respecto. Tampoco era algo que le hubiera llamado a la curiosidad… Pero viendo ahora a la enana ir detrás de él en completo silencio... le hizo preguntarse si es que aquella se había, como dicen, enamorado a primera vista.
"Hmmm…"
Quizá, después de todo, podría tener la oportunidad de hacer una buena acción e invitarla de nuevo otro día a que saliera con sus amigos para dejar que se conocieran un poco.
Pero, por lo pronto, volvió a centrar toda su atención en los escaparates para seguir con su búsqueda. Tenía que encontrar algo especial para él.
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Viernes, 17 de octubre
10:15
—¿¡Salimos esta tarde un rato!? —preguntó emocionada.
No llevaba ni dos segundos sentado en el sillón. Ni tan siquiera le había dado tiempo de quitarse el jersey, mucho menos de acomodarse y taparse con la manta. Pero en cuanto las enfermeras le tomaron el peso a Fuu y la dejaron dirigirse a su sitio, aquella le asaltó sin rodeos.
—No, Fuu.
—¿¡Por qué no!?
—Porque no creo que vaya a salir. ¿Es que tú no duermes la siesta?
—No —contestó con obviedad.
Para ella, claro, porque él no podía entender de dónde sacaba las fuerzas para querer salir a dar una vuelta después de aquella tortura.
—Tal vez mañana —le dijo al tiempo que se sacaba el jersey.
Después de todo… Tal vez no era tan insoportable como había pensado. Bueno, más que nada porque desde que llegó Juugo, aquella pareció olvidarse de Suigetsu y él, y pudo concentrarse en sus cosas. Quizá no haría daño que volviera a ir con ellos, además de que le picaba en la curiosidad ver si realmente Juugo se interesaba por ella.
Con calma, dejó la prenda en el reposabrazos y cogió la manta para taparse las piernas mientras esperaba que viniera alguna de las enfermeras para conectarle con aquel tedioso aparato. Pero tras unos segundos, viendo que aquella no se separaba de su lado para tumbarse en su sillón, con la mirada perdida en ninguna parte, no pudo sino suspirar.
—Dame tu móvil, anda. Ya luego cuando me levante de la siesta te digo algo.
Con los ojos haciéndole chiribitas de repente, Fuu intentó contener una estúpida sonrisa antes de salir disparada a coger su teléfono.
"Es que son igualitos…", se mordió el labio, no pudiendo evitar pensar en Naruto.
En seguida se emocionaba con cualquier cosa. Igual que el rubio. Parecían críos con toda la energía que desprendían. Claro que de Naruto podía entenderlo… Aparte de lo nervioso que era, nunca había tenido amigos con los que pudiera compartir sus aficiones, así que en el momento que encontraba algo que hacer… La emoción le invadía por completo.
Hasta ahí llegaba.
Pero Fuu… Llevando el mismo tratamiento que él, no podía comprender cómo podía ser tan enérgica. Tan sólo de pensar que estaría al menos tres horas ahí, conectado a la máquina, ya sentía como si le pusieran una tonelada sobre el pecho.
Aunque bueno, ella era más pequeña. Si no recordaba mal, en algún momento creía recordar que le dijo que tenía unos diecisiete años. Y tampoco llevaba mucho tiempo en tratamiento…
Pero para Sasuke los primeros meses de diálisis fueron los más horrorosos de su vida, a pesar de contar con el apoyo de su hermano y su madre, y sus amigos. Incluso antes de empezar con aquella tortura, la depresión fue inevitable. Estuvo preparándose mentalmente con el psicólogo antes de que todo empezara… Pero aún así, cuanto más se acercaba el momento, peor lo llevó todo.
En cambio ella parecía tomárselo como si estuviera en el patio del colegio.
—Toma —le tendió su móvil cuando regresó, con una amplia sonrisa.
Un nuevo suspiro se le escapó al tiempo que tomaba el aparato y empezó a tipear su número. Esperaba por los dioses no tener que arrepentirse.
—¿Tienes novia?
Y paró en seco.
—No —contestó con recelo, frunciendo un tanto el ceño.
¿Eso era lo que buscaba? ¿Ligar con él?
—¿Y novio?
La sorpresa de aquella pregunta hizo que se quedara en blanco por un momento.
¿No le interesaba de esa forma?
Bueno... Mucho mejor.
No quería tener a nadie detrás de él, intentando acercarse a la menor oportunidad.
"Espera, espera, espera…"
¿De dónde se había sacado la idea de que pudieran gustarle los tíos? Nunca había hablado de nada personal con nadie de la clínica y, que él recordara, tampoco se había cruzado con ninguno de ellos cuando salían a pasear por el centro. ¿Les habría visto alguna vez, aunque fuera de lejos?
Pero el gesto de la chica, a la espera de que le contestase, hizo que se relajara. Al menos, parecía puramente curiosa.
—Unn… —asintió levemente, sintiendo que le subiera el rubor.
Aún no terminaba de acostumbrarse a ese término para referirse al dobe. Por mucho que lo pensara, le hacía sentir ridículo por alguna razón.
—¡Oh! ¿¡Entonces era para él!?
—¿El qué? —quiso hacerse el desentendido, dándole de vuelta su móvil.
Claro que sabía a qué se refería. La tarde anterior, harto de buscar algo que pudiera gustarle y no encontrar nada especial, decidió tragarse el orgullo y visitar la tienda de Yahiko para ver si le podía hacer algún tipo de 'vale-descuento' para el dobe, y que se hiciera algún tatuaje. Recordaba que le dijo que le gustaría hacerse uno… Así que supuso que le haría ilusión, además de que sería el último empujón por si había estado dudando hasta ahora.
Pero hacía ya más de un año que no veía a Yahiko… Ni siquiera iba a su casa a buscar a su hermano ya. Y fue un poco incómodo cuando aquél le vio entrar por la puerta del establecimiento y se quedó sin habla en un primer momento.
La última vez que se vieron acabaron discutiendo porque aquél no quería seguir más con aquellos encuentros esporádicos que tenían; no quería perder la amistad que tenía con Itachi… por acabar haciéndole daño.
Su parte racional lo entendía, además de que Yahiko ya estaba en esa edad de querer tener una relación más estable y dejarse de juegos. Pero su parte irracional no aceptó el rechazo en aquel momento.
Sin embargo, y aunque le devorase la vergüenza, Yahiko era uno de los mejores tatuadores de la ciudad. Así que Naruto no podría estar en mejores manos.
Por suerte para él, la enfermera se acercó justo a tiempo para echar de ahí a Fuu y no tener que contestarle. Al menos de momento.
Aunque hubo de dar una profunda bocanada cuando comenzó a desinfectarle el brazo con la gasa para tomar fuerzas una vez más, y soportar aquel calvario.
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Viernes, 17 de octubre
13:55
Con un profundo suspiro, se quedó observando la pequeña pantalla de la báscula que reflejaba su peso. Sesenta y cinco kilos, y poco más. Como siguiera así se iba a quedar en los huesos…
—Tienes que ganar algo de peso, Uchiha-kun —le dijo la enfermera.
Como si no lo supiera.
—Sí…
—Puedes comer algo más calórico. Come un par de hamburguesas aparte de tu dieta —le sugirió guiñándole un ojo.
—Unn…
No hacía falta que se lo dijeran. Pensaba hacerlo igualmente. Era de las pocas cosas que le gustaban y que podía comer sin tener que andar controlando la cantidad. Pero...
—Pero nada de salsas —le dijo como anticipando sus pensamientos.
—Sí… —suspiró.
Y es que, de verdad, sólo la carne y el pan, sin queso ni tomate… Le resultaba completamente insulso si no le podía poner aunque fuera algo de ketchup y mostaza.
"En fin…", se resignó, bajándose de la balanza.
Sabía que no tenía otra opción si quería terminar de recuperarse. Entre todos los excesos que había tenido meses atrás, comiendo lo que le venía en gana cada vez que iba con Naruto, y haberse estado saltando algunas tomas de su medicación en las últimas semanas…
Debía considerar un milagro que tan sólo hubiese tenido una leve subida de potasio, y siguiera entre los vivos.
"Eres un idiota", se reprochó al tiempo que se ponía el abrigo y recogía sus cosas de la taquilla.
Tanto que le temía a la muerte… Y si no hubiese sido por la insistencia de Naruto en buscarle, seguramente ya estaría bajo tierra por haber sido un completo anormal.
Hubo un momento durante aquellos días en los que verdaderamente le dio igual si desaparecía del mapa. Total, así acabaría de raíz con los problemas que les causaba a todos los que le rodeaban.
Pero cuando empezó a ir a buscarle, día tras día, y cuando le encontró por la calle, y le llevó a su casa… Se le removieron las entrañas sólo de ver lo que le hacía padecer. Por él, porque realmente le importaba. Y en aquel momento se dio cuenta de la estupidez que estaba cometiendo… Otra vez.
Con el nudo en el pecho, se despidió de la enfermera y salió de la sala para encaminarse al vestuario a recoger sus cosas y marcharse de allí cuanto antes.
Quería verle. Y disculparse de nuevo con él. Aunque sabía que no tenía perdón todo el dolor que le había causado a Naruto por su puro egoísmo. Cada vez que lo pensaba hacía que fuera insoportable el nudo que se le hacía en la garganta, y ya notaba el escozor en los ojos, casi incapaz de retener las lágrimas.
Y es que, a pesar de todo, a pesar de haber estado ocultándole algo tan importante como era su enfermedad, y a pesar de haberlo llevado a la desesperación más absoluta… Aquel bobo seguía queriéndole sin rencores.
Antes de colocarse las gafas de sol, se pasó la manga por los ojos para secarse las lágrimas que estaban a punto de caerle, y se puso las lentes antes de salir a la calle.
—¡Ohhh!
Y dio un respingo al reconocer la voz de Karin.
—¿Ves? ¡Tienen un montón de descuentos!
Y la de Fuu.
—¿Qué hacéis aquí? —preguntó aún con el sobresalto en el cuerpo.
¿Qué demonios hacían hablando ellas dos? ¿Se conocían?
—¿Cómo que qué hacemos aquí? —preguntó su amiga.
—¡Estábamos esperándote! —dijo la enana.
—¿Para qué? —no pudo evitar preguntar receloso.
Cierto que a veces Karin se presentaba por sorpresa para esperarle y acompañarle… Pero no le agradaba la idea de que aquellas dos se juntaran. Ambas eran un torbellino, sumado a que Karin tenía un complejo de madre que en ocasiones se le hacía insoportable.
—Pues para acompañarte a casa —contestó con obviedad la pelirroja, cruzándose de brazos. —¿Para qué va a ser?
—No.
Y sin más, comenzó a dirigir sus pasos hacia el semáforo para cruzar la calle. No le importaba que le acompañara su amiga, pero no quería que aquella enana supiera dónde vivía. Ya podía imaginársela llamando a su timbre cuando le viniera en gana.
—Va, no seas así, Sasuke-temé —le siguió el paso.
Claro que no era complicado seguirle. Se sentía totalmente exhausto, como para acelerar el ritmo.
—Sólo un paseo… —se unió la otra.
—Estoy cansado, ¿vale? ¡Dejadme en paz!
Y al instante, hubo de cerrar los ojos y tomar un profunda bocanada de aire, deteniendo sus pasos en seco.
"Otra vez…", apretó la correa de la bandolera.
—Eres un borde, ¿te lo había dicho ya? —preguntó Karin monótona.
—Lo siento, Karin.
De verdad, debía empezar a controlar seriamente lo que se escapaba de su boca. Realmente no quería decir aquello… Realmente no quería que le dejaran solo… Pero es que se sentía tan irritado cada vez que tenía que ir a la clínica que cualquier cosa le sacaba de quicio.
Por estúpida que fuera.
—Va, sólo hasta la avenida —le fue a coger del brazo su amiga.
—Karin… —suspiró irritado. —A mi derecha.
—Perdón, perdón —se llevó la mano a la nuca, riéndose por lo bajo de su torpeza. —La costumbre, ya sabes…
Y es que estaba acostumbrada a caminar del otro lado con Suigetsu. Podía entenderlo. Pero es que siempre le pasaba igual…
—¿Y tú tienes novio? —le preguntó Fuu a la otra.
—Sí —contestó con decisión. —Y vivimos juntos.
—Alaaa… ¡Qué guay!
—¿Verdad?
—¡Unn!
"Mira que es fácil de impresionar…", suspiró de nuevo, dejándose arrastrar por aquellas.
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Viernes, 17 de octubre
14:10
—¿Y Naruto? —preguntó su amiga nada más entrar por la puerta de la cafetería y echar un vistazo alrededor. —¿Tiene el día libre?
—Está de viaje —quiso zanjar el asunto sin dar más explicaciones.
—Oh… Así que se llama Naruto… —dijo con tono burlón Fuu, riendo por lo bajo.
Cosa que le hizo fruncir el ceño.
Por suerte —o por desgracia—, antes de que pudieran decir nada más se acercó la compañera de Naruto para recibirles.
—¡Hey, Karin, Sasuke-kun! ¿Qué tal?
—Bien —contestó aquella. —Veníamos a dar un paseo —rio con algo de malicia, cubriéndose la boca con la mano.
Lo que le hizo arrugar el entrecejo algo más. ¿Qué estaba tramando?
Y tuvo la corazonada de que tenía que ver con esa enana. Lo que le quedó confirmado al girarse levemente, y entre los mechones de su flequillo vio que aquella apretaba los labios intentando contener la sonrisa.
¿Es que habían planeado llevarle ahí desde buen principio… para ir a ver a Naruto?
—¿Y esta chica tan mona quién es? —se agachó un tanto la rubia, apoyándose con las manos en las rodillas.
—Me llamo Fuu.
—Yo soy Ino —sonrió. —Encantada de conocerte.
—Unn, igualmente… —se llevó las manos a la espalda.
—Estaba pensando que podríamos ir de compras luego cuando salgas —comentó su amiga.
Y antes de que se pusieran a hablar de toda la ropa que se quisiera comprar, Sasuke respiró hondo, encaminando sus pasos a la mesa más alejada que había de la puerta. Era una compradora compulsiva.
—¿Lo de siempre? —le preguntó Shikamaru al pasar por al lado de la barra.
—Por favor.
Agradecido de los asientos acolchados que había en la zona del fondo, Sasuke se dejó escurrir un poco, apoyando la cabeza en la pared. Se sentía completamente agotado y lo único que deseaba en ese momento era poder llegar a casa y tirarse en el sofá. No entendía qué pretendía Karin arrastrando a Fuu con ellos… Pero lo hecho, hecho estaba. Aunque desearía de poder haber tenido a Naruto ahí, la verdad. A pesar de que no quería que sus asuntos personales se entremezclaran con todo lo que tenía que ver con la clínica —y todo lo que formaba parte de ella—, de seguro a Naruto se le habría ocurrido algo que hacer para sacarle de ese embrollo.
Aunque por otro lado… Y aunque ya sabía que Naruto nunca había estado con ninguna chica… En el fondo de su mente empezaba a molestarle que Fuu y él se conocieran. Eran clavaditos el uno al otro. Fijo que harían buenas migas desde el primer momento. Al igual que ocurría con Kiba. Era tan enérgico que podía seguirle el ritmo sin problema, cosa que siempre le provocaba una punzada de celos. Eso era en parte lo que siempre le robaba la atención del rubio, y lo que le hacía temer que más tarde o más temprano, terminara por cansarse de él. Además de lo obvio.
La vibración de su móvil le sobresaltó, sacándole de sus pensamientos. Y hubo de dar un profundo suspiro al darse cuenta de que había estado a punto de quedarse dormido, viendo ahora que tenía frente a él su refresco y cómo las chicas se acercaban hasta donde él estaba sentado, hablando animadas entre ellas.
—Bueno, ¿y? ¿Cómo te ha ido hoy? —le preguntó su amiga al sentarse.
—¿A ti qué te parece?
¿Qué quería que le dijera? ¿Que había estado relajándose en un onsen, o de paseo por Tokio?
—¿Siempre es así de borde? —preguntó la otra.
—A veces es peor —dijo con un suspiro Karin.
—¿Podríais dejar de hablar de mí como si no estuviera aquí? —preguntó molesto.
—¿Y qué quieres que haga? No hay forma de que sueltes prenda —se cruzó de brazos. —Para tu información, a mí también me interesa saber cómo estás. Quizás podrías habernos contado que tuvieron que ingresarte la semana pasada, no que tuve que enterarme por otros. Parece que, sólo porque está estudiando medicina, Sakura es la única que tiene el derecho y el privilegio de saber de ti y de tu vida últimamente.
Y sintió aquello como una bofetada.
Cierto era que por esa razón le resultaba menos complicado hablar con ella. Aunque...
—Eso no es verdad.
No del todo, al menos. En lo que respectaba a Naruto, y lo que había ocurrido durante la última semana… Ni siquiera con ella había hablado. No se había atrevido. Le dijo que hablarían el día anterior y al final no la llamó.
—¿Ah, no? —alzó la ceja la pelirroja.
—No.
—De todas maneras —se metió Fuu en la conversación—, ¿podríamos cambiar de tema?
Completamente sorprendido de que mediara entre ellos, Sasuke se quedó observándola. Nunca parecía decaída. Se enfadaba con él por ser tan tajante y directo, maleducado a veces incluso. Pero nunca parecía deprimirse con nada. Sin embargo, viéndola clavar la mirada en algún lugar de la mesa… Quizá la había estado malinterpretando todo este tiempo.
"Soy idiota", suspiró para sus adentros.
Por supuesto que ella también debía deprimirse con toda aquella pesadilla que les había tocado vivir. Sólo que ella era capaz de sobrellevarlo de otra manera.
—Karin, ya hablamos otro día si quieres.
—Hmmm… —frunció el ceño, examinándole con la mirada. —Prométemelo.
—Te lo prometo.
Aquella permaneció observándole un tanto más hasta que pareció convencerse de sus palabras, suspirando finalmente y dejando el tema pasar.
Pero sabía que debía cambiar su actitud. No sólo con ella, sino con todos. No sabía en qué momento exactamente se había envuelto en esa coraza, pero hacía ya bastante tiempo que le resultaba cada vez más complicado expresarse.
De nuevo, sintió la vibración de su móvil. Se le había olvidado por completo con la incursión de aquellas. Y hubo de contener un suspiro, y apretar los labios para que no se le escapara la sonrisa, al ver que Naruto le había mandado un email.
{[ Hey! Como va eso? ]}
{[ Va… Estoy con Karin en la cafetería]}
Se mordió el labio, sopesando si darle al botón de enviar o no. Pero finalmente lo hizo. No sabía qué más contarle y de todas maneras tampoco quería que aquellas dos empezaran a preguntarle qué andaba mirando y acabaran por querer cotillear. Pero antes de bloquear el móvil, le envió un mensaje a su madre para avisarla de que tardaría un poco en llegar.
"Naruto…", cerró un momento los ojos.
Si no fuera porque sabía que no estaba ahí, casi podría visualizarle entrando por la puerta del local con la bandeja en la mano, y buscándole con la mirada para dedicarle una sonrisa. Aunque rápidamente la imagen mental se desvaneció, dando paso a aquellos ojos celestes, anegados de lágrimas, cuando Naruto estuvo en su cuarto arrodillado frente a él y cogió su mano para que pusiera la palma sobre su pecho, sintiendo los fuertes latidos de su corazón.
«No puedo pensar cuando estoy contigo, Sasuke. No cuando te veo sufrir. Duele… Duele mucho…»
"Naruto…", dejó escapar un suspiro.
Sólo de recordarlo hacía que se le oprimiera el pecho.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó Karin preocupada.
—Sí… —suspiró de nuevo.
Y sabía que no coló por la forma en que se quedó mirándole fijamente con el ceño fruncido, pero no quería hablar de ello delante de Fuu. Y tampoco era como si su amiga pudiera hacer nada al respecto, aparte de darle una paliza por gilipollas.
—Pues lo que te decía —se giró a la otra para seguir con su conversación—, que el pub ése está un par de calles más abajo. Estaremos por allí sobre las siete.
—¡Vale! —sonrió ampliamente.
"Genial…", se dejó hundir un poco en el asiento, apoyando la cara en la mano.
Aunque, bueno… Quizá sería un buen momento para hablar con Karin mientras Fuu estuviera entretenida. Si Suigetsu no jugaba con ella al billar, de seguro encontraría algo con lo que entretenerse sin olisquear en sus asuntos. Y de paso, podría ver qué hacía en un ambiente así con Juugo al lado. En verdad le picaba en la curiosidad.
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Viernes, 17 de octubre
15:25
—Sardinillaaa —lo llamó por tercera o cuarta vez. —Bis bis bis bis.
Algo resignado, dejó la servilleta con el pescado junto a la puerta de la cocina que daba al jardín. Había estado pendiente todo el rato del hueco por el que normalmente entraba el gato, entre los arbustos, pero el bicho no daba señales de andar por ahí.
Lo que le hizo suspirar afligido. No le veía desde unos cuantos días antes de que le ingresaran, y después de volver del hospital tampoco había aparecido por ahí.
"¿Se lo habrá quedado alguien…?".
Lo que le hizo suspirar de nuevo. No podía tener mascotas en casa —norma de la comunidad de vecinos—, y le había cogido cariño a ese gato callejero. Sólo esperaba que no le hubiera ocurrido nada…
Con pesadez, se apoyó con la mano en el marco de la puerta y se levantó de ahí. Tenía que echarle de comer a los peces antes de que se le olvidara porque su cuerpo le estaba pidiendo ya con urgencia irse a dormir un rato.
—Luego vendrá Kurenai con la nena —le informó su madre nada más puso un pie en el salón.
—¿A qué hora?
—Sobre las seis.
—Ah, unn…
Tendría que irse a dormir a su cuarto. No por nada, pero es que la pequeñaja se le iba a echar encima mientras dormía en el momento que le quitaran los ojos de encima. Estaba seguro.
Con cierta pesadez, caminó hacia el sofá y se encaramó en él para abrir la tapa del acuario. No pudo reprimir un bostezo al tanto que abría el bote de la comida para echarle un buen pellizco a los bichos. Y se quedó ahí observando cómo acudían todos en tromba en cuanto se percataron de que había algo en la superficie.
—Ah, te he ingresado cincuenta mil yenes en tu cuenta, hijo.
Una punzada culpa le golpeó el pecho al escucharla, y se giró para centrar ahora su atención en ella. Estaba de nuevo actuando como si no ocurriera nada… Como si no hubiera ningún problema que atender, mientras tejía lo que empezaba a parecerse a un mantel. Y aunque no le aguantaba más el cuerpo… decidió sentarse a la mesa, en el suelo junto a ella.
—Lo siento, mamá. Te lo devolveré en cuanto pueda.
—Hijo —detuvo un momento lo que estaba haciendo para mirarle a los ojos—, no tienes que devolverme nada.
Aunque de repente su gesto se torció en lo que le pareció un total fingido enfado.
—Pero espero que cuides más tus cosas de ahora en adelante —agregó antes de continuar con su labor.
—Sí… —asintió con media sonrisa.
Y es que… En verdad no entendía ahora por qué no habían hablado antes. Su madre verdaderamente se estaba esforzando en hacer como le había pedido…
Si quería hablar con ella, éste era el momento.
—Mamá…
Pero de nuevo, y como siempre, cuando ella levantó la vista para atenderle se quedó sin palabras.
—¿Qué ocurre, cielo? —dejó las agujas a un lado, apoyándose con los brazos en la mesa. —¿Te encuentras mal?
—No —se mordió el labio, y dejó de rascarse el brazo cuando fue consciente. —Es sólo que… Siento… Siento mucho lo del otro día.
—Sasuke, hijo mío… —suspiró.
En ese momento se arrepintió de haberse sentado ahí. Su madre destilaba todo el padecer que sufría por cada poro de su piel, y en ese momento fue consciente, observándola al cerrar los ojos por unos segundos, de lo envejecida que se la veía. Siempre que la miraba la veía exactamente como cuando él era pequeño, joven y bella. Pero era ahora que se percataba del paso del tiempo en su rostro, dándose cuenta de lo deteriorado de su piel. Especialmente las ojeras.
Y entonces fue que le invadió un miedo diferente a los que había tenido hasta ahora…
¿Y si…? ¿Y si algún día ella ya no estuviera más ahí? ¿Y si algún día entrara por la puerta de casa… para encontrarla completamente vacía?
Hubo de hacer un esfuerzo dantesco para que el nudo que se le hizo en la garganta no fuera a más, y no se le escaparan las lágrimas.
—No te preocupes más por eso, ¿vale? —le dijo poniendo una mano sobre la suya.
—¿Cómo quieres que no me preocupe? Yo no hago más que joderos la vida a todos y vosotros ni siquiera me pedís explicaciones —soltó a bocajarro.
Si ya de por sí había pensado que había sido un error sentarse ahí… Ahora no podía sino maldecirse a sí mismo. De nuevo estaba empezando a dejar escapar de la peor forma todo lo que le pasaba por la cabeza. Por lo que apretó los dientes y tomó consciencia de su respiración para intentar controlarse y no cagarla más.
—Hijo —le llamó la atención, esta vez más seria. —Tú no le estás jodiendo la vida a nadie más que a ti mismo. Deja de culparte por cada cosa que haces.
Y antes siquiera de que pudiera procesar lo que acababa de decir, se vio arrastrado por el agarre de su madre, haciendo que cayera sobre ella.
—No eres un mal niño —le dijo en voz baja, estrechándole en un abrazo—, pero tienes que empezar a aprender a perdonarte a ti mismo. No puedes vivir así, menos cuando no es culpa de nadie lo que te ocurrió —le susurró con la voz un poco entrecortada. —Ojalá pudiera volver atrás en el tiempo, hijo mío… Pero hay cosas con las que hay que aprender a vivir.
Completamente inmóvil, sin poder ni tan siquiera parpadear, las lágrimas se le empezaron a escapar. ¿Cómo podía decir que nadie tenía la culpa de todo lo que estaba sucediendo…? ¿Acaso no era culpa suya que su madre estuviera a punto de volver a llorar, abrazándole como si fuese a desaparecer en cualquier momento…?
—Te quiero, cielo —le besó en la frente con suavidad. —Y quiero que seas feliz. Pero no sé qué más hacer para ayudarte, hijo… No puedo hacer nada más por ti.
Y sintió una lágrima caer por su mejilla. Pero no era suya. A pesar del firme abrazo con el que le mantenía junto a ella, su madre lloraba en completo silencio. Ni tan siquiera notaba que se agitara su respiración. Todo lo contrario a él, que estaba empezando a sentirse sofocado.
—M-mamá…
Y sin poder soportarlo más, rompió a llorar.
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Viernes, 17 de octubre
16:10
Le dolían los ojos de puro agotamiento. Y de tanto llorar.
Después de pasarse un buen rato ahí, abrazado de su madre, aquella le hizo levantarse para que se echara en el sofá. Ella se había quedado sentada junto a él hasta ahora, paseándole la mano por el brazo y la espalda para que se calmara… Pero aún así era incapaz de conciliar el sueño, con la mirada clavada en la nada, y respirando por la boca. Tenía la sensación de que se fuera a ahogar.
—Y dime, hijo —rompió el silencio después de un buen rato así—, ¿cómo conociste a Naruto-kun?
—Trabaja en una cafetería del centro —contestó vagamente.
Lo cierto era que eso era algo que no se lo iba a contar ni al propio Naruto. Él no se acordaba. Y, ciertamente, pensaba con firmeza que era mejor así.
Cuando se encontraron por primera vez, a finales de invierno, Sasuke iba tapado hasta las orejas. A duras penas se le veían los ojos con todo lo que llevaba encima por el frío por lo que, cuando volvieron a encontrarse, Naruto no le reconoció.
—Y… Hmm… —titubeó por un instante. —¿Hace mucho que salís juntos?
—No…
Aunque no sabía exactamente desde cuándo contar. Si desde que fue a su casa por primera vez, desde que le recogió de la parada cuando se sentía como un trapo, o desde que se besaron por primera vez.
Aunque, bueno, formalmente hablando, aún no estaba nada claro… Ni tan siquiera sabía si debía hablar más de ello con su madre pues aún debía explicarle algunas cosas a Naruto que no estaba tan seguro que pudiera aceptar sin más.
Pero si debía contar desde algún día en concreto, supuso que el día cuando se besaron fue como si se hubieran declarado pareja. Domingo, diecisiete de agosto. Alrededor de las diez y media de la mañana.
"Hoy hace dos meses…"
—Un par de meses —murmuró.
Aún recordaba el cosquilleo que le inundó el cuerpo entero cuando se vio frente a su puerta, intentando decidir si llamar o no.
—Parece un buen chico —dijo con dulzura en la voz.
—Unn… —asintió con una leve sonrisa. —Lo es.
Tanto que a veces era tonto. Era demasiado bueno para su propio bien, a su parecer. Ése era su problema.
Y por eso mismo en ocasiones se replanteaba si no sería mejor dejar las cosas como estaban, y quedar como amigos. No quería hundir a Naruto con él en esa espiral de desesperación que era su vida, esperando una llamada del hospital que le dijera que había alguna donación.
Pero es que… Le dolía el pecho sólo de pensar en que, si lo dejaban así, ya no podría abrazarle ni besarle cuando quisiera. Y que si le dejaba, más tarde o más temprano encontraría a alguien. Y a pesar de que quería que fuese feliz… Aunque fuera al lado de otro… Le escocían los ojos sólo de pensarlo. Por egoísta que fuera, le quería para él.
—Es un torpe y un bobo —rio por lo bajo, secándose las lágrimas con la manga. —Pero es divertido y valiente y siempre tiene algo de qué hablar. Siempre hace que me lo pase bien…
—Y es muy guapo —rio suavemente su madre también, haciendo que le subiera el rubor.
—Unn… Y con lo rubio que es, a veces cuando le da el sol parece que brille.
—Tiene unos ojos preciosos —añadió ella, apartándole el flequillo de la cara.
Y se sintió como un crío cuando se inclinó a besarle en la frente, ahí tumbado y hablando sobre el chico que no podía apartar de sus pensamientos, como si fuera un chiquillo de cinco años. Pero le sosegaba poder compartir aquello con su madre, por lo que no se movió de ahí cuando ella se levantó para taparle con la manta.
—Tendrías que escucharle reír —rió medio burlón.
—Bueno… —se quedó en silencio un instante, pero enseguida le sonrió, inclinándose de nuevo para besarle en la mejilla—, ...puedes invitarle a casa cuando quieras.
—Unn… —asintió levemente.
—¿Qué le gusta de comer?
—Ramen.
Y lo dijo de forma tan contundente que su madre se quedó sin habla por unos segundos.
—Oh, hmmm… Tendré que echarle un vistazo a alguna receta…
—Hay un restaurante en el centro que se ve que le gusta cómo lo hacen, tranquila —dijo al tiempo que se removía para taparse mejor.
—Pero fue él quien te preparó una paella, ¿no?
"Itachi…", suspiró un tanto irritado. Eso no se lo había contado a ella.
—Unn… —asintió levemente, cerrando los ojos.
Le iba a cortar la coleta… Vaya que sí se la iba a cortar.
—Y fue con él con quien te fuiste un fin de semana a casa de sus padres ¿no?
—Unn…
—¿Y no me dijiste que se portaron bien contigo? ¿Qué dirá su madre si no hago algo para él también?
—Mamá… A Naruto le va a dar igual quién cocine el ramen, le va a gustar igualmente.
—¡No! —se levantó de golpe del sofá.
Y no la veía muy bien porque del cansancio tenía la vista un tanto borrosa, pero pudo percibir cómo se llevaba el puño cerrado al pecho.
—Si le gusta, buscaré una buena receta.
—De cerdo —le informó, riendo por lo bajo para sí.
Le resultó graciosa la forma en la que asintió solemnemente, antes de acercarse a la mesa y recoger las agujas y los hilos que tenía por ahí. La resolución con la que marchó le recordó a los días de colegio, y el empeño que tenía entonces por confeccionar el bento más llamativo de todos —a la vez que equilibrado, nutricionalmente hablando. Era una competencia que tenían entre las madres que no comprendería nunca, y que parecía haberse reavivado tras conocer a Kushina.
Pero bueno, parecía que aquello la había animado. Y de paso, iba a cocinar algo para Naruto, cuando fuera a visitarles, que sin duda alguna le iba a gustar. Así que no iba a quejarse.
De hecho… Cuando su madre fuera a cocinarlo, debería echar un vistazo. Aunque fuera de esa forma tan tonta, pero de alguna manera quería devolverle a Naruto todo el cariño y la paciencia que le había dado hasta ahora.
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Viernes, 17 de octubre
18:55
Respirando lenta y profundamente, fue entreabriendo un ojo al sentir una presión en su mejilla que incluso hizo que se le separasen los labios. Le costó un poco enfocar la vista, pero cuando lo consiguió, no pudo evitar sonreír cuando la pequeñaja dio un respingo al percatarse de que se había despertado.
—Bú.
Y como alma que llevaba el diablo, salió corriendo a esconderse. Lo que le hizo reír por lo bajo, al tanto que tensaba el cuerpo para desentumecerse.
"Si es que lo sabía…", se cubrió los ojos con el brazo.
Le pesaban los párpados, y seguía cansado. Pero sentía como si su cuerpo fuera más ligero de lo habitual.
Sin apartarse el brazo, giró lo justito la cabeza para poder ver por dónde andaba la nena al escuchar sus pasos no muy lejos de la puerta. Y le dio un respingo al verla dirigirse hacia el altar.
—Mirai, ven aquí —la llamó procurando no alzar la voz.
Ya no sólo por no hacer que se asustara, si no por no llamar la atención de su madre.
Aquella pareció dudar, pero en el momento que Sasuke se irguió un poco y le tendió la mano, redirigió sus torpes pasos hacia él, riendo emocionada.
—¿Qué tal, peque? —le preguntó al tiempo que la rodeaba con los brazos para subirla en el sofá. —¿Has ido al cole?
Como si pudiera contestarle algo coherente…
—Unn —asintió con energía. —He ió um papo ahí, po sa ío —se encogió de hombros, haciendo que le sobresaliera el labio inferior.
«He ió um papo…», intentó descifrar qué quería decir.
—Vaya… —contestó fingidamente abatido.
—Po- po- po-... —cogió aire por la boca, intentando decir algo de nuevo.
Pero de repente empezó a reír, y antes de que le diera tiempo a reaccionar se le echó encima, en peso muerto sobre su costado, agarrándose como buenamente podía a la manta para no escurrirse, haciéndole perder el aire por un momento.
—Mirai… Pesas…
¡Joder como crecía el bicho! Juraría que hacía un mes no pesaba tanto.
Pero aquella lejos de apartarse, siguió riendo aferrada ahí.
"Se va a enterar…"
Y a pesar de que aún se sentía fatigado, con toda la rapidez que pudo sacó el brazo de debajo de la manta, atrapándola en su regazo.
—¡Ñom, ñom, ñom! —fingió como si le fuera a morder en una oreja.
Y la niña comenzó a patalear, riendo más fuerte si cabía.
Si es que ese tipo de risas le aligeraba el alma… Oírla reír de esa manera no pudo sino recordarle a Naruto, y los ataques de risa que le daban a veces hasta casi llorar.
—Oh, Sasuke, cariño. Lo siento —escuchó la voz de Kurenai.
Aquella entró al salón con paso calmo, dirigiéndose hacia ellos con esa sonrisa suya de bochorno. Seguramente se habría entretenido tanto hablando con su madre que se les pasó por alto cuando la pequeñaja se escapó de su lado.
—No pasa nada —le restó importancia, estrechando en sus brazos a la niña al tanto que se sentaba. —La próxima vez ¡me la voy a comer!
Y de nuevo, fingió que la fuera a morder, haciendo que estallara en otra carcajada. Pero esta vez la chiquilla empezó a empujarle con las manos para que la soltara. Y cuando hubo puesto los pies en el suelo, salió despavorida fuera de la estancia, sin dejar de reír.
Sasuke permaneció observando la puerta por donde acababa de salir intentando reprimir una sonrisa. Aunque finalmente acabó suspirando, meneando la cabeza.
"Cómo me gustaría volver atrás…"
Volver a ser un crío sin preocupaciones, y vivir de nuevo sin restricción alguna. Aunque no concebía el hecho de no tener a Naruto al lado, e intentó imaginarle a él también de niño. Y que quizá pudieran haber ido juntos al colegio, y jugar al fútbol o al baloncesto…
—¿Cómo te va, Sasuke? —le dijo la mujer, sentándose a su lado.
—Va… —se encogió de hombros.
En serio… ¿Por qué la gente seguía molestándose en preguntarle? Cada día era igual al anterior. No veía más allá de lo que pudiera hacer aquella noche para que el tiempo pasara, aparte de intentar quitar las últimas manchas del parquet de su cuarto de pintura, y quizá ponerse a pintar las paredes. Y el día siguiente tampoco iba a ser muy diferente, a pesar de no tener que ir a diálisis.
Aunque, bueno…
"Naruto…"
¿Cuánto había pasado esta vez? ¿Dos? ¿Tres días?
Pero a diferencia de las últimas dos semanas, ahora sí tenía algo por lo que querer que llegara mañana más pronto. Más bien, alguien. No podía esperar por que llegara ya el dichoso día en que ese dobe decidiera regresar.
Sin embargo, debía reconocer que Naruto tenía razón en cuanto a eso de pasar un tiempo él solo para reflexionar. No sabía en qué momento fue que esa espiral de agonía en la que vivía comenzó a girar tan deprisa que había terminado por convertirse en algo así como un tornado, devorándole antes de que pudiera darse cuenta. Y arrastrando a todos con él.
«Sasuke, no puedo ayudarte si sigues encerrándote en ti mismo», suspiró para sus adentros recordando sus palabras. «Déjame ayudarte».
Iba a ser difícil, pero tendría que hacer el intento.
—Me han dicho que tengo que coger un poco de peso —comentó al tiempo que se llevaba la mano al cuello—, así que puedo comer cuanto me dé la gana este finde… —se le escapó por lo bajo una risa nerviosa.
Le daban ganas de llorar. Tener que depender de esa maldita máquina, y de lo que dijera la enfermera tras la sesión, era lo que más odiaba en este mundo. ¡Ni que poder comerse un par de hamburguesas de más fuera algo de lo que debiera sentirse orgulloso! ¡Joder!
—Oh… —se quedó aquella en silencio por un momento.
Claro.
¿Qué tenía que decir? "¡Bien por ti! ¡Oh, podrás irte a dar una vuelta con tus amiguitos y comerte una hamburguesa! ¿Qué quieres? ¿Un premio?"
Sin embargo, la sorpresa inicial dio paso a una suave sonrisa. Y por un instante le cruzó por la mente que, de nuevo, estuviera compadeciéndose de él en sus adentros.
—No sabes cuánto me alegra de que ya estés un poco mejor.
Sus palabras le hicieron detener en seco sus pensamientos, girándose levemente para mirarla a los ojos. Y si no dio un respingo al ver lo cerca que estaba, acercándose para abrazarle, fue porque sentía como si su mente estuviera fuera de su cuerpo. Ni tan siquiera le llegó el impulso que siempre sentía para apartar a cualquiera que se le acercara a menos de tres pasos, dejándose envolver entre sus brazos.
—Siento que no fuéramos a visitarte al hospital… —le dijo con voz suave—, ...pero la pequeña tenía un poco de fiebre y Shisui no podía dejar la empresa sin tu madre ahí. No se lo tomes en cuenta.
—No pasa nada —fue lo único que pudo articular.
Por qué se sentía tan extraño, ni él lo sabía. De repente, su mente entró en conflicto.
Por un lado, algo en el fondo de su ser le estaba pidiendo que la apartara, que dejara de sentir lástima por él, y que le dejara en paz.
Pero por otro… otra parte le pedía más de aquella sensación. Últimamente todos parecían empeñados en acercarse a él, y darle muestras de afecto. Y aunque no quisiera reconocerlo… Le gustaba. Le gustaba sentir el calor humano, la cálida sensación de la vida. Y la embriagadora paz que le daba el sentirse querido.
Sin embargo, antes de que pudiera siquiera reaccionar a lo que estaba sintiendo, su madre entró por la puerta, con la pequeñaja tirando de la mano de ella.
—¡Tasuke! ¡Tasuke! —le llamó apurada. —¿One son oh cooe?
—¿Cómo? —pestañeó un par de veces separándose de Kurenai.
—Creo que quiere pintar —dijo con una sonrisa su madre. —¿Quieres pintar, Mirai-chan?
—¡Tí!
De nuevo, comenzó a reír mientras daba saltitos… para luego dirigirse hasta él en una torpe carrera. Se cogió de sus piernas primero, pero no tardó en querer trepar para subírsele encima. No pudo sino sonreír ante el entusiasmo de la niña, cogiéndola en brazos y sujetándola bien en su regazo antes de ponerse en pie.
—¿Y qué quieres pintar?
—¡Um papo! —abrió los brazos exageradamente, casi golpeándole en el mentón. —¡Y- y-! ¡Y mama y papa! ¡Y-!
—Déjala con nosotras si estás cansado, Sasuke —le dijo Kurenai mientras la pequeña seguía balbuceando.
—Estoy bien —contestó al tiempo que le cogía la mano a la enana, fingiendo que le fuera a morder.
Aquella comenzó a reír, tirando para que le soltara, poniéndole una mano en su cara. Y de nuevo comenzó a balbucear cosas ininteligibles, al tanto que salía del salón y dejaba a las mujeres solas. Claro que se sentía cansado, pero prefería la compañía de la niña. Al menos no le hacía sentir incómodo con tener que pensar si lo que hacía era con alguna segunda intención. Sabía que no era así, que todos y cada uno de los que le rodeaban le querían, y todo lo que le decían era motivado por la pura preocupación de su bienestar… Pero siempre le quedaba esa duda. La duda de que, quizá, tan sólo tuvieran compasión por él.
Suspiró algo irritado consigo mismo al ser consciente del peso de la enana entre sus brazos, volviendo a concentrarse en ella mientras gesticulaba hablando más para sí que para él. No quería que aquellos pensamientos volvieran a engullirle de nuevo, así que, en cuanto llegó a su cuarto y sacó los colores que guardaba para cuando venía la pequeñaja a casa, se sentó en el suelo con ella y se puso a dibujar garabatos también.
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CONTINUARÁ…
17/01/21
Uolas! ^o^)/
¡Hasta aquí el capítulo de hoy! =)
Ya mencioné en el capítulo anterior que salir de la depresión no es una línea recta hacia arriba… Así que espero que se entienda los vaivenes de Sasuke =/
Y pues… La verdad es que tengo poco que contar esta vez… ya he empezado los exámenes en la uni x_x y en breve comenzaré el tratamiento para mi enfermedad también (deseadme suerte ;_; )
Aparte de eso, como siempre recordaros que podéis encontrarme prácticamente en cualquier plataforma como "solochely", y que en Tapas (tapas punto io barra solochely) iré publicando el siguiente capítulo poco a poco de forma más o menos regular (una vez a la semana, apróx.).
¡Nos seguimos leyendo!
genesis
Sasuke nunca está tranquilo (bueno sí, cuando tiene a cierto rubio al lado jajaja xD)
