Nariz de Cleopatra


Si en la tercera novela no hubiera sido Hoja quien acompañara a Sol en el rescate a la Princesa…

Continuación de "De excursión".


4. De acampada

Por si el Caballero Sol y el Caballero Tierra no tenían suficiente con tener que aguantarse todo el día y fingir que eran best friends forever, tenían que compartir tienda por la noche.

Después de días de marcha por fin los seguidores del Dios de la Guerra decidieron levantar un campamento. Y los de la Diosa de la Luz suspiraron aliviados. ¡Eran caballeros no guerreros! Lo suyo eran los desplazamientos a caballo.

Pero claro, no fue hasta que estaban levantando las tiendas que estos últimos cayeron en la cuenta de que tendrían que compartirla. Aunque se turnaran para hacer guardia tendrían que pasar horas bajo la misma tela.

Sol y Tierra sintieron un escalofrío de aversión.

–Ni se te ocurra cruzar a mi mitad. –escupió Tierra trazando una línea en el suelo.

–¡Ni ganas! No sea que me ataques como a una de tus mujeres.

–Soy yo quien tiene que tener cuidado. Quién sabe qué serás capaz de hacer mientras duermo. Seguro que estás emocionado por pasar la noche acompañado.

–¡¿Por qué no eres el Caballero Metal?!

Por supuesto, todo gritado en susurros para que sus compañeros de misión no los escucharan.

o-o-o-o-o-o-o-o

En ese momento Creus lamentaba haber prometido a su Maestro que saldría de misión al menos una vez. No es que durante el transcurso del viaje no lo lamentara en más ocasiones, sino que en ese momento fue realmente consciente de lo bien que se estaba en el Templo Sagrado.

En la olla algo hizo "glup".

Quizás fuera un intestino, un trozo de pulmón o quizás… mejor no pensarlo.

Trozos de carne, tripas blancas y rojas aparecían y desaparecían por la olla cuando Alston removía la sopa mientras explicaba los beneficios de consumir órganos internos.

Creus estaba verde.

Y se puso morado cuando le sirvieron un cuenco de esa, a lo que los guerreros se empeñaban a llamar, comida.

¡Quería regresar a casa! ¿Dónde estaban los cocineros del Templo cuando se les necesitaba? Daría lo que fuera por tener a Hielo ahí con él. Si hubiera podido llevárselo ¡solo comería cosas deliciosas! Como echaba de menos la comida de Hielo, y los desayunos de Adair, incluso los sazonadores de Hoja. ¡Estaría dispuesto incluso a echarle ajenjo a la comida!

Mientras se llevaba una cucharada a lo boca, y reprimía una arcada, se repetía mentalmente como un mantra "No puedes llorar. No puedes llorar".

o-o-o-o-o-o-o-o

Después de que Alston organizara los turnos de vigilancia, los guerreros se fueron a dormir dejando a los caballeros el primer turno. Cuando se hubo asegurado que dormían, Sol se dirigió a Tierra.

–Ves a echar una siesta. Debo ser capaz de encargarme de la vigilancia yo solo.

Tierra lo miró con escepticismo.

–¿Quieres o no? –se impacientó Creus.

–Solo intenta que no nos ataquen –respondió mientras se acomodaba en una roca.

–Tsk.

Unos minutos después Sol susurró.

–Tierra, ¿estás dormido?

–Si me despiertas ¡no!

–Avísame cuando te duermas.

Tierra refunfuñó algo mientras se volvía a acomodar.

Unos minutos después…

–Tierra, ¿estás dormido?

Un ronquido le indicó que ¡el muy maldito se había dormido de verdad!

Murmurando maldiciones y cosas sobre no entender el doble sentido, Sol fue hacia su tienda y sacó un montón de botellas para preparar su mascarilla blanqueadora. Aunque había hecho todo lo posible para caminar por la sombra, parte del viaje lo hacía bajo el sol. Si no se aplicaba rápidamente la mascarilla, después sería difícil regresar la piel a su blancura. Sin mencionar todo el sudor que llevaba acumulado. Si no se bañaba esa noche ¡ni él mismo sería capaz de aguantarse al día siguiente! ¡No podía ser un Caballero Apestoso! Por todas esas botellas que llevaba, su equipaje era, de lejos, el más grande y pesado del grupo. De buena gana le hubiera pasado parte, o toda, de su carga a Tierra. ¡Pero ni loco le confiaría sus preciados productos! Así que viajaba con quien sabía cuántos quilos en la espalda. Rezaba a la Diosa de la Luz para que cuando terminara la misión no tuviera una horrenda joroba.

Con la pasta lista se dirigió hacia el lago con la intención de aplicarse la mascarilla mientras se bañaba. Tampoco escatimaría en la higiene bucal… cualquier cosa para quitarse el mal sabor de boca causado por la sopa de órganos. Pero cuando llegó al lago notó una gran concentración de elemento de fuego entre los arbustos. Y entre ellos vislumbró un par de ojos rojo sangre que se abalanzaron hacia él. ¡Era un lobo mágico! ¡Aún en medio del bosque le interrumpían su momento mascarilla! Le lanzó un hechizo elemental de agua, Magia Congelante, y el lobo se convirtió en un gran bloque de hielo que cayó al suelo con un sonoro "clanck".

Cuando hubo terminado de bañarse regresó al campamento donde Tierra seguía roncando. Antes de despertar a Michael para su turno hizo lo mismo con Tierra, un par de patadas bastaron, y así, por fin, llegó su hora de dormir.


Continuará…

Continuará…


Creo que en la historia original, Creus no es realmente consciente de lo afortunado que es al ser Hoja quien lo acompañe.

Gracias por los mensajitos y por darle a los botincitos de abajo. Hasta el siguiente!