Akane suspiró nerviosa por cuarta vez. Su labio inferior tembló al mismo tiempo que sus manos volvían a moverse inquietas al compás de su pie derecho.

Las letras del examen en blanco se mezclaron y remezclaron haciéndolas imposibles de leer. Cerró los ojos, notando como sus párpados ardían en cada pestañeo. Tomó aire profundamente cuando una nueva arcada subió por su garganta amenazante. Se llevó una mano rápidamente a la boca cerrando de nuevo los ojos.

Luchó con todas sus fuerzas por hacer que su saliva bajase de nuevo por su garganta, y por no levantarse corriendo hacia el baño más cercano.

La arcada terminó con un regusto ácido en su garganta haciendo que unas lagrimillas se asomasen en sus ojos cansados. Agitó levemente la cabeza intentando no pensar en las punzadas de su cabeza y los retorcijones en su estómago, volvió a agarrar el boli que antes había soltado, e intentó leer la primera pregunta del examen por enésima vez.

Ranma cerró los ojos intentando no virar sus ojos hacia la boba de su prometida. La vio retorcerse en su silla y llevarse una mano a la boca intentando no volver a echarlo todo, y hasta un escalofrío lo recorrió a él mismo al verla así. Se llevó una mano a los ojos recargándose con los codos en su mesa y reprimió un bufido impotente.

Volvió a negar con la cabeza internamente al verla intentar responder el examen como si nada por ya millonésima vez. Parpadeó rápidamente mirando el reloj de pared junto a la pizarra suplicando por que las malditas agujas se movieran más rápido.

Su plan era simple. Akane terminaba el estúpido examen en cuanto pasase la clase y él la llevaba pitando al consultorio del Dr. Tofu. Fácil, claro, pero no cuando la cabezota de su prometida empeoraba por minutos. Y que estuviese justo a un metro de ella lo hacía casi insoportable.

Un ruido sordo junto a un chirrido brusco lo hizo levantar la cabeza inmediatamente hacia Akane con todos sus sentidos en alerta. Pero tan solo alcanzó a ver como la chica corría desesperada hacia la puerta trasera del aula con una mano en la boca.

Como un resorte, saltó de su silla y fue tras su prometida con todos los ojos de la clase pegados en su espalda y el grito del profesor de fondo.

"Será cabezota…"-frunció el ceño mientras corría por los pasillos con el único sonido de los pasos acelerados y torpes de Akane unos metros más allá y los suyos propios- "Bueno, si ella no salía de ahí yo mismo tarde o temprano la hubiera sacado a rastras…"

Le recogió el cabello con cuidado mientras frotaba su espalda apenado. La escena se repetía de nuevo en uno de los pequeños cubículos del baño de chicas del instituto. Ranma negó con la cabeza levemente de nuevo sin dejar de mover su mano arriba y abajo de la espalda de la chica.

Akane soltó un suspiro aún con la cara dentro del WC después de unos minutos de tortura. Empezó a ponerse recta dudando de su aguante.

El chico buscó sus ojos castaños con la mirada al ver que el mal rato había pasado. Por ahora.

Ranma la ayudó a ponerse de pie lentamente temiendo que en cualquier momento se fuese a desvanecer. Cuando al fin sus miradas se cruzaron, la peliazul intentó sonreír para hacerle ver al chico que estaba mejor a pesar de su constante mareo y su ardor en el estómago. Ranma alzó una mano para ponerla en la frente de la chica. Hizo una mueca con una mezcla de molestia y preocupación al sopesar la alta temperatura del rostro sonrojado de la peliazul.

-¡Maldición, Akane, estás ardiendo!-exclamó en un susurro quitando su mano con una suave caricia.

Sin pensárselo dos veces, la cargó cuidadosamente entre sus brazos y mientras ella cerraba los ojos aferrándose a su camisa roja salió del baño con paso apurado. Debía llevarla con el doctor en seguida.