-Le he puesto un sedante para el dolor y una pastilla para la fiebre, despertará en un rato.
Ranma miró al Dr. Tofu con los ojos abiertos como platos después de haberse levantado como un resorte de la silla de la sala de espera.
-¿Un sedante? ¿Ya está?
Se revolvió el flequillo frustrado. Casi una exasperante e impotente hora de espera para que saliese y le dijese simplemente eso.
-Sí, tranquilo, Ranma-kun-sonrió el galeno levantando las manos en gesto pacificador- Akane-chan está bien, solo parece un fuerte virus estomacal.
-¿Solo?-murmuró por lo bajo.
-Sí, solo-rió-habrá sido provocado por un alimento en mal estado.
-No puede ser eso-inquirió el pelinegro frunciendo levemente el ceño, impaciente-Comimos el desayuno de Kasumi como todas las mañanas.
-Entonces debió ser algo que comió anoche-sugirió pensativo el doctor mientras empezaba a salir de la sala seguido de un exasperado Ranma-¿Pero también comisteis la comida de Ka-Kasumi-san, no?-se giró preguntando de repente a verlo.
Ranma frunció los labios pensando. La pasada noche no habían comido en casa, si no en…
-¡Mierda, claro!-exclamó de pronto abriendo los ojos.
-Cuida ese lenguaje, Ranma-kun-
-¡Usted no lo entiende! ¡Anoche cenamos en el Neko-hanten!
Tofu enarcó una ceja entre asustado y confundido.
-¿Y eso que quiere-
-Eso quiere decir que Shampoo y esa momia le echaron algo a la comida-bajó la voz con el ceño fruncido y los puños apretados.
-Pero si fue así, toda la familia debería estar en el mismo estado que Akane-chan-resaltó el hombre ajustándose las gafas.
-No si esas arpías solo cambiaron la de Akane…-declaró firme con un aura violeta empezando a crecer alrededor con solo pensar en que la amazona había envenenado o hechizado a su prometida. O quizá las dos...
Terminó el pasillo en unas pocas y nerviosas zancadas hasta llegar a la sala de recuperaciones. La abrió con brusquedad y enfocó sus ojos en las camillas blancas hasta que encontró a su prometida. Andó rápidamente hacia ella para encontrarse sus ojos cerrados y su rostro calmado, y evidentemente dormido. Suspiró aliviado.
Bufó por lo bajo aún más frustrado mientras posaba su mano en la de Akane tímidamente. Tendría que hacerle una visita a las chinas. Y no iba a ser agradable para ninguno de los tres…
-¡SHAMPOO!
La chica de cabellos violetas levantó la vista de los platos que lavaba al escuchar el grito reclamándola. Arqueó una ceja confundida antes de que sus ojos se iluminasen como dos soles gigantes al reconocer la voz de su querido Ranma. Se secó la manos rápidamente en el delantal rosado que llevaba antes de salir corriendo y saltando entusiasmada hacia la entrada del restaurante.
Abrió los brazos ilusionada para saltar al cuello del pelinegro, pero él solo frunció más el ceño notando que si se mordía más la lengua empezaría a sangrar. Estaba enfadado. Más que eso. Estaba furioso. Sus ojos se habían vuelto opacos.Eran dos cielos negros que avecinaban tormenta.
Ranma la descolgó de su cuello con una brusquedad impropia de él, y la china lo notó. Notó sus ojos embravecidos y centelleantes, su ceño tan arrugado que hasta había encogido la nariz. Se apartó del cuerpo del chico titubeante y decidió actuar como siempre.
-¡Aiya! ¡Airen venir a salir a cita con Shampoo! Esperar a que yo cambiarme y-
El chico detuvo su monólogo con una simple mirada gélida que la pelimorada nunca había visto. Por un momento le temió. Tan alto e imponente comparado con su delgado y pequeño cuerpo.
-No tengo tiempo para tonterías, Shampoo - el pelinegro avanzó hacia ella con un tono amenazante, firme e impotente- Así que dime que demonios le hiciste Akane anoche o te juro que no responderé ante mis actos.
Shampoo se llevó una mano a los labios delicadamente y reprimió una sonrisa maliciosa.
-¿De qué estar hablando, airen? Shampoo no hacerle nada a chica violenta anoche-declaró con tono inocente y desinteresado.
-No me vengas con tus trucos, Shampoo, más vale que me lo digas por las buenas o te lo haré decir yo mismo por las malas-dijo con tono lúgubre inclinándose hacia la chica entrecerrando los ojos.
La china frunció los labios ante la amenaza y cerró los ojos orgullosa antes de hablar.
-Airen estar inventando cosas, Shampoo no saber nada.
El chico se puso recto tensando los músculos de los brazos haciendo que sus puños apretados se volviese casi blancos. Se mordió el labio inferior con fuerza frustrado mientras se contenía como podía.
-Muy bien-declaró potente mirando hacia la puerta que llevaba a la parte trasera del restaurante-Si tú no hablas ya lo hará la vieja.
-¡Esperar! ¡Airen!- exclamó Shampoo andando temerosa tras del chico que ya había empezado a andar.
-¡Vieja! ¡SAL AHORA MISMO!-gritó furioso provocando los cuchicheos de los clientes del local que hasta ahora solo habían disimulado no escuchar la plática de los dos jóvenes.
-¿Qué es todo este griterío, Shampoo?
Antes de que pudiera alcanzar el pomo dorado, la puerta de madera se abrió dejando ver a la bisabuela de la amazona, que cuando se dió cuenta de la presencia del chico, sonrió ampliamente cerrando los ojos.
-¿Qué haces aquí, querido yerno? ¿Vienes a casarte con mi bisnieta al fin?
-No diga estupideces, vieja -soltó Ranma impaciente.
Shampoo frunció el ceño indignada aún tras él.
-¿Pero qué te ocurre, niño insolente?-preguntó la anciana amazona aún más extrañada.
-Quiero respuestas ¿Que le hicisteis a Akane anoche?
La anciana entrecerró los ojos comprendiendo a qué se debía el terrible enfado del joven. Solo podía estar tan furioso si se trataba de su maldición o de la chica Tendo. La amazona cerró los ojos empezando cerrando la puerta tras de sí.
-No sé de qué me hablas, yerno.
Ranma ahogó un grito de pura frustración apretando los dientes con fuerza y encogiendo los hombros.
-¡Basta ya! ¡Akane está en el hospital por culpa de algo que VOSOTRAS le echasteis a la cena ayer! ¡Así que ya me lo estáis diciendo y dándome una maldita cura si no queréis verme enfadado de verdad!
Ambas amazonas y toda la clientela del restaurante enmudecieron mirando al enervado artista marcial.
-¿Y por qué tenemos que haberlo hecho nosotras?-preguntó tranquila la anciana.
-¡Por favor…!-resopló Ranma echando los ojos al techo.
-Nosotras no le hicimos nada a la chica Tendo, ¡así que ya puedes irte con tus acusaciones a otra parte, yerno!
-¡Sé que fuisteis vosotras! ¡El doctor dijo que fue algo que comió de aquí!
-¿Y? Puede que chica violeta comiera algo que le sentó mal-inquirió Shampoo cruzándose de brazos.
-Pidió exactamente lo que siempre pide, o sea que no-aclaró el chico levantando la voz.
Las amazonas se miraron pensativas. La anciana levantó una ceja hacia su bisnieta cuando esta rehuyó su mirada orgullosa.
-...Shampoo-la llamó girándose lentamente hacia ella ante la atenta e impaciente mirada de Ranma.
-Shampoo, ¿qué has hecho?-repitió con voz más firme.
-¿Qué…?-balbuceó el chico destensándose confundido.
-Shampoo no hacer nada, ya haber dicho, bisabuela-repitió molesta.
-Shampoo-demandó Ranma dando un paso furioso hacia ella- ¿qué has hecho?-repitió pasando las palabras por su boca lentamente.
La china evitó su mirada intentando reprimir una sonrisa.
-¡Qué le has hecho Shampoo!-gritó cogiéndola por los hombros.
La aludida sonrió enseñando sus dientes sin esforzarse en apartar al chico.
-¿Que vas a hacer airen...? ¿Pegar a Shampoo?
Ranma apretó los dientes soltando a la chica como si quemara.
-Esto no se va a quedar así.
Y el chico se fue tan rápido como había llegado camino a la consulta del Dr Tofu, con un fuerte peso a su espalda y chispas saltando de sus ojos furiosos.
Shampoo sonrió maliciosa y satisfecha viéndolo marchar mientras su bisabuela a su lado la miraba confundida.
-Muy bien-suspiró la anciana cruzando su huesudos brazos -ya puedes hablar, Shampoo.
